Daré las indicaciones de siempre.
Por favor, sean creativos en sus comentarios.
Y se me olvidaba, si su intención es hacer un comentario ofensivo o despectivo, les pido encarecidamente que se abstengan. Así no pasan un mal rato y no me lo hacen pasar a mí. No comentarios denigrantes y mucho menos insultos. Les pido que por favor lean las indicaciones y las notas de autor al final de cada capítulo. No son un bonito adorno, si las coloco es por algo.
AVISO: si mis notas hieren la sensibilidad de alguien, quiero que sepan que las hago sin tal finalidad. Mi intención no es ofenderles, quiero que quede claro para que luego no vengan a etiquetarme como una persona grosera, malagradecida o prepotente. Simplemente soy sincera con aspecto que a muchos autores les desagrada pero que no son capaces de decir por miedo a ser tildado de la misma manera en la que me designan a mí. Mi finalidad es crearles conciencia en la forma de comentar para ayudar, más nada.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
Pensamientos.
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
OC's.
Situaciones sexuales explícita-implícitas.
Lenguaje inapropiado o soez.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T | M.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Capítulo 8.
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‹‹Todos tenemos un secreto guardado bajo llave, en el ático del alma.››
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Anónimo.
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Secretos del pasado.
Kakashi la besó, muy suavemente, haciendo una presión casi imperceptible contra sus labios. La respuesta del cuerpo de Midori al terso roce fue abrumadora, él deslizó una mano por su cintura atrayéndola hacia su cuerpo. Estremeciéndola, sintiéndola cerca, experimentando la línea del talle bajo la ropa. Midori cerró los ojos, esta vez abandonándose a la sensación de aquellos cálidos labios que la recorrían sedosamente.
Sus bocas se unieron, se estrecharon haciendo el contacto a cada momento más largo, más intenso, más húmedo… Midori apretó los dedos contra la ropa de Kakashi. Sin deshacer el beso, Hatake la condujo hasta recostarla nuevamente contra la puerta, tendió los brazos a ambos lados de su cabeza y siguió besándola vehemente. Las delicadas manos de Midori aprisionaban tímidamente interponiendo una barrera entre ellos, subiéndolas despacio hasta llegar a su cuello y enredarse entre la melena gris.
Kakashi comprendió aquel movimiento como una incitación, interrumpió el beso y tiró con el índice el tirante de su vestido. Midori no abrió los ojos, simplemente jadeó presa de los labios cálidos que succionaban la piel de su cuello.
El pulso de ella se aceleraba, y Kakashi se sintió enfermo.
Enfermo de deseo, de algo que llevaba años anhelando, siendo consciente de la excitación que Midori despertaba en su cuerpo. ¿Hacía cuánto tiempo que no estaba con ella de esa manera?
— Doce años — recordó su mente.
Doce años en los que anheló poseerla de nuevo, en los que ella se negó e hizo caso omiso de todo lo que pasó… Sin embargo, ahora la tenía ahí a merced de la pasión y el deseo.
La vida jugaba caprichosamente en su contra, en la de ambos. Pero él no se negaría a lo evidente y no permitiría que ella lo hiciera. La ansiaba demasiado como para dejarla escapar. No esta vez.
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Midori sabía que no era correcto, que no estaba bien. Romperían con toda regla autoimpuesta. Sin embargo, no podía negarse el placer que experimentaba cuando él cogía su cintura posesivamente, tampoco cuando sus labios le recorrieron los hombros o cuando él a sabiendas que ya no podía controlarse la despegó de la puerta y la llevó hasta la cama.
Midori cayó sobre el colchón suavemente mientras él se deshacía de su vestido ágilmente. Ella no opuso resistencia, por una vez dejaría de pensar, de ser razonable y hacer lo correcto… Por una vez se abandonaría a lo que quería desde hacía mucho tiempo, pero que por cuestiones de la moral o el amor propio no se permitía tomar. ¿Tenía derecho? No, no lo tenía. Si Kakashi supiera lo que ocultaba seguramente no se lo perdonaría, pero por esa noche, olvidaría el peso que cargaba sobre sus hombros y se abandonaría a aquel placer que anheló durante tanto tiempo.
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Bastó un segundo para que Midori diera vuelta a las cosas. Aquellas manos delicadas y trémulas se deslizaron por los amplios hombros del shinobi, recorrió la línea de la clavícula con el dorso de sus manos; fascinada por la fuerte complexión de sus hombros. Recorría su anatomía por encima de la camisa y fue quitando uno a uno los botones, hasta poder rozarle la piel, deteniéndose en el lado izquierdo de su pecho donde su corazón latía fuertemente.
