Capítulo 9

Me desperté poco antes de que sonara el despertador. No había podido dormir bien, una pesadilla había estado acechándome durante todo mi sueño.

Estaba en un mundo distinto al mío, supuse que sería el mundo del que tanto me habían hablado, así que comencé a buscar a mi hermano. Después de una frustrante búsqueda sin encontrar indicios del paradero de mi hermano, un numeroso grupo de personas empezó a perseguirme para matarme. Y cuando consiguieron darme alcance me desperté gritando.

A parte de eso había dormido mal debido a que me quede dormida con la ropa puesta, ya que quedaba una hora y media para que sonara el despertador y todos se levantaran, decidí no ponerme el pijama. En vez de eso, cogí ropa nueva y abrí la puerta del pasillo.

Mire varias veces a ambos lados para comprobar que no venia nadie, aun seguía enfadada por lo de anoche. Cuando vi que no había moros en la costa comencé a andar sigilosamente.

Pero fue tan mala suerte la mía que cuando estaba a punto de alcanzar la puerta del baño Izan salió de su cuarto y me choque con él, perdí el equilibrio durante unos instantes y para evitar que me cayera Izan me sostuvo, cuando me di cuenta lo aleje de mi bruscamente, seguía enfadada con él, y hasta que no respondiera a mis preguntas y me pidiera perdón no iba ni a dignarme en dirigirle la palabra.

Me apresure a entrar en el baño y cuando cerré la puerta pude ver como una expresión de tristeza se extendía por todo su rostro y me pregunte si no estaba siendo muy dura con él.

Acto seguido negué con la cabeza y rechacé este pensamiento, no debía de ablandarme.

Me desvestí y me metí debajo del agua caliente, olvidando por un momento todos mis problemas. Hasta que oí como la puerta del baño se abría, asustada me pregunte quien sería. Aunque no había mucho que preguntarse, ya que en esta casa éramos cuatro personas y solo yo era una chica, me cubrí con la cortina del baño y asome la cabeza para ver de quien se trataba.

Me encontré a Alexander mirándose en el espejo, parecía no haberse dado cuenta de que yo me encontraba en la ducha, a pesar del ruido del agua.

-Ejem.-le dije un poco avergonzada.

Él se giró para mirarme y luego volvió a mirar al espejo y cogió un cepillo de dientes azul.

Parecía que no sabía pillar un indirecta que teniendo en cuenta la situación era bastante directa.

-Te podrías ir del baño.- le dije esta vez casi gritando.

Esta vez se dio cuenta de que estaba desnuda y se ruborizo.

-L-Lo siento, no me había dado cuenta.- me dijo avergonzado.

-No, si ya se ve.- dije irónicamente.

Alexander dejó todo lo que tenía en las manos, mientras yo seguía mirando por encima de la cortina. Pero al cambiar de posición, me resbalé y caí encima de él con la cortina a modo de toalla.

Sentí algo cálido tocando mis labios y cuando me quise dar cuenta Alexander

Él apretó sus labios fuertemente sobre los míos y noté como una corriente eléctrica recorría todo mi cuerpo. No sé cuánto tiempo pasamos en esta posición y cuando nos separamos, me di la vuelta tapándome lo máximo posible con la cortina, mis mejillas estaban completamente rojas.

-Vete.- dije en un susurro.

Alexander intento decir algo, pero al ver que no respondía ante ninguna cosa salió y cerró la puerta.

Estaba tan perdida que no note como Alexander se apoyaba en la puerta y se sentaba lentamente en el suelo.

Volví a meterme en la ducha sin creerme aun lo que acababa de suceder. Ese había sido mi primer beso.

Cuando me terminé de secar, me puse un pantalón corto, una camiseta blanca de tirantes ajustada y unas sandalias blancas. Encendí el secador y me sequé el pelo. Cuando terminé decidí dejármelo suelto en forma de cascada, de esta forma me llegaba por encima de la cintura.

