Bella se mordió el labio mientras observaba su reflejo en el espejo.
Diablos, eso había sido bueno. Muy bueno, la verdad.
Uno de sus pechos tenía los dientes de Edward marcados en la parte superior, igual que el lado derecho de su cadera. Tenía dos chupones púrpuras en el cuello y uno exactamente igual en el trasero.
Sonriendo como una estúpida, se dirigió a la habitación para ponerse sus bragas y robar una camisa azul del armario del cobrizo.
Caminó hacia la cocina pensando en lo extraño que era para ella hacer eso. Sus momentos post-sexo normalmente se basaban en insultar al idiota con el que acababa de acostarse y largarse de allí.
Nunca se quedaba a dormir. Y mucho menos, a desayunar. Pero tenía la impresión de que si intentara escabullirse en ese momento, Edward la arrastraría hacia el apartamento nuevamente.
En cuanto llegó a la puerta de la cocina, contuvo el aliento.
¿Ella había echo eso?
Bajo la luz de la mañana que se filtraba por el enorme ventanal, las marcas en la espalda de Edward ocasionadas por las uñas de la castaña lucían mucho más marcadas que anoche.
Bella se mordió el labio, sintiendo una extraña mezcla de sentimientos dentro de ella. Se sentía como una torpe, pero al mismo tiempo le gustaba que él llevara los signos de sus orgasmos marcados en la espalda.
Sin hacer ruido con sus pies descalzos, la castaña se acercó a Edward y depositó un casto beso sobre su espalda, justo en el medio.
-Buenos días.-La voz de Edward la hizo estremecer, y sonrió cuando el cobrizo se giró y tomó su rostro entre sus grandes manos.
A Bella le encantaba que él hiciera eso. Sus manos eran muy grandes y abarcaban todo su rostro. La hacía sentir pequeña y querida.
-Buenos días, Edward.-La castaña se puso de puntillas para alcanzar sus labios, y Edward sonrió y se inclinó para besarla con suavidad.
-¿Tienes hambre?
Bella le echó una ojeada a la cocina.
-¿Waffles?
-Waffles.
-¡Adoro los Waffles!-Exclamó la castaña con los ojos brillantes, y Edward no pudo evitar sonreír más ampliamente.
-Lo sé.-¿Porqué más sino los hubiese preparado? Los Waffles definitivamente no eran su desayuno favorito, pero todavía recordaba la charla que tuvo con Bella durante una de sus sesiones, en donde ella se dedicó a explicarle porqué los Waffles eran tan geniales.
Una vez que se encontraron sentados juntos, desayunando, Bella se aclaró la garganta y murmuró:
-Lo siento.
Edward arqueó una ceja en su dirección, confundido.
-¿Porqué?
-Tu espalda...-Susurró, antes de levantar su taza y tomar un sorbo de café.
Edward soltó una carcajada.
-No lo sientas, nena. Se irán en un par de días. Y fue excitante.
Bella soltó una risita.
-Bueno, debo admitir que tus mordidas también lo fueron.
Edward sonrió antes de girar en su taburete para quedar frente a ella.
Bella aguantó la respiración cuando lo vio bajar la mano por el cuello de la camisa que ella llevaba puesta, hasta desabrochar el primer botón.
-¿Qué haces?-La voz le salió temblorosa, pero Edward no respondió, sino que desabrochó el segundo botón, y finalmente el tercero.
Con su mano derecha rodeó el seno izquierdo de Bella y acarició la marca de sus dientes con el dedo pulgar.
Bella sintió como su centro se volvía líquido, allí, sentada en un taburete junto a la barra de la cocina, con uno de sus pechos fuera de la camisa y Edward acariciándolo, observando como su pezón se endurecía entre sus dedos.
-¿Sabes lo que significa esto?-La voz del cobrizo se había convertido en un susurro áspero mientras inclinaba la cabeza hacia adelante y rodeaba su pezón con la lengua, haciéndola soltar un pequeño gemido.
-¿Qué?
Preguntó finalmente la castaña, con la respiración acelerada.
-Que eres mía ahora.
Bella volvió a gemir cuando él acarició la marca de sus dientes con la lengua.
-¿Lo soy?
-Lo eres. Eres mía, Isabella.
Bella se aferró a los cabellos de Edward cuando él comenzó a ascender para besar su cuello.
-Edward...
-¿Sí, nena?
-Te necesito.
La castaña lo sintió sonreír contra su cuello, antes de que él levantara la cabeza para encontrar sus labios y besarla apasionadamente.
-Ven aquí.
Un sólo movimiento y Bella ya se encontraba sentada a horcajadas sobre él, rodeándole el cuello con los brazos.
Edward la besó, tomando el control de beso e invadiendo la boca de la castaña con su lengua, mientras con sus manos acariciaba sus muslos, llegando hasta sus nalgas.
-Todo, todo esto es mío.
-Sí, lo es.-Susurró Bella, arqueándose contra él.
.
El sexo mañanero era algo que nunca antes había probado. Y era de veras revitalizante, reflexionó la castaña mientras se enfundaba en sus jeans.
Edward estaba en la ducha, y luego la llevaría a su casa pues un par de horas más tarde ella debía asistir a clases.
Cuando terminó de vestirse, Bella rebuscó su celular dentro de bolso, recordando que no lo había revisado desde ayer antes de la cena.
Tenía dos mensajes de Alice y cinco llamadas pérdidas de su padre. Eso no presagiaba nada bueno.
Perra, tengo cosas importantes que contarte. ¿Estás disfrutando del increíble sexo con el Dr. Amor? Llámame cuando termines. -Al
¿Estás viva? ¿Almorzamos hoy? Mis clases terminan temprano, ¡Llámame! -Al
Bella sonrió y le envió un mensaje a Alice confirmando la salida a almorzar antes de marcarle a su padre.
