Chihiro no fukki
9. Lo inevitable.
¿Qué es lo que me espera en este mundo? ¿Cuánto tiempo estaré aquí? ¿Cuánto tiempo tendré que trabajar para Yubaba? ¿Cuándo podré decirle lo que siento a Haku?
El trabajo en el Aburaya es duro. No paramos de limpiar, cada día que pasa, de invitar a dioses, de guiarlos a los baños, de comer arroz, pedir baños de hierbas para los huéspedes… Aunque sí es verdad que el capataz cada día me hace más caso, también es porque soy eficiente. Y, si no lo fuera, me iría muy mal. Porque, aunque no lo quisiera, Sin Cara me salvó en aquél entonces.
Veo a Haku en una baranda de un piso alto mientras me dirijo a la puerta de entrada a recibir a uno de los dioses. ¿Por qué siempre me tiene que tocar la bañera grande? Bueno, ya estoy acostumbrada al olor, pero digamos que no es de lo más agradable, y encima, es lo que da más trabajo…
Le atiendo con una reverencia y una sonrisa y lo conduzco a su bañera.
Haku POV
No puedo dejar de mirarla. Cómo, con sus manitas y su sonrisa mueve mundos, como se atreve con esos dioses repugnantes, dioses con los que ni se atreven los demás trabajadores. Apoyo mi cabeza en la baranda. La observo.
Verla con ese traje rojo rosáceo, el de los trabajadores de aquí, hace que piense que nunca se fue, que siempre estuvo aquí, que aquí se va a quedar, y que aquí es feliz.
Pero, ¿por cuánto tiempo más voy a poder retenerla a mi lado?
Soy un maldito egoísta. Ella no debería estar aquí. Debería haberse marchado justamente después de dejar la rama… no, fui egoísta mucho antes. No debí haberle prometido que nos reencontraríamos. No me habría esperado. Ni siquiera se hubiera preocupado tanto por mí cuando estuve a punto de morir…
Ella debe estar con sus padres. Como la otra vez. Chihiro debe regresar al lado de sus padres.
Ellos se han quedado solos. Yo me he llevado a su hija. Pero su hija es suya. Jamás podrá ser mía. Aunque no pueda llevarla de vuelta. Ya no.
¿Además? ¿Qué van a hacer sus padres sin ella? Sin su energía, su valentía, su bondad… ¿qué podrían llegar a hacer esos padres suyos?
No puede quedarse aquí. Pero tampoco quiero que se vaya.
Guía al dios a la bañera, y el dios, al mezclarse con el agua, lo invade todo de barro. Ella se ensucia completamente. Pero le ayuda. Yo no estuve aquí cuando hizo lo mismo años atrás, pero tras su partida, no dejaban de comentarlo.
–Haku, holgazán. ¿Acaso has olvidado lo que hablamos? – me dijo la anciana voz de Yubaba dándome un golpe en la cabeza con su abanico.
Sí, todo era bonito mientras podía olvidar a esta mujer de mi vida.
–Ahora mismo voy, Yubaba. –le respondí con rencor.
Sabía que me molestaba. Lo hacía porque ahora tendría que servirla hasta que le apeteciera. No me dejaba ir de sus dominios, y aún peor, no podía pasar del límite de las escaleras. Además, sabía que Chihiro algún día debería irse. Y, por supuesto, me dejó bien claro que no me acercara a ella más de lo necesario. Pero, sinceramente, no me intimida.
Bajé las escaleras. Requerían mi ayuda, pero todavía no había demasiada gente. Realmente, olía muy mal, ese dios. Chihiro estaba justo en el borde de la bañera, estirando algo, una cuerda, vi mejor. Me acerqué a ella para ayudarla. Para que fuese más eficiente, la rodeé con mis brazos y situé mis manos al lado de las suyas, para hacer más fuerza. Sentía su ropa mojada en mi pecho, y cómo se estremecía, de la fuerza y del frío, a la vez.
Finalmente lo logramos, se le había clavado: una espina en el costado.
O eso es lo que dijo ella.
Un montón de porquería salió de ese ser. Por una parte, Chihiro creyó que se trataba de un dios del río, pero no era así, era, en este caso, un dios terrestre, putrefacto, pero porque estaba infectado, de algo que nadie nunca supo.
El dios abandonó la bañera y yo bajé de ella también, mirando el rastro que dejaba al pasar. Chihiro todavía estaba arriba. Estaba insegura. Ser más mayor hace que veas el suelo más abajo y menos cerca, da más miedo por si te vas a dar un buen porrazo. Finalmente, deslizó uno de sus pies por la superficie, pero al estar mojada, resbaló y cayó encima de mí. La aguanté en un abrazo y di un paso hacia atrás, para evitar caernos.
