Mi felicidad no podría ser expresada con palabras ya que en pocos minutos Peeta me sorprendió con unas ricas creaciones rellenas de cordero y queso que horneo mientras yo estaba con Gale quizá para aliviar la tensión de la espera. Es increíble como después de sentirte tan completa al unir tu cuerpo al de tu amante tu estomago ruge para recordarte que no solo se vive de amor.

-Entonces que haremos con los días de tranquilidad que nos quedan, antes que Paylor decida qué hacer con nosotros?- le dije tratando de sonar calmada mientras comíamos.

-No lo sé, solo quiero pasar todo el tiempo que me quede contigo.- dijo sonriendo, yo le correspondí la sonrisa y entrelazamos nuestros dedos.

Eso hicimos, Peeta solo me dejaba por cortos intervalos para inspeccionar el estado de la panadería mientras que yo definitivamente deje de salir a cazar sola, solo me dirigía al bosque en compañía de mi esposo.

Comenzamos a hacer cosas que no habíamos hecho nunca, nadábamos desnudos en el lago, nos pasábamos días enteros recostados en la cama, empezamos a experimentar con nuestros cuerpos todo lo que se nos ocurría incluso poníamos en práctica cosas que Peeta alguna vez había escuchado de sus amigos de la escuela y sus hermanos. Es increíble cómo una vez que te despojas de tus inhibiciones la primera vez todo se vuelve tan espontaneo, pues pasamos de ser dos esposos ficticios que dormían en casas separadas a dos amantes apasionados que no soportaban la mínima distancia entre sus cuerpos.

Por momentos olvidábamos que había un peligro inminente asechándonos, aunque aún contábamos con Haymitch que no se había distraído como nosotros, después de nuestra última conversación partió al distrito 4 donde se encontraba temporalmente trabajando Cressida, para tratar de obtener información oficial desde alguien muy cercano a la presidente pero de nuestra entera confianza. Hemos recibido un par de llamadas suyas con mensajes en clave queriéndonos decir que tiene algo que contarnos pero debe ser personalmente aunque ignoramos cuando planea regresar.

Aunque Haymicth no suena preocupado en sus llamadas los informes de Gale son otra historia, me ha estado contando sobre una especie de transformación que está sufriendo todo el gabinete o como yo le digo el sequito de Paylor, al parecer está reduciendo los salarios y trasladando a lugares remotos o en el mejor de los casos removiendo de sus cargos a todo aquel que en su momento fue cercano a Coin, al parecer ninguno de ellos es digno de confianza en la actualidad. Entre ellos podría estar Gale. Dice que más que su posición le preocupa que las condiciones de su familia vuelvan a ser precarias además que si le envían lejos no podrá protegerme.

Peeta y yo mientras tanto seguimos aguardando pacientemente nuestro desenlace cualquiera que este sea evadiéndonos de la realidad en nuestro pequeño mundo privado donde solo existe la comida, la intimidad de nuestra casa, las caricias, los arrebatos apasionados de mi amante y las noches en que solo nos dedicamos a hacer el amor hasta casi el amanecer.

El domingo de la tercera semana de ausencia de Haymicht, Peeta me dejo dormida sola en la cama a mitad de la tarde, al poco tiempo me desperté y sentí un poco de pánico al no encontrarlo, creo que ese miedo de perderlo en cualquier momento no desaparecerá nunca, me levante a toda prisa a buscarlos cuando descubrí que estaba en la habitación que era de mi madre y que ahora había convertido en una especie de estudio para pintura. Me deslumbro lo que estaba plasmando en el lienzo, éramos nosotros, besándonos, sentados a la orilla de la playa, besándonos en el vasallaje, pero lo realmente hermoso con respecto a la imagen era el perfecto atardecer en el fondo donde se apreciaba un cielo adornado con distintos tonos naranja que se reflejaba en el agua mientras nuestros labios se unían.

-Peeta lo odio- es hermoso es cierto, pero no puedo evitar repudiar todo recuerdo de los juegos, en especial del vasallaje donde lo perdí.

-Es que lo recordé, cada detalle, pues se lo que paso porque he visto las imágenes y eso me ha traído vagos recuerdos pero hoy mientras dormitaba recordé la sensación cálida de ese beso y no pude dejar de pintarlo.- Su ojos brillaban mientras hablaba, creo que le hace feliz recordar.

Yo tome uno de sus pinceles y me acerque al cuadro como si fuera a rayarlo, el me observaba temeroso.

-Pues creo que tu mente te traiciona, porque el chico en el cuadro es muy apuesto y tú tienes un defecto aquí- le roce la nariz con mi pincel.

-A si? Pues esta chica definitivamente no tiene ese feo ceño fruncido.- se burló mientras manchaba mi frente con el suyo.

-Pues este chico tiene unos labios mucho más besables.- roce sus labios con mis dedos.

-Mmmm bueno ahora que lo pienso creo que si hay un error.

-¿Error?

-Si veras necesito que te quites la blusa.

-¿Hmm?- Antes que pudiera reaccionar ya estaba haciéndolo el

-Es por el bien del arte, es que en esos días no conocía el tamaño y forma exacta de tus pechos. Debo practicar!

Peeta empezó a embadurnarme con pintura mi pecho y todo el torso y yo solo me deje llevar, me recosté en un sillón mientras mi torso desnudo era convertido en una especie de obra de arte. Las pinceladas eran alternadas con roces de sus dedos haciendo que mi piel se estremeciera con cada contacto. La expresión de Peeta no tiene comparación, tiene ese mismo ceño fruncido de cuando se concentra, pero sonrojado y con la respiración acelerada dejando salir fuertes suspiros cuando usa sus dedos para deslizar pintura sobre mis pechos.

Ya estaba ansiosa por llegar a la parte donde el resto de mi ropa desaparece pero Peeta parecía muy concentrado dibujando una espiral en mi vientre.

-Katniss cuando crees que sabremos.- su mirada volvió a brillar causándome curiosidad.

-¿Saber exactamente qué Peeta?

-Si estas embarazada- sus palabras me dolieron como una puñalada y me levante rápidamente cubriéndome el pecho poniéndole fin a nuestro jueguito.

-Peeta es imposible que yo esté embarazada- su rostro se puso pálido.

-¿Cómo que imposible? Tu eres consiente que eso sucede cuando las personas hacen el amor son ninguna precaución.

-Peeta en el hospital del trece me suministraron un anticonceptivo de larga duración, no querían que el Sinsajo volviera a quedar embarazada de su amante trágico porque ese estado es peligroso para un soldado.

-Pero ese embarazo fue falso.

-Así es pero no todo el personal médico lo sabía.

-¿Cuánto tiempo?- en su rostro y en su voz se percibía una profunda decepción.

-Cinco años.

-¿Cómo se atrevieron?

-Al parecer es parte de su protocolo, además me siento muy feliz ahora de que así fuera porque Peeta… yo nunca podría traer un hijo a este mundo.