Finalmente actualizo, disculpen la demora, tuve que acomodar y revisarlo mucho.

___________________________________________________________________

Lugares en el tiempo.

Capitulo 9. Cosas escasas

Charlie se quedó conmigo, apenas y me dejaba ir al baño. Vio conmigo una película, me estuvo llevando cosas para comer toda la tarde y preguntándome como me sentía cada que cambiaba de posición, me acomodaba las almohadas y las cobijas. Si hubiera sido mi hermano probablemente lo hubiera corrido de mi cuarto y aventado la almohada. No conocía este lado tan... maternal de Charlie.

Conseguí que me dejara sola diciéndole que estaba cansada de ver la tele y que prefería leer. Me pasó mi libro de Persuasión que había tenido olvidado por una semana y se le salieron algunas hojas. El empaste no era bueno, pero era la única edición que cabía en la bolsa que me había regalado Liset, mi cuñada, y que por lo tanto sacaba frecuentemente a pesar de ser tan pequeña. Yo amaba mi mochila.

- ¿De qué se trata?- me preguntó haciéndole un gesto al libro.

- Ah, es sobre una mujer que encuentra el amor cuando cree que ya es muy tarde- resumí, porque no habría sido amable extenderme en comentar que era sobre la integridad y persistencia del amor entre dos personas que los lleva a una segunda oportunidad de ser felices. Sabía que cuando Charlie y Reneé se divorciaron nunca volvieron a ser los mismos, pero al menos Reneé había encontrado la felicidad en sus hijos.

- ¿Cómo te sientes para recibir visitas?

- Bien. Ya se me está pasando el dolor, sólo me quedan suaves punzadas en la cabeza, como con cualquier otro dolor.

- ¿No te va a doler más si lees? Vas enfocar la vista.

- No papá, me ayudará a distraerme del dolor- le aseguré.

- Bueno. Voy a estar abajo. Háblame si necesitas algo- dijo y salió de mi habitación.

Leía el libro, pero conforme pasaba las páginas una misma palabra seguía resonando en mi cabeza, sobre todas las demás, las que leía y las que recordaba: pequeña. ¿Porqué me había llamado así? Ni siquiera Charlie me llamaba así. Por mucho que quisiera resolver aquello mis movimientos posibles eran limitados y tenía que ser paciente. La sra. Stevenson era la única persona que sabía algo y que estaba dispuesta a decírmelo, pero ya me había contado todo lo que sabía. Eso hacía ahora que Edward fuera la única persona con quien tenía posibilidades de lograr algo ahora que me dirigía la palabra, pero no podía empezar a interrogarlo, sobre todo porque era obvio que a él tampoco le agradaba tocar el tema. Por alguna extraña razón que no entendía parecía sincero en su preocupación por mí. Su conversación con Alice lo respaldaba. La mejor alternativa que tenía era la paciencia. Tenía que ganarme su confianza y parecer normal. Me reí ante esa idea. .Parecer normal

Escuché dos pares de pies subiendo las escaleras y recordé que hacía unos minutos había oído un coche pararse frente a la casa y la puerta abrirse, pero no podía asomarme porque si Charlie me veía correría de nuevo a mi habitación.

- Te pegaste duro. Ya te ríes sola- dijo Jacob al entrar por la puerta.

- ¡Jacob! No la molestes - lo regañó Rachel que ya tenía detrás de él- Hola, Bella. ¿Cómo te sientes Bella?

- Hola Rachel- le devolví el saludo – Sólo tengo ligero dolor de cabeza.

- ¿Solo eso? – luego se dirigió a su hermana - Entonces, lo de las risas es normal- Rachel lo miró con reproche, pero no dijo nada cuando vio que yo me reía y le aventaba una almohada a Jacob que fue bueno conmigo y dejó que la almohada le pegara en el hombro antes de tomarla.

Ambos se sentaron en la orilla de la cama. Después de un rato Rachel bajó porque se había ofrecido a hacer la cena. Jacob vio el deshojado libro que tenía al lado.

- Bueno, ya sé que regalarte- dijo.

