9. Dos de copas
Se forzó a tranquilizarse. Porque no podía ser, simplemente no podía. Él mismo había dicho que no podía salir de esa misma casa, que era como una jaula con complejo de matrioska ideada solo para mantenerle dentro. Y que la única razón por la que aquel montón de cimientos, ladrillo y madera no salía volando por los aires en una columna de humo y fuego era sólo porque ella estaba dentro. Y le era útil.
Pero al estrechar los ojos, simulando que le dolía la cabeza más de lo que lo hacía, se pudo fijar en que el maldito cuervo de ojos amarillos ni siquiera se posaba con corporeidad sobre el alfeizar. Que la ventana estaba abierta y la criatura era ese cúmulo de humo negro y espeso que reconocía como su firma.
Le había dicho que se fuera, que la dejara tranquila, que necesitaba espacio después de lo ocurrido. Y ahí seguía rondándola. Aquello estaba mal, muy mal. Le ponía los pelos de punta. Porque era incapaz de predecir su siguiente movimiento, su actitud o su intención.
Y mientras ella fuera la única que tenía que lidiar con él, casi no tenía ningún problema. Pero ahora, precisamente ahora, que sus amigos le habían sorprendido llamando a su puerta sin previo aviso, y con todo el derecho a hacerlo, precisamente ahora es cuando necesitaba que se mantuviera tranquilito y callado en su rincón.
No le hizo falta su recién descubierta sensibilidad en la Fuerza para saber que no sería así.
Qué lista eres, gorrión…
Su cabeza se movió de lado a lado, buscándole, intentando divisar una sombra en cualquier pared, en cualquier esquina. Pero el origen de su voz parecía originarse en su misma cabeza. Sus ojos volvieron a dirigirse a la ventana y ahí seguía el cuervo, mirándola de lleno, sin que sus amigos parecieran conscientes de él. Como si sólo Rey pudiera verle.
Y si era así, tendría que aprovecharlo. Porque no esperaba tener que explicarles por qué se movían las sombras de su casa, o porque hablaban los espejos. O por qué había un hombre de dos metros con cuernos en su casa.
-¿Queréis algo de beber? – Les ofreció con cortesía, haciendo amago de levantarse y cayendo de nuevo sobre la silla ante el empuje que ejerció Finn sobre sus hombros, negándose a que se levantara.
-No te preocupes, Rey, sé dónde está la nevera. – Dijo Poe, con esa sonrisa canalla que le caracterizaba, y que le decía que sus ojos iban a cacer primero en la lata de cerveza que en la opción de beberse un saludable zumo.
Sin embargo, tan pronto como abrió la puerta de la nevera, esta se cerró de golpe a punto de pillarle la mano. Rey boqueó y su amigo se giró a mirarla.
-Tengo que arreglar el retroceso de ese cacharro. – Le dijo, queriendo excusar algo que, sabía, no era culpa de la nevera, sino del maldito cuervo que tenía en la ventana.
No quiero intrusos en esta casa, volvió a retumbar su voz entre las paredes de su cabeza. Rey se llevó las manos a las sienes, inquieta y empezando a enfadarse. Si sólo podía oírle ella diciendo tonterías, Kylo podría oírla perfectamente si ella volvía a "pensar en alto".
¿Perdona? Imprimió toda su ofensa en el tono. Te recuerdo que YO compré esta casa y nadie me avisó de que venía con un okupa. A ellos les invité, mientras tú venías en el pack. Así que chitón.
Modera el tono, pequeña, no olvides con quién estás hablando.
Modérate tú y relaja ese venazo intransigente de macho. Conmigo no funciona
…Veremos.
¿¡Cómo qué "veremos"!? ¿Pero tú quién te has creído? ¿Por quién me has tomado?
Sin embargo, no hubo respuesta al otro lado. Todo quedó callado y en orden, de nuevo, como si nada. Pero Rey no cometió el error de pensar que se había metido en su agujero a estar tranquilo hasta que Finn y Poe se fueran. No, seguro que haría lo posible por forzar su marcha.
Centró la mirada en sus amigos de nuevo y se dio cuenta de que había estado moviéndose como si él estuviera ante ella o hubiera podido verle, actuando como una loca. Perfecto, justo lo que necesitaba para confirmarles que Hux había sido una alucinación.
Sacó fuerzas de flaqueza y ella misma se levantó y fue a la nevera, sacando la cerveza para Poe y volviendo a cerrar, como si nada… Aunque también haciendo algo parecido a marcar territorio.
Esta es SU casa. Suya. Ni siquiera tendría que estar luchando por ella, ni por su dominio, ni por poder darles algo de beber a sus amigos. Por favor, es que resultaba absurdo si se pensaba con frialdad.
No hay nada frío en ti desde esta mañana.
Ahí estaba, de vuelta a la provocación. Y ella, sin poder evitar que se le enrojecieran las pecas cuando su mente se vio asaltada por una sucesión de diapositivas entremezcladas entre su perspectiva al mirarle y la del demonio al no quitarle el ojo de encima. Y con el calor en las mejillas delatándola, Finn empezó a mirarla con seriedad.
-¿Estás segura de que no sería mejor ir al médico? - Quiso saber con preocupación, acercándose a ella y poniéndole la palma de la mano en la frente para sentir si tenía fiebre. Un gruñido hizo retumbar las paredes. Pero sólo pudo sentirlo ella. Rey puso los ojos en blanco ante su actitud, sirviéndole de respuesta a ambos.
Más vale que te comportes. Y lo que le respondió fue un suave murmullo de risa.
¿O qué, pequeña? El cuervo revoloteó nervioso en su ventana, disolviéndose en el aire y haciendo que esta se cerrara con un golpe seco que sobresaltó a los tres presentes. ¿Te crees preparada para jugar a esto conmigo? Sin embargo, la única que no miraba hacia la ventana sino hacia el resto de paredes, como si escuchara susurros, era ella. Conozco juegos más divertidos.
No quiero jugar contigo. Te he dicho que quiero estar tranquila.
No es como si me hubieras dejado opciones, pequeña.
Sí, claro, ahora cúlpame a mí de que tú seas un idiota impertinente con necesidad de atención.
Y el estrépito de una puerta cerrándose con una fuerza capaz de haberla sacado de sus goznes invadió la casa. Sus amigos volvieron a mirarla y ella sólo pudo encogerse de hombros.
-Es una casa vieja y estas cosas pasan cuando te dejas las ventanas abiertas, que hay corriente.- La risa socarrona de Kylo, resonando con fuerza en su cabeza, le hizo arrugar el rostro más de lo habitual.
-O… Quizá sea un fantasma de la Fuerza.- Empezó Poe, volviéndose hacia Finn, quien tenía ciertas reticencias con ese tema.
-Poe…- Le llamó la atención su compañero.- No existen los fantasmas de la Fuerza.- Rey tragó saliva mientras se daba la vuelta, maniobrando y sirviendo las bebidas, escuchando a Kylo reír de nuevo en su cabeza.
-Basta.- Le recriminó mentalmente, obviando la conversación que se desarrollaba a sus espaldas entre Finn y Poe.
-Empiezo a figurarme dónde está el punto de partida de todas esas ideas equivocadas en tu cabeza… Porque creo que he dado con los culpables.
-Cállate…
-¿Quieres que les descubramos las sendas de la Fuerza juntos?
-¡No!
-¿No? Pobrecitos ¿No te da pena que vivan en una mentira?
-¡NO!- Chilló. Tanto mental como físicamente, acallando de golpe la charla entre sus dos amigos, quienes viraron hacia ella, observándola. Rey se mordió el labio y se pasó la mano por la frente.- Por favor, déjame en paz… Déjales en paz.
-¿O qué?
-Eres insufrible…- Lloró en su cabeza, cansada, agotada.
No estaba en condiciones de aguantar nada, mucho menos a ese condenado demonio haciendo de las suyas, quizá provocando que se apartaran las dos personas que Rey más cerca necesitaba.
Hubiera seguido maldiciendo o rogando a Kylo que les dejara tranquilos pero una mano en su hombro, que le arrancó otro gruñido al demonio en su cabeza, hizo que Rey frenara todos sus pensamientos y se girara hacia ellos.
