LA HEREDERA

CAPITULO # 9

Por. Tatiana Barreiro Z.

Candy miraba por la ventana envuelta en sus pensamientos, no sabía cómo podría soportar una fiesta donde estuvieran Eliza y Neil, eran unos completos demonios, sobre todo él, desde que se casó por suerte no había tenido otro encuentro con aquel hombre pero estaba seguro que no era de aquellos que se rendían fácilmente tenía que tener mucho cuidado.

La mansión estaba en todo su esplendor, los cientos de invitados llegaban en sus lujosos autos y limosinas, las Señoras de sociedad vestían sus mejores galas, y los caballeros, tan elegantemente vestidos, Albert ayudo a Candy a bajar del automóvil de la familia, mientras se encaminaban hacia el interior.

Eliza como siempre tan elegante en un vestido rojo, que resaltaba con su cabellera del mismo color, iba recibiendo uno por uno todos los invitados al percatarse de que llegaba Albert, se acercó a saludarlo.

-Hola tío me alegra mucho que haya asistido, todas las mujeres esta noche están encantadas de poder contar con su presencia.

-Hola Eliza y no vas a saludar a mi esposa Candy, dijo muy serio.

-Ah disculpe tío –Candy como estas dijo entre dientes.

-Muy bien Eliza gracias por invitarnos.

Al fondo en el salón divisaron a la tía Elroy que estaba acompañada por Stear Y Terry.

-Si nos disculpa vamos a saludar a la tía y tomados de la mano se alejaron de Eliza.

Después de los saludos protocolarios Albert tomo a Candy de la mano y se dirigieron a la pista era una oportunidad perfecta para tenerla entre sus brazos, pues no había bailado desde el día de su matrimonio.

En ese momento el mundo desapareció para ambos, se dejaban llevar lentamente al ritmo de la música, se miraban profundamente perdiéndose en la mirada del otro, Candy suavemente se apoyó en el pecho de Albert y se acercaron mucho más, era como si nada más existiera todos en la fiesta murmuraban que estaban enamorados y que hacían una hermosa pareja.

Unos ojos marrones observaba todo, -No te saldrás con la tuya Candy.

En el otro lado del salón Eliza echaba humo de la rabia, esa poca cosa acaparaba la atención de todos en la fiesta. –Esto no se queda así es mi fiesta es mía. A cada una de las chicas de la fiesta les hablaba de las maravilla de Albert que era un buen partido, muy guapo y sobre todo que no se había casado con amor, y que debían aprovechar.

Cuando Albert y Candy terminaron de bailar se dirigieron hacia donde estaba la tía, y en un descuido todas las mujeres solteras se acercaban a Albert intentando llamar su atención. La tía Elroy se asombró de ver tantas chicas asediando a su sobrino. -Debes guardar la compostura Candece, al ver la cara de preocupación de Candy, Albert es un hombre muy atractivo para las damiselas solteras y sobre todo por la fortuna de su padre recién heredada.

Terry noto lo triste que se había puesto Candy desde que Albert fue interceptado por un montón de señoritas, se imaginó que por culpa de su mentira ella no era feliz.

-Disculpe tía voy un momento al tocador.

Tuvo que irse muy rápido a lavarse la cara, ya no soportaba más ver a Albert rodeado de tantas mujeres hermosas ofreciéndose como en oferta. Se notaba que estaba disfrutando la situación porque todo el tiempo sonreía. –Que tonta eres Candy se decía así misma, Albert es el típico mujeriego que no se conforma con una sola mujer, Sé nota que le gusto, pero amarme nunca me lo ha dicho, es más siempre me ha humillado desde que nos casamos.. Tengo que ser fuerte no voy a dejar que Albert Andrew vea que me afecta verlo con otras.

Al salir del tocador Terry la esperaba. -¿Candy te encuentras bien?

-Si no te preocupes por mí me encuentro bien intentando fingir una sonrisa.

-A mí no me puedes engañar Candy te conozco desde pequeño ¿Tú no eres feliz?

-Terry por favor este no es el momento ni el lugar.

-Candy dijo intentando detenerla necesito hablar contigo yo soy la causa de tu infelicidad, he sido un canalla que no merece tu perdón dijo muy arrepentido.

-Terry por favor hablaremos después no estoy de ánimo para escucharte en estos momentos además no quiero dar pie a especulaciones entre los invitados. Y se dirigió dónde estaba la tía.

