Hola!! Ya sé que dije que intentaría actualizar pronto, y de verdad que lo he intentado pero… Como absolución, el capi es larguillo…
Espero que os guste!!
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CAPÍTULO 9
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- No lo digo yo, es así. Marcky no te ha dicho que tu omnisciente Padre, lleva con nosotros dos mil años. - dijo Lynne sonriendo - En un lugar muy parecido a este, pero con más comodidades, claro. El Príncipe se ocupa personalmente de él.
- ¡Ja! Esa sí que es buena. Te recuerdo que ganamos la guerra.
- ¿Estás segura, Mandy? - inquirió Evangeline sonriendo de medio lado. - Piensa un poco, ¿de veras crees, que con todas las bajas que sufristeis podíais haber ganado? ¿Cuánto hace que nadie sabe nada de él? ¿Y qué me dices de los serafines, hace cuanto no se dejan ver?
Mandy estaba paralizada, se negaba a creerlo pues los demonios mentían, eran manipuladores, confundían tus pensamientos, y Marcus le hubiese dicho algo así. No podía ser cierto, pero todo encajaba.
- Piénsalo, Brocklehurst. - dijo Lynne avanzando hacia la puerta - Me ha gustado charlar contigo, cuando quieras algo más, ya sabes dónde encontrarme. Hasta otra, Mandy.
Y salió de la Sala de los Menesteres, dejando el mundo de la joven Ravenclaw totalmente derrumbado.
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Cuando Lynne llegó a la cueva donde se reunía con Liam, estaba contenta aunque no del todo segura de si había hecho lo correcto al desvelarle a Mandy Brocklehurst esa información, pues era alto secreto y solo lo sabían los demonios de las jerarquías superiores, y los serafines. El resto de órdenes celestiales podrían armar una revolución si llegaban a enterarse, y ella no sabía en qué orden estaba la Ravenclaw. Se había arriesgado demasiado al contárselo y aún más al ir a decírselo a Liam.
- Hola, Evangeline - la saludó su jefe cuando llegó. Marcus nunca había sido uno de los favoritos de Liam, pero era necesario, era de los mejores imponiendo castigos y sanciones pues tenía el poder de leer a la gente tanto humana como no humana, conocía todos sus miedos y deseos, y además antes de desertar estaba a punto de ser ascendido al mismo nivel que él, y eso a Liam no le hacía mucha gracia. Pero si tenía tantas ganas de cogerle, no era por nada relacionado con aquello. Quería castigarle con sus propias manos, con sus propios poderes desde mucho antes de desertar, desde el primer día que mantuvo una relación más íntima con la hermosa joven que estaba en ese momento frente a él, porque Lynne era suya, él la vio primero, y él era su protector… Por eso Marcus tenía que acabar muerto del todo, y muerto por sus propias manos.
- Liam - respondió Lynne al saludo sonriendo interiormente ante la mirada de su superior.
- Espero que esta vez tengas mejores noticias que la última.
- Sí - contestó ella - Tengo una buena y otra que a lo mejor no tanto.
Liam clavó sus ojos dorados sobre la Slytherin, de acuerdo que era su protegida, y era cierto que la deseaba, pero por nada del mundo iba a permitir que esa cría estropease su ascenso de nivel, ni tampoco su propio pellejo.
- Brocklehurst está a punto de dejar a Marck - anunció Lynne, Liam alzó una ceja escondiendo un gesto de irritación al escuchar el diminutivo con el que la chica se refería a ese traidor, pero si ella se percató hizo caso omiso y continuó - Pero para ello he tenido que revelar cierta información, la cual no se si estoy autorizada para publicar.
- ¿A quién se lo has contado?
- A Mandy - respondió.
- Cuéntame lo que le has dicho, y cómo ha reaccionado - le ordenó el demonio. Lynne obedeció relatándole todo lo que había ocurrido en el vestíbulo y en la Sala de los Menesteres; también le comunicó el enfado de Marcus y cómo le había atacado. La expresión de Liam únicamente varió ante ese hecho, pero durante el resto del relato permaneció imperturbable, y eso inquietaba a Evangeline. - De acuerdo, buen trabajo. Preferiría que no le hubieses dicho nada de eso, dado que no sabemos si puede ponerse en contacto con otros de los suyos, pero a partir de ahora te encargarás de vigilarla.
- Bien - contestó Lynne llanamente sin dejar traslucir su complacencia en la voz.
- Pero recuerda que este sólo es el primer paso - le advirtió Liam - El propósito de todo esto es que Marcus vuelva aquí, ¿de acuerdo?
- Por supuesto, Liam.
- Puedes irte, y quiero que me mantengas informado de todos los pasos de Brocklehurst.
- Está bien - contestó ella dándose la vuelta para marcharse, cuando estaba a punto de salir se giró y sonriendo de medio lado, llamó la atención de su superior - Liam… Te sienta bien esa túnica. - el aludido alzó los ojos hasta que se encontraron con los de ella - Estás sexy. - el demonio dio un paso para aproximarse a la joven, que soltó una risita - Pronto tendrás noticias mías, adiós Liam.
Lynne desapareció dejando tras de sí una estela de humo, el eco de su risa, y a un demonio furioso, desconcertado y complacido.
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Estúpido Filch, era el pensamiento que rondaba por la cabeza de Draco Malfoy, estúpido squib de mierda. Le había dejado en la calle, con el frío que hacía, le había cerrado la puerta principal cuando estaba dando una vuelta con su escoba en el campo de Quidditch. De acuerdo que se le pasó el toque de queda, pero eso no era un motivo suficiente para dejarle ahí fuera durante toda la noche, su piel era sensible al frío, y estaba incómodo. Cuando se estaba planteando lanzar una bombarda contra la puerta de madera, escucho una voz melodiosa cantar aproximándose a él, se le pasó por la cabeza aquello del canto de sirena. Esas que según las absurdas leyendas muggles cantaban para atraer a los hombres que luego asesinaban.
