Era por la tarde y Feliciano se encontraba solo en el piso. Antonio estaba trabajando y Lovino decidió salir a buscar alguna casa o piso para cuando su madre se recuperara y saliera del hospital. Hoy era viernes, lo que quería decir que Feliciano podía tomarse un descanso tras la dura semana de instituto aunque tenía deberes que hacer, pero al ser tan despreocupado lo dejaba todo para el final. Se encontraba mirando la tele, pero sin prestarle atención en absoluto. Pensaba en sus cosas, entre ellas, Ludwig, quien llevaba ya casi una semana sin mantener contacto con él. Feliciano estaba preocupado y comiéndose la cabeza, temiendo que se hubiera olvidado definitivamente de él, pero una parte más positiva le decía que estaba muy liado. ¿Por qué no le llamó? Porque le daba vergüenza después de lo que pasó el pasado domingo, pero sabía que debía hacer algo. Uno de sus mayores temores siempre fue el olvido, acompañado del que más sufrió y sufría, el rechazo, y gracias a ellos pensó en que su amigo se olvidó de él y lo rechazó. Se levantó de golpe, sin pensarlo más, y se preparó para salir, dispuesto a ir al piso de su amigo a visitarle, aunque sabía que podría estar liado con trabajo pero, en ese caso, le llamaría por teléfono como último as en la manga para después quedar con él.
De nuevo, el joven Feliciano se encontraba allí, en el lujoso hall del hotel, incluso con la misma chica de recepcionista. Se quedó mirándola sin saber si debía ir y comunicarle a qué habitación iba, y ella le miró con semblante algo desagradable en su rostro.
-Hey, señor…- parecía que recordar el apellido del castaño le era imposible.
Feliciano sonrió intimidado y se acercó. –Vargas, señorita. Vengo a ver a Ludwig Beilschmidt, como la otra vez.-
-De acuerdo. Creo que está en su habitación.- apartó su mirada de él y se frotó cuidadosamente los ojos para no desvanecer el maquillaje que llevaba aplicado.
-Muchas gracias.- se despidió de ella con una sonrisa más tranquila y fue hacia el ascensor. Esta vez fue más amable y su tono de voz más sereno, a pesar de su mirada y su aspecto cansado.
El ascensor se paró y salió de él al llegar a la planta seleccionada previamente. Recorrió el pasillo buscando la habitación y cuando la halló, se paró frente a la puerta. La recepcionista dijo que estaba ahí, bueno, creía que estaba. ¿Y si estaba de verdad? ¿Qué le diría? Feliciano estaba tan nervioso que no recordaba que se le puede hacer una visita a un amigo sin ningún motivo en especial. Tras pensar en qué le diría a Ludwig cuando le abriera pulsó el timbre. Ludwig no tardó mucho en abrir y recibirle.
-Ah… Feliciano… hola. Pasa, no te quedes ahí.- se apartó de la puerta cediéndole el paso al interior del piso.
Feliciano le sonrió nervioso y pasó. Todo estaba oscuro, con las cortinas tapando las enormes ventanas. La única iluminación que había era la televisión, que estaba sin volumen, pero solo abarcaba una pequeña porción del gran piso. Frente a la mesa del sofá, la cual se encontraba situada entre éste y el televisor, había varios papales desparramados, incluso por el suelo, cuyo caos no era muy habitual en el rubio.
-Siento mucho el desorden.- Ludwig cerró la puerta y dejó que la luz entrara tras apartar las cortinas de las ventanas.
-Ve, no pasa nada.- el castaño se dirigió al sofá y se sentó. En el reposabrazos había un cojín que delataba que hace poco alguien se encontraba echado.
-Y también siento el ambiente de cueva. Desde que llegué me duele la cabeza.- se agachó frente la mesa y recogió todos los papeles. -¿Quieres un café o algo?- se incorporó tras colocarlos de nuevo con un clip.
-Oh, no, no quiero nada, así que vuelve a descansar. No quiero molestar, así que me iré.- se levantó de nuevo.
-Pero ya que has venido… Además, vives lejos y no me vendría mal charlar.- fue hacia la cocina.
