Acá vengo con un nuevo capítulo, ojalá les guste. Espero sus comentarios para poder mejorar :) Mañana tardaré en subir el otro ya que debo hacer un par de cosas en el día, pero lo subiré :)

PD: La historia es mía, pero los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

GRACIAS POR LEER! :)


-Be…Bella- musité un tanto confundido cuando abrí la puerta.

-Oh, veo que al fin se conocen- Interrumpió la Directora.-Edward, ella es Isabella, Isa, la otra estudiante en práctica a cargo de los niños y él es Edward Cullen, el padre de la pequeña Mía, que adoras tanto. Una pena que se conozcan ahora que la niña dejará el jardín- prosiguió.

-Oh, ¿cómo es eso?- dijo Bella mirando hacia el piso, como lo estaba haciendo desde que nos interrumpieron.

-Isa, querida, eso no es de tu incumbencia. Dime ¿Para qué has venido?- le dijo frunciendo el ceño.

-Oh, mmm yo, venía para decirle que ya me iba. Rosalie se ha quedado con los niños que aún no retiran- dijo mirando fijamente a la Sra. Denali y avanzando con ella.

-Claro, ve con tus padres Isabella, yo ayudaré a Rosalie con los niños después- oí mientras la acompañaba a la puerta de salida.

En ese momento me quedé helado, en shock, no sabía qué hacer. Si correr tras ella en busca de explicaciones o ir por mi hija, llevarla a casa y esperar a que Bella en su momento decidiera decirme qué pasó. Estaba muy confundido, ¿por qué la llamaban Isa?, ¿qué pasaba con sus padres?, necesitaba saber la verdad. No corrí tras ella inmediatamente, porque no quería que tuviese problemas con la práctica ni menos que la Sra. Denali se enterará que ella era "la mujer sin corazón", como le había puesto en nuestra primera reunión en la que le conté mi historia.

Pensando en eso estaba cuando oí la voz de la Sra. Denali.

-Sr. Cullen, ¿qué tiene?, parece como si hubiese visto un fantasma- dijo preocupada.

-No… no es nada, voy por Mía- dije apresurado.

Fui a la sala y encontré la puerta abierta, Mía estaba sentada en una mesita con otros niños pintando y así que llamé a Rose sin entrar, para que ella no me viera y pendiente de que la Directora Denali no saliera de su oficina, comencé a interrogarla.

-¿Tú lo sabías, verdad?- dije con tono de decepción.

-¿Qué pasa Edward?, ¿Por qué no has entrado a buscar a Mía? y ¿Qué es lo que se supone que sé?- dijo confundida.

-Bella… Sabes que ella es la madre de Mía y la has estado cubriendo todo este tiempo- dije enfadado.

- Edward, no alces la voz, Mía te escuchará y yo no tengo nada que ver en eso, si la ayude es porque considero a Bella una hermana, pero no me metas en esto- dijo gritándome lo suficientemente despacio para que los niños no la escucharan.

-Lo siento Rose, tienes razón, no debo recriminarte nada. Perdóname, la verdad venía para pedirte que te quedaras con Mía durante la tarde, le diré a Emmett que pase por ustedes y luego yo la iré a buscar a su casa- dije apenado- Necesito pensar muchas cosas y no quiero que Mía me vea así- proseguí.

-Está bien, sabes que no me molesta en absoluto, ve con cuidado y espero que puedas encontrar las respuestas que necesitas- dijo dándome una sonrisa antes de entrar nuevamente a la sala.

Me fui muy rápido hasta la puerta de salida, cuando escuché la voz de la directora Denali.

-Sr. Cullen, ¿Y Mía?- dijo poco menos que gritándome desde la puerta de su oficina.

-Ella ha querido quedarse un poco más- dije saliendo rápido y dedicándole una sonrisa, lo que provocó que quedara con una gran O dibujada en su boca.

Camine lo más rápido que pude, cuadras y cuadras, para ver si la alcanzaba, pero no era mi intención enfrentarla, quería que ella decidiera cuándo era el momento de hablar. Además, como había escuchado en el jardín, debía estar ahora con sus padres. Yo no iba a interrumpir sus planes. Mía y yo no íbamos a interferir.

Me quede toda la tarde en un parque cerca del departamento pensando toda clase de cosas, principalmente qué iba a pasar con Mía. –Mía, mi bebe, ella debe estar extrañándome ahora- dije para mí. Ya era de noche, casi la hora en que mi bebe se iba a la cama y ella no me había visto en todo el día. No me había dado cuenta del paso del tiempo.

