Disclaimer: Shingeki no Kyojin así como sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Ésta historia es para entretenimiento, sin fines de lucro. Queda prohibida la copia o re-subida a cualquier otro sitio o plataforma sin mi consentimiento.
Advertencias: Esta historia contiene Riren (LevixEren) y avanzará de manera lenta aunque los capítulos puedan ser relativamente cortos. Uso de Ooc, Au, lenguaje soez, violencia y actividades ilegales. Recuerden, esto no es nada más que mera ficción, en ningún momento fomento o aliento la realización de cualquier comportamiento o actividades acá descritas. Posibles Spoilers, quiero advertir sobre esto, ya que sacaré personajes cuya aparición aún no se ven en el anime así como nombres de lugares/territorio, intentaré no comprometer detalles mismos de la trama original.
Agradecimientos: a mi Beta MagiAllie.
Dedicatorias: Para todos ustedes que me leen y han esperado por esto, gracias, me han alegrado mi corazoncito.
Nota: Habrá algo "raro" (no diré qué es, para que sea sorpresa) en éste capítulo, lo puse de ésta manera para evitarme tanto lío, mil disculpas a todas las personitas en mi fb que me dieron ideas, no es que no las tomara en cuenta, es sólo que fue una lluvia muy diversa en gustos. Sólo quiero recordarles que nada tendrá que ver con Levi y compañía, sería demasiado si también le diera ese "talento".
Capítulo 9
La taza de café aún permanece caliente sobre la encimera de la cocina, Levi mira fijamente a la castaña de lentes, que se encuentra de pie junto a la misma.
—¿Qué es lo que le pasa? —Dice con voz ronca, se nota inquieto.
—Levi, sabes que yo no soy médico. —Sopla un poco el café de su taza y da un pequeño sorbo, saborea con tranquilidad. —No lo sé.
—No soy idiota, ¿Crees que no sé sobre tus aficiones? —Dice molesto, la castaña se atraganta con el líquido y tose un poco.
—Bien, pero no tengo licencia, deberías llevarlo a un hospital, con un médico de verdad… —Habla con un tono divertido.
—¿Sabes los problemas que eso me traería? —Interrumpe con voz grave; la castaña da un pequeño salto de sorpresa, su mirada asesina lo hace lucir amenazador. —Ahora, sube allá y vuelve a revisarlo. —Vocifera autoritario.
—Bien, bien, —Hanji hace un ademán con sus manos intentando calmarlo. —Ya voy.
Luego de otra exhaustiva revisión, Hanji se incorpora con ambas manos en la cintura.
—¿Y bien? —Levi musita expectante, permanece de brazos cruzados recargado en la puerta de la habitación.
—Nada. —Sonríe. —La fiebre fue pasajera, ahora está en perfectas condiciones. —Levi frunce el ceño con molestia, está a punto de refutar esa afirmación. —Está durmiendo, ¿Bien? El chico sólo tiene un sueño muy profundo, o sufre de algún trastorno del sueño. —Camina tranquila hasta él. —Estará bien. —Sonríe ampliamente colocándole una mano sobre el hombro. —Anímate, no le pasará nada malo. —Lo mira con una sonrisa maliciosa. —Dime, ¿Por qué te importa tanto éste niño? ¿Acaso tú… ya le pusiste las manos encima? —La sonrisa de Hanji se vuelve más pronunciada mostrando sus blancos dientes.
—Cállate, maldita mierda. — La pone a la altura de su mirada asesina, tomándola con fuerza por el cuello de su blusa. —No quiero escuchar ni una estupidez más de tu asquerosa boca. —Sisea amenazante.
—Tranquilo enanin. —Habla con sorna, se libera del agarre de Levi y arregla su ropa. —Tengo bastante trabajo por hacer. —Le da una última mirada furtiva al castaño. —Si necesitas algo más, llévalo a un hospital. —Sugiere con mal humor, le regala una sonrisa forzada y sale sin decir nada más.
Levi, una vez a solas en aquella pequeña habitación, mira con detenida curiosidad a Eren, su rostro apacible le inspira una grata sensación. No puede negar que le agrada verlo en aquella postura tranquila, indefensa, cree que tiene un encanto peculiar.