- ¡Malfoy! - Draco pegó un respingo cuando gritaron su nombre al oído. - ¿Qué te ocurre? Llevo cinco minutos llamándote, ¿qué haces aquí fuera? ¿Y por qué me miras de ese modo?
- Wars, ¿de dónde vienes? - preguntó el chico irguiéndose con dignidad. - ¿No deberías estar en tu habitación desde hace un buen rato?
- Sí, el mismo rato que tú - contestó ella pasando por su lado para acercarse a la puerta.
- Está cerrada - informó Draco mirando inconscientemente el trasero de Lynne. - El estúpido de Filch ha ido a pedirle permiso a McGonagall para dejarme entrar.
- Vaya - contestó ella. Se había aparecido en los terrenos del Bosque Prohibido, y había decidido disfrutar de su éxtasis dando un paseo.
- ¿Vaya? - repitió el chico - Wars, soy Slytherin, McGonagall es capaz de dejarme aquí fuera toda la noche para que me congele de frío.
- Vamos Malfoy, no seas melodramático - dijo Lynne quitándole importancia con la mano y acercándose provocadoramente a Draco, llevaba mucho tiempo sin acercarse a un humano en términos íntimos. Evidentemente no eran tan buenos como los de su especie, pero a falta de estos… Malfoy no estaba mal para un rato - El frío no es tan malo, tiene sus ventajas.
- Me temo que no estoy de acuerdo - contestó él demasiado furioso como para percatarse del avance de su compañera, Lynne rodó los ojos, pero no iba a utilizar sus poderes, eso sería demasiado fácil, y a ella le gustaba jugar…, se comportaría como cualquier chica humana, y dejaría que fuese él quien tomase la iniciativa.
- Puedo darte miles de ventajas de este clima - dijo ella. Tal vez un empujoncito no estuviese mal… - Aunque creo que una sería suficiente.
Draco por fin clavó su mirada sobre ella, y sus ojos se abrieron de la sorpresa al tenerla tan cerca, no podía negar que era un adolescente, y como tal tenía hormonas, además que Evangeline Wars estaba muy buena.
- ¿Tu crees? - inquirió Draco permitiendo a la chica acercarse más. Lynne asintió con la cabeza - ¿Como cuál?
- No sé… Puedes abrazar a una pobre chica que está muerta de frío - contestó ella poniendo sus manos sobre el pecho del chico - Y una pobre chica muerta de frío puede ser abrazada por los fuertes brazos del chico más guapo del colegio… Por ejemplo - dijo pasando sus brazos alrededor del cuello de Draco, él puso sus manos sobre las caderas de Lynne - Y además se pueden encontrar miles de maneras de entrar en calor.
Draco inclinó ligeramente la cabeza hacia la derecha mientras Lynne hacía lo mismo con los labios entreabiertos y una sonrisa complacida en ellos. Se fueron acercando lentamente y sus alientos, algo acelerados comenzaron a fundirse. Sus bocas estaban a escasos milímetros, a punto de chocar.
- Señor Malfoy - cuando Filch abrió la puerta sin prestar atención a los chicos - Puede pasar, pero tengo que acompañarle a su Sala Común, a usted también señorita Wars.
Draco maldijo otra vez al celador, si hubiese tardado unos minutos más… Lynne soltó una risilla al ver la cara del chico y avanzó un paso para seguir a Filch a la sala de Slytherin.
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Al día siguiente, Mandy Brocklehurst no bajó a desayunar, tampoco fue a clase, ni pasó a comer por el Comedor. Marcus sí que hizo todas esas cosas, pero con un carácter mucho más agrio que de costumbre. Él lo había dejado todo, absolutamente todo por ella, ¿y así se lo pagaba? Mandy no entendía nada, pero nada de nada, para ella todo era muy fácil, todas las reglas las había puesto ella, porque sus normas eran siempre las correctas, las éticas. Él sólo le había guardado un secreto que, la verdad, era algo insignificante para él, y ya todo lo demás no importaba. Una vez más Mandy anteponía a su Padre por delante de él, y de todos sus sacrificios. Pues eso se había acabado, si Mandy quería dejarle que se atuviera a las consecuencias. Se giró en el banco del comedor y miró a su compañera de mesa.
- Evangeline - la llamó, y ella le miró tras llevarse el tenedor a la boca.
- ¿Sí, Marcus?
- Vas a venir al baile conmigo - dijo.
- ¿Es una orden? - preguntó ella con tono juguetón. - Siempre me han gustado los chicos con las cosas claras, pero no sé si tu angelical novia esté de acuerdo con eso de que la cambies por mí, como pareja en el baile claro.
- Mandy es historia - sentenció Marcus. Lynne alzó las cejas en gesto de fingida sorpresa.
- ¡No! - exclamó - ¿De veras? Lo siento tanto, Marck.
- Déjate de teatros, Lynne - dijo él - Ya has conseguido lo que querías.
- Yo no quería que cortases con ella, sólo quería que volvieses con nosotros - contestó - Te echo de menos, ahí abajo.
- Seguro…
- Está bien, Marck - accedió Lynne - Iré contigo al baile, no quiero que te sientas solo.
El chico bufó.
- Eres única - dijo volviendo a concentrarse en su comida. Lynne sonrió.