Albert estaba asfixiado de todas esas mujeres, ya lo tenían harto, para no se descortés fingía una sonrisa de vez en cuando. Pero los ojos siempre seguían con la mirada a su Candy, por un momento la perdió de vista –¿Dónde estaría? Y tampoco veía por ningún lado a Terry la rabia invadió todo su cuerpo. Hasta que la vio regresar a los lados de su tía y Stear y Terry llegando detrás de ella. Como pudo se fue alejando del circulo de damiselas para ir directo hacía ella no la iba a dejar ni un momento más sola. No podía confiar en ella tal vez y estaba pensado huir con Terry pensó con tristeza.

No estaba muy lejos del grupo de damas cuando se acerca Sara Leagan y Eliza.

-Williams me alegro mucho que decidieras venir a festejar el cumpleaños de Eliza, eres la sensación de toda la fiesta.

-Ahora no Sara por favor debo ir en busca de mi esposa todo exasperado.

-Pero Williams es una descortesía que no bailes con la cumpleañera hazlo por Eliza para que no sea el hazme reír de la fiesta por lo menos una sola pieza. Suplicó

Y sin darse cuenta otra vez estaba siendo arrastrado hacia la pista. Una sola pieza se dijo así mismo y me iré de esta fastidiosa fiesta.

Aunque se había prometido no llorar Candy sintió como las lágrimas querían salir de sus ojos sin control- Porque vine a esta estúpida fiesta, solo para ver el hombre que amo enredarse con una y otra que descaro.

Y sin decir nada a nadie otra vez se alejó necesitaba aire, un poco de espacio para poder respirar, hasta que se pudiera controlar, quería irse lo más pronto posible de allí, pero sabía que esto no era posible porque vino acompañada de Albert y no podía regresar sola, todos en la fiesta se preguntarían de su desaparición.

Llego a una especie de mirador, un poco oscuro, el ambiente allí era muy agradable, casi no se escuchaba el murmullo de las personas ni la música estridente, cerro sus ojos para aclarar sus ideas no creía soportar más esta situación se sentía físicamente cansada de pelear y de luchar por un matrimonio que no tenía ningún futuro.

Unos ojos marrones que fumaba un cigarrillo se percató de su presencia ya que la había seguido con la mirada durante toda la fiesta aprovecho el momento preciso donde ella estaba tan distraída tan absorta en sus pensamientos y a se acercó a ella.

-Me recuerdas dijo con grosería –Esta vez no te me vas a escapar. No sabes lo loco que me tienes

Candy al escuchar esa voz quiso reaccionar pero ya era muy tarde el tapaba su boca con una de sus manos mientras con la otra la atraía hacia ella.

-Estas tan sensual decía esa voz ronca mientras sin ningún reparo miraba con un deseo mal sano el escote de Candy y con la mano que tenía en la cintura la deslizo hasta el ruedo de su vestido intentando subir su mano por sus piernas.

Ella intentaba moverse, golpearlo pero todo intento era inútil, ya que al tomarla desprevenida la tenía a su merced, ella se maldecía en su mente por haberse alejado de la tía y de los chicos. Le provocaba asco imaginarse lo que Neil le haría, todo su cuerpo se reprimía por la repulsión que esos besos le estaban prodigando por su cuello.

Albert buscaba con la vista desesperado a Candy pero no la veía por ningún lado ¡Será que me ha abandonado? Pero no puede ser si Terry se encuentra bailando con una chica. Retiro con brusquedad a Eliza que lanzo su veneno antes de alejarse. –Si buscas a tu mujer la vi dirigirse hacia el balcón quien sabe para encontrarse con quien..

Con grandes zancadas Albert llego pero no la veía por ningún lado pero al acercarse más hacia un rincón oscuro vio a Neil besando a Candy por el cuello.

Y cual si fuera un muñeco de trapo, Neil fue jalado y empujado contra la pared por Albert. Mientras lo agarraba fuertemente del cuello.

-Qué es lo que te pasa imbécil ¿Cómo osas tocar a mi mujer y sin más le di un fuerte golpe en el rostro.

-Sueltaaame trataba de hablar Neil, a punto de ahogarse por lo fuerte que lo estaba ahorcando Albert.

Candy cuando al fin pudo reaccionar y vio como Albert estaba moliendo a golpes a Neil, sintió mucho miedo de que lo fuera a matar.

-Albert por favor ya déjalo no vale la pena, por favor no lo vayas a matar haz lo por mí.-detente decía en llanto.

Pero Albert estaba cegado por la rabia, no entraba en razón y seguía golpeando a Neil, por su mente solo pasaba la rabia y el pensar que si hubiera llegado solo unos segundos después, ese canalla se hubiera aprovechado de Candy.

