Capitulo Final: Sin ti
Si mi vida te entregué a cambio de tu amor,
si te has ido llevándote mis ganas de vivir,
si todo lo que puedo hacer es llorar tu ausencia.
Si ya no me queda nada por esperar,
si las fuerzas me abandonan y no puedo avanzar,
¿Me levantarás cuando haya caído en la más profunda tristeza?.
¿Dónde estás?.
¿Vendrás por mi para llevarme a dónde te encuentres?.
Tempestad de angustia. Soledad espantosa. Luto eterno de un alma sin consuelo. Desolación, abandono. Incontrolables deseos de acompañar al espíritu que antes ha partido. Esperanzas inútiles, ilusiones vanas, sueños pisoteados. Esfuerzos fútiles para aceptar la ausencia. Muerto en vida.
Habíale entregado la vida, respiraba su mismo aire, existía por él. Y ahora ya nada le quedaba, apenas la memoria de su sonrisa, de su voz, de su dulce mirar, que el paso de los años borrarían hasta desaparecerla por completo. Apenas...una fantasía.
Dolor de un corazón marcado por el hierro hirviendo de la agonía de una pérdida irreparable.
Entonces, el maravilloso futuro proyectado se transforma en un horizonte de tinieblas, oscuridad y pesadillas; y el oxígeno, un gas irrespirable, contaminado, asfixiante que daña los pulmones, y en lugar de garantizar la vida, es un tormento, casi un suplicio; que solo encadena y hace de la existencia un mero mecanismo.
El origen de todo sufrimiento es el deseo egoísta, el apego a las cosas y a las personas.
-Arya Satya-
Sencillo es seguir principios plasmados en un papel carente de emociones cuando no se tiene la oportunidad de vivenciarlas.
Pero una vez conocidos los sentimientos más sublimes, es imposible substraerse a ellos. .¿Cómo no desear tener solo para sí a esa criatura impoluta de inefable belleza; si sentía que había sido creado para él?. ¿Puede la mente gobernar un corazón cuando este ha decidido latir al compás de uno igual?.
Porque en Mu había encontrado el significado de todo, como si una parte suya se hubiera materializado: su debilidad y su fortaleza, alegría y tristeza, salvación y condena, vida y muerte; y por él había decidido transitar otros senderos. Caminos que no le estaban destinados, que le eran casi prohibidos.
.¿Cómo arrepentirse si a su lado había experimentado una felicidad que no volvería a vivir?. Aunque el desenlace de aquello fuese una pena indescriptible, una opresión en el corazón, un vacío que le corroía el alma. Herida incurable, profunda y terrible, que ni las lágrimas de sangre vertidas lograrían sanar. Un dolor que tenía la misma magnitud que el amor que sentía por ese joven de alma cándida y luminosa, personificación de la ternura.
Noches en blanco, llanto ahogado en almohadas porque ya no estaba a su lado el ser que deseaba abrazar, ni los labios que necesitaba besar.
No dañar o matar a ningún ser vivo.
Y había eludido a conciencia los preceptos aprendidos en sus cortos años y con tanto ahínco. El odio había abierto en su alma tan profundos abismos, que nada ni nadie podría colmar.
¿Acaso semejante afrenta y cobardía debían ser ignoradas?. Por todo lo sufrido, por lo esperado, por las alegrías y tristezas, goces y anhelos, no había perdón para sus asesinos.
Se lo debía a su espíritu , al de Mu que había muerto, por una obsesión monstruosa y una pasión sórdida de un ser desquiciado, víctima de los celos, el odio y la envidia.
Era lo único que podía hacer por él. Porque pese a que aquellos actos justificados le daban tranquilidad a su alma, no compensaban su pérdida, ni le regresarían la vida a Mu, de quien lo habían separado de una manera cruel y despiadada.
¿Podría su atormentado espíritu volver a albergar esas enseñanzas y vivir de acuerdo a ellas después de todo lo acontecido?. ¿Podría obligarse a olvidar para retomar su misión en el punto donde la había dejado?. ¿Aún era digno de portar ese adjetivo de tan intrínseco significado?. Buda, el Iluminado. El que debía ser un ejemplo a seguir. El que debía mantenerse alejado de los deseos mundanos. Símbolo de Sabiduría y Virtud.