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Hermione Granger había aprovechado que Ron y Harry tenían entrenamiento para subir a la lechucería para enviarle sus cosas a Lynne, al día siguiente era el baile, y la Gryffindor suponía que la otra chica querría tener las cosas preparadas para ese día, así que maldiciéndose por tener que esconder a sus amigos su camarería con la Slytherin, subió cargada de bolsas a la morada de las lechuzas. Tomó prestadas tres lechuzas del colegio y vio cómo se alejaban hacia su destinataria. No habían vuelto a hablar desde lo sucedido el día anterior en la biblioteca, Hermione todavía no llegaba a comprender del todo lo que había pasado, pero sí tenía claro que el episodio se había desencadenado a raíz de sacar el diario de Eve Gryffindor. Cuantas más páginas leía, más segura estaba de que aquel cuaderno escondía un gran secreto más allá de la verdadera personalidad del fundador de su casa, y cada vez sentía más compasión por la protagonista de esa historia. Ya no le cabía duda de que aquellas palabras eran reales, Hermione no quería creerlo, pero había demasiados detalles en aquellas páginas, detalles que les habían sido vedados a los alumnos de Hogwarts, y estaba segura, a la mayoría de los profesores, si no a todos… En cuanto terminase de leerlo se lo entregaría directamente a la directora McGonagall, decidió mientras atravesaba los jardines en dirección al castillo. Cuando llegó a las grandes puertas de madera, las empujó deseando entrar al calor del vestíbulo, estas se abrieron sin ofrecer resistencia, pero Hermione no llegó a sentir el calor que tanto deseaba, sino un frío más helador que el que se respiraba fuera; por suerte para ella, aquella desagradable sensación duró pocos segundos, los mismos que tarda un fantasma en atravesarte. La chica sacudió su cuerpo del escalofrío que la recorrió, y meneó la cabeza al ver quién era ese fantasma.
- ¡Disculpa! - exclamó avanzando con rapidez tras él. Cuando la fantasma se giró, Hermione se armó de valor - ¿Es usted la Dama Gris?
- Efectivamente - respondió la aludida alzando la barbilla - ¿Y vos sois?
- Hermione Granger - contestó la joven.
- ¿Y me habéis llamado por algún motivo?
- Eee, sí - contestó Hermione dubitativa, le inquietaba la actitud soberbia del fantasma de Ravenclaw - Usted es Helena Ravenclaw, ¿verdad?
- Si vos también venís a que os diga la ubicación de la diadema de mi madre, ya podéis…
- No, nada de eso - la interrumpió Hermione - Yo sólo… me preguntaba si conoció usted a Eve Gryffindor.
Helena se quedó en silencio, tan paralizada que si no estuviese ya muerta, Hermione juraría que se le había parado el corazón.
- No os acerquéis a ella - susurró la fantasma inclinándose sobre la joven - Es maligna, y dejar de investigar acerca de Eve, solo os traerá problemas, problemas muy peligrosos.
- ¿Es ella también un fantasma? ¿Está aquí en Hogwarts? - quiso saber Hermione excitada.
- Es peor que un fantasma… - contestó Helena - Obedecedme, no preguntéis más lady Granger.
La fantasma se dio la vuelta dispuesta a alejarse.
- ¡Espera! - gritó Hermione, pero la Dama Gris atravesó una pared dejando a la chica sola en el vestíbulo. - Maldita sea.
- Maldita sea, ¿quién?
Hermione se giró sobresaltada al escuchar la voz de Lynne.
- Nadie - contestó nerviosa. Decidió cambiar de tema, no quería sacar a relucir el tema del diario de nuevo ante la Slytherin - Te acabo de enviar tus bolsas, supongo que te estarán esperando en tu habitación.
- Sí, ya la he recogido - respondió Lynne acercándose más a Hermione, que inconscientemente dio un paso atrás, su interlocutora alzó una ceja - Gracias por mandármelo, tengo que preparar las cosas para mañana. ¿Ya tienes pareja?
- Ron - contestó Hermione - ¿Y tú, vas con alguien? Supongo que no habrás tenido problemas para encontrar pareja, ¿no?
- Alguno que otro - confesó la Slytherin - Pero al final iré con Marcus Flint.
- ¿Pero él no va con Mandy Brocklehurst? - preguntó Hermione confusa.
- Ya no, rompieron ayer - contestó Lynne sonriente.
- Vaya, eso sí que es sorprendente - musitó Granger.
- ¿Sorprendente, por qué?
- Llevan juntos desde que empezamos el colegio, o casi.
- Bueno, todo se acaba, ¿verdad?
- Supongo… - contestó Hermione en voz baja. Tras unos segundos en silencio, y sintiéndose escrutada por la mirada de su compañera de curso, comenzó a estar incómoda - Bueno, he de irme tengo que terminar un trabajo…
- Claro, ya nos veremos en el baile - respondió Lynne sonriendo con malicia. Hermione hizo un gesto con la mano y le dio la espalda a la Slytherin para comenzar a subir las escaleras - Por cierto, Hermione… - la llamó, y la aludida se giró - ¿Cómo llevas el libro? Recuerda que me dijiste que me lo ibas a dejar cuando lo terminases.
- No lo he acabado aún - contestó.
- No se me olvida, Granger.
Hermione reprimió un escalofrío antes de asentir con la cabeza y continuar subiendo las escaleras en dirección a su Sala Común.
Lynne se quedó unos segundos parada en medio del vestíbulo, hasta que escuchó unos pasos acercándose, por el sonido supo inmediatamente de quién eran aquellas pisadas. Sin pensárselo dos veces, bloqueó todas las entradas a la estancia donde ella se encontraba, excepto una. Se pegó contra la pared y sonriendo con anticipación, cuando el chico pasó por su lado, Lynne le agarró con fuerza del brazo e intercambió su posición con la de él; aprovechando que Draco tenía los ojos y la boca abiertos por la sorpresa, la chica posó sus labios sobre los suyos.
Draco Malfoy cerró los ojos inmediatamente, esos labios le eran familiares, como si los hubiese besado ya, pero rápido abandonó esos absurdos pensamientos y pasó sus brazos en torno a la cintura de Evangeline. Ambos cuerpos parecían encajar a la perfección, como dos piezas de un puzzle. El chico se estremeció cuando Lynne introdujo sus dedos entre los cabellos rubios y se apretó más contra él; sin poder evitarlo Draco deslizó una mano hacia el trasero de la chica, era duro y de un tamaño idóneo para su mano. Sus lenguas mantenían una lucha salvaje, de pronto Malfoy recordó algo, como si fuese un sueño olvidado, un libro que intentaba de escapar de sus manos en la biblioteca. ¿Dónde estaba ese libro? Lynne se separó lentamente de él y le dio un último y sutil beso en los labios antes de darse la vuelta y abandonar al chico en el solitario vestíbulo.
