Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 9: Comida voladora.
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La boda, breve y agradable, consiste en el intercambio de votos por parte de los novios y los testimonios, con mas o menos acierto, de los familiares y amigos.
Mikoto llora, como se espera de la madre que "pierde un hijo" pero le dura poco. Fugaku abraza a su esposa, feliz a medias por el matrimonio oficial de su hijo menor. Los problemas familiares que les han mantenido alejados los últimos años quedan en un olvido relativo.
Sasuke sonríe, abiertamente. Está tan feliz que casi parece irreal, y sabe por experiencia, que tarde o temprano ocurrirá algo que lo joderá todo, y le devolverá a la realidad de una bofetada.
Los restos de lágrimas secas tiran de la piel de su cara, pero por primera vez en su vida, no le importa mucho que le hayan visto llorar.
Es su boda, y está terriblemente feliz por ello.
La casa está preciosa, llena de flores por todas partes. La suave música que llena el ambiente llena los silencios entre las conversaciones incómodas.
Por suerte la comida está servida en el jardín, en tres largas mesas colocadas en forma de "U".
La tarta descansa en una mesa, a un lado, y Hidan decide que es un buen sitio para sentarse a comer. Lo mas cerquita posible de esa delicia de chocolate blanco y fresas de seis pisos.
– Ni se te ocurra. – Le regaña Kakuzu sentándose a su lado.
– ¿Qué?. – Duda, con una carita de asombro que no le pega.
– Deja en paz la tarta. – No le da tiempo a dar mas argumentos, por que Miku escala por sus piernas y se sienta en su regazo, alargando los brazos hasta Hidan con la carita iluminada en dirección al dulce gigante.
Una cuchara golpeando rítmicamente el cristal de una copa dirige toda la atención a la única persona que aún sigue en pie.
– A vveeeeerrrrrr. – Naruto pide silencio. – Estamos aquí por que Sasuke nos invita a comer gratis. – Las risas llenan por un momento el jardín. – Ahora en serio. – Hace un gesto con las manos para que todos se relajen. – Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que nos alegramos por tí, bueno por los dos, y que no hacía falta por que para todos ya sois una familia en toda regla, pero bueno, nunca viene mal una comilona gratis de vez en cuando. – Las risas volvieron a elevarse de volumen. – Solo quiero que sepas que me alegro por ti, te lo mereces. – Mirando a su amigo levanta la copa en un brindis silencioso. – Y a ti, solo decirte que no sabes la suerte que tienes de haber encontrado a alguien a quien amar, y que lo haga del mismo modo. Cuida del amor que os tenéis, no te arrepientas nunca. – Izuna asiente y se gira para darle a Sasuke un dulce beso en los labios. – Y bueno, esta gente tiene cara de hambre y me estoy enrollando mucho. – Risas. – Que muchas enhorabuenas, que soys los mas mejores del mundo mundial, y que Taka quiere un hermano, a si que, aprovechar la luna de miel y poneros a ello... Y ahora a comer, que ya tengo hambre, tteba.
Decir que el brindis hizo aplaudir a todos los presentes es quedarse corto. A Naruto le siguen el resto de invitados, entre risas y bocados, felicitan a la pareja una y otra vez.
Naruto se sienta junto a Kakuzu, evitando así la incomoda disculpa del porqué no lo hace junto a Itachi, que decide, dándose cuenta del dilema de su chico, hacerlo junto Kakashi sensei, justo en la sección de la mesa que quedaba frente a él.
Solo tenían que levantar la vista para mirarse.
Gracias a alguna divinidad, que Miku quisiera estar con Hidan le dio la excusa perfecta para ocupar ese sitio sin que a ninguno de los invitados fuera del círculo de amistades, le pareciera inapropiada.
Deidara se sienta en la misma mesa, frente a Hidan, Madara a su lado, y Tobi , a pesar de tener su propia silla, en los muslos de su padre.
Tocar la batería con esos cubiertos es una tentación demasiado grande.
