La batalla se vuelve amena para el Equipo Especial y los chicos. Con sus cuerpos cada vez más dañados, los equidnas corruptos son fáciles de contener, sin mencionar la ventaja numérica. Ketsi se ha tomado el tiempo de apagar los incendios provocados por el largo combate. Las naves dañadas han podido repararse solas. Incluso el sol comienza a asomarse. Sin embargo, nadie ha podido atravesar la barrera que cubre el templo.

Algunos equidnas han intentado entrar por debajo, romper la barrera mediante el uso de la fuerza, pero todo es en vano.

De pronto, todos los corruptos caen inclinados para quedar inmóviles. Esto confunde mucho tanto a agentes como a los chicos, pero deciden no intentar nada.

—Parece que algo está pasando ahí dentro —comentó el joven agente, preocupado.

—¿Habrá terminado de restaurar la esmeralda madre?

—No lo creo, Raika. La isla comenzaría a elevarse de nuevo.

—¿Creen que Arkezz esté bien?

—No lo sé, Ketsi. Crucemos los dedos.

Dentro del templo, la gran Esmeralda Maestra está casi completa. Las piezas van unidas de una manera tan pobre, que se ven las grietas con mucha claridad. Solo hay dos pequeños trozos flotando sobre la gema, todas las partes cubiertas de energía oscura.

En el mismo cuarto, Arkezz lucha por arrancarse una lanza oscura del pecho. La sujeta con ambas manos, utiliza toda su fuerza, pero no sirve de nada, solo consigue hacerse más daño. No se detiene hasta que un leve chorro de sangre se dispara de su boca.

—Sigue luchando, si lo que quieres es morir rápido —habló Noctis, sin siquiera voltear, aun concentrado en la gema.

—Tú… ¿por qué haces esto?

—Para contenerte un momento. Lo último que quiero es que el resto de equidnas se libere de mi control, sobre todo ahora que estoy por terminar el trabajo. Me ha tomado horas sin descanso. He estado en verdad aburrido, no tienes idea.

—¿Qué…?

—Además, no había tenido la oportunidad de conocer a un espécimen de mi contraparte: un Ser Lumínico. En verdad me muero de curiosidad —sonrió.

—No… agh… No lo entiendo, ¿por qué te esfuerzas tanto en esto? ¿cuál es tu objetivo?

—¿De verdad tengo que contar esta historia de nuevo? —cuestionó con molestia, pero al fin logra unir uno de los dos trozos restantes, lo que le devuelve la sonrisa— Bien —giró hacia su huésped—, te mostraré en lo que quiero convertir este mundo.

Sin dejar de manipular la gema en ningún momento, Noctis se acerca a Arkezz, coloca una mano en su frente y, en un destello de energía, todo se vuelve negro.

La batalla por el mundo

¿Por qué estamos aquí?

Silencio absoluto; negro, eso es todo lo que hay. Al menos hasta que el dingo abrió los ojos. Cuál fue su sorpresa al encontrarse frente a Mobius, el mundo donde nació, creció y ha conocido hasta ahora. Voltea en desesperación a todas direcciones buscando de qué sujetarse, pues está a la deriva del espacio. Pronto, comienza a sujetar su garganta, hasta que se da cuenta que no hay peligro alguno en realidad, ni siquiera es necesario respirar, pero, al hacerlo, puede exhalar e inhalar aire con normalidad. Entonces lo entiende, no está ahí realmente, puede que sea una especie de ilusión. Es ahora que se relaja un poco para contemplar la belleza de su mundo.

Los continentes parecen un poco más grandes que los de otro planeta familiar. Se puede observar desde aquí cómo Mobius ha sabido coexistir con la naturaleza, viviendo en constante armonía con el progreso. Pero, ¿qué es este sentimiento que de pronto despierta en Arkezz?

Sujeta su pecho con fuerza, sus ojos están brillosos. Este es su mundo, su hogar. Un planeta con incontables millones de años de edad, que ha pasado por demasiados cambios y conflictos. Pero, a pesar de todo, ha sabido recuperarse gracias a sus habitantes, cuyo amor por su Mobius no se compara con nada. La vida de este lugar se ha ganado su derecho a existir, y deben defender este derecho y su mundo a como dé lugar, sin importar las amenazas que vengan, porque eso es Mobius, un mundo de vida que pelea y nunca cede.

—Vaya vista, ¿no crees?

—¿Ah? Noctis.

El Ser Oscuro estuvo ahí todo el tiempo, observando, al igual que Arkezz. Por la expresión de su rostro, parece tener otro tipo de emoción. Sus ojos bien abiertos, llenos de asombro; y una sonrisa ansiosa. Solo sus brazos cruzados mantienen su semblante serio, dentro de lo que cabe.

—Es enorme. ¿Cuántos mobianos crees que lo habitan?

—Yo…

—No tiene importancia, es solo para que tengas una idea. ¿Qué tal si echamos un vistazo más de cerca?

—¿Qué…?

Alza un brazo de manera leve y hace un rápido chasquido. En un destello negro, se encuentran flotando sobre una gran ciudad, se trata de Silversoun. Como era de esperarse, hay muchísimo tráfico desde temprano, ni siquiera se puede sentir el calor del sol aún.

—Quiero que mires con atención, hermano. Observa a todas esas personas. Viven al día. Los adultos trabajan, los niños estudian, los desobligados piden dinero, ladrones buscando qué robar… en fin. Dime, ¿cuántas personas en la ciudad crees que se preocupan de lo que ocurre ahora mismo? ¿Cuántos crees que se están preguntando si su isla volverá a flotar?

—No entiendo. Por supuesto que todos lo hacen. La gente entera de Mobius debe estar preocupada, con la esperanza de que sus héroes logren salvar su mundo de cualquier peligro.

—Nada mal, solo que te equivocas. No estás viendo con la suficiente atención. Menos de una cuarta parte de esta ciudad está al tanto, la mayoría solo usan el tema para entablar conversación. Las otras tres cuartas partes siguen viviendo con normalidad, trabajando, estudiando, divirtiéndose, gozando, sufriendo, creando, destruyendo. Casi nadie está preocupado en verdad, ¿sabes por qué?

Arkezz no responde, solo voltea a ver a Noctis, confuso.

—Porque están acostumbrados a esto: algo sale mal, un "villano" aparece, luego un grupo de héroes lo detiene, y todo vuelve a un periodo de paz efímero que la gente muchas veces ni se molesta en disfrutar. Y es que, en realidad, un mal como yo no tiene la menor importancia.