La sala de los Menesteres, aquel lugar llegó a la mente de Draco como un resorte ante ese último beso, aquel libro tenía que estar en el Bosque simulado en la sala de los Menesteres. Sin pensárselo dos veces comenzó a subir las escaleras que le llevarían a aquella sala. Tenía el presentimiento de que aquel libro era importante.
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- ¡Atención, por favor! - pidió la directora del colegio a la hora de comer. Poco a poco, el Gran Comedor abarrotado de alumnos se fue quedando en silencio - Como sabéis, he estado convalidando mis tareas como directora con las clases de Transformaciones al no encontrar personal para impartir esa asignatura.
McGonagall se interrumpió durante unos segundos.
- Pero hoy tengo el placer de presentaros a vuestra nueva profesora de Transfiguración - continuó - Démosle la bienvenida a la señorita Peyton Strauss.
La directora hizo un gesto con la mano para señalar a una mujer rubia que se levantó sonriendo de su asiento en la mesa de los profesores. Los alumnos comenzaron a aplaudir, todos excepto tres, que se quedaron mirando a la nueva profesora con los ojos dilatados. Los ojos de un color azul eléctrico salpicados de puntos de color ámbar se clavaron burlones sobre una chica morena sentada en la mesa de Ravenclaw.
Mandy Brocklehurst reprimió un escalofrío mientras se llevaba inconscientemente una mano a su vientre.
Marcus Flint apretó con tanta fuerza el tenedor que sostenía en su mano que el cubierto se partió.
Evangeline Wars sonrió, entre confusa y complacida.
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Hermione Granger no paraba de mirarse al espejo desde todos los ángulos posibles. De frente, de espaldas, de ambos perfiles, a poyada sobre una pierna, con las manos en las caderas, con los brazos a ambos lados de su cuerpo… Y no se convencía del todo de su atuendo, estaba totalmente segura de que se le transparentaba todo.
De pronto se abrió la puerta de su habitación.
- ¡Wow!
- ¡Harry! - exclamó Hermione cubriéndose como pudo, algo inútil, por cierto - ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has subido?
- Vaya, Hermione - consiguió pronunciar el chico.
- ¡Harry! - exclamó ella de nuevo.
- Lo siento, espera que recupere el habla y te contesto.
Harry Potter se frotó los ojos y esbozó una sonrisa traviesa.
- ¿Ya? - preguntó Hermione cruzándose de brazos y mirándole ceñuda.
- Si, ya pasó el impacto - respondió él - Estás muy guapa, Hermione, de verdad.
- ¿Tu crees? - preguntó ella volviendo a mirarse al espejo - ¿No voy muy… como desnuda?
- No, estás sexy.
- ¡Ja! - se carcajeó la chica - Seguro… Bueno, ¿cómo has burlado el tobogán?
- El Mapa del Merodeador tiene sus trucos - respondió Harry enigmáticamente. Hermione alzó una ceja. - Es que te quería pedir un favor, mi túnica me quedaba pequeña, y Neville le ha echando un hechizo pero lo ha hecho mal, y ahora no para de alargarse y encogerse. ¿Puedes arreglarlo?
Hermione suspiró.
- A ver, enséñamela - ordenó. Harry obedeció sacando su túnica de gala de su mochila. Hermione miró la prenda con el ceño fruncido antes de coger su varita y apuntarla con ella - Ya está.
- Gracias, me has salvado la vida - dijo Harry aliviado.
- ¿A qué hora hemos quedado? - preguntó Hermione.
- A las ocho - contestó él sin apartar los ojos de la joven.
- Harry… ¿te importaría dejar de mirarme así?
- Perdona, es que no me esperaba que… Solo me ha sorprendido verte así.
- Vale, me cambio ahora mismo - sentenció Hermione - Ya sabía yo que no me iba a quedar bien.
- ¡No, no es eso! El tema es que te queda bien, de veras. Ron se va a caer de espaldas cuando te vea.
- ¿De verdad? - preguntó ella sonriendo.
- Casi me caigo yo…
- Mira que eres tonto.
- ¡Oye! - exclamó Harry - Bueno, me voy a vestir, te veo en media hora, y ni se te ocurra cambiarte.
- De acuerdo - contestó Hermione mirando como su amigo salía por la puerta. Volvió a fijar la vista sobre su reflejo, sonrió y dio un par de palmadas de satisfacción.
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- Lynn, ¿te queda mucho? - la voz de Marcus la llegó a través de la puerta del baño. Ella bufó exasperada, llevaba igual desde hacía media hora.
- Un minuto menos que la última vez que lo preguntaste - respondió mientras se repasaba la raya del ojo.
- Pero es que no entiendo qué coño hace Strauss aquí - dijo Marcus. - Tu tienes que saberlo, Evangeline, así que dímelo.
- Ya te lo he dicho, no tengo ni idea de por qué está aquí - contestó Lynne - Y aunque lo supiera, no tendría ninguna obligación a decírtelo. Pero si tanto interés tienes puedes bajar y se lo preguntas a Liam, te acompañaría encantada.
- No lo dudo - musitó él sentándose en la cama. La puerta de la habitación se abrió.
- Hola Flint - le saludó Pansy Parkinson - ¿Te importa levantarte de mi cama? Gracias.
- Tan simpática como siempre - dijo él con sorna.
- Te recuerdo que estás en mi cuarto.
- Lo sé.
- Entonces compórtate.
Marcus abrió la boca para replicar, pero en ese momento salió Lynne del baño.
- Calma, chicos - dijo - ¿Nos vamos ya?
- Estás increíble, Lynne - la admiró Pansy.
- Gracias - contestó empujando a su pareja de baile para que saliese por la puerta - Te veré en el baile, Pansy.
