CAPÍTULO 9: SESIONES CADA VEZ MÁS INTENSAS

- ¡Remus, qué alegría verte!- exclamó Hermione.

Todos en la sala salvo Snape sonrieron al verle aparecer por la chimenea del despacho de la directora y se acercaron a saludarle.

- ¿Cómo va todo?- preguntó Harry.

- ¡Muy bien!- exclamó Lupin.- De hecho... tengo una noticia que daros.- parecía nervioso y emocionado.- ¡Tonks ha dado a luz! El pequeño Teddy nació hace un par de días, estamos muy felices. Ahora Tonks está descansando con el peque, han ido sus padres a verla.

Todos soltaron una exclamación de sorpresa. Hermione, que estaba a su lado, fue la primera en darle un gran abrazo, emocionada. Snape parecía algo fastidiado e impaciente.

- Sí, bueno. Son tiempos complicados.- dijo Lupin.- pero no por ello debemos dejar nuestra vida de lado.

- Sin duda.- intervino Dumbledore.- En los tiempos de oscuridad es cuando más necesitamos la luz y la llegada de buenas noticias. Todos deberíamos tomar ejemplo.- comentó, mirándoles por encima de sus gafas de media luna.- Me alegro mucho por vosotros, estoy seguro de que seréis unos padres excelentes.

Tras las buenas noticias se pusieron manos a la obra con la sesión semanal. Snape, Dumbledore y McGonagall se quedaron comentando asuntos de la orden mientras practicaban hechizos y conjuros con Lupin. Aquella sesión hizo que los chicos recordaran los encuentros del Ejército de Dumbledore dos años atrás. Cuando terminaron, Dumbledore y Snape se unieron a ellos.

- Hemos estado comentando que debemos avanzar un poco más. Por supuesto, sesiones prácticas básicas como las que acabáis de tener son importantes, y se repetirán con cierta periodicidad.- aclaró Dumbledore.- pero dadas las circunstancias es crucial que tengamos ciertas reflexiones, para ver más allá.

Los chicos se miraron entre ellos. Sabían que Dumbledore no solo trataba de formarlos como magos, a nivel práctico de manejo de hechizos, sino que siempre trataba de darles una visión más amplia de las cosas.

- Por ejemplo, es importante que sepáis enfrentaros a las maldiciones imperdonables, incluso podría llegar el momento en que os planteéis utilizarlas. Solo en casos de extrema necesidad, por supuesto. Pero si os enfrentáis a Voldemort o a sus mortífagos en un combate directo, será un caso de vida o muerte. No pretendo que empleéis a la ligera la maldición asesina ni por supuesto la torturadora (no se me ocurre ningún caso justificable para usar jamás un cruciatus). Pero me temo que estamos inmersos en una guerra. En un caso de legítima defensa... Es posible que os veáis obligados a matar o morir.- Dumbledore hablaba con muchísima seriedad, más que nunca.- Solo vosotros sabéis si estáis corrompiendo vuestra alma. Nunca perdáis de vista dónde está la luz y la verdad. Y nunca os dejéis llevar por las circunstancias. La mayor batalla contra las Artes Oscuras que todo mago debe luchar se da en el corazón, no lo olvidéis. Convertiros en magos adultos y maduros conlleva no perder de vista la guerra interna que se da incluso día a día en pequeños detalles.

Snape también parecía terriblemente serio. Hermione no podía evitar mirarlo y acordarse de la conversación que había escuchado a escondidas. "No quisiste que Draco Malfoy corrompiera su alma, ¿pero y la mía?", había recriminado al director. ¿Qué batalla libraría Snape a diario contra las Artes Oscuras? ¿Hasta qué límites le llevaría su papel de espía?

Más tarde, junto al lago, tres amigos comentaban lo sucedido. En aquella época del año hacía un frío considerable como para permanecer en los jardines, pero Hermione había conjurado un fuego portátil para que se calentaran y pudieran así hablar sin gente alrededor.

- ¿Creéis que algún día...? Ya sabéis.- carraspeó Ron nervioso.- ¿Tendremos que matar? A algún mortífago tal vez.

Los tres permanecían muy juntos, pensativos y sombríos.

- Se supone que yo debo matar a Voldemort, ¿no?- dijo Harry, tajante.- O morir si él me mata primero.