Sara Leagan que buscaba a su hijo llego justo a tiempo para evitar una tragedia.

-Williams gritaba desesperada ¿Qué le haces a mi muchacho? Me lo vas a matar.

Al mirar a Candy se dio cuenta lo alterada que estaba y al fin pudo entrar en razón, y recapacito que no valdría la pena ensuciarse las manos con esa basura y tirándolo al piso al fin lo soltó.

-Escúchame bien Neil, jamás te quiero ver cerca de mi esposa, porque la próxima vez no vivirás para contarlo.

-Williams – murmuraba Sara.

-Y tú Sara mantente alejada de mi familia, eres la única culpable de todo esto por malcriar a tus hijos.

Se alejó llevándose a Candy con él. -dejando a Neil todo golpeado, mientras su madre lo auxiliaba.

Candy era arrastrada por un furico Albert que se disculpaba con la tía asegurando que Candy no se sentía bien.

Dentro del auto Albert no decía nada, iba manejando como un loco mientras veía como apretaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban completamente blancos. Quería agradecerle por haberla salvado pero no se atrevió a decir nada.

Al llegar a la casa salió corriendo con dirección a su habitación ya había tenido suficientes emociones por una noche para confrontarse con Albert.

En el momento en que cerraba su puerta Albert no lo permitió metiendo el pie para detenerla. Y abriéndola de un golpe.

-¿A dónde crees que vas? Tienes muchas cosas que explicarme.

-Yo a ti no te debo nada, en todo caso serías tú, el que tendría que explicarme tu comportamiento de esta noche, te has comportado como un vulgar soltero, enamorando a cuanta joven soltera se te ponía por el frente.

-no te vayas por la tangente, te vi Candy, toda la noche te seguí con la mirada, por un momento te desapareciste y ya te habías ido con tu amante.

-La verdad que estás loco, Albert has perdido la razón completamente, yo no tengo ningún amante.

-Niégalo en mi cara que tienes un amante, tu amante es Terry yo los vi.

-ja ja ahora sí que lo he escuchado todo, Terry mi amante empezó a reír sin parar por las estupideces que decía ese hombre. Él es mi amigo es más casi mi hermano la única familia que había tenido hasta ahora. Como puedes pensar tremendo disparate.

-Cómo te atreves a mentirme en mi cara Candy dijo acercándose a ella y tomando su barbilla para que lo mirara a la cara, mírame a los ojos y dime que todo lo que te digo es mentira, claro que no podrías si todo en ti es falso.

-Lo miro tan decididamente directo a los ojos y concluyo no tengo porque demostraste nada allá tú si no me quieres creer, yo tengo mi conciencia limpia, y ten la bondad de retirarte de mi habitación estoy muy cansada y lo único que deseo en este momento es descansar.

-Candy, Candy dijo agarrándola fuertemente, no sé qué clase de embrujos le haces a los hombres que todos enloquecen por ti.

-La verdad no deseo continuar con esta plática. Pensó no quiero adentrarme en esos terrenos peligrosos.

-Cuál es tu secreto Candy, para tener a todos los hombres rendidos ante ti como esclavos, musitaba mientras besaba su cuello, Terry, Stear, Archie, hasta el mismo Neil que fue capaz de forzarte, no sé qué hubiera pasado si no hubiera llegado, no me lo puedo imaginar, ni yo he podido salvarme de tus encantos, estoy hechizado por tu mirada.

-Suéltame Albert dijo desesperada acaso estas borracho, o qué.

-No querida esposa estoy más lúcido que nunca y hoy mismo voy a probar de tus encantos al tiempo que la tomaba por la nuca y la besaba en los labios.

-Candy trataba de empujarlo y golpearlo en el pecho no podía dejar que él se aprovechara de ella, no así no quería de ese modo, pero todo intento por alejarlo era inútil sin hacerle daño la seguía besando con determinación, con tanta dulzura que ella se le hacía casi imposible resistirse, al principio sus labios se cerraron con determinación pero cuando Albert fue disminuyendo su presión en su cintura y los labios ya dejaron de obedecerles se habían rendido ante las sutiles caricias a los que eran sometidos.

-Candy susurraba Albert por favor no te resistas, quiero que disfrutes esta noche como nunca antes en tu vida, déjame demostrarte lo mucho que te deseo, lo mucho que deseo hacerte mía.