Feliciano suspiró y le siguió. –Ve~, ¿cómo te va?-
Dejó los papeles en la encimera y abrió unos cajones que había sobre ella. –Bueno, sin contar la jaqueca, bien. ¿Y tú?-
-Supongo que bien…- respondió en voz baja.
-¿Supones?- fue hacia el frigorífico y sacó agua. –Ah, ¿cómo quieres el café?-
-Ah, no es nada.- sonrió. –Uhm, con leche.-
-¿Seguro?- sacó un tetrabrik de leche. -Ya sabes que yo te escucho.- echó agua en una taza y leche en otra.
-Bueno… hace poco ingresaron a mi madre en el hospital, pero hoy Lovi me dijo que estaba mejor.-
-¿Y eso?- echó café en ambos recipientes.
-Mi padre… bueno, mi padre nos maltrataba a mi madre, mi hermano y a mí, por eso me tuve que ir con mi hermano al piso de Antonio, pero ella se quedó con él… siempre decía que cambiaría, pero no lo hizo. La noche que nos encontramos iba buscando una comisaría porque acababa de pegarnos a mi madre y a mí.-
Ludwig le miraba atónito mientras dejaba ambas tazas en el microondas. –¿Me estás diciendo que mientras aguantabas el acoso de la gente de tu instituto también aguantabas los problemas familiares?-
-Sí… pero ya estoy mejor. Y mi madre también.- sonrió tratando de calmar su preocupación. –Pero… hay una cosa más reciente que me preocupa…- se ruborizó y puso nervioso. -¿Qué crees que es?-
Ludwig programó el horno mientras ingería todo lo que contó el castaño. Parecía increíble cómo una persona podía aguantar tanto tormento en su vida y que no se desahogara con nadie, según le dijo anteriormente. -Creo que lo mismo que a mí.- programó el microondas y lo encendió.
Feliciano trataba de retenerse los nervios mientras miraba a Ludwig, que se encontraba de cara a la encimera y de espaldas a él, que estaba apoyado en la encimera de la barra americana.
-Escucha, creo que tenemos que hablar.- se giró hacia él.
El corazón del castaño latía rápidamente, tanto, que creía que iba a morir ahí. Un calor recorría su cuerpo e hizo que sus manos empezaran a sudar, poniéndose muy nervioso mientras su amigo le clavaba su clara mirada en él, pero sin decir nada.
-¿No crees?-
-S-sí… sí.-
-Venga, vamos al sofá.- fue hacia dicho mueble seguido por Feliciano detrás.
Ambos tomaron asiento; Feliciano se sentó donde lo hizo la primera vez, y Ludwig se sentó en un sillón aparte, a su lado.
-¿Quién empieza?- juntó ambas manos entrelazando entre ellas los dedos.
El castaño le miró aún muy nervioso, casi tanto que su labio inferior temblaba y sus ojos estaban vidriosos, por lo que parpadeaba repetidamente. –L-Ludwig, siento mucho lo del otro día… sé que estuvo mal y no debí hacerlo… siento haberte fallado… me arrepiento muchísimo… lo comprenderé si no me perdonas.- agachó la cabeza y comenzó a frotarse los ojos.
-Supongo que ese beso quiso decir algo, ¿verdad?-
-¿Qué?- alzó la cabeza lentamente frotándose la nariz con las manos y tratando de calmarse.
-Quiere decir que estás enamorado de mi, ¿no?-
-N-no…- agachó la cabeza de nuevo.
-¿Por qué lo niegas? ¿Tienes miedo de que te rechace?-
-Sí…-
-Bueno… la verdad es que…- suspiró echándose hacia atrás en el respaldo del sillón. –Esto es complicado…-
-No…- se levantó. –No pasa nada, siento las molestias.- sonrió con lágrimas en los ojos y se preparó para salir.
-Déjame hablar y siéntate.-
El autoritario tono de voz de Ludwig fue la segunda cosa que le intimidó desde que entró en el edificio, así que se sentó de nuevo, pero sin mirarle.
Tomó aire y habló con un tono más tranquilo. -Mira, no me importa lo del beso, ¿vale? Eso déjalo a un lado. Verás, con el tiempo es normal que me hayas cogido afecto, sobre todo por las veces que te ayudé y las que volvería a hacerlo, pero yo... te he mentido.-
-¿Qué quieres decir?- preguntó con débilmente el otro.