Tanto Finn como Poe compartieron miradas mutuamente, hablándose en silencio, hasta que Finn captó la atención total de la chica.
-¿De verdad que estás bien?
Y Rey fue a decir algo hasta que, sin querer, pudo percibir preocupación. Miedo. Un pánico persistente y que ella conocía. Un miedo que aparece justo cuando necesitas hablar con alguien en el momento menos indicado. Y el terror se le empezaba a contagiar. Bajó los ojos hacia sus amigos, quienes seguían llevando la placa, el arma… Y ese maldito bloc de notas que Finn siempre llevaba encima. Alzó los ojos a ellos.
-¿Estáis de servicio, verdad?- Aquello que había intentado formular como una pregunta, sonó tan pesado como una acusación. Finn retrocedió un poco.- Ha pasado algo…- Susurró. Y por la forma en la que Poe miró a Finn, Rey empezó a temerse algo.
-Te dije que no era un buen momento…- Gruñó entre dientes Finn, quien se dio la vuelta, pasándose la mano por la cabeza e intentando que Rey no pudiera percibirle… Pero lamentablemente no fue así.
-¿Qué pasa?- Exigió Rey pero sólo sintió la mano de Poe abarcarle la muñeca, tirando de ella hasta lograr sentarla de nuevo en la cocina mientras ellos dos se quedaban de pie.- ¿Qué?- Empezaba a enfadarse.
-Han encontrado una relación… Con las fotografías que tenemos de los cuerpos. Los del asesino.- Rey se quedó estática. Poe se pasaba las manos por la cara y apoyó la cintura en el canto de la mesa, quedando frente a Rey, quien le miraba sin entender nada.
Una sombra que percibió por el rabillo del ojo, moviéndose a su derecha, hizo que apretara el puño. No, no era un buen momento para absolutamente nada. Ni para las bobadas de Kylo, ni para aguantar un golpe como lo que fueran a decirle, ni para estar dolida por la Fuerza… Para absolutamente nada. Vio la zarpa de Kylo materializarse casi imperceptiblemente en el hombro de Poe, y Rey se hinchó, haciendo ademán de levantarse y frenarle. Lo que menos quería era que le tocara y Poe quedara a su merced pero entonces…
-Rey… Han encontrado marcas que coinciden de forma idéntica en el cuerpo de la última víctima y tus padres…
Kylo se detuvo.
Rey se detuvo.
El mundo entero, la galaxia, frenó su ritmo con aquella confesión. Rey sabía lo que iba a seguirle. Y ya estaba empezando a negar con la cabeza cuando Poe prosiguió mientras Kylo se volatilizaba. Desapareciendo.
-Hemos pedido que nos traigan el expediente del caso de tus padres y…- La chica empezó a negar con la cabeza y Poe frenó en seco, cambiando de estrategia.- Rey, sólo necesitamos que…
-No pienso reabrir ese expediente.- Ella plantó ambas manos sobre la mesa, levantándose.- Quedó cerrado, desvinculado del caso porque el patrón era diferente al resto. Punto.
-Sí pero…- Intentó Finn.- Rey ¿Y si la muerte de tus padres fuera un caso concreto que…?
-Debéis marcharos.- Habló, dirigiéndose a la puerta de salida, impidiendo que nadie dijera nada.- Ahora.- Insistió.
-Pero Rey…
-¡Ya hablaremos mañana, Poe!- Gritó, un poco más alto. Abriendo la puerta y señalándoles la salida mientras los dos chicos cerraban la boca y compartían miradas.
-Léete el nuevo informe del equipo de investigación, por favor…- Habló Finn, tendiéndole una carpeta con archivos que Rey dudó en atrapar.- O al menos…
-Hablamos mañana.- Sentenció, atrapando aquella carpeta y cerrando la puerta, alejándoles. Dejándoles fuera.
No.
No podía ser.
El caso de sus padres se había quedado al margen pese a presentar similitudes con los demás asesinatos pero fue tan… tan en disonancia con todo lo demás que se quedó fuera, como un eslabón perdido. Como una pieza que parecía pertenecer a otro puzle.
Rey aprovechó el momento para correr escaleras arriba, subiendo a pasos acelerados, uno tras otro, lanzando la carpeta bien lejos y escondiéndose bajo la cama, acurrucándose y empezando a sollozar. Y cerrándose en banda a todo. Sintiendo que esa sugerencia, ese ejercicio, ese "no te enredes en tus pensamientos" hacía más efecto que cualquier otra cosa que hubiera hecho para evadirse. Y sólo se quedó allí, queriendo estar sola… O eso se forzaba a creer.
Kylo había decidido alejarse cuando Poe mencionó aquello, cayendo en la cuenta de algo que había pasado por alto.
Si Rey era su supuesta estrella sin nombre, si Rey había vivido todo lo que había vivido, todos aquellos esquivos a la muerte, el orfanato, todo… Debería tener un punto de partida que conocía de sobra. Un punto de partida que, hasta ahora, no había tenido en cuenta. Y es que sus padres debieron morir igual que los suyos… Sólo que, por algún motivo, si Snoke era el responsable, no debió dar con Rey para poder hacerle lo que le hizo a él. Y sentía cierta envidia pero un alivio brutal al pensarlo.
Porque no soportaba la idea de visualizarla pasando por los mismos aros que le hicieron pasar a él.
Se materializó de nuevo en la cocina, donde se había bloqueado, sin saber el tiempo que había transcurrido desde que había decidido irse, darle su espacio. Pero Finn y Poe ya no estaban. Apenas había ya rastro de su olor… Pero no escuchaba a su pequeña. Ni la escuchaba, ni podía sentirla.
Intentó imprimir su voz en su mente pero se encontró con un muro, con una niebla densa y oscura que le impedía calcular la distancia exacta.
Decidió actuar por instinto, yendo hacia la puerta principal y captando el olor de la chica, que ascendía por las escaleras. Conseguía olerla a ella casi tanto como su miedo y desesperación, y siguió el rastro hacia la habitación, donde se intensificaba.
Kylo andaba sin hacer retumbe con los pies, era casi una proeza debido a su tamaño, peso y complexión. Pero sabía hacerlo, le habían adiestrado para ser una jodida sombra en todos los sentidos… Y su vista dio de lleno con la carpeta, tirada con desprecio sobre la cama, donde el olor de Rey se hacía más fuerte.
Kylo se situó a los pies de la misma y con la Fuerza abrió el carpesano, pasando las hojas una a una, observando las fotografías, leyendo un par de líneas y meditando con cuidado. Definitivamente todo aquello tenía demasiada relación. Y habría seguido dándole vueltas al tema hasta que un sollozo le hizo alzar la cabeza, clavando la vista a la nada, prestando atención con los oídos. Y de nuevo un sollozo, un gimoteo… El aire cortado por hipidos violentos.
Se venció hacia un lado, observando el hueco bajo la cama, justo donde se intensificaba el sonido.
Se agachó con cuidado, quedando en paralelo al hueco. Apoyando ambas manos en el suelo y ladeando la cabeza para poder ver en su interior… No tardó en divisar la desgarradora imagen de su pequeña, llorando sin consuelo, con la vista perdida. Sin ser consciente.
La Fuerza recorriéndola con intensidad, cegándola, apresándola en memorias y recuerdos pero a la vez en la nada absoluta. Kylo se detuvo un momento a observar la horrible escena, viéndose a sí mismo, atrapado en aquel calabozo, llorando bajo lo que fue su cama en aquel entonces.
Y siseó, intentando llegar a ella con su voz. No se atrevía a descubrir todavía si la estructura de la cama era de metal… O de hierro. Pero de momento quiso quedarse al margen, también para no asustarla. Rey parpadeó en consecuencia y focalizó la vista en él, quien se quedó mirándola y ella devolviéndole el gesto.