– Tobi, ya eres un niño grande, siéntate en tu silla. – Trata de convencerlo Deidara con voz dulce y tono bajo.
– No, papá. – Se abraza con mas fuerza al cuello de su padre.
– No me molesta, déjale aquí. – El moreno acaricia la cabecita de su hijo, que le sonríe al verse apoyado por su padre.
– No puedes dejarle hacer lo que le de la gana. – El tono, mas hostil que al principio, hace al padre curvarse hacia delante para que no alzara la voz. – Si le dejas ahora, no podremos salir a comer fuera o a otra casa sin que se siente encima tuya.
Madara no quiere discutir con él, no ahora. Ha notado que todo el tema de la boda no le hace demasiada ilusión a su rubio, y que está un poquito tenso, aunque desconoce la razón.
Anota mentalmente preguntarle cuando estuviera un poco mas tranquilo.
Tobi, por su parte, trata con todas sus ganas coger uno de los tenedores metálicos, pero su padre se lo impide todo el rato; incluso sin mirarle, hablando con su mami, intercepta todos sus intentos por agarrar cualquiera de los cubiertos. Sin saber como, un trozo de pan aparece en sus manitas y enfoca su atención en mordisquearlo y ablandarlo con la saliva durante un rato.
– Cariño. – levanta la mirada y enfoca sus enormes ojos azules en su padre. – Mamá tiene razón, tienes que sentarte en tu sitio.
– Papá uhm. – puntualiza el pequeño entre mordisco y mordisco. – Mamá no, papá hum.
– Tienes razón. – Mira a Deidara y le dedica una sonrisa torcida. – Papá uhm tiene razón. – un "ejem" seguido de una carraspera se escucha a su espalda. – Siempre, siempre tiene razón.
Tobi mantiene la mirada a sus dos padres un momento, hasta que una risita frente a él le hace desbaratar la lógica de sus padres.
– Nena. – Señala a Miku, sentada en los muslos de Hidan, aporreando el plato frente a ella con la cuchara del café.
– Hidan, te voy a dar una patada en el trasero. – Le amenaza Deidara.
– Oe, no es mi culpa que tu crio sea tan listo. – toma la muñeca de la niña y la ayuda a golpear el plato con mas ganas, al final acaba por acompañar a la pequeña en su pequeño concierto con el tenedor.
Iba a replicarle pero Kakuzu señala a la espalda del rubio.
– Lo que pasa es que ha elegido un buen argumento. – dice el mayor.
Deidara siguió la dirección de su dedo. Taka estaba sentado entre sus padres. Espalda recta, la servilleta colocada en el cuello para evitar manchas, comiendo con tal seriedad que no parecía tan pequeño en absoluto.
– Mira Tobi. – Deidara trata de que su hijo mire al morenito y con suerte le imite. – Taka está comiendo el solito en su silla.
El rubito se pone de pie sobre las piernas de su padre, y mira a su amigo por encima del hombro, agarrándose al cuello con la mano.
– ¡EHHHH!. – Grita agitando su manita en el aire.
Taka deja el tenedor a un lado del plato y le saluda tímidamente con los deditos.
Tobi sonríe y vuelve a sentarse como estaba, retomando el mordisqueo del pan ajeno a los resoplidos de su madre y las intensas ganas con las que su padre contiene una carcajada.
Hidan termina su plato , y el de Kakuzu en apenas unos segundos, mientras sigue entreteniendo a la niña, que ajena a todo se divierte de lo lindo con el jashinista.
Sirven el pescado, y es cuando ocurre.
Hidan traga saliva, y le dá a su chico en el hombro.
– Necesito ir al baño. – susurró con urgencia mirando de reojo el pez tumbado en su plato, mirándole con sus ojitos brillantes.
– Ven canija. – La niña cambia de asiento sin oponer resistencia. El regazo de Kakuzu también se le hace cómodo y confortable.
