Dragon Ball y todos sus personajes son obra de Akira Toriyama. Esta historia es el simple proyecto de un fan.
Capítulo IX
Hielo
Año -? - Planeta desconocido.
—¡No me interesa cuánto insistan en ello! Esos no son verdaderos guerreros saiyajin ¡Me rehúso a aceptar su convivencia con los demás! ¡Son una línea de traidores! —sentenció el Rey, la pesada y rara piel de la que estaban hechas su capa y ropas le hacían destacar por sobre todos los demás.
El líder del Norte no cedió ante los insultos, su pueblo miraba con desprecio al descarado monarca.
—¿Traidores?… yo llamaría traición a lo que hicieron con nuestros antepasados… ¡La familia real envió al exilio a todo aquel que superara sus fuerzas! ...¿Cuántos de ellos han matado?… ¡Ustedes no son dignos de la corona…! —antes de que el imponente guerrero pudiera precipitarse sobre el rey, un grupo de saiyajin se colocó en medio, preparados para defenderle.
Los saiyajin del Norte destacaban por sus inusuales rasgos: ojos y cola iguales a la luna… cabello sepia profundo… una estatura promedio mayor. Comparados con el saiyajin regular, casi parecían osos pardos.
El hecho de haber aceptado el trato con Freezer obligaba al rey a reunir el total de la población saiyajin, lo que suponía una enorme presión para su reinado; pero había conseguido una manera de salvaguardar por completo el secreto de la familia.
—Hemos jurado lealtad a Lord Freezer… pero siguen siendo plebeyos, insubordinados, y de sangre sucia-—el líder del Norte le interrumpió.
—Sabes perfectamente que en el Norte sólo existíamos nosotros… y muy pocas especies de animales que comer. Somos tan legítimos como ustedes, incluso más.
—Los saiyajin de cola blanca serán automáticamente clasificados clase baja —anunció decidido el monarca.
El líder se mostró rábido, sus ojos plateados buscaron al hombre cuyo trato aceptó. Freezer aprobó las palabras del Rey, obligando al hombre a aceptar la injusta sanción.
Tanto el demonio helado como el rey saiyajin compartieron una mirada cómplice.
Desde ese entonces, cualquier guerrero saiyajin que naciera con las características físicas del Norte era clasificado como de clase baja.
A esta clase de guerreros se les asignaban misiones que requerían de largos viajes que duraban desde meses hasta años. Esto resultó en una dispersión abrumadora de los saiyajin de cola blanca.
El paso del tiempo y el secreto de la familia real hizo que las cosas se mantuvieran relativamente olvidadas, no sólo ello… sino que comenzaba a fortalecerse el rumor de que los saiyajin de cola blanca significaban una desgracia familiar y eran los más débiles en su tipo.
Evidentemente, la pureza de la línea se fue perdiendo, y cada vez resultaba más extraño ver a un guerrero así.
Un nuevo rey se proclamó ante el antiguo matándolo… éste sería el punto en el que el secreto real se perdiera para siempre… y nadie supo jamás la verdad detrás de los antiguos exilios.
Eso… hasta que alguien encontró ciertos documentos… miles de años más tarde.
15 de mayo del año 767 – Templo sagrado.
Al poner pie dentro de la habitación del tiempo, Trunks comprendió por qué Gokú no había soportado permanecer en el sitio. El cuerpo le pesaba, la temperatura era elevada y apenas podía conseguir el oxígeno que necesitaba; se sintió agobiado con apenas poner un pie en la habitación.
Sus ojos, al orientarse hacia el horizonte, contemplaron con desconcierto la nada absoluta. La vista le heló los huesos.
En contraste, su padre permaneció inmutable y comenzó a alejarse para comenzar con su entrenamiento.
—¡Papá! —llamó de forma impulsiva, pero como era de esperarse, no recibió respuesta alguna.
Trunks sólo pudo contemplar cómo la imagen distante de su orgulloso padre se desvanecía en el vacío. El pecho se le encogió, abrumándolo.
Por más que el temor de ver a su padre morir y perderlo por segunda vez le estuviese carcomiendo las entrañas, sólo podía mirar. Tenía que aceptarlo tal y como era.
Durante varias semanas el joven se vio obligado a entrenar solo, incapaz de mantener siquiera la más ínfima conversación con su padre o con Linnah.
A diferencia de los saiyajin de raza pura con los que se encontraba, él lograba mantener cierto ritmo para descansar y alimentarse de la forma apropiada, usando el Ki de los otros dos para mantenerse al tanto de sus entrenamientos.
