Lo siento por no poder publicar a tiempo! He estado en finales y con las revisiones, trabajos y estudiar no había podido subir. Que bueno que les guste la historia y este capitulo me costo un poco hacerlo, porque no sabia como llegar al punto! Reviews, alerts, todo es bienvenido!


Tiempo

Así pasan dos meses, por las mañanas yo cazo mientras que Peeta hornea y Haymitch bebe. Todos los días Peeta, Sae, su nieta y yo desayunábamos. Por las tardes Haymitch nos acompaña a Peeta y a mí para comer juntos y en la cena solo somos Peeta y yo. Esta rutina es extraña, el único momento en el día cuando no estoy con Peeta es cuando cazo y aun así lo extraño. El libro está muy avanzando para este entonces, Cinna y mi padre ya están completamente terminados. Cuando hacíamos a mi padre, que fue el más difícil para ambos, Peeta no lo recordaba completamente y yo no paraba de llorar, cuando estuvo terminado los dos son sentamos callados viendo su dibujo, recordando su voz, lo que era más fuerte de él en nuestras memorias. Fue uno de esos momentos en los que en verdad me alegraba de tener a Peeta en mi vida. Mi madre llamaba cada semana o 5 días para avisarnos sobre Annie y ponernos al corriente. Ya llevaba alrededor d meses y se decía que era un bebe muy sano. Me gustaba la forma en mi madre cuidaba a Annie, ambas se necesitaban. Siempre que hablábamos sobre Annie con mi madre, lloraba sobre Finnick, sobre su bebe y sobre Annie, Peeta siempre me consolaba y me susurraba que todo iba a estar bien. Con Peeta la relación estaba estancada, nos confiábamos todo, llorábamos con el otro pero nunca había más que un abrazo o unas manos entrelazadas.

Tanto Peeta como yo cada día teníamos mas ojeras hasta a veces estábamos un poco de mal humor durante la mañana por el sueño que nunca nos podíamos dar, no sé si alguna vez podría dormir bien en mi vida, probablemente no.

Estabamos comiendo con Haymitch cuando Peeta habló.

-Haymitch, ¿Cómo es que ya nunca te veo tan ebrio? – Haymitch nos sonrió socarronamente

- Pensé que ya te habrías dado cuenta por lo menos tu, chico – Le dijo mirándolo – Pero bueno, cuidando al Sinsajo no creo que te des cuenta de mucho.

- No entiendo, Haymitch – Le contesto y Peeta también lo mira, haciendo eco a lo que dije.

- Estoy intentando dejarlo.

-¿Qué cosa? – Pregunto pero algo me dice que es algo bueno.

-¿El alcohol? – Dice Haymitch burlándose de mí y sonriéndonos

-¡Haymitch! ¡Eso es estupendo! – Peeta le contesta. Miro a Haymitch sorprendida.

- Ya que todos estaban recuperándose, intenté hacerlo yo – Haymitch explica.

-Haymitch… -no tengo que decir –Eso es maravilloso.

-Basta, basta, lo hago por mí, no quiero una carta de felicitación. Ni una fiesta – Haymitch aunque no lo aparente está feliz por decirlo y parece orgulloso.

Peeta y yo nos quedamos sonriéndole a Haymitch pero él se levanta rápidamente dejando su plato en el lavabo.

-Bueno, los dejaré terminar. – Y sale de la casa.

-No me lo esperaba – Me comenta Peeta maravillado.

-Ni yo.

-No todo puede regresar a la normalidad pero todos podemos ser felices – Peeta me mira y sé que quiere decir con esto. Prim no volverá ni mi madre ni Gale, pero puedo ser feliz sin ellos, y lo estoy logrando. Le sonrió y el toma mi mano en respuesta.

Después de arreglar la cocina y la mesa sacamos el libro, hoy comenzaremos con Rue, una persona que a pesar de estar tan poco tiempo en mi vida tomó mucha importancia. Casi todas las noches la veía, siendo matada la mayoría de las veces pero a veces ella era un pájaro acompañándome o solo me sonreía junto con Prim.

