Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.

Hola a todos! Bueno me he demorado bastante solo tengo como excusa que fue mi cumple y me colgué con los preparativos y festejos! Jaja!

Sin mucho más que decir, salvo un enorme GRACIAS! Los dejo leer este cap!

Un beso enorme!

Lu


Ah ah casi me olvidaba... por mi cumple y por una apuesta que gané me han regalo un one-shot ... los invitó a leerlo esta muy lindo:

http : / / www . fanfiction . net / s / 6124766 / 1 / Un_Oso_y_Un_Hada (ya saben, borren los espacios) La autora es ALI - LU CULLEN

Mi hermanita también me regaló un one-shot, pero este es de Naruto... Les dejo el link por si a alguien le gusta el anime (el fic es hermoso):

http : / / www . fanfiction . net / s / 6130875 / 1 / Reina_de_corazones (lo mismo, borran los espacios) y La autora es X. Lalacleao .X (mi sister)


IX

Mentiroso

-¿Estas nervioso por la boda? –Le pregunté mientras me acomodaba entre sus brazos, buscando aún más calor.

-No, estoy ansioso. ¿Tú lo estás? –Me preguntó.

-Un poco… -Estaba recostado sobre su pecho y por eso sentí como todo su cuerpo se tensó.

Supongo que esa no era la respuesta que él, o que cualquier hombre, quería escuchar un par de meses antes de casarse. Pero yo no le podía mentir. Estaba nerviosa, por supuesto que lo estaba y no era para menos. ¡Me iba a casar! Haría una promesa ante Dios para toda la vida, y si bien eso era exactamente lo que quería, dar el paso era atemorizante. Había veces, mientras cocinaba o lavaba la ropa, que me ponía a pensar si sería una buena esposa, una buena madre… Cosas así eran las que me preocupaban. No quería cometer errores, pero la experiencia que tenía era nula y los ejemplos que me acompañaban tampoco eran muy buenos. Mamá y papá se habían divorciado…

-¿Estas teniendo dudas? –Me preguntó Edward con la voz temblorosa.

-¡No, claro que no! –Y sentí como su pecho se desinflaba al largar todo el aire que había estado conteniendo –Ya te dije que no te libraras tan fácilmente de mí… Es solo que tengo miedo de arruinar las cosas… Ya sabes de no ser tan buena esposa como lo es tu madre… Yo, yo…

-¡No digas tonterías Bells! –Me dijo mi prometido ahora con su voz totalmente cargada de alegría –Vivimos juntos desde hace mucho, no hay nada de ti que no conozca y sé con total seguridad que serás aún mejor esposa que mi mamá… Además yo ya te considero mi esposa, mi mujer… Casarnos solo me permitirá gritárselo al mundo entero.

Yo sonreí y besé sus labios. Edward siempre sabía cómo hacerme sentir bien, como relajarme y como arrancarme una sonrisa. Me abrazó fuerte y comenzó a depositar suaves besos en mi cabeza, como si yo fuese una niña pequeña entre sus brazos. La verdad me encantaba cuando luego de hacer el amor, nos quedamos así. Sin tener que hacer algo, sin tener prisa, sin preocupaciones… Solo nosotros dos, solo dos almas desnudas entregadas al amor. Estos momentos eran nuestros momentos, momentos perfectos… llenos de cariño y sinceridad.

Nos quedamos un largo rato así. Tirados en la cama sin hacer otra cosa que no sea besarnos y mimarnos, lejos quedaban el trabajo, los compromisos y los preparativos para la boda. Mucho más lejos quedaba el incidente con Dylan, y aunque aún me doliese y me provocase escalofríos, entre los brazos de Edward me olvidaba de todo, me sentía segura y protegida, inalcanzable.

-Por qué no te abrigas, no quiero que te enfermes… -Me dijo haciendo fricción en mis brazos que comenzaban a mostrar piel de gallina.

-No quiero levantarme, aquí estoy mucho más cómoda –Le dije haciendo una especie de carita angelical para que no insistiera.

-Si serás…. Toma –Dijo extendiéndome la camisa suya que había quedado tirada en el piso –Póntela yo voy a buscar algo de comer… Como sigamos así te vas a desnutrir.

-No es mi culpa si siempre te dan ganas a la hora de la cena… -Le contesté sonriendo mientras me colocaba la prenda.

-¿Solo a mí me dan ganas? Si mal no recuerdo la que me arrastró al cuarto fuiste tú –Me dio un beso fugaz y salió de la habitación.

