Chicos heme aquí con otro capítulo del presente. Disfrútenlo

Bella POV

Después de un rato de estar juntos, nos fuimos a nuestras respectivas casas. Yo me fui al departamento con Alice y Jasper. Cuando entré al mío, encendí la luz y me quedé sentada en el sillón y sonreí al recordar el día que fuimos a comprar la sala, nada más vimos esta y la compramos sin detenernos a mirar nada más.

Además fue en este sillón donde estaba sentada cuando mis amigos me dieron mi regalo de cumpleaños adelantado número 21, los boletos para irnos a las Vegas, los boletos que sin pensarlo, nos habían llevado hasta el altar a Edward y a mí.

Agobiaba por los recuerdos que jamás me dejaban, me fui a mi habitación. Me bañé, me lavé los dientes, sequé mi cabello, me puse una pijama y me fui a dormir. Mañana me esperaba un día muy largo, mañana por fin hablaría con mis amigas acerca de los motivos por los cuales Edward y yo nos separamos.

Mis sueños esa noche se remontaron a los días pasados, más precisamente, al día que Edward y yo salimos por primera vez.

- Este parque lo encontré un día que no tenía nada que hacer – me contó – estaba algo enojado así que manejé lejos por un rato y llegué aquí.

- Es hermoso, me hace recordar un poco Forks – le comenté.

- ¿Te gustaba?

- No mucho, siempre llovía y jamás había sol – le respondí – todo era muy verde y solía hacer mucho frío. Me gusta mucho Nueva York porque no es así, siento que hay más vida aquí.

- Muchos más humanos que en Forks – Edward convino y los dos reímos

Después de eso soñé con mis días en Forks, cuando todo era vacío y aburrido de no ser por Alice y Rose.

Cuando mi despertador sonó, me levanté algo cansada, me senté en la cama y reí, seguía sin poder tocar el suelo con mis pies. Esa cama era enorme y Emmett siempre se burlaba diciéndome que la cama no era enorme, sino que yo era una enana.

Me vestí para irme al trabajo y luego fui a hacerme el desayuno, miré el refrigerador, aún había veinte mil notas pegadas a él, nunca habíamos quitado esas notitas que dejábamos. Mientras bebía de mi café, miré las notitas, había mías, de Rose, de Alice, de Jasper, De Emmett y de Edward. Notas de todos para todos.

Rose y Bella:

Me llevé a Alice por unas horas

Jasper

Reí, hasta ellos se dejaban notas en nuestro refrigerador

Emmett:

Me robé a tu novia, necesito que me ayude con

Unos diseños para la portada de un libro

Edward

Luego vi una que yo misma escribí

Rose:

Tu novio me obligó a ir a la escuela

Para la prueba de volleyball. Te lo regreso

Cuando lo haya torturado lo suficiente

Bella

Reí ante esa nota, Emmett me insistió tanto para ir a esas pruebas que yo no pude decirle que no, a no ser que lo quisiera día y noche tras de mí. Entonces encontré una escondida entre tantas otras.

Bella:

Siento haberme ido mi amor, pero

Tenía la cita en la editorial. Te veo

Al rato preciosa mía. Te amo

Edward.

Recuerdo perfectamente ese día, fue una de las tantas noches que Edward pasó conmigo. Esa mañana había despertado y no había visto a mi novio a mi lado así que me había puesto mi bata y lo había ido a buscar a la cocina y lo único que vi fue su nota y una hermosa rosa azul en un vaso con agua.

Cuando me casé con Edward, también dejábamos notitas en el refrigerador el uno al otro, el día que me fui de ahí, aún estaban todas pegadas. Me preguntaba si Edward las había conservado. Yo suponía que no, seguro las había tirado todas.

En fin, me fui al trabajo, esta vez no me topé con Edward en el elevador, entré a mi oficina y él no estaba en la suya. Me senté en mi escritorio y comencé con la corrección de un texto que Mike me había mandado revisar. Poco después oí que la puerta de la oficina de Edward se abría.

Me quedé en mi oficina por toda la mañana, pensando en lo que les diría a Alice y a Rosalie esa tarde.

La verdad, eso es lo que debes decir mi conciencia me dijo y yo estuve de acuerdo con ella.

Poco antes de las tres, salí de mi oficina y vaya sorpresa que me llevé al ver a una mujer con Edward. Mi corazón se rompió en mil pedazos, pues la mujer estaba sentada a horcajadas sobre Edward, mientras se besaban apasionadamente. La chica era morena que sin duda tenía un muy buen cuerpo, Edward la tenía sujeta de la cintura y vi que él ya tenía su camisa desfajada y abierta y la chica estaba acariciándolo.

Salí de ahí lo más rápido que pude, ya había visto suficiente. Edward ya me había olvidado y sabía con más certeza aún, que me odiaba. Entré a mi auto y me sequé las lágrimas. ¿Por qué había regresado? Debí de haberme quedado en Londres ahí, Edward no podría dañarme más.