Peeta la dibuja sobre un árbol, sus ojos enormes mirando hacia el frente y su cabello alborotado creando un aura de tranquilidad. Cuando estoy escribiendo sobre ella se me hace un nudo en la garganta como siempre y decido mejor ver por mientras como dibuja Peeta.

-¿Katniss? – dice Peeta

- Lo siento… - Me detengo, sale una lágrima involuntaria.

-Katniss… Tranquila – susurra Peeta. Me sostiene la mano y la aprieta. Comienzo a llorar un poco más fuerte. Peeta se pone enfrente a mí y roza mi mejilla, mientras cierro los ojos. Luego lentamente baja su mano a mi cuello, donde a pesar de mucho tiempo aun tengo unas pequeñas marcas de cuando Peeta me ahorcó. Las talla gentilmente. Esto me tranquiliza después de unos minutos y cuando abro a los ojos, veo a un Peeta adolorido.

-Quisiera que supieras cuanto lo siento – me dice bajando la mirada – Yo… nunca te hubiera lastimado.

-Tú no sabías que pasaba, Peeta – le digo con una voz ronca.

- Nunca más te haré daño, Katniss, no sabes cuánto me esfuerzo por que seas feliz conmigo. – Sus palabras me toman desprevenida.

-¿Contigo? – Le pregunto insegura. Peeta me mira significativamente, sus ojos claros me traspasan tocando hasta mi alma. Nos quedamos callados, yo sin entender lo que quería decir y el sin responderme.

-Deberíamos guardar, Katniss.

Sé que no quiere continuar con lo que estábamos hablando, por eso había cambiado de tema, yo no sé cómo sacarlo a relucir por lo que lo dejo pasar. Me levanto y comienzo a guardar, mi mano solo tenía un desgarre pero ya no tenía ninguna secuela, por lo que puedo cargar varias cosas pero ni aun así Peeta me deja hacerlo.

Me detuve por un momento, me acuerdo como mi madre siempre intentaba protegerme y como yo nunca me dejaba, con Peeta no era de esa forma maternal era… protectora. Peeta me protege… Peeta... ¿Me amas?

Por un segundo temo que haya dicho esta pregunta es voz alta. Volteo a verlo angustiada pero el está ahí, como siempre, mirándome.

-¿Pasa algo, Katniss? – me pregunta confundido

-No… nada – me volteo igualmente confundida.

¿Qué me pasa? ¿Por qué me interesa tanto saber si él me quiere o no? Últimamente esa pregunta rondaba mucho por mi cabeza y aun no sabía por qué pasaba esto.

Terminamos de guardar las cosas calladamente, yo sumida en mis pensamientos y el solo callado, dejándome pensar.

Como hemos guardado muy temprano hoy y aun falta para la cena me voy hacia el sillón a sentarme.

-¿Katniss? – escucho su voz desde la mesa.

-¿Qué pasa, Peeta?

-¿Te gustaría dar un paseo? – me contesta nervioso. ¿Un paseo?

-Si quieres… - Le digo insegura

-Podemos pasar al Quemador por algunas cosas, también.

-Está bien. – Me levanto del sillón cuando él se está acercando a la puerta, la abre lentamente dejándome pasar primero, como todo un caballero. Es cuando me doy cuenta que me he estado acostumbrando a la forma en la que me trata, no sé cuánto me dolería si lo pierdo, probablemente me quedaría en mi casa de por vida.

Cuando vamos saliendo de la casa, veo las primroses en mi jardín floreciendo espléndidamente y bien regadas, estoy segura que es Peeta quien les pone agua.

Me empiezo a poner nerviosa, en realidad mi trayecto es Aldea de los Vencedores, bosque y Quemador, sin ir a ningún otro lugar. No sé cómo me verían las personas. Peeta no estoy segura si sale de su casa, yo creo que si, por la masa y esas cosas que el usa.

Estamos caminando hacia la dirección que normalmente tomo para ir al Quemador, cuando el toma mi mano y me jala hacia otra ruta.

-Katniss, me gustaría que me acompañaras. – Me dice con una nota de tristeza.