- Tengo más. Están allá – señalé el armario-. Abrelo.

Terminamos en el piso con mis películas y libros alrededor. Jacob me preguntó por cada película y cada libro, de que se trataba y porque me gustaba.

- Y este- señaló el de Persuasión-. Debe ser tu favorito.

- Sí me gusta. Está entre mis favoritos, pero está así porque la encuadernación no es muy buena.

- ¿Y de qué trata?

- De lo fuerte y constante que pueden ser el amor y la bondad en una persona.- Jacob se me quedò viendo- Tal vez te parecería cursi- dije terminando con una mueca.

- No creo que esas cosas sean cursi, solo escasas- respondió Jacob un poco enfadado. Lo entendí.

- No quise decir eso Jacob. Lo siento- le extendí la mano y se hizo a un lado para que le pudiera alcanzar la cabeza-. Es que algunas personas, las que los han leído, consideran ese tipo de libros novelas rosa e irreales y a las que nos gustan no ven... bueno.

- Yo no pensaría así de ti – me aseguró.

- ¿Me perdonas? – le pregunté.

- Si lo dices en serio – dijo.

- Es en serio.

- Claro que sí- dijo y luego se rió bajo-. Empiezo a sentirme como gato. Voy a empezar a ronronear.

Yo también me reí. No había dejado de acariciarle la cabeza. Se escucharon pasos y corrí a la cama. Entro Charlie y vió el regadero.

- Otra visita, Bella- anunció Charlie-. Son el chico Newton y Angela Weber Voy a decirles que suban.

- Claro papá. Gracias.

Jacob empezó a guardar rápidamente todo y se reía por mi retirada al oír a Charlie subir. Entraron Angela y Mike, me saludaron y preguntaron como me sentía.

- Nos enteramos hasta el final de las clases. Jessica nos dijo que resbalaste y te golpeaste con una parte de la tubería que sobresalía del muro – explicó Angela. ¿Cómo se habría enterado Jess?

- Supongo que se cancela lo de mañana – dijo Mike. Angela, que se había sentado en la cama, y Jacob, que estaba a mi lado en el suelo, me miraron suspicazmente por ´ lo de mañana ´. Eso tendría que cancelarlo, ahora que sabía con certeza Edward me vigilaba, no sería buena idea.

- Sí – respondí-. Dudo que Charlie me deje salir. Espero que me deje ir a clases.

- Si tu padre no quiere que manejes yo puedo recogerte- se ofreció Mike.

- No creo que sea necesario. Estoy aquí encerrada solo por su exageración- aclaré, no quería que ninguno de las otras dos personas presentes hicieran más suposiciones de las que ya podrían estar haciendo-. Pero mañana no le permitiré que me impida conducir. Además del ligero dolor de cabeza me siento bien.

- Eso es cierto – me apoyó Jacob-. Deberían haberla visto saltar a la cama cuando se oyó que venia Charlie.

Todos nos reímos y yo esperaba que Jacob no mencionara nada sobre lo de reírme sola. Se despidieron antes de la cena y los Black poco después de que termináramos. Charlie me sugirió subir inmediatamente, pero yo insistí en ayudarle a recoger la mesa, quería mostrarle que estaba bien y no había porque preocuparse. Percibí el sonido pesado de mis pies al subir por la escalera cuando iba a la mitad. Las visitas de ese día me habían cansado aunque no había hecho nada, en realidad lo que me había puesto así no fueron las visitas no esperadas, sino la si esperada. " Estaré cerca". Yo no lo veía. Miré el reloj sobre mi buró cuando entré y lo volteé.

Saqué mi ropa para dormir y me dirigí al baño despuès de colgar con Jess que me habìa hablado. El agua caliente me ayudó, me sentí muy bien bajo la sensación envolvente y el murmullo. Salí y Charlie me llamó. Había dicho algo, pero no lo había escuchado bien por el sonido de la puerta al cerrarla.

- Voy, papá- dije.

Abrí la puerta del cuarto y arrojé las cosas a la cama desde ahí, luego, aún con la toalla enrollada sobre la cabeza bajé deprisa.