Kakashi sentía que el tacto de ella le quemaba en ardiente deseo por poseerla, pero no quería ser brusco y se mantenía lo más calmo que la situación le permitía. No obstante, su respiración era pesada y trabajosa, hacía mucho que no estaba con una mujer y desearla por tanto tiempo le resultaba más que difícil contenerse.
Doce años es mucho tiempo…
En el momento en que las manos de ella vagaron hacia su pelvis se sintió agitado, tanto que le costaba trabajo mantenerse erguido sobre sus codos para no caerle encima. Le atrapó las manos con un gesto rápido.
— No me lo pongas difícil — gruñó, la voz mortalmente ronca hizo que Midori abriera los ojos, pero no lo viera a la cara.
Kakashi captó ese detalle, no le extrañaba que aún en esa situación ella se mostrara reacia a mirarlo. Más que vergüenza, era respeto a aquella parte de sí mismo que deseaba ocultar. Sin embargo, acababan de traspasar una barrera de la que no había vuelta atrás.
— Mírame — pidió sutilmente, levantándole la barbilla.
Ésta lo miró como si lo hiciera por primera vez, dudosa, pero sin ocultar la emoción en sus ojos ante aquella piel clandestina que él ocultaba recelosamente tras una máscara. Su corazón se disparó. Deslizaba su mirada por la nariz recta y bien formada, aquellos pómulos, la boca seria que ahora le sonreía genuinamente.
Le sorprendía ver aquella fascinación en el rostro de Midori, las suaves manos lo recorrieron, se deslizaron por sus sienes para hallar el nudo de la bandana. Sin demasiado esfuerzo, lo deshizo y retiró el protector lentamente. Ella lo miró largamente sin decir nada, le parecía increíble que ese hombre fuese el Hokage de la aldea luciendo más joven de lo que era en realidad. Su atractivo definitivamente no tenía comparación. El cabello plateado le caía en mechones desordenados por la nuca. Acarició la línea recta y ligeramente angulosa de su mandíbula.
Kakashi cerró los ojos, y se abandonó a esa pequeña caricia que desataba una gama de emociones dentro de su pecho. Quería decirle que no estaba mal que lo viera, que lo tenía permitido, que deseaba que lo hiciera. Pero se detuvo, no hacían falta palabras, solo una mirada para que lo entendiera. Entonces Midori buscó sus labios y los unió en un beso largo e intenso, un beso tan devorador como el de antes, lleno de mucho sentimiento.
Kakashi ahogó un gruñido, abandonó sus labios y encontró el tierno sendero del lóbulo de la oreja. Las manos de Midori se aferraron a los hombros de él y las presionó cuando sintió la boca abrirse paso por su cuello hasta sus pechos. El delicado cuerpo debajo de él se arqueó, indicándole una pequeña urgencia que ambos querían saciar, pero que Kakashi se dedicaba a retrasar con insolencia. Una de las manos de él bajó hasta posarse debajo de su trasero, lo acarició sedosamente dejando que los dedos rozaran la sensible cara interna de sus muslos. Midori gimió por primera vez curvándose contra su cuerpo, Kakashi cerró los ojos y presionó con fuerza.
El curso de sus pensamientos estaba totalmente desbocado y ella no estaba ayudándole precisamente, Kakashi separó ligeramente la boca para deslizar sus índices bajo las bragas de encaje violeta para quitárselas y se detuvo un segundo tomando un respiro profundo. Estaba aturdido, no quería perder el control pensando lo que sucedería en cuanto se deshiciera de la ropa interior de ella. Él siempre había sido un amante impetuoso, pero por alguna razón con Midori no era lo mismo, no quería que fuera lo mismo. Un simple trámite corporal para deleite y desahogo.
No, ahora era diferente… Haciendo acopio de todo su autocontrol deslizó las bragas de Midori y finalmente la tuvo desnuda sobre la cama, frente a él. Se tomó un par de minutos para apreciar la belleza de su cuerpo y la reluciente piel cremosa. Se permitió cautivarse con el sonrojo lleno de vergüenza de sus mejillas y su mirada ardiente, llena de tanto arrebato como la de él.
Kakashi se deshizo de su ropa, se inclinó sobre ella y, con movimientos muy delicados se colocó de manera que pudiera manejarse sin dificultad entre sus piernas. La excitación de él desató aún más la de Midori.
— Ven conmigo — susurró Midori tomándolo delicadamente del cuello.
Él se echó hacia adelante y se hundió en su carne, llenándola y haciéndola gemir de placer.
Kakashi se tragó un quejido colmado de regocijo, presionó sus puños contra la cama y cerró los ojos fuertemente conteniendo el aliento. Estaba teniendo serios problemas de autocontrol, pero quería demorar todo lo posible ese deleite.