Edward POV

Oí que la puerta de mi oficina se cerraba y sonreí con satisfacción mientras los hambrientos labios de Leah me besaban con pasión. Cuando terminamos nuestro beso, yo ya estaba jadeante y satisfecho.

- ¡¡Cielos Leah!! No has cambiado nada

- Lo sé – ella me respondió orgullosa – tú tampoco Edward, me sigues volviendo loca – sus dedos recorrieron los contornos de mis músculos del abdomen – dime que nos veremos más seguido

- Tal vez – le respondí mientras sacaba mi cartera y le metía unos dólares a ella en el bolsillo de su falda – Gracias por todo Leah

- Siempre es un placer Edward – me dijo seductora y volvió a besarme – háblame

Leah salió de mi oficina y yo me arreglé la ropa. Conocí a Leah la noche en que Bella se fue a Londres, yo estaba deshecho y caminaba sin rumbo por las calles hasta que la vi. Leah era una mujer joven, atractiva, con unas curvas de lo más provocativas. Esa noche conocí las artes de Leah, y eran de lo más embriagadoras. Leah era una mujer apasionada, provocativa y ciertamente sabía como llevar a un hombre hasta los límites del placer.

La noche anterior, cuando llegué a la casa le hablé a Leah porque necesitaba desahogarme, sin embargo ya estaba con otro cliente así que se me ocurrió una mejor idea de cómo desahogarme y de paso darle a entender a Bella que no la amaba más. Así que le pedí que fuera a mi oficina aquella tarde.

Esa tarde me fui a comer con algunos de mis compañeros y me la pasé bastante bien. Al regresar a la oficina Jessica estaba en su escritorio ordenando algunos papeles.

- Jessica

- Dígame señor Cullen

- ¿Ya llegó Isabella?

- No señor

- Bueno, gracias

Entré a mi oficina y me recosté por unos momentos en mi silla con los ojos cerrados. Sabía que Bella me había visto con Leah, pero también me hubiera gustado ver su expresión.

Edward estás volando límites mi conciencia me reclamó

- Ella pasó los límites – dije en voz alta

Eso tú no lo sabes porque jamás la dejaste explicarte lo sucedido volvió a regañarme mi conciencia algún día vas a arrepentirte de no haberla escuchado y de no escucharme a mí ahora.

Bella regresó poco después. Sus ojos estaban algo enrojecidos y supe sin asomo de dudas que había estado llorando. Al mirarme, todo mi cuerpo se contrajo al notar todo el dolor que esa mirada me transmitía. Y lo peor era saber que yo era el culpable de que esos hermosos ojos estuvieran así.

Bella desvió su mirada y entró a su oficina sin decirme nada más. Yo me sentí terriblemente mal, por más que yo estuviera enojado con ella, conocía a Bella y ella era una persona muy buena por naturaleza y no era justo que la estuviera haciendo sentir mal.

Entré a su oficina (cosa que no había hecho) la vi sentada en su silla revisando un manuscrito que Mike nos había pedido a ambos que revisáramos. Vaya sorpresa que me llevé al ver la fotografía que tenía en su librero, era la misma que yo tenía en el mío, la del día de nuestra boda. Ella volvió la mirada hacia donde se dirigía la mía y al principio se sonrojó, después volvió la vista a su trabajo. Yo aún estaba aturdido, que ella también tuviera esa fotografía me había dejado muy confundido.

- ¿Se te ofrece algo? – me preguntó ella con frialdad

- Yo sólo quería ofrecerte una disculpa – le dije un tanto cohibido.

- ¿Ah sí? ¿Por qué? – ella seguía sin mirarme

- Por lo que sucedió hace un rato sé que me viste con…

- No me interesa Edward, haz lo que quieras con quien quieras, al fin y al cabo es tu oficina y tú y yo…tú y yo ya no estamos…

Ella quería decirlo, pero la verdad era que seguíamos casados, ella se había ido sin que hubiera divorcio.

- Lo sé, pero de todos modos fue una falta de respeto hacia ti, lo lamento – terminé

- Bueno pues, te disculpo, ahora si me permites tengo cosas que hacer – me dijo mientras volvía a su trabajo

Al mirarla me di cuenta de que estaba nerviosa, y cuando Bella se ponía nerviosa solía tirar las cosas, se volvía un poco torpe. Cuando salí de su oficina sonreí inevitablemente al oír sus bolígrafos caerse.

- ¡¡Rayos!! – oí a través de la puerta

- Ay mi amor, no has cambiado nada – yo dije en voz baja y cerré la boca rápidamente ¿había dicho mi amor?

Al finalizar el día, Bella me dio el manuscrito ya corregido, ahora yo me lo debía de llevar a mi casa para revisarlo con más detalle, aunque dudaba que a Bella se le hubiera escapado algo, siempre era muy minuciosa y generalmente jamás se le escapaban detalles de ningún libro.