Una vez fuera de la habitación, Lynne pasó con sus tacones por delante de Marcus, precediéndole a la sala común e ignorando las miradas que la dirigían, tanto chicos como chicas. Marcus iba ceñudo tras ella, siempre había sido muy posesivo y no le hacía ninguna gracia que mirasen así a su pareja aunque únicamente fuesen compañeros de baile.
- ¿Tienes que ir siempre provocando? - la preguntó al oído mientras salían al pasillo. Ella se giró, quedando a escasos centímetros del rostro del chico.
- ¿Voy siempre provocando, Marck? - susurró Lynne observando cómo los ojos de Marcus bajaban hacia sus labios. - ¿O los humanos tenéis una mente muy calenturienta? ¿O a lo mejor es que no eres humano? - Lynne dio un pequeño paso hacia delante para que su cuerpo quedase totalmente pegado al de él, pero con los brazos caídos a los lados de ambos.
- No voy a picar otra vez, Evangeline - murmuró Marcus con lo que él pretendía que fuese una voz firme, pero que no lo era tanto. Lynne miró por encima del hombro de su compañero y sonrió al ver a un chico rubio acercándose a ellos por el pasillo.
- Me alegro, porque yo tampoco iba a dejar que lo hicieras - contestó ella dándose la vuelta y echando a andar por delante de él. Marcus reprimió una maldición antes de seguirla. - Tengo la impresión de que este baile será divertido.
- Solo es un baile, Wars - señaló el chico.
- Lo sé, pero dará que hablar, créeme.
Marcus la miró entrecerrando los ojos.
- ¿Qué estás tramando?
- ¿Yo? - preguntó Lynne señalándose el pecho, fingiendo inocencia - Nada, ¿qué iba a tramar yo?
- No te hagas la buena, que no te pega, Evangeline.
- Está bien, tú solo no pierdas de vista a Potter - dijo ella con tono misterioso, mientras llegaban al vestíbulo.
- Me das miedo - confesó Marcus sin poder evitar sonreír. ¿Qué habría planeado?
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En la habitación de las chicas de séptimo, en Ravenclaw, dos jóvenes estaban sentadas en la cama de una de ellas. La dueña de la cama estaba en pijama, mientras que la otra vestía de gala y agarraba la mano de su amiga.
- Vamos, Mandy, anímate.
- No tengo pareja, Claire - contestó la aludida.
- ¿Y qué? Yo tampoco, podemos ir juntas y criticar las túnicas de las de Huffelpuf.
- No me apetece reírme.
- Mandy, ¿de veras quieres darle el gusto de verte encerrada en tu cuarto? - preguntó Claire con energía.
- No, ¿pero y si él va con alguien?
- Pues la echaremos un encantamiento de furúnculos - respondió su amiga arrancando una mueca en la cara de Mandy. - Venga, hazlo por mí, va a ser el último baile del colegio. Por favor.
Mandy suspiró, cediendo.
- Pero solo un rato - dijo al fin.
- ¡Genial! - exclamó Claire echando sus brazos alrededor de el cuello de la morena. - Vístete, ya deben de estar a punto de abrir las puertas del Gran Comedor.
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El grupo de Gryffindor salió de la Sala Común con Ron y Hermione en cabeza, Harry y Ginny tras ellos, y Neville en último lugar, el chico se desviaría para buscar a Luna en las escaleras de la torre de Ravenclaw.
- Ronald, cierra la boca antes de que empieces a babear - le dijo Ginny divertida ante la expresión de su hermano.
- No digas tonterías, Ginny - le contestó él. Hermione se sonrojó, y Harry y la pequeña Weasley rieron entre dientes mientras entraban al Gran Comedor.
Todo estaba espléndidamente decorado. Un gigantesco árbol de navidad dominaba el centro del salón. El espumillón colgaba de las paredes y del techo.
Hermione miraba a su alrededor, contemplando a sus compañeros, se quedó unos segundos mirando a Lynne, hablando con Malfoy mientras Flint les miraba con el entrecejo fruncido. ¿Habrían cortado Mandy y él por culpa de Wars? De pronto Lynne fijó su vista en ella, que no pudo evitar sonrojarse por mirarla tan fijamente. La Slytherin la guiñó un ojo antes de continuar la conversación con Malfoy, demasiado cerca para el gusto de sus respectivas parejas, como pudo apreciar Hermione.
- Vamos a bailar, Hermione - dijo Ginny agarrando a la castaña del brazo, y arrastrándola hacia la pista de baile.
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Lynne hablaba con un nervioso Draco, y ella no podía negar que no disfrutaba del estado del chico, Marcus nada más entrar al Gran Comedor había dejado de prestarla atención y paseaba su mirada por la estancia como si estuviese buscando a alguien, lo a Lynne no le hacía ninguna gracia. No podía permitir que la estúpida de Brocklehurst le robase la atención de su pareja de baile. Así que decidió ponerse a hablar con Malfoy, ya que la mirada que le dirigía el chico dejaba claro que él si le prestaba la atención debida. Y gracias a eso, Marck volvió su vista hacia ella.
- ¡Por las calzas de Merlín! - exclamó de pronto Pansy. - ¿Esa es Granger?
Los cuatro Slytherin giraron inmediatamente la cabeza hacia el grupo de Gryffindor. En efecto, esa era Hermione, con el vestido que la propia Lynne eligió.
- Quién lo iba a decir… - dijo Draco antes de devolver su mirada hacia Lynne. La sangre sucia carecía de relevancia para él.
- Vaya… - dijo Marcus, pero su exclamación no tenía nada que ver con Hermione, sino con Mandy, quien entraba tras los Gryffindor con su amiga Claire.
Lynne, al sentir una mirada sobre ella, se giró para encontrarse con los ojos castaños de Hermione, la guiño un ojo. Después sonrió con anticipada malicia al observar a Harry Potter pasando el brazo por la cintura de la castaña al cederla el paso.