-¿A dónde, Peeta? – intentó suavizar mi curiosidad convirtiéndola en compasión.

- A la panadería de mis padres – Dice con el mismo tono de dolor. Sé que cuando dice la panadería se refiere solo al terreno destruido lo que antes era su casa y el negocio de sus padres. Me quedo callada pero quiero acompañarlo, se que le servirá como terapia y mejorar sus memorias.

Mientras caminamos vemos que están derrumbando varios espacios y parecen lugares de cosecha, miro extrañada pero Peeta debe de saber más.

-¿Qué están haciendo? – Pregunto mirando a Peeta que solo toma mi mano mirando hacia el frente.

-Creo que la nueva actividad del distrito será plantar para medicinas o algo parecido – Me mira y me sonríe. Bajo la mirada hacia nuestras manos no sé por qué. El afloja el agarre pero yo lo aprieto.

-Nunca imaginé al Distrito con medicinas y ese tipo de cosas – Le digo con sinceridad.

-Bueno, ya que todo Panem cambió, ¿Por qué el Distrito no? - Me dice burlándose y me rio quedamente. Las bromas de Peeta siempre me hacen reír o sonreír y es algo que nos sienta a mar de bien a ambos.

Poco a poco vamos llegando al área comercial del Distrito y ahí, en un terreno esta lo que era la panadería de la familia Mellark. Volteo a observar a Peeta detenidamente mientras camino, al principio esta serio pero luego me dedica una sonrisa que inspira confianza, por lo que me quedo más tranquila. Cuando estamos al borde del terreno, Peeta se detiene pero no me suelta la mano solo se queda ahí mirando.

-Parece un buen lugar. – al cabo de unos minutos, Peeta dice.

-Lo es, lo era. – Le digo sonriéndole.

-Katniss, me gustaría hornear – Me mira serio. Me confundo. ¿Entonces que hace todos los días?

-Lo haces, Peeta – El me sonríe en son de burla – O bueno, no te entiendo.

-Quiero levantar de nuevo la panadería. Llevo muchas semanas pensándolo y creó que si lo haré, siempre me gustó hacer el pan para muchas personas. No solo pan, también galletas, pasteles, postres, entre otras cosas. – Me contesta viéndome pero sonriendo. - ¿Qué te parece?

No sé qué decir, Peeta en verdad ha regresado, me siento tan feliz que se me hace un nudo en la garganta.

-Es… Increible – Le digo finalmente.

-¿Lo crees? – dice preguntando pero con una gran sonrisa en el rostro

-Si, Peeta. Te lo mereces, si es lo que quieres hacer deberías de hacerlo. – Me sonríe aun más grande

- Pero claro, debo de reconstruirla primero.

- Tu puedes hacerlo, Peeta – Sonrió no solo por él, si no por el rumbo que están tomando nuestras vidas.

-Gracias, Katniss – me aprieta la mano siendo cordial – Pasemos al Quemador.

Pero a pesar de que dijo esas palabras, nos quedamos ahí unos minutos, viendo el destruido terreno de lo que antes era todo para Peeta.

Cuando vamos al Quemador compramos una que otra cosa para la casa, más que nada comida y pinturas para el libro. La gente del Quemador ya no me mira como si fuera un loco fuera del manicomio, al contrario, siento una ola de serenidad a mi alrededor, aunque eso también se deba a Peeta y en la forma en que vamos agarrado de las manos.

Regresamos a la casa cuando ya esta anocheciendo, por lo que Peeta hace unos bollos de queso y sirve leche de cabra, platicamos de nuestros recuerdos de la infancia esta vez sin lágrimas, pero ninguno toca el tema del enamoramiento de Peeta o la muerte de mi padre. Cuando hemos acabado de cenar, Peeta se despide diciendo que llegará tarde mañana porque estará viendo lo de la panadería a lo que yo sonrió y me voy a dormir tranquila.

Antes de que las pesadillas me alcancen.


OOWWWWWW bonito no? les van a gustar mas los demas :) Reviews porfavor!