- ¿Qué pasa? – pregunté.

Charlie se giró hacia mí y se quedó con la boca a medio abrir para empezar a hablar cuando me vió, me recorrió con la mirada de los pies a la cabeza. No era la primera vez que me veía en esas fachas, pero se sonrió cuando su vista llegó a mi cabeza.

- Vienen a verte, Bella- dijo Charlie señalando con la cabeza hacia la sala.

Yo volteé y los vi. Alice estaba sentada en el sillón, pero Edward estaba de pie junto a ella. Ay, no. ¿Porqué no los había oído llegar? Quería esconderme.

- Hola, Bella - saludó Alice, como si me conociera-. Lamentamos no haber podido venir antes. Tuvimos complicaciones.

- No hay problema- contesté-. Hola

- Bueno, hija, me voy arriba. Voy a tomar un baño- luego se dirigió a ellos-. Con su permiso muchachos. Se quedan en su casa- Ellos asintieron.

- Gracias jefe Swan – dijo Alice. Edward no había hablado.

Ambos se me quedaron viendo y yo no me movía. Ni si quiera traía zapatos, solo calcetines. Ya que. Me giré un poco para quitarme la toalla de la cabeza y el cabello mojado me calló sobre los hombros y la espalda. Dejé la toalla sobre el pasamanos de la escalera.

- Gracias por venir – dije y me acerqué lentamente a donde ellos estaban, hacia el otro sillón. Edward seguía de pie.

- ¿No quieres sentarte?- pregunté al tiempo que yo lo hacía y después de eso él me imitó.

Encogí los pies y los acerqué al borde del sillón tratando de ocultarlos. Edward no dejaba de mirarme. Su expresión había cambiado en cuanto Charlie subió, se intensificó.

- Buenas noches, Bella- saludó por fin Edward, lucía incómodo.

- Buenas noches.

- Bella, ella es Alice, mi hermana- dijo girando el hombro hacia ella y luego continuó inclinando la cabeza hacia mí-. Alice, ella es Bella. – Hizo una pausa- Lamento presentarnos tan tarde y de improviso, como dice Alice, no nos fue posible venir antes, pero aquí estamos. Estaré cerca- sonrió al recordarme sus propias palabras. Sentí que me ruboricé porque había estado pensando es precisas palabras antes de que ellos llegaron.

- No, no. Está bien.

- Queríamos saber como seguías- dijo Alice-. Me contó Edward que te golpeaste muy fuerte. Te ves bien – Edward sonrió - Por suerte él estaba cerca.

- Sí...mmm... – miré a Edward- ¿Tu me llevaste? Ni si quiera te di las gracias. Gracias Edward. Alice tiene razón, tuve suerte de que estuvieras ahí.

- Un placer.

- Por supuesto que sí- sonrió Alice-. A Edward le gusta...

- ¡Alice! – interrumpió autoritariamente Edward, debería darme clases de eso. Alice puso los ojos en blanco.

- Está bien. No diré cosas buenas de ti- luego se dirigió a mí-. Como puedes ver, es muy gruñón a veces, pero dale tiempo – de nuevo se dirigió a él-. ¿Así está bien?

- Tal vez no debí traerte- contestó él.

- Sí debiste. Soy tu hermana favorita.

- Después discutiremos eso – sentenció Edward-. Hoy venimos a ver a Bella – sonrió de nuevo.

- Eso es cierto. Hoy venimos a ver a Bella – dijo Alice acentuando la palabra hoy -. A mi me parece que ya se encuentra bien, estoy segura que mañana te veremos en clases de nuevo.

Alice derrochaba energía. Me mantuvo ocupada preguntándome muchas cosas, no me permitió prestarle a Edward la atención que quería. Alice hablaba y él me observaba. Solo interrumpió para preguntarme si tenia frió y si quería subir para ponerme algo mas abrigador. Yo no sentía frió. Era tan raro tener a Edward ahí.