Y si eso suponía negar lo vivido, bloquear sus recuerdos más dulces; ¿deseaba realmente olvidar lo que había conocido junto a Mu?. Naturalmente que no, intentar admitir ese hecho como cierto sería engañarse, y equivalía a insultar la memoria de su único amor. Porque a pesar de que habíase cuestionado tanto, no había encontrado razón para tachar de ruin aquel sentimiento que no se igualaba a nada. ¿Cómo catalogar de dañino lo que se asemeja a la plenitud?. Lo que lo había llevado a experimentar las sensaciones más intensas jamás conocidas. Lo que le había permitido sentirse completamente vivo.
Reprimir aquellos sentimientos hubiera tenido como resultado el mismo fin, porque negarse a sentir estaba fuera de sus capacidades.
Cuanto más ahondaba en sus reflexiones, menos cabida dejaba a la piedad, espacio que era ocupado por la amargura y el resentimiento. Se sentía incapaz de desterrar aquellas siniestras emociones de profundas raíces de su alma herida.
Si tan solo pudiera hallar un atisbo de lógica a aquellos sucesos, quizás no le sería tan doloroso el saberse solo, con sus alas quebradas, imposibilitado para soñar.
Secó la humedad de sus mejillas y tambaleante se puso de pie.
Lo amaba tanto, lo extrañaba tanto... que ni todas las lágrimas del mundo serían suficientes para lamentar su ausencia.
-X-
Pálido, con las mandíbulas apretadas para callar la terrible verdad, mordiéndose los labios hasta hacerse sangrar, encontróse rodeado de cruces sobre lápidas sepulcrales, lugar donde iban a enterrar los restos del que había truncado la vida de su amado.
.¿Por qué no había evitado asistir a tan trágico espectáculo?. Le hubiera resultado tan fácil evadir ese compromiso. Pero había preferido hacer lo contrario, quizás era una manera de cerrar un ciclo. Asegurarse que lo sufrido era tan horrorosamente cierto, como que Mu sería eternamente suyo.
El día no podía ser más propicio para aquel lúgubre cuadro . Los rayos que rasgaban el negro cielo iluminaban aquella tétrica escena y los truenos interrumpían los intervalos del fúnebre silencio que dejaban los sollozos desgarradores del hermano menor del fallecido, que había caído al suelo, temblando, con la cabeza oculta entre las manos.
Y por respeto a aquella pena tan similar a la suya propia, habíase guardado lo que sabía. ¿De qué valdría torturar a ese chico con una realidad semejante?. Únicamente acrecentarle el sufrimiento y causarle una espantosa desilusión. Ciertamente sería un acto de crueldad innecesario que él no era capaz de provocar.
Por otra parte, no estaba interesado en que esa confesión expiara algunas culpas, aligerando el peso de unas pocas conciencias y agobiando otras.
Sus ojos rebrillaron y se estremeció violentamente cuando el cajón descendió a la fosa donde el tiempo y los gusanos se encargarían de descomponer, devorar y finalmente desintegrar su contenido, quedando de aquel individuo solo su recuerdo.
Sonrió imperceptiblemente sumido en una meditación de relámpagos y tinieblas, recreando en su mente los efectos de los años pudriendo y consumiendo la carne de ese cuerpo de un alma igual de putrefacta.
.¿Sería suficiente castigo?.
-X-
Macabros fueron los recuerdos que quedaron enterrados en su memoria y con un silencio mortal, vivió los días que siguieron. Días infinitamente tristes, llenos de melancolía, en que la sombra del desánimo cubría con su velo su corazón lastimado.
Pero aún así, ni su reclusión le impedía enterarse lo que sucedía. Lo que estaban planeando. Los rumores de lo que se estaba gestando traspasaban la barrera invisible que había levantado y llegaban hasta él como portadores de nuevos aires. Por alguna extraña razón, Milo habíase designado la tarea de mantenerlo al tanto de lo que se deliberaba. Pensaba que aquello le ayudaría a sobrellevar su pena. Y es que el escorpión lo consideraba como alguien fundamental en aquella revolución que cambiaría la vida de muchos en el Sagrado recinto.