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Mandy Brocklehurst estaba sentada junto a una de las mesas observando con tristeza a las parejas que bailaban, o a los grupos de amigas que se movían al ritmo de la música. Ella debería estar en la pista, bailando con un Marcus incómodo, seguramente refunfuñando por estar en esa ridícula situación; él odiaba bailar, pero aún así estaría moviéndose torpemente a través de la pista únicamente porque ella se lo había pedido. Suspiró y le dio un trago a su bebida. Sentía que los ojo estaban a punto de inundársele, pero no lo permitiría, no allí en medio de tanta gente, no ante la presencia de Marcus. Pese a haberse prometido que no le prestaría más atención de la debida a su ex, no pudo evitar escoger un asiento frente a la mesa donde el chico que había sentado. Se había preguntado en su habitación, si Marcus tendría pareja, en el fondo no le extrañaba que así fuera, y tampoco debería sorprenderla que su acompañante fuese Wars, pero se descubrió obligándose a respirar cuando le vio con el brazo entrelazado al de Lynne. Y ahora, al cruzar su mirada con la de Marcus, también se detuvo su respiración. Aquellos ojos verdes, capaces de atravesarla como si fuesen puñales, capaces también de hacerla sentir una ola de fuego en el estómago y que en esos momentos se expandía a través de todo su cuerpo, sensibilizando todas sus terminaciones nerviosas, excitándola a pesar de las circunstancias… Le vio sonreír cuando sus propias mejillas se tiñeron inesperadamente de rojo, después el chico se giró y le ofreció su mano a Lynne, invitándola a bailar. Ambas jóvenes le miraron sorprendidas, una complacida, y la otra herida. A Mandy nunca la había sacado a bailar a no ser que se lo hubiese suplicado repetidas veces con anterioridad.
Cuando la pareja comenzó a moverse, con los cuerpos pegados, por el suelo del Gran Comedor, Mandy quiso apartar la vista, pero no podía. Sus ojos estaban fijos sobre el brazo que rodeaba la sensual cintura de Evangeline, y sobre el otro que recorría la espalda de la Slytherin de arriba a abajo, como tantas veces antes se habían deslizado sobre la suya. También observó cómo los dedos de Wars se enredaban en el pelo de Marcus, acariciándole la nuca, como ella misma sabía que le gustaba. Frunció el ceño, por lo visto, la demonio también estaba al tanto de los gustos de su ex.
Suspiró de nuevo, y a su mente vino el recuerdo de la primera noche que pasaron juntos Marcus y ella. Era el año 1982, le habían ordenado bajar a la Tierra, pues un profeta había tenido una visión que desvelaba la ubicación de la desaparecida espada del arcángel Miguel. Los serafines pensaron que ella era la persona indicada para tratar con Chuck, pues así se llamaba el profeta, así que la enviaron a Delawer, en EE. UU. Tuvo que hospedarse en un sucio motel de carretera, por lo visto no había dinero para nada mejor… Cuando al fin consiguió que Chuck la recibiese, se percató de que no era la única que rondaba al profeta. Pues un olor a azufre la alertó de que algún demonio había estado por allí, aunque no había entrado en la casa de Chuck. Aun así, al abandonar la casa estaba tensa, alerta, dispuesta a luchar y llevarse a ese despreciable demonio por delante. Pero, como descubrió más tarde, no era uno, sino que se acercaban a la veintena. Recordó, como si aquello hubiese sucedido el día anterior, como se hizo un rápido corte en la palma de la mano, pues los demonios se desintegran al entrar en contacto con la sangre celestial. Y peleó, luchó con uñas y dientes para salir con vida; pero ella estaba sola, y rodeada de demonios, si bien la mayoría de estos debían ser de primera jerarquía, había también unos cinco de las jerarquías superiores. Marcus era uno de ellos, en aquel momento estaba a punto de ser ascendido. Recordó, con exacta precisión, la primera vez que sus ojos conectaron con los de él: en medio de una batalla, él la miraba con una sonrisa socarrona que, a decir verdad hacia mucho tiempo que no la veía. Recordaba como se veía cada vez rodeada por más demonios, y con menos posibilidades de salir con vida de aquello.
- Es suficiente - había dicho Marcus, con ese tono firme y autoritario que aún recordándolo le hizo vibrar sobre la silla del Gran Comedor.
- Pero… - protestó uno de los demonios - … Está sola, podemos…
- He dicho que es suficiente, Cian, ¿o acaso tengo que recordarte quién es el jefe aquí?
Segundos después, todos los demonios presentes, excepto Marcus, desaparecieron dejando sendas estelas de humo. Mandy, quedó de pie, con una mano apoyándose en la pared, magullada, sucia, y luchando por normalizar su agitada respiración. Alzó la vista para que sus ojos conectasen con los, en ese momento dorados, de Marcus. Tras un minuto que se hizo eterno para la joven, el demonio esbozó una lenta sonrisa antes de desaparecerse en medio de una llamarada de fuego.
Pasaron días, y después semanas sin que Mandy pudiese sacarle nada al profeta, y seguía hospedada en aquel motel leyendo y estudiando todas las pistas que le había dado Chuck, pero la mayoría de ellas eran ininteligibles. Una noche, las luces de la habitación parpadearon, y ella inmediatamente se puso en guardia. Olfateó el aire. Agudizó el oído. Demonios. Uno. Cogió un arma capaz de acabar con ellos y se apostilló tras la puerta.
- Hola Mandy.
Al escuchar esa voz ronca a su espalda, la chica se sobresaltó, y se giró inmediatamente aferrando el arma con más fuerza y firmeza. La alzó hasta que quedó apuntando a la frente de Marcus.
- Eres muy estúpido al venir aquí solo - dijo ella.
- O muy valiente - rebatió él levantándose - Según como se mire.