Decidí ir a buscar a Mía, ya que no había caso en que siguiera pensando en qué pasará, si aún no sabía que había pasado antes. Llegué a la casa de Emmett que vivía a unas cuadras de mi departamento y al entrar no la vi.

-Edward, ¿Qué ha pasado?, ¿Estás bien?- dijo apenas me abrió la puerta.

-¿Dónde está mi hija?- me apresuré a decir y entrando sin esperar que él me invitara a pasar.

-Tranquilo, Rose le está contando un cuento arriba- murmuró- Pero ¿Qué ha pasado? ¿Has hablado con ella?- prosiguió.

-Emmett, no sé qué hacer, no quiero que Mía sufra. Ella es lo único que me importa ahora. He estado pensando en no llevarla más al jardín y cambiarla de inmediato, pero con eso solo empeoraría las cosas, ella no tiene por qué pagar por lo que haya pasado- dije casi al borde de llorar.

-Edward, eres un buen padre, Mía será feliz con cualquiera de las decisiones que tomes, eso siempre ha sido así. Por ahora pienso en que debes dejar que Bella encuentre el momento de explicarte todo, no la fuerces, por algo ha estado ocultándose todo este tiempo- dijo tranquilizándome. Emmett, pesé a que era muy gracioso y molestoso, era un buen consejero, siempre a modo de broma le decía que se estaba perdiendo en la empresa.

-Lo sé Emmett y eso es lo que haré. ¡Gracias una vez más!- dije abrazándolo- Ahora…¿Puedo subir a buscar a mi hija?.

-¿Pero qué dices Edward?, tú no debes pedir permiso acá, está es tu casa también- murmuro regañándome.

Subí a buscar a Mía, que estaba acostada junto a Rose, pero que apenas me vio atravesar la puerta se bajo de la cama y corrió a mí con sus bracitos extendidos para que la cogiera. –Papiiiii, te queo, ¡vamo a domi! (Papi te quiero, vamos a dormir)- dijo aferrándose a mi cuello y dándome un besito.

-Claro bebe- le susurré en su cabecita mientras le daba un besito.

-Rose…Gracias por cuidarla, siento lo de esta tarde- dije apenado.

-Ay, Edward, no seas tonto, es perfectamente comprensible…¿Quieres que te preste una manta para que tapes a Mía?, afuera debe estar helado y puede hacerle mal el cambio de ambiente.

Lleve a mi bebe a casa en mis brazos, ya que no traía auto, lo usaba muy poco estando acá, ya que todo quedaba cerca y prefería caminar con Mía y enseñarle lo bonito de esta ciudad. Apenas llegamos al departamento, le preparé el biberón y subí a dormir con ella. No la obligaría a dormir en su cuarto, ya que hoy necesitaba sentirla cerca y mías más que nunca. Me dormí enseguida, no quería pensar nada más.

El día siguiente comenzaría como todos los demás, no haría nada que incomodara a Bella, estaba decidido a esperar el momento. Llegué al jardín y se la entregué a Rosalie como todos los días. Me fui a la oficina, revisé documentos como lo hacía habitualmente y a la hora de almuerzo decidí ir a buscarla para que almorzáramos juntos y luego llevarla al otro jardín. ¡Qué tonto soy, ni siquiera le he dicho a Mía que la cambiaré de jardín!- me reclamé a mí mismo. Con todo lo que había pasado el día anterior había olvidado decirle.

Toqué el timbre y me abrió la directora, solía estar cerrado en horario de almuerzo, pero ella sabía que yo iría por Mía esta semana.- Pasa Edward, Mía debe estar jugando aún- me dijo indicándome que fuese por ella, mientras ella se metía de nuevo en su oficina.

Llegué a la puerta de la sala de mi Mía y antes de que me decidiera a golpear, Bella abrió la puerta y otra vez no supe cómo reaccionar.

- Vengo por mi hija- dije seriamente.

-Pero aún falta para la salida- dijo esquivando mi mirada.

-Soy su padre, puedo venir por ella cuando yo quiera.

-Oh claro, ella está adentro- murmuró con algo de pena en sus ojos, que apenas podía ver y girándose para ir al sector de los baños.

Estaba a punto de seguirla para pedirle perdón por haber sido tan pesado, cuando sentí que alguien giraba la manilla de la puerta.