Los ojos verdes del mayor siguen a Hidan hasta que desaparece en el interior de la casa, pero no le sigue. En su lugar una media sonrisa se dibuja en su cara. Madara le pregunta con la mirada y Kakuzu asiente sin dejar de sonreír.
Hidan se refresca en el lavabo y gasta varios minutos en mirarse al espejo. Tiene una extraña sensación que le inunda todo el cuerpo, como una presión leve. Algo parecido a lo que se siente cuando llevas ropa de una talla menor a la tuya, pero por todas partes.
Una pesadez desconocida le invade, nada grave ni doloroso, solo extraño.
Horas antes, había batallado con Kakuzu durante mas de media hora. Odiaba las agujas con todo su ser, pero era consciente de que si quería tener un bebé, las inyecciones eran algo obligatorio. Se lo debía a Kakuzu, por todas las horas que el mayor había pasado formulando un tratamiento adecuado para el fin que buscaba.
Esperó que los síntomas que empezaban a hacerse presentes significaran de algún modo que el sufrimiento por las terribles y dolorosas inyecciones surgieran efecto. Aunque la sonrisa satisfecha con la que Kakuzu introducía la aguja en su trasero le decía que su novio se lo pasaba demasiado bien para su gusto... ya se vengaría, ya. Todo era cuestión de esperar el momento adecuado.
Vuelve a la mesa y recupera a su pequeña concertista sin dar explicaciones de su marcha. Tampoco es que se las hayan pedido, pero si esperaba un poquito de preocupación por su parte. Lo único diferente es que Kakuzu le ha cambiado el sitio... alejándole vilmente de su preciada tarta.
Va a preguntar el porqué del cambio, pero Miku se lo impide. La pequeña a coge un cuchillo y se dispone a usarlo, pero Hidan se lo arrebata por el filo, cortándose en la palma.
Lo que podía parecer una herida sin importancia tratándose del inmortal, no lo es.
Se limpia el corte con la servilleta, y descubre con cierto desconcierto, que sigue sangrando. Debería haberse cerrado en unos segundos, pero no es así.
¿Qué pasa?.
…
Izuna gira la cara a la derecha y asiente. Un gesto sin importancia para cualquiera que no esté con él habitualmente, pero su recién estrenado esposo comprende; y suspira resignado.
– Ve, anda. – Sasuke susurra en la oreja de su marido. La mano del mayor se desliza bajo la mesa para posarse en su muslo.
– Puede esperar. – Responde en el mismo tono.
– No puede y lo sabes, insisten mucho. – acaricia la mano de su esposo con los dedos, y le da dos palmaditas para apoyar sus palabras.
– Bien, tu ganas. – Asiente a la persona alejada tras él que se materializa a su espalda al instante. – ¿Qué ocurre?. – pregunta al recién llegado.
– El consejo olvidó unos importantes documentos que debe firmar. – Izuna hace un gesto con la mano para que profundice un poco mas en el argumento, ya que no le convence lo suficiente como para abandonar la celebración de su propia boda.
– Seguro que puede esperar a mañana. – Dice con la esperanza de tener razón, aunque sabe que no es así o no estaría un escuadrón anbu al completo desplegado en los alrededores
– El señor feudal de las tierras del norte y sus emisarios embarcan dentro de una hora.
– Todos los acuerdos que tomamos quedaron claros y en papel. – Replicó de nuevo.
– Lo sé, pero por lo visto las copias que debían entregarse no aparecen y...
– Ya veo. – No podía asegurarlo pero tenía la leve sensación que alguno de los viejos cabrones del consejo se vengaba de ellos, por no hacer la boda como querían...
– Lo lamento muchísimo Uchiha- sama, pero su presencia es imprescindible, si no se marcharán sin los acuerdos y no habrá servido de nada tanta negociación... además...
– Está bien, ya basta. – Se levanta del sitio y besa a Sasuke ganándose una ovación de los asistentes. Acaricia el pelo de su hijo y besa también su cabeza, antes de desaparecer sin mas ante la mirada de todos, que no entienden que pasa.