Al día siguiente pude convencer a Charlie de dejarme manejar después de hacer una prueba dando vuelta a la cuadra. Era la primera vez que yo salía antes que él en un día normal. No me había bajado aún de la camioneta cuando Edward apareció junto a mi puerta. Me acompañó hasta el salón. Afortunadamente para mí, Jessica llegó tarde a clase y no tuvo oportunidad de verme con él. Todos se nos quedaban viendo cuando pasábamos, éramos el centro de atención, pero nadie comentaba nada. Veía que tenían ganas de preguntar, pero se limitaban a preguntarme como me sentía. Agradecí que Mike no lo hiciera.

- Entonces tendremos que reprogramar lo que no pudimos hacer hoy - dijo Mike.

- Sí, tal vez debamos dejarlo para la próxima semana.

- Perfecto, será la próxima semana. Tendré más tiempo de planearlo.

- ¿Eh? – no entendí que había que planear-.

Me pregunté si Edward recordaría que habíamos quedado de almorzar juntos. No lo había mencionado desde que me lo había pedido, pero estaba esperando por mí afuera del salón. En la cafetería todos se nos quedaron viendo al entrar, lo cual me incomodó. Edward parecía no percatarse. Fuimos por la comida y nos sentamos en un rincón alejado. A diferencia de ayer, fue ahora Edward quien no dejaba de preguntar cosas de mi vida. No era muy interesante. Al final me preguntó si al día siguiente podíamos almorzar juntos de nuevo y por supuesto yo acepté. Edward no comía mucho, apenas pellizcaba las cosas, pero no dije nada.

Mi atención estaba sobre Edward y a los tres la gente dejó de vernos, así que para la siguiente semana ya me hallaba más a gusto. De todos modos, Edward me mantenía suficientemente ocupada pensando, quería detalladas explicaciones del porque de mis opiniones y de mi forma de ver las cosas, como si fuera interesante lo que yo pudiera pensar. Nadie había mostrado tanto interés en eso como él. Generalmente no dejaba tiempo para que yo le preguntara algo. El Edward que conocí esos días era absolutamente agradable, uno que Jessica nunca se habría imaginado, sumamente amable y atento, lo suficiente para no darse cuenta. Jessica se había enojado conmigo porque no cedía a sus intentos de interrogarme sobre si estaba saliendo con Edward. Tuve que decirle abiertamente que no y que no quería hablar sobre eso. Nadie más se atrevía a preguntarme directamente y varias chicas me miraban con recelo, pero no me molestaron. Angela y Mike me seguían hablando normalmente, incluso Angela se veía contenta por mi. Algunos días se nos unió Alice para acompañarnos, yo no quise pensar en el resto de su familia que comía aparte, fueron los únicos en no nos prestarnos atención desde el principio. Casi se me olvidaba el interés mas objetivo que tenia sobre él.

El siguiente viernes, por primera vez desde que me sentaba con él, momentáneamente Edward se distrajo. Veía a Mike con una expresión que no entendí. Coincidentemente ese fue el día en que Mike recordó nuestros planes atrasados y que mostró por primera vez que también sentía por curiosidad por lo que sucedía entre Edward y yo.

- Bella, me preguntaba, ¿recuerdas que la semana pasada quedamos en hacer los planes para ...

- Ah, sí, lo recuerdo – ahora. Tenía pensado cancelar aquello-.

- Bueno, yo... – titubeó

- ¿No puedes? No te preocupes. A mi papá no le gusta la idea. Creo que siempre no iré - dije y él se animó.

- Entonces podemos ir a cualquier otro lugar.

- ¿Otro lugar? – me sorprendió-. Yo... creo que está muy bien.

- Bien, entonces el sábado vamos a Port Angeles, ¿te parece?

- Me parece bien – contesté tratando de sonreír, pero no sentí esa sonrisa muy convincente.

- ¿Segura?

- Sí.

- ¿ No estás saliendo con alguien, que quizás le moleste? – preguntó.

- Estoy libre – no quería declarar nada al respecto.

- ¿Tu y Edward no están saliendo? – ahora era directo.