-¡Albert! dijo Candy toda sorprendida por su sinceridad. Sentía que sus labios temblaban ligeramente mientras nuevamente eran capturados por los otros labios y poco a poco abrió la boca para que el profundizara más esos besos, para que sus lenguas bailaran al ritmo del amor, sintió como esas manos grandes la empezaron a tocar por todo su cuerpo, subiendo desde sus glúteos hasta su espalda, y nuevamente bajaban.

Y sin darse cuenta sus prendas empezaron a deslizarse por su cuerpo primero fue el vestido que cayó al piso por sus pies, y luego con tanta rapidez su brasier también caía.

Albert se quedó deleitando mirando a Candy desnuda, es que nunca había conocido a una mujer tan hermosa, era tan blanca como la nieve, y al empezar a besar sus hombros desnudos sabía tan delicioso una mezcla de agua salada de mar, o algún exquisito vino, fue bajando sus besos hasta querer recorrerlo todo centímetro a centímetro, quería depositar en cada rincón de su cuerpo su huella, sintió como Candy temblaba por la forma en que él la estaba estimulando y nuevamente besando sus labios la llevo hasta la cama, donde muy suavemente la acostó y se colocó encima de ella. Estaba loco por esa mujer la deseaba tanto que le dolía el cuerpo y el corazón por el esfuerzo que hacía por controlarse quería que esa noche durará lo más posible. Empezó a deslizar sus dedos desde sus senos hasta el ombligo, y después un poco más abajo hasta llegar a su vellosidad, se detuvo para mirar la expresión en los ojos de Candy era de miedo.

-Relájate mi amor te prometo que no te lastimare. Dijo en un susurro

Ella se recostó otra vez en la cama cerrando los ojos, él nuevamente empezó deslizando su dedo índice por su vellosidad hasta llegar a su interior suavemente empezó tocándola alrededor, Candy al principio se resistía cerrando un poco las piernas, pero a medida que sentía como el placer subía desde su entrepierna hasta arriba haciendo que sus senos se pusieron más duros y rígidos, se dejó llevar por las sensaciones que le ocasionaban esas caricias tan íntimas.

Albert se sintió completamente extasiado al comprobar que ella estaba lista para recibirlo dentro de ella volvió a tomar uno de sus senos entre sus manos y siguió con caricias alucinantes que a los dos los llevaba a la locura.

Sentía como Candy se retorcía de placer hasta que ya no aguanto más tenía que hacerla suya, no podía soportar ni un segundo más esa dolorosa tortura que sentía en su interior.

Con su lengua subió besándola hasta los senos y después la volvió a besar en la boca con todo el deseo que sentía por ella.

Albert se colocó encima de Candy cubriéndola con todo el cuerpo, para fundirse en un solo cuerpo, ella tenía los ojos cerrados para disfrutar más el momento. Y en murmullo le dijo suavemente.

-Candy no me prives el placer de tu mirada, quiero que me mires mientras te hago el amor y fundirme en tus ojos esmeraldas.

Albert vio con placer que Candy abría sus ojos, percibió el miedo reflejado en sus ojos, pero no supo porque, y en ese momento empezó a introducirse lentamente adentro de ella, con su miembro empezó a penetrar en el palpitante interior de su mujer topándose con una barrera que le impedía el paso por un momento sintió pánico al sentir que algo se desprendía dentro de ella al mirar el rostro de Candy grandes lagrimas resbalaban de su mejilla por el dolor, en ese momento se paralizó en seco al comprobar que había lastimado a la mujer que más amaba en el mundo. Pero ya era demasiado tarde pues él se encontraba totalmente dentro de ella.

-Candy mi amor dijo besándola en su frente, lo siento tanto no quise lastimarte, yoo yo no sabía. Todo atormentado.

-Albert, yo también lo deseaba que me hicieras tuya.

Después de unos minutos en que con besos la consolaba y le pedía perdón, y mientras con sus manos le acariciaba su angelical rostro. Sintió que Candy pedía que continuara, su movimiento se lo decía, su cuerpo se pegaba tanto a él, que le producía tanta ansia, tanto dolor porque aún se encontraba dentro de ella.

Con lentos movimientos empezó a moverse suavemente, tan delicadamente pues tenía miedo de volver a lastimarla, su cuerpo se estremecía del placer que le derrochaba su mujer, ella poco a poco se olvidó del dolor y se entregaba a la pasión al igual que él, fue incrementando las embestidas, al ver como esos ojos verdes lo miraban con deseo con ganas de más, nunca ni en sus sueños más loco se imaginó que Candy fuera tan ardiente, ella coloco sus piernas alrededor de su cintura invitándolo a adentrarse más, sentía que quería llegar al último rincón de su ser llenarla completamente de todo el amor que sentía por ella, una y otra vez la penetraba, ella se aferró fuertemente a sus hombros le faltaba el aire y la respiración, la escucho respirar con dificultad al igual que él, y fue solo un susurro pero él tenía que decirle todo lo que la amaba.