Naruto abandona su sitio y ocupa el que hace apenas unos segundos usaba Izuna. Aunque lo hace para mostrar apoyo a su amigo, se da cuenta que desde ese lugar, Itachi se ve perfectamente.
Y que está maravillosamente hermoso ese día en concreto.
Casi inmediatamente después de darse cuenta, un sonrojo furioso se instala en su rostro y orejas.
Está mirando a Itachi, tan embelesado que no se da cuenta del trozo de pan que sobrevuela el banquete hasta que le da de lleno en plena cara.
Busca entre los invitados al culpable, pero de nuevo se despista con la risa de Sasuke, que lejos de enfadarse por el acto, se ríe a carcajadas.
Hidan disimula, muy mal, con otro trozo aún mas grande en la mano y Miku, sentada en el regazo de Kakuzu, protestando con los brazos estirados hacia su pan, babeado y mordisqueado, pero vilmente arrebatado de sus pequeños dedos por el Jashinista.
Naruto toma el pan frente a su plato y pellizca un trocito para devolver el proyectil, pero de nuevo, un pedazo de comida, patata frita esta vez, le da en el pelo.
Estrecha la mirada buscando al culpable. Hidan no ha sido por que le estaba mirando fijamente, y no tiene la menor idea de donde ha podido salir, aún así, lanza su propio proyectil al peli plata, que lo esquiva con una gran sonrisa en su rostro.
Otra patata sobrevuela entre las mesas, y le da a Sasuke en el hombro. El joven esposo entrecierra los ojos y toma los bordes del filete que minutos antes había cortado para su hijo y los lanza en dirección a Hidan, pensando que ha sido él.
Madara, de espaldas al novio, se aparta unos centímetros, los justos para que no le de a él, y tira de Deidara en la misma dirección. Pone una nueva patata sobre el pulgar, y la dispara como si lanzara una moneda al aire. Sale por encima de su cabeza en dirección a Sasuke, pero esta vez la intercepta y manda de vuelta, dándole a Deidara en el cuello.
Hidan recibe un trozo de pescado en la frente y Sasuke ya no puede parar de reir. Se levanta y agarra su estómago que ya le duele de tanta risa, pero no puede parar.
Mikoto es quien sigue con el intercambio de proyectiles, ante la incrédula mirada de su siempre serio y atento esposo. El pan le da a Itachi en el brazo, y éste lo relanza a su padre, que lo devuelve cual partido de tenis a la mesa contraria.
El pan se ha convertido en la munición favorita de los comensales, y ahora, hasta los niños se divierten tirando los trozos de comida que caen cerca de ellos.
Miku, haciendo gala de una increible puntería, acierta en la nariz de Kakashi, que se coloca como escudo para que nada le caiga a Iruka, el cual se venga a su vez lanzando comida al jounin con toda la mala leche que puede a tan corta distancia.
Kakuzu recibe también su dosis de comida voladora. Pero no es tan paciente como los demás y su sentido del humor queda relegado a cuando pincha a Hidan y éste suelta una retahíla de excusas a cada cual mas estúpida para librarse de la inyección, nada mas.
Hunde la mano en la parte baja de la tarta y lanza con todas sus ganas.
La nata y el chocolate blanco de la cobertura del pastel ahora escurren a cámara lenta por la sien de Sasuke, que amenazante, recorre la distancia desde su sitio hasta la tarta a grandes zancadas.
Una de las fresas acierta en la cara de Kakuzu y es cuando se desata el infierno.
Durante los siguientes minutos cuesta ver comida que no esté volando hacia alguno de los invitados. La música queda olvidada, eclipsada completamente por las risas de todos ellos.
Cuando Izuna regresa, apenas media hora después acompañado por los ilustres representantes de las tierras del norte, su banquete de de bodas es una batalla campal de comida de proporciones épicas.
Apenas un pequeño trozo irregular de bizcocho queda en su sitio. El resto de comida que no había sido comida, adornaba todo el patio de la casa de Naruto, y a todos los invitados sin excepción.