-Verás, no te he mentido del todo, más bien no me he explicado correctamente. Cuando te dije que era actor no mentía, pero no soy un actor de cine… bueno, en realidad sí.-
-A mí no me importa en lo que sea que trabajes… no me enamoré por eso…- le miraba haciendo pucheros.
-¿De verdad? Entonces no te importará saber que me dedico a la pornografía.-
Feliciano apenas reaccionó notablemente a ese comentario, simplemente se le quedó mirando como cuando le hizo la anterior pregunta, sin embargo, lo escuchó claramente. Si eso era una broma, que a juzgar por la seriedad del ambiente y de Ludwig parecía que no, era de mal gusto.
-Eso fue lo que me faltó explicarte cuando estábamos en la cafetería. Bueno, y que todo este piso es mío, no me lo paga nadie.-
El castaño permanecía callado mirando fijamente a su amigo sin saber qué decir. Aún estaba procesando el otro comentario.
-Estarás pensando muchas cosas que posiblemente no sean agradables respecto a mi persona, lo sé, pero por eso no te lo dije al principio. La gente no suele reaccionar bien cuando alguien como yo le dice cómo se gana la vida. Ah, y no creas que lo hago por placer. Ya no.-
-¿Ya no?- se atrevió a pronunciar Feliciano finalmente.
-Entré en este mundillo siendo… poco mayor que tú, muy joven. Creía que todo iba a ser de color de rosa, pero también tenía que hacer cosas que no me gustaban. Ahora ya estoy acostumbrado y, como toda la gente, odio mi trabajo. Creo que eso es un requisito para cualquier oficio, a no ser que sea tu verdadera vocación.-
-¿Y- el más bajo prefirió tragarse la pregunta de qué eran esas cosas que no le gustaban. Seguro que a él no le gustaría escucharlas ni a Ludwig contarlas.
-Aparte de eso, también soy modelo, normalmente nudista, pero de vez en cuando también llevo ropa. Y… bueno, suelo hacer calendarios y demás para causas benéficas cuando puedo…- se sonrojó levemente.
-Eso está bien…- Feliciano solo asentía a todo lo que Ludwig le decía mirándole fijamente y con ojos muy abiertos. No es que fuese malo, pero no se lo esperaba de una persona cercana a él.
-Bueno… creo que no tengo nada más que decir… ¿Qué piensas de mí ahora, Feliciano?-
-A-ah, pues… no sé…-
-¿No sabes?- suspiró. –Sabía que esto pasaría. Escúchame bien; todo lo que hemos pasado juntos, todo lo que hablé contigo y todas las veces que te ayudé no entraban dentro de mi papel como actor. Quiero decir, solo porque te haya dicho esto no cambiaré, ¿de acuerdo? Por mi parte, podemos seguir siendo amigos.-
-No, si no lo dudo…-
-¿Y qué ha pasado con ese "ve"? Lo solías decir cuando estabas con alguien de confianza y antes de decirte todo esto. ¿Te incomodo ahora?- elevó el tono de voz en la última oración.
-N-no…- respondió intimidado por tercera vez.
Ludwig se quedó callado y recapacitó sobre su actitud punzante y un tanto hostil. –Lo siento, Feliciano, no quería ser tan brusco...- se echó el pelo hacia atrás y resopló. -¿Quieres agua? Mierda, el café.- se levantó y volvió a la cocina.
Feliciano le miró cabizbajo por el rabillo del ojo y se levantó para ir al baño, cuyo camino recordaba desde el domingo.
Cuando volvió al salón de nuevo vio a Ludwig sentado en el sillón, mirando fijamente su taza de café con la mirada apagada. Feliciano se sentó a su lado y vio como frente a él había una taza de café acompañada de un azucarero y un vaso de agua.
-No le he echado azúcar.- dijo Ludwig. –Y pensé que quizá necesitarías beber agua. Si quieres echarle más café, te traigo la cafetera.- le dio un sorbo a su café.
Feliciano asintió y bebió tras echarle los terrones de azúcar que le correspondían y removerlo. –Está muy bueno y dulce.- sonrió levemente.
-Yo lo suelo tomar sin leche, así que el mío está más amargo.-
El más joven asintió con la cabeza y miró el fondo de su taza, esperando encontrar en él algo que le permitiera romper el tenso e incómodo ambiente infectado de un silencio sepulcral.