Mandy no dijo nada mientras el demonio se aproximaba a ella, tampoco bajó el arma, hasta se clavó sobre el pecho del demonio. Sus manos comenzaron a temblar. ¿Por qué no apretaba el gatillo? Marcus apoyó una de sus manos sobre los antebrazos de Mandy, empujándolos suavemente hacia abajo, y con la otra cogió con suavidad el mentón de la chica, para alzárselo antes de posar sus labios sobre los suyos. Cuando Mandy abrió los ojos, volvía a estar sola en la habitación, con todo su cuerpo vibrando por algo que no entendía.
La Ravenclaw volvió a la realidad con un jadeo, provocado por el hecho de que el aire no entraba en sus pulmones, la canción terminó y vio a Lynne besar el lóbulo de la oreja de Marcus. Dejó su vaso sobre la mesa y, con la vista nublada a causa de las lágrimas, abandonó a toda prisa el Gran Comedor.
Marcus la vio salir corriendo, y quiso salir tras ella, quiso abrazarla y besarla, limpiar con sus labios las lágrimas que sabía que caían en ese momento por las mejillas de Mandy. Pero en su lugar se deshizo del agarre de Evangeline y se sentó en una esquina con una copa de Whisky de Fuego en sus manos. Recodando…
Desde ese primer beso, habían estado saliendo a cenar, habían ido al cine fingiendo ser los humanos que no eran. Jugando a un juego que estaba prohibido, y ambos lo sabían. No deberían hacerlo, Marcus era consciente de ello, y aún así era incapaz de cortar con aquello. Pero es que Mandy le fascinaba, con su dulzura, su inocencia, su ingenuidad, su pureza, irradiaba una luz hipnótica para un ser de la oscuridad como era él. Pero aquello tenía que acabar, eso estaba claro, y Marcus era el único con la suficiente voluntad para hacerlo ahora que todavía no la había tomado, sabía que en cuando la tocase, cuando acariciase aquella piel de porcelana, todo habría acabado para él. Sólo la había besado una vez más después de aquella primera, y fue porque tras dos copas de vino durante la cena, ella se lo había pedido, aunque obligado sería más apropiado. No, aquello tenía que terminar antes de que ellos mismo fuesen destruidos.
Así pues, comenzó a preparar las cosas para su marcha. Ya había terminado cuando sonaron unos suaves golpes contra su puerta. Sin pensarlo, se dirigió hacia ella y nada más poner la mano en el pomo, supo que era ella. Se maldijo, pues ya era tarde para no abrir. Ella sabía que estaba ahí. Abrió la puerta con intenciones de hacer que siguiera rápidamente su camino, de modo que él pudiese seguir el suyo.
Mandy vestía de blanco, un blanco fino y vaporoso, con algo por encima casi del mismo gris de sus ojos. Olía como la primavera... joven y llena de promesas.
La necesidad se enroscó dentro de él como si fuesen serpientes.
- ¿Es que nunca duermes? - preguntó él.
- ¿Y tú?
Mandy entró en su habitación, y Marcus se quedó tan sorprendido por el gesto, que no atinó a bloquearle el paso.
- Bueno, adelante, hazte cuenta de que estás en tu casa.
- Gracias.
Mandy lo dijo educadamente, como si las palabras de Marcus no hubiesen destilado sarcasmo. Luego se volvió hacia la chimenea de la habitación, cuyos leños él no se había molestado en encender.
- Veamos si puedo hacerlo. He practicado hasta que estuvieron a punto de sangrarme las orejas. No hables. Me distraerías.
Extendió una mano hacia la chimenea. Se concentró, imaginó. Empujó. Una llama pequeña y débil asomó en la turba, de modo que entornó los ojos y empujó con más fuerza.
- ¡Mira!
Su voz sonó absolutamente encantada cuando el fuego se encendió. Cuando Moira se volvió, su pelo ondeó y la delicada bata se abrió como un abanico.
- Es una habilidad muy útil, y pretendo aprender más.
- Pues aquí no encontrarás un tutor en hechicería.
- No - Mandy se echó el pelo hacia atrás - Pero estoy pensando en otras cosas - Regresó a la puerta y pasó nuevamente el cerrojo. Luego se volvió hacia él - Quiero que me lleves a la cama.
Marcus parpadeó ya que, si no, los ojos se le habrían salido de las órbitas.
- ¿Qué?
- No tienes ningún problema de audición, de modo que me has oído perfectamente. Quiero acostarme contigo. Había pensado que podía tratar de mostrarme reservada y seductora, pero luego me ha parecido que sentirías más respeto por las palabras directas y francas.
Las serpientes que estaban enrolladas dentro de él comenzaron a retorcerse. Y morder.
- Aquí tienes una palabra franca y directa: vete.
- Veo que te he sorprendido - Se paseó por la habitación deslizando un dedo sobre una pila de libros - Eso no es algo fácil de conseguir, así que, puntos para mí - Se volvió otra vez y sonrió - Soy una novata en estas cosas, de modo que dime una cosa, ¿por qué se enfadaría un hombre si una mujer quisiera acostarse con él?
- No soy un hombre.
- Ah - Mandy levantó un dedo reconociendo ese punto para él - Pero tienes necesidades, deseos. Tú me has deseado.
- Un hombre pondría su mano sobre cualquier mujer.
- Tú no eres un hombre - replicó ella, y luego sonrió - Más puntos para mí. Te estás rezagando.
- Si has estado bebiendo otra vez...
- No he bebido nada. Sabes que no he estado bebiendo. Pero he estado pensando. Iré a la guerra, entraré en combate. Es posible que no salga de él con vida. Quizá ninguno de nosotros lo haga. Hoy han muerto hombres buenos, entre el barro y la sangre, y han dejado muchos corazones destrozados detrás de ellos.
- Y el sexo reafirma la vida. Conozco la psicología de esa situación.
- Eso es bastante cierto. Pero a un nivel más personal, estaré condenada, lo juro, si muero virgen. Quiero saber lo que es eso. Quiero sentirlo.