Camina hasta posarse justo al costado de éste, lo escruta por algunos minutos más, observa el ligero movimiento de su respiración acompasada, su mano cosquillea con el impulso de querer tocarlo. Sucumbiendo a las ganas, acaricia con la yema de sus delgados dedos la mejilla derecha de Eren, era más suave de lo que había imaginado, pasa su mano entre los cabellos castaños, es más sedoso de lo que aparenta, juguetea un poco enredando sus dedos en delgados mechones, está dando un paso diferente a cualquiera de sus planes ya premeditados, un capricho personal, pero él era el gran Levi Ackerman, nada ni nadie se interponía en su camino ni podía negarle nada, estaba más que acostumbrado a siempre salirse con la suya.
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El ligero hundimiento junto a él en su cama le era una sensación extraña, un suave aroma familiar le reconfortaba, intentaba abrir los ojos de una sola vez, los parpados le pesaban, sentir que alguien le tocaba despejándole el cabello del rostro no le agradaba en nada, con rapidez sostiene fuertemente la mano contraria y la aparta lentamente de su rostro, es un tacto diferente, delgada, delicada, pero al mismo tiempo fuerte, no lucha por liberarse de aquel agarre. Intenta abrir los ojos nuevamente, la intensa luz que entra por la ventana le molesta, su visión se distorsiona.
—Finalmente despiertas. —Esa voz grave le resulta familiar, retumba en su cabeza.
Aquella mano extraña por fin reclama su libertad, el firme y fuerte agarre cede, Eren mira a su costado derecho, Levi permanece cómodamente sentado junto a él, sobre la misma mullida cama, sostiene un libro en su mano libre, es la primera vez que en su presencia su rostro no luce molesto.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Eren habla con dificultad. —Petra deb-…
—Petra estaba agotada, no podía cuidarte en ese estado. —Musita tranquilamente volviendo la vista a su libro.
—¿Cuidarme? ¿De qué? —Pregunta con fastidio, se sienta sobre la cama, aún se nota aturdido.
—Aparentemente estabas enfermo. —Levi le mira fijamente. —Te teníamos bajo observación. —Responde con voz serena, nada en él muestra signos de su típica irritación.
—Estoy bien, esto era totalmente innecesario. —Eren se levanta de la cama, se tambalea un poco, da algunos pasos en dirección al cuarto de baño, Levi observa cada uno de sus torpes movimientos, el castaño se detiene de golpe.
—Un momento, ¿Estás diciendo que te quedaste a mi lado todo éste tiempo? —Habla con fascinación.
—Sólo por unas horas. —Levi levanta una ceja por no comprender la finalidad de sus palabras. Eren camina pausado, casi seductor, en dirección a él.
—El siempre recto y recatado señor Ryven, se tomó la molestia de velar mi sueño. —Dice mientras se acerca, sus labios dibujan una sonrisa cínica, se inclina pegando su rostro más cerca del contrario. —¿Estabas preocupado por mí? —Habla con un tono juguetón, sonríe de medio lado, se muestra coqueto.
—No juegues conmigo, mocoso. —Levi lo toma por el mentón y lo aparta, se pone en pie dejándolo recostado sobre la cama. —Al parecer ya estás bien, vístete y ve a la escuela. —Ordena en su típico tono serio.
—¡Vamos! No seas aguafiestas. —Entre risillas tontas. —Desde el principio dije que estaba bien. —Refunfuña antes de que aquel salga de su habitación.
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—Sólo digo que deberías disculparte.
—¡¿Por qué?! El estúpido casi me da una paliza, hice el ridículo frente a todos, ¡no se quedará así! —Alega con rabia.
—Jean, hablo en serio. Eren no lucía bien, quizás sólo se hace el fuerte. —Menciona con inquietud.
—¡Tonterías! ¿Qué me dices de ese moretón en tu antebrazo? Ese imbécil necesita un buen escarmiento. —Jean golpea su puño en la palma de su mano, sonríe orgulloso de sí mismo.
