¡Hola, hola a todos!
De vuelta con la continuación de esta complicada historia. Y bueno, para empezar quisiera responder por aquí a una review que recibí (porque la persona que la dejó no tiene cuenta en Fanfiction) en la que manifestaba que no le agradaba la actitud demasiado porfiada de Sakura.
Verán, la pelirrosa cometió muchas tonterías en el manga de Naruto (para nadie es un secreto) y hacérselas cometer aquí no irrespeta en modo alguno su personalidad original; en adición de que en este caso es realmente necesario que actúe de tal forma porque entonces ¿cómo va a encontrarse con Sasuke (ANBU) a solas? ¿Y de qué manera va a demostrar su gran disposición por atraparle si no es buscándole?
La gran diferencia entre Kishimoto y yo es que yo SÍ justifico los procederes insensatos de Sakura.
Sin nada más que agregar los dejo leer.
…
Capítulo 9: El incidente en el edificio de los Inoue
Esa mañana recibió una larga bolsa de papel y supo de qué se trataba cuando la palpó. Había estado insistiéndole tanto a Lady Tsunade – que junto a su compañera y asistente Shizune eran quienes se habían dedicado personalmente a curarle el brazo – que le mostrase la radiografía que le habían hecho en el hospital y que ahora recibía.
Sakura abrió el sobre y sacó de su interior la lámina oscura y un sobre blanco que contenía una carta. Se posicionó frente a la luz de la lámpara y alzó la radiografía en lo alto, pero como era mucho lo que ignoraba del tema decidió leer la carta para informarse mejor de lo que su tutora y vieja consejera Tsunade le había querido ocultar. Al sacar el papel le echó una ojeada general para percatarse de que la carta había sido escrita a mano y de forma muy acelerada debido a lo descuidado de la letra. Decía lo siguiente:
"Saludos.
Lamento que hace días no he podido verte y atender a tu herida con mis propias manos, pero confío en que Shizune lo haya estado haciendo de maravilla porque según lo que me ha informado, tu evolución va cuesta arriba. Respecto a la radiografía, Sakura, quiero que la observes con cuidado frente a una fuente de luz para que puedas darte cuenta de que justo en el cuello del húmero se percibe una fisura mínima pero significativa producto de la fuerza con que ese bandido te hincó su espada. No es cosa demasiado importante porque estás recibiendo el tratamiento adecuado, se trata sólo de un pequeño rasguño que dolerá hasta que sane, aunque ya de por sí el brazo te va a doler hasta que haya cerrado la carne.
La razón por la que no te había querido enseñar la fotografía de tu hueso era por el leve temor de que intentases tomar represalias contra ese criminal. Sakura, te he considerado una discípula desde que te conozco, y te aprecio tanto que confío en ti. No voy a pedirte que reprimas tu ira porque ambas somos de fuerte temperamento y en nuestro caso toda rabia debe ser saciada, puedes hacerlo (cuando te recuperes) dando golpes a un objetos o al cabeza hueca de Naruto – así como en mis tiempos lo hacía yo con Jiraiya –, pero por favor abstente de descargar esa cólera contra el causante de tu herida.
Cuídate mucho, no quiero tener que volver a coser tu piel por una herida más de catana.
Cuando tenga un lugar vacío en mi agenda volveré a visitarte; mientras tanto sigue las indicaciones de Shizune.
P.D.
Te recetaré unos buenos cicatrizantes cuando la herida se haya cerrado. Todo a su debido tiempo.
Lady Tsunade"
Sakura se fijó como le habían aconsejado en el cuello del húmero. Era cierto, allí se colaba un poco de luz a través de una grieta bastante pequeñita. Eso era de seguro lo que seguro le causaba un dolor agudo y profundo de vez en cuando, muy diferente al superficial de la carne.
– Maldito…– arrugó el papel entre su mano y dejó a un lado la radiografía –, maldito Uchiha…
Los parpados de los ojos le temblaban y mucho lamentaba no poder seguir el consejo que Lady Tsunade le había dado. Un objeto no sería suficiente para descargarse aunque se partiera las manos machacándolo, y el pobre de Naruto no se lo merecía tampoco, ella sólo lo golpeaba con justificación.
Sasuke Uchiha sería su único desahogo.
Para calmar su reciente furia Sakura se dedicó mejor a prepararse una malteada – necesitaba algo dulce para su agrio humor – pero esto sólo consiguió avivarle más el fuego de su talante porque tras sacar los ingredientes recordó que no podría agitarla como se debía.
Tocaron entonces la puerta del apartamento, tenía entendido que Ino y Hinata estaban ocupadas esa noche, Shizune ya había hecho lo propio con anterioridad, su madre se quedó todo el día hasta las seis, su padre le llamó para preguntar por su estado y decir que se encontraba muy atareado, y con Naruto apenas se vio por una media hora en la que el chico se apareció con algunas golosinas para ella.
¿Quién entonces a las ocho de la noche se le ocurría visitarla?
Cuando abrió la puerta parte de ese mal humor que padecía se disipó como lo hace la oscuridad ante una mínima brecha de luz.
– Suke…
– Hola… espero te encuentres mejor, te traje algunas frutas – saludó él levantando la bolsa negra que llevaba en la mano –. Lamento haber venido tan tarde, no lo hice antes porque estaba algo ocupado y temía también que otras personas estuviesen aquí.
– Oh… te refieres a mis padres y amigos – aventuró ella.
– Sí, pero no lo vayas a tomar a mal, todos son muy agradables… es sólo que prefiero que estemos a solas.
¡Cómo podía ser ese hombre tan encantador! Primero le regaló aquel día un botiquín que le estaba sirviendo demasiado para sanar y limpiar su herida, y ahora se presentaba con frutas ante su puerta luciendo tan hermosamente tierno.
Ese chico estaba actuando como si fuese su novio.
¡Qué más podía pedir!
Sakura contuvo las ganas de darle un gran y sugestivo abrazo por dos razones: no quería que él notara lo emocionada que la ponía su presencia, y su condenado brazo inútil. En lugar de ello lo atrajo por la nuca y le dio un corto y dulce beso en la mejilla. A juzgar por la expresión graciosa y sensitiva de Suke intuyó que no se lo esperaba; pero no le importó, si él se iba a seguir comportando de esa forma tan sugerente con ella tendría que acostumbrarse a sus pequeñas muestras de gratificación.
– Muchas gracias por las frutas. Pasa, no me molesta en lo absoluto tu presencia. Todo lo contrario, Suke.
Él la siguió muy de cerca mientras ella caminaba.
– ¿Cómo sigue tu brazo?
– Estoy mejor, tomo medicamentos para aliviar el dolor y procuro no moverlo demasiado. Me estoy acostumbrado a dormir bocarriba o apoyando todo el cuerpo del otro lado… no es sencillo pero sí necesario para mi recuperación. Me urge retomar mi trabajo.
– No pienses ahora en eso.
– Imposible. Todos los días compro el periódico y veo las noticias para estar al pendiente de cada paso que den los ANBU; debo mantenerme al corriente de sus andanzas. Cuando recobre mi anterior estado me dedicaré a mi trabajo y objetivos con redobladas energías.
Sasuke no pudo evitar poner cara de mal humor, pero decidió no contestarle porque parte de la culpa la tenía también él. ¡Qué tenía que hacer para que esa mujer abandonara esos ridículos propósitos! ¡Por qué tenía que ser ella tan complicada!
– Sakura… mejor no hables de eso…
– Sí. Veo que te enfermas cada vez que lo menciono – comentó ella con gracia.
Pero a Sasuke no le hacía gracia y a ella tampoco le haría si supiera quién era él en realidad. De saberlo estaba seguro que no le importaría su condición y se le echaría encima para despedazarlo aunque fuese sólo con los dientes.
– Justo ahora me proponía hacerme una malteada, pero odio que la tarea más mínima se me complique por no poder levantar uno de mis brazos.
– Bueno. Déjame ayudarte con eso.
Sasuke se dedicó a mezclar los ingredientes mientras era observado por ella, cuando volteaba a verla tan concentrada en él no podía evitar hilvanar una media sonrisa que la hacía sobresaltar, sonrojar y apartar la vista de una tierna e ingenua forma.
Después de unos minutos a Sakura se le ocurrió entonces una travesura de la que podría salir fácilmente victoriosa para que el ambiente no estuviese cargado con tanto silencio y quietud. Tomó con su mano buena un poco de helado de vainilla entre los dedos y ensució la nariz de él para lanzar una carcajada ante su cómica perplejidad.
– Te estás buscando problemas – advirtió el Uchiha con una pequeña sonrisa y una ceja fruncida.
Ella hizo caso omiso y tomó más helado en la mano para empatarle una mejilla. Él se volteó.
– Puedo hacerte cosas peores – le dijo en tono vengativo y divertido –. No querrás terminar con la cabeza llena de helado, ¿o sí?
– No serías capaz – le retó y volvió a ensuciarle para reírse de nuevo de él.
Imaginándose lo burlesca que seguro ella luciría con todo el helado en su cabeza rosadita, pareciendo un delicioso cono de fresa y vainilla, Sasuke tomó el tarro completo de helado e hizo además de plantárselo en la coronilla cuando ella temerosa levantó una mano y exclamó:
– ¡Si lo haces tendré que lavarme la cabeza! ¡recuerda que estoy herida!
Él se detuvo y la miró con suspicacia. La condenada oficial era astuta y se estaba aprovechando de la circunstancia. Tenía razón, para lavarse la cabeza tendría que alzar los brazos y mojarse demasiado, lo cual no era conveniente y menos a esas horas.