—¡¿De qué estás hablando?! —expresó su descontento con la afirmación.

—¿Lo preguntas en serio? ¿Tengo que mostrártelo?

Con otro chasquido, un destello negro los transporta a otro lugar. Llegan a un callejón de la misma ciudad. Arkezz busca algo con la mirada, solo hay basura y paredes con arte callejero. Hasta el momento que voltea al suelo. Se trata de un chico, joven, con moretones en el rostro y algo de sangre cayendo de los labios y más manchando su ropa.

—Pero ¿qué? ¡Chico! ¡¿Estás…?! ¿Ah?

La primera reacción del dingo es ayudarlo, pero, al intentar hacer contacto físico, su mano pasa a través del chico.

—Realmente no estamos aquí.

—¿Cómo…? ¿Qué le pasó?

—¿Ah? Quién sabe. Lo más probable es que haya sido asaltado. Míralo, por la palidez de su rostro, se puede deducir que tiene toda la noche ahí tirado. ¿Dónde estaban los héroes? ¿Y el Equipo Especial? ¿Los Seres Especiales? ¿Al menos un Ser Común o la policía? Nada ni nadie estuvo ahí para defenderlo. Lo despojaron de sus propiedades y no pudo hacer nada para evitarlo. Quiero que pienses en esto: donde quiera que esté, el criminal responsable es libre y, con el tiempo, se convertirá en algo peor; comenzará a matar y quién sabe qué otras atrocidades. Y eso, es solo la parte suave del verdadero mal que existe en el mundo que tanto amas y quieres salvar.

—Pero hay esperanza. Quizá ese criminal puede ser reformado, tal vez se arrepienta de lo que ha hecho y se convierta en una buena persona.

—Eso no repondrá el dañó que ya causó. ¿Qué hay de todos los que no lo harán?

Una vez más, Arkezz no responde, solo puede observar la escena que será ignorada hasta que el joven despierte o alguien pase por el lugar de casualidad. Sin más que decir, Noctis chasquea los dedos de nuevo.

Esta vez aparecen en un desierto, una región alejada de Miraida. Lo primero en notarse es que no está vacío. Por un lado, se puede ver una lejana ciudad, por el otro, un combate. Se trata de un enfrentamiento entre dos grupos. Uno de ellos es el Equipo Especial, fácil de identificar por sus uniformes. El otro grupo no es posible de identificar. Todos visten de negro, cubriendo sus rostros con excepción de los ojos. Distintas especies en ambos grupos, ningún mobiano con poderes del lado del Equipo Especial, lleno de Seres Comunes y Especiales con los evidentes criminales. Ambos bandos tienen distintos tipos de armas también. Arkezz observa la escena, sorprendido de que se pueda estar desarrollando un evento así a la par del que participa.

Entonces, un agente especial resulta grave herido, pero esta vez no hay quien pueda ayudarlo. No hay naves de apoyo, y ningún compañero puede acercarse. El grupo enemigo muestra una habilidad y poder que Arkezz nunca creyó llegar a ver. Por desgracia, el agente herido es asesinado a sangre fría a manos de un criminal al ser atravesado por un sable, directo en el corazón.

—¿Qué es esto? ¿Por qué pelean? ¡¿Por qué pasa esto?!

El chico grita desesperado a Noctis, impotente. El oscuro también parece mostrar algo de disgusto, pero no por las mismas razones. Por fin vuelve en sí, pero solo para seguir hablando, sin siquiera voltear a ver al Ser Lumínico a su lado.

—¿Creías que el mundo se iba a detener solo por la caída de la isla? El mundo es enorme, no debería sorprenderte. Hay infinidad de luchas, conflictos, tal vez guerras de las que no has oído hablar. Es solo que no llaman la atención, o no buscan hacerlo. Esta es solo otra de las batallas del Equipo Especial contra la peor escoria de Mobius. Es por ellos, que les restan importancia a otros problemas, concentran toda su energía ahí. Apuesto a que no viste aquello.

Señala a una dirección cercana. De hecho, naves de combate y apoyo estuvieron ahí todo el tiempo, pero inútiles ahora, destruidas o machacadas.

—Puede que el Equipo Especial pierda esta batalla. Ellos irán a la ciudad, harán lo que tengan que hacer con éxito, y nadie se dará cuenta. Es solo un combate de tantos, esta es una guerra que ha existido en tu mundo por casi medio siglo, pero es una guerra silenciosa, por eso tu gente puede vivir en paz por periodos tan largos.

Con otro chasquido, son transportados a la luna de Mobius, solo para ver el planeta un poco más de lejos.

—¿Ahora lo ves? Tu mundo no es perfecto, el mal es mucho más presente que el bien. Existe más oscuridad que luz. El largo periodo de paz que tanto celebra tu gente es solo una ilusión.

—¿Una ilusión? ¿Eso es? ¡¿Cómo sé que no creaste todas esas imágenes?!

—¿Soy un Ser Oscuro? ¿O un Ser Mental? No tengo esa habilidad. Lo que te he mostrado es gracias al poder de la Esmeralda Maestra. Es gracias a ella que soy consciente de lo que ocurre en el mundo, y me permite mostrártelo a ti, mi hermano.

—¿Por qué me llamas hermano?

—Porque es lo que somos. Muchos lo dirían así: "dos caras de la misma moneda". Somos la manifestación de dos fuerzas opuestas que deben coexistir en armonía. Luz y oscuridad. Pero no te confundas, no creas el mito popular de tu gente; no son sinónimos de "bien y mal".

—¿A qué te refieres?

—Luz y oscuridad son solo dos maneras de ver la verdad. Es normal que la gente elija la primera, la más amable y bondadosa. Al ser la oscuridad más fría, confusa a simple vista, todos le temen. Crean monstruos basados en sus miedos para luego asociarlos con su idea de maldad. Pero ya te lo he mostrado, la peor escoria de tu mundo ni siquiera comparten mi poder, no son Seres Oscuros.

—Entonces… ¿por eso quieres destruir Mobius?

—¡Por favor! ¡¿Te estás burlando de mí?! ¡No! Voy a corregirlo. Ven conmigo —le extiende la mano.

Arkezz lo piensa un momento. Pero ahora mismo hay demasiadas dudas en su cabeza, puede que esta sea la única oportunidad de responderlas. Ambos estrechan sus manos, y Noctis lo eleva, dejan atrás el desolado desierto gris de la luna para asomarse por encima de Mobius. La luz del sol ciega por leves instantes a ambos, pero el poder de la Esmeralda Maestra les permite verlo con claridad.