Cuando Edward volvió traía entre sus manos una bandeja repleta de comida y una manta extra para la cama. A pesar de que habitualmente el clima en L.A era bueno, esta noche una tormenta nos estaba visitando y la temperatura había bajado notablemente. Afuera del departamento la lluvia caía torrencialmente y los truenos competían entre ellos para ver quién sonaba más fuerte. La situación era ideal para quedarse en la cama viendo películas y eso haríamos.

Originalmente teníamos una salida grupal con los chicos para ir a cenar a un restaurante que abría nuevo, pero en cuanto vimos que se anunciaba una tormenta cancelamos. Nuestros amigos se enojaron un poco, pero nosotros alegamos que queríamos disfrutar de un "Tiempo pre marital" Lo que significaba: NO MOLESTAR. Y con eso nos los habíamos sacado de encima. No nos molestaba pasar tiempo juntos, al contrario, nos encantaba, pero en ocasiones solo queríamos compartir nosotros dos solos.

-¿Sabes a que me recuerda esta tormenta? –Le pregunté mientras comíamos unas barras de chocolate.

-No, ¿a qué? –

-Al viaje que hicimos a las cabañas, más específicamente a la noche en que te robaste mi virginidad –Dije riéndome.

-¿Me robé? Me haces quedar mal, yo no robé nada, tú me la ofreciste y un regalo así no se desprecia –Se defendió.

-¿Me estás diciendo que no la deseabas…? –Dije arqueando una ceja.

-¡Claro que sí! Pero yo era un caballero y no iba a exigir nada… Aunque por dentro me moría, creía que en cualquier momento explotaría –Y se rió, pero a mí no me causó gracia.

-¡Disculpa si te hice esperar mucho! Eres un mentiroso, recuerdo que siempre me decías que no había apuro y que si fuese por ti me esperarías hasta el casamiento, ahora sé que es mentira –Le recriminé.

-¿Me estas cargando? –preguntó incrédulo, otro error.

-¡Por supuesto que no, yo no miento y no digo algo si realmente no lo pienso! –Me levanté de la cama, tomé mi pijama y me fui al baño.

Era una ridiculez, realmente lo era, pero no me gustaba que ahora fuese el galán y en ese entonces me dijese todo lo contrario. Realmente yo había creído cada una de sus palabras, había sido una ingenua, porque él fue mi primer amor… y yo creí en todo como si los cuentos de hadas existiesen. Y si ahora estaba enojada era porque me sentía tonta, como una niña pequeña a la que habían engañado fácilmente, como quitarle un dulce a un niño, así había sido para él. Unas cuantas palabras dulces, me aseguró de que me esperaría y yo caí a sus pies; y ahora, después de tantos años, se burlaba de mi ingenuidad.

Me quité su camisa y me vestí con mi propia ropa. Cuando salí del baño me lo encontré parado al lado de la puerta. Por la expresión de su cara supongo que aún no comprendía a qué se debía mi reacción, pero no me importaba, aún cuando yo supiese que estaba siendo irracional, inmadura y hasta un poco estúpida, no me importaba. Tenía ganas de hacer un berrinche y lo haría, y si él no lo quería soportar tenía la puerta abierta.

-¿Me puedes decir qué hice? –Me preguntó.

-Deberías saberlo. Toma, no quiero tu ropa –Le entregué su camisa -y saca toda la comida de la cama, se llena de migas, ¿no te enseñaron que no se come en la cama? –Casi grité.

-¿Qué bicho te picó? Hace dos minutos te estabas riendo y ahora te volviste loca… -Dijo mientras levantaba las cosas de la cama. Yo seguía en completo silencio -¿No me vas a hablar?

Silencio.

Me metí en la cama, apagué la luz y me propuse dormir. No quería escuchar nada de lo que tuviese que decir, ¡Nada! Edward terminó de acomodar las cosas prácticamente en la oscuridad y se acostó a mi lado. Su mano se enroscó en mi cintura pero fue rápidamente repelida por un manotazo mío. Insistió un par de veces, me preguntó al menos cinco veces más qué me pasaba y luego se dio por vencido. Lo cual me molestó mucho más. ¡¿Cómo se dormía sabiendo que yo estaba enojada con él?