– Bien… tú ganas, pero me vengaré – prometió con una ladina sonrisa. En eso de la venganza era un experto.
Sakura se pavoneó de su victoria al burlarse de nuevo de su cara sucia.
Cuando el Uchiha terminó la malteada se la extendió, y puesto que ella estaba un poco sedienta la tomó, ignorando la pajilla para succionar y comenzó a bebérsela desde la copa. Sasuke vio allí su oportunidad de cobrársela y entonces con una mano empujó la base de la copa hacia arriba provocando que el contenido se le derramase a ella en el cuello y pecho.
– ¡Mm! – gruñó Sakura con la boca llena de malteada.
Entonces al divertirle la situación soltó una risotada que la hizo escupir todo. Y por primera vez Sasuke rió tan fuerte que ella no pudo hacer menos que acompañarlo en la algarabía y sonrojarse de vergüenza a la vez. Después de largos segundos en los que pareció que no se iban a detener nunca, sus risas se fueron apagando hasta convertirse en tenues sonrisas y respiraciones profundas.
– Esta guerra no ha terminado, Suke Hachijou – apuntó ella.
– Yo ya terminé contigo – concluyó él.
Sakura negó con la cabeza y se observó entonces el pecho cubierto de malteada, toda la camiseta la tenía empapada y si no se cambiaba de inmediato quedaría terriblemente pegajosa.
– S-Suke… yo… t-tengo que cambiarme – tartamudeó sonrojada.
– Hazlo entonces.
Pero el Uchiha apenas se dio cuenta de lo que eso implicaba apartó la vista hacia un lado y frunció un poco ceño porque era inaudito que a él se le coloreasen las mejillas.
Sakura lo notó tragar saliva y ella hizo lo mismo; durante esos días era su madre quien le ayudaba a quitarse la ropa – al menos la del torso – debido al fuerte dolor en su brazo y lo imperante que le era mantenerlo estático. Empero, no era su madre quien la acompañaba en ese momento y la situación demandaba deshacerse del dulce batido embarrado en su pecho.
– Tú no puedes hacerlo sola – dijo él como si no fuese obvio.
– No puedo – corroboró Sakura.
– De acuerdo… esto entonces… si quieres te ayudo a…
– No se trata de querer o no, Suke… – respondió ella más roja –, realmente necesito que me ayudes…
– Si… comprendo – accedió Sasuke.
Sakura rebuscó entre sus cosas una blusa de tiras y un short de tela ligera antes de dirigirse al baño al que también entró Sasuke reparando en el lugar como si ya no lo hubiese visto antes para disimular lo incómodo que se sentía.
– Con cuidado – sugirió ella sin poder verlo a la cara cuando él tomó con sus manos el extremo de la camiseta para levantarlo.
Sasuke asintió con la cabeza pensando en que ella no tendría que preocuparse. Ya había decidido que la trataría con delicadeza.
Comenzó a levantarle la camiseta lentamente y apenas descubrió su bonito abdomen plano, contuvo la respiración. No se detuvo porque no quería que ella lo pillara admirando su desnudez, no obstante y debido a que la maldita camiseta era ajustada cuando llegó a sus pequeños pechos se vio en la obligación de apoyar sus dedos sobre el brasier negro y empapado que ella usaba. Sasuke entreabrió la boca inconscientemente y ella cerró los ojos abochornada; no le hizo falta ser un adivino para percatarse de la razón tras esa reacción.
– No te avergüences – murmuró con voz ronca –. Estás dotada de bellas eminencias…
Aunque seguro ese comentario la hizo sentir más apenada, Sasuke no se arrepintió de haberlo hecho, ¿Cómo podía ella avergonzarse del tamaño de sus senos cuando a él le resultaban tan… tiernamente apetecibles? En especial ahora que se hallaban cubiertos de malteada. Nunca le gustaron las cosas dulces pero esa sería la única de la que realmente disfrutaría si le arrastrase la lengua.
No era del tipo de hombres que determinaba concluyentemente un prospecto favorito de mujer con gran trasero, grandes senos y cintura pequeña. Sasuke nunca guardó ese tipo de predilecciones… al menos hasta ahora, porque en ese momento los atributos de la oficial Haruno se le dibujaban perfectos.
Con mucho cuidado llevó la camiseta arregazada hasta sus axilas y entonces comenzó la pequeña y torturante tarea de intentar sacarle el brazo intacto. Ella hizo una pequeña mueca de dolor por la presión que le hacía en el otro brazo, pero él prefirió no detenerse y una vez que lo libró de la prenda dejó escapar una exhalación de alivio. Lo siguiente que hizo fue con mayor facilidad sacarle la cabeza para entonces y por último deslizar con suma prudencia la camiseta completa por el brazo herido.
Una vez desembarazada de ese molesto atavío, Sakura se vio descubierta ante los oscuros y observadores ojos de ese hombre cautivador. Sonrió con una mezcla de pena y gratitud y él la recibió con una sonrisa de medio lado.
– De acuerdo… entonces, ya me voy para que puedas limpiarte porque supongo que eso es todo…
– S-Suke – lo llamó ella antes de que él pudiese marcharse –. Supones mal… necesito que me ayudes a quitarme el brasier.
La cara que puso el Uchiha fue de mayúscula sorpresa. Abrió los ojos tanto como pudo y dejó entrever sus blancos dientes para luego fruncir el ceño y parpadear bajando la vista.
Su lado racional – ese que le reprendía por pensar tanto en una policía – le gritaba que se negara, pero a la vez que aceptara con reserva por educación debido a que ella necesitaba su ayuda, mientras que su lado salvaje – ese que todo hombre por mucho que intente negar u ocultar, posee – le incitaba a disfrutar de lo que ahora ella le pedía. ¡Tenía que hacer caso a su raciocinio!
– Sakura yo…
– Lo siento… – dijo ella, sintiéndose como una molestia –, odio depender de esta forma de otras personas, pero si no requiriera de tu ayuda te juro que no la pediría… entenderé si te niegas por ser demasiado extremo, yo intentaré arreglármelas con una sola mano... la culpa de todo la sigue teniendo el Uchiha.
Era el argumento perfecto para recordarle lo imbécil y responsable que era de todo. Si no le hubiese tirado la malteada encima por venganza de un estúpido juego y tampoco le hubiera cortado el brazo de esa manera tan bestial, no se encontraría en esa situación que le sería imposible olvidar. Y olvidar era justo lo que necesitaba hacer de ella. Siendo quien era no podía encontrarse pensando en una policía que ante todo quería matarlo. Hasta ahora se podía concluir que estaba haciendo las cosas al revés, cosas que estaban destinadas a empeorar porque en lugar de escarbar por encontrar razones para odiarla, Sasuke se tropezaba todo el tiempo con la tentación de poseerla.
– No te preocupes, no me iba a negar – le respondió –. Te ayudaré.
Ella asintió dudosa y entonces se dio la vuelta. Lo primero que él hizo fue apartarle con lentitud el cabello hacia delante de un solo lado provocando que a Sakura se le erizara la piel, luego llevó ambas manos a su espalda y con impremeditado impulso producto de sus dedos trémulos le rozó más la piel de lo debía al intentar desabrochar ese pequeño sistema que encontró tan complejo debido a su inquieta mente.
Sakura no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa y para alivianar más su tensión y nerviosismo se permitió hacer un comentario que sin saberlo dio irónicamente en el blanco.
– Es extraño que actúes como un inexperto, Suke… alguien como tú ya debió haber quitado brasiers antes.
¡Qué equivocada estaba! Sasuke no había quitado ni camisetas, ni mucho menos brasiers a ninguna mujer. Siempre que tenía encuentros íntimos con Karin, él procuraba jamás tocarla porque no lo deseaba, era ella quien siempre se sacaba la ropa, desde lo exterior hasta lo interior.
No respondió a la opinión de Sakura porque no tenía intención de mentirle, y mucho menos de decirle la verdad. Cuando el broche cedió y ambas tiras del sostén cayeron hacia cada lado, se le hizo agua la boca al contemplar aquella impoluta, hermosa y diminuta espalda femenina sin sujeción alguna. Ella se sostuvo con el brazo bueno el brasier por delante para que la prenda no se le resbalara de los brazos y descubriese sus senos. Cuando murmuró un reservado gracias y se dispuso a ocultarse detrás de la cortina del baño, él la sujeto de la cintura desnuda y la atrajo hacia sí de una leve forma posesiva.
– Suke… – murmuró ella aguantando la respiración.
– Tranquila – respondió él en su oreja –. Sólo quería que supieras que tienes una hermosa piel…
– Gr-gracias.
Solo entonces la soltó y ella prácticamente huyó.
Él se retiró del baño para permitirle a ella limpiarse el pecho con una esponja húmeda y acomodarse la blusa de tiras – que no le daba ningún problema por ser holgada – y el short.
Después de unos minutos y estando ya en el living, Sasuke se paseó por la casa y tomó por puro antojo unas llaves cuyo llavero en forma de carita feliz desprendió para guardárselo en el bolsillo – ¡es que no podía estar en un lugar sin hurtar algo! –. Tras otros minutos de vacío deambular en los que no se decidió por robar algo más, alargó el brazo para tomar lo que se hallaba en una mesa pequeña y observarlo con cuidado. Lo que en la imagen vio le propino un frío peso en el estómago.
– Esta radiografía…
– Es mía – respondió Sakura que ya estaba metida en su corta y llamativa pijama –. Muestra mi brazo.
– Ya veo – murmuró él percatándose de la fisura en el hueso y sintiéndose muy mal de nuevo. Si no le hubiese embargado el mismo sentimiento de culpa que en él recayó cuando recién la hirió, habría quedado admirado de lo sexy que ella lucía –. Yo… creo que debería irme Sakura.
– Espera, no… – le retuvo ella desilusionada y pensó de inmediato en una excusa, de ninguna manera se le podía ir el chico –, sé que es tarde pero… no quiero que… pensé que podríamos ver una película…
– No me voy porque sea tarde ni porque tenga algo que hacer tampoco, sino porque… – le miró el brazo y apartó la vista de inmediato –, tú deberías descansar.
– No tengo sueño – contestó acercándose a él y tomándole el codo para albergarlo entre sus pequeños pechos como un intento de persuasión –. Por favor quédate…
¿Había en sus palabras una promesa de evidente connotación sexual o era a él a quien se le estaba pudriendo la mente con esa clase de pensamientos sobre ella?
No lo sabía, pero estaba dispuesto a averiguarlo; y no porque de repente había sentido un estimulante cosquilleó en esa zona baja que patentaba lo mucho que deseaba disfrutar de un momento nocturno a solas con su enemiga, no señor; sino porque se le ocurrió que quizá verían una muy buena película.
Sí, claro.
– De acuerdo – aceptó.
Ella sonrió satisfecha y tras poner la película ambos fueron a sentarse en el largo y cómodo sofá que se ubicaba frente al tv. Durante largo tiempo ambos prestaron atención en silencio a la historia – que era una adaptación más moderna de Drácula –; pero después de haberse expuesto la problemática principal, se transmitió entonces una escena en la que el vampiro comenzaba a hacerle el amor a su esposa humana. Sasuke observó de reojo la expresión de Sakura y se preguntó si ella al igual que él no estaría pensando en recrear esa misma escena justo allí, justo en ese momento.
– S-Suke… tengo un poco de frío – avisó ella en voz baja sin despegar la vista de la pantalla.
Sasuke intuyó que ella esperaba que él la cubriese con su chaqueta, pero no podía, claro que no podía, si lo hacía corría el enorme y peligroso riesgo de dejar ver el tatuaje de la marca de la maldición en su cuello, aun estando el lugar parcialmente oscuro no se atrevió a exponerse a tal eventualidad. Lo resolvió tomándola por la cintura e incitándola a recostarse a su cuerpo. Sakura lo tomó a bien y aceptó su invitación. Su cabeza quedó apoyada en el pecho de su enemigo, quien a su vez con una mano la envolvía cálidamente por la cintura mientras respiraba contra sus cabellos rosas.
Teniéndola en esa posición le fue imposible al Uchiha seguir prestando atención a la trama de Drácula.
¡Quién iba a abstraerse en una condenada película cuando tenía entre brazos a una mujer tan exóticamente hermosa! Además de estar extasiándose con ese incomparable y dulce aroma que desprendía su cabello, no pudo reprimir el instinto de reparar en todo su cuerpecito apoyado contra un costado del suyo: sus tiernos senos sin sujetador bajo esa blusa holgada, el abdomen pequeño y plano que hace un rato había visto y sobre el que descansaba ahora una de sus manos bajo ese brazo herido, y sus piernas desnudas y delgadas encogidas por comodidad. Por primera vez en toda su vida tuvo que lidiar con una casi insoportable fiebre interna lujuriosa. En especial por la sólida convicción de que ella a diferencia suya sólo buscaba aclimatarse en un momento de romanticismo.
¡Todo lo contrario de él que ya se estaba imaginando cómo sería llevársela a la cama!
Cuando la película terminó Sasuke respiró profundo, y para intentar olvidar o aminorar sus libidinosos pensamientos lanzó un casual interrogante:
– ¿A ti te gustó la película? – pero al no obtener respuesta de Sakura decidió reparar en su rostro para darse cuenta de que –… te quedaste dormida.
Era el cuadro más hermoso y tierno que había contemplado en mucho tiempo. Permaneció observándola con grata simpatía por un par de minutos hasta que su teléfono comenzó a sonar anunciando una llamada. Sasuke puso cara de mal humor de inmediato y se apresuró en sacar con su brazo libre el maldito celular antes de que despertara a Sakura.
– Oh, Sasukee – habló una vocecita cantarina del otro lado. Era Karin.
– Qué – contestó huraño.
– ¿Dónde te has metido? Te he buscado por todas partes hasta acabar metida en una de las tantas guaridas de tu organización. La subterránea del sur.
– ¿Y quién demonios te invitó, Karin? Sabes que no puedes ir a esos lugares sin mi consentimiento.
– Pero soy tu novia – chilló ella como lo haría una niña caprichosa.
– Sal de inmediato de allí, nadie más que nosotros tiene derecho de pisar esos territorios a menos que haya sido previamente autorizado por mí.
– Pero…
– ¡No me hagas enojar, Karin! – advirtió en un grave susurro de intolerancia.
– No eres justo conmigo – continuó ella en actitud berrinchuda esperando un consuelo que no iba a escuchar –, y justo cuando apenas se está prendiendo la fiesta.
– ¡Qué fiesta! – quiso saber Sasuke poniéndose más serio.
– La fiesta que hay aquí. ¿No escuchas un poco la música? – preguntó haciendo que Sasuke aguzara mejor el oído y se percatara de que sonaba algo de música a lo lejos –. Tus muchachos realizaron una fiesta con suficiente alcohol para abastecer a centenares y rameras involucradas. Pero no te preocupes que nadie está usando su uniforme ANBU, más bien ven a divertirte con todos nosotros. Anda, yo soy la única que no tiene pareja aquí.
Sasuke colgó sin decir una sola palabra más, la ira comenzaba a bullirle como lo hace un líquido comprimido y agitado dentro de una lata. A quién se le había ocurrido la estúpida idea de realizar una fiesta en una de sus guaridas con música a tope e involucrar personas del exterior; no importaba demasiado ahora porque quería matarlos a todos por participar en comunión.
¿Acaso habían esperado a que él se ausentara para llevar a cabo la vulgar ceremonia? Estaban desobedeciendo las reglas, lo estaban desobedeciendo a él. Y eso era cosa que no toleraba.
Con mucho cuidado deslizó su otro brazo detrás de las piernas de Sakura mientras le susurraba con suave afecto que le colaborase porque la iba a transportar a su cama. Ella se removió un poco y mostró disposición al enrollarle su brazo sano en el cuello mientras él la cargaba y caminaba hasta la habitación.
Cuando la sentó en el borde de la cama con intención de acomodarla mejor de modo que quedase recostada sin tocar su herida, ella entreabrió los ojos y apretó su agarre en los cabellos negros en la nuca de él.
– No te vayas todavía, por favor – suplicó Sakura de una forma que casi lo hace ceder. Sasuke tuvo que llenarse de determinación.
– Me gustaría quedarme, pero debo irme. Es urgente. Tengo algo que hacer.
– Pero…
– Sshh… tienes que descansar.
Como ella no rebatió más – cosa que él agradeció porque estaba al borde de convencerlo –, Sasuke se dispuso a adecuarla mejor. La cargó de nuevo para recostarla en el centro de la gran cama de la que ahora se daba cuenta contenía suficiente espacio para dos e incluso tres personas. Después de acomodarle la almohada bajo la cabeza se advirtió demasiado inclinado y casi encima de ella. Sakura que seguía medio aletargada volvió a sujetarlo de la nuca con una mano y lo atrajo muy cerca de su rostro.
– Al menos despídete de mí…
El Uchiha tuvo que morderse el labio ante la tentadora petición de besarla. No podía ni debía hacerlo; si por unos segundos mordía ese señuelo quedaría atrapado y más enredado que insecto en tela de araña, y entonces mucho menos sería capaz de abandonarla.
Esbozó una sonrisa ácida e irónica para responderle con la cruel verdad:
– Yo no te convengo de esta forma, Sakura… ni tú a mí…
– A qué te refieres…
– Es complicado. Mantengamos esta relación como hasta ahora hemos hecho – propuso apartándose un poco de su cercano rostro –. La verdad yo… disfruto mucho de tu compañía.
– Y yo de la tuya – admitió ella –. Por eso quería que te quedaras…
– Pronto nos volveremos a ver – prometió él en modo conciliador –. ¿Por qué no salimos cuando tu brazo haya sanado mejor?
– De acuerdo – aceptó ella con una alegre sonrisa.
– Descansa.
Y antes de marcharse le dio un tierno beso en la punta de la nariz que la hizo reír un poco a ella.
Sasuke lamentó el paso decisivo que dio desde el umbral del apartamento hacia la salida definitiva y maldijo a Karin por haberlo llamado para arruinarle el buen talante que rara vez poseía.
Llegó a la guarida subterránea con su catana y tan pronto entró percibió los olores entremezclados de hierba, tabaco, alcohol, cigarros, perfume barato de mujer y algo almizcle que no supo a qué atribuir, pero que igual le pareció asqueroso.
Como si de un mono aferrándose a una liana se tratase Karin le saltó encima y lo sostuvo del brazo para apoyarle la cabeza rojiza en el hombro.
– Creí que no ibas a venir – le dijo con voz melosa.
Sasuke la miró malhumorado y se sacudió el brazo.
– Apártate – siseó y ella lo hizo de inmediato al ver la amenaza en sus ojos negros.
Sasuke se sacó la catana en medio de sus secuaces y camaradas borrachos siendo rodeados de mujerzuelas sin que nadie se percatase y con la puntería y fuerza que contaba la lanzó y clavó de un manotazo en uno de los cables que conectaba los parlantes de música, cortándolo de inmediato y provocando que todo quedase en silencio. Siendo observado por todos y cada uno de los presentes se dirigió a paso seguro con sus aires de máximo autoridad a la pared donde había quedado incrustada su espada con el fin de sacarla y sostenerla sin guardarla.
– Hace tiempo dije que como la organización que son podían romper todas las reglas y convencionalismos que pretendiese imponer la autoridad propia y acostumbrada de la sociedad – comenzó a hablar en voz alta –. Pero una organización que carezca de políticas y códigos es mucho peor que una estampida de animales, desequilibrada y caótica.
Todo el mundo permanecía en el más denso silencio, previendo la conclusión.
– Un parlamento no funciona sin estatutos, una escuela no funciona sin un manual de convivencia, ¡hasta la naturaleza para funcionar como lo hace ha de tener leyes! – Sasuke levantó más la espada –. Quiero que dé un paso adelante la persona que inició este disparate.
– Mmhh – saboreó en el fondo una profunda voz negligente y conocida –. Mi prospecto más perfecto: Sasuke-kun.
Sasuke puso cara de fastidio pensando en que debió haberlo imaginado desde un principio cuando se propuso buscar posibles culpables. La masa más aglomerada del lugar comenzó a disiparse hasta revelar detrás al hombre que con mucha razón y en base de su apariencia recibía el apodo de "la serpiente blanca". Se hallaba sentado en un sillón rojo con las piernas cruzadas y una serpiente marrón rodeando el espaldar, aquel sujeto tenía la cara alargada, piel exageradamente nevada – un armiño le tendría envidia –, cabellos negros, lisos y largos casi hasta la cintura con un mechón que dividía su cara, ojos ámbar con cortes en las pupilas como los reptiles y marcas purpuras de maquillaje alrededor de los ojos.
– Orochimaru – murmuró su nombre Sasuke.
– No culpes a los chicos por haber sucumbido a mi invitación, Sasuke. Es que quise celebrar mi llegada y puesto que no tengo demasiados amigos opté por avisar a la organización y venir aquí… sólo que no te encontré a ti, muchacho.
– Hmp. Estaba ocupado – respondió Sasuke –. Tampoco sabía que vendrías.
– Mmhh, ¿ocupado? – cuestionó la serpiente blanca suspicaz –, ¿Qué asuntos son tan urgentes para hacer ausentar a mi más querido pupilo de sus responsabilidades?
– No había responsabilidades pendientes – aclaró el Uchiha –, y si con eso te refieres a tu fiesta permíteme puntualizar en que tal función nada tiene que ver conmigo. Respecto a mis asuntos fuera de la organización, Orochimaru, no tengo nada que decir, ni tampoco tú. Poca es la intención que tengo al recordarte que aparte de ser uno de tus partidarios, tengo una vida aparte.
– Todo lo que a ti se refiere es de mi máximo interés, Sasuke-kun – precisó Orochimaru aún en su tono amable –. Y es tanto así que sería capaz de…
– Ni te atrevas – amenazó Sasuke –. Si llego a descubrir a uno de tus agentes fisgones e impertinentes siguiéndome, ten la certeza de que por vida mía los traspasaré con la espada para que nunca se les olvide lo que implica meterse conmigo.
Y con Sakura, porque fuera de ella nada más le preocupaba que se supiera de las identidades que usaba como disfraces y las relaciones que tenía con otros.
– Tranquilo, Sasuke, tranquilo, eso nunca cruzó mi mente – se excusó Orochimaru y levantándose entonces de su trono improvisado concluyó –. La fiesta ha terminado. Vuelvan todos a sus casas.
Entonces se escucharon murmullos de abatimiento y protestas en tono bajo. Algunos ANBUS se fueron con botellas en una mano y mujeres en la otra, decidiendo que al menos por su propia cuenta no habían concluido las algarabías.
Después de haberse ordenado casi todo, Sasuke se dirigió a Orochimaru que estaba siendo acompañado por su mano derecha y lame-botas de anteojos y cabellos blancos sujetos en una coleta: Kabuto.
– Sé que tú dispones de mucho por ser el alto mando; pero no es conveniente que se produzcan este tipo de festejos en nuestros lugares de reunión como organización. Es indiscreto.
– Sí, lo sé, lo sé, Sasuke-kun – consintió Orochimaru pasándole una mano por los hombros –. Esos recordatorios tuyos sólo me comprueban que eres ejemplar en lo que haces. Tanto perfeccionismo me da curiosidad por saber qué tipo de salidas buscas para mantener siempre esa cabeza tan despejada y esa inigualable capacidad de dirigir a tantos subordinados y los planes que ejecutan y completan triunfales.
– Y yo ya te dije que eso no te concierne – respondió librándose del abrazo de la serpiente.
– Está bien. Tus reservas te hacen especial – comentó Orochimaru con una risita –. Ya me marcho. Pronto nos estaremos comunicando. Allí están mis chicos de Hebi. Los invité también para que salieran un poco de su monotonía.
Y tras señalar a los miembros de Hebi: Suigetsu, Jugo y Karin, Orochimaru se marchó con Kabuto.
– Sasuke – llamó Karin –. ¡Por aquí, cielo!
Al ver que Sasuke intentaba ignorarla, Suigetsu no pudo evitar dar su opinión:
– Debe ser cosa difícil lidiar con un hombre que prefiere evitarte, ¿no, Karin?
– No digas tonterías – contestó ella esquiva –, ¡Sasuke, ven aquí!
– ¿Por qué lo sigues llamando? ¿no ves que no quiere ni verte?
– Estás equivocado.
– No, tú estás equivocada.
En eso comienza a acercarse Sasuke con las manos en ambos bolsillos.
– Te lo dije, ahí viene – anunció Karin emocionada. Pero sus expectativas se cayeron a pedazos cuando su novio manifestó una orden terminante.
– Quiero que los tres se vayan de aquí de una vez.
– Bien – aceptó Suigetsu con una sonrisa maliciosa –. Vamos Jugo.
– Tú también Karin – agregó Sasuke al ver que la chica no se movía.
– ¿Es todo lo que vas a decirme? ¿ni siquiera vas a invitarme a tu casa o a cualquier otra parte para pasar la noche juntos? – preguntaba con manifiesta desilusión –, hace rato que no nos veíamos, y soy tu novia, Sasuke.
– Vete. Estoy cansado y de muy mal humor. La cabeza me duele.
– Oh, pero eso se puede arreglar cariño – ablandó ella su tono –. Vayamos a tu casa, yo te daré masajes, descansaremos juntos y te sentirás mejor.
– No. Prefiero ir solo – contestó y se dio la vuelta, pero tras dar unos pasos se detuvo y agregó en una clara mentira –. Debo maquinar algunos planes, Karin, y sabes que no puedo hacerlo en compañía de nadie.
Ella aceptó de mala gana y se lamentó en el fondo cuando el chico se marchó por fin. Tenía unas apremiantes ganas de llorar que Suigetsu notó y Jugo ignoró. Entonces se fue con ellos sin que ninguno de los tres dijera palabra alguna durante el camino. A Jugo porque no le importaba, y Suigetsu porque sabía que lo mejor en ese momento era evitar abrir su bocota, no quería hacerla sentir peor, tampoco le gustaba verla en ese estado.
…
Agazapados detrás de unos arbustos en silencio y con armas de fuego en sus manos se encontraban el célebre detective y su fiel asistente esperando ver al pez gordo cuya asistencia era cardinal y explícita para lanzarle la red con que habrían de atraparlo por fin.
Por el umbral de la enorme casa de arquitectura antigua se apareció la ancha y pequeña silueta de un hombre que iba cubierto por una larga capucha que ocultaba sus retaguardias, entonces la chica se tensó y acomodó mejor el arma entre sus hábiles dedos; pero antes de que pudiese dar un salto como el tigre que sale de entre las ramas para hincarse a su presa, su compañero le sujetó la muñeca con suavidad.
– Aún no, Tenten – cuchicheó con esa franca y apacible voz que a ella tanto encantaba –. Debemos esperar a que se dé el intercambio para tener patentes de que ambos están involucrados en esto.
Ella asintió y se resignó, bajando mientras tanto su alerta. El sujeto que tenían por objetivo miró en derredor suyo como quien se trae cosas sucias entre manos y se internó por fin en la casa. El detective de nombre Neji Hyuga suspiró y con mayúscula paciencia permaneció estático sin bajar la guardia y también sin percatarse de que de vez en cuando su asistente le echaba miraditas secretas.
Y es que eran pocas las mujeres que no ponían sus ojos en aquel hombre de facciones suaves pero masculinas a la vez; su andar grácil, solemne y digno que manifestaban la personificación de la solidez, la astucia y la ecuanimidad, el color claro de su piel que formaba un contraste casi majestuoso con sus ojos que eran como un par de aljofares a las que nada se escapaba, imponentes para los hombres y hechizantes para las mujeres, y por último su cabello castaño oscuro, largo y recogido en las puntas por una cinta que daban el acabado perfecto de lo admirable que exteriormente era. Sin embargo, pocos podían presumir de conocer a fondo las amplias facultades del genio que era. Entre esos pocos figuraba Tenten.
– Estate atenta – le sugirió en un susurro –, ahí vienen.
La puerta de la casa se abrió de nuevo y salieron dos personas que a paso lento y confiado se disponían a marcharse. Como un remolino de viento rápido y preciso, Neji se abalanzó a uno de los sujetos y logró sostenerlo por la espalda:
– ¡No! ¡maldición, no puede ser! – gruñía el hombre rechoncho –, ¡no dejaré que me atrapen!
– ¡Ya está atrapado!
Pero el culpable no se dio por vencido y haciéndose con su fuerza se llevó al suelo a Neji con el objetivo de desembarazarse de tal sujeción, cayendo también él. Sin embargo, Tenten se apresuró después de haber inmovilizado al otro y le dio con la culata de su revolver en la cabeza, noqueándolo de inmediato y librando a Neji de su agarre. Tras haberlos esposado en el suelo, el astuto detective habló:
– Están arrestados por haber confabulado en contra del sr. Raiga y de ser los responsables del secuestro del pequeño Ranmaru.
– ¡¿Ah sí?! Pues no tienes ninguna prueba de eso, canalla embustero – acusó el hombre.
– Temo que si la tengo. Sus conversaciones fueron interceptadas, sus huellas descubiertas en la escena y también ahora… Tenten levanta por favor ese maletín. Gracias. Aquí se halla desde luego el sucio dinero involucrado.
– No es verdad, ese dinero es el intercambio de un negocio legal entre mi compañero y yo… ¡no tengo nada que ver en el secuestro de Ranmaru!
– Ya nada tienen que objetar al respecto, señores – replicó Neji –. Sabemos que tienen al chico en esta casa… es hora de acudir a la policía, Tenten, nosotros terminamos aquí.
Tras haber llamado a las autoridades para proporcionarle las últimas pistas de la ubicación del pequeño, entregar por supuesto a ambos hombres capturados y brindar algunos detalles e indicaciones, Neji se sentó en el asiento de al lado del conductor en el coche y suspiró mientras su asistente se disponía a arrancar la máquina.
– Sí que valieron la pena los dos meses de espera, ¿verdad? – cuestionó ella de muy buen humor –. Felicitaciones. Lo hiciste de nuevo.
– Lo hicimos – corrigió él volviéndose a verla –. Deja de congratularme de esa forma pletórica cuando tú has tenido mucho que ver.
– Sólo como apoyo – replicó ella –. Ahora marchemos al apartamento a descansar de una vez. Lo tenemos muy bien merecido después de desvelarnos tanto.
Él consintió con la cabeza y eso bastó para que se fueran de esa zona en la que habían conseguido una victoria más.
Neji compartía piso con Tenten no importaba a donde fueran como parte de sus misiones, pero dormían en camas distintas. La relación que se había establecido entre ambos era estrictamente profesional y espontáneamente amistosa. Y no porque así lo quisiesen los dos, Tenten ocultaba entre sus más profundos secretos una atracción fogosa por su mayor camarada, pero él había puesto de forma severa una barrera de púas filosas para que ninguna mujer, incluyéndola a ella, se le acercase en calidad de estrecha intimidad romántica. Sus razones se sustentaban en el papel que le correspondía: el de un hombre frío y calculador.
Sin embargo y pese a la amplia comprensión que ella le profesaba, Tenten sabía –porque se conocía – que toda la vida no iba a quedarse con la cabeza gacha de resignación detrás de las murallas que rodeaban a Neji y que él mismo había construido. No… en algún momento se iba a disponer seriamente a cruzarlas y derribarlas sin importarle nada.
…
Un puñetazo tras otro se hundía en la cubierta azul oscuro del saco de boxeo que se había comprado Sakura. Había pasado cierto tiempo desde el profundo corte que le había propinado el líder ANBU y ella podía ya usar su brazo como antes solía hacerlo, le habían quitado los puntos y todo lo que quedaba de esa gran herida era la cicatriz de la que se estaba ocupando por borrar lo mejor que pudiese.
Ahora se dedicaba a entrenar físicamente con el objetivo de fortalecerse.
Los mejores golpes eran descargados cuando en el saco de boxeo se imaginaba la máscara felina de Sasuke Uchiha.
– ¡Shannaro! – exclamó al tiempo que clavaba su puño terminante, rompiendo la cuerda que sostenía al saco y mandándolo lejos, justo donde se ubicaba Naruto en una silla.
El chico se cayó hacia atrás graciosamente con todo y silla en un grito, impactando su espalda contra el suelo y abrazando el saco de boxeo.
– ¿Estás bien? – le preguntó Sakura.
– Ahh… mi cabeza – se quejó perezosamente Naruto con una mano en la frente al tiempo que se levantaba –. Al menos no fui yo quien recibió ese golpe, Sakura. Estás cada vez más enloqu…
– ¿Cómo?
– Uh… nada, nada… no dije nada, Sakura, en serio, ¡haha!
Sakura le quitó el saco de boxeo y entre los dos volvieron a atarlo donde había estado. Tomó entonces la toalla, se secó el sudor y se la puso sobre los hombros.
– Bueno… así que volverás a laborar de nuevo – comentó Naruto.
– Sí, comenzaré la próxima semana. Estaré de vuelta por fin – respondió ella entusiasmada.
– ¡Sí! será genial trabajar juntos otra vez, ya te estaba echando de menos– corroboró el rubio con una gran sonrisa que de pronto se le borró al recordarle –. Pero debes tener más cuidados. Si llega a aparecerse el tem… emm, Sasuke, yo me haré cargo de él, ¿de acuerdo?
Ella arrugó la nariz y no dijo nada, no quería mentirle a Naruto estando de acuerdo con esa decisión y tampoco decirle la verdad porque entonces lo alertaría y eso sólo significaba ponerse trabas en su camino directo al Uchiha.
– Iré a tomar una ducha… tengo que alistarme porque saldré.
– ¿Saldrás? ¡yo te acompaño, Sakura!
– ¡Ni hablar! – se apresuró en exclamar –. Tú no puedes venir conmigo, Naruto. Seré acompañada por alguien más.
– ¡¿Eh?! ¿Cómo? ¿alguien más? ¿tendrás una cita, S-Sakura? – cuestionaba con expresión fingida de lloriqueos.
– Si – admitió ella sonrojada –. Saldré con Suke…
Naruto sonrió con ironía. Estaba sucediendo lo que él había querido evitar desde un principio y Sasuke le había negado que haría: ocultado tras la máscara la dañaba y luego con el rostro descubierto y un nombre falso lo enmendaba. Por supuesto que no le gustaba; pero tampoco se sentía ya capaz de intervenir porque aquella farsa que mucho de real tenía estaba concediendo momentos de contento a ambos. Sakura lucía radiante, y a Sasuke parecía estársele ablandando el corazón.
¿Y qué más quería Naruto que verlos felices a ambos? Aun cuando esa dicha proviniese del otro. Lo único que se juró en ese momento fue que evitaría que se diesen encuentros entre ella y él con máscara para así evitar que se hicieran daño, más del que ya se habían infligido.
– Bien. Ya me voy, Sakura – anunció con una suave sonrisa –, y dale saludos de mi parte a ese condenado de Suke.
Se despidieron y ella entonces se dedicó a acicalarse. Lo que más gustaba de esa cita en particular era que se habían decidido a través de una llamada telefónica que no irían demasiado lejos del complejo de apartamentos donde residía ella. Caminarían hasta el cine más cercano y volverían también a pie para continuar juntos un rato más en su casa. A Sakura le emocionaba porque pasaría de nuevo gratos momentos con ese chico allí, a solas, y probablemente… probablemente y por fin…
– ¡Me bese! – exclamó en un arrebato de elevada euforia ante la idea.
Le gustaba Suke. Era innegable y perfectamente reconocible. Le gustaba cada vez más.
Se cercioró hasta tres veces frente al espejo de lucir hermosa. Vistió jeans ajustados, una espléndida blusa que dejaba al descubierto su ombligo y por encima una chaquetilla roja con un solo botón en medio, pendientes brillantes y zapatos altos. Se perfumó como nunca había hecho y cargó en su hombro un bolso pequeño en el que se abstuvo de echar el arma. No habría razón para arruinar esa cita ante el arrebato de apuntar a alguien con ella y comportarse como la policía que era. No… reprimiría su hambre de justicia.
Sólo serían Suke y ella.
Él llegó pronto. Lucía tan guapo como siempre. Sakura pensó que Suke podía usar lo que sea o no usar nada en lo absoluto y de todas formas – y con mucha más razón – luciría apuesto porque estaba en su sangre serlo.
– ¿Vamos? – preguntó él extendiendo una mano.
Y ella respondió tomándola con una sonrisa mientras se mordía el labio inferior de efervescente exaltación. Tenía la certeza de que nada podría arruinar ese día.
Anduvieron conversando de trivialidades como el clima o los mejores restaurants de la zona. Después de un tiempo, pasaron por delante de una heladería y Sasuke al ver la expresión anhelante de Sakura fijándose en el cartel de una mujer con un helado de chocolate en los labios, decidió hacerle la pregunta:
– ¿Quieres uno?
– Eh… ¿Qué? – se sobresaltó ella sintiéndose apenada por haberlo hecho tan evidente –. No, descuida… no es necesario.
– Vamos, dime la verdad; estoy seguro de que quieres uno – la incitó con gentileza.
– Bueno… quizá uno de fresa – respondió Sakura con una sonrisa de modestia.
Él se internó en el lugar tomándola de la muñeca y una vez que estuvieron frente a la vendedora, Sakura hizo su orden: un helado que además de fresa tenía dos bolas más de vainilla y chocolate. Mientras Sasuke fue a pagar a la caja, la chica que se encargó de servir el helado a Sakura le preguntó en tono confidente:
– ¿Ese es tu novio?
– No… él es… somos sólo amigos… – respondió sonrojada, viendo a Sasuke que en ese momento la miró de forma distraída y pareció sonreírle con los ojos.
– Ya veo… pero vas por buen camino porque pareces interesarle – replicó la vendedora –. Es un chico muy apuesto. Y tú eres verdaderamente afortunada.
Sakura le sonrió con simpatía y se despidió de ella luego de que Sasuke se acercase con la factura en la mano.
– ¿Por qué no compraste uno para ti? – cuestionó tras salir del lugar.
– No me gustan las cosas dulces – respondió el Uchiha encogiéndose de hombros.
Bien, eso sería algo que tendría que tener en cuenta si algún día lo invitaba a comer a su casa. El resto del trayecto lo caminaron sumiéndose en más pláticas anodinas hasta que dieron con su punto de objetivo. Tras escoger la película y comprar las palomitas y refrescos entraron a la sala que carecía de espectadores, además de ellos se encontraban en los asientos más altos una familia con niños y abuelos, una pareja de homosexuales gays que se tomaban de la mano y se daban besos ocasionales, y un grupo de amigas adolescentes. Ambos se ubicaron en los asientos que se encontraban debajo de aquellas seis chicas y tan pronto se sentaron, las indiscretas muchachitas comenzaron a cotillear sobre "el buenmozo más cercano". Hacían comentarios acres y pesados sobre lo aburrida que sería la película al lado del singular espécimen de adelante, sobre lo mucho que él merecía y lo poco que le había tocado – refiriéndose a Sakura – y sobre lo difícil que era en estos tiempos hacerse con uno de "esos".
Sakura suspiró intentando hacer como que no lo afectaba, cuando en realidad sí le afectaba y no sólo porque no podía escuchar ni prestar atención a la película, sino porque parecía que las malditas mocetonas insolentes no se iban a callar nunca.
Comprendió de inmediato que existen dos tipos de mujeres: las que te congratulan por tener un buen chico sin pensar en rivalidades como la vendedora que le despachó el helado, y las que se conducen con envidias porque no soportan tu suerte y pretenden entonces arrebatártela de la forma más desvergonzada como las jovencitas descaradas con las que le había tocado desgraciadamente compartir sala.
Mientras Sakura pensaba que nunca había sentido tantas ganas de jalarle las orejas a unas niñas, Sasuke se percató de su molestia y entonces hizo algo que acalló a las vulgares adolescentes de una forma tan repentina que fue como si las hubiesen abofeteado. Con una mano atrajo la cabeza de Sakura hacia él y pegó esos cabellos rosas a su nariz para darles una gran inhalada y hablarle después al oído:
– Si quieres nos cambiamos de lugar – le susurró.
– No es necesario – respondió Sakura paladeando el dulce sabor de la venganza.
A partir de entonces disfrutaron de la película sin interrupciones de ese tipo.
Pocos hombres se tomaban la molestia de hacer que otras chicas sintiesen celos de la suya, pero eran aún más escasos los que lo hacían sin que la chica en cuestión fuese su novia.
Tras salir del cine Sakura sonriente se aferró un poco al brazo de él, sintiéndose – como había dicho la vendedora de helados – verdaderamente afortunada. Y mientras caminaba disfrutando cada segundo de su compañía casi se tuerce el tobillo al haber tropezado con algo que no vio. Sasuke la tomó con ambas manos a tiempo y la sostuvo muy de cerca.
– ¿Estás bien?
– Si… gracias…
– No deberías usar de esos, o al menos tener cuidado – le aconsejó refiriéndose a sus zapatos altos.
– Tienes razón, pero estos en especial me gustan mucho – dijo ella –. Los cuido demasiado, ¿sabes? Sería una lástima perderlos o dejar que se desgasten por la falta de uso.
– Si… una lástima – murmuró él perdiéndose en el jade sus ojos y olvidándose al instante de lo que estaban hablando.
No la había soltado y ¡vive Dios! Que tampoco pensaba hacerlo. Sakura se relamió los labios de una forma inocente y sólo eso le bastó a él para decidirse – en contra de su raciocinio – a inclinar la cabeza hacia adelante y atrapar de una buena vez esa delicada y apetecible boca. Pero antes de que pudiese tocarla siquiera, un sujeto pasó por en medio de ambos con tal impacto que los separó en un santiamén.
– ¡Hey! – protestó el Uchiha enfurecido hasta el tuétano.
– Lo siento, lo siento – se excusó el hombre –, voy de prisa; es que se está incendiando el edificio de los Inoue.
Y en ese momento Sasuke y Sakura se percataron del panorama alarmado que los rodeaba, algunas personas corrían y otras hablaban al teléfono informando que había un incendio.
– ¿Un incendio? ¡no puede ser! – exclamó Sakura –. Suke el edificio de los Inoue queda a dos cuadras de esta calle, por favor sostén esto – decía mientras se quitaba los zapatos y el bolso – que yo iré allí para evaluar la situación y ver si puedo hacer algo.
– No… Sakura…
Antes de que pudiese protestar Sasuke sintió ridículo con un par de zapatos altos en una mano y un bolso femenino en la otra. A punto estaba de seguirla cuando el celular comenzó a sonarle y tuvo que primero contestar.
– Señor… jefe… nos hallamos en crítica situación – informó agitada una voz del otro lado –. Debo suplicarle que me perdone ante todo y nos ayude en estos momentos…
– ¿De qué hablas, Hinoe? – quiso saber Sasuke receloso.
– Nosotros… siete de nosotros estuvimos inhalando hace poco sustancias estimulantes y entonces… entonces se nos ocurrió asaltar a los Inoue en nuestro estado excitado, tomamos nuestros uniformes y Ushi se vistió con sus ropas y robó su catana, le dije que no lo hiciera pero ya sabe cómo es él y no me hizo caso. Saqueamos buena parte de los negocios de los Inoue, y todo salía perfectamente hasta que el idiota de Dajimu prendió fuego al lugar. Hemos escapado cinco de los siete, pero aún hay dos allí dentro y la zona está rodeada de policías y bomberos. El lugar se derrumba señor, y a cada segundo se acrecientan las llamas, ¡parece que el infierno hubiera ascendido a este edificio! – explicó el ANBU de forma acelerada y con gesticulación nerviosa.
– Idiotas – gruñó Sasuke –. ¡Cómo pudieron…!
– Perdónenos, señor, le ruego por favor…
Sasuke colgó porque sintiéndose tan acalorado como estaba habría insultado a Hinoe hasta la muerte. Pero no había tiempo para eso. Tres de sus hombres se hallaban rodeados de llamas y en peligro de ser capturados por la policía…
Y hablando de policías…
– ¡Sakura!
Se apresuró al enorme edificio en cuestión y tan pronto como llegó, ignorando a las autoridades y sin pensarlo dos veces se adentró al mismo. Tropezó con objetos a medida que avanzaba, y al parecer las llamas apenas comenzaban a alcanzar esa zona lo cual indicaba que el incendio fue provocado desde una planta superior. A nadie vio de gran importancia en el primer piso – policías, bomberos y personas que eran sacadas por los mismos – de modo que tuvo que usar las escalera dando codazos y abriéndose paso como podía en dirección contraria a las personas que bajaban. De entre un par de vitrinas volcadas y un escritorio enorme escuchó un quejido de dolor que le llamó la atención y temiendo lo peor decidió llamar a quien con más ahínco buscaba sólo para descartar que esa fuera ella.
– ¡Sakura!
– ¡Señor! – respondió una voz carrasposa de hombre en su lugar.
Sasuke buscó detrás del escritorio a la fuente de ese grito y halló debajo de un trozo de concreto a Ushi que vestía sus ropas y cargaba su catana sin soltar de una de sus manos la maldita mochila donde se hallaba con seguridad lo que había hurtado.
– Ushi… ¡grandísimo estúpido! – reprochó.
– Señor… oh, señor, qué bueno que está usted aquí… ayúdeme se lo suplico y perdónenos por favor…
Dejarlo allí habría sido el castigo perfecto para que aprendiese, pero Sasuke al contrario de ganar algo con ello, perdía a uno de sus más valerosos hombres, incluso en esa situación podía comprobar que Ushi era un ANBU de nervios inquebrantables, había preferido permanecer y morir allí oculto a pedir ayuda a los rescatistas para no ser arrestado e inculpado por sus ropas. Sasuke se apresuró a ayudarle con el peso que le impedía mover una de sus piernas y entonces tras sacarlo tomó una firme decisión que llenó de admiración y orgullo a Ushi.
– Quítate la túnica, la máscara y dame la catana – ordenó.
Ushi lo hizo tan rápido como pudo y Sasuke se las puso por encima de la ropa que ya traía. Acto seguido le arrebató la mochila para vaciar en el suelo el dinero que llevaba dentro e introducir en su lugar el bolso y los zapatos de Sakura.
Todavía podía recordar lo que ella había dicho:
"Los cuido demasiado, ¿sabes? Sería una lástima perderlos o dejar que se desgasten por la falta de uso."
– Pero señor…
– ¡Cierra la boca! – bramó Sasuke – Tu estúpida ambición te trajo a esta situación y ahora seré yo quien te castigue. Quítate el resto de la ropa también con excepción de los calzoncillos.
– C-Cómo…
– ¡Hazlo!
El pobre Ushi obedeció inseguro y tras ver a su jefe arrojar a las llamas las ropas ANBU que acababa de despojarse lo comprendió de inmediato. Sasuke se deshacía de la evidencia que podía inculparlo para que no lo aprehendiesen, es decir la vestimenta ANBU.
– Y ahora arrástrate como puedas por las escaleras y pide ayuda para que te socorran, si te preguntan por qué estás desnudo tú di que habías estado teniendo sexo con una mujer en un baño cuando te percataste del incendio.
– Bendito sea usted mi señor…
– ¡Lárgate!
Tras desembarazarse de Ushi, el líder ANBU se cargó en la espalda la mochila y continuó ascendiendo. Esta vez tuvo que cubrirse la nariz y la boca por el humo asfixiante y copioso que emanaba el lugar. Al divisar la machita rosada del cabello de Sakura se cubrió el rostro con la máscara de gato y se apresuró a llegar a ella.
– ¡¿Alguien más aquí?! – gritaba mientras se tapaba la nariz –, ¡respondan por favor, soy policía, he venido a ayudar!
– ¡No hay nadie más! – respondió Sasuke, sorprendiéndola y enfureciéndola de inmediato.
– ¡Uchiha! – rugió ella.
– No sea tonta y salga de una vez de aquí. ¿No ve que todo se derrumba?
Sakura retrocedió tres pasos quedando justo al lado de una puerta que en un súbito empujón se cayó al suelo debido a un hombre que salía envuelto en llamas gritando. Ella gritó y al momento de esquivar el gran trozo de madera cubierto de fuego dio un mal paso justo en una zona frágil que había estado siendo consumida desde abajo, su pie se hundió al instante y el apoyo que a duras penas consiguió el otro terminó de ahondar el hueco, provocando que el suelo bajo sí se derrumbase.
– ¡No!
A punto estaba de caer cuando el Uchiha se lanzó desde donde se encontraba al suelo, logrando sostener una de sus manos mientras que con la otra ella se sujetaba al precipicio. Sasuke comprendió lo que Hinoe le dijo por teléfono cuando observó bajo ella el mar de fuego que carcomía cada objeto y al que estuvo a punto de caer. Parecía el infierno. Sakura por su lado se sintió confundida y asustada a la vez, pero un grito monstruoso que pregonaba el dolor y el terror la hizo desviarse del enemigo que la sostenía y observar a quien había salido tan atolondradamente por esa puerta.
Cuando Sasuke volteó hacia el desdichado y vio salir envuelta en llamas una máscara de ANBU que no comprendió con espanto que se trataba de Dajimu.
– ¡Dajimu! ¡rueda por el suelo! ¡rueda de prisa!
– ¡Señooor! – exclamó en un berreo casi animal el pobre Dajimu revolcándose en el suelo.
Sasuke y Sakura se miraron en un instante y como si se hubiesen leído las mentes, se hicieron con sus fuerzas para hacer que ella subiera. Estuvieron en ello por varios segundos en los que no pararon de escuchar con la más severa turbación el potente y triste llanto y los incesantes gritos a garganta llena de Dajimu que clamaba a su señor por ayuda. Cuando jadeantes lograron ponerse a salvo del enorme agujero, Sasuke pretendió socorrer a Dajimu, pero apenas se daba cuenta de que ya sus súplicas habían sido ahogadas y apagadas para siempre por el fuego. Ante sus ojos se observaba lo que quedaba del cuerpo inerte del muchacho ardiendo.
Sakura sofocó un grito con ambas manos sobre su boca y tras llenarse del miedo que le infundió el lugar en llamas y la posibilidad de terminar como ese hombre, salió corriendo hacia donde sabía que se encontraba la puerta trasera y vía de escape más próxima de esa zona. Sasuke permaneció allí unos segundos más en los que apretujó los dientes dentro de su boca y empuñaba las manos hasta que los dedos le blanquearon; recordó que de esa misma manera habían muerto los miembros de su familia hace mucho tiempo cuando apenas era un niño, y aquella noche de reunión familiar la casa Uchiha se incendió por completo, el galimatías formado por las gargantas de sus parientes ardiendo lo perseguiría por siempre hasta en sus sueños. Entonces en un grito de rabia desenfundó la espada y se lanzó como una flecha fuera de ese lugar siguiendo la misma dirección que había tomado Sakura hasta que logró ver la salida que estaba siendo taponada por los escombros que caían. Pudo salir gracias a su gran velocidad.
Ya afuera buscó a pasos agigantados a la oficial, y la halló corriendo con sus piececitos descalzos de forma torpe y alocada hacia una callejuela en la que se adentró. Con la rabia derramándosele como lava por cada vena la siguió y dio con ella en un instante, amenazándola con la espada.
– ¡Maldita! – exclamó sintiéndose de pronto como un demonio –, ¡siempre en el lugar equivocado arruinándolo todo! ¡siempre haciéndose la heroína cuando lo único que representa es el mayor estorbo que he podido tener en la vida!
Sasuke comenzó a mover la espada con aspereza en el aire a medida que ella retrocedía a pasos rápidos, librándose por los pelos de un corte seguro en cualquier parte de su cuerpo.
– N-No… no Uchiha… ¡detente!
– ¡Cállese! – replicó él en el mismo tono iracundo –, ¡cállese de una maldita vez!
Cuando no pudo retroceder más debido a una muralla enmohecida que se lo impidió, Sakura se aferró con las manos abiertas a la misma como si quisiera escarbar en ella para salir huyendo.
– ¡Voy a matarla! – amenazó Sasuke como si hubiese dado un grito de guerra.
– No… no por favor… no – suplicó ella entre gimoteos de miedo y dejándose caer sentada en el suelo –, no lo hagas…
Por primera vez desde que la conocía la vio llorar. Demostrar una debilidad que no creyó que poseía. Las lágrimas comenzaron a salir por sí solas de sus grandes y bonitos ojos jade.
– ¡Usted siempre…! – exclamó a la vez que clavaba la espada en la pared al lado de la cabeza de ella, arrancándole un grito de pánico –, ¡siempre causándome problemas! – otra descarga al lado de su cuello esta vez –, ¡siempre metida en donde no debe! – una más al lado de su oreja. Sakura chillaba un no entre lágrimas –, ¡siempre queriendo hacer lo que no puede! – varios aguijones de la catana cayeron en la pared casi rozándole a ella la piel de los brazos y arrancándole unos cuantos cabellos de la cabeza –, ¡maldita sea!
Ella dejó de gritar al percatarse de estar a salvo aún y reuniendo un poco de valor levantó la cabeza y abrió los ojos empuñados para suplicar de nuevo:
– Por favor… basta… no sigas…
– Deme una razón – pidió él en tono venenoso –, ¡una razón para no cortarle el cuello aquí y ahora!
Sakura se llevó las manos al pecho e intentando controlar sus hipos involuntarios a causa del excesivo llanto se dispuso a responder:
– Mis padres… – comenzó entre sollozos –, amo a mis padres pese a todo lo que tanto discutimos, y por Dios… por Dios que no quiero dejarlos… no ahora… no de esta manera… – cerró los ojos y negó con la cabeza y la nostalgia asomada en cada facción –, tengo amigos que aprecio con el alma… Naruto… Ino… Hinata…Lady Tsunade… mis compañeros de la policía… – hipó con fuerza –, amo mi trabajo… mi casa… mis costumbres… me gusta mi vida… ¡no quiero que termine! – exclamó con desespero.
Y entonces se acordó de todo lo bueno que poseía y de la manera en que lo había disfrutado y anhelaba seguir haciéndolo. Sin embargo, alguien había que hasta ahora no aprovechó como le hubiese gustado. Alguien que se había comenzado a ganar una gran parte de su corazón con la gran probabilidad de apoderarse por completo de él. Alguien que hasta hace poco estuvo a punto de besarla… Sakura no lo resistió y en medio del torrente de lágrimas incontrolable dejó escapar su nombre en un lamento de dolor:
– ¡Oh, Suke!
La mano de Sasuke en ese momento comenzó a temblarle y a opacársele la ira que hace apenas unos segundos lo había dominado. Dio un paso atrás y suspiró sintiéndose de pronto como una basura. ¿Qué demonios estaba haciendo?
Guardó la espada en su funda y retrocedió otros dos pasos. Pensó en decir algo a Sakura, pero se arrepintió antes de que pudiese arruinarlo más, así que echándole una última mirada a través de la máscara ANBU se marchó corriendo de allí.
A tres cuadras halló lo que había estado buscando: una callejuela solitaria que dispusiese de un contenedor de basura. Se quitó la bata blanca y la máscara ANBU y luego tomó los zapatos altos y el bolso de Sakura para arrojar la mochila vacía a la basura junto con sus ropas y también la espada pues volvería por todo ello a más tardar esa misma noche, por eso se aseguró de cubrirlas bien con abundantes bolsas llenas de basura.
Una vez terminada su pequeña empresa se sentó en el suelo y por unos minutos se dedicó a meditar.
Aquel chico murió por efecto del fuego. Ya había perdido a su familia de esa forma, pero nunca imaginó que fuese a suceder de nuevo con uno de sus camaradas.