Sasuke se acerca a Izuna y besa sus labios, aún con una gran sonrisa en su rostro.
– Cariño, ¿Quieres tarta?. – Pregunta meloso el pequeño esposo.
Izuna asiente y el trozo de tarta que queda se estrella contra su cara lentamente.
Todos los invitados contienen el aliento, hasta que Izuna agarra a Sasuke por la cara con las dos manos, y le besa, extendiendo la tarta por la cara de los dos.
Cuando aprieta sus brazos en la cintura de Sasuke todo su traje, de impoluto blanco, se mancha sin remedio, pero sinceramente, no le importa.
La risa de Sasuke vale todas las manchas que hagan falta.
Aunque el señor feudal cree que los ahí reunidos son una panda de locos peligrosos, no puede evitar reír también.
– Me encantaría invitarle a tomar algo, pero como puede ver, me temo que no va a ser posible. – Se disculpa Izuna con los dedos en la cintura de Sasuke.
– No se preocupe Uchiha sama. Veo que su familia tiene un peculiar modo de celebrar su casamiento. – Repuso con cierto tono acusador.
– No le quepa la menor duda. Apuesto a que nunca ha visto tantas caras sonrientes en su vida, ¿Eh?. – Hace un gesto con la mano abarcando a todos los presentes. – Y como usted mismo puede comprobar, no le mentí cuando le dije que estaba con mi familia celebrando mi boda. – Acercó a Sasuke y se puso de lado. – Este es mi marido, bueno lo que hay debajo de la comida. – Sonrisa radiante. – Y aquél de allí, el que se limpia el pelo con la servilleta es mi hijo.
Los ilustres invitados guardaron esa información para futuros encuentros y se despidieron de todos, disculpándose por la intromisión.
Entre todos recogieron la comida y se cambiaron de ropa.
Hora y media después, bailaban en parejas en el patio.
Miku aferrada al cuello de Naruto reía a las tonterías que hacía su mami bailando con ella.
Tobi por su parte estaba muy cansado, y empezó a lloriquear en los brazos de su padre, reclamando a su mami entre sollozos. Madara no pudo mas que complacer a su pequeño y dejarle en los brazos de su rubio artista.
La noche empezaba a caer pesada y lentamente sobre todos.
Mikoto se retiró, llevándose a los niños con ella de nuevo, aunque esta vez Tobi se quedó con sus padres, dormido como estaba sobre el hombro de su madre.
Los invitados fueron saliendo a pequeñas oleadas. Naruto se decidió por acompañar a Madara y su familia, para dejarles las casa al matrimonio en su noche de bodas.
Izuna entra en la casa mientras Sasuke recoge los últimos resquicios de la celebración sin ganas. Ha sido un día maravilloso. Ha llorado, entrado en pánico, reído hasta que le ha dolido el cuerpo, bailado... es total y absolutamente feliz.
No sabe a que se debe, pero de pronto un nerviosismo impropio se apodera de él.
No es como si fuera la primera vez, pero si que se siente como ese día, al darse cuenta de que están los dos solo en la casa, y que tal y como le ha dicho Naruto antes de irse, es su noche de bodas.
Se sobresalta cuando siente los dedos de Izuna en su cintura y trata de sonreír, pero le sale un ruidito muy raro que fastidia el toque.
Los dedos del mayor suben por su costado hasta los labios, que entre abiertos le acarician con dulzura.
– Vamos a la cama. – Propone Izuna. Sasuke sonríe y asiente tímidamente, con nerviosismo.
– Vale. – Y con los dedos entrelazados, es conducido al interior de la casa...
A dos pasos de la puerta Izuna tuerce el pie y lo lanza contra los tobillos de Sasuke, haciéndole perder el equilibrio. No llega a caer, por que el brazo izquierdo del mayor se desliza por la parte trasera de sus rodillas y el otro por los hombros, tomándole en brazos como si fuera una princesa.