Estaba furiosa, echaba humo por las orejas. No lo podía creer, simplemente no podía. Todo era su culpa, si él se fijase un poco más en las cosas, si él midiese las consecuencias de sus actos, pero no… El señorcito no piensa las cosas dos veces, eso es muy problemático. ¡Problema sería el que tendría ahora! Ya vería….

Y así se me pasó el rato, pensando en todos los adjetivos que lo describían y en todas las malas palabras posibles. Y lo peor de todo era que muy en el fondo sabía que la que estaba equivocada era yo, y que si él se había dormido era porque me conocía lo suficientemente bien como para saber que no dejaría de comportarme así hasta que estuviese lista para hablar. ¡Que rabia! Pero a la larga era todo su culpa, él era el responsable… ¡Todo era por su culpa!

A las cuatro y media de la madrugada no pude más y comencé a sacudirlo. Quería hablar, quería que me escuchara y lo haría. No volvería a decir o hacer algo sin pensarlo dos veces.

-¡Me mentiste! –Le grité al oído.

-¡Bella! –Gritó sobresaltado por mi manera no tan dulce de despertarlo -¿Me vas a decir de una buena vez por todas qué demonios te sucede?

-Me mentiste, eso sucede… -Prendí la luz y me senté en canastitas sobre la cama.

-Bella no seas ridícula, eso fue hace mucho tiempo y no te mentí… Te dije que te esperaría y lo hice. Te dije que no había apuro y era verdad, que yo tuviese ganas no significaba que tú te tendrías que apurar….

-¡No me refiero a eso! Me mentiste –Edward se refregó los ojos y me volvió a preguntar qué me pasaba – ¡Pasa que hace quince días me dijiste que podíamos prescindir de protección porque ya había pasado mi etapa de ovulación y todavía estoy esperando mi periodo! ¡Y te haces llamar Doctor, mejor no le des consejos de ese tipo a tus pacientes!

-¡¿Qué? ¿Todo esto es por eso? –Yo asentí - ¿Y por qué no me lo dijiste antes? Seguro que es por otra cosa que no te viene, yo calculé bien… Y de última, ¿Cuál es el problema si estuvieses embarazada? En un par de meses nos vamos a casar y… ¡Auch! ¡¿Por qué me pegaste? –gritó cuando le di un golpecito en la cabeza.

-No hables de un bebe… -Le dije en un susurro –Sabes lo que nos pasó la última vez… No quiero tener un hijo hasta estar preparada… Así que espero por tu bien que esto sea solo una falsa alarma, ¿Me escuchaste?

Lo estaba provocando, sabía que estaba actuando como una niña pequeña y caprichosa, pero no me podía controlar. Tenía mi mente y mi cuerpo hechos un caos, y había algo más fuerte que yo que me controlaba y me hacía comportarme de ese modo. La verdad quería disculparme con Edward, ¡Por Dios si hasta lo había golpeado! Pero No hizo falta. Edward, como si realmente supiese qué era lo que me pasaba, me abrazó muy fuerte y comenzó a susurrarme cosas bonitas. Depositaba un besito aquí y allá…. Haciéndome olvidarme de todo, tal cual como unas horas antes lo había hecho.

Supongo que en algún momento me dormí porque cuando abrí mis ojos Edward estaba sentado a mi lado, completamente vestido y con una bandeja de desayuno. Le sonreí y lo saludé con un beso. Él era simplemente perfecto, tendría que disculparme, me había comportado horriblemente, pero bueno… Ya lo haría luego, ahora la panza me pedía a gritos ingerir todo el contenido de esa bandeja.

-Perdón… De verdad no sé qué me pasó –Le dije cuando terminé de darle el último sorbo al exprimido de naranja –Te amo, ¿Lo sabes, verdad?

-Si, lo sé mi loquita hermosa –Me quitó la bandeja de encima y se recostó a mi lado –Yo también te amo –No s besamos por algunos minutos… un mejor por un largo rato, hasta que el ambiente comenzó a ponerse muy caluroso –Cuando me levanté fui a la farmacia… Compré un test…

-Edward yo… -Comencé a balbucear.

-Shh… no te preocupes, no estás obligada a hacerlo ahora –Ese no era el problema, el problema era el resultado –Y no importa si es negativo o positivo, eso no cambia nada, no tienes que preocuparte, las cosas no son iguales que la última vez, nosotros no somos los mismos… Pase lo que pase estaremos bien, ¿Si?