—¡Jean! Basta. —Marco lo reprende. —Piensa un poco, si te enfrentas a Eren y le haces daño, te acarrearás más problemas de los que ya tienes, sabes quién es su benefactor, un par de arreglos y te expulsarán definitivamente de la academia. —Dice con preocupación poniendo una cara triste.
—Marco, odio a la gente como él. —La voz de Jean está cargada de desprecio. —Sabes que por los créditos extra estaré en el mismo taller, yo no…
—¡Lo sé! —Interrumpe, —por eso tienes que hacer las paces con él, recuerda porque estás aquí, piensa en tu madre. —Lo alienta acariciando su espalda amistosamente.
—Su maldita cara me enferma. —Hace un gesto de asco al rememorar el rostro del aludido.
—Jean, intenta acercarte a él, conócelo, seamos buenos amigos, debajo de toda esa capa hostil se esconde una gran persona, así como tú. —El pecoso sonríe animadamente.
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—¿Ahora me crees? —Mikasa deja caer una pila de periódicos sobre aquella mesita de madera desgastada.
—Siempre lo he hecho. —El rubio la mira desconcertado girando su silla de escritorio y acercándose a ella.
—¿Por eso me has detenido todo éste tiempo? —Musita con reproche mientras toma asiento cerca de él.
—No, he evitado que armes un escándalo, no necesitamos más problemas de los que ya tenemos. —Responde con calma, observa atento como Mikasa hojea aquel papel monocromático y descarta más de la mitad de las páginas. —¿Qué te hace pensar que lo encontrarás en el obituario?
—Armin, estoy desesperada, no sé dónde más buscar. —Suelta con impotencia, arruga varias páginas en su puño.
—Te aseguro que no está muerto, pero…
—Pero nada, —interrumpe. —Tenemos que pegar carteles, salir a las calles y preguntar a cada una de las personas. —Enumera con impaciencia.
—Mikasa, no podemos hacer eso, Eren no está desaparecido, mientras su padre no dé aviso a las autoridades, nada se puede hacer. —Reitera cabizbajo.
—¿Qué piensas si vamos hasta donde su tío? Solo para estar seguros. —Sus palabras vacilantes tienen ese tinte de intriga.
—¿Hasta Trost? —Armin abre los ojos completamente asombrado, no da crédito a lo que su amiga está proponiendo.
—¡Sí! —Sus ojos centellean con ilusión.
—Mikasa, —suspira cargado de seriedad, —lo único que sabemos de ese supuesto tío, es su nombre y francamente no tengo el dinero suficiente para un viaje tan largo, ¿Tú sí? — Armin nota como inmediatamente el ánimo de su amiga decae.
—Entonces, ¿No podemos hacer nada más? —La pelinegra baja la mirada con tristeza. —¿Así de fácil nos rendiremos? —Sus ojos se llenan de lágrimas.
—Claro que no, —Armin coloca la Tablet, que hasta el momento sostenía cuidadosamente entre sus manos sobre la mesa, de modo que fuera fácil para la chica mirar la pantalla. —No hablo de rendirnos, sólo de esperar nuestra oportunidad.
Mikasa dirige la vista hacia lo que el rubio resguardaba con entusiasmo. En aquella pantalla destacaba una imagen publicitaria de "No Name" la banda favorita de Eren.
—¿Esto es…? —Es lo único que alcanza a articular, las palabras se ahogaron en su garganta, mira con los ojos bien abiertos por la sorpresa a su amigo.
—Así es, —sonríe. —"No Name" reabre fechas de presentación, en ésta ocasión su gira es más extensa, ¿Ves? —Armin baja al pie de foto y señala con su dedo. —Estarán en Quinta, Trost, también en Utopía, Klorva, Stohess, Ehrmich, cerrando con broche de oro en Yarckel, muy cerca de Mitras. —El rubio sonríe con calidez. —No importa donde se encuentre Eren, estoy seguro que asistirá al menos a uno de los conciertos y, tenemos que estar alertas, tarde o temprano se comunicará con nosotros, es sumamente importante que permanezcamos aquí. —Armin vuelve a mostrar su sonrisa franca.