La gran estrella ilumina con fuerza, otorgando vida y calor a todos los seres que han esperado en la fría y silenciosa noche por su turno. Noctis suelta a Arkezz, permitiéndole flotar con libertad.

—Mira eso. Es precioso, ¿no lo crees?

—Sí, lo es —habló con asombro, apantallado ante la magnitud de su estrella, a pesar de la distancia…

—No te confundas, se supone que lo sea.

—¿Qué?

—Una estrella que irradia de luz al mundo. Luz, mucha luz, demasiada luz. Ese es el problema.

—¿De qué estás hablando?

—Es la belleza y el calor que desprende la luz del sol lo que ciega a tu mundo. Yo voy a corregir eso, cambiaré este falso mundo de luz y crearé un auténtico mundo oscuro —habló con notoria seriedad, extendiendo una mano hacia el enorme celeste, creando la ilusión de sujetarlo, para sí mismo—. Tu sol dejará de mentir, cuando cree un mundo oscuro gobernado por ¡el brillo de un sol negro!

—¡¿Qué?! —expresó sorpresa y ambigua ira.

—Imagínalo, mi hermano. No más falsas ilusiones, no más falsa paz. Cuando logre mi objetivo, Mobius se verá forzado a adaptarse, como siempre lo ha hecho. Tal vez la vida como la conozcas cambie, pero será para bien, y prevalecerá. Poco a poco se revelarán todas las verdades, y la auténtica maldad será erradicada para dar paso a una era fría, pero de pacifica oscuridad. Únete a mí, hermano. Ya te lo dije, luz y oscuridad deben coexistir en perfecta armonía, es el exceso de luz lo que ha cegado a tu mundo para que la maldad pase desapercibida.

Al término de su discurso, vuelve a extender su mano hacia Arkezz. El dingo lo ve a los ojos, sorprendido, pero más confundido. ¿Será verdad? ¿Acaso no importa cuántos héroes peleen con todas sus fuerzas? ¿Esta es la única manera de erradicar la maldad? Le da demasiadas vueltas. Noctis espera, paciente, comprende que sean demasiadas cosas qué digerir.

Quizá sea cierto. Por más que pasa el tiempo, males han aparecido sin cesar en Mobius a lo largo de toda su historia. Tal vez lo han estado combatiendo de la forma incorrecta. Es posible que la oscuridad haya sido mal calificada, y haya sido la respuesta todo el tiempo. Quizá… solo quizá…

Poco a poco, casi de manera inconsciente, su mano se alza para encontrarse con la de Noctis, quien sonríe, complacido, pero se detiene, a tan solo un par de centímetros.

—¿Hm?

—No… Eso no puede ser.

—¿Ah?

—¡No puedes erradicar toda la maldad del mundo solo con oscuridad! Solo terminarías creando más maldad, ¿no lo crees?

—Tsk… No lo entiendes, yo…

—Dices que luz y oscuridad deben convivir en armonía, pero planeas crear un mundo donde la oscuridad domine. Eso solo empeorará las cosas, ¡¿dónde está la armonía en eso?!

—Gh… ¡Yo mismo me encargaré de purgar este mundo! ¡Tú no conoces el verdadero mal que hay en él! ¡No te mostré ni la punta del iceberg!

—Tal vez tengas razón en eso: no conozco el verdadero mal del mundo. ¿Cómo podría? Esta es mi primera aventura.

—Hmm…

—Soy joven, inexperto, pero hasta yo sé que hay más armonía en el mundo que conocemos que en aquello que quieres crear.

—No seas ¡ridículo! Si no hay un verdadero cambio, las cosas seguirán como lo has visto, y seguirá empeorando hasta que…

—No. Las cosas en Mobius están peor de lo que alguna vez me hubiera imaginado, pero tengo fe en que puede mejorar. El mundo puede cambiar, estoy seguro.

—¿Cómo lo estás?

—Porque, cuando te haya derrotado, dedicaré mi vida a usar mi poder para hacerlo. Tal vez no logre crear una verdadera paz, pero al menos sentaré las bases para que así sea en un futuro. ¿Tú cómo estás seguro de que tu idea funcionará?

Ante esa pregunta, Noctis solo baja la mirada. Parece algo molesto, pero su respuesta no lo demuestra, pues el tono de su voz es más serio y bajo que de costumbre.

—Porque es lo único que tengo claro desde aquel día.

—¿Qué…?

Entonces, de la nada, Noctis comienza a reír en silencio, luego se escucha una pequeña carcajada, hasta que pierde un poco el control y es más una burla que otra cosa.

—¡Ja, ja, ja! ¿Sabes qué? ¡No importa! ¡Porque ni tú, ni el Equipo Especial o alguno de tus amigos pueden detenerme ahora!

De una manera instantánea, Arkezz comienza a sentir un terrible dolor en el pecho. Todo a su alrededor, el planeta, la luna, el sol y el mismo espacio comienzan a desvanecerse en un negro que lo consume a gran velocidad. Luego desaparece para revelar que han estado dentro del templo todo el tiempo, y el dingo aún tiene aquella lanza oscura clavada en su pecho.

—Fue un experimento interesante, me diste tiempo suficiente para probarme un poco y… para terminar esto.

El último trozo de esmeralda se une al resto, pues nunca dejaron de ser manejadas por Noctis. Con todos los fragmentos unidos bajo el control oscuro, la esmeralda madre comienza a emitir un deslumbrante destello verde. A la par de esto, un fuerte temblor se siente en toda la isla.

—¿Qué…? ¡¿Qué está pasando?! —grita Ketsi ante la sorpresa.

—¿La isla se está elevando de nuevo?

—No puede ser… Noctis lo hizo —afirmó el agente, algo temeroso.

A pesar de esto, los equidnas siguen descansando, puede que el oscuro se haya olvidado de ellos.

Poco a poco, la isla se separa del océano para ascender; entonces, el temblor se detiene. No lo hace a una gran velocidad, pero si lo suficiente para dejar abajo la luz solar, volviendo a ver un cielo nocturno.

—Si la isla está subiendo, ¿por qué no nos afecta? ¿las naves no deberían caer, o algo? —cuestionaba Raikasai, un poco alarmado.

—La esmeralda madre le da a la isla su propio campo gravitatorio y atmosfera separados de la tierra, como un habitad dentro de otro —explicó el agente.

—¿Qué podemos hacer? —Ketsi, angustiada.