-Papiii, papii- gritó mi princesa, apenas me vio por la rendija de la puerta y se aferró a mis piernas cuando le ayudé abrirla. –¿Onde ta? (¿Dónde está?)- me preguntó, lo cual me dejo absolutamente confundido.

-¿Quién bebe?

-Bea, ¿onde ta?, (Bella, ¿dónde está?)- dijo, dejándome perplejo, la llamaba Bella y no Isa como todos los demás.

-Fue al baño cariño, ¿Qué necesitas?- Y antes de que me respondiera algo salió corriendo hacia los baños.

Ahí me quede parado pensando en qué estaría pasando ahí dentro, hasta que las vi aparecer nuevamente. Mía venía en los brazos de Bella, su madre, lo cual me emocionó un poco, era una imagen tan fuerte, que había dejado de visualizar hace años.

-Mia papi, te quero mucho (Mira papi, te quiero mucho)- dijo apenas llegaron a mi lado y mostrándome su bracito, se había dibujado un corazón en el brazo en cuyo centro había un intento de E, la inicial de mi nombre. Me emocioné al ver lo mucho que mi hija me amaba y la quité de los brazos de Bella, para darle un beso y abrazarla fuerte.

-Yo más bebe, te amo y ahora ve a buscar tus cosas y despídete de todos ahí adentro, que iremos a cenar afuera- le dije y ella salió corriendo adentro con una sonrisa en su carita.

Quede frente a frente con Bella de nuevo y no dijimos nada, hasta que ella a punto de entrar, se giró y murmuro algo, que en un principio no escuché porque estaba sumergido en sus ojos.

-¿Dijiste algo?- le pregunté.

-Edward, lo siento. No lo hagas por favor, no te la lleves- dijo volteándose.

-Lo siento Bella, pero ya he tomado una decisión y es lo mejor para ella. Acaso quieres que le diga que su mamá ya volvió y que…no sé Bella, ya no sé qué hacer- dije acomplejado.

-Sé que debo explicarte muchas cosas, pero este no es el momento- dijo alzando un poco la voz.

-Y ¿cuándo es el momento? ¿Cuándo Mía tenga 20 años?, Bella por favor…-dije sarcástico.

-Yo…yo…- se apresuró a decir cuando sentimos la manilla de la puerta moverse y no pudo terminar.

-Mía ta lista, vamo papi, chao Bea (Mía está lista, vamos papi, chao Bella)- dijo mi bebe apenas se asomo por la puerta y me tendió sus bracitos.

Nos fuimos a comer por ahí y mientras lo hacíamos le conté que a partir de la otra semana ya no iría a jugar con esos niños, sino que la llevaría a jugar con otros niñitos en otro lugar. Me miró confundida, pero cuando le dije que almorzaría todos los días con su papá y que la iría a acompañar a dormir la sientas, su carita cambió y me regaló una hermosa sonrisa. –A mi usta amozar papi (A mí me gusta almorzar con mi papi)- me dijo llenándome de besos.

Fuimos a la oficina y la deje en su nueva guardería, que estaba llena de niñitos pequeños como ella. Se adapto inmediatamente y se puso a jugar. La fui a ver más tarde y la hice dormir sus siesta junto a los demás bebes.

La retire cuando estaban cerrando la oficina, estaba cansada de tanto jugar, así que nos fuimos a casa y le puse una película mientras nos echamos en la cama. Ya había visto Alvin y las ardillas como 100 veces, pero a ella le gustaba y yo adoraba oír su risita chillona.

La contemplé dormir un rato y decidí que esta semana la dejaría hasta la hora de salir en Smile, ya que ya había visto que no tendría problemas en adaptarse en la nueva guardería y por una parte no quería arrebatársela así a Bella antes de saber las verdaderas razones de su abandono.

Al otro día como de costumbre fui a dejarla a la guardería, le expliqué a la directora que la dejaría normalmente esta semana ya que estaban haciendo unos arreglos en el otro jardín- mentí- Deje a Mía en su sala, ya advertida de que esta tarde no iría por ella ya que tenía una reunión y que tía Rose la llevaría a dar un paseo y luego me iban a ir a buscar a la oficina.

Estaba revisando unos informes como de costumbre cuando recibí una llamada que me dejó helado.

-Aló, Sr. Cullen…Su hija ha tenido un pequeño accidente y acaban de llevarla al hospital- dijo una voz, que creo que era la Directora Denali…

No alcancé a decir nada y salí corriendo al hospital de la ciudad, dejando todo tirado.