Disponiéndose a tomar un pequeño descanso para comer, Trunks tomó asiento en uno de los escalones de la habitación. Como de costumbre no podía ver a Linnah o a su padre por ningún sitio, pero sentía con claridad sus presencias.
Se había acostumbrado a estar por su cuenta, en un sitio en el que podía prácticamente dedicarse a centrarse en sí mismo sin que nada le molestase. Trunks llegó a comprender que una parte de él era incapaz de perdonar a los androides no sólo por la muerte de todos sus amigos… sino también por ser más poderosos que él. Ese sentimiento le mantenía unido a los otros dos saiyajin, dándole cierta capacidad de empatía con ellos, o eso quiso creer.
Mientras tomaba otro bocado de la casi presentable comida que se había preparado, notó algo que le alarmó.
«El ki de Linnah desapareció por completo...»
Indeciso, permaneció inmóvil por varios segundos… ¿sería mejor dejarla sola?… Pronto sacudió la cabeza de un lado a otro y dejó el plato en el suelo para ir tras la saiyajin.
Asegurándose de no perder la referencia de la habitación emprendió un corto vuelo hasta el lugar del que provenía el ki antes de desaparecer. No tardó demasiado en dar con Linnah.
La joven se encontraba inconsciente, pero aún de rodillas. Trunks sintió que el corazón iba a saltar desde su pecho.
«¡¿Qué diablos está haciendo?!»
Apresurado, enervado y hasta preocupado, el chico corrió hacia ella para corroborar su estado.
—¡¿Linnah…?! —El aire alrededor de la saiyajin estaba helado —Linnah, reacciona por favor… ¿me oyes?
Había sangre y heridas en todo su cuerpo. Estaba cubierta de sudor y parecía agotada, evidentemente no había descansado ni comido como debería.
Quería pensar que se trataba de una broma, ¿cómo alguien que le regañaba por sobre exigirse incurría en el mismo error?
—Dé-ja-me… —las débiles palabras de la castaña acompañaron fútiles intentos de ponerse de pie a cuenta propia.
El muchacho le ayudó casi por reflejo.
—Linnah… —suspiró su nombre con cierto aire de lástima. Ahora comprendía lo que ella intentaba decirle en aquel entonces.
—...Te dije… que… me… dejes… —jadeó, su voz se difuminaba en el ambiente.
Los ojos plateados de la saiyajin miraban hacia la nada.
«¡¿Acaso va a seguir protegiendo su orgullo así le cueste la vida?! Tanto ella como mi padre… ¡los dos se niegan a razonar!...» el muchacho presionó el brazo de Linnah, manteniéndolo sobre sus hombros para obligarla a caminar hacia la habitación. Ésta no tuvo las suficientes fuerzas para resistirse.
Cuando contempló mejor el pobre estado físico en el que se encontraba, notó que sus labios estaban mordisqueados. Los nudillos de la chica casi exponían los huesos, y sus palmas estaban cortadas por sus uñas.
«...Ni siquiera parece que estuviese entrenando… si ese es tu orgullo jugando en tu contra… entonces prefiero seguir siendo un híbrido»
Una vez llevó a la muchacha hasta la habitación decidió lavar sus heridas. Linnah permaneció inconsciente por un largo rato; al despertar lo primero que hizo fue darle un testarudo cabezazo al chico que en ese momento, estaba atento a su estado de salud.
Trunks mantuvo su posición firme, desafiando la voluntad de la muchacha en hacer que se alejara.
—Te dije… ¡que no necesito de tu maldita ayuda…!
—...A diferencia de ustedes dos… no me interesa quién derrote a Cell o a los androides… me niego a que alguien pierda la vida de forma estúpida —dicho esto, el joven forzó a la saiyajin a recostarse. Por primera vez, ella fue incapaz de superar sus fuerzas.
Las palabras de Trunks parecieron herir a la saiyajin, puesto que no hizo un segundo intento por levantarse. Al ver esto, el joven no pudo evitar soltar una sonrisa gentil.
—...¡¿Qué te hace tanta gracia?! —protestó la castaña, su rostro enrojeció con furia.
—No es nada... —aclaró él, limitándose a alcanzarle la comida.
Linnah miró el plato de reojo. Trunks comprendió que debía alejarse y una vez tomó distancia reanudó el duro entrenamiento al que estaba sometiéndose, buscando superar los límites cueste lo que cueste.
