Capítulo IX, Elegida
Por la ranura de la manija no podía ver mucho, salvo a dos personas ocasionalmente. Su madre, una mujer delgada y un poco desaliñada, mantenía una expresión preocupada que provocaba que algunas marcas de edad se asomaran en su faz. El alto moño con el que sujetaba su cabello le hacía ver orgullosa y un poco más estricta de lo que en realidad era, pero para él su expresión era toda la amabilidad que conocía. Sus ojos negros brillaban de desolación y parecía querer soltarse a llorar. Al hacerse un poco hacia atrás, dejó a la vista a su padre. Un hombre hosco y burdo, de mirada desdeñosa y nariz aguileña. Las tupidas cejas del color del carbón se mostraban siempre fruncidas, haciendo juego con el bigote y la barba.
—Muchas gracias, le agradezco infinitamente su ayuda —Se despidió su padre de una persona que apenas había podido ver, un hombre viejo y marchito, que curiosamente derrochaba vitalidad.
En cuanto se hubo ido, el hombre cerró la puerta y volvió sobre sus pasos hasta el sofá, donde su madre no se había movido ni un ápice. Se quedó parado frente a ella, con ese porte de superioridad que le caracterizaba.
—Tienes que entenderlo, mujer. ¡No hay mejor opción!
Su estridente voz le hacía temblar hasta niveles insospechados, el miedo le calaba cada vez que la escuchaba. Deseó cubrirse los oídos pero sabía que debía escuchar. A sus cinco años, entendía muy bien el mundo, era más inteligente de lo que las personas creían… pero desafortunadamente ahora el Ministerio también estaba enterado.
—Pero Tobías, es solo un niño —Sollozó su madre, sus palabras trémulas le partieron el corazón. Por ella haría todo—. ¿No hay otra forma? Yo puedo encontrar un empleo…
—¡Ni hablar! —Bramó. Eileen calló abruptamente y se hundió en su lugar, temerosa—. ¡Jamás permitiré que mi mujer trabaje! ¡Nunca!
Recorrió la habitación como león enjaulado. Tobías Snape era conocido por su explosividad innata. Y era precisamente esa cualidad la que mantenía bajo su yugo a su esposa e hijo. Un miedo que no parecía no acabar jamás.
—Es nuestra oportunidad de deshacernos de él. Algo bueno había que tener ese mocoso inútil. Y no lo arruinarás. Se va porque yo lo digo —Le dedicó una mirada furibunda, que no daba lugar a dudas, le estaba retando a desafiarlo—. Nos dará una buena vida, al fin podré descansar y disfrutar de mi vida como lo merezco. Me casé contigo por tu dinero y maldita sea la hora en la que resultaste ser apta para concebir. Lo único que deseaba era una vida tranquila. Así que ya lo sabes, cuando ese estúpido engendro cumpla once, se larga.
Los hombros de Eileen se movieron frenéticamente cuando su esposo le dio la espalda y se deshizo en llanto por unos minutos después de que se fue, quizá directo al bar. La miró esperar a tranquilizarse, respirar una y otra vez hasta intentar que no se notara lo afectada que estaba, y se alejó de la puerta rumbo a su cama cuando se acercó a su habitación.
—¿Ya estás dormido, Sevie? —Preguntó ella, de forma cariñosa, en un susurro.
—Apenas son las seis, mamá.
La mujer sonrió dulcemente y se acercó a su lecho, sentándose en el borde. Él también se incorporó, aunque su cuerpo aún estaba un poco entumido por la posición en la que estuviera frente a la puerta todo ese tiempo. Eileen acarició el negro cabello, corto y suave, y se fijó en los ojillos idénticos a los de su padre, en color, más no en esencia. Severus tenía la certeza de que su madre tenía el corazón roto y pisoteado, por ese animal que se hacía llamar su padre. Y ser pequeño no le consolaba en lo absoluto, no podía hacer nada por ella… salvo irse.
—¿Qué quería ese hombre?
Aunque su voz sonara inocente y curiosa, él ya sabía la razón por la cual los Hechiceros habían tocado la puerta de su casa. Era un privilegio que más le sonaba a maldición… y en parte a salvación.
—Oh, nada cariño. Solo quería hablar con tu padre… de negocios.
Mala mintiendo, mala escogiendo hombres. No podía ocultarse a sí mismo la inminente verdad, su cerebro la ponía tan clara. Algunas veces deseaba ser como los demás niños, inocentes e ingenuos.