Pero a Shaka de nada le servía lo que se hiciera. ¿Qué importaba , si su corazón ya estaba deshecho?. Ni sus gritos silenciosos eran escuchados, ni sus brazos extendidos con angustia en un pedido de ayuda eran respondidos, ni sus lágrimas eran consoladas por suaves manos.
Hombres decepcionados, abatidos y molestos, condiciones peligrosas para quien pretende mantener su autoridad sobre estos, porque la inconformidad es aliada de la violencia y esta desconoce los límites.
Nerviosos, lívidos y febriles esperaban a aquella a la que habían jurado lealtad inquebrantable, respeto y devoción; y a quien ahora consideraban una niña déspota, soberbia, de actitudes reprobables.
Y al fin la vieron llegar. Avanzaba altiva, con paso seguro por el largo pasillo alfombrado de rojo terciopelo, acompañada por ese caballero que habíase convertido en su favorito, casi su lacayo. Pobre e indigno papel para un guerrero como él, que en su ignorancia veíalo como un honor.
Había allí algo que no encajaba, como piezas de un rompecabezas que se han colocado en lugares erróneos. Quizás fueron las miradas desdeñosas que la recibieron , o quizás el hecho de que ninguno de los presentes hincó su rodilla en el mármol en señal de veneración por su persona; o tal vez sentía en su espíritu el descontento de esos corazones.
Lo cierto es que apenas hubo cruzado el umbral de la fastuosa puerta y penetrado en aquel suntuoso salón signo de su posición, supo que no saldría bien librada.
Giró sobre sí misma y paseó su vista gélida y orgullosa por los rostros demudados de los presentes, no les daría el gusto de verla perturbada, temerosa e intimidada.
Seiya permanecía hostil, pensativo, serio. Ella sintió correr hielo por sus venas. Aquellos rostros inexpresivos la inquietaban. Parecíale que esos ojos la traspasaban.
Si era una reina y aquellos sus súbditos;. ¿qué pretendían con aquella reunión?.
Tomó asiento, fija la mirada en esos hombres que, en ese momento representaban una amenaza para el poder que creía poseer, y usando un tono indolente e insolente, comenzó diciendo:
-Accedí a venir porque supuse que...-
-Señora.-interrumpió la voz firme del Patriarca. - No ha sido invitada para hablar, sino más bien para escuchar.-
Como impulsada por un resorte, púsose de pie y miró pasmada e incrédula a su subordinado, quien, sin darle tiempo a que se pronunciara nuevamente, prosiguió:
-Dígnese sentarse, señora. Estimo que lo que va a oír es de su interés.- dijo afablemente.
Ella obedeció sin resistirse. Una ligera palidez cubrió su rostro y clavó en él su mirada de ave de rapiña. ¿Acaso pensaban sublevarse?. Una osadía que no quedaría impune. Un atrevimiento imperdonable.
- La hemos citado para comunicarle la determinación que hemos tomado. Hablo en nombre de todos los presentes al decir que deseamos que abandone el Santuario. Dados los resientes acontecimientos y sopesando su proceder en ellos, creemos conveniente que se retire lo antes posible, ya que su estadía en este lugar no es necesaria. Nos hemos sentido agraviados por la forma en que fue tratado el Caballero de Aries en los días previos a su inminente muerte. Fue casi expulsado del recinto, como si de algún tipo de criminal se tratase.-
Un murmullo de agrado acogió esas palabras dichas con grave solemnidad.
La muchacha recibió la puñalada en mitad del corazón. Levantóse bruscamente y el odio subió a sus labios. Un rugido de rabia resonaba en su conciencia. Sus manos se crisparon en un ademán de ira contenida. Miró alrededor con los ojos centellantes, semejantes a un rayo de odio feroz. ¿Había oído bien?. ¿Aquellos insensatos la estaban echando de su propio reino?. Y no sólo eso, además, cuestionaban sus actos.¡Absurdo!. ¡La desafiaban abiertamente!. Un insulto que no olvidaría y que les costaría caro.
A su lado, Seiya, con los ojos desorbitados, había palidecido y un escalofrío le corrió por la espina dorsal.