- No- mire hacia abajo-. Somos compañeros en biología y me ha estado haciendo preguntas – contesté, eso era cierto, no supe si lo creería.

- Entonces paso por ti después de medio día. Para ir y venir a tiempo.

- Claro. Está bien, le diré a Charlie.

No me gustó aquello. No estaba saliendo con Edward, pero era obvio que algunos llegaran a esa conclusión viéndome comer todos los días con él. Mike me agradaba, pero no como para salir con él, de cualquier manera, no podía decirle que no; sin embargo aproveché la oportunidad. El viernes, antes de decírselo a Charlie, llamé a Mike y le pregunté si podríamos pasar primero por la casa de la sra. Stevenson. Había dicho que trataría de volver y Mike era alguien seguro con quien ir, además de que sentía que así, eso de salir con Mike no parecería una cita. El no tuvo ningún inconveniente. Cuando salimos de casa de la sra. Stevenson sentí la necesidad de buscar el volvo plateado. No vi nada por ninguna parte.

Ir a Port Angeles con Mike estuvo bien, nos divertimos. Tendría que ver algo que mi ánimo esa semana había mejorado mucho y a que Mike, después de todo, tampoco se comportó como si fuera 'la cita', de modo que el encanto de esa semana continuaba. Disfruté mucho la cena, reí mucho durante ella, aunque era diferente a estar con Jacob, lo seguía prefiriendo a él, y mil veces a Edward. Claro, eso no era por Mike, sino por Edward. De cualquier manera no esperaba pasarla tan bien.

Al día siguiente fueron Jacob y Rachel los que me invitaron, fuimos a Cenar para despedir a Rachel. Tener ocupados esos dos días fue bastante bueno en realidad, incluso hicieron menos largo el fin de semana que deseaba terminara pronto.

El siguiente lunes estaba impaciente de nuevo por llegar a la escuela, vi el volvo plateado y empecé a degustar con anticipación el momento en que por fin vería otra vez a Edward, pero no apareció en el estacionamiento. Sentí desilusión porque tendría que verlo hasta la hora del almuerzo. Me gustaba demasiado su compañía y eso debía ser peligroso para mí. Ya lo era, pero también era tarde, quizás.

Llegué seria a la cafetería temiendo que ya no me quisiera en su mesa, pero para mi alivio estaba en nuestra mesa de costumbre, solo y lejos de su familia, aún así titubeé al sentarme. Por primera vez hablamos de forma poco fluida, sentía como si ambos tuviéramos que intentar mantener la conversación, por lo que no estuve muy animada. El resto de la semana Edward no se encontró conmigo en el estacionamiento y durante el almuerzo permanecía callado la mayor parte del tiempo, pero nunca dejaba de verme. Eso me preocupó, acentuó la desilusión inicial. Si Edward decidía dejar de hablarme de nuevo perdería la oportunidad de que me dijera lo que sabía y también perdería... su compañía. Ninguna de las dos me agradaba, la diferencia es que lo segundo no debería ser ni dolerme. Tuve que luchar contra la desilusión, en ansia y la tristeza. También pensé si tendría algún problema, pero ninguno de sus hermanos se veía preocupado por él ni por otra cosa, por lo que había visto sabía que por lo menos a Alice le interesaría cualquier cosa sobre Edward. Seguía tratando de hablar con él, de no perder lo que habíamos ganado las semanas anteriores, pero él se veía demasiado abstraído y yo me sentía más incómoda, a veces ni si quiera lo miraba al rostro.

Además tenía que recordar que al principio él no quería mantener ninguna relación conmigo, de ningún tipo y que empezó a hablarme hasta que... hasta que yo había querido empezar a averiguar algo sobre lo que él sabía. Seguramente eso era lo que había cambiado y ahora que yo había desistido, en apariencia, no necesitaba preocuparse. Ya no estaba obligado a hablarme. Pero la tonta de mi no dejaba de pensar en el interés sincero que había mostrado por mí, quería pensar que no había sido fingido. El fin de semana fue terrible y el lunes siguiente peor.