Antes de salir de la ducha decidí olvidar lo que había pasado, hasta que no encontrara a Alan y aclarara el asunto del rey no iba a permitirme el lujo de enamorarme, de Alexander, de Thresh, de Izan o de quien fuera.

Cuando salí no había nadie en el pasillo, así que bajé las escaleras, en el salón estaban todos. Ignore a Izan y evite mirar a Alexander, así que me senté al lado de Thresh, este se dio cuenta de que algo ocurría y creyó que todo se debía a la pelea de ayer.

Se giro hacia Izan y le llamo tenebrosamente.

- Iiizan ¿No tienes algo que decirle a Elie?-le preguntó mientras le miraba de forma siniestra. En ese momento me di cuenta de lo peligroso que era Thresh.

-L-lo siento.-dijo un poco asustado al ver la cara de Thresh.- No debí de comportarme de esa manera.

Asentí con la cabeza, aceptando sus disculpas. Pero aun quedaba la respuesta a mi pregunta, el pareció leerlo en mi rostro pero aun así negó con la cabeza.

-Me han ordenado, no contar esa información a nadie.-dijo muy serio.

-Si me hubieras dicho eso ayer en, quizá nos habríamos entendido mejor.- dije con un poco de ironía pero sonriendo al final.

Recogimos todo y cada uno cogió sus cosas, como no sabía cuánto tiempo iba a estar en su mundo cogí mucha ropa.

-¿Cómo se llama vuestro mundo?-le pregunte.

-Ayead.-dijeron los tres al unísono.

-¿Y donde encuentra el portal ese?- le pregunte impaciente.

-Muy cerca.-dijo Thresh.

Salimos de casa, había avisado al instituto y a la guardería de que nos íbamos de viaje, cosa que no era del todo mentira.

Antes de llegar a la estación de trenes me encontré con Anthony, este se quedo mudo al verme con los tres. Me lanzo una mirada llena de odio y de reproche. Thresh se dio cuenta como me miraba, me agarro de la cintura y atrajo hacía él, después le lanzo una mirada fría a Anthony.

-¿Tienes algún problema con mi chica?-le dijo fríamente. Me sonrojé al escuchar sus palabras y Anthony se alejo sin decir nada.

Se lo agradecí y él me dijo que no había sido nada.

Tomamos un tren y nos dirigimos hasta las afueras de la ciudad, yo quería pasar desapercibida, pero ellos llamaban demasiado la atención. Así que tuvimos que correr para dar esquinazo a un montón de chicas.

Hasta que al final llegamos a un descampado.

Dibujaron una estrella de tres puntas y me colocaron a mí en medio. Ellos se colocaron en cada una de las puntas.

Me quede en silencio no ocurrió nada.

-Puedes empezar a decir las palabras.-me dijo Thresh.

Vete tú a saber cuáles eran. Así que comencé a decir algunas frases sueltas de sailor moon, y sakura card captor, en plan: Te castigare en el nombre de la luna. O por el poder clow.

Ellos me miraron mal.

-Se puede saber qué coño haces.-me dijeron a la vez.

-¡Pero como queréis que me sepa las palabras!-les grite avergonzada.

-Creía que todas las personas de la realeza la sabían.- me contestó Thresh

-Pues ya ves que no.-le dije

Por detrás pude escuchar las risas de Alexander y Izan. Que aunque al principio las intentaban disimular al final acabaron los dos por el suelo, eso me confirmo que había hecho el ridículo.

Cuando se calmaron y Thresh les riñó volvimos a colocarnos en la estrella.

Thresh me escribió las palabras en un papel y empecé a recitarlas. Al terminar una brillante luz me cegó y cuando volví a abrir los ojos el paisaje que vi era completamente diferente al de hacía unos momentos.

Habíamos acabado en un frondoso bosque. Comenzamos a andar, y a los pocos minutos llegamos a un pueblo, de casas de tejado rojo, los aldeanos que vivian allí me miraron sorprendidos.

-Bienvenida a Ayead.- dijo Alexander con una sonrisa.