– Va a resultar que al final si soy la novia. – dice con voz temblorosa.
Izuna va hasta la habitación y cierra la puerta con el pie. Sin ningún cuidado, con un ansia que le recorre el cuerpo entero, lanza a su esposo sobre la cama y se pone sobre él en el mismo movimiento.
Sasuke desliza sus dedos por el cuello, tembloroso y con sudores fríos recorriendo sus terminaciones nerviosas, hasta la nuca de Izuna, y libera su pelo de la goma que le mantiene recogido en una coleta.
Un beso hambriento y demandante le priva de la visión de la larga melena oscura esparciéndose por sus hombros hacia delante. Las manos de ambos viajan por la piel contraria, apartando tela de mala manera, con prisa, como si esta fuera la última vez que van a verse y quisieran hacer algo inolvidable.
Izuna se aparta lo suficiente como para despojarle de la ropa de la parte inferior y desnudarse al mismo tiempo. Sasuke le espera tumbado, sonrojado y jadeante.
Excitado.
– No te muevas, deja que te vea. – Susurra en su oreja, tan cerca que la piel se le pone de gallina al sentir el aliento en su cuerpo.
Sasuke cierra los ojos también, dejándose hacer.
Nota en la forma en la que le toca su ansiedad, las fuerzas con las que Izuna trata de ser considerado, de ver con sus dedos cada parte del cuerpo expuesto de Sasuke, abierto y ansioso. Temeroso y anhelante.
Tiene miedo, no sabe muy bien de qué exactamente, y al mismo tiempo un ansia enfermiza por sentirle dentro, muy profundo.
Está tan concentrado en sus pensamientos que el toque en sus costillas le arranca un gemido involuntario y un respingo.
La misma mano viaja hacia arriba, hasta ponerse sobre sus ojos, que aunque los mantiene cerrados, no puede evitar pestañear por el roce.
La otra mano acaricia por todas partes, sin rumbo fijo. Rodea su ingle y baja por uno de sus muslos hasta el límite de su propio brazo. Sasuke alza las caderas en una clara invitación, que Izuna ignora a propósito.
– Sasuke, mírame. – la orden es clara, susurrada mientras se posiciona entre sus piernas y descarga su peso con delicadeza.
Abre los ojos y ve su cara demasiado cerca. Está mucho mas tranquilo, sin miedo alguno. Las manos de Izuna siempre tienen ese efecto en él, y casi está seguro de que hace algo con ellas, algo que solo él puede hacer y nadie mas ha desarrollado.
Deidara le contó algo parecido cuando alumbró a Tobi, algo sobre la paz que Izuna transmite con sus manos, o lo que hace con ellas.
La presión en uno de sus brazos le devuelve de nuevo a la realidad. No entiende muy bien que es lo que pretende agarrándole así, pero instintivamente lucha contra la inmovilización, hasta que se da cuenta de lo que Izuna está haciendo.
– No tienes por qué... – No termina su frase por que la otra mano, le pide silencio con la punta del dedo sobre sus labios.
– Shhhh. – Izuna le pide silencio. – Llena los pulmones, respira profundamente y no tengas miedo, no te pasará nada.
Sasuke lo sabe, pero aún así, el temor frío regresa a su piel como una ráfaga de aire sobre su piel desnuda.
Pone toda su atención en los dedos de su marido retirando la venda de sus ojos.
Nunca le preguntó por que supuso que sería un episodio doloroso del que no querría hablar, así que en ese preciso momento, cuando podía ver las pestañas, los párpados cerrados y por fin, su rostro sin la tela que cruzaba por encima de su nariz, contuvo el aliento, haciendo oídos sordos a la recomendación de respirar profundamente.
La mano de Izuna que mantenía su presa en la muñeca del menor, baja por sus caderas, y tantea por encima de la prieta entrada con la punta de dos dedos.
Desconcertado Sasuke se revuelve, alzando el trasero lo justo para que Izuna entre en él de un solo movimiento.