Veía demasiado en sus ojos gigantescos. Le contaban la verdad a gritos, indicándole que la chica estaba peor que mal y él no había hecho nada por ayudarla. A decir verdad, no había hecho más que meter la pata una y otra vez…
-Déjame sola…- Gimoteó, captando ahora su atención.- Déjame…- Él volvió a sisear.- No estoy para tonterías…
-Perdóname.- Susurró guturalmente, sintiendo que lo había dicho tantas veces en tan poco tiempo que empezaba a dejar de ser efectivo. Rey desvió los ojos.- Perdóname por todo… Lo siento mucho, Rey.- Que pronunciara su nombre y no alguno de sus apelativos, llamó la atención de la chica, quién alzó los ojos a él otra vez.- Siento lo que pasó cuando…
-¿No te queda otra que intentar tenerme de buen humor contigo, verdad?- Atacó con la voz entrecortada, sintiendo que aquello iba a ser un acto kamikaze, pero llevándolo a cabo de todas formas.- Porque te hago falta.- Kylo la observó desde su posición.- Pero no te sale bien…
-Rey, nada en mi vida me ha salido bien.- Confesó, dolido. Llevando los ojos a las manos de la chica, entrelazadas la una con la otra, apretadas contra su pecho.- Y estoy atrapado en una naturaleza que no me pertenece… Pero es tan mía como si lo hiciera.- Ella le observó, tragando saliva mientras respiraba por la boca, sintiendo que tenía la nariz tan taponada a causa del llanto que no le quedaba otra vía para hacerlo.- No me han entrenado para el autocontrol… Y lo he tenido contigo.
-¿Quieres una recompensa por eso?- Volvió a atacar, venenosa. Kylo parpadeó, analizando aquello y negó con la cabeza con decisión.
-Haces que pueda confiar en ti…- Rey hipó una última vez, clavando sus ojos en los ambarinos de él.- Pero no he hecho nada para que confíes en mí y tú…- Avanzó una mano, lentamente, sintiendo el calor apoderarse de su palma. Era el hierro. Pero no retiró la zarpa y Rey no retrocedió tampoco.- Tú confías en mí.- Confesó, recordando cada vez que ella cerraba los ojos con él delante, recordando aquella madrugada donde la Fuerza les provocó un momento de intimidad, o cuando quiso tocarle. Alzó los ojos y observó que Rey tenía de nuevo esa expresión, esa incomprensión dibujada en la cara.- No te merezco, pequeña… Y ojalá pudiera irme y dejarte en paz pero no puedo.- Habló, observando que su piel se oscurecía aún más por el calor, quemándose.- Tócame y te daré todo lo que quieras de mí, pequeña. Pero si sales, te cuidaré. Y te prometo ser mejor maestro de lo que he sido.
Rey sólo, y como si fuera poco, se le quedó mirando, clavando sus enormes pupilas en las suyas, como buscando un punto en el que anclarse, echar amarras y esperar a que pase la tormenta que se sacudía dentro de ella. El silencio se multiplicaba por cuatro entre esas paredes, el silencio de ella, de él, de la casa y de la Fuerza que les rodeaba, permaneció pesado como un saco de arena cayendo a plomo. Y luego, un respingo. Y una solitaria carcajada seca, apartándole la mirada justo a tiempo…
¿A tiempo para qué? ¿Para quién?
-No necesito que me cuides como si no llevara toda mi vida haciéndolo solita, Kylo. – Estaba hartísima de echar de su vida a tíos con complejo de caballero de brillante armadura en busca de la chica a la que salvar, cuidar y proteger de todos los monstruos. Hasta que el monstruo resultaba ser ella. Sobreviviendo en su cueva. Y un demonio no iba a venirle a estas alturas con la misma cantinela. ¿Qué les pasa a todos? – Y ni siquiera sé lo que quiero.
Acto seguido reculó aun más bajo el somier, metiéndose aún más profundo, en su cueva, en la tranquilidad oscura y controlada de aquel pequeño sitio. Emitiéndole de su vida. Y él lo entendía. La chica había comprado esa casa para ser su refugio, y resulta que había tenido la mala suerte de estar él allí encerrado.
Fue a levantarse y marcharse de ahí, sin decir nada más, a volver a aquel plano triste, gris y frío en el reverso de las paredes y la realidad, donde toda constancia del paso del tiempo se perdía, donde cada día que pasara tendría que esforzarse para volver a sentirla, pero entonces, cuando sus ojos se intensificaron más en la oscuridad del hueco bajo la cama para observarla, encontró que Rey había desaparecido.
Frunció el ceño, ya no estaba allí abajo… Y entonces un movimiento en el colchón, bajo las mantas, llamó toda su atención, haciendo que alzara la cabeza hasta quedar a la altura. Y Rey alzó las sábanas con el brazo y volvió a mantenerle la mirada.
Entonces, Kylo sintió sus neuronas reconectándose con un chispazo que le recorrió toda la columna vertebral. Ella no se había apartado de él sino que se había movido hacia el centro de la cama para hacerle hueco. Y le invitaba. No podía creérselo. Era como si le volvieran a contar el cuento de la Fuerza, pero elevado a la enésima potencia.
Volvió a acercarse al borde de la cama, despreciando el progresivo calor del hierro de la estructura, plantó las garras sobre el colchón, justo ante su carita, y se inclinó sobre ella.
-Los demonios somos criaturas para el poder, la dominación, el miedo, el dolor y la guerra. – Alzó la zarpa hasta su cara, y no había miedo en su mirada. No temía, como haría cualquiera, qque le destrozara, y eso le rompía más a él que a ella. –Tienes que decirme lo que quieres de mí. – Acarició su mejilla con los nudillos, apartando sus mechones de pelo con una suavidad de la que carecían todos sus actos. – Porque a ti, mi pequeña, a ti te sirvo.
Cualquier otra persona, le hubiera apartado la mirada, hubiera chasqueado la lengua y se hubiera retractado de lo que fuera que quisiera pedirle. Pero ella… Rey mantuvo las mantas en alto y su mirada clavada en él, imperturbable, segura. Kylo incluso juraría que el verde selva de sus ojos se convertía en mercurio líquido.
-Quiero que vengas aquí, Kylo. – Reconocer su vulnerabilidad nunca había supuesto una fortaleza de ningún tipo, pero estaba decidida a dejar de darse de cabezazos contra los muros. Un día, sólo hay palabras indecibles y un dolor de doble filo. Porque mientras el tiempo pasa y no dices una sola palabra, todo el mundo hace como que respeta tu dolor indecible. – Necesito que me des un maldito abrazo.
Y no hizo falta nada más. Casi pudo sentir cómo el planeta se paraba, con el mismo estatismo que las partículas y átomos que les cubrían y les rodeaban, daba una larga respiración y cambiaba la dirección de su órbita, como si se hubiera abierto un aguajero negro al otro lado del universo. Casi pudo sentir la súplica en su interior como una verdadera prueba de resistencia y quien no pudo soportarlo un solo segundo más fue él, subiéndose al colchón sin importar cuánto quemara…
Sin haber podido prever que empezar a sentir cómo el pequeño cuerpo de la chica le envolvía y se enredaba con él, quemaba aun más, pero de una forma que aun no sabía identificar si era más misericordiosa o una tortura. Sus piernas entre las suyas, haciéndole sentir la ternura de sus muslos, sus pequeñas manos recorriendo su cintura hasta entrelazar los dedos a su espalda, y su cabeza recostada sobre su pecho. Casi era más ella quien le abrazaba a él.
Kylo dejó caer las sábanas sobre ellos, cubriéndoles y escondiéndoles del mundo entero, abrazándola, afianzando su agarre tan, tan cerca de su cuerpo, acurrucándose con ella mientras su pequeña parecía querer meterse entre sus costillas y guarecerse. Quiso decirle que ese no era un lugar seguro pero cuando su fragancia le golpeó los pulmones y toda su esencia le rodeó, se quedó sin aliento, dejándose acunar por su toque… Y por la forma en la que sus manos se colaban por debajo de su camiseta y las yemas de sus dedos jugaban a adivinar el código secreto de sus lunares en braille.
Cabeceó y hundió la cara en su pelo, llevándose consigo todo cuanto pudiera de ella, como el bastardo egoísta y avaricioso que era… Más aún con ella. Y Rey restregó la cara por su pecho, aspirándole exactamente igual que estaba haciendo él, embebiéndose.