—Pero, Armin… —La desconfianza en Mikasa es evidente.
—Es como una regla básica para los niños perdidos, ya sabes, permanecer en el mismo lugar hasta que un adulto regresa por ellos, sólo que esperaremos a que nuestro niño vuelva a nosotros, —dibuja con el dedo un circulo sobre la mesa, —sé que mi argumento no tiene sentido, pero es lo mejor que tengo. —Mira a la pelinegra con ilusión dándole nuevas esperanzas, ella asiente con la cabeza.
—Confiaré en ti. —Dice para reafirmar su expresión.
—No te daré razones que te hagan dudar de mi palabra.
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No comprendía como había llegado a esa situación; luego de explicar hasta el cansancio una y otra vez que no tenía ninguna enfermedad terminal que quisiera ocultar, se encontraba ahí, compartiendo una mesa en el comedor con Marco, Sasha, Connie y Jean.
No tenía quejas respecto a Marco, aunque se la vivía hablando de calificaciones y materias, el muchacho le daba su espacio. Con Sasha y Connie no había problemas, eran muy fácil de tratar, bastante bulliciosos, pero lo integraron de inmediato en su círculo social, si era sincero consigo mismo creía que en verdad sus bromas eran graciosas. Era Jean el que no encajaba del todo en aquella escena, daba una impresión forzada, no se le notaba para nada cómodo, la tensión se le desbordaba.
—Jean, relájate. —Marco le palmea la espalda.
—Sí, estúpido, el rechinar de tus dientes ya me tiene harto. —Eren murmura con hastío.
—¡¿Qué has dicho?! —Gruñe exaltado, Marco da una risilla.
—¡Woooo! Finalmente, alguien dice lo que pensamos. —Connie habla con una chispa vivaz y divertida.
—Eren tiene razón, tienes ese maldito hábito cuando algo te molesta. —Sasha habla con la boca llena de su almuerzo, pica la comida con el tenedor de forma impaciente.
—Y tú, podrías dejar de hablar mientras comes, es asqueroso. —Jean señala despectivo frunciendo los labios asqueado. Connie da una sonora carcajada.
—¡Jamás! —Sasha roba un trozo de carne de la bandeja de Eren. —¿No ibas a comerlo, cierto?
—¡Santo cielo! Sasha, mastica con la boca cerrada. —Connie le da un leve empujón en el hombro, ésta refunfuña con molestia y musita injurias que nadie comprende, Eren los observa receloso.
—¿No creen que esto es maravilloso? —El pecoso llama su atención. —Estoy seguro que todos seremos buenos amigos. —Dice alegre, mira a Jean y a Eren para luego sonreírles, ambos le regresan una sonrisa forzada. —Dime Eren, ¿Estás listo para visitar el taller de teatro?
—No tengo opción, ¿O sí? —Farfulla con desgana, baja la mirada para picar con el tenedor la comida en su bandeja.
—¡Perfecto!, tengo a la persona indicada, —habla con gran entusiasmo, —normalmente sería parte de mi labor, pero, voy a ser sincero, no estoy para nada familiarizado con esa área del colegio. —Dice avergonzado, se afloja un poco el nudo de su corbata con nerviosismo.
—¿Y quién es? —Eren mira de hito en hito a Sasha y a Connie, ambos niegan con la cabeza.
—Jean, por supuesto. —Sonríe palmeándole la espalda, a éste se le cae la comida de la cuchara por los golpecitos.
—¡Oh! Maravilloso. —Suelta sarcástico, resopla inconforme y deja caer el tenedor dentro de su bandeja. Sasha y Connie estallan en carcajadas. —¿Qué es tan gracioso? —Les dice mostrando su mal humor.
—Eren, dinos algo, ¿Estás en ese taller por las chicas? —Connie habla entre risillas secándose las lágrimas.
—No. —Responde con apatía, sigue sin encontrar gracia alguna.
—¿Lo ves, Jean? Tu excusa realmente es patética. —Sasha masculla molesta, aparta su mirada de él para robar trozos de pan de la bandeja de Marco.