«Desde el primer momento ni Linnah ni mi padre han hecho algo llevado únicamente por un deseo maligno. Más que buscar hacer daño a otras personas… desean ser los seres más poderosos y derrotar a cualquier oponente… ese egoísmo es lo que los vuelve tan difíciles… los saiyajin no eran demonios… sólo guerreros»
Cuando por fin había culminado, el joven decidió dirigirse al baño para limpiar sus heridas. Para su sorpresa, Linnah se encontraba allí, de pie frente al único espejo de la habitación.
Miró a Trunks brevemente antes de volver a darle la espalda, y el muchacho notó entonces que el cuerpo de la saiyajin se encontraba completamente cubierto de profundas cicatrices de todo tipo. Observó anonadado la impactante imagen de su piel, era una enorme huella de su pasado que jamás la abandonaría.
Sus sentidos tardaron en volver, y cuando por fin notó que se trataba del cuerpo desnudo de una chica, cubrió sus ojos.
—Linnah… esas cicatrices… —preguntó, no se atrevía a pedirle que se cubriera, pero tampoco quería mirarla.
Los pasos de la joven parecían alejarse.
—No lo sé… son bastante antiguas. Imagino que todavía era una niña pequeña cuando me hicieron estas heridas… y sea quien fuere… si sigue con vida… haré que pague.
«Quemaduras, cortes, hasta lo que parecen impactos de armas… ¿qué clase de infante es expuesto a tal tipo de cosas…? Lo que es peor, le ha restado importancia como si fuese lo normal»
—Híbrido… si de verdad te avergüenza ver el cuerpo de otro guerrero… deberías reconsiderar la educación que has recibido. Para nosotros… nuestro cuerpo es una herramienta para luchar… si no estás preparado para combatir con alguien así de expuesto entonces es una pelea perdida.
«Aunque lo diga de esa forma… sigue siendo una señorita… no puedo quitarme la mano del rostro ahora...»
Tratando de hacer caso omiso a las palabras de la saiyajin, Trunks caminó hacia atrás y por fin, dejó a la joven sola, sentándose en la puerta para dar un largo suspiro.
Pronto sintió que el rostro le ardía, se sentía avergonzado por haberle visto y a la vez, por pensar que su cuerpo era "inapropiado". A diferencia de una mujer común, Linnah tenía una estatura bastante promedio y sus músculos resultaban algo evidentes… sumado a ello la talla de su busto era mínima.
«No importa qué clase de mujer sea… ¡sigue siendo inapropiado!»
Sacudió la cabeza intentando disipar todos los detalles… haciendo que la imagen fuera aún más firme. Sólo consiguió sentirse aún peor.
Al final de su debate mental, Trunks sonrió otra vez. Había conseguido distraerse de la realidad fuera de la habitación del tiempo, y aunque no fuera lo mejor que podía hacer, logró relajarse por varios minutos.
«...Si no fuera por esos malditos androides...»
Al día siguiente el joven híbrido fue sorprendido por un reto de parte de Linnah, quien decidió desafiarlo a combatir contra ella a manera de probar qué tan bien iban sus entrenamientos. Si bien la idea le había sorprendido, el muchacho decidió aprovechar la inusual oportunidad.
Al verla prepararse para combatir contra él recordó el momento en que Linnah demostró la superioridad de sus poderes ante los suyos. Sin previo aviso, Trunks dio el primer golpe.
Como era de esperarse la saiyajin fue capaz de esquivarlo, y Trunks reaccionó rápidamente transformándose en súper saiyajin para evitar que Linnah pudiera atacarlo en ese instante. La ola de poder empujó a la castaña hacia atrás, sus ojos plateados se hincaron en la figura del chico.
—No está mal… —sonrió, transformándose para nivelar sus ki.
Trunks entonces volvió a sentir otra vez aquel aire frío. A diferencia de su aura, la de Linnah era helada.
—...Tu aura ha cambiado en estos días…
—Eres buen observador, híbrido. Sí… pareciera que el tipo de energía vital que poseo proviene del frío… como habrás notado, en tu caso es el calor.
«No es sólo mi caso. El señor Gokú… incluso mi padre siguen el mismo patrón… los ataques de energía queman con calor. Pero los de Linnah...»
—Ya veo… estás utilizando tu verdadero ki para sobrepasar los poderes de un súper saiyajin.
La castaña no le dio más tiempo para conversar y cargó hacia él mientras lanzaba varios ataques de energía, cosa que obligó a Trunks a mantenerse ocupado en esquivarlos. El último de éstos se dirigió hacia su rostro, y en lo que el joven arqueó el cuerpo hacia atrás para evadirlo, fue sorprendido por la saiyajin desde abajo.
El golpe de la chica lo lanzó una breve distancia, desde la cual Trunks lanzó varios ataques también.