—Solo nos queda esperar. Mientras no podamos entrar al templo…

Dentro, Arkezz se debilita más y más.

—Esto es lo que pasará: cuando la isla esté en su punto más alto, esperaré a que el sol llegue a la posición perfecta, utilizaré el poder de las siete caos y la misma Esmeralda Maestra para transformar esa estrella de luz en lo que debió ser desde un inicio.

—Tú… No puedes hacer eso… ¡Agh!

—Por supuesto que puedo, he esperado años por esto. En todo ese tiempo aprendí a manipular mi energía al grado suficiente, solo necesito el control de las esmeraldas.

—¡¿No requerirás demasiada energía para eso?! ¡Acabarás con tu cuerpo!

—Correré el riesgo.

—¿No dijiste que acabarías personalmente con el verdadero mal de este mundo?

—Tsk… Si no lo hago yo, alguien más se alzará en mi lugar.

—¿Cómo lo sabes?

—Ella me lo dijo —señaló la gran gema verde.

—¿Qué…?

—La gran Esmeralda Maestra tiene el poder de guiarnos e ilustrarnos de maneras que pocos mobianos han logrado comprender hasta ahora. De hecho…

De manera inconsciente, Noctis camina hacia la gran madre, alzando su mano hacia ella, lento, silencioso, distraído.

—¿Qué haces?

—¿Ah?… No, no lo necesito ahora. No me interesa más saber acerca de… No importa. Ahora, solo debemos esperar a que la isla y el sol estén en posición. Por suerte, las siete esmeraldas están reunidas aquí mismo.

Al estirar su brazo en dirección al dingo, una leve estela de energía cubre su mano y la esmeralda roja sale del bolsillo de Arkezz, cubierta igual por la energía oscura. El chico intenta atraparla, detenerla, pero sus movimientos son limitados por el daño de su cuerpo y el dolor. La gema llega a manos del oscuro. De su cuerpo, aparecen otras tres esmeraldas.

—¿Qué?…

—Esos equidnas de verdad fueron útiles, pero aún me faltan tres para estar preparado, y sé quiénes las guardan ahora mismo.

Soltando la gema roja, la hace levitar a su alrededor junto a sus hermanas, luego, todas regresan a su cuerpo.

—¿Lo sabías? Las esmeraldas del caos pueden cambiar su forma y fundirse con tu energía vital. Es un truco que nuestros ancestros usaban para transportarlas sin que pudieran ser detectadas, pero no puedes usar su poder en ese estado, tienes que repetir el proceso y… No sé para qué te digo esto —sostuvo una pequeña carcajada—. Mírate: débil, impotente. Seguro que muchos esperaban que salieras de aquí de alguna forma, victorioso, o al menos representando una luz de esperanza, o qué sé yo. Pero estuviste a mi merced desde el inicio y no serás capaz de cambiar eso. No puedo imaginarme la decepción que sentirán todos.

Por arriba del pecho, asomándose un poco entre sus ropajes, también en las muñecas y tobillos, se ven delgadas cicatrices de energía negra tratando de subir por su cuerpo.

—Aunque… debo admitir que me has impresionado. Nunca conocí a alguien que pudiera resistirse a mi poder tanto tiempo. Creí que me serías útil, pero ahora temo que seas un estorbo. Debo acabar contigo —alzó una mano hacia Arkezz, apuntando con la palma—. Ya lo dije en varias oportunidades: hay demasiada luz en el mundo. Aun así, hay algo que se me escapa, ¿por qué estás aquí? Eres solo uno de tantos, ¿por qué alguien con la vida resuelta como tú se tomaría la molestia? ¿Por qué llegaste hasta aquí?

En estos momentos, Arkezz solo puede mirar al suelo, con su mirada perdida, los ojos bien abiertos. Ambas manos sosteniendo la delgada lanza de energía negra bañada en su sangre salpicando. Es cierto, ¿por qué aceptó hacer esto? Y es entonces que lo recuerda.

Por su cabeza, recuerdos se reproducen. Desde una edad muy temprana se había descubierto su poder, y su potencial no mucho después. Familia y amigos le animaron a entrenar para convertirse en peleador, por supuesto, ¿por qué no? ¿Por qué desperdiciar ese potencial? Muchos viven de eso, después de todo. ¿Héroes? Este mundo no los necesita más.

Muchas veces quiso dejarlo, pero nunca tuvo el valor para hacerlo. Sus padres se veían tan ilusionados con la idea de que su hijo fuese un Ser Lumínico poderoso, como pocos. Y sus amigos presumían de él todo el tiempo. Era popular a donde quiera que fuera, no podía decepcionarlos. Así que siguió entrenando, por doloroso que llegara a ser a veces, por poco que le fuera satisfactorio. Su única motivación y recompensa era ver a su familia orgullosa, y a sus amigos siempre apoyándolo. No sabe en qué punto de su vida se olvidó de lo que en verdad sentía, de lo que en realidad quería.

Michael fue su amigo desde la infancia, fue quien lo llegó a conocer mejor que nadie. Pero eso no evitaba que fuera cómplice también, de hecho, no había nadie en todo Mobius que apoyara más a Arkezz en todo lo que hacía. El joven mapache no tiene ningún poder, pero su inteligencia es excepcional, así que decidió dedicarse a estudiar todo acerca de los Seres Especiales y el arte del combate. Es gracias a él que Arkezz ha logrado mostrar su verdadero potencial en torneos locales, es a quien más teme decepcionar todo el tiempo, ¿cómo podría perder luego de tanto esfuerzo que alguien ha hecho por él?

Los años pasaron, cumplieron la mayoría de edad, y su primer torneo mundial llegó.

—Es cierto —pensaba el dingo—, la verdad es que solo soy un cobarde. Desde que llegamos a Silversoun, no, desde que me mencionaron el torneo, lo único que pensaba era en huir. La verdadera razón por la que acepté unirme a esto, era que tenía la esperanza de retrasar todo lo posible su inicio, o tal vez que se cancelara. No poder participar por alguna razón, heridas o lo que fuera. Pero… si muero aquí… ¿Habré sido una decepción de todos modos? ¿De verdad todos esperan que salga de aquí victorioso? ¿Qué puedo hacer…? ¿Es así como voy a morir?

—¿Nada?… Bien, fue un experimento interesante. Adiós, ser de luz.

Al cerrar despacio, pero con esfuerzo, su mano, la energía en la lanza le hace ver más delgada conforme penetra por el cuerpo de Arkezz. Las cicatrices se expanden, al igual que el dolor. El dingo deja salir quejidos, intentos por controlar los gritos. El dolor es insoportable. Cae sobre sus manos.

