Helga no tenía ánimos ni siquiera para levantarse, por lo que se mantuvo gran parte del dia en su cama, durmiendo por algunos ratos, pensando por otros. Cerca del medio dia, sus pensamientos fueron interrumpidos por un llamado telefónico.
-Helga! Querida! Teléfono! - grito su madre
- Ya contesto, Miriam! - grito en respuesta la muchacha.
- Helga, como estas hoy - pregunto Phoebe.
- Hola Phoebe, algo desganada amiga, y tu?
- Yo estoy bien. Llamaba para preguntarte si querias venir a mi casa, podríamos almorzar con mi familia y luego ver algunas películas, o ir a lanzar piedras al muelle, o no se, lo que tu quieras.
- Gracias amiga por la invitación, se que estas preocupada por mi, pero no tengo ganas de salir el dia de hoy.
- Comprendo - dijo algo decepcionada la amiga.
- Pero si no te importa, podrias venir tu a mi casa, podemos planear algo que hacer aquí - dijo Helga, más que nada para no rechazar a su amiga.
- Claro que si, Helga. Obvio, solo si a ti te parece - dijo tímidamente la oriental.
- Claro que si, Phoebe, si yo misma propuse la idea. Te estaré esperando amiga - Y colgó el teléfono.
- No puedo decirle que no a mi pobre amiga Phoebe - se dijo a si misma Helga.
- Esta es la mejor parte de la película, Helga - dijo emocionada Phoebe, recostada en la alfombra, mirando la televisión.
- Oh, si, claro, lo recuerdo - dijo algo desganada la muchacha. Estaba totalmente distraída de la película, con la mirada perdida en la ventana, mientras apoyaba el mentón en uno de los brazos del sillón.
- Helga, mi amor, creo que te ha llegado una carta - dijo Miriam, mientras se acercaba hacia el living con varios sobres de cuentas y cartas en las manos.
- Como dices, Miriam? Carta para mi? - pregunto extrañada la rubia, mientras su amiga la observaba.
- Si, querida. Lo raro si, es que no tiene remitente.
La muchachita se acercó a su madre para tomar la carta. Decía su nombre bellamente escrito, en un sobre de color violeta.
- Uy mi querida Helga, que emoción! Debe ser una carta romántica - dijo Miriam.
Phoebe fue de inmediato donde su amiga. Sentía mucha curiosidad también por saber que contenía el sobre.
- "Helga, olvidemos el pasado. Hazme el favor de honrarme con tu compañía en una velada romántica en el Chez Paris mañana a las 7 pm. Te estaré esperando. Siempre tuyo" - leyó Helga, quedando algo sorprendida
- Siempre tuyo… quien? Pregunto Phoebe, quien estaba boquiabierta por lo leído.
- No lo se, no lo dice Phoebe - dijo algo confundida la rubia.
- Wow, quien podrá ser?
- Hmmm creo saber de quien viene, y no me interesa - dijo Helga, mientras tiraba el sobre lejos de su vista.
- Quien crees que es?
- El idiota de Arnie, el primo del cabeza de balón. Aaaarrrggg! No lo soporto, ese estúpido y extraño mocoso! - dijo irritada la rubia.
- Cálmate Helga - la animo su amiga - Entonces… no iras? - inquirió la oriental, con algo de miedo.
- Estas demente, Phoebe? Ese tipo es un psicópata, está loco!
- Hmmm puede ser, pero… ni siquiera por curiosidad? Y qué tal si no es el… podríamos ir y esperar a que alguien llegue y…
- Olvídalo Phoebe, no tengo tiempo ni ánimos para desgastarme en esa clase de jueguitos tontos - espeto algo ofuscada la rubia.
- Como tú digas Helga.
Luego de un rato, Phoebe decidió marcharse, ya que ya se hacía de noche. Tras despedirse y emprender camino hacia su casa, se extrañó de ver a Gerald, rondando por ese lado del vecindario.
- Gerald, que haces aquí - pregunto
- Emmm nada Phoebe, nada - contesto nerviosamente Gerald.
- Y por qué estas temblando?
- No estoy temblando, Phoebe.
- Algo te sucede, cuéntame - dijo algo preocupada la pequeña.
- Solo necesito que me contestes una pregunta, Phoebe. Sabes si… Helga… recibió y leyó una nota anónima?
- Por que preguntas eso? - dijo Phoebe, sosprendida.
- Solo necesito asegurarme que ella si ira al lugar indicado.
- Pero por que, Gerald?
- Prométeme que si te cuento, harás todo lo posible por hacer de que Helga vaya, está bien? - pregunto el moreno
- Esta bien - dijo dudosa la niña - lo prometo. Ahora dime que sucede.
Después de unos minutos conversando, Phoebe no cabía en sí de la emoción.
- Claro que sí, Gerald, con mucho gusto te ayudare! - exclamo alegremente la niña - Me asegurare que este ahí, bella y puntual.