Retomó la pizca de autoridad que tenía sobre sí mismo y la miró a los ojos. Midori también lo contempló mientras sus cuerpos se fundían. La respiración de Kakashi se agitaba con cada caricia y gemía su nombre una y otra vez. El ritmo de sus movimientos aumentaba y luego disminuía provocando que gimoteara. Midori protestaba, porque la hacía llegar cerca del orgamo y luego se detenía.
Sus embestidas eran dolorosamente lentas y tortuosas, hasta que después de unos minutos reanudó el ritmo incrementándolas de nuevo.
Midori finalmente perdió el control de su cuerpo. Las contracciones sacudieron su cuerpo. Kakashi se hundió con fuerza en su interior, llevándola hasta el límite y lanzándola al cosmos, donde ella permaneció perdida en una gloriosa liberación antes de encontrar el camino de regreso a la realidad.
Mientras ella viajaba en ese delicioso orgasmo, Kakashi consiguió tocar su cielo descargando su semilla en su interior. Los espasmos recorrieron su espina dorsal como latigazos eléctricos. Le supuso un gran esfuerzo mantenerse erguido para sostener su peso.
Ambos respiraban agitados. Les tomó un tiempo recuperarse.
Cuando ambos estuvieron bajo las sábanas, Kakashi la rodeó con su brazo para acercarla a él y dijo:
— Buenas noches, Midori.
La kunoichi se sorprendió al darse cuenta que se quedaría a dormir, más no le molestó. Quería preguntar porque lo hacía, pero no tuvo la oportunidad, ya que escuchó su respiración sosegada indicándole que se había quedado dormido.
— Buenas noches, Kakashi — susurró, aunque sabía que él ya no la oía.
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Eran casi las tres de la mañana cuando escuchó un toque insistente en su puerta. Midori creyó que estaba soñando, hasta que se volvió más ruidoso. Abrió los ojos con pereza antes de volver a escuchar el repique de la madera siendo golpeada con desesperación.
Se vio obligada a levantarse, pero justo cuando iba a dar media vuelta en la cama para quitarse las sábanas, se vio atrapada por un fuerte brazo.
En ese preciso momento fue consciente de que estaba desnuda y Kakashi se encontraba a su lado.
Habían tenido sexo.
La realidad pareció darle una bofetada. La sola idea de haber traspasado sus límites con él empezó a atormentarla, no obstante, alguien afuera de su departamento seguía tocando como desesperado, impidiéndole reprocharse por la estupidez que acababa de cometer…
Si el fastidioso dejara de repiquetear y se marchara, Midori se permitiría empezar a arrepentirse. Sin embargo, decidió ir a abrir la puerta para asesinar al idiota que le gustara fastidiar a plenas tres de la mañana.
Salió del agarre de Hatake con mucha facilidad, cuidando no despertarlo. Se puso una bata rápidamente y se trasladó a abrir de inmediato.
— Ya voy — exclamó irritada ante el ruido pertinaz de la puerta — ¡¿Qué demonios quieren?!
Midori estaba molesta, dispuesta a degollar a quien estuviera afuera de su puerta. Toda réplica, todo reclamo, quedó atorado en su garganta cuando visualizó a Sakura. Pero no era la impresión de verla frente a la entrada de su departamento, sino su semblante.
Tan pronto vio su expresión supo que algo malo pasaba, y un dolor atenazó su corazón.
— Sakura, ¿qué es lo que sucede? — preguntó, con voz casi ahogada.
Contempló a Haruno vacilar, estaba nerviosa, posiblemente porque no sabía cómo iba a reaccionar.
La kunoichi se removió incómodamente y con voz insegura pronunció su nombre:
— Midori-san…
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La kunoichi de cabellos violeta entró en su recámara hecha una ráfaga, olvidando que Kakashi se encontraba ahí. Ignoró su mirada intensa, su presencia y su voz que le preguntaba qué demonios le pasaba.
Midori desatendió su insistencia y se apresuró a cambiarse, salió hecha un torbellino del departamento.
Escuchaba los gritos de Kakashi de fondo, pero su única preocupación era llegar al hospital tan pronto como pudiera.
— No, esto no puede ser posible — se dijo en su mente.
Sin embargo, sabía que era tan verdadero como recordar que respiraba aire para vivir.
Traspasó las puertas del hospital y se dirigió por el pasillo que la llevaría hacia la sala de máxima urgencia. Iba a preguntar por el estado de su sobrino cuando la vio ahí.
Sentada limándose las uñas estaba su hermana.
A Midori la removió una cólera incontrolable y prácticamente se le abalanzó como una fiera, quería destrozarla. Akari inmediatamente sintió el aura furiosa de su hermana menor, se puso de pie urgentemente y apenas pudo esquivar un golpe que le partió el labio.
— ¡¿Oye, qué demonios te pasa?! — gritó airada la mujer regordeta.