—¿Qué es esto? ¿Por qué es tan difícil acabar contigo? Deberías estar desintegrándote ahora. ¿Es porque eres un Ser Lumínico?

—No… puedo… solo… morir… ¡así!

—¡¿Ah?!

—Es cierto —pensaba—, todo este tiempo solo me preocupaba no decepcionar a nadie. Tanto, que olvidé lo que realmente quería. ¿Qué era eso? ¿Que era aquel sueño del niño que descubrió que es un Ser Lumínico?

En ese momento, un recuerdo especial se presenta ante sus ojos. Un pequeño dingo jugando bajo las estrellas. Su pelaje reflejando el brillo de la luna, mientras sus ojos tienen el propio. Se encuentra sobre el techo de su casa; una de dos pisos, de una forma geométrica rectangular por todos lados: paredes, ventanas, puertas; en un vecindario extenso, con casas similares pero variadas solo en la forma.

Junto a él, un mapache infante que disfruta de la vista, pues la casa está en un punto alto de lo que alguna vez fue una colina. Una infinidad de luces cubren todo el panorama, solo aquellos con buena vista alcanzan a distinguir las pequeñas montañas al lejano extremo de la ciudad. De repente, pequeñas luces blancas se interponen entre él y el espectáculo nocturno. El pequeño Arkezz juega con su poder recién descubierto.

—¡Oye! ¡Detente! Me vas a dejar ciego.

—Lo siento, lo siento. Je, je.

—Oye, ¿qué harás con eso?

—¿Con qué?

—Con tus poderes. ¿Para qué los usarás?

—Emm… no lo sé. Creo que para ver en la oscuridad.

—No seas tonto, ja, ja, ja. Tus papás creen que puedes ser un peleador. ¿Quieres ser un peleador?

—¿Un peleador? Mmm —mientras lo piensa, sus luces se apagan, pero no se da cuenta—… Nah, no me gusta pelear.

—Pero tienes poderes, ¿por qué no te gusta pelear?

—No lo sé. Quiero usarlos para otra cosa. Pelearé si necesito pelear, pero intentaré no hacerlo.

—Bien, y ¿para qué los usarás?

—Mmm…

El pequeño Arkezz observa la ciudad mientras piensa, sujetando su mentón con una mano y rascándose detrás de la cabeza con la otra. Luego, sin saber por qué, gira su rostro un poco más arriba, donde la luna se posa para brindar luz a una sección de Mobius.

—La luz ayuda a las personas a ver en la oscuridad —divagaba en voz baja.

—¿Qué cosa?

—¿Ah?… Nada, nada —movía las manos frente su rostro—, pensaba en voz alta, como dice mi papá. Quiero usar mis poderes para ayudar a la gente.

—¿Cómo un héroe?

—Los héroes deben pelear contra villanos. Yo solo quiero ayudar a las personas. Los Seres Eléctricos nos ayudan a tener luz, los Acuáticos cuidan los ríos para que siempre tengamos agua limpia. Yo quiero hacer algo así, ayudar a que Mobius siga siendo el mejor mundo.

—Eres raro, amigo.

—¿Ah? ¿Por qué? —habló con inocente confusión.

—Si yo tuviera tus poderes, quisiera ser un peleador o un héroe. Pero si eso es lo que quieres, está bien, te apoyaré siempre.

—Je, je. ¡Gracias, Michael!

—Pero aun creo que deberías aprender a pelear. Avísame si cambias de opinión.

—No creo que eso pase, pero te diré. Je, je.

De repente, escuchan una voz femenina desde adentro, es la madre del dingo, quien les llama para cenar.

—Le dije que al final sí cambié de opinión —pensaba, mientras ponía resistencia al poder de Noctis, siendo inconsciente de sus propios gritos de dolor—. Nunca le dije la verdad, todo este tiempo lo he dejado creer que en verdad quería ser un peleador. Pero aun quiero lo otro, aun quiero ayudar a proteger este hermoso mundo, Mobius. Me temo que no tengo otra opción, para proteger a mi mundo, tendré que seguir peleando, ¡seré un héroe!

—Pero ¿qué…?

Con muchísimo esfuerzo, comienza a levantar el cuerpo. Coloca un pie frente sí para inclinarse, sujeta la lanza oscura con ambas manos, y pone todas sus fuerzas para intentar sacarla de su pecho.

—Tú… ¡¿qué clase de mobiano eres?! —gritó Noctis, enfurecido, poniendo más presión en su técnica.

—Yo… Argh… ¡Soy Arkezz!… ¡Y soy la luz que protegerá este mundo!

—No lo permitiré… No puedo dejar que pase… Soy la oscuridad absoluta, ¡el Ser Oscuro definitivo! ¡Ningún ser de luz podrá…!

Arkezz logra arrancar la lanza de su cuerpo.

—Oh…

Toda la energía oscura es expulsada con una fuerza tan inmensa, que el mismo Noctis se cubre el rostro con ambos brazos, dejando solo una pequeña ventana para ver entre toda la energía oscura que nada feroz en toda la habitación, rebotando entre las paredes hasta comenzar a evaporarse. La misma lanza pierde su forma también.

Cuando las cosas se calman, Noctis baja la guardia. Arkezz deja caer sus brazos por el cansancio. Sus piernas tiemblan, su respiración es agitada. No puede levantar la mirada.

—Tanto esfuerzo y ¿para qué? —expresó su enfado mientras creaba otra lanza oscura sin tardanza— Estás débil, a merced de mí. ¡Muere de una maldita vez!

Se abalanza sobre él para dar la estocada final. Justo a unos cuantos centímetros de entrar en contacto, el cuerpo y ropajes de Arkezz comienzan a desmaterializarse para ser transformado en luz. El veloz destello pasa a través de Noctis sin que él pueda siquiera reaccionar a tiempo para entender lo que ocurre. En esta ocasión, no solo se desliza. Al atravesar su cuerpo, otras cuatro luces salen también.

Noctis retrocede un poco por el débil impacto y la confusión. Cuando se gira, reconoce a Arkezz de espaldas y cuatro esmeradas a sus pies que luego comienzan a levitar a su alrededor.

—¿Cómo…? ¡Ahora mismo me devolverás eso!