- Entonces, escoge a un semental de entre tus iguales. Yo no estoy interesado.
- No quiero a nadie más. Nunca quise a nadie antes de ti, y no he querido a nadie desde la primera vez que te vi. Me estremeció poder albergar esa clase de sentimientos hacia ti sabiendo lo que eres. Pero están dentro de mí y no desaparecerán. Tengo necesidades, como cualquiera. Y bastantes estratagemas creo, para vencer tu resistencia si es necesario... aunque ya hayas dejado de ser un joven lujurioso - Mientras lo miraba, midiéndolo, deslizó la mano por uno de los pilares de la cama - Dime, ¿qué diferencia podría suponer para ti? Una hora o dos. Creo que no has estado con una mujer desde hace algún tiempo.
Él se sentía como un idiota, y sonrió al recordarlo. Tenso, estúpido y necesitado.
- Eso no es de tu incumbencia. - reeplicó.
- Podría serlo. He leído que cuando un hombre no ha estado con una mujer durante un tiempo, esa circunstancia puede afectar a su rendimiento. Pero no deberías preocuparte por eso, ya que no tengo nada con qué compararlo.
- ¡Menuda suerte para mí! O lo sería si yo te deseara.
Mandy alzó la cabeza y lo único que él pudo ver en su rostro fue curiosidad y confianza.
- Crees que insultándome conseguirás que me marche. Me apuesto lo que quieras a que en este momento estás duro como una piedra. - Se acercó a él - Deseo tanto que me toques, Marcus. Estoy cansada de soñar con eso y quiero sentirlo.
La tierra se estaba desmoronando bajo sus pies. Y lo había estado haciendo, él lo sabía, desde que ella había puesto el pie en su habitación.
- No sabes lo que estás pidiendo, lo que estás arriesgando. Las consecuencias de ese acto se te escapan.
- Si un demonio puede acostarse con un humano. no me harás daño. Yo soy más fuerte.
Mandy alzó los brazos, pasó la cadena de la cruz por encima de su cabeza y la dejó sobre la mesa. Quedando totalmente desprotegida frente a él.
- Alma cándida.
Marcus intentó ser sarcástico, pero el gesto de Mandy lo había conmovido.
- Confiada. No necesito ni quiero un escudo contra ti.
- Mandy..
- Otra vez, por favor. Di mi nombre otra vez.
Ella le cogió una mano y se la apoyó en el corazón.
- No hagas esto.
- Marcus, creo que si no me tocas, si no me tomas, una parte de mí morirá antes de entrar en batalla. Por favor - Enmarcó el rostro de él con sus manos y vio, finalmente, lo que necesitaba ver en sus ojos - Di mi nombre.
- Mandy - Perdido, le cogió la muñeca y le besó la palma de la mano -. Mandy. Si no estuviese ya condenado, esto me enviaría directamente al infierno.
- Yo trataré de llevarte primero al cielo, si me enseñas cómo hacerlo.
Se puso de puntillas y lo atrajo hacia ella. Tembló cuando los labios de Marcus se unieron a los suyos.
El había creído que su voluntad podría impedir aquello. Mil años, pensó, y se hundió en ella; y el macho seguía engañándose al creer que podía controlar a la hembra.
Era ella quien lo guiaba y, a su manera, lo había estado haciendo desde el primer instante. Ahora tomaría lo que ella le ofrecía, lo que estaba exigiendo de él, no importaba lo egoísta que fuese el acto. Pero emplearía la experiencia de una docena de vidas para darle a cambio lo que ella deseaba.
- Eres imprudente y necia al entregar tu inocencia a alguien como yo - Deslizó suavemente un dedo por su clavícula - Pero ahora no te marcharás hasta que lo hayas hecho.
- La virginidad y la inocencia no son siempre lo mismo. Yo perdí mi inocencia antes de conocerte. ¿Debería desnudarme para ti o eso es algo que debes hacer tú?
Él emitió una risa breve y casi doliente antes de apoyar la frente sobre la de ella en un gesto que a Mandy le pareció sorprendentemente tierno.
- No hay prisa - musitó él - Algunas cosas, especialmente la primera vez que son probadas, es mejor saborearlas y no tragarlas de un bocado.
- ¿Lo ves? Ya he aprendido algo. Cuando me besas, hay cosas que se despiertan dentro de mí. Cosas que yo ignoraba que estuviesen durmiendo ahí. No sé qué es lo que sientes tú.
- Más de lo que me gustaría - Hundió los dedos en su pelo, como había estado deseando hacer desde hacía semanas - Más de lo que sería bueno para cualquiera de los dos. Esto... - la besó suavemente - … es un error. - Y volvió a besarla, ahora más profundamente.
Igual que sucedía con su olor, ella sabía a primavera, a sol brillante y a juventud. Marcus ansiaba ese sabor, se llenó de él y de su aliento entrecortado mientras rozaba suavemente con los dientes su labio inferior.
Dejó que sus manos se hundieran entre sus cabellos, en la larga y sedosa melena, y acariciándola por debajo de ésta para despertar sus nervios a lo largo de la columna vertebral. Mandy tembló
Sentado en un rincón del Gran Comedor, Marcus pensó, que desde entonces, él mismo no había dejado de temblar.
- ¡¿PERO QUE TE CREES QUE HACES?!
El grito precedido de un puñetazo, procedente del centro del Gran Comedor, saco al Slytherin totalmente de sus pensamientos, cuando Marcus alzó la vista se encontró con un espectáculo que nunca hubiese imaginado. Harry Potter con la nariz sangrando y las gafas rotas mientras Ginny y Ron Weasley le miraban con profundo odio, el segundo acariciándose los nudillos doloridos, y Hermione Granger que miraba la escena con expresión de asombro.
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Bueno, y eso es todo…
Igual es un poco lioso todo lo de las órdenes celestiales, y las jerarquías demoníacas, pero aquí estamos para resolver cualquier duda.
Bsts!!!
Eli.