- Harry...- empezó Hermione, pero calló, sin saber muy bien qué decir.

- Mis padres eran aurores.- murmuró Harry.- Me lo dijo Remus este verano. Tal vez ellos se vieron obligados a matar a algún mortífago en la pasada guerra. Y ya véis... Sirius estaba dispuesto a matar a Peter Pettigrew.

- Harry, tal vez no deberíamos juzgar así a Sirius. Tal vez ahora ya no hubiera estado dispuesto. Piensa que pasó 12 años encerrado entre dementores. No podemos saber cómo es eso, hasta que punto te puede afectar.- dijo Hermione.- Y tú no eres así, Harry. No quisiste convertirte en asesino ni ver a los amigos de tu padre convertirse en asesinos por su causa. Ya habéis oído a Dumbledore. Debemos estar en alerta y... mantener nuestros ideales. Luchar por la luz, por no corrompernos o dejarnos arrastrar por el mal que queremos combatir.

- ¿Pero cómo se hace eso en medio de una guerra?.- preguntó Harry para sí mismo.

- Nadie dice que sea fácil. Imaginad lo que puede ser para el profesor Snape, por ejemplo.- dijo Hermione.

- ¿Para Snape?.- replicó Ron.

- Sí. Se supone que es un mortífago, ¿no? A saber qué cosas ha tenido que ver, o incluso hacer. Todo por mantener su fachada y no ser descubierto como espía.

- Prefiero no pensarlo.- dijo Ron.- Ahora mismo parece que todos confían en él para que haga de héroe, ¿no? Dumbledore tiene todas sus esperanzas puestas en él. Esperemos que sepa lo que está haciendo.

- ¿Te molesta, Ronald? ¿O después de todo lo que ha hecho aún no te fías de él?

- Hombre, no me negarás que sigue siendo el mismo desgraciado que nos trata injustamente. No es que se haya ganado mucho mi simpatía.- replicó Ron, mientras Hermione negaba con la cabeza exasperada.

- Bueno, ni la mía. Está claro que mucho cariño no me tiene.- dijo Harry.- pero creo que se merece nuestro respeto y confianza. Últimamente parece que hasta hace esfuerzos por ser un poquito más agradable.

- Sí, bueno, más o menos.- dijo Ron.

- Y dudo que a él le agrade ser el centro de atención de nada, ni hacerse el héroe. Simplemente cumple con su misión y punto.- puntualizó Hermione.

- Bueno... se está haciendo tarde.- comentó Ron.- ¡Harry! ¡Tenemos que ir a reservar el campo de Quidditch para los entrenamientos! Mira, por allí van los del equipo de Ravenclaw.- desde allí veían cómo siente figuras de azul y bronce con escobas al hombro se dirigían hacia el campo de Quidditch.- Voy a acercarme para hablar con Lisa y ver cuándo lo tienen ellos ocupado, ¿vale?

Dicho aquello, Ron salió disparado hacia allí, antes de que ninguno de sus amigos pudiera reaccionar.

- Mmmm, Ron habla mucho con Lisa últimamente, ¿no?.- preguntó Hermione.

- ¿Quién?

- Lisa Turpin. Ya sabes, es de nuestro curso. La capitana del equipo de Ravenclaw.

-Ahhh, si. Sí, puede ser.- respondió Harry distraído.- ¿Volvemos al castillo?.- Hermione asintió.

Para Hermione no había pasado desapercibido que Lisa solía saludar a Ron en el comedor, y alguna vez se paraban a hablar por algún pasillo. En clase de encantamientos, que compartían con Ravenclaw, también solían lanzarse alguna mirada. Al principio Hermione se había sentido un poco molesta, pero pronto se dio cuenta de que en realidad, ya no le importaba. No como con Lavander... Esta vez no tenía nada que ver, incluso empezaba a hacerle cierta gracia. Al fin y al cabo, se había hecho a la idea de que ella y Ron no encajaban como pareja, y ya no le veía más que como un amigo. Y Lisa era un buen partido: era lista, simpática, atlética... No era una cabeza hueca como Lavander.


- ¡Imperius!

La expresión de la cara de Ron pareció relajarse y de pronto empezó a dar saltos extraños, a dar vueltas sobre sí mismo, y después a gatear por el suelo. Pronto Snape detuvo la maldición y Ron volvió a su estado normal.