Recuerdo que cuando estábamos casados y ella leía hasta tarde, la oía quejarse de los errores en los libros.

- ¡¡Es qué mira!! ¡¡Es una barbaridad!! – me enseñaba el libro con el error y yo reía

- Ay mi amor, cuando tengamos nuestra propia editorial, nos aseguraremos de que eso no pase – le decía mientras le quitaba el libro de las manos

- Por supuesto que no – me decía ella aún molesta

- Claro que no, no nos gustaría tener a lectoras como tú que se quejaran de los errores de edición – en eso siempre la besaba y comenzaba a colocarme sobre ella.

Y luego yo mismo me encargaba de hacerla olvidar esos enojos con sesiones de amor lentas, dulces y tiernas. Y si estaba demasiado enojada, apasionadas.

Llegué a mi casa y dejé mis cosas en el vestíbulo mientras entraba a la cocina a prepararme algo para cenar. Cuando terminé, bajé al sótano, me hacía falta un poco de ejercicio así que me subí a la caminadora y corrí unos ocho kilómetros. Saliendo fui a darme un baño y ya que estaba listo para irme a la cama, tomé el manuscrito y comencé a leerlo.

No había ni un párrafo que no tuviera alguna nota de Bella, sonreí complacido al ver que esa minuciosidad no había cambiado para nada. A la mitad del libro me di cuenta de que yo no tendría nada más que corregir, Bella había echo el trabajo perfectamente, aunque sí terminé de leer el manuscrito, era bueno. Seguro a Mike le encantaría, aunque no supiera nada de literatura.

A la mañana siguiente, me di un baño, me vestí, bajé a desayunar y me fui a la oficina. Al llegar, volví a chocar con Bella, quien sabe que ocurría pero siempre tenía que encontrármela.

- Buenos días Edward – me saludó ella cortésmente

- Buenos días Bella – respondí – anoche terminé de revisar el manuscrito, aunque debo decirte que no me dejaste nada que revisar

- Lo siento

- Descuida, ya sabía yo que lo harías minuciosamente – respondí

- ¿Te gustó?

- Mucho, estoy seguro que será un hit, como lo llamaría Mike

Bella rió conmigo y el sonido de su risa fue un ensalmo para mí, esa risa que podía hacerme sentir mejor sin importar nada más.

- Y hablando del diablo – murmuró cuando llegamos a nuestras oficinas y vimos a Mike ahí esperándonos

- Ah, mis editores favoritos – nos saludó

- Buenos días Mike – saludamos los dos

- Vengan, vengan, tenemos que hablar de un asunto muy importante

Entramos a mi oficina y yo ayudé a Bella a sentarse, Mike se sentó en mi silla y yo me senté al lado de Bella ¿Qué demonios pasaba por la mente de Mike? Bella y yo nos miramos compartiendo con esa mirada nuestra completa sorpresa.

- Debo admitir que me sorprende, ¡¡Qué escondido se lo tenían!!

- ¿De qué hablas Mike? – le pregunté algo receloso

- De su matrimonio

Bella y yo nos quedamos callados. ¡No podía ser! De todas las personas que podían enterarse, tenía que ser Mike el que lo hiciera.

- Al parecer uno de los socios, les dio clases a ambos y él fue el que me comunicó que estaban casados, cosa que me sorprende, si están casados ¿por qué Bella vivió cuatro años en Inglaterra?

- Mike, las cosas son complicadas – intenté decir

- Pues no sé cuán complicadas sean Edward, pero los socios no quieren que haya chismes en la editorial así que ustedes dos organizarán una cena y se comportarán como marido y mujer para mantener a los socios tranquilos ¿De acuerdo?

- Sí – asentimos ambos

- Bien, que tengan buen día.

Mike se fue y Bella y yo nos quedamos ahí sin decir nada. Esto no pintaba nada bien.

- Bueno, supongo que no tenemos opción – murmuré después de un rato – lo mejor será que la hagamos en nues…en mi casa

- ¿Cuándo?

- ¿Te parece el próximo viernes?

- Bien, llegaré antes para preparar la cena

Bella se levantó y caminó hasta la puerta de su oficina

- ¿Bella?

- ¿Sí?

- Creo…creo que deberíamos ir solicitando los papeles del divorcio…para que esto no vuelva a ocurrir

- Claro

Bella entró a su oficina y yo me senté en mi silla. ¿Realmente quería divorciarme de ella? ¿No podríamos darnos una segunda oportunidad? ¿Podría escucharla? ¿Podría perdonar esa infidelidad?


Hola a todos... ¿Les gustó el capítulo? espero que sí, pues después de mucho meditarlo, creo que ya va siendo hora de que ustedes y Edward se enteren de la verdad. En especial Edward jajaja

Chicos muchas gracias por sus comentarios

Nos leemos la próxima

Anya Sylvie Cullen