Arkezz está ahora más exhausto, no podrá hacer eso de nuevo. Se gira, y ve cómo Noctis deja desaparecer su lanza para cargar energía en sus manos, no tarda en abalanzarse de nuevo. En reacción inmediata, Arkezz absorbe para sí las esmeraldas. El brillo de las cuatro pasa a ser parte de una estela de luz que cubre el cuerpo de Arkezz al obtener su energía. Noctis no se detiene para nada, y Arkezz se pone en guardia para recibirlo.

Fuera del templo, todos comienzan a reconocer signos de un combate. Luces negras y blancas comienzan a distinguirse por las ventanas altas. La estructura entera comienza a temblar, y un poco el suelo bajo sus pies.

—¡Arkezz! —gritó Ketsi, con angustia.

—Debe haber una forma de entrar, ¡debemos ayudarlo! —Raikasai, encendiendo sus alas.

—Mientras exista ese campo de fuerza… ¡¿qué está pasando?! —el agente, sorprendido, al igual que el resto.

Por muy resistente que haya sido la estructura del templo, por mejor que fuera construido por los equidnas, comienza a caerse cuando gruesos rayos negros y delgados rayos blancos comienzan a atravesar las paredes.

—¡Todos, al suelo! —gritó un agente al reconocer que los ataques bajaban.

Todos se agachan, y un par de rayos cortan de manera horizontal por toda la estructura. Cuando desaparecen, todo se desploma. El campo de fuerza desaparece también.

Escombros de un azul celeste se dispersan por toda la zona alrededor. El humo se levanta y corta toda visibilidad, pero algo es seguro, ya no hay luces de ningún tipo. No más ataques, solo el templo cayendo.

Cuando todo termina, hay un silencio aterrador. Todos esperan a que el polvo se disipe. Poco a poco se ve la silueta de lo que es una pequeña montaña de rocas azules y los restos de mosaicos y pinturas. Ahora todo se ve con claridad. Entonces, los equidnas se levantan y se ponen en guardia, poniendo en sus miras al oponente más cercano.

—No… Esto significa —hablaba Tairo, pero es interrumpido por el movimiento de los escombros…

Algo está por salir. Para el terror de todos, se trata de Noctis, protegido por una barrera oscura semitransparente. Se puede observar su silueta y el brillo purpura que cubre la totalidad de sus ojos. Los cierra, y la barrera desaparece al salir por completo. Aterriza con calma y se limpia el polvo de sus poco dañados ropajes. Abre los ojos para ver a su alrededor. Rodeado de agentes y equidnas de ambos bandos, alza sus manos para sacar de los escombros las cuatro gemas que le habían sido arrebatadas.

—No puede ser…

—Esa es…

—Es maldito… ¡Ese maldito!

—Tsk… Arkezz…

Ketsi, Tairo, Raikasai y el joven agente observan cómo Noctis se guarda de nuevo las esmeraldas para luego dirigir la mirada a todo el Equipo Especial.

—Muy bien. ¡¿Quiénes de ustedes me entregará las tres que me faltan?!

Sin pensarlo ni un poco, todos los agentes se lanzan al ataque. Decenas de disparos de todo tipo son dirigidos a Noctis, quien no tiene problema alguno en elevarse y esquivar cada ráfaga. Al ver que los equidnas apenas y se mueven…

—Ustedes ya no me sirven. Será mejor que no me distraiga más.

Sus ojos brillan un instante. La energía oscura sale del cuerpo de cada uno de los guerreros sin excepción. Caen inconscientes, atrapados y sostenidos por sus hermanos. Toda la oscuridad regresa al cuerpo de Noctis mientras él esquiva los ataques de cada agente y cada nave.

—Los desechó, como si fueran nada —comentó Tairo, al ver a los débiles equidnas.

Incluso el guardián cae rendido, apoyado por uno de sus hermanos. Es el único que no está inconsciente.

Una explosión en lo alto llama su atención. Noctis acaba de volar una de las naves de batalla.

—¡Debemos detenerlo! —gritó Raikasai.

—Es demasiado poderoso —Ketsi, temerosa.

—Pero… si no hacemos algo —Tairo, indeciso.

—Estoy seguro que Arkezz nunca se rindió —habló el agente, con firmeza, mirando hacia el cielo, donde las naves vuelan, creando fuertes ventiscas e iluminando con disparos—. Aunque hubiera tenido pocas oportunidades de lograrlo, él peleó, ¡también debemos hacerlo!

Los demás guardan silencio. Observan una vez más el panorama. La primera nave derribada cae no muy lejos, en la jungla, comenzando un incendio. Algunos equidnas abandonan la escena para llevarse a sus hermanos caídos a un lugar seguro. Todos los agentes disparan al cielo, los pocos guerreros que permanecen y pueden lo hacen también. Una segunda nave explota y sus restos se dispersan por distintos sectores de la jungla.

Los chicos ven la expresión del joven águila, sabe que algunos agentes quizá hayan perdido la vida en estos momentos.

—Debemos llamar su atención —habló Tairo, ganando las miradas del grupo—. Tenemos que hacerlo volver a tierra, o irá por las naves de apoyo.

—Yo me encargo —Raikasai, terminando de encender sus alas—. Tairo, apóyame desde tierra, no temas darme por error, seré cuidadoso.

—No podrás esquivar un relámpago, menos si es mío.

—¿Quieres probarme? —extiende sus alas y despega.

—¡Raikasai, no! —Ketsi intentó frenarlo, en vano.

Por su parte, el agente prepara su arma y retrocede. Tairo se concentra, sus ojos se cubren con energía eléctrica tan brillante, que casi los hace parecer dorados.

Ketsi se paraliza un momento, voltea al cielo y ve cómo Raikasai se acerca para intercepta al Ser Oscuro que tanto temen. Varias nubes de tormenta cubren el cielo bajo el nivel de las naves de apoyo. Solo una nave de combate queda, apoyando a Raikasai. Relámpagos comienzan a caer también.

—Yo…

Al principio, Noctis se concentra solo en esquivar, pues son varias las ráfagas de ataques de energía que debe evitar. Crea varios portales para redirigir los disparos hacia la nave, pero los agentes lo esquivan. Pronto, un enfrentamiento con el ave ígnea es inevitable.

Raikasai comienza arrojando potentes llamaradas con un par de aleteos; Noctis esquiva el primero y se cubre con ambos brazos del segundo, sus movimientos eran limitados por la abrumadora cantidad de ataques a su alrededor. Su cuerpo resiste bien el daño, pero no su ropa, que debe apagar con movimientos rápidos.