—Jean ha escogido por dos años seguidos ese estúpido taller para tener créditos extra, —sonríe con malicia, —pero todos sabemos que está ahí para conseguir novia. —Connie vuelve a carcajear, Eren mira a Jean con burla.
—Espera, espera, —llama nuevamente la atención del castaño, —la mejor parte es, que cada una de las chicas a las que se les declaró, ¡Lo rechazaron! — Connie carcajea con más fuerza golpeando con la palma de su mano la mesa, el rostro de Jean se tinta de un intenso color rojo que intenta ocultar tras la pequeña cuchara en su mano, Marco casi escupe su bebida conteniendo una débil risita, Sasha parece atragantarse con la comida, Eren le lanza una mirada furtiva a Jean para sonreírle con malicia.
—Que perdedor. —El castaño dice con sorna, lleva un trozo de pan hasta su boca para restarle importancia al tema.
—No soy un perdedor, —fulminando a Eren con la mirada, —sólo tengo mala suerte, ¿Bien? —Explica con aire indignado. —Además, no todas me rechazaron. —Jean habla con más seguridad en sí mismo.
—Pues clarooo, —dice con tono melodioso. —Porque ella es como un sueño inalcanzable, incluso para todos. —Connie termina su frase poniendo su rostro entre sus manos con una expresión soñadora. Marco suspira con cansancio, niega con la cabeza en señal de no comprenderlos.
—¿Esa chica es realmente la gran cosa? —Eren habla con curiosidad, pero su expresión apática hace que sus compañeros lo miren con molestia
—Pues… —Marco balbucea con inseguridad.
—¡¿Cómo osas referirte a ella de ese modo?! —Connie interrumpe con alarma.
—¿Qué si es la gran cosa? —Dice exagerando sus palabras. —Ella es una diosa. —Sasha finaliza suspirando cariñosamente, es secundada por Connie y Jean. Eren levanta una ceja confundido.
—En la historia de nuestra generación, sólo han surgido un par de casos de estudiantes "extraordinarios" más que nada por su círculo social o su poder adquisitivo, —suspira apenando, —tú, y Krista Lenz. —Marco finaliza restándole importancia al tema.
—¿Ah? ¿Qué quieres decir con eso? —Eren cuestiona con desagrado. —Creo que se hicieron muy malas especulaciones acerca de mí.
—Como sea, —Marco retoma el hilo de su discurso. —Ella es inalcanzable, —Observa como sus amigos siguen sumergidos en fantasías, —personalmente creo que ella sólo es demasiado reservada. —Le sonríe y vuelve a comer con calma.
—¿Bromeas? —Jean reclama alarmado tras las palabras del pecoso. —Ella realmente es inaccesible, nadie nunca se le ha podido acercar a menos de medio metro de distancia. —Esas palabras para Eren son difíciles de creer.
—Se corre el rumor que su "mejor amiga" es en realidad su escolta personal. —Connie habla con aire misterioso, intenta dar veracidad al argumento de Jean.
—Ymir asusta demasiado. —Sasha hace un mohín infantil, para luego llenarse la boca de pan.
—Basta, chicos, esas cosas son sólo calumnias, chismes. —Marco los reprende con molestia, estos no le prestan atención.
—¡Oh! Muero de ganas por conocerla. —Eren sisea con sarcasmo.
—Si tienes suerte, podrás verla hoy en los vestidores o en el escenario. —Jean habla apático.
—La pobrecita tiene una salud tan delicada. —Sasha dice abatida, roba otro trozo de carne asada de la bandeja de Connie.
—¡Sasha, basta! —Connie aleja su almuerzo de ella. —Pide otra ración al cocinero. —Gruñe molesto intentando que no alcance su bandeja.
—No quiero. —Sasha hace una rabieta infantil tratando de dar alcance a la comida.
—Eren, —Marco llama su atención sobre el alboroto de sus amigos —No podré guiarte con el taller, pero tengo plena confianza en Jean, lo hará bien. —Vuelve a palmearle la espalda con gesto amistoso, éste se lanza miradas asesinas con Eren.