—Ah… ¿ya se fue?
—Sí… ¿quieres algo de comer?
—¿No se molestara Tobías?
Su madre sonrió a duras penas y luego movió la mano, en un gesto que buscaba desestimar todo hecho, incluido el que él nunca hubiera llamado padre al hombre que le diera la vida.
—No digas tonterías, Sevie. Tu padre no se enojaría porque comieras algo.
Lo dudaba, más no se atrevió a decir algo de ello a su madre, bastantes desgracias le había llevado a su vida. Ambos se dirigieron a la cocina y, mientras Eileen le preparaba un emparedado, se decidió a mejorar su vida, aun a cambio de la suya. Sabía que entre más rápido se fuera de la casa, menos problemas tendría su madre. Además la pensión y protección que el Ministerio le brindaría sería lo suficientemente buena para que Tobías menguara su odio hacia ella… y se concentrara solo en el dinero. Era lo mejor.
—Aquí tienes cariño —Besó su frente con dulzura, dejando en él una marca de lo que era el amor.
Reiterado, por ella lo habría hecho todo, incluso morir.
Los pedazos de la conferencia en la que se encontraba, y en la cual presidia, apenas le llegaban entre cortados, sin embargo, estaba al tanto de que no era importante. Su mirada estaba fija en la nada, más nadie podría darse cuenta, él siempre sabía todo… o casi.
—Severus —Le susurró una voz a su lado. Como en automático, parpadeó y miró a su colega.
—Regulus —Respondió escuetamente.
—Es hora —Sonrió su colega.
—¿Hora?
Con una enigmática mueca, se levantó de su asiento y pasó al frente. El proyector se encendió a la vez que las luces se atenuaban y Regulus, uno de los más importantes científicos de Hogwarts, se aclaró la garganta.
—Les presento —Comenzó, de una forma una tanto exagerada—. El proyecto EVANS.
Se envaró en su asiento, mirando la pantalla. Las letras metálicas indicando en grande lo antes dicho. En el extremo izquierdo, un par de ojos azules parecieron brillar de satisfacción. Severus alcanzó a divisar una sonrisa asomándose en los ancianos labios. Seguidamente, EVANS se dividió en dos partes, mostrando dos palabras.
—Evolutive Answer* —Exclamó Regulus con afán—. El arma contra el virus TR.
Un murmullo se extendió por el lugar, mientras todos susurraban con admiración ante dichas palabras. Severus frunció el ceño y aguzó los ojos.
—¿Qué significa esto? —Exigió, volviéndose hacia Dumbledore, que alzó las cejas con expresión sorprendida.
—¿A qué te refieres muchacho?
—No se haga el desentendido, señor —Siseó—. ¿Proyecto EVANS? ¿Está de broma?
—No entiendo…
Azotó las manos contra la mesa, sobresaltando a los demás, menos al anciano, que se mantuvo impávido ante su enojo.
—¡No puede utilizarla de este modo!
El brillo peligroso en los ojos azules no atemorizaba tanto como su expresión apacible. Todos en esa sala sabían lo que significaba y se mantuvieron al margen. Sin embargo, Severus no le quito los ojos de encima, esa estúpida mirada era la misma que había visto en su padre, siempre queriendo dominar todo a su alrededor.
—¿No? —Dijo Dumbledore con tranquilidad—. Tú no puedes prohibir nada, Severus.
Apretó los puños con impotencia, reacio a dejarse llevar por las ganas de lanzarse a golpearlo, de defender lo que apreciaba con puño de acero. Se vio impotente ante las miradas de los demás, era sumamente consciente de que afuera habían Hechiceros listos para noquearlo si presentaba problemas, no tenía salida en la que no perdiera… y tampoco Lily.
—Usted lo prometió —Dijo entre dientes como último recurso—. Prometió que no le harían daño…
—Nadie le hará daño, hijo mío —Aseguró el vejete—. Tu protegida estará perfectamente bien, lo único que buscamos es su información genética. Siéntate muchacho, Regulus nos explicará mejor.
Hizo un ademán con la mano y no tuvo más opción que obedecer. Las luces se atenuaron nuevamente y Regulus continuó con su explicación.
—El proyecto EVANS es relativamente simple —Dijo, dejando de lado su nerviosismo, aunque ahora estaba menos eufórico—. Basta con aislar el gen de inmunidad al virus TR y volverlo dominante.