Pasó las garras por su pelo, deshaciendo su recogido, enredándose con sus mechones antes de inclinarse aun más para besar su frente, tirando de su cabecita poco a poco hasta él. Pequeños toques con sus labios desperdigados por su piel hasta que alzó la cara y se atrevió a abrir los ojos para encontrarle de lleno, apenas unos centímetros de distancia, esos irises dorados que, de repente, hacían que dejara de tener las ideas tan claras. O más claras de lo que debería.
-No sé en qué piensas…- Habló, captando la atención de sus ojitos verdes, que habían empezado a recorrer su rostro sin querer.- Pero no es una buena idea.- Y suspiró con pesar, pasando de nuevo la mano por su rostro, retirándole varios mechones rebeldes que caían sin ton ni son por su frente.- Definitivamente no lo es, pequeña…
-¿No se supone que debes tentarme a hacer cosas que no están bien?- Él dejó de admirarla para centrarse en sus ojos, hambrientos y necesitados. Reconocía esa mirada… Una vez, una mujer que ya tenía hundida en su memoria le dijo que a veces, si se vivía lo suficiente, podías ver los mismos ojos en distintas personas… Y él se estaba viendo a sí mismo en ella. Y sabía lo que pedía, lo que buscaba. Era lo que él llevaba tiempo buscando y ansiando. Deseando.
Necesitaba a alguien.
-¿Acaso quieres que te tiente?- Ronroneó con un pesar que le apretaba la garganta con dolor. Dejó caer la mano sobre su pecho, donde Rey apoyó la barbilla y ahora era ella quien alzaba su manita, dirigiéndola hacia uno de sus cuernos, tocándolo con cuidado.
-Pensaba que ya lo hacías… Hasta que has hablado.- Kylo sentía un cosquilleo, ascendiendo por su asta, llegando a la punta y luego bajando en sentido contrario y descargando en la frente como si se tratara de una corriente eléctrica.
-Quizá sea un demonio de mierda… Uno nefasto.- Confesó, alzando una comisura como si se riera de sí mismo. Y Rey descendió su mano hasta posarla en su mejilla, aquella que Kylo tenía marcada sólo por sus propios lunares.- Casi igual que la idea que has tenido antes…
-Quizá…- Habló ella, mirándole. Sintiéndose como una pieza de metal atraída por un imán.- O quizá…- Kylo ladeó la cabeza, curioso y ansioso de poder seguir escuchándola.-…quizá no.
No sabría decir exactamente desde cuándo estaba ansiando poder tocarle, ni desde cuándo quería poder olerle como había hecho… Pero definitivamente, jamás sabría decir cuánto tiempo llevaba recreándose en cómo sería besarle.
Recorrió lenta pero decididamente los pocos centímetros que les separaban y posó sus labios sobre los de él, cerrando los ojos y sintiendo un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Uno que, además, se intensificó cuando empezó a sentir que Kylo comenzaba a devolverle el gesto, degustándola. Abrazando su cuerpo y apretándolo contra el suyo, temiendo que Rey se evaporara allí mismo de la misma manera que hacía él, de vez en cuando.
Él era un demonio, uno terriblemente poderoso, cruel y terriblemente violento. Le habían instalado esa metodología a la fuerza, a base de golpes, castigos y otros métodos que cuanto menos los recordaba, más "feliz" vivía. Y, al igual que a matar, también le habían enseñado a no temer a nada, que aquella era una palabra que jamás iría junto a su nombre a menos que se negara… Pero ahora, en ese momento, por primera vez, tuvo miedo y no se flageló al reconocerlo.
Tenía miedo de hacerle daño, de dejarse llevar demasiado, de desconectar y que cuando volviera a hacerlo se encontrara con una estampa desagradable.
Entonces sintió la lengua de Rey rozarle los labios, pidiéndole paso en silencio. En un húmedo y excitante silencio que empezaba a desesperarle. Y "¿qué hacer?" fue la pregunta que no dejaba de martillearle una y otra y otra vez. Incesante.
Esa era la palabra que definía ahora mismo su acción, incesante. Se forzaba a creer que quizá el beso le estaba desubicando tanto que no era capaz de corresponder a nada más, porque dudaba mucho que ese coloso no supiera besar bien. Volvió a insistirle, intentando abrirse paso con la lengua, sintiendo que en su interior estallaba una bomba de necesidad apabullante. Pero se encontró con él, de nuevo, sin devolverle el gesto.
Y poco a poco se fue separando de él, abriendo los ojos y encontrándole con los suyos cerrados hasta que lentamente los abrió, dando con ella, quién se mordía el labio y se pasaba la lengua por el mismo, sintiendo que todo le había sabido a poco.
Kylo alzó la mano, pasando los dedos por los labios de la pobre Rey, atrapando la saliva que había dejado en ellos con cada pequeña relamida. Y se deleitó observándola, atrapando ahora con sus dedos el mentón afilado de la muchacha que tenía encima de él. Perdido en la carnosidad de sus labios, en lo bien que sabían y lo suaves que eran. Finalmente, alzó los ojos hasta dar con los de ella, quién tenía esa mirada de incomprensión, de contención… Rogando por más.
-¿Por qué has parado?- Preguntó ella en un hilillo de voz que consiguió focalizar su mirada ambarina en sus ojos desesperados.
-Porque creo que debo avisarte una vez más…- Ella frunció el ceño mientras Kylo pasaba de nuevo el dedo por sus labios, rozándole en consecuencia la punta de la nariz con sus largas y afiladas uñas.- Si esto sigue así, pequeña…- Rey se reacomodó sobre él.- No habrá vuelta atrás.- Y Kylo recibió una risita como respuesta.
-Yo creo que ya hace tiempo que no podemos dar marcha atrás…- Bajó los ojos, contemplando las marcas de su pecho y pasando los dedos por cada una de las cicatrices, sintiéndolas bajo sus yemas mientras él admiraba lo bonita que era en cada ángulo que se le presentara. Y entonces alzó los ojos a ras de sus cejas, mirándole.- ¿O no?
Un gruñido hizo que Rey se aferrara a su cuello en lo que Kylo conseguía intercambiar las posiciones, quedando sobre ella, acorralándola en el colchón mientras ella se soltaba de su cuello hasta caer de espaldas, con aquella bestia endemoniada, agazapada sobre ella. Mirándola como si hubiera terminado de cazarla…
Kylo recorrió sus pecosas mejillas con sus manos y Rey admiraba como pese a aparentar ser dañinas o afiladas, eran hacedoras de las caricias más suaves y tiernas que jamás hubiera recibido.
-Dame permiso para besarte, pequeña…- Aquella frase provocó que la chica clavara sus ojos en él.- Dámelo, por favor.- Y le vio descender la cabeza con cuidado, recorriendo con su nariz en una caricia desde su clavícula hasta llegar al cuello, deteniéndose allí y dejando salir el aire por su boca lentamente, provocando que a Rey se le erizara la piel.- Por favor…- Y ella condujo sus manos, sujetándole por la barbilla y alzándole la cabeza hasta quedar frente a frente.
-Bésame…- Y esta vez fue Kylo quien recortó la distancia, atrapando sus labios.
Rey tuvo que aferrarse a su espalda ante la intensidad de la caricia, porque era esto lo que esperaba. A Kylo, en su estado más no esperaba menos de él, su aspecto no daba lugar a dudas. Y allí estaba, abriéndose paso con su lengua, adentrándose en ella, besándola, recorriéndola y asfixiándola de una forma que era endemoniadamente deliciosa. Rey correspondía con ganas, intentando seguirle el ritmo, notando el peso de Kylo, poco a poco, posarse sobre ella, aunque no en su total magnitud, sólo en un ademán de hacer que se sintiera aprisionada, que no iba a salir volando… Y lo agradeció.
La chica condujo sus manos, acariciándole la cara, las cicatrices, ascendiendo hasta llegar a su pelo, posicionándose y peinándole con los dedos mientras correspondía. Kylo se separó de su boca, dejando un rastro de besos hasta su cuello mientras Rey se ladeaba, exhibiéndoselo y dándole permiso en silencio.