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Caminan con gesto molesto por los pasillos, cada uno en un extremo, bien alejados. Jean había aceptado tolerar a Eren enteramente por la petición de Marco y Eren lo toleraba porque sentía compasión por él, no importaba si su estadía era corta o prolongada, ya no intentaría causarles problemas a terceros, pero no significaba que éste le agradara como amigo, no perdía oportunidad para mostrarle su mala cara.
—Llegamos. —Jean dice de mala gana, con un gesto de su mano lo invita a pasar a un salón amplio y bien iluminado, no hay pupitres, sólo un par de sillas, un piano a la derecha sobre un pequeño estrado, la pared del fondo está cubierta por un panel de espejo y la contigua tiene una barra de ballet fija al piso. —Nos vemos luego. —Da media vuelta sobre sus pasos.
—¡Espera! —Eren llama casi desesperado deteniéndolo, Jean frunce el ceño confundido. —¿Qué es esto?
—El aula donde los chicos se reúnen normalmente, ¿Qué piensas que es? ¿Un casino? ¿Una guardería? —Suelta con sarcasmo.
—Pero… —Balbucea inseguro, mira a los jóvenes dentro del aula que no reparan en ellos.
—¡Ah! Ya te entendí. —Jean le regala una sonrisa maliciosa, —aquí es donde se reúnen los actores y ensayan de vez en cuando, tú eres un actor, ¿cierto? Tú te quedas aquí, yo me tengo que ir, —Eren hace el intento de hablar, no puede articular una palabra, —Marco debió habértelo dicho antes, soy tramoyista, rara vez formo parte de un elenco secundario. —Le sonríe con cinismo, muy satisfecho de sí mismo. —Suerte, estúpido.
Jean lo deja solo, atónito frente a un puñado, en su mayoría de desconocidos, ninguno le presta atención alguna, cuchichean y ríen en su pequeño e íntimo grupito; el profesor, parado justo tras de él aplaude para llamar la atención.
—¡Muchachos! ¡Atención! —Su enorme sonrisa muestra la fila de sus dientes blancos. —Ésta temporada me complace anunciarles la adición de nuestro nuevo miembro. —El profesor toma a Eren por los hombros y lo hace avanzar más al centro de la sala. —Démosle un aplauso de bienvenida. —Señala con las manos a Eren quien estaba a punto de escabullirse hasta una esquina, sus compañeros aplauden desganados. —Vamos, ¿Qué pasó con ese ánimo? —El mayor le resta importancia al acto y deja huir al castaño, rebusca entre su bolso colgado al hombro.
La puerta se abre de nuevo, una pequeña rubia, en compañía de una chica morena mal encarada entran en silencio al salón.
—Señorita Lenz, ¡Qué maravilloso que nos honre con su presencia! ¿Se siente mejor? —Le pone una mano sobre el hombro como gesto cariñoso, su acompañante lo fulmina con la mirada.
—Sí. —La rubia responde en un dulce hilo de voz, las comisuras de sus labios apenas se curvean en una sonrisa.
—¡Maravilloso! Pase, pase, —le da un empujoncito por la espalda para que ésta siga su camino, —estaba a punto de anunciar nuestra nueva obra. —Sonríe.
La rubia se detiene al centro del salón, la castaña no se le despega ni un poco y mira a todos con odio, los demás les dan espacio desperdigándose bien lejos de ellas.
—Como sabrán, nuestras obras siempre son un éxito, pero, lamentablemente contamos con muy pocos actores. —El profesor enfatiza con tristeza sus palabras, los jóvenes lanzan quejas por lo bajo, hace un ademán con las manos para que guarden silencio. —Es por eso, que ésta temporada decidí escoger la obra y subir las apuestas, estoy cien por ciento seguro de que después de esto tendremos más y nuevos integrantes. —Dice sacando el pecho orgulloso de sí mismo.
—¡¿Qué?!
—¡No!
—¡Eso no es justo!