Severus analizó la propuesta una y otra vez, encontrando que todo estaba bien… solo necesitarían un poco de sangre de vez en cuando. O al menos eso pensó, hasta que Regulus añadió la cereza al pastel.
—Para lograr un ser perfecto, necesitaremos al proyecto Elegido.
Habían pasado exactamente dos meses desde que llegara a Hogwarts y finalmente comenzaba a sentirlo su hogar. James, Severus, Mary y Andrómeda eran las razones por las cuales podía seguir, había reforzado sus lazos con ellos y los había convertido en su motivación. Se sentía bien, a pesar de todo.
Y hablando de su mejor amigo, estaba justo frente a ella en esa inmensa sala que representaba el laboratorio. Ya tenían una rutina que seguir, dos veces por semana, iba allí para que le hiciera una serie de pruebas que, supuestamente, se le practicaban a todo el mundo. Cosa que veía extraña porque era la única que parecía ir. Charlaban sobre cosas triviales y a veces tonteaban como en los viejos tiempos. Era ciertamente lindo intentar recuperar su amistad inconclusa.
—Sev —Le llamó, el pelinegro alzó la mirada de sus habituales papeles y la fijó en ella, ahora sí que le ponía atención—. ¿Qué es exactamente lo que haces aquí?
—Soy el encargado de todos los que trabajan en el laboratorio —Respondió—. Dirijo los proyectos experimentales, aunque hago los míos propios.
—¿Me enseñarías alguno?
—Uhm… bueno, eso va contra las reglas, lo lamento.
—No te preocupes —Sonrió ella, de igual manera ya los había visto todos sin que lo supiera.
—¿Por qué la repentina curiosidad?
—Me aburro —Explicó—. Eres muy callado, ya te lo he dicho.
—Siempre lo he sido —Enarcó una ceja de forma peculiar, lo que le hacía ver apuesto a su parecer—. Tú misma me lo recordabas todos los días cuando éramos pequeños ¿recuerdas?
—No has cambiado en nada —Suspiró—. Sigues igualito a cómo te dejé en aquella nave, salvo que tenías un traje de Hechicero muy guay.
—Sigo luciendo guay —Se defendió él—. Además de auténtico. Y tú tampoco has cambiado, sigues igual de parlanchina.
—Debes aceptar que si no fuera por mí, jamás hablaríamos —Refutó, cruzándose de brazos e inflando una mejilla—. Si por ti fuera…
—¡Ja! —Fue lo único que pudo responder.
Lily sonrió victoriosa y alzó la barbilla con orgullo. Severus ciñó la mirada y luego volvió a los papeles. Tamborileó los dedos en la amplia superficie y miró a su alrededor, todo era tan blanco que le cegaba. Además estaba ese tufillo a limpio, demasiado limpio.
—¿Cuántas pruebas más tienes que hacer?
El pelinegro se contuvo de bufar, algo que extrañaba cuando estaba con Lily era el silencio, aunque jamás la callaría, adoraba tener a alguien con quien charlar. La adoraba a ella, más bien.
—Esta es la última.
—¿Enserio? ¿Has terminado con lo que sea que estabas haciendo?
—En efecto. Y lo que hacía era mejorar la producción de plaquetas en tu organismo, estaba muy baja.
Severus no podía negar que estaba mintiéndole, pero una mentira que le hiciera bien a su mejor amiga lo valía. Lo que realmente hacía era inyectarle una enzima que estabilizara la actividad celular, estas tendían a reproducirse demasiado rápido por influencia del virus, lo que podría causar desordenes en su cuerpo. Mejor era no asustarla.
—¿Quieres decir que podía morir desangrada si no lo hacías?
—Poco probable, pero posible.
—Entonces ya estoy bien —Concluyó feliz—. Gracias Sev.
Una sonrisa se asomó en los delgados labios, provocando que la pelirroja sintiera un cosquilleo en el estómago. Severus pocas veces sonreía y verlo haciéndolo le emocionaba. Le hacía recordar cosas…
— "Todo residente célibe, favor de presentarse al comedor de Hufflepuff."
Lily hizo una mueca de confusión al escuchar la voz del mando central de Hogwarts, aquella que daba los avisos importantes que concernían a todo el complejo. Era la voz robotizada de una mujer mayor, que no por ser artificial dejaba de ser estricta.
—¿Célibe? —Repitió sin entender.
Severus negó con la cabeza y se puso de pie, aun sonriendo.
—Vamos —Le dijo, haciendo un ademán para que se pusiera de pie.