Ludwig volvió a beber café. –No eres la primera persona que deja de confiar en mi, ¿sabes? Me pasó lo mismo con una chica que conocí hace mucho. Llegamos a ser novios, pero cuando se lo dije casi me mata. Al menos no quería tenerla engañada…-
-¿Y dónde está?-
-No lo sé, perdimos contacto. Espero que le vaya bien.-
-¿Y ahora estás con alguien?-
-No. No quiero aburrirte contándote mis penas, pero la verdad es que a veces me siento muy solo… conozco a muchos actores y tengo buenos amigos, pero…-
-Creo que sé cómo te sientes.- dijo Feliciano. –Solo que yo tengo a mi familia.-
-Venga ya, eso es imposible.-
-La gente de mi instituto solo se ríe de mí, ya lo sabes…-
-¿Toda?-
-Bueno, toda creo que no…-
-No toda la gente es tan mala. Seguro que hay gente que no conoces y que serían muy buenos amigos tuyos, porque seguro que no conoces a todos, ¿verdad?-
-Ya, pero es que… lo paso muy mal y me da miedo abrirme…-
-Sigue el consejo que te dije y combate fuego contra fuego.-
-Por suerte no todos los días se meten conmigo, pero se han metido lo suficiente como para que me mine a mí mismo.-
-Pero no puedes pensar así, lo único que harás es hacer lo que ellos quieren.-
-Ya lo sé…-
-Por eso debes pasar página y no hacerles caso. Tú al menos no te metes con nadie por su forma de ser, ¿verdad?-
-No…-
-Pues eso ya te pone por encima de ellos.-
El corazón de Feliciano volvió a acelerarse, esta vez con una especie de alegría por la compasión y familiaridad que su amigo le daba a cambio de absolutamente nada. -Ludwig… muchas gracias por animarme… mi madre y mi hermano siempre me animan y aconsejan, pero cuando lo haces tú… eres muy importante para mí, te aprecio mucho…-
–No hay de qué.-
Feliciano se ruborizó y se abalanzó hacia él desde su sitio, abrazándole. Hoy Ludwig actuó algo raro, pero probablemente porque no quería que perdiera la confianza en él.
El rubio se sobresaltó y miró al castaño, que permanecía quieto, y le correspondió rodeando su cuerpecillo con sus fuertes brazos.
–Quiero que sepas que… que me da igual lo que sea que hagas…- sollozaba. –Para mí siempre serás una persona muy importante y no quiero olvidarte nunca… por eso quiero plasmarte en el cuadro.- se abrazó a él fuertemente ocultando la cara en su pecho.
Ludwig le miró y le alzó la cara delicadamente. –Eso es lo que quería oír. Mi trabajo es mi trabajo, no dejo de actuar en él, nada de lo que hago es real ni lo hago con el mismo sentimiento que cuando estoy contigo.- un color rosado apareció por su rostro, que al ser pálido se notaba más de lo normal.
-¿Qué sentimiento?-
-Uno que tú y yo compartimos.- agarró con ambas manos las mejillas del muchacho y se acercó lentamente a sus labios, besándolos tiernamente y frotándolos suavemente con los suyos. –El amor.-
El joven rompió a llorar finalmente y apretó más fuertemente sus brazos alrededor del más mayor de los dos, que no paraba de darle dulces y pequeños besos en los labios. Después, Ludwig se echó con él en el sofá y lo acurrucó sobre su pecho mientras Feliciano seguía llorando.
-Estos días no te llamé porque sabía lo que sentías por mi y no quería que me infravaloraras por lo que hago, pero sabía que si te ignoraba no arreglaba nada… lo siento mucho, no lo volveré a hacer.- le besó en la frente.
El menor no paraba de llorar, no sabía si de felicidad o por los nervios, pero había logrado lo que deseaba; hacerse un hueco en el corazón de Ludwig, quien ahora mismo estaba con él en el sofá y le acariciaba suavemente la nuca y el casco de la cabeza para calmarle. Sus brazos le comenzaban a doler debido a que la espalda de Ludwig descansaba sobre ellos ya que ya llevaban un rato así, pero prefería aguantar el dolor a soltar a aquel hombre.