- Weasley, no pareces hacer muchos avances.- Ron le fulminó con la mirada, pero no dijo nada.- En realidad ninguno de los tres parece avanzar mucho. Solo Potter ha logrado algo de resistencia.

Ciertamente, Hermione y Ron estaban teniendo muchas dificultades para resistir los efectos de la maldición. Cuando Snape les lanzaba el conjuro, era como si algo en su interior desconectase todo raciocinio. Sentían una extraña sensación de paz y despreocupación que anulaba su decisión, haciendo que todo pareciera banal y que siguieran aquella voz y lo que les mandara hacer. Harry tampoco lo tenía fácil, pero parecía tener una mayor capacidad para ser consciente de la situación; a veces se daba cuenta de que la voz pedía cosas absurdas, ¿por qué hacerla caso? Pero ignorarla no era fácil. Solía acabar golpeándose con algo al debatirse consigo mismo.

- Tal vez deberíamos probar algo distinto.- dijo Snape.- Si recuerdan la conversación del pasado encuentro, el director Dumbledore y la directora McGonagall estuvieron conformes en que, dadas las circunstancias, necesitáis aprender a defenderos en esta guerra, con métodos poco usuales. Ahora intentaréis lanzar la maldición imperius vosotros mismos, puede que algún día la necesitéis. Por supuesto, sabéis que su uso en general está penado con Azkabán. Jamás debéis usarla si no hay un motivo grave.

Aquella sesión fue verdaderamente intensa. Tuvieron éxito a la hora de lanzarse la maldición entre ellos, aunque descubrieron que controlar a otra persona a través de la maldición imperius no es tan sencillo como parecía. Controlar la voluntad de otra persona era sencillo si la tenías al lado, lo complicado era mantener el control durante un tiempo prolongado y sin estar junto a la víctima. Al final el contacto acababa rompiéndose. Sin embargo, sabían que Voldemort y algunos mortífagos poderosos habían usado dicha maldición para controlar a algunas personas. Por ejemplo, el inefable Broderick Bode había sido controlado por el propio Voldemort para entrar al Ministerio y robar la profecía.

Más difícil aún que dominar la maldición para lanzarla era resistirse a ella al ser su objetivo. De aquella forma tampoco lograron ningún avance, pero el profesor Snape tampoco parecía esperar lo contrario.

- Es suficiente por hoy.- concluyó Snape.

Los chicos se apresuraron a recoger sus cosas.

- Vamos Harry, ¡el entrenamiento de Quidditch comienza en veinte minutos!

Harry y Ron salieron disparados de la mazmorra, mientras Hermione seguía recogiendo.

- Profesor.- llamó Hermione.- Me estaba preguntando...

Snape alzó una ceja.

- ¿Cuánto tiempo tardaría en bombardearme a nuevas preguntas?.- interrumpió Snape.

Hermione no supo si tomarse aquello como una broma o si ofenderse ligeramente.

- Si le molestan mis preguntas, no le molestaré más.- replicó ella, tratando de no sonar cortante.

- No Granger, no me molesta. Podría decirse que incluso disfruto de su conversación. Al menos hay alguien con cierta curiosidad intelectual y algo más que serrín en su cabeza, no como sus amigos.

Para variar, Severus Snape no podía hacer un cumplido sin más, tenía que aprovechar la ocasión y humillar a alguien, pensaba Hermione. Bueno, pero dice que disfruta de tu conversación.- dijo una vocecita en su cabeza. No quiso pensar en ello ni hacer ningún comentario al respecto, así que respondió.

- Como le decía, me estaba preguntando algo. ¿Cree que es posible resistir completamente a la maldición imperius? Quiero decir... ¿conoce a alguien que pueda o se han documentado casos de ello?

- Me temo que no, señorita Granger. No conozco ningún caso, ni recuerdo haber leído nada al respecto. En este caso, el hechizo que anula la voluntad es demasiado potente como para resistirlo por completo y que sea totalmente ineficaz.

- Entonces, ¿qué sentido tienen estas sesiones?

- Tal vez no sea posible resistirlo totalmente. Pero sí que es posible resistir parte de sus efectos, desbaratarlo, y romper el contacto, al menos si el mago no es demasiado poderoso. De esa manera, evitaría un control total.