«Sabe utilizar bien el movimiento del contrincante… eso significa… que tomará una considerable distancia para evitar que me aventaje de la altura...»
Adelantándose a la saiyajin Trunks decidió volar en dirección a la castaña, quien se sorprendió por la forma en la que el muchacho estaba reaccionando al combate.
«Ahora mismo está obligada a pelear cuerpo a cuerpo… y si sus fuerzas siguen siendo mayores a las mías...»
A medida que el combate continuaba y los golpes iban y venían, Trunks pudo notar que la saiyajin comenzaba a cansarse. Gradualmente fue capaz de alcanzarla con una patada que la hizo volar lejos, su cabello y aura dorada volvieron a la normalidad a la vez que Linnah se sentaba lentamente.
—...Has… mejorado… bastante… —comentó agitada, Trunks no tardó en ir hasta ella para ayudarle a levantarse, sin embargo la saiyajin rechazó su ayuda.
La diferencia entre sus poderes se había volteado a favor del híbrido, y la manera en que Linnah se distanció del joven desde aquel momento hasta el final de su entrenamiento le hizo comprender que por ningún medio debía herir el orgullo de alguno de los dos otra vez.
Decidió entrenar a cuenta propia y ocultar sus logros, consiguiendo de esa manera que ambos continuaran esforzándose sin exagerar.
Año 773; Planeta Tierra.
—Linnah… ¡Linnah…! —llamó desesperado el pelinegro, la pequeña se encontraba débil, pero aún con vida.
El poder sentir el aire emanando desde su nariz le ayudó a calmarse.
Después de tan larga travesía, por fin se encontraban en un planeta habitable. Sus ojos negros se orientaron brevemente hacia la bóveda azul, observando con temor y maravilla la belleza del cielo terrestre.
—...Tendré que desactivar las naves para evitar que emitan señales… Y aunque seamos localizados… le tomará años llegar hasta nosotros… —su semblante volvió a ser serio mientras se disponía a trabajar en las máquinas, bloqueando cuidadosamente el sistema de las mismas, siendo cauteloso a la hora de no dañarlas por si era necesario volver a escapar.
Mientras terminaba su arduo trabajo, sintió que alguien tiraba de su traje. Era Linnah.
—...ham-bre...—murmuró, Lenn despeinó amistosamente el cabello de la saiyajin.
—Ni siquiera has aprendido a hablar correctamente… no eres ningún animal salvaje. Te enseñaré todo lo que necesitas saber para convertirte en una guerrera… ya no eres un arma… ¿lo entiendes, Linnah?
—...Yo… Li-nnah…
—Sí. No te preocupes, si puedes entenderme bien… sólo es cuestión de tiempo hasta que puedas hablar completamente. Sé que es difícil.
Los hermanos se perdieron por un largo rato en el bosque, buscando animales que cazar. Allí, en medio de la oscuridad de la noche, fue que el joven notó los efectos de la dura experimentación que ejercían sobre Linnah.
La manera en la que la saiyajin se comportaba era completamente salvaje a la hora de cazar, ni siquiera corría sobre sus dos piernas. Estaba entrenada para ser una bestia llena de poder, y no una persona.
En el instante en que Lenn se dispuso a matar al animal que sería su cena, Linnah pareció espantarse, como si esperara que el ataque de éste se dirigiera hacia ella.
La realidad volvió a darle un duro golpe a Lenn.
—En qué estabas pensando madre… ¿por qué tratarla de esa manera…? —farfulló, acercándose con la comida a la pequeña —Linnah… soy tu hermano mayor. No voy a hacerte daño ¿de acuerdo? Te volverás más fuerte, pero será entrenando… no a través de métodos crueles… ¿sí?
La pequeña castaña, lo miró desde el rincón en el que se había escondido. Apenas asomaba la cabeza desde el imponente árbol en el que halló refugio.
—Mmm… Si no vas a comer… entonces me comeré todo yo solo~… —la cola del joven se agitó en el aire mientras le daba la espalda a la saiyajin.
Pronto sintió que algo lo empujaba con una fuerza tremenda, arrebatándole la carne que sostenía en las manos.
—Oye ¡no necesitabas hacer eso!
—Comida —replicó la saiyajin, aún sentada en la espalda de su hermano.
—Mientras comes tranquilamente… te contaré unas cuantas cosas sobre los saiyajin… —anunció, la pequeña de ojos plateados miró con cierta curiosidad al joven.
"Se dice que la raza saiyajin ha sido fulminada por completo luego de que Lord Freezer les traicionare, sucumbiendo al temor de que naciera un guerrero legendario."