Sintió primero un lametón y, acto seguido, sus dientes ligeramente afilados, clavándose con una suavidad pasmosa en su piel blandita y cálida, arrancándole un jadeo que erizó el vello de Kylo en consecuencia. Y la sábana que les cubría parecía un velo que les escondía de la realidad, mientras Rey empezaba a contonear su cuerpo bajo el roce de sus manos, sus dedos cálidos acariciando sus hombros, manteniéndola en el sitio, casi como si fuera completamente inconsciente del rayo blanco de calor que había recorrido su columna, desde mordisco en el cuello hasta la unión de sus piernas.
Sus labios y la punta de su lengua apenas rozaban la hendidura de sus clavículas y no podía, no podía creerse cómo era posible que sintiera tanto, tantísimo cada caricia, cada roce. Y cuanto más delicado, por no hacerle daño, más hambrienta le dejaba, como si su piel clamara a gritos por algo más, mucho más.
Kylo apenas estaba sobre ella y Rey sentía como si un campo magnético tirara de su esternón para llegar a él. Pero todo se quedó quieto dentro de ella, cuando le sintió posicionar una rodilla entre las suyas y alzar la mirada, esa mirada, hasta ella, como pidiéndole permiso mientras sus garras cosquilleaban en sus costados, colándose por debajo de la camiseta, recorrer su ombligo, sus costillas y cubrir su pecho sin provocarle una sola marca.
Ese fue el momento en el que Rey fue consciente de cuan sensible estaba, lo mucho que le había escocido su misma piel clamando por un contacto que no llegaba. Fue como el pistoletazo de salida para que su cuerpo enfebreciera, como si tuviera el infierno dentro.
-¿Sabes? – Su voz grave y ronca hizo que la chica entreabriera los ojos mientras su lengua recorría la línea de su mandíbula. – Desde que te vi, me pregunté si tendrías el cuerpo también lleno de pecas…
Ella misma se quitó de encima la molesta prenda antes de que sus manos volvieran a enredarse en los mechones negros de Kylo, justo cuando le vio sacar la lengua, esa lengua, y rodear el pezón antes de jugar con él, sin darse cuenta de que su manera de seguir su pulso también marcaba el ritmo con el que ella ondeaba su cuerpo debajo del suyo, rozándose con su pierna. Y, por supuesto, él lo sintió, como si eso hubiera sido suficiente para distraerle. Sin embargo, no se alzó a mirarla hasta volver a darle otro mordisco, regodeándose con la forma en la que su espalda se arqueaba, como si tirara de ella.
La mano sobre su pecho se arrastró hasta su cuello, con el pulgar obligándola a mantener el mentón bien alto, tanto que casi no podía verle a no ser que él lo quisiera. Un escalofrío la recorrió por entero cuando sintió su garra recorriendo su vientre hasta enredarse en la cinturilla de sus pantalones, justo cuando él separaba más sus rodillas entre las de ella y sus piernas se abrían aun más para contenerle, aun sin poder sentirle.
No hasta que se inclinó hasta ella, dejando caer su cuerpo duro y pesado sobre el suyo, hundiéndola en el colchón, y notando en ella cada centímetro de él a lo que respondió con un larguísimo suspiro muy, muy cerca de su oído. Sí, necesitaba eso. Que la sostuviera tan fuerte que ella misma pudiera sentirse real, retorciéndose bajo su cuerpo y jadeando justo cuando sintió su dureza.
Ni siquiera le dio tiempo a regodearse con la sensación cuando él volvió a sostener su cabeza, obligando a la chica a mirarle de nuevo, frenando su baile… cuanto pudo.
-Dime qué es lo que quieres, pequeña. – Y se relamió, sin poder contener una sonrisa a medida que veía cómo sus mejillas se coloreaban. – ¿Quieres que te diga lo que yo quiero? – Ella pareció relajarse, como si fuera la iniciativa en sus gestos lo que hacía que se sonrojara. – Yo quiero mirarte todo el rato. – No, aquello no iba con intención de se quitara la vergüenza de encima. – Dime qué es lo quieres. – Y con la garra que recorría la cinturilla del pantalón, su nudillo recorrió su vientre con una caricia.
-Quiero que… - Boqueó para coger aire y Kylo se apretó contra ella, haciendo que su cuello se arqueara y un jadeo escapara de su garganta antes de que sus manitas volvieran a enredarse entre sus cabellos, intentando sostenerse a su cuello. Lo único que consiguió así fue que la mirara aun más de cerca. Le mantuvo la mirada. – Tócame. – Le susurró en un suspiro quedo contra sus labios.
-¿Con estas manos, pequeña? – Y recorrió su labio inferior con el pulgar, pellizcándolo al final antes de volver a besarla, ondeando su cuerpo al ritmo que marcaban las caderas de la chica, que arrastraba sus manos por sus hombros, por sus bíceps y sus brazos hasta coger sus muñecas e interrumpió el beso para besarle justo en las palmas de las manos, primero una y luego la otra, casi con devoción.
-Con estas manos. – Admitió, antes de guiarlas de nuevo a su cuerpo, los dedos rozando sus pechos, sus garras haciéndole cosquillas en el cuello, completamente consciente del daño que podían hacerle y sin que eso le importara lo más mínimo. No mientras él siguiera sobre ella, presionándose en los lugares justos. – Por favor.
Ante esa petición, Kylo nunca había estado más agradecido de su naturaleza, obedeciendo y soltándose de su agarre para llevar sus garras a su cintura, a lo que Rey se quejó por la separación de sus cuerpos y calló de inmediato al escucharle sisear.
Alzó sus piernas y arrastró los pantalones y la ropa interior hasta que estuvieron también lejos de ella. Besando sus tobillos primero. Luego, la cara interna de sus rodillas. Y cuanto más bajaba, más volvía a separar sus piernas, mostrándola cada vez más ante él, aspirando su olor desde la cara interna de sus muslos, recorriéndola con la lengua como si pudiera llevarse su sabor y su olor con él y dejando un sendero descendente de besos… Sin dejar de mirarla, tal y como había dicho.
-Creo que me voy a cobrar ahora la deuda que tienes conmigo, gorrión.
Y muy lejos de vérselo venir, por la timidez que parecía mostrar ahora con él, dando igual cuan valiente hubiera sido antes, ella misma recorrió su cuerpo con sus manos, para que él la mirara bien, antes de que sus dedos llegaran hasta el vello rizado entre sus piernas, se recorría con las yemas bajo su mirada lasciva y se mostraba aún más ante él.
-¿Vas a hacer que te lo vuelva a pedir? – Y volvió a acariciarse, extendiendo su humedad por toda ella. - ¿O vas a volver a quedarte ahí parado sin hacer nada? - Recibió como respuesta inmediata una sonrisa maliciosa y juguetona.
-Si tanto te hubiera gustado que interviniera… ¿Por qué no me lo pediste?- Y se acercó a su centro lentamente.- Oh ¿Cómo era eso que me dijiste antes…?- Y alzó los ojos al techo, haciendo como que pensaba, mientras ella apretaba los dientes y volvía a recorrerse de arriba abajo, deteniéndose poco a poco.- Ah, sí… Que no te hacía falta para nada.
-Cállate…-Protestó, deteniendo sus atenciones mientras él se regodeaba.- Sigo sin necesitarte…- Volvió a gruñir.
-Oh, pequeña, ojalá pudiera creerte pero…- Cerró los ojos, aspirando el aire mientras su sonrisa se ensanchaba con cada inhalación hasta que lentamente soltó el aire, volviendo a enfocar su rostro con aquellos dos focos amarillos.- No me lo demuestras en absoluto.
Y hubiera vuelto a quejarse de no ser porque Kylo hundió la cabeza entre sus piernas, pasando la lengua con una lentitud pasmosa por toda, absolutamente toda, su extensión. Llegando hasta su clítoris y pasando por él sin darle demasiada atención, como si todo eso se tratara de un aviso.
-Mírame a los ojos y dime que no me necesitas, pequeña…- Susurró contra su vientre mientras situaba justo, justo la yema de su pulgar en su centro, rotándolo y obligándole a poner los ojos en blanco.- O ya veremos cómo solucionas esto tú solita…
-Habrás visto… Que tengo cierta experiencia.- Intentó defenderse y quedar por encima, pero sólo consiguió que Kylo riera mientras su pulgar daba otra vuelta.