Baja la guardia y recibe una fuerte patada del ave. Antes de poder contraatacar, ve un relámpago a punto de salir de su nube, huye para esquivarlo, pero es interceptado por la ultima nave de batalla, que le persigue con ráfagas que él desvía creando un portal oscuro. Todos los proyectiles artificiales caen al suelo, hiriendo a algunos agentes. Bajó la guardia de nuevo, sus portales desaparecen al ser golpeado por una bola de fuego en la espalda. No retrocede, recibe una ráfaga inmensa de proyectiles, pero no se inmuta y alza su mano hacia la nave. Su energía tarda solo un par de segundos para reunirse en su mano y dispara un potente rayo que parte de la nave antes de que Raikasai pueda detenerlo con una fuerte palmada en la espalda. El ataque hace que una gruesa llamarada atraviese su cuerpo.

Esta vez, los agentes logran salir de la nave a salvo. Con algo parecido a delgados paracaídas en sus espaldas, crean alas de energía artificial que les permite huir. Noctis los ignora, está herido, su ropaje y piel están quemados por los disparos y por los ataques de Raikasai, lo cual no deja de enfurecerlo también.

—¡Ahhh! —se abalanzó el águila.

Noctis se gira y esquiva un par de golpes para luego conectar un fuerte puñetazo en las costillas. Raikasai se resiente un poco, pero no retrocede. Un relámpago está por caer. Ambos rivales chocan al arrojar una descarga de energía muy cerca uno del otro, retroceden al momento que el rayo cae entre ellos. El ave ígnea busca de inmediato a su enemigo, quien esquiva con relativa facilidad cada aleteo y llamarada.

—Raikasai… no podrá…

Tairo no hace caso de Ketsi. Sus ojos no dejan de brillar con el poder de toda la electricidad de su cuerpo, concentrado solo en generar relámpagos y mantener la falsa tormenta cubriendo las naves restantes.

Raikasai ataca con toda su ira, lleno de valor. No solo busca vengar a su compañero, no deja de pensar en ningún momento el por qué está aquí de verdad. Cada llamarada, cada lanzallamas, cada golpe, cada aleteo y cada ataque que debe recibir lo resiste; todo siempre con el fuerte deseo de proteger su mundo. Ahora está claro para él. En el fondo, lo supo desde que la isla cayó. Su poder no es solo para competir o demostrar qué tan poderoso puede ser. Se le fue otorgado para proteger Mobius, el planeta que le dio la vida y le ha permitido disfrutar de ella; a él y a todos sus habitantes. Es por eso que, aunque le apena un poco admitirlo, aceptó unirse a esta misión en primero lugar.

Por desgracia, a veces, ese valor y esos grandes deseos de proteger… tienen consecuencias desastrosas. Noctis logra conectar un fuerte golpe en su abdomen, dejándolo sin aliento.

—¡Debo ayudarlo! —alzó sus alas y despegó.

Las luces provenientes de las nubes revelan que un relámpago está listo para caer, por lo que Noctis se coloca sobre el ave, quien busca reincorporarse. Tairo no puede dejar caer el rayo, puede herir a su compañero.

El oscuro carga un poco de energía en su mano para crear una esfera y la dispara sin tardanza sobre su oponente. Un golpe directo, crítico. Las llamas de Raikasai comienzan a apagarse mientras cae en picada. Abre un poco los ojos y ve a un ave volar con fuerza en dirección contraria.

—K…Ketsi…

—¿Por qué hago esto? —pensaba— Tengo miedo, tengo miedo. No puedo hacerlo, pero aun así lo hago, ¿por qué?

En ese diminuto instante, la quetzal ve a Noctis, flotando con una postura firme, una leve estela de energía purpura oscura cubre su cuerpo. Las luces de tormenta oscurecen su silueta, pero el oscuro brillo de sus ojos resalta, dándole más presencia.

—Me aterra, debería estar huyendo, ¿por qué no lo hago?

Comienza a girar su cuerpo. Agua sale de sus alas, dando la falsa impresión de parecer parte de ella, de su cuerpo, como si sus alas en realidad se extendieran para cubrirla en una corriente acuática.

Noctis se dispone a contraatacar con la misma técnica que remató a Raikasai, pero un relámpago lo alcanza al fin. El impacto lo noquea, su cuerpo humea, sus ojos están entrecerrados y Ketsi lo alcanza. La corriente lo absorbe al impacto y el ave avanza hasta acercarse a las nubes. Ahí, dispara toda el agua acumulada junto con Noctis como un proyectil para introducirlo a la tormenta.

Mientras ve esto, Raikasai se reincorpora en el aire, tambalea un poco, pero permanece observando. Tairo no desaprovecha la oportunidad y hace que numerosos rayos golpeen a Noctis una y otra vez. Todo el mundo observa, pero les sorprenden varios portales que caen al suelo, dirigiendo los relámpagos al azar para herir agentes y equidnas que nunca hubieran podido esquivar y a la misma Ketsi, quien apenas alcanzó a ver el portal formarse frente a ella.

—¡Maldición! ¡No! —gritó Tairo al herir a su compañera.

La quetzal cae en picada, casi inconsciente, con el cuerpo humeando y su ropa rasgada. Solo puede ver las nubes generando estática, y la silueta oscura saliendo de ellas, aproximándose con rapidez.

—¿Por qué lo hice? —pensaba con las pocas fuerzas que le quedan— ¿Por qué, a pesar del terror que me causaba? ¿Cómo pude hacerlo?

Entonces, el águila ígnea se alza al lado de Ketsi. Ella lo ve con claridad, a pesar de solo ser por una fracción de segundo. Sus alas están encendidas de nuevo, no solo eso, también parte de su cabeza hasta el pico, aunque solo un poco. Los ojos le brillan al rojo vivo, y un poco más de fuego sale de sus zapatos, quemándolos poco a poco, a pesar de tener que resistir altas temperaturas.

Se interpone entre el oscuro y su amiga, comenzando otro combate cercano.

—Quizá… Quizá sea por ellos. Por él. Raikasai, Arkezz, Tairo, Michael. Todos ellos también tienen miedo. Yo… quiero serlo también. Quiero ser… valiente —lágrimas salen de sus ojos, lo último que ve antes de desmayarse es a su compañero pelear y las nubes desvaneciéndose.

La chica cae con fuerza, se levanta mucho polvo al momento que aterriza, pero no es por ella, sino por Tairo, quien dejó de lado todo para correr y atraparla.

El tigre está exhausto, perdió mucha energía al crear esa tormenta. Con delicadeza, deja a Ketsi en el suelo, y voltea para ver el combate aéreo.