Tomé la bolsita de la farmacia que Edward había dejado sobre la cama y me dirigí al baño. Con las manos temblorosas abrí el envoltorio, no era la primera vez que me hacía una de esas y tenía miedo. El dolor que sentí cuando me di cuenta que había creado la imagen de un bebe que no existía me había destruido, había estado mal por bastante tiempo. Demasiado por un niño que nunca existió… Los recuerdos de mi anterior experiencia se arremolinaban en mi cabeza y me hacían temer aún mucho más.

Hice pis sobre la tabletita, del modo que las instrucciones lo indicaban y llamé a Edward. Esta vez quería que él esperase conmigo el resultado, no quería estar sola, lo quería a él siempre a mi lado. Lo cierto era que deseaba que fuese negativo, si era positivo amaría a mi bebé con todo mi corazón, pero aún no me sentía lista para ser mamá… Quería esperar un poco más… Tenía miedo, no quería sufrir.

-Negativo –Dijo Edward cuando el tiempo se cumplió –Es negativo –Tomé la prueba con mis propias manos y suspiré aliviada tras haberlo comprobado yo misma.

-¿Te pasa algo? –Preguntó al percatarme de la expresión de mi prometido… Se veía triste -¿Querías que sea positivo?

-No… No lo sé –Me dijo, tomó mi mano y me arrastró hasta el living donde ambos nos sentamos en el sillón -¿Puedo preguntarte una cosa?

-Lo que quieras…. –Nuevamente el temor comenzaba a recorrer mi cuerpo.

-¿Por qué te pusiste así ante la perspectiva de tener un hijo? ¿No quieres hijos? ¿No confías en que seremos buenos padres? –Me preguntó completamente serio.

¿Por qué? Bueno esa era una pregunta muy compleja. Para empezar estaba aterrada, no hubiese sido algo planificado y tener un hijo es un paso muy importante como para tomárselo a la ligera. Segundo… el recuerdo de esa vez cuando creí estar embarazada no era nada lindo, tercero… ¿Un bebé? ¿Sería yo una buena madre? ¿Le podríamos dar a nuestro bebé todo lo que necesitase? Eran muchas cosas… pero la principal era que no me sentía preparada, no aún.

-¿Y? –Preguntó Edward tras esperar varios minutos -¿Por qué te pusiste así? ¿Quieres hijos?

-¡Ya! Me dio miedo Edward, no estoy lista…. No lo habíamos planificado… ¡Me aterré! ¿Es eso algo malo? –Le pregunté.

-No, claro que no lo es –Me atrajo contra su cuerpo y me abrazó –Y lo de los bebés… ¿Quieres tener uno, verdad?

-Si… cuando me sienta preparada y le podamos dar todo lo que necesita, si… -Edward me sonrió y besó mi frente -¿Tú quieres tener hijos?

-¿Qué si quiero tenerlos? ¡Por supuesto que sí! ¡Me encantaría ver tú pancita toda redondita por culpa de nuestros bebes! –Dijo él con los ojos brillosos –Te amo… y claro que quiero tener hijos contigo, pero esperaremos a que tú estés lista…

-¿Eso quiere decir que tú ya lo estás? –Pregunté aterrada.

-Mmm… tal vez sí, pero puedo esperar, seguro que aún me queda mucho por saber y mucho por hacer contigo antes de que lleguemos a esa parte –Dijo con una sonrisa pícara y yo inmediatamente me relajé.

Nos quedamos un rato más abrazado y riendo hasta que recordamos que hoy era sábado y que habías quedado en ir a comer a lo de Brandon. Bueno, dado la hora que era y las condiciones en las que estábamos llegaríamos un poco tarde, pero ellos no se enojarían…

Dos días después de mi ataque hormonal, porque eso había sido y él único que había sufrido las consecuencias había sido Edward, mi periodo llegó. Era estúpida, realmente lo era. Había estado gritando y llorando por mi retraso y porque aún no quería ser madre pero igualmente cuando me aseguré que no lo estaba me sentí un poquito mal. No de la misma forma que lo había hecho aquella vez, pero si me decepcioné, tal vez ser madre era algo que quería mucho más de lo que yo sabía. Sin embargo aún no estaba lista, por más que quisiera un niño esperaría, aún nos quedaban muchas cosas por hacer con Edward. Más adelante…. Más adelante pensaríamos más seriamente en traer al mundo a un mini Edward.

Por ahora solo seríamos él y yo…


Me regalan su opinion?

Un beso grnade

Lu