-¡Bella!
-Papá, ¿Qué sucede?
-No puedo creer que lo hayas vuelto a hacer, ¡Prometiste que no lo harías!
-¿Que no harías qué?
-Irte a la casa de cualquier idiota que se te cruce en el camino, pensé que de verdad habías cambiado, Isabella.
-¡Papá, deja de decir idioteces! Lamento no haberte avisado que estaría fuera de casa, pero-
-Estoy tan decepcionado de ti, Isabella.-Charlie cortó la llamada.
Y allí estaban, esas seis palabras que venía escuchando por años, que venía intentando ignorar por años, sin éxito.
No las soportaba, no podía hacerlo.
Antes de darse cuenta, Bella se encontraba sollozando desconsoladamente mientras se tapaba la boca con una mano, intentando acallar el ruido.
Justo en ese momento Edward abrió la puerta del baño y apareció, llevando sólo una toalla alrededor de las caderas.
En cuanto se fijó en Bella, frunció el ceño y se acercó rápidamente a ella, tomando su rostro entre las manos para secar las lágrimas que caían sin cesar por sus mejillas.
-Bella, sh... ¿Qué sucede?-Bella soltó otro sollozo y se abrazó a él buscando consuelo. Edward la estrechó más fuerte entre sus brazos, acariciando su espalda y murmurando palabras tranquilizadoras.- ¿Qué sucede, nena? Bells, háblame, por favor.
Edward no entendía qué diablos sucedía, y lo que era peor, se dio cuenta de que ver a Bella llorar era algo que le desagradaba en sobremanera. Lo hacía sentir mal e impotente.
-Bella, por favor, no soporto esto, ¿Qué sucede? ¿Hice algo malo? ¿Te lastimé?
-¡N-No!
Edward suspiró mientras inclinaba la cabeza para besar su frente cariñosamente.
-¿Entonces qué sucedió?
-Mi... Mi padre.-Sollozó Bella contra su pecho, y Edward frunció el ceño.
-¿Qué pasó con tu padre?
-Me llamó diciendo que no podía creer que estuviera haciendo esto de-denuevo y que... Que estaba muy decepcionado de mi-La voz de Bella se fue agudizando hasta que se convirtió en un sollozo y Edward siguió acariciando su espalda para intentar tranquilizarla.-No soporto escucharlo decir eso, ya... Ya no más.
Edward comprendió todo, y de repente sintió ganas de pagarle a Charlie Swan.
-Shh, cariño, tranquila, está bien... Estoy seguro de que él no quería decir eso.
-Si, lo quería.
-Estaba preocupado porque no regresaste a casa anoche, es entendible, ya verás que se arrepentirá de lo que ha dicho.
-¿Eso crees?
-Lo sé. Sé que será así. Tranquila, cariño.
-Pensé que estaba haciendo las cosas bien y luego él dice eso y yo-
-Bien, cariño, escúchame.-Edward se separó unos centimetros de su llorosa castaña y apoyó ambas manos en sus mejillas, levantándole el rostro con los pulgares.-Haz hecho las cosas bien, puedo dar fé de ello. Eres una chica increíble, Isabella, y definitivamente no eres una decepción. No lo eres.
Bella sonó por a nariz como una niña pequeña, observando a Edward con sus enormes ojos cafés llorosos. Edward le sonrió con ternura, acariciando sus mejillas.
-Gracias, Edward.
El cobrizo sonrió, inclinándose para besarla en los labios dulcemente.
-Todo esta bien, cariño.
.
Ese mismo lunes, cerca de las seis de la tarde, Edward observó el teléfono, pensativo, pero finalmente se decidió y marcó el número.
-¿Quién habla?
-¿Señor Swan? Soy Edward Cullen, el psicólogo de Isabella.
-¡Oh, Edward! Buenos días.
-Buenos días, Charlie. Llamaba porque ha sucedido algo que me ha estado impacientando.
-¿Isabella la cagó otra vez?
Edward cuadró la mandíbula, enfadado.
-En realidad, todo lo contrario. Verás, su comportamiento ha sido impecable durante estos últimos meses, y aunque a veces no lo creas así, tú opinión sobre ella influye muchísimo en su bien estar, por lo que desearía que la próxima vez que consideres que ella la "ha cagando", te encargues de preguntarle por su versión de la historia antes de condenarla sin más.
-Esward, yo...
-Sé lo que sucedió esta mañana, y por eso solo quería decirte que tengas en cuenta cuánto pueden dañar en su progreso tus palabras. Isabella es una chica increíble, Charlie, y de verdad quiere cambiar. Te recomendaría que le des una oportunidad y no le digas que estás decepcionado de ella cuando no ha hecho nada malo. La lastimaste mucho, y deberías acercarte a ella para hacerle ver que aprecias el esfuerzo que está haciendo.
-Yo, esto... Bien, lo... Lo haré.
-Bien, que tengas un buen día, Charlie.
Sin más, Edward cortó el teléfono y respiró hondo.
No le importaba que Charlie fuera quien pagaba las sesiones de Isabella, si volvía a lastimarla, lo haría mierda.
De repente, Esward se sintió iluminado por el conocimiento.
Ahora entendía porqué no podía dejar de pensar en ella. Porqué no podía soportar verla triste. Porqué sentía como sí nunca fuera a tener suficiente de ella. Porqué se sentía tan posesivo con ella.
La amaba.
Amaba a Isabella Swan.
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¡Buenos días! Acá les dejó otro capítulo de 'Todos los viernes'. Gracias por su paciencia y sus increíbles reviews, son increíbles. Un saludo a todas. Emma ;)