Tras decir esto, Phoebe abrazo a Gerald, quien no sabía cómo reaccionar. Después de unos segundos en sus brazos, la pequeña tocio nerviosamente, y se apartó. Ambos se sonrojaron.
- Debo irme, Gerald, te llamo mañana, Ay que emoción! Adiós - se despidió la muchachita.
- Adiós - dijo aun emocionado el muchachito.
- Ay vamos Helga! No tienes nada que perder! Por favor! - rogaba por teléfono Phoebe.
- No, no quiero ir. Estoy segura de que es el tarado de Arnie, y no tengo interés de verlo - insistía obstinada Helga
- Pero y si resulta que no es Arnie, Helga? Acaso no sientes curiosidad? Aunque sea un poquitito?
- No Phoebe, es decir - dijo dudando - un poco…
- Y qué tal si es Arnold! - dijo emocionada la muchachita.
- Jajaja Phoebe, estás loca? Arnold? Enviándome notas anónimas a mi? Jamás!
- Ay Helga, solo vamos un momento, si? Hazlo por mí, será el mejor panorama que tengamos antes que se acabe nuestra última semana de vacaciones, por favor! - dijo rogando la asiática.
Después de varios minutos de hacerse de rogar, Helga al fin acepto.
- Hmmm está bien Phoebe, solo por ti lo hare, pero nos esconderemos, miraremos quien es y nos iremos, entendido?
- Entendido -dijo Phoebe con una gran sonrisa en su cara - Te pasare a buscar a las 6:30 pm Helga. Estate lista!
Funcionara? - pregunto algo nervioso el rubio cabeza de balón
- Si funcionara, viejo, tranquilo! Phoebe nos ayudara, se asegurara de que ella vaya - dijo Gerald.
- Eso espero amigo, eso espero - suspiro Arnold.
- Phoebe, que diablos, llegaste más temprano de lo acordado, aun no terminan mis luchas por la tv - dijo mientras abría la puerta a su amiga, con la boca medio llena y su vestido rosa cubierto de migas de los snacks que había estado comiendo.
- Vaya Phoebe, pero que elegante, hace tiempo que no te veía usar ese atuendo rojo - dijo sorprendida Helga.
- Oh no es nada, solo quise variar un poco - contesto la muchacha.
- Dame unos segundos - y se volvió hacia la televisión -Si! Eso es! Golpéalo contra el suelo! Aaarrrggg rayos! Idiota! Perdiste tu oportunidad! - gritaba la muchachita, mientras su amiga se mantenía cerca de la puerta.
- Muy bien Phoebe - dijo Helga mientras se limpiaba la boca con su antebrazo - Vamos!
- Iras… así? - Pregunto la asiática mientras observaba a su amiga bastante desarreglada.
- Que tiene mi imagen? - pregunto algo sorprendida Helga.
- Oh no no, no puedes salir así Helga - le recrimino Phoebe
- Pero Phoebe…
- No no no, no me vestí toda elegante para salir así contigo.
- Pero si me acabas de decir que solo querías variar un poco como…
- No Helga, sin peros, ve y vístete mejor - insistió la amiga.
Helga aun no salía de su estado de sorpresa mientras subía las escaleras hacia su dormitorio.
- Te estaré esperando aquí en la puerta Helga - dijo Phoebe, con los brazos cruzados, mirando hacia un costado, con expresión de enojo.
- Esta bien, Phoebe, pero no te enfades - decía Helga con los ojos abiertos de asombro.
Luego de unos minutos, la rubia muchachita salió de su dormitorio. Llevaba puestas una blusa blanca sin mangas, y una falda rosada, plisada como un abanico. Se había tomado nuevamente su cabello con una cola de caballo, y llevaba sus aretes color rosa, infaltables. Se veía bella y delicada.
- Estoy convencida Phoebe, de que tienes la, ya no secreta esperanza, de que acompañe a quién diablos sea, en la velada romántica - dijo haciendo ademán de comillas.
- Jajaja me descubriste amiga, pero te ves preciosa. Vámonos! O nos perderemos el espectáculo.
- De que espectáculo hablas - dijo Helga mirando con extrañeza a su amiga.
- Nada, nada - dijo Phoebe, sacando a empujones de la casa a su amiga.
- Camarero, por favor! Tiene que hacernos ese favor! Le daremos una buena propina - dijo algo desesperado el rubio.
- Muy bien, muy bien, lo hare - dijo el hombre, algo extrañado.
- Muchas gracias. Entonces, en el momento en que usted divise a esta muchacha - dijo, mientras le mostraba una fotografía que Phoebe le había facilitado - usted la va a buscar y la trae a esta mesa. Del resto, me preocupo yo, esta bien? - dijo Arnold, con ciertos aires de seguridad.
- Esta bien. Entendido - afirmo el camarero.
Phoebe