-¿Prefieres tu experiencia… o me prefieres a mí?- Rey se reacomodó, tomando uno de sus cuernos con la mano, queriendo controlarle con eso pero entonces Kylo volvió a darle un lametón justo donde más lo necesitaba, y sólo se quedó aferrándose a su asta, evitando poner los ojos demasiado en blanco mientras él sonreía, victorioso.- No hay más preguntas, Señoría…
-Pues cállate…- Gruñó ella, captando su atención.- Y no pares, joder…- Suplicó.
Kylo se quedó un momento, dudando en si había registrado bien aquello ¿Una súplica? ¿Ella? No tardó mucho más en complacerla. En someterse para complacerla. Y sí, era la frase con la que solía quedarse todo el mundo… Pero en este caso, en ella, concretamente, estaba empezando a verlo de otra manera y tomárselo de forma completamente distinta.
Porque por ella se sometería a lo que hiciera falta con tal de saber que iba a estar contenta y tan a gusto como lo estaba ahora. Dio otro lametón más lento antes de alzarse, estimulando su clítoris con la yema del pulgar mientras Rey se retorcía bajo su toque. Ella abrió los ojos, dejándolos entrecerrados, y conduciendo la vista a su cuerpo, todavía vestido. Alzó la mano, atrapando la camiseta por el pecho y tironeando de ella mientras Kylo se posicionaba para facilitarle el trabajo. Tuvo que dejar de atenderla para sacar los brazos y quedar descubierto ante ella, quién le miraba con atención, con preguntas y a la vez dejándolas sin respuesta, alzando la vista hacia su rostro y lo mismo con la mano.
Kylo se adelantó, apoyando su mejilla y permitiendo que le acariciara mientras no dejaba de atenderla, regresando su pulgar a ella y descendiendo al fin. Hundiéndose entre sus piernas y atendiéndola ahora con su lengua mientras que sus manos acariciaban las piernas de la chica.
Rey le observaba sin perder detalle, era una imagen que se le hacía extraña. Como si en una fiesta de Halloween se hubiera ido a la cama con el demonio más atractivo que hubiera encontrado, llegando a la cama sin preocuparse por quitarse los disfraces.
Y hubiera seguido rumiando aquella fantasía hasta que sintió algo blando adentrarse en ella, haciendo que diera un respingo, reacomodándose y atrapando el pelo de Kylo en un puño a la par que este alzaba los ojos hacia ella, esperando que entendiera lo que hacía… Y Rey no tardó mucho en recordar aquel primer encuentro, cuando su lengua surcó el quicio de la puerta para atrapar su sangre.
Los ojos se le dieron la vuelta ante otra estimulación de aquel tipo, ahogando un gemido ronco en el interior de su garganta, conteniéndolo a duras penas mientras él sonreía y seguía deleitándose con sus reacciones.
Lamentaba con todo su ser tener su complexión física, hecha a conciencia para ser dañina. Sus garras le impedían tocarla como su cuerpo le pedía… Pero, por suerte, su imaginación activa le permitía crear otro tipo de sendas que consiguieran satisfacerla. Y por la forma en la que Rey se arqueaba, juraría que lo estaba consiguiendo de forma satisfactoria. Pero entonces se reacomodó, apartándole y dejándole agazapado mientras ella se sentaba con la espalda apoyada en el cabezal. Kylo parpadeó varias veces mientras se relamía y aguantaba un estallido de preguntas… Entonces ella le hizo un gesto con la mano y él gateó hasta quedar más cerca.
-¿Qué pasa? ¿Te he hecho daño?- Preguntó, acercándose a sus labios. Rey acortó la distancia mientras le pasaba las manos por el cuerpo, acariciándole, hasta llegar al pantalón. Luego se separó y negó con la cabeza.
-No…- Susurró sobre sus labios, alzando los ojos hasta encontrar aquellos faros amarillos, brillantes y deseosos.- Quiero tocarte yo a ti también.- Y, como si pretendiera reforzar sus palabras, Rey le surcó por encima de la ropa, sintiéndole.- ¿Cómo eres?
-¿Qué esperas encontrarte?- Preguntó con socarronería mientras se dirigía a su cuello, atacándolo a lengüetazos y mordiscos mientras ella volvía a estimularle por encima de la ropa. Él, arrodillado frente a ella y encorvado para llegar a su cuello, y ella, deseosa por empezar.
Le apartó, haciendo que se quedara de rodillas, erguido sobre ellas, apoyado en la pared del cabezal con sus manos, mirándola desde allí. Y ella se escurrió un poco, quedando a su altura mientras volvía a recorrerle, alzando los ojos y encontrándole sin perderse detalle de nada.
Volvió a recorrerle con la mano, por encima de la tela del pantalón, mientras la otra mano se arrastraba por los músculos de sus abdominales, con las yemas cavando en los surcos de todas aquellas marcas y cicatrices hasta quedarse atrapadas en la hendidura de su oblicua, en la goma del pantalón. Una pasada por toda su longitud, sin apartarle la mirada, y ella juraría que, salvo los cuernos, los ojos, la boca y las manos, su anatomía era lo suficientemente humana para ella.
Enganchó los dedos en el borde de los pantalones y fue a tirar para descubrirle, cuando sus nudillos coparon su mentón, haciendo que volviera a alzar la cabeza para mirarla a los ojos.
-Te he hecho una pregunta. – Y con sus nudillos, tiró más de su barbilla hacia arriba, forzando la curva de su cuello.
Rey entrecerró los ojos, relamiéndose casi en acto reflejo, viéndole las intenciones. Quería que dijera en alto lo que sabía que estaba pensando. Quería escucharla. Y cuando coló el índice entre el elástico y su piel, sintió el pequeño tirón contra la tela que dio en respuesta a su caricia.
-Sé lo que voy a encontrar. – Ladeó la cabeza hasta que pudo escaquearse de su agarre. – A ti, grande y duro, como eres, solo para mí. – Sus labios dieron con los nudillos que habían hecho presa en su mentón antes de que colara las garras por su pelo, sosteniéndola con más cuidado. – Tengo curiosidades que saciar…
Y tiró de sus pantalones, lo suficiente para sacarle y mostrarle ante ella, exactamente como había dicho, duro, pulsante y listo para ella. Y más grande de lo que su cuerpo le había chivado. Lo suficiente como para añadirle unas décimas de duda en sus capacidades que antes no había tenido. Y una caricia de su pulgar en la sien le hizo volver a alzar la mirada hacia él.
Lo que Kylo no había esperado al sentir sus dudas, fue esa mirada de determinación mientras se lamía la palma de la mano antes de apresarle en un puño férreo, sin apartarle la mirada mientras él alzaba la cabeza al techo soltando un gruñido contenido. Ahora, era él el que buscaba el valor para enfrentar su mirada.
Rey se colocó más abajo de su cuerpo, sin perderse, desde su posición, el sube-y-baja nervioso de su nuez. Él tomó una fuerte inhalación en respuesta, cerrando los ojos en contra de la sensación. Acariciando su eje con los dedos, sus caderas se levantaron y ella esperó hasta que volviera a bajar la mirada hacia ella para sacar la lengua y lamerle sólo la punta, llevándose con ella la primera gota de su excitación.
-Joder… - Maldijo entre dientes, mientras ella volvía a recorrerle con la mano, midiéndole antes de que sus labios le envolvieran.
Él se agarró con fuerza al cabecero, sintiéndolo crujir bajo su fuerza, mientras ella deslizaba su lengua a su alrededor haciéndola girar y recorrer su envergadura al darse cuenta de que era demasiado grande. E incapaz de dejar que eso pudiera amedrentarla en su propósito, le sostuvo con la mano antes de encontrar la gruesa vena que le medía y pasar la lengua por toda ella.
Pero al coger impulso y ladear la cabeza, y todo él lubricado con su saliva, volvió a intentarlo, cubriéndole con sus labios y jugando con su lengua hasta que le sintió en la base de su garganta. Y ni siquiera había llegado al final pero pudo sentirle arquearse ligeramente antes de liberarle y volver a recorrerle.