-¡Te amo Candy! Con todo mi ser, siempre has sido tú solo tú, eres la mujer que siempre he esperado.

Nunca supo si ella lo escucho pero se sentía bien consigo mismo, por al fin haber admitido todo lo que abrigaba en su corazón.

Cuando llegaron al clímax de su deseo, Candy se apretaba y se frotaba más a su cuerpo y temblaba del deseo, y justamente allí el llego a la cima de su pasión, para finalizar al mismo tiempo, y la lleno completamente del fruto de su ser, no queriendo apartarse nunca más de su amada.

Allí se quedó por unos instantes, encima de ella derramando besos por todo su rostro, y completamente loco por Candy.

Rodó y la coloco a su lado para abrazarla, y con ese abrazo se quedaron profundamente dormidos.

El sol de la mañana penetraba por la ventana, los parajillos entonaban su cantico matutino, Albert fue despertando y su corazón se hizo chiquito al ver a Candy con sus cabellos esparcidos por la almohada, con un leve color rosa en sus mejillas, y una sonrisa, parecía un ángel bajado del cielo. Despacio y sin hacer ruido se levantó hacía la ventana quería aclarar sus ideas, todo este tiempo estuvo humillando y despreciando a Candy sin razón, y ella no había hecho otra cosa que decirle la verdad. ¿Pero qué clase de hombre soy, se preguntaba? Es que acaso los celos me tenían ciego, como no pude ver, que ella es tan inocente, tan honesta que nunca hubiera sido capaz de entregarse a otro hombre como su amante.

Y es que recordar la forma en que se habían entregado la noche anterior, sin reservas, sin limitaciones, hacía que su excitación fuera evidente, Candy Candy, como pude estar tan empecinado, en creerte culpable que no vi más allá que el vil testimonio de Terry era claro, que él lo había engañado sentía tanto deseo de ir en ese momento e ir a matarlo por todas las calumnias que lanzo en contra de su amada.

Pero sobre todo sentía rabia y decepción hacia su persona, como me deje llevar por una simple patraña debí averiguar, investigar, preguntarte antes de caer en provocación.

¿Ahora como podré mirarla a la cara, cómo decirle que le he ocasionado un dolor innecesario, como podré cargar con la culpa de todo lo que la he hecho sufrir desde que nos casamos. No podía decirle nada no quería que ella se molestará, tenía que guardarse para sí todas las dudas que tenía hasta la noche anterior, sabía que ella jamás lo perdonaría que hubiera desconfiado de ella a tal punto de creerla amante de otro hombre.

-Candy- suspiro -no me puedo imaginar la vida sin ti. Lamento mucho haber dudado de tu pureza, es que toda tu eres tan cándida, tan sincera que no he conocido mujer igual a ti.

Al abrir los ojos pensó que todo había sido un sueño, se ruborizo al recordar la noche tan mágica que había tenido, nunca se imaginó que amar fuera algo tan indescriptible que no tenía palabras para expresar todas las emociones que se agolpaban en su pecho.

Con sus manos buscaba a su esposo pero no estaba en la cama, desilusionada pensó que él se había aprovechado de ella, para luego dejarla sola.

Pero al mirar hacia la ventana lo vio parado junto a ella mirando al horizonte sin ver nada, perdido totalmente en sus pensamientos, parecía un hombre atormentado, no uno que hubiera disfrutado de una noche tan maravillosa.

El temor la invadió será que él no me ama lo suficiente y está arrepentido de lo que paso entre nosotros.

-Albert suspiro para sí, yo no me arrepentiría de esta noche aunque en este momento nunca más te volviera a ver me quedaría con el recuerdo de tus caricias.

Sintió un calor al sentir en su espalda que alguien lo miraba intensamente, y al darse la vuelta allí estaba Candy, con su cabello alborotado y enredado, sus labios hinchados de tantos besos que se dieron, y un ligero rubor en sus mejillas.

CONTINUARÁ….

¿Albert le pedirá cuentas a Terry por las difamaciones en contra de su esposa Candy?

¿Qué justificación le dará Albert a Candy por haberse comportado como un canalla?

¿Será que al fin después de la noche tan íntima que pasaron vivirán felices.

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