De no haber eludido la fuerza del impacto, posiblemente le habría quebrado los dientes.
— ¡¿Qué demonios te pasa a ti?!
Exclamó Midori descontrolada por el dolor y la furia, no comprendía como su hermana podía estar ahí, sentada tranquilamente como si no fuese su hijo el que se debatía entre la vida y la muerte.
— Eres una maldita, Akari — silbó impetuosa la kunoichi y se abalanzó de nuevo contra su hermana, pero un par de brazos musculosos la detuvieron.
No tuvo que girarse para saber de quien se trataba, no hacía falta, supo en cuanto abandonó el departamento que él no se quedaría cómodamente recostado en la cama.
— Ya basta — murmuró Kakashi contemplando a su alrededor, un pequeño grupo de personas se había detenido a ver el espectáculo —. No creo que sea el momento para hacer esto — le dijo.
Midori lo sabía, pero no le importaba, esa había sido la gota que derramó el vaso. Su paciencia y buena fe desaparecieron en cuanto Sakura le explicó lo que sucedía, o más bien, la condición en la que encontraron a su sobrino…
La kunoichi quería protestar, pero su hermana pareció no comprender que lo mejor era no echarle leña al fuego y abrió su enorme boca para provocarla más.
— No comprendo porque te importa tanto ese mocoso, no es tu hijo — habló Akari desdeñosa.
La mujer de cabellos violeta sintió un golpe desgarrador aumentando su rabia, quería saltarle encima a su hermana y arrancarle la lengua. ¡Por Kami que lo deseaba! No obstante, Kakashi mantenía su agarre en la cintura impidiéndole realizar su capricho.
Akari se tocó el labio, se quitó la sangre e hizo una mueca de repugnancia.
Contempló a Midori y luego a Kakashi, entonces recordó… Ese hombre era aquel shinobi que frecuentaba a su hermana en la adolescencia, el mismo que… La mujer esbozó una sonrisa malévola y sus ojos observaron los de Midori con astucia.
— No… — murmuró quedamente, pero Akari sabía que era una súplica que no acataría por nada en el mundo.
— Nunca se lo dijiste, ¿verdad? — la pregunta era retórica, la mujer solo quería abrir una brecha para obtener la atención de Kakashi.
Hatake miró a Midori y luego a Akari, la primera se estremeció y tanto la mirada como el semblante furioso desapareció, dando paso a la angustia, el dolor y el miedo.
— No, por favor no lo hagas — suplicó con voz ahogada.
La mujer de ojos ámbar simplemente le dio una sonrisa mordaz y dirigió todo su interés al peli-gris. Éste sabía que iba a decirle algo, y en su interior advertía que no era bueno…
— Dime una cosa, Kakashi — llamó con toda confianza Akari —. Mi hermana nunca te dijo que abortó a tu hijo, ¿cierto?
¿Qué cosa acababa de decir esa mujer?
— Akari, no… — sollozó Midori.
Pero su hermana estaba dispuesta a humillarla, a hacerla quedar mal. Y no le importaba si todo el mundo se tenía que enterar, no le importaba nada en realidad.
— No quería tenerlo, por eso se deshizo de él.
La voz venenosa de aquella mujer retumbó en los oídos de Kakashi, sintió a Midori oscilar entre sus brazos. Él estaba paralizado, buscó con la mirada atrapar la de ella, pero lo único que encontró fue a la kunoichi temblando de ira y congoja.
— ¡Yo no quería, tú me obligaste! — gritó finalmente la kunoichi con voz trémula.
Midori lo supo en cuanto su hermana reconoció a Kakashi le haría una jugada como esta. Traería el pasado haciéndola sentir miserable. Ella ya no sabía que le dolía más, si su sobrino que estaba muriendo en una sala de operaciones, el pasado que la alcanzaba gracias a su hermana o Kakashi que la miraba dolido.
Sintió su corazón encogerse en un puño y quiso soltarse en llanto, pero no se tenía permitido hacer eso en público y por si fuera poco Akari seguía agregándole más sal a la herida.
Eso se había tornado en un maldito escándalo, de no haber sido porque Tsunade salió de la sala de operaciones nadie se hubiera dispersado.
— ¡¿Pero qué demonios pasa aquí?! ¡Todos vuelvan a sus labores, no hay nada que ver! — demandó fúrica la rubia.
Todos se fueron, excepto Kakashi, Midori y Akari.
La mujer de cabellos morados hizo a un lado todo y se atrevió a preguntar por el estado de Said, sin embargo, antes que pudiera emitir una sola palabra la ex Godaime le dio una mirada que ella reconoció como malas noticias… Su corazón se detuvo y solo le escuchó un: lo siento.
Entonces todo su mundo se detuvo, dejó de oír y se permitió caer en un profundo agujero oscuro y frío.