Kylo dejó escapar el gemido más pecaminoso entonces y extendió una de sus manos para enredar sus dedos a través de su pelo, sin soltar la parte posterior de su cabeza mientras ella continuaba trabajándole de una manera que le quitaba el aliento de todas las formas posibles, dedicada a arrancarle el placer directamente de los huesos, dejarle jadeante y completamente a su disposición, como si tuviera alguna oportunidad de salir indemne. Porque definitivamente, el infierno era ella, y era la vida justo después de haberla conocido. Después de sus besos y su lengua. Y sus garras enredadas en su pelo.
-Mírame. – Fue el gruñido gutural que salía de su pecho como una amenaza. Pero ella alzó sus ojazos verdes hacia él justo cuando volvía a tragarle tanto como podía, con lágrimas de esfuerzo en sus comisuras y los labios enrojecidos. Y tuvo que contenerse con todas sus fuerzas para no resquebrajarlo todo a su alrededor. – Eso es… - Y ella le fue sacando poco a poco, con la lengua fuera y lamiéndole en todo el recorrido de vuelta antes de besarle la punta haciéndole gemir y ella… ella sonrió orgullosa. Se había equivocado. El infierno jamás le habría preparado para algo así. Volvió a cogerla del mentón, frenándola a tiempo antes de que se lo pusiera todo más difícil, obligándola a volver a mirarle. – Ven aquí. – Le ordenó. Porque él era incapaz de moverse.
Y cuando estuvo de rodillas ante él, la cogió de las caderas, dejando caer la cabeza sobre su hombro, recorriendo sus curvas, sus caderas, su cintura, sus costillas, hasta llegar a sus brazos y dirigirlos a la pared ante ellos, asegurándose de que se agarraba bien.
Luego, sus zarpas volvieron por el mismo camino descendente, sus pechos, su vientre, su centro... Apenas rozando su núcleo de necesidad y escuchando como ella contenía el aire por el siguiente movimiento. Luego, la caricia en sus caderas y la presión que le hacía separar un poco más las rodillas... y derretirse cuando le sintió mordiéndole el lóbulo de la oreja. Luego bajando a su clavícula y mordiendo, haciendo que la chica alzara un hombro por la impresión, deleitada… Hasta que le sintió acercarse a su entrada y fue entonces cuando dio un respingo, apartándose y apoyándose en la pared, aferrándose al cabezal, e interponiendo un brazo entre ellos dos.
-¡Espera, espera, espera, espera!- Habló, acalorada, virando la cabeza hacia sus dos mesitas de noche, intentando adivinar en cuál de ellas los habría puesto… si es que tenía. Kylo descendió, acercándose a su hombro.
-¿Tú te crees que yo me voy a ir a alguna parte así?- Susurró, volviendo a morder su piel con una cadencia abrumadora, provocándole un tembleque que casi hace flaquear sus piernas.- ¿Qué pasa, pequeña?- Y Rey viró todo lo que su anatomía le permitió, encarándole a medias.- ¿Se te han ido las ganas?
-No, no, en absoluto…- Y bajó los ojos hacia él, encontrándole enorme, sujetándose con una garra mientras intentaba mantenerse duro, masajeándose.- Es que no sé… Si tengo preservativos.- Kylo rió nasalmente.
-No voy a dejarte embarazada, eso es sólo obra de los midiclorianos.- Rió pero Rey se mantuvo tan seria que Kylo no tuvo más remedio que parar de carcajearse, largando un suspiro.- ¿No es por eso?
-Es por las enfermedades de transmisión sexual…- Se aventuró. Kylo frunció el ceño.- ¿Te suenan de algo las siglas VIH?- Kylo alzó una ceja.- ¿VPH? ¿HTLV?
-Suenan a códigos de lenguaje droide…- Rey bufó y Kylo se alzó de hombros.
-¿No sabes nada de enfermedades de transmisión sexual?
-Sé que en los ochenta empezaron con todo eso del sida…- Rey asintió, mirándole con asombro.-Como sea… Yo no tengo nada contagioso.
-Eso no lo sabemos.- Y él dejó caer la cabeza, dando con los cuernos, apoyándolos, en su hombro, gruñendo.
-No me hagas esto, Rey…
-¿Qué no te lo haga a ti? ¡¿Y yo qué!? Tengo tantas ganas como tú…- Un gruñido quejoso a sus espaldas le indicó que él también parecía saberlo.
-¿Y tienes algún preservativo?- Rey boqueó y se apoyó en la cama, estirándose hasta dar con el cajón de la mesita, quedando totalmente expuesta a Kylo, quién se recreó con su cuerpo, de espaldas a él… Apretó los ojos con fuerza, conteniéndose. No iba a abalanzársele hasta que ella se hubiera tranquilizado.
-A ver… tengo uno.- Dijo, cerrando el cajón y dándose la vuelta, quedando frente a él con aquel plastiquito entre sus manos.- Voy a intentar… colocártelo.
Recibió un gruñido afirmativo de respuesta y Rey procedió, abriendo el plástico mientras Kylo se apoyaba en la pared, usando su mano libre, sin dejar de mirar a Rey en ningún momento. Viendo cómo la chica peleaba con tal de enfundarle aquello pero le estaba costando… Mucho. Y peleó varias veces intentando pasárselo hasta que perdió los estribos y tironeó con tanta, tanta fuerza que rompió el preservativo. Dejando en el aire un sonido cortante que marcó un silencio contundente.
Alzó los ojos hacia Kylo, como si hubiera hecho una jugarreta de la cual se sentía terriblemente arrepentida, y le encontró con la cabeza ladeada y una expresión preocupada dibujada en el rostro.
-¿Y ahora qué?- Dijo él en un suspiro de cansancio, viendo que iba a terminar la tarde con un dolor importante y una insatisfacción que no iba a poder quitarse. Rey enrolló el preservativo roto con el plástico que lo cubría y lo dejó sobre la mesita, observándole frente a ella, todavía arrodillado, duro y sujetándose a sí mismo.
-No lo sé…
-¿No lo sabes?- Replicó mientras ella negaba con la cabeza. Él se dejó caer sobre sus talones, sentándose frente a ella, y luego dejándose caer de espaldas, boca arriba.- Joder… Vaya una putada.
Se sentía terriblemente mal por la situación. Primero porque se había quedado con las ganas y segundo porque le había dejado con las ganas. Y no quería que la cosa se quedara así, vaya un comienzo.
Soltó aire con determinación y gateó, colándose entre sus piernas, abriéndole a ella y agazapándose. Pasando la mano desde sus testículos hasta él, apretándole, recordándole con aquello que ella seguía allí, dispuesta. Y Kylo se alzó un poco, observándola. Y vio cómo se escupía en la mano antes de volver a frotarle, alzando los ojos y encontrándole.
-Vamos a remediarlo…- Susurró, agachándose hasta llegar a él sin apartarle la mirada.- No te preocupes.- Jadeó, sacando la lengua y dándole un toque en la punta justo antes de guiñarle un ojo, casi burlándose de él.- Cuidaré de ti…- Y salivó, dejando caer una gota en la cúspide de su miembro, que luego descendió por su tronco. Rey la utilizó para lubricarle todavía más, haciendo el contacto más resbaladizo. Y dejó de preocuparse cuando Kylo dejó caer la cabeza, vencido, recostándose e inhalando aire profundamente, hinchando su pecho.
-Ven aquí…- Le suplicó, haciendo que Rey alzara la cabeza, quedándose a medio camino a punto de engullirle.- Quiero cuidar de ti también.
-¿Ah sí?- Susurró, juguetona, estimulándole con más énfasis, haciéndole tararear a modo de respuesta.- ¿Cómo?
-Date la vuelta… Y siéntate en mi pecho.- Rey se relamió y obedeció. Sin dejar de estimularle se sentó justo encima de él, dándole la espalda tal y como se encontraba.
Entonces notó sus garras apoyarse en sus muslos, guiándola hacia atrás, indicándole que se extendiera cuan larga era sobre él. No tardó en captar sus intenciones, recolocándose mejor sobre él y acercándole su centro lentamente mientras sus garras seguían conduciéndola. Una de ellas se posicionó sobre su trasero y empujó hasta que pudo sentir la humedad de su boca en ella. Y Rey jadeó, aliviada.