- Bella, ¿no te molesta sentarte conmigo? – me cuestionó Edward, yo no respondí inmediatamente, ¿era lo que él quería? ¿que me fuera? Probablemente.

- No, no me molesta, pero si tu... quieres... sentarte... otra vez con tus hermanos, no hay problema- dije sin mirarlo para tener más fluidez y poder aparentar que no me afectaba. Al final miré hacia mi antigua mesa, Mike me miraba y me sonrió, yo le devolví la sonrisa y al recordar que me había preguntado si salía con Edward me sonrojé y agaché la cabeza.

- No es eso – me dijo Edward-. Simplemente que te he alejado de tus amigos, tal vez los extrañes y prefieras sentarte con ellos. No quiero interferir con eso. Puedes sentarte conmigo cuando quieras. Aquí estaré- aseguró.

Eso fue suficiente. No se atrevía a un rechazo explícito. Yo lo entendí y no volví a acercarme. Tampoco en clase hablábamos mucho, por lo menos no volvió a su rudeza anterior. Así pasaron cuatro semanas. Mi consuelo era saber que no le desagradaba tanto como para seguirme tratando igual que el primer día y tal vez no le era absolutamente indiferente. Tuvo varios detalles amables conmigo.

El orgullo herido a veces sirve y a mi me sirvió en mi intento de no verme afectada por aquello. Salí con Angela y Mike, incluso en una ocasión con Jessica, y por supuesto, Jacob. Jacob ya no era una amistad circunstancial, me había encariñado con él e iba varias veces a la semana a su casa o lo invitaba a la mía. Gracias a eso no me hundí, pero aún con todo eso después de cuatro semanas me empezaba a sentir exasperada. Si simplemente quería asegurarse de algo ¿porque se había tomado tanta molestia para averiguarlo? ¿Y por qué yo no lo había sospechado desde el principio?

Luego Mike tocó la llaga. El jueves después del almuerzo de nuevo me invitó a salir solo él y yo, pero le dije que no tenía ganas de ir a ninguna parte y de nuevo me preguntó por Edward. Yo le dije que Edward y yo solo éramos compañeros de clases – era cierto – y que de todos modos no me gustaba – eso no era tan cierto -. Mike no insistió. Se alegró al oír aquello y se fue, pero me dejó con un ánimo de perros y me fui a buscar algún sitio solitario.

Estaba lloviendo y mojarme me pondría peor, me fui a la biblioteca. Terminé en el mismo lugar en el que había empezado aquello. Donde estaba sentada antes de que me hablara por primera vez. A los pocos minutos se quedó sola la biblioteca y eché la cabeza hacia atrás en mi silla. Por mi mente empezaron a pasar todos los momentos en que Edward mostraba algo de sí que me enamoraba de él. Ni siquiera dos semanas completas había tenido. Al final, sobre lo demás, solo quedó la tristeza por haberlo perdido o por no ser capaz de merecerlo, por alguna razón no era capaz de sentir nada malo contra él. A pesar de todo sentía que era alguien que merecía la felicidad, no podía acusarlo de no quererme como si fuera algo reprobable en sí.

Sentí unas gotas recorrer mis mejillas y las dejé finalizar su camino. Sabía que iban a seguir brotando más, de modo que me paré para esconderme entre los estantes. Hacia el mismo lugar, de nuevo.

- Jacob tenía razón. Hay cosas que no son cursis, pero sí escasas – me salió en un susurro -. Y hay cosas que no son para mi.