El dolor por la intromisión le roba el aliento y desvía su atención de los ojos aún cerrados de su marido. Finalmente hace lo que dice y respira profundamente. Cuando el dolor se transforma en algo cálido y agradable llena sus pulmones con una gran bocanada, que expulsa ente los labios en un gran gemido.
El movimiento es tan rápido que no puede pensar claramente, solo tratar de no perder la razón.
Un centenar de segundos pasan, se pierden entre suspiros y caricias torpes. Tiene que verlo, quiere ver sus ojos aunque sea un segundo...
Izuna sigue, hasta que el cuerpo de Sasuke le dice que el límite está cerca.
Es cuando el mas joven es consciente de algo.
– N-no te has puesto...ahhh, espe-espera, por fav... – incapaz de formular una frase completa empieza a empujar a Izuna para quitárselo de encima, pero solo sirve para que este se aferre con mas saña a sus caderas, imprimiendo no solo mas velocidad, si no también mas energía en cada empuje. – … no … lo hagas dentro...Izuna, por ...fa...ahhhhhhhhhh.
El resultado de los movimientos sale rápido y caliente, muriendo sobre la piel de su vientre, entiviándose segundos después en los que Izuna no se detiene, es mas, aprovecha para poner mas eńfasis en cada movimiento.
Aunque a estas alturas Sasuke no espera que le haga caso, se aparta en el último segundo y cae jadeante a su lado, descargando en las sábanas y en muslo de su esposo.
Se acomodan sobre el lecho, uno junto al otro. Sasuke suspira profundamente, aliviado.
– Gracias. – murmura con los ojos cerrados.
– Lo siento, no me he dado cuenta. – Izuna se disculpa siendo sincero. Se alza sobre el codo y encara a su esposo; le besa, hasta que Sasuke le mira para repetir la orden anterior. – Quiero que sepas que solo una persona los ha visto, y está muerta. – Izuna siente la mano de Sasuke en su rostro y paladea la caricia lentamente. – Toma aire, todo el que puedas y mantenlo dentro del cuerpo... y por lo que mas quieras, no luches contra mi o será peor.
– Vale. – alza el rostro para besarle y espera paciente.
Llena sus pulmones hasta el límite, no muy seguro de por qué hace eso, pero obedece sin rechistar.
Aunque no quiere contiene el aliento en su cuerpo mientras los ojos de su marido se abren lentamente, mostrándole apenas unos segundos la razón por la que siempre están ocultos.
Nunca jamas en su vida, Sasuke había visto unos ojos mas rojos en toda su vida, brillantes y encendidos. Un sharingan que pensó solo era una leyenda de viejas glorias seniles.
Sasuke siente tras sus propios párpados la respuesta natural a esos ojos, su propio Sharingan queriendo hacerse presente, momento que Izuna decide volver a ocultar , ya acostumbrado y de forma natural algo tan peligroso que podía llevar a la locura a cualquiera que lo mirase mas de cinco segundos.
– Nadie lo sabe. – murmura muy pero que muy bajito. – Para todos soy ciego, solo tu conoces la verdad... Es la prueba mas clara que puedo darte de lo mucho que te amo.
– Gracias. – Sasuke se abraza a él, conteniendo las lágrimas. – Muchas gracias.
Y una nueva oleada de besos cae sobre ellos... aún queda mucha noche por delante.
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Wuaaauuuuuuuu, pedazo de episodiooooo, neeee¿
Antes de nada feliz navidad y toas esas cosas ( se nota que no me gusta nada, ¿Ehhh?)
y bueno, lo de siempre, espero que os guste el cap, sobre todo a las que me pedíais lemon entre Izuna y Sasuke, espero que os guste, aunque sea un poquito.
De nuevo información velada, jejeje, a ver quien se da cuenta jejeje... es algo sobre Hidan y ya no digo nada mas.
Reviews, por fi, y os recompensaré con muchas actus seguidas.
Sin mas, nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