Se apoyó como pudo y siguió estimulándole, salivando, escupiéndole para lubricarle hasta que estuvo tan resbaladizo que su mano se accionaba sola, girando la muñeca para darle más intensidad a sus estímulos. Y le escuchaba jadear mientras atendía su coño en aquella posición, abrazándola e intentando inmovilizarla allí mismo, evitando que se escapara.
Rey descendió hasta tragarle, acompasándose con su muñeca y el movimiento de su mano sobre él, lamiéndole por entero, engulléndole e intentando no toser cuando se excedía en todo lo que podía abarcarle. A veces teniendo el control de la situación y otras, muchas otras, perdiéndolo estrepitosamente ante cada lamida y atención por parte de Kylo.
No podía verle, y él a ella tampoco, era algo que odiaban. Pero de pronto todo se convirtió en un juego de aguante y autocontrol que les superó.
Ver quién era el que se corría antes añadió un punto más a todo. Kylo tenía libertad para acariciar su cuerpo, llegando a su pecho, pasando las uñas por su espalda, haciendo que su piel se erizara, mientras que ella le pasaba las manos por las piernas y testículos, sintiéndole dar espasmos ante cada atención nueva que le brindaba.
Hubo un momento en el que se apoderó de todo el control, cuando encontró el ritmo, la fuerza y el estímulo adecuado para que Kylo boqueara, dejando de atenderla e indicándole que estaba ganándole de alguna manera en aquel juego en silencio que se traían. Y se forzó a continuar por ese camino, acelerando su brazo, sintiendo a Kylo abrazar su cuerpo, intentando controlarse y seguir pero fallando, al fin.
Y entonces Rey sintió aquel endurecimiento de más, aquella contracción, aquel gimoteo un poco más alargado que el resto… Y Kylo no tardó en deshacerse en su boca, sin piedad. Arqueándose, controlándose, evitando que se le fuera el control que ejercía sobre su Fuerza, sobre el agarre de ella, en todo. Y su respiración se agitó mientras Rey intentaba tragarle por entero y seguía estimulándole con la mano, bajando el ritmo lenta, muy, muy lentamente hasta que se alzó, apoyando el culo en su pecho y crujiéndose el cuello una vez se irguió. Virando sobre sí misma hasta verle desde allí arriba, sonriente. Y él, jadeando con necesidad mientras a duras pensar conseguía coordinarse.
La victoria le duró poco cuando Kylo recobró la cordura y provocó que se girara totalmente sobre él, alzándola en vilo. Pasando sus manos por todo su cuerpo, acariciando su pecho mientras ella agarraba sus manos y viajaba con las de él por encima de sí misma.
-¿Vas a querer mis atenciones…?- Ella le miró, apartándole una mano de su pecho y llevándosela a la boca, lamiéndole las yemas de los dedos.- ¿…O no me necesitas para nada?
Kylo ladeó la cabeza hasta llegar al interior de su muslo, besándolo mientras seguía mirándola, esperando una respuesta por su parte. Y ella se reacomodó mientras Kylo la sostenía por la cintura, guiándola hasta que la tuvo sentada en su cara, captando la respuesta y empezando a degustarla mientras Rey empezaba a mecer su cadera al ritmo que él marcaba. Dejando caer la cabeza hacia atrás mientras le sentía en toda su extensión; en sus pliegues, en su clítoris, en su interior…
Jadeó, bajando la cabeza, encontrándole con los ojos cerrados, concentrado, atendiéndola. Y se permitió bajar la mano hasta dar con su pelo, pasándole los dedos y colando la mano en medio de aquellos dos cuernos que hacían más agresivo su rostro. Y, ante el contacto, Kylo abrió los ojos, observándola desde allí abajo, atento.
Rey no podía despegar sus ojos de aquellos dos soles que estaban alumbrándola, hipnotizándola. Era magnético y entonces sintió que Kylo concentraba sus atenciones en su clítoris y ella boqueó frente a él antes de gemir. Los ojos se le entrecerraban a voluntad, para su desgracia. No quería dejar de mirarle, quería volver a correrse como aquella mañana, mirándole a los ojos. Y jadeó de nuevo mientras él mantenía el contacto.
Un respingo, dos respingos. Gruñó con fuerza cuando el calor del orgasmo empezó a inundar su vientre, expandiéndose. Y allí venía. Rey gimoteó con fuerza, observándole, apretando los mechones de su pelo en un puño. Y Kylo condujo una de sus manos a su pecho, atrapándolo, rotando su pezón mientras Rey volvía a gemir con fuerza y allí se iba. Arqueándose, convulsionando encima de él mientras Kylo la mantenía en su sitio con una sola mano. Sus ojos gritaban en silencio un "no te muevas" que Rey no podía cumplir. Sencillamente se le escapaba, perdiendo el control de sí misma.
Y entonces, rebufó, temblando, y fue cuando Kylo la liberó, dejándola caer a su lado con parsimonia. Respirando de forma entrecortada y con las rodillas temblando, todo su cuerpo sufriendo las réplicas de un terremoto.
Al ladear la cabeza, Kylo parecía no haberse perdido un solo detalle en ella, cómo su pecho subía y bajaba luchando por recuperar el aliento, la forma en la que su cuerpo fluía de una manera mucha más calmada, como si se fuera llenando de agua tibia y pereza. Alzó la zarpa hasta ella, retirándole el pelo y los mechones sudorosos de la frente, recorriendo su carita, sus pecas, y atrapando con el pulgar una última gota traicionera de su esencia. Rey le sujetó la muñeca entre sus manos y lamió la yema de su dedo antes de depositar un beso en ella, con los ojos casi entrecerrados por el sueño que empezaba a conquistarla.
-Te equivocaste, Kylo, esto ha sido de todo menos una mala idea. – Le dijo, sorprendiéndole, en un tono más parecido a un ronroneo lánguido y apagado que le calentó de un modo muy diferente a cómo había estado hacía un rato.
Rey ni siquiera pareció pensarlo mucho, pero se escurrió entre las sábanas revueltas hasta tumbarse casi completamente sobre el amplísimo pecho de Kylo, entrelazando los dedos detrás de su cuello, acariciándole al mismo ritmo al que ella se iba quedando dormida.
-¿Estás cómoda? – Le preguntó con la risa en el tono, divertido, intrigado y conmovido por la suavidad con la que le trataba y la absoluta comodidad que mostraba con él.
-No sé desde hace cuánto quería hacer esto. – Le confesó, y Kylo estaba casi seguro de que no sabía casi lo que decía hasta que ella bostezó y todos sus pensamientos quedaron interrumpidos por la ternura que le despertó el gesto. – Acabo de cumplir… - La sintió intentando levantar la cabeza de su pecho para despejarse pero sólo sirvió para que se diera cuenta de cuánto le pesaba todo después de un orgasmo así. – creo que tres fantasías. – Y cerró los ojos con una sonrisa satisfecha. Dejando a Kylo con toda la intriga.
Y queriendo saberlo todo de ella.
Por el contrario, se mantuvo todo lo quieto que pudo, arrastrando las sábanas hasta que volvieron a cubrirles para que su pequeña criaturilla infernal no se quedara fría mientras dormía. Pero no pudo evitar alzar los brazos, a punto de estrecharla contra su cuerpo y deteniéndose sólo un momento.
Porque sí, aquello había sido una idea terrible, un error que probablemente pasara el resto de su existencia arrepintiéndose de haber cometido. Sin embargo, terminó abrazándola, posando las garras sobre la piel delicada de su espalda, con cuidado de no hacerle ni una sola marca y sintiendo cómo su fragancia manaba de ella, ahora entremezclada con la suya, sin poder evitar pensar que cometería el mismo error tantas veces como pecas poblaban su menudo cuerpo durmiente y tranquilo sobre el suyo, dejando fluir la Fuerza en un estado de absoluta paz que nadie como él, y mucho menos por ser él quién era, tenía derecho a conocer ni por un segundo.
Era como robarle al Cielo.
Como un milagro sobre el corazón equivocado.