Oí un ruido entre los pasillos de esos estantes y caminé hacia el lado contrario del que venía el ruido. Al girarme el sonido que salió de mis labios fue un jadeo combinado con un sollozo. Aquello hizo que me diera más prisa, porque si había alguien ahí - peor, alguien que conociera -, no quería que me viera así. Imaginé a Mike ahí intuyendo la razón de mis lágrimas y lo vergonzoso que sería. Pero en ese momento me sentía susceptible y emocional, de modo que seguía sintiendo que alguien estaba ahí aunque no oí más ruido y salieron más lágrimas silenciosas. No eran muchas, pero se daría cuenta cualquiera que me viera. Intenté correr hacia otra parte y al dar la vuelta a uno de los estantes casi me caigo. Algo frío rodeó mi antebrazo, arriba de la muñeca, donde no me lastimaría la fuerza con que me sujetaba y también me sujetaban por atrás de la cintura. En cuanto vi su mano la reconocí y mis ganas de llorar adquirieron fuerza. Hubiera preferido a Mike o a Jacob, a cualquier otra persona en vez de a él. Volteé la cara, no quería que me viera. En vez de buscar estar otra vez de pie me apoyé en el suelo, sentada sobre mis rodillas dobladas.

- Lo siento – dijo con voz triste-. Bella, yo... por favor, no llores - terminó con voz apagada.

Yo no respondí nada. Seguía dándole la espalda. Finalmente me soltó y esperé a que se fuera, pero no lo hizo y después de un minuto en el que me obligué a controlarme intenté ponerme de pie. Edward ya se había puerta frente a mí, con una rodilla en el piso y me tomó la mano para ayudarme a levantarme, pero yo no me moví. Unas palabras que no tenían que ver con el momento llegaron golpeándome la cabeza y congelándome en mi sitio. Mis ojos e clavaron en su mano. "Demasiado fría para las circunstancias"

Ahora que tenia más control sobre mi era capaz de sentir el frió, no solo su mano. Estaba más frío que yo, estaba exageradamente helado. Yo era friolenta pero no me disgustaba el frió. Entendí porque había salido sin abrigo aquella noche. No me preocupaba el frío, no era malo.

- Tu..., tu... – balbuceé inconscientemente.

- Edward me soltó la mano rápidamente y se retiro hacia atrás.

- Lo siento. Disculpame – dijo con una combinación de enojo, tristeza y dolor.

Dolor.

Apretó los labios, se paro y dio la vuelta rápidamente para perderse de nuevo entre los libros. El enojo me hubiera disuadido de seguirlo, pero no podía pasar por alto el dolor. No su dolor. Quería alcanzarlo, pero sabia que no lo lograría.

- ¡ Edward ¡ - supliqué detrás de é l y se detuvo, dio la vuelta y lentamente, muy lentamente caminó hacia atrás hasta topas con la pared sin dejar de mirarme. Desvió la mirada por un segundo para luego volver a posarla sobre mi con enojo, pero yo empecé a acercarme y a su enojo se unió el miedo.

Me acerqué lentamente para no asustarlo, por irónico que fuera. Me quedé frente a él y se relajó un poco, no mucho. Levanté la mano haciendo evidente lo que iba a hacer y tome la suya, helada y suave, entre las mías. En ningún momento retiré mis ojos de los suyos. Él me había sostenido y ahora yo lo sostenía y no lo dejaría caer, sujeté su mano y su mirada. Cerré los ojos y respiré pausada y profundamente sintiendo su mano.

- No me importa – susurré -. Nunca me ha importado. Hay cosas que no tiendo, pero está bien. No me importa.

No abrí los ojos y nos quedamos en silencio un momento, en aquel rincón entre las sombras el aire cambió. En ese lugar de silencio, respiraciones y latidos el frío de nuestras manos hizo que se detuviera el tiempo, entre las sombras que nos rodeaban. Se detuvo mi tiempo para él, yo me quedaría en ese momento exacto mientras él quisiera, ahora él podía romperlo o extenderlo. Al final no se rompió, pero de deslizó, se derritió sin darme cuenta cuando, y supe que se había ido cuando dejé de sentir su mano. No abrí los ojos para no enfrentarme con las sombras vacías, me senté en el piso y nuevas lágrimas silenciosas, diferentes de las primeras, atravesaron mis mejillas.

________________________________________________________________________________________________________

Espero que les haya gustado. A la pobre Bella le descubro cosas de su pasado, la pongo paranoica, la hago llorar y hasta le di un tubazo en la cabeza, pero en realidad es Edward al que le ha ido peor. Del siguiente capitulo casi nada más me falta revisarlo. Creo que les va a gustar.