Estaba fría, estaba mojada. Su cuerpo estaba tocando al mío del golpe, y ella, petrificada, no se podía mover. Y yo, simplemente, no quería.
–Chihiro, ¿tienes frío? –le susurré.
Ella levantó la cabeza sorprendida.
–¿Chi…hi…ro? –preguntó. –Soy Sen.
No, esto no iba bien. Ya no lo recordaba.
–No… tu verdadero nombre no es Sen. Es Chihiro. ¿Te acuerdas? Yubaba te robó el nombre para mantenerte en este mundo.
Ella se estremeció, y yo le sujeté los hombros.
–Haku… tú eres Kohaku, ¿verdad? Ya me acuerdo… –dijo ella, todavía algo aturdida. – ¡Aah! –gritó dándose golpes en la cabeza. –¿Pero qué hago aquí? ¡Papá y mamá…! ¡Deben estar preocupados! ¡No puedo desaparecer sin más! –gritaba histérica.
Bajé la mirada.
–Lo siento… –le susurré y me di la vuelta.
–¿Haku? –me llamó sorprendida. Su voz me inmovilizaba. ¿Qué quería que hiciese si me llamaba de esa manera?
–Debes irte. –le dije solamente.
Me dispuse a andar mirando al frente. Sentí cómo su mano me tocaba el brazo para detenerme. Vacilé, pero seguí adelante.
Ella tiene que marcharse.
Por el corredor me encontré a Rin, que iba con dos boles de arroz.
–¡Haku! ¿Es que le han rechazado? –me preguntó burlonamente.
¿Tanto se me notaba que estaba enfadado?
–Déjame en paz.
Ella bufó y siguió su camino. Seguramente ahora iría a reírse de mí con Chihiro o algo así.
Salí de la casa de baños y me puse a mirar el tren que pasaba por debajo del puente. Era relajante. Pero, ¿por qué todo tenía que recordarme a ella? La primera vez que la vi en este mundo, fue aquí.
Me convertí en dragón y fui a sobrevolar los cielos. Volaba y volaba, hasta que llegó un sitio en el que el cielo no me dejaba avanzar más. La barrera de Yubaba, seguramente.
Volví a la casa de baños, y no pude evitar pasarme por delante de sus dormitorios. Total, debía ser una habitación vacía.
Pero al pasar por delante, no lo estaba. Estaba ella, sentada en el balcón, con una pierna caída al vacío, y la otra sujeta entre sus brazos. Miraba tanto abajo como al cielo. Y entonces me vio a mí.
No pude evitarlo, era un dragón blanco, y era fácilmente visible entre el cielo. Bajó la cabeza, subió la otra pierna, y vi cómo sus hombros se sacudían. Estaba llorando.
¿Yo la había hecho llorar?
¿Qué debía hacer? ¿Irme como si no la hubiera visto? ¿Ir con ella? Pero, pero…
Antes de que pudiera decidir, vi que levantaba un poco la cabeza. Me estaba mirando. Y sólo podía ver sus ojos. Me analizaban. Quería saber qué decisión tomaría. Bien, pues si era así…
Pocos instantes después aterricé a su lado y me convertí en mi forma 'humana'. Ella se giró a mirarme. Yo la miraba a ella.
¿Y ahora qué?
Qué situación más extraña, vergonzante y fuera de lugar. Y sin previo aviso, ella me sonrió.
Si pudiera ver todas sus sonrisas, seguro que este mundo me parecería diferente.
–Lo siento. –le dije. – en realidad, no quiero que te vayas. Pero eso no quiere decir que no debas hacerlo.
Ella me miró.
–Ya lo sé. No puedo dejar a mamá y a papá… pero tampoco quiero dejarte a ti, ni a Rin, ni a Kamaji, y yo… yo… – vi cómo se le humedecían de nuevo los ojos y volvía a sacar lagrimones.
Le rodeé la espalda agachándome en cuclillas.
–Vamos a dar una vuelta.
¡Fin del capítulo!
¡Lo siento muchíiiisimo! Es que llevo una vida muy estresada, yy, yyy, bueno, eso, además, no tenía muy claro cómo hacer este momento de transición.
¿Os ha parecido bien esta narrativa con el punto de vista de Haku en pasado? Sé que lo tendré que volver a usar en otro punto, pero no sé si en más, depende de cómo transcurra la historia.
Bueno, este capítulo deja mucho que desear, que digamos, además de que es muy corto. ¡Pero es que no os quería dejar dos meses sin actualizar nada! .
En fin, espero vuestros reviews, ¡y muchas gracias por leerlo!
Mashetsu