Noctis no requiere cargar más de un segundo para disparar rayos o esferas de energía oscura, pero Raikasai ve venir cada ataque y lo esquiva con agilidad para luego contraatacar. Con cada golpe y patada que arroja, dispara también una potente llamarada que Noctis debe esforzarse por esquivar sin ser alcanzado por un láser o proyectil del Equipo Especial.

Los golpes que se han alcanzado a conectar ambos se pueden contar con una sola mano. El oscuro es más rápido, pero el ígneo es feroz. El cuerpo de Noctis está demasiado dañado como para soportar más quemaduras.

No se da cuenta, pero los zapatos de Raikasai están reducidos a solo sandalias rojas por el calor, hasta que dejan los pies del ave desnudos, cubiertos solo con fuego. El intenso calor hace brillar de rojo las garras del chico. Al darse cuenta, no duda en usarlas también. Arroja varios ataques para obligar a Noctis a abrir solo defensas en reacción, luego, toma la auténtica postura de un ave de caza para lanzar sus garras al rostro del oponente. Noctis solo esquiva el primer ataque, pero recibe el siguiente justo en el ojo.

El efecto de fuego en las garras de Raikasai provoca una severa quemadura en el corte del oscuro, quien retrocede mientras grita por el inimaginable dolor.

Cegado, se cubre con ambas manos, intentando frenar su sufrimiento, sin éxito alguno. Es interceptado de inmediato por el ave de fuego, quien lo toma del cuello y lo jala de regreso a tierra firme. Al estar a un par de metros, lo arroja con todas sus fuerzas para estrellarlo en la tierra. Luego, planea para aterrizar lejos.

Todos ven impresionados el resultado del combate. Raikasai está de verdad exhausto, con problemas para permanecer de pie, así que decide inclinarse para descansar. Tairo permanece al lado de Ketsi, aun inconsciente.

Noctis se levanta de inmediato. Un solo ojo abierto, pues el otro está sellado por una gruesa cicatriz vertical casi negra, pero aun brillando un poco por el calor.

No se tambalea, y se dispone a ir contra Raikasai mientras el resto de agentes y guerreros apunta, pero recibe un disparo. No lo vio venir porque no es energía, es una capsula que se pega a su cuerpo y deja salir una potente descarga eléctrica que lo inmoviliza. El responsable no se hace esperar. Con su única ala sana, toma del cuello al oscuro y lo derriba, inmovilizándolo con una llave sencilla.

—Noctis, en nombre del Equipo Especial y de todos aquellos que lastimaste, quedas arrestado. Tu destino será pasar el resto de tus días encerrado en P.A.S.S.E.

—Agh… Ese lugar. He escuchado hablar de ese sitio… Tsk —recupera el aliento, se ve rodeado de agentes y guerreros—… La Prisión de Alta Seguridad para Seres Especiales, el lugar donde encierran la peor escoria de Mobius. ¿De verdad me consideras digno? Argh… Es un honor.

—Deja de hablar. Devuelve las esmeraldas que robaste ¡o yo mismo te las sacaré a la fuerza!

—Gracias por recordarme que me queda otra alternativa.

—¿Qué?

De repente, un fuerte pulso de energía empuja lejos a todos los agentes alrededor. Noctis se alza de nuevo, levitando a pocos centímetros para aterrizar con calma. Las cuatro caos se hacen presentes, flotando sobre él.

—Los subestime. A pesar de que vi cómo fueron capaces de enfrentar y liberar a mis marionetas, me atreví a subestimarlos. Para colmo, el no haber dormido ni comido en días en serio que me afectó. Menos mal que cuento con ¡baterías de repuesto!

Entonces, las absorbe de vuelta, obteniendo todo su poder. Un aura de cuatro distintos colores intermitentes lo rodea, hasta que se torna dorada. Sus heridas sanan, aunque no por completo, pues aún se nota el sitio donde hubo quemaduras. La cicatriz se vuelve solo un poco más delgada, y puede abrir su ojo al fin. Para su sorpresa, ese ojo quedó ciego, cicatrizado por dentro también; perdió mayor parte de su color.

—Tsk… No pude reparar todo el daño… ¡Rgh! ¡Esto no se va a quedar así!

No tardó en encontrar a Raikasai con la mirada. Se dispone a atacarlo, pero un ligero temblor interrumpe la escena. Resulta fácil encontrar el origen. La pequeña montaña de escombros tiembla con fuerza, haciéndolos caer, como si algo intentara abrirse paso entre todas las rocas. Luego, una enorme luz es disparada hacia el cielo, dispersando los escombros lejos del sitio. Todos se cubren, pero no dejan de observar.

La Esmeralda Maestra se muestra sobre lo que queda del templo, posándose con perfecto equilibrio y elegancia. Entonces, comienza a brillar. Una silueta conocida se forma frente ella.

—No puede ser, ¿acaso es…?

—Ar…kezz —terminó Ketsi, recobrando la conciencia.

Todos observan asombrados al Ser Lumínico manifestándose de vuelta. Su cuerpo y ropa están restaurados por completo, como si nunca hubiera peleado. Abre los ojos, su primer instinto es voltear a todos lados, nervioso, pero, al reconocer la situación, recupera el aliento. De inmediato, cierta persona se comunica con él, sin ocultar ninguna emoción.

—¡Arkezz! ¡Arkezz! ¡Estás vivo! ¡Maldita sea! ¡¿Tienes idea del susto que me diste?!

—Je, je, también me alegra saber que estás bien, Michael.

—Entonces —interrumpió Noctis—, lo lograste. A pesar de todo, sin tener ninguna experiencia, solo lo lograste. Te ocultaste dentro de la esmeralda madre, restauraste tu cuerpo y energía, y lograste salir como si fuera cualquier cosa. No esperaba que lo lograras. No esperaba nada de ninguno de ustedes, y aquí estoy, pagando el precio.

—¡Ya basta, Noctis! Esto no tiene por qué seguir. Existen otras maneras de cambiar el mundo.

—No… Ni siquiera lo intentes… No pienses más en intentarlo… ¡Acabaré contigo! ¡Con todos ustedes! ¡Destruiré cada fragmento de luz que quede en el mundo cuando haya terminado! ¡Maldito seas, Arkezz!

El dingo se pone en guardia al ver la ira de Noctis, cuya energía se hace más presente con cada grito.

En poco tiempo, la isla llegará a su punto más alto. El sol se muestra sobre todos, abrazando una Isla Ángel lastimada, en espera de un desenlace. La batalla final, ha comenzado.


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"Mundo de Luz"