Capítulo 9
Decido que solo hay una forma de arreglar la situación diciendo algo gracioso. Así, Action Man pensara, vale, esta mujer se ha comportado dos veces como si se acabara de escapar del manicomio pero, madre mía, ¿acaso no se trata de la persona más ingeniosa y divertida que he conocido nunca? De esa manera podría arreglar un poco el desastre.
Trato de recordar mi frase más mordaz, para animar el ambiente y que le entren ganas de llevarme a casa. Eso sería lo ideal.
—Esto… eh… —balbuceo—. Lo siento.
Temblad, Monty Python.
Él sonríe.
—No te preocupes —dice—. No hay duda de que tienes buenos pulmones. Y no me malinterpretes mal.
Me relajo un poco y vuelvo a intentarlo.
—Apuesto a que eso se lo dices a todas —contesto, tratando de aparentar descaro cuando no me he sentido tan avergonzada desde… bueno, desde que lo he visto en la escalera hace una hora.
—No exactamente —dice entre risas—. Aunque tengo que admitir que no todas las chicas lo enfocan como tú.
Me pongo aún más colorada.
—Vale, lo admito —confieso—. Me siento avergonzada. —No sé por qué le estoy diciendo eso, cuando ya es capaz de ver por sí mismo que mis mejillas tienen quemaduras de tercer grado.
—No lo estés —dice, señalando las puertas con una inclinación de cabeza—. Ha funcionado.
Los invitados van saliendo a la terraza.
—Gracias a Dios —suspiro.
—¿Es eso lo que tiene que hacer una dama de honor hoy en día? —añade—. No sabía que tuvieras que hacer otra cosa que no fuera estar guapa.
—Estar guapa es sin duda la obligación principal del día —concedo—. Eso y dejar sordos a los invitados.
—Bueno —dice—, permíteme que te diga que haces ambas cosas muy bien.
Trato de suprimir la sonrisa de mi cara.
—Gracias —digo—. Me llamo Bella. Encantada de conocerte.
Alargo la mano y él me la toma y me la estrecha con firmeza. Pero antes de que pueda presentarse, nos interrumpen.
—¡Bella, qué mala eres! ¡Espero que no estés tratando de robarme a mi cita!
Tanya finge que se lo toma a broma, pero coge a Action Man del brazo de una forma que le aseguraría trabajo como agente de la condicional.
—Solo me estaba presentando a tu amiga —dice, volviéndose hacia mí—. Soy Edward. Encantado de conocerte. Y de oírte.
Antes de que se me ocurra algo que decir, Tanya se me adelanta.
—Edward, hay alguien que tienes que conocer —dice, mientras le tira del brazo y sin darle apenas opción a negarse.
Entonces se van. Action Man y la Amazona.
Maldita, maldita, maldita sea.