- Entiendo. Remus nos comentó que en la anterior guerra Voldemort ganó mucho poder porque la situación social era insostenible. Había constante miedo, desesperanza y una gran desconfianza. Uno no sabía de quién podía o no fiarse. Incluso los amigos o familiares más cercanos podían llegar a dudar unos de otros. Ahora entiendo que no solo la traición era un problema, sino verse bajo el influjo de esta maldición.

- Exacto. Así que es importante que aprendáis a defenderos. Es verdaderamente difícil que alguien evite un control momentáneo, pero sí se puede evitar que le controlen en su vida diaria, convirtiéndole en un títere manipulado.

Aquellas eran las conversaciones que a veces añoraba Hermione. Con sus amigos rara vez tenían conversaciones de ese estilo. Tal vez sí hablaban de cosas importantes y vitales, dadas las circunstancias, pero eran ocasiones muy escasas. Y aún así, no podía compartir las mismas inquietudes en un plano más intelectual. Harry, y en especial Ron, eran muy prácticos. No se perdían en tratar de comprender las cosas más allá.

- Gracias, profesor.- Hermione sonrió.- Yo... También disfruto de poder conversar sobre estas cosas de vez en cuando.

Sus miradas se cruzaron, y por un momento Hermione contuvo la respiración.

- De nada. Sabe que puede venir siempre que quiera a resolver sus dudas o consultar los libros de mi biblioteca.


Llevaban largo rato practicando Oclumancia, y Hermione se notaba física y mentalmente agotada. Ya no era capaz de cerrar su mente, no entendía que la pasaba, pero tenía los nervios crispados.

- ¡Legeremens!

De nuevo el torrente de imágenes acudió a su cabeza. Pero era cada vez más lento, más nítido, podía sentir las emociones que la evocaban más a flor de piel. Estaba bailando con Krum y sintió de nuevo ese cosquilleo de nerviosismo; Draco acababa de llamarla por primera vez "sange sucia" y la furia, tristeza y confusión de aquella vez bulleron de nuevo en ella; Lupin anunciaba el nacimiento de su hijo y Hermione, que sintió de nuevo esa alegría, corría a abrazarlo; el profesor Snape tomaba su brazo y con delicadeza extendía la pomada sobre su piel, y Hermione volvió a sentir con más fuerza ese cosquilleo nervioso; Hermione apuntaba a sus padres con la varita, murmurando un "obliviate" y veía desde la ventana, con los ojos llenos de lágrimas, como se iban con unas maletas.

- ¡Protego!.- una Hermione con los ojos empañados en lágrimas había pronunciado el conjuro de manera instintiva. De pronto un nuevo torrente de imágenes inundaba su mente: un pequeño niño moreno lloraba en un rincón mientras un hombre, borracho, golpeaba a una mujer; un chico muy parecido a Harry pero con ojos castaños apuntaba con la varita al joven moreno, esta vez con unos 14 años, y le levantaba en el aire, dejándole colgado cabeza abajo mientras un grupo de alumnos reía y una pelirroja de ojos verdes lo increpaba; un Snape más crecido se ponía una capa y una máscara mientras observaba el tatuaje de su brazo; Snape lloraba mientras sostenía el cuerpo sin vida de aquella pelirroja cuyos ojos no volvería a ver.

- ¡Basta!.- rugió el profesor Snape.- ¡Largo todos! ¡Suficiente por hoy!

Asustados, se apresuraron a recoger. Harry y Ron abrazaron a Hermione, cuyas lágrimas achacaron a la reacción del profesor Snape.

- En quinto, cuando tuve sesiones de Oclumancia con Snape, me pasó algo parecido, Hermione. No quise contaros nada. Me pidió que no lo hiciera, de modo que entiendo que hagas lo mismo.- Hermione miraba a Harry, compungida.- Tranquila Herms, se le pasará.

- Tengo que volver.- dijo ella de pronto.

- ¿Estás loca?.- preguntó Ron.- ¿por qué?

- Déjame, Ron. Simplemente, no puedo dejar las cosas así.


Una vez más se encontraba ante aquella puerta de las mazmorras, pero esta vez no sabía qué se encontraría. Tomó aire, llamó, y entró al despacho.