Disclamer: Todos los personajes de Frozen que se os vengan a la cabeza no me pertenecen y creo que jamás lo harán, son propiedad de Disney, supongo que lo conoceréis. (me pregunto si alguien lee esto…)
Bendito tiempo libre de vacaciones, así da gusto escribir.
Life's too short
Capítulo IX
~Preciosa de vestido azul~
Comimos los dos, pero en un ambiente muy diferente al que traíamos antes de llegar al comedor. Le puse al día de mi relación con Elsa, por lo que habíamos pasado, su forma de ser, todo. Sabía que podría confiar en él y le pedí que me ayudara, no terminaba de entender qué le pasaba.
Al principio Kristoff tampoco entendía su comportamiento, era de esperar dado lo complicada que había sido su infancia y los cambios que estaba afrontando en tan poco tiempo. Dijo que ante todo, cuidara de ella porque sin nuestros padres, yo era lo único que tenía. Era algo que ya sabía, pero cuando lo dijo me di cuenta de lo importante que era y el peso que tenían esas palabras.
Terminamos de comer concluyendo que debía hablar con ella, tenía que ayudarla a expresarse y a sacar todo el dolor que tenía reprimido. Tanto tiempo sola la hizo encerrarse en sí misma y volverse introvertida. Tenía que abrirle las puertas, tenía que conseguir que saliera y se soltara, que olvidara el miedo y el dolor para dar paso a la alegría y la esperanza.
No tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo, pero estaba segura de que lo iba a conseguir.
Fuimos a la habitación y le pedí que esperara fuera. Dijo que confiara en mí misma antes de entrar, dándome fuerzas para afrontarlo.
Cerré la puerta con cuidado una vez dentro. Elsa estaba en la cama, tapada y ladeada en posición fetal, de cara a la ventana, aparentemente ignorándome.
Respiré hondo.
Rodeé la cama para ponerme delante de ella, pero entonces me dio la espalda. No empezábamos bien.
— Creí… que te gustaba el frío, ¿qué haces aquí tapada a estas horas?
— Duermo.— suspiré.
— Pensé que no volverías a huir de mí, pero ya veo que-
— Estoy durmiendo, no estoy huyendo.
— ¿Ah no? ¿Y por qué te fuiste? Ni siquiera habías terminado de comer.
— Tenía sueño.— me acerqué para poner mi mano en su nuca y encogió los hombros, estaba fría.— Déjame dormir…
— No. No tienes sueño y sé que no quieres dormir, ¿qué te ocurre Elsa? Dímelo. Háblame. … Odio verte así.
— Estoy bien, déjame.
Retrocedí. Abrí el último cajón de los recuerdos y cogí mi muñeca que ella tanto apreciaba. Me subí a la cama de rodillas y la hice andar por su espalda hasta ponerla delante de sus ojos.
— Buenos días Elsa— dije con una voz poco propia de mí— Soy Anna y creo que dijiste que jugaríamos juntas esta tarde. ¿Qué? ¿Estás durmiendo? Oh vaya, con las ganas que tenía de estar contigo… En fin, supongo que tendré que ir a jugar sola.— le di la vuelta a la muñeca y simulé que se iba dando unos pasos, hasta que la cogió.
— No te vayas…
— No me iré si tú no quieres, pero tienes que contarme qué te pasa. No tengas miedo de decirlo, estaré contigo pase lo que pase, me estoy hartando de repetirlo. Vamos Elsa, confía en mí.
Se llevó la muñeca al pecho y entonces se giró hacia mí. No tenía muy buena cara.
— Lo siento pero… no sé cómo explicarlo…
— Inténtalo.— le aparté los pelos que le ocultaban la cara.
— No sé qué hacer.
— ¿Con qué?
— Contigo. Quiero que seas feliz y quiero estar contigo, pero luego te veo con Kristoff y… no me gusta que estés con él pero a la vez sí porque si no yo no sé qué voy a…— sus ojos se cristalizaron por temor. Lo primero que me vino a la cabeza fue envidia, no quería que estuviera con él y eso la frustraba, era una posibilidad.
— Eh… vale, tranquila, despacio…
— No sé si podré controlarlo.
— ¿De qué estás hablando?
— No puedo decírtelo.
— Claro que pu-
— No… no.
— Mírame. Quieres estar conmigo ¿verdad?— asintió, pero luego negó con la cabeza— ¿Estás celosa de Kristoff?— apartó la mirada, pero al final respondió.
— Un poco…
— Vale, mira, ¿sabes qué voy a hacer? Voy a salir un momento para decirle que se vaya y así podremos estar las dos tranquilas ¿vale?
— No.
— ¿Entonces lo dejo pasar?
— No…
— Vale, me lo estás poniendo muy complicado, ¿qué quieres hacer?
— ¡No lo sé! …— su mente era más complicada de lo que imaginé— No te lo puedo decir...— mucho más complicada— No puedo hacerlo, olvídalo.— me llevé las manos a la cabeza sin entender nada.
— ¿El qué no puedes hacer? ¿Por qué no quieres decírmelo?
— Porque entonces dejaremos de ser hermanas.— un puñal de fuego se calvó en mi pecho con esas palabras, ¿qué demonios significaba eso?
— ¿Q-qué…?— me dio la espalda otra vez— No Elsa, no puedes decir algo así y esconderte, ven aquí.
— ¡No! ¡Soy un monstruo!— no podía estar pasando eso de nuevo.
— ¡No vuelvas a repetir eso jamás! Tus poderes-
— ¡No se trata de mis poderes!
— ¿Entonces?
No respondió. Las varillas de la cama se empezaron a escarchar y su calor desapareció casi por completo.
— Elsa por favor… vuelve…— me subí encima de ella como la noche anterior, moví su hombro para que quedara bocarriba y me miró con una lágrima en cada ojo— Sé que no es fácil para ti todo esto, me pongo en tu lugar y alucino con todo lo que has tenido que pasar, eres muy fuerte ¿sabes? Pero no tienes que encerrar las cosas aquí dentro— dije poniendo la mano en su pecho— tienes que expresarte y liberarte, te sentirás mejor cuando lo hagas. No sé qué querías decir con lo que dejaríamos de ser hermanas, pero te aseguro que por nada del mundo dejaré de estar a tu lado. Y si aún así no quieres contármelo pues vale, todos tenemos secretos, pero no dejes que estos te atormenten ¿de acuerdo? Quiero ayudarte, sé que puedo… por favor… … ¿Vamos a la ciudad a dar un paseo? Sólo tú y yo, ¿qué dices?
Asintió con la cabeza aliviándome una barbaridad. No sé cómo fui capaz de decir todo aquello, simplemente las palabras fluyeron por mi boca sin pensar.
Extendió sus brazos para llegar a mi cuello, me echó abrazándome y me dio un largo beso en la mejilla con sus templados labios.
Luego me empezó a lamer la cara sin soltarme.
— Argh, para ¡para!
— Te la debía.— me quité sus babas de la cara con la mano y la vi sonreír de nuevo. Supuse que lo hice bien, de alguna forma u otra.
— Estás como una cabra. Vamos, tenemos que arreglarnos.
La saqué de la cama a la fuerza y me la llevé al baño. Llevaba una combinación de pelos sueltos y recogidos horribles, junto a un vestido arrugado y demasiado formal que no le favorecía para nada.
— Creo que empezaremos con la ropa.— fui a su armario para buscar algo más apropiado pero no encontré ninguno que pudiera servir.
— ¿No está bien lo que llevo ahora?
— No. Te prestaré algo que tengo en mente que creo que… Aquí está.— un vestido azul celeste que terminaba a la altura de los tobillos, de tiras blancas con un pequeño escote que le iba a quedar perfecto. A mí me quedaba ligeramente largo y grande en cuanto a pechos, por lo que a ella le iría como anillo al dedo.
— ¿Esto?
— Esto. Vamos, pruébatelo.
— No sé, es muy…
— Confía en mí, venga.— me puse a quitarle el vestido y me apartó de golpe.
— Y-ya lo hago yo…— no sabía de qué tenía tanta vergüenza, no tenía nada que yo no tuviese.
Cuando terminó de ponérselo, de espaldas a mí, se lo acomodé por todos lados y me di cuenta de lo acertada que estaba, era precioso de lo simple que era y le iba que ni pintado. Le di unos tacones azules a juego hechos para ese vestido.
— Muy bien, ahora los pelos.— cogí una silla que teníamos por ahí y la llevé al baño, delante del espejo.— siéntate.
— Sigo pensando que este vestido-
— Chitón.— me puse a despeinarla para alisar bien su pelo.— Bienvenida a la peluquería peloselsa, ¿qué haremos hoy?
— Recógemelos como siempre.
— Lo siento, no nos queda de eso, creo que hoy vamos a probar… cortándolos a la altura del cuello.
— ¿¡Qué!?
— Era broma, jamás le haría algo así a un pelo tan bonito. A ver… como soy experta en trenzas, voy a probar con una trenza francesa, ¿qué te parece?
— Bueno…
— Estate quieta, será breve e indoloro.— pero no fue precisamente breve, su pelo era esponjoso y suave como la seda, perfecto para poder hacer un maravilloso peinado, por lo que me cercioré de hacer una trenza impecable en todos los sentidos.
Cuando terminé, me di cuenta de que la silla era demasiado baja para que Elsa se viera en el espejo.
— Vale, ya puedes levantarte.
Se quedó congelada mirando al espejo, casi ni se reconocía. Dio un par de vueltas mirándose el pelo de todos lados sin creérselo.
— ¿Qué clase de magia has usado?— terminó dejándosela recostada en su hombro izquierdo.
— Yo no he hecho nada, eres tú que abusas de ser preciosa. Ahora toca el maquillaje, así que siéntate.— no me hizo caso, siguió mirándose en el espejo.— Alteza, siéntese por favor.— así sí me hizo caso.
Escogí un pintalabios ligeramente morado para que no contrastara tanto con su pelo plateado, y entonces después de pintárselos con toda el cuidado del mundo, le puse un poco de sombra de ojos lila que aún tenía por estrenar.
— No te has maquillado nunca ¿verdad?
— N-no…
— Ya decía yo.— no dejaba de mirarme atenta a todo lo que hacía.
Cuando terminé, me morí de rabia por tener a una hermana tan guapa, los guardias no nos dejarían salir por exceso de belleza.
— Ya puedes levantarte.— por poco se come el espejo. Se quedó impresionada consigo misma y me miró sin poder creérselo.
Entonces decoró su pelo con unos pequeños cristales en forma de copos de nieve, y por si no era suficiente, se hizo un precioso collar de cristal.
— Oye, no, eso sí que no, te estás pasando, estás demasiado adorable, quítate eso.
— No quiero.
— Te van a asaltar si sales así, van a creer que eres una diosa o algo por el estilo.
— No es para tanto…
— ¿Qué no es para tanto? ¿¡Qué no es para tanto!?— me puse a su lado para vernos las dos en el espejo— Ahora repítelo, venga.
— No es para tanto, tú también eres preciosa.
— ¿Sí? ¿con esas pecas y estos pelos encrespados?
— ¿Qué tienen de malo tus pecas? A mí me gustan, creo que te hacen adorable.
Desde aquél momento, mis pecas se convirtieron en mi identidad y las amé para el resto de mi vida.
— Gracias…— se mereció un centenar de besos, pero sólo le di uno— ¿Vamos?
— Sí.
Cuando salimos, vimos a Kristoff estirado en el suelo, apoyando la cabeza en el lomo Sven. Cuando la vio, se levantó de golpe y se quedó trabado intentando decir algo.
— Creo que la palabra que buscas es preciosa.
— Preciosa…
— Genial, ahora saldremos a dar un paseo por la ciudad, pero t-
— Vendrás con nosotros. ¿Verdad Anna?
— Am… sí, eso.— al final sí quiso que viniera Kristoff. Su aspecto no fue lo único que cambió, parecía otra persona, más centrada y segura de sí misma.
— Vamos, será una tarde divertida.— y con su voz liderando entre Kristoff y yo, nos dirigimos hacia la ciudad.
Quedamos atónitos, Elsa estuvo irreconocible, sorprendió a todos andando dispuesta y simpática por las calles saludando a todo el mundo y anunciando el cambio de actitud que había tomado el reino.
Era la primera vez que los ciudadanos la veían y no tardaron en amontonarse para verla y cómo no, elogiarla. Me preocupó que no fuera capaz de lidiar con todos ellos, pero con elegancia y educación, consiguió tratar con todos ellos dándonos una lección de disciplina.
Terminamos dando una rueda de preguntas y respuesta que agradó a todo el pueblo. Era un paso muy importante para Arendelle y Elsa lo hizo maravillosamente bien.
Estuvimos casi cuatro horas de un lado para otro, recibiendo ofrendas, sonrisas y alegrías por todos los ciudadanos. Fue una tarde increíble, no dejé de felicitarla por lo bien que lo hizo.
Con la puesta de sol acariciando el cielo, nos despedimos de Kristoff, esta vez sin un beso, y volvimos hacia el castillo para descansar.
Respiramos más tranquilas al pasar la puerta principal, sobre todo ella, que debía estar agobiada de todos los aldeanos.
— Cielos… ¿de dónde has sacado estos zapatos? Están acabando con mis pies.— se los quitó pese a estar en medio de la plaza del castillo.
— Es lo que tiene andar mucho, quizás no estés acostumbrada.
— ¡Ha! Te echo una carrera.
— ¿Ahora?
— Ahora.— se puso a corretear riendo como la estrella más alegre del cielo y me tocó perseguirla pese a lo cansadas que teníamos las piernas.
Perdimos toda la seriedad que teníamos en la ciudad correteando y gritando por los pasillos como locas, pero daba igual, Elsa estaba feliz y eso era lo que importaba.
Llegó a la habitación antes que yo, dejando la puerta abierta y se fue directa al baño para quedarse mirando en el espejo.
— Oye, ¿me enseñarás a hacer la trenza?
— Claro, pero primero, creo que voy a darme un baño bien relajante, estoy agotada.
— Vale, ve tú primera.
Fui a por ropa limpia tirando los zapatos por ahí y cuando volví al baño seguía igual. Estaba de acuerdo en que la trenza le quedaba de maravilla, pero tampoco era para quedarse tanto tiempo mirándosela.
— Si quieres llevarte el espejo adelante. O mejor, pide que traigan uno bien grande y lo pongan al lado de la cama.— no sé cómo pudo vivir con un espejo tan pequeño.
— Buena idea.— pero ahí siguió.
— ¿Tanto te gusta el peinado?
— Es perfecto, me encanta.
— Me alegro. Voy a ducharme así que… ¿Vas a hacer un dibujo de recuerdo?
— Oh, sí, por supuesto.— no parecía dispuesta a irse, así que me empecé a desnudar sin más, yo no era tan vergonzosa como ella. Al final se fue poco después de entrar en la bañera.
El agua caliente me sentó como una bendición, me relajé como nunca escuchándola tararear una canción desde ahí y me di un poco de prisa por ver el dibujo que estaba haciendo.
Cuando salí, renovada y fresca como una rosa, Elsa se apresuró en enseñarme lo que había hecho. Me esperé una imagen de ella en la plaza de la ciudad o en el puerto, pero me encontré con una imagen de las dos de cuando nos miramos al espejo juntas, yo con mis pecas y ella con su trenza, con un corazón entre las dos y sonrisas que no se borrarían jamás.
— ¿Te gusta?— de alguna forma, consiguió dibujarme más guapa de lo que era en realidad.
— ¿Cómo no iba a gustarme? Es precioso, pero le veo un fallo. Yo no soy tan guapa.
— Claro que sí, estás idéntica, incluso te ves mejor en la realidad.
— Te adoro.— en su rostro no quedaba ni pizca de seriedad, su cuerpo ardía de cariño y sus ojos parecían arcoíris. Ojalá siempre estuviera así— ¿has ido a pedir un espejo?
— En efecto y mañana nos lo pondrán, uno bien grande de dos metros.
— Genial.— me estiré en la cama con el dibujo en mano para entretenerme con él mientras Elsa se iba al baño.
El resto del día fue mágico, después de re-hacerle la trenza, me propuso cenar fuera como la noche anterior, así que la llevé a la terraza del piso de arriba que daba al mar. Las vistas sin duda lo valían, la luna se difuminaba en las olas y las estrellas parecían crepitar, pero lo más bonito de todo, era ver su sonrisa brillar.
Quizás no entendía muy bien qué le pasaba por la cabeza ni a qué se debían sus drásticos cambios de humor, pero lo único que me importaba era tenerla a mi lado desprendiendo calor.
Después de cenar y quedarnos charlando un buen rato sobre todo tipo de tonterías, volvimos agotadas a la habitación, sobretodo ella, para dar punto final a otro día difícil de olvidar.
Cuando nos pusimos el pijama, me alegré de ver que dejó su sujetador siguiendo mi consejo, era una prueba más de su confianza. Una vez en la cama, me abrazó y nos recordamos lo mucho que nos queríamos. No quise preguntarle sobre lo que le pasó por la mañana, no quise decir nada que pudiera desequilibrar su balanza, tan sólo me limité a quedarme a su lado, con su calidez, con su cariño, hasta quedarme dormida.
Zz… z...
Mi radar de Elsa se activó y me desperté al sentir que se levantaba. Sorprendentemente, estaba durmiendo en una posición correcta, por lo que no debía ser demasiado tarde. Cerré los ojos al ver que se iba al baño y casi me quedo dormida.
Volví a abrir los ojos cuando escuché un ruido y Elsa no volvía. Llevaba un buen rato si mi percepción del tiempo no me fallaba, pero poco después salió de allí. No le di mucha importancia pero cuando volvió, parecía arder, casi como si tuviera fiebre y olía a algo extraño.
— ¿Estás bien?
— He ido al baño, duérmete.
— Hm…— me dio la espalda y la abracé. No tardé mucho en caer dormida.
Zzz… zz… z…
Mandy: Sintiéndolo mucho, voy a ir dejando incógnitas y cabos sueltos por todo el fic hasta que termine la historia y haga la versión de Elsa. Así es, habrá una segunda parte que empezará desde el inicio del fic y terminará un poco después del final. (Sólo de pensar en el final se me ponen los pelos de punta).
Y poco más, mañana intentaré subir otro capítulo :D
