Notas: Me dí cuenta de que tenía esto escrito hace más de un año y nunca lo publiqué. Bueno, mejor tarde que nunca (ni siquiera voy a intentar asomarme a 30vicios). Está casi tal cual, aunque me sentí tentada a rellenarlo un poco por aquí y por allá, porque es básicamente un saco de huesos. Pero lo dejé así horrible. No importa. Moving on…
(Algún día me buscaré un beta.)
Parvati Patil suspiró mientras se recostaba de la pared. Estaba en uno de los cientos de pasillos de Hogwarts, junto a la puerta de un aula, preguntándose qué parte del colegio no había recorrido ya. La profesora McGonagall la había interceptado en su camino a la Sala Común de Gryffindor y le había pedido que le comunicara a Harry Potter que tenía que reunirse con ella en su despacho a las seis de la tarde de ese día.
El chico, sin embargo, no se encontraba en la Sala Común, ni tampoco Ron y Hermione, en cuyo caso les hubiera comunicado el mensaje para que se lo pasaran a Harry. Naturalmente, Parvati pensó que lo mejor era esperar a que aparecieran, y se sentó con sus amigas a charlar. Sin embargo, las horas pasaban y ninguno de los tres llegaba y Parvati decidió que lo mejor era ir a buscar a Harry antes de que se hiciera más tarde. Le dijo a Lavender que le diera el mensaje de la profesora McGonagall en caso de que llegara y ella no estuviera allí, y se dirigió al retrato para salir.
—No soy tu mensajera, ¿sabes? —le dijo Lavender.
—Voy a pretender que no dijiste eso, —respondió Parvati—. Volveré en seguida.
Le pareció escuchar a una de ellas decir "Está como que muy ansiosa por pasarle el mensaje a Harry", pero decidió que había escuchado mal y sigió su camino. Pero buscar a Harry Potter era Misión Imposible, ya que al parecer, el chico se había evaporado. Había ido ya a los jardines, al campo de quidditch, a la biblioteca…
Le dirigió una mirada de soslayo a la puerta junto a la que se encontraba. Levantó la vista al techo y extendió su mano para agarrar el pomo. Ya que estaba allí, no perdía nada con mirar, ¿no?
Se encontró con que era un aula desocupada, a la cual al parecer le daban poco o ningún uso, con un lío de mesas y sillas en el medio. Y allá en el fondo estaba Harry Potter, sentado sobre una mesa con la espalda hacia ella y la cabeza agachada, sin darse cuenta de su presencia. Parvati suspiró y levantó los ojos expresivamente, para luego entrar.
—Harry, —lo llamó.
Él volteó repentinamente, levantando su varita, y ella se sobresaltó.
—Ah, —dijo al verla —.Eres tú.
—Sí. Y vengo en son de paz, ¿eh?—dijo Parvati.
—Lo siento… —dijo él, bajando la varita.
"De acuerdo, no está esperando a una chica", reafirmó ella para sí. Hubiera sido lo primero que hubiera pensado que el chico hacía sólo en un aula vacia, si en primer lugar no se hubiese tratado de Harry Potter, claro está. Aunque, en serio, ¿qué esperaba él que reaccionó así? ¿Mortífagos?
—Pensé que podía ser Malfoy. O Snape.
OK, debió haber supuesto que El Niño que Vivió era medio paranoico. Era divertido que tuvieran eso en común, de todas las cosas.
—No te preocupes. Sólo vine a decirte que la profesora McGonagall quiere verte en su despacho a las seis.
—Ah, —Harry consultó su reloj. Quedaba poco menos de una hora—. Gracias por avisarme.
—No hay de qué.
El chico bajó la cabeza de nuevo. Parvati se preguntó qué hacía ahí tan abatido, dándole lástima a los muebles. Últimamente lucía tan decaído… Es decir, asistía a todas las clases, se juntaba con Ron y Hermione, entrenaba con el equipo de quidditch como siempre lo había hecho… pero había un no sé qué alrededor de él, era como si todo el tiempo tuviera una nube negra sobre su cabeza. Probablemente era algo que venía junto con el paquete de ser El Elegido.
—¿Te encuentras bien?—preguntó ella dando unos pasos hacia él.
—Sí, yo… estoy bien, —respondió él mirándola con algo de recelo.
"No lo estás", pensó ella, cuando su mirada se encontró con la de él.
—¿Quieres que llame a Ron o a Hermione? —dijo tentativamente.
Harry hizo una mueca.
—No, está bien. Probablemente estén… ocupados.
Besándose en alguna otra aula vacía.
—Hm. —Parvati se cruzó de brazos. Se acercó a la mesa en la que él estaba y se sentó a su lado—. Suéltalo.
Él la miró extrañado. Como si le hubiera hablado en otro idioma que no entendía.
—¿Qué?
—Que lo sueltes. ¿Qué te pasa, qué es lo que te preocupa?
Él se quedó callado unos instantes.
—¿En verdad me veo tan mal? —preguntó, finalmente.
—No tienes idea.
—Oh. Bueno, yo… no es nada. Solamente quería estar un rato a solas, eso es todo.
—Ah. Entonces no estoy ayudando mucho.
—En realidad, no, —dijo sin rodeos. Luego añadió, —¿Estás tratando de hacerme sentir culpable?
—¿Está funcionando?
—Un poco, —admitió él.
—Eso es bueno. Había llegado a pensar que no tenías esa capacidad.
—Oh, vaya. Eso fue…
—Un poco duro, lo sé. Lo siento.
—Estás perdonada, —respondió él, con un asomo de sonrisa en los labios.
—Gracias, —ella le sonrió brevemente.
Se quedaron un rato mirándose, sin decir nada.
—De acuerdo, ya me voy, —dijo Parvati, bajando de la mesa—. Alegra esa cara, ¿eh? Sonríe más a menudo.
Harry asintió y a observó mientras ella se dirigía a la puerta.
—Parvati, espera, —la llamó. Ella se detuvo, y vio cómo él se ponía de pie y se le acercaba —. Voy contigo. Ya casi es hora de que vaya donde McGonagall, de todas formas.
—Oh, de acuerdo.
Salieron del aula y Harry cerró la puerta tras él. Había un par de personas cruzando por ahí, que se quedaron mirándolos con curiosidad, y hubo uno que hasta los señaló. Sobra decir que Harry no se dio cuenta.
—Genial, —dijo ella, con un suspiro.
FIN.