—Deberíamos darles oportunidad a nuestros compañeros de literatura…
—Es cierto, deberíamos mostrarles nuestro apoyo escogiendo un guion de ellos y demostrarle a todo el mundo el nivel y calidad que tiene nuestra institución, que dejen de pensar que se trata sólo de dinero. —Una chica de cabello corto castaño claro se hace escuchar sobre las quejas de su grupo.
—¡Basta! ¡Sssh! —El profesor los acalla poniendo orden. —Estoy consciente de que los hago trabajar demasiado, les exijo hasta la saciedad y eso los molesta, los entiendo, por eso, ésta será la última temporada que tomo la decisión, lo juro, —levanta la mano derecha como juramento, —porque la obra ya está aprobada por la directora, ¡Y le encantó! —Dando un pequeño salto de alegría, los demás hacen mohines molestos. —Presentaremos, ¡Madame Butterfly! —Expresa con un gran entusiasmo mientras los demás abren los ojos asombrados y asustados.
—¡Eso es imposible!
—¡Ah! ¡Ah! —Reprende. —No querrán defraudar a la directora, ella cree que es una maravillosa idea, ya me coordiné con el profesor de música como apoyo, para quien necesite asesorías más especializadas en canto, sé que darán lo mejor de sí, como siempre. —Sonríe con orgullo. —Ahora, acérquense, repartiré los papeles.
—¿Tampoco podremos elegir? ¿Hacer audiciones? —La misma chica de cabello corto vuelve a hablar con irritación.
—Ya se los dije, será la última vez en la que les exijo enteramente sobre algo, si pueden superar éste reto, podrán superar cualquiera, yo conozco sus debilidades, —sonríe con malicia, —Ahora venga aquí, señorita Hitch, ¿O debería llamarla Madame Hitch? Usted tendrá el papel estelar. —Entregándole una copia del libreto, la chica se lo arrebata indignada.
Eren observa la selección desde una esquina, muy alejado de la multitud, la mayoría de sus compañeros están en el suelo casi rompiendo en lágrimas, otros se tiran de los cabellos con preocupación.
—¡Señor Jeager! —Grita irritado, éste lo mira de inmediato. —Le hablé tres veces, tenga, —le entrega de mala gana el guion, —usted será nuestro encantador teniente Pinkerton.
—¡¿Qué?! —Eren exclama atónito. —No puedo, yo, no… —Balbucea nervioso.
—Proviene de una pequeña escuela donde tomaba teatro, ¿No? —Levanta una ceja con duda esperando la confirmación.
—Sí, pero sólo era un simple taller, yo no soy un actor. —Afirma más nervioso que antes.
—Patrañas. Lo hará bien. —Sonríe para luego ignorarle y seguir repartiendo los guiones.
Eren finalmente comprende el aura de abatimiento que alberga a cada uno de sus compañeros en el piso.
—Pequeña Lenz, —Se dirige con cariño a la chica, ésta le sonríe cálidamente, —será nuestra querida Kate Pinkerton. —La rubia sonríe desganada y coge el libreto bajando la mirada. —Bien, ¡Muchachos! —Intenta llamar su atención. —Comenzaremos con un pequeño ensayo de práctica en el escenario, para ver en qué vamos a trabajar durante éstas semanas, mi colega ya está esperando por nosotros, —mira a todos gimoteando en el piso y con la mirada perdida en la nada, —¡Arriba ese ánimo! ¿Dónde está su compromiso? ¿Su pasión? Todo saldrá de maravilla, se los garantizo. —Éste vuelve a aplaudir para que todos se levanten y lo sigan.
Eren camina abatido tras los demás, creía que en éste lugar podía hacer lo que hizo en su antigua escuela, escabullirse de sus obligaciones o formar parte de la escenografía o elenco secundario sólo para cumplir con sus créditos, nunca en su vida participó como actor estelar; era ahora que se preguntaba porque la noticia se la estaba tomando bastante en serio, era como si estuviera dejándose arrastrar por toda la maravilla de su nueva vida, no podía permitirse olvidar quién era, debía pensar en cómo se las arreglaría para salir de ésta.
En ésta ocasión no hay nada más que decir o aclarar, así que: Gracias por leerme y seguir conmigo, las amo, hasta dentro de 2 semanas.