Por otro lado y no menos importante, hace apenas un momento trató a Sakura como si ella hubiese sido la culpable de la muerte de Dajimu. Un dilema se le había presentado, o intentaba apagar las llamas que envolvieron a su subordinado o salvaba a la mujer por la que en primera instancia decidió adentrarse en ese edificio… Y es que ahora lo veía todo claro, había actuado movido mayormente por el peligro en que se encontraba Sakura que por evitar que apresaran a dos de los miembros de su organización. Es cierto que ella jamás debió haber ido a parar allí, pero sus intenciones fueron buenas, fue impulsada por ese maldito sentimiento patriótico de justicia que siempre la metía en problemas con él y le daba por consiguiente más problemas a él. No fue su culpa el haber casi caído a donde las llamas lamían con mayor intensidad, pero en cambio sí fue culpa de Dajimu y sus compañeros lo que ocurrió. Las reglas fueron estipuladas de forma clara por él desde un principio, y pese a los esfuerzos que se tomó para grabárselas a fuego vivo en la mente, repitiéndolas hasta varias veces en cada encuentro, todavía quedaban quienes actuaban como niños desatendidos.
Sasuke no se arrepentía de la decisión que tomó. Dajimu murió calcinado, pero por el incendio que él mismo provocó.
– Idiota – gruñó todavía enojado por cómo habían terminado las cosas –, grandísimo idiota.
Y hablando de idiotas, ¿Qué hacía él allí sentado como un idiota? Después se encargaría de los ANBUS restantes que planearon aquel mal robo, ahora la persona más importante y que merecía de sus atenciones era:
– Sakura…
Llevando en sus manos el bolso y los zapatos de ella, salió de aquel escondrijo y se dirigió a donde la había dejado. Al llegar, Sasuke se sorprendió aún más de que ella continuase en el mismo lugar y casi en la misma posición en que la vio antes: la chica estaba sentada con la frente pegada a las rodillas y rodeándose las piernas con ambos brazos, a su alrededor habían en la pared las marcas que él había hecho con la espada hace apenas unos minutos.
Comenzó a acercársele, pero al ser alertada por el sonido de los pasos Sakura levantó la cabeza lentamente, mostrando su rostro encharcado de lágrimas.
– Oh, Suke – gimió tristemente.
Sasuke se apresuró y lo primero que hizo fue inclinarse y acariciarle la cabeza con ternura.
– ¡Creí que no te volvería a ver! – exclamó ella y lo abrazó como lo haría un niño que acaba de despertarse de una pesadilla.
Él comprendió de inmediato aquel desesperado arrebato. Sakura realmente tuvo miedo de morir en manos de él… en manos de Sasuke Uchiha. Sonrió contra sus cabellos y entonces la levantó en brazos sin soltar el bolso y los zapatos de ella que colgaban en sus últimas falanges. Entonces emprendió una marcha.
– Fui yo quien creyó que no volvería a verte – replicó él recordando el susto que pasó al verla cerca de la muerte cuando casi cae –. ¿Qué ganaste con ingresar en un edificio en llamas, Sakura? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me dejaste allí?
– Lo siento – se lamentó ella hundiendo más la cabeza en el cuello del Uchiha –. Y a la vez no, Suke… no puedo arrepentirme de haber salvado a dos personas…
– De modo que rescataste a dos personas – sonrió Sasuke en una mezcla de orgullo y satisfacción.
– Si… un padre y su hijo pequeño… y sin embargo, Suke, sin embargo… ¡casi muero en manos de Sasuke Uchiha!
Sakura comenzó a relatarle lo que sucedió mientras él la cargaba y a la vez caminaba por las calles de la ciudad. Ella le echó los brazos al cuello y cuando se refería a las partes en que más temor sintió se aferraba más a él, buscando consuelo como una niña pequeña.
– Lo vi tan enojado que por un momento creí que en verdad me iba a matar – concluyó con voz trémula –. Nunca me vi tan cerca de la muerte.
– Tranquila – le susurró él con una pequeña sonrisa –. Lo único que importa es que estás a salvo… ¿te sientes bien? dime, ¿no estás herida?
– Físicamente estoy bien; totalmente incólume. Pero emocionalmente… me siento aterrada y confundida.
– ¿Por qué confundida?
– Es que… – dudó, Sakura hizo memoria de lo que había sucedido, y le pareció demasiado irreal como para repetirlo, sin embargo lo hizo –. Uchiha Sasuke me salvó la vida. Ignoro el por qué y tampoco logro concertar una razón. Ese mínimo pero significativo acto me tiene embrollada… no sé qué pensar. Se supone que me odia.
– Sí que te odia – confirmó él, no quería que ella se hiciese suposiciones positivas sobre su otra cara, la del ladrón –. Lo de hoy fue quizás un impulso.
Y el resto del camino la llevó en silencio. Cuando llegaron al apartamento, Sasuke se dirigió a uno de los sillones y allí descansó, sentándosela a ella encima.
Sakura no se resistió a nada. Seguía afligida y atemorizada, lo que menos deseaba en ese momento era quedarse sola. Permaneció en las piernas del Uchiha donde se acomodó, se amparó y se acurrucó cuanto pudo, mientras él le correspondía en todo, la recostó en su regazo de la misma forma en que las madres duermen a un niño y la abrazó por la cintura y por las piernas.
Había comenzado otro de esos momentos íntimos y cálidos en los que él la mimaba con dulzura y ella lo recibía con solícita disposición sin decirse nunca nada. Las palabras sobraban.
Suke sembró confianza donde fue plantada la semilla del miedo por Sasuke.
Suke borró con sus dóciles caricias la aspereza con que la trató Sasuke.
Suke secó las lágrimas que provocó Sasuke.
Esa noche más que cualquier otra de las anteriores se aprovechó de la vulnerabilidad de la chica y de la suya propia para metérsele en el cuello y rozarlo delicadamente con sus labios siguiendo por la quijada y llegando a su rostro, mientras Sakura disfrutaba permitírselo con los ojos cerrados. Hubo un momento en que mientras daba uno de esos suaves y deliciosos recorridos llegó al pecho de ella e inhaló apenas por un segundo el origen de sus tiernas y pequeñas eminencias. Del mismo modo llegó a un punto tal en que rozaron sus labios con la suavidad que destila una pluma. No hubo intercambios húmedos, ni manoseos impúdicos, ni miradas de ojos oscuros que brillasen con salvajismo carnal. Él la estaba consolando, y más que eso, la estaba complaciendo a un bajo nivel. No llegaría más lejos por temor a suscitar en ella un sentimiento de suspicacia y prevención en contra suya. Además… tampoco debía.
Entre roses confidentes y afectuosos ella se quedó dormida. Era ya la segunda vez que se rendía apoyada en él, y más que con malicia, Sasuke disfrutaba el ganarse su confianza con grandiosa dicha.
Con suma lentitud y un poco de esfuerzo se levantó del sillón y se encaminó hacia la habitación de ella. Aliviado de ya no tener que tratarla con demasiados escrúpulos por haberle ya sanado la herida del brazo, la recostó en la cama y la cubrió con una sábana hasta cintura; entonces se sentó en una silla y allí permaneció observándola, velando sus sueños y protegiéndola.
¿De quién?
No estaba seguro.
De sí mismo quizá.
…
Continuará.
Lamento que haya tardado tanto en subir este capítulo pero créanme que mis razones están bien justificadas. Comencé a escribirlo en mi ciudad natal y lo he terminado hace poco en otra distinta porque tuve que trasladarme.
¿La razón? Universidad.
Tengan en cuenta que ahora que comience a estudiar quizá me tarde un poco más de lo que usualmente hago. Confío en sus disposiciones por esperar las continuidades y no abandonar esta historia.
Y bueno, refiriéndonos a lo acontecido, ¿Qué tal resultó? Por primera vez nuestro villano protagonista consiguió infundirle miedo a la testaruda oficial. Pero ¿será siempre así? ¿Desistirá Sakura en el objetivo de atraparlo por temor? Y respecto a él que prefirió sacrificar a uno de los suyos, ¿seguirá permitiendo que la policía continúe afectándolo de esa manera?
Por otro lado, se preguntarán quizá por qué escribí sobre Neji sin involucrarlo en modo alguno con Sasuke o Sakura, y la respuesta es que se me ocurrió – y teniendo en cuenta que narro en 3ra persona – que el detective hiciese su debut en solitario, y esto se debe a que me encanta el personaje, el Hyuga es uno de mis favoritos en el manga, de modo pues que lo hice aparecer caminando en alfombra roja (como se merece).
¿Qué más?
Oh, sí, ¡La serpiente blanca de Konoha hizo acto de presencia!
¡Vengan las ovaciones en alto de las enamoradas enloquecidas de Orochimaru! *se escucha el canto de un grillo* Jajajaja.
Bueno, hablando ya en serio, se augura que este tipo supone malas noticias, como casi siempre, y si quieren saber qué ocurrirá, no dejen de leer entonces A FAVOR DEL ENEMIGO.
¡Ah, otra cosa! Por si lo han pensado, la razón por la que Sakura no reconoce a Suke en Sasuke a través de la voz se debe a que él – siendo por supuesto un maestro de los disfraces – obviamente la cambia; de tal forma de que cuando su rostro está cubierto por la máscara habla con su tono natural; mientras que siendo Suke utiliza otro más dócil y amable.
Se agradecen y aprecian los comentarios. Cada mensajito de ustedes es leído por mí con una sonrisa bobalicona en los labios, algunos hasta me divierten por las ocurrencias que exponen.
Recuerden que cada follow, fav y review es un punto a favor de mi motivación.
Un beso a todos y no olviden dejarme sus opiniones, sean o no usuarios de Fanfiction responderé gustosa a todas sus quejas o preguntas.
Sigma Shey.…