—¿También vas?
Él asintió. Ella le miró con asombro. Severus nunca salía de su laboratorio -salvo la vez que le fue a buscar-, por ninguna razón, así que le sorprendía ver que la acompañaría al comedor.
Los dos salieron y caminaron por los pasillos con mucha calma. Podía ver que algunas personas iban en la misma dirección, formando un grupo junto a ellos. La mayoría de los que habitaban Hogwarts eran jóvenes y tenía más probabilidades de sobrevivir a un ataque Inferi por su velocidad, no obstante, había otros que no lo eran y habían logrado llegar. Entre todos los que se dirigían al gran comedor, había algo que compartían y comprendió sin mucha dificultad el significado de célibe. Eran solteros. Sin entender mucho de lo que sucedía, entraron al comedor donde la gente se aglomeraba de forma desordenada. Todos ocupando asiento en las mesas.
—Siento dejarte —Lily volteó hacia Severus, que le hablaba sin mirarle, sus ojos fijos en la multitud—. Debo ir al frente.
—Está bien.
Cuando se hubo marchado, Lily suspiró y se abrió paso para ir también un poco más adelante. Encontró a Mary unos metros más allá, que le sonrió y le invitó a unirse a ella. Cuando dejaron de llegar personas, Severus hizo acto de presencia en una tarima que estaba segura de que no se encontraba allí antes.
—¿Qué es lo que sucede? —Le preguntó curiosa.
—Es la ceremonia de selección —Contestó Mary animadamente.
—¿Selección a qué?
—¿Uh? ¿No te lo explicaron?
Mentalmente, Lily se recordó que debía preguntar a James más acerca de lo que sucedía en Hogwarts. Ya le había explicado acerca de del funcionamiento de cada sección y otras cosas. ¿Por qué había omitido esa ceremonia?
—No.
La respuesta de Mary fue acallada cuando tres Hechiceros subieron junto a Severus, que se mostró arisco a su presencia. El pelinegro tecleó algo en un dispositivo transparente que sacó del bolsillo de su bata blanca y una gran imagen con el logo de Hogwarts se proyectó detrás de la espalda de este.
—Cada cierto tiempo —Le susurró la chica, mirando el proceso en el que Severus seguía tecleando—. Se introduce al sistema la información genética de cada individuo soltero en Hogwarts para que este lance al hombre y a la mujer que son fuertemente compatibles y pueden procrear adecuadamente a niños con ADN limpio.
—¿Estás diciendo que…? —Musitó, aquello no sonaba nada bien.
—Sí, el sistema escoge quien será tú pareja —Concluyó Mary—. Y te casarás con esa persona al llegar a la mayoría de edad.
Justo en ese momento la pantalla mostró dos recuadros vacíos y Lily sintió el miedo recorrer su espina dorsal. ¡Aquello no podía estarle pasando! ¡No podía!
—Inicio —Anunció la voz del comando central y rostro tras rostro pasaron velocidad asombrosa.
—Tranquila —Le animó Mary al ver como perdía el color—. Solo los que son "genéticamente aprobados" son elegidos, no todos podemos procrear.
Eso pareció tranquilizarla un poco, sus hombros dejaron de estar tensos. Pero a Mary, en opuesto, se le cayeron al suelo. Su mirada se volvió opaca y prefirió mirar a la pantalla. Se preguntó que le afectaba tanto y tardó en procesarlo, la respuesta le llegó como un golpe. Mary no podía procrear. O al menos no la había elegido aún.
Se sintió un poco mal por ella, más eso no le quitó la preocupación de ser elegida… ¿Qué clase de situación era esa? ¿Estaban jugando a ser Dios o algo parecido? ¿Y si alguno de los elegidos no quisiera emparejarse?
El primer rostro en aparecer al frente fue el de un chico de impactantes ojos grises y largo cabello rubio. Nariz cincelada y rasgos finos. El nombre "Lucius Malfoy" estaba debajo de la fotografía. No estaba nada mal, superficialmente hablando, pero para tenerlo de esposo… no estaba segura. Y como si los dioses le hubieran escuchado, el rostro de la compañera de ese joven apareció y no era ella. La chica también era rubia y sus ojos eran azules, como zafiros. Sus labios formaban la forma de corazón perfecta y rosada, sus mejillas tenían un leve rubor e incluso sus cejas eran absolutamente delicadas. Narcissa Rosier* era la afortunada.