Con un esfuerzo supremo logró dominarse. Confiada en que, si demostraba rudeza y severidad, aquellos desistirían de su intento.
-.¡Suficiente!. ¡¿Qué clase de broma ridícula es esta?!. Vuelvan inmediatamente a sus Templos y fingiré que esto nunca sucedió.- exclamó presa de indecible turbación.
Pero nadie se movió. Por primera vez, no había entre ellos fisura alguna. La decisión estaba tomada, no darían marcha atrás después de haber tenido el valor para enfrentarla. Seguirían con firmeza hasta el final.
.¡Inaudito!. Una rebelión en su contra. En contra de la diosa a quien debían servir, a quien habían entregado sus vidas. Un levantamiento en su propio territorio, algo que nunca imaginó presenciar y de lo que ahora era protagonista directa.
Con su mirada de fuego, cargada de amenazas, envolvió al rubio caballero de la Sexta Casa, a quien creía organizador de aquella asamblea.
Alejado de todos, sombrío y silencioso, con su mente muy lejos de allí, no se percató de los penetrantes e intensos ojos que lo miraban furiosos, con insistencia siniestra.
-Atena, no estamos bromeando.- fue la voz burlona de Death mask la que rompió el silencio, acercóse hasta la mujer y sonriendo con sorna añadió.-No encontrarás entre nosotros a ninguno que obedezca tus órdenes, ya no cuentas con nuestro favor.-
Con expresión desencajada, pálida y alterada, gritó con tono estridente:
-.¡¡Ustedes están bajo mi mando!!. Solo yo tengo la facultad para decidir. Me deben obediencia, y no voy a permitir semejante falta de su parte, todos sin excepción serán castigados, a menos que...-
-Ya es tarde para eso Atena,-agregó con pena Shión .-no eres más que una simple niña, cegada por el poder. Ya no esperes más nada, porque no te ha de servir. Nuestras obligaciones eran fruto de la admiración que nos inspirabas...pero ahora, después de lo acontecido, solo quedan vestigios de lo que alguna vez significaste. –
Sonrió con perversa ironía, los ojos inyectados en hiel, y la cabeza en alto. ¡Ingratos e inconscientes!. Quisieran o no, la necesitaban, porque la paz de la tierra dependía de ella. Era imprescindible y aquellos, sólo unos mortales ordinarios, casi nada. ¿Qué podían hacer sin ella?.
Les daría el triunfo momentáneo, sabiendo que tarde o temprano acudirían a su presencia, en busca de su sabiduría y poder, entonces aprovecharía la oportunidad para vengarse. Pagarían con sangre aquella humillación.
Con voz ronca, amenazante, terrible, dijo al fin:
-.¿Quieren que me marche?. Muy bien, me iré, pero, pobre de aquel que se ha sublevado contra mi, no le alcanzará toda la vida para arrepentirse, porque yo no olvido. Volverán arrastrándose, suplicando perdón que no les será concedido, porque no son merecedores de ello. Llorarán e imploraran pero no serán escuchados. Guarden mis palabras en sus memorias. Recuerden bien lo que les digo-
Y salió del salón con paso vivo, con la mirada fija ardiendo en cólera, la frente cargada de desprecio, la cabeza erguida, y herida en el orgullo. Seiya, sin salir del estupor, la seguía por detrás.
Por sus finos labios vagó una sonrisa lívida y triste. La rueda del destino había dado vuelta una vez más y todos habían obtenido su castigo.
El nombre monosilábico de su amado sonó como un susurro inaudible, casi un lamento:
-Mu..-
-X-
.¿Estaba el viento agitando sus cabellos?. Casi sentía la corteza del árbol por donde deslizaba sus dedos. Veía los pétalos caer, percibía el aroma de las flores perfumar el aire. ¿O sería el recuerdo de las sensaciones que, aún después de perdido lo mortal, se conservaban intactas?. La vida lo rodeaba. Aquello de lo que había sido privado
Y era ahora una ínfima parte de la Nada y del Todo. Una pequeñísima gota en el océano de la infinidad. Apenas una memoria perdida, evocada siempre con pena. Un pensamiento impregnado de sufrimiento y nostalgia. Tristeza insondable, profunda, que le causaba un dolor inimaginable, mortificante. ¿Sería aquella la razón por la cual se encontraba allí?.