Esperaron por un momento, hasta que las dos personas subieron a la tarima y se miraron fijamente. Lucius llevaba una bata blanca parecida a la de Severus y el cabello atado con un lazo, cayendo por su hombro izquierdo. Narcissa en cambio, llevaba el mismo uniforme amarillo que ella y el cabello sujeto por un broche de una mariposa, su flequillo redondo le hacía parecer más joven de lo que posiblemente era y más inocente que una florecilla. Ambos tenían un porte altivo, aunque ella y su cuerpo menudo lo atenuaban y convertían en dulzura. Malfoy miró a Severus y asintió solemnemente, este hizo una leve inclinación con la cabeza. Eso fue todo. Pero se sintió como algo mucho más profundo, no parecía ser la única en pensarlo, porque Mary suspiró melancólicamente a su lado.
—Vaya, se ha llevado a uno de los mejores —Comentó su amiga, Lily vio fugazmente como la rubia le sonreía a su nueva pareja—. Malfoy entra en la lista de los diez más deseados.
—¿Y quién la encabeza? —Quiso saber.
Mala idea.
—El Capitán, por supuesto.
La mirada marrón de la pelirroja ubicó al sujeto, estaba en la tarima junto a los otros dos de orejitas caninas en el visor. A los que había visto besándose en la bodega. El solo recuerdo le hizo estremecer.
—Así que es soltero…
—Oh, gracias a Merlín lo es.
Y eso solo podía significar una cosa…
Pasaron alrededor de doce parejas más, de todos los que estaban allí. Mary se apagaba cada vez más, como una llama. Según no salían muchas parejas, de hecho, que hubiera ese número ya era bastante. Lily comenzaba a relajarse y estar confiada, en un momento de poca lucidez imaginó que su rostro y el de James salían en aquella pantalla, eso podría ser muy soportable. Sus opciones eran él o Severus, con ninguno de los dos se quejaría… pero si ella no aparecía nunca en aquel recuadro, mucho mejor.
Sus alucinaciones sobre un James ataviado en un traje negro, esperándole en el altar, le hicieron sacudir la cabeza y sonreír. ¿Pero en qué estaba pensando? Ella y James solo eran amigos.
—¡Eres tú!
El grito de Mary la asustó. Alzó la mirada rápidamente y era cierto, en la pantalla estaba ella. "Por favor, por favor" Rogó en silencio, las miradas de todos iban de ella a la pantalla. "Por favor…"
El nombre Hechicero P273 fue lo único que apareció. No había fotografía ni nombre, solo eso. Por un momento pensó que podría ser una avería, pero Mary no pensaba lo mismo.
—Tienes que ir, Lily.
Se levantó un poco rígida y con paso tambaleante, caminó como un robot hacia la tarima. Severus tenía la vista fija en ella y le miraba de forma extraña, una mezcla de preocupación y… ¿culpabilidad?
Se colocó al centro, observando la multitud y esperando a que el Hechicero también subiera. Pero nadie lo hizo, nadie se abrió paso en la multitud y subió. No. Los pasos de ese alguien resonaron en su oído, ya estaba en la tarima. Su mirada se topó con el visor, su propio miedo reflejado en él.
—Es un honor, señorita Evans.
"Todo menos él, todo menos él…" James asaltó su mente, queriendo aferrarse a él de alguna forma.
El hombre se inclinó levemente en señal de sumisión. Murmullos, exclamaciones y chillidos de personas llenaron el comedor. Había sido emparejada con la persona con la que menos deseaba tener algo que ver. El Capitán.
*Evolutive Answer, al español (según yo :B) Respuesta evolutiva.
*Rosier, apellido de un antepasado de Narcissa :) Checar el árbol genealógico Black para comprobar.
Antes que nada, quisiera disculparme por no publicar tan seguido xD lo haré cuando salga de vacaciones y tenga tiempo para todo ;o; crecer es duro, créanme. En fin, ¿enserio no tienen ni idea de quien es el Capitán? xD Bueno, es algo enredado y complicado pero ;w; así me gustan las cosas(?) Si hay alguna falta de ortografía, mil disculpas. No tengo Beta 3: así que no está chequeado, aunque lo hago y soy una maniática, se me escapan algunas cosas.
Muchísimas gracias por sus comentarios :) son una fuente de inspiración y el pago a este hobbie que me divierte en demasía. Un saludo a todos y mis mejores deseos ^o^ que estén disfrutando de sus vacaciones al máximo.
Neki.