Como en una ensoñación, aproximóse a la querida presencia de resplandecientes vestiduras, con los ojos velados, empañada la visión , roto el corazón. Fuera de la realidad visible y tangible, parecíale tan cercano y tan lejano al mismo tiempo. Transparente, transfigurado, infinitamente bello, indescriptiblemente puro, porque era el alma lo que sus ojos contemplaban. Los ángeles debían verse opacados ante su luz.
Y no se sorprendió cuando con extrema dulzura, sus brazos rodearon la figura de magnifico brillo, haciéndole revivir intensas emociones adormecidas, porque todo lo que se refería a Mu tenía un halo de magia. Lo abrazó casi con desesperación, mezclando sus lágrimas con las del amado espíritu incorpóreo de cabellos color lavanda. Cayeron de rodillas sobre la hierba. Sin necesidad de decir nada, porque ambos padecían el mismo dolor.
Buscó su mirada con la suya y lo que vio reflejado en ella le oprimió el corazón, le heló la sangre en las venas. Dolor profundo, inconmensurable. Era su propia tristeza lo que en esos ojos encontró. Tan palpable, tan absoluta, tan inmensa, que dañaba como ninguna otra cosa. Sufrimiento tortuoso.
Sintió que moría y mataba a Mu en el proceso. Acarició con suavidad la mejilla del inmortal, limpiando sus lágrimas con ternura.
Dolía demasiado verlo sufrir así, y le era insoportable saberse el causante de su pena. Mu ya no pertenecía a ese lugar, no debía estar allí y era su clamor, su incomprensión lo que lo retenía impidiéndole partir. Su negativa para aceptar la Impermanencia.(Anitya)
La muerte no es algo definitivo, no es final, del camino, es solo un cambio.
Nunca hasta ese instante, aquella enseñanza le trajo tanta claridad a su mente y en ella encontró el consuelo que su alma precisaba. Mu sólo lo precedía en el viaje, hasta que llegase la hora de su muerte, para conducirlo de la mano, porque su vínculo había sido tejido por hilos de acero, fuertes, indestructibles. Perdurables, trascenderían tiempo y espacio.
Si antes vivía por él, debía seguir haciéndolo. Así, los momentos vividos quedarían grabados indelebles en su corazón por siempre y para siempre, y Mu seguiría vivo dentro de él.
Besó los labios sellando así su promesa de seguir adelante hasta que las fuerzas se agotasen, hasta que agobiado y sin alientos, la vida lo abandonara.
Sonrió con dulzura y amor indecibles y el polvo de estrellas que formaba su figura, se desvaneció fundiéndose con el rocío, porque al fin había entendido.
-X-
Y una vez por año, por aquella fecha, se permitía abandonar Kushinagar, aquel santuario sagrado donde su alma había encontrado el sosiego que necesitaba, entonces retornaba al lugar donde descansaba el cuerpo de ese ser de profunda mirada, dulce carácter y suave voz , para renovar su promesa de amor.
Y recordaba también lo que es el dolor insuperable, formidable, intenso y las lágrimas volvían a caer como plomo derretido y su alma moría una vez más presa del sufrimiento, clamando por esa parte que le faltaba.
El cuerpo temblaba y la garganta se oprimía, su pecho se levantaba ahogando los sollozos, porque lo necesitaba como el primer día y lo amaba más que nunca.
Vivía esperando la muerte, porque cada día, cada hora, minuto, segundo, lo acercaba más a lo intangible, a lo eterno, porque más allá, del otro lado; donde habitan los espíritus celestes, esperaba alguien por él, de quien ya nadie lo separaría jamás.
FIN
Un beso enorme a aquellas lindas personitas que leyeron esta historia y me dejaron su comentario Edrianel, Pilla Doll, Virgo-Chan, Yami no Aries, Valsed, Shaka-Tiffy-y-Mu, e-Ifrit, ElIzI.ArIEs, DieCiel y xanxel. Cada una de sus palabras me hicieron muy feliz. Infinitas gracias de corazón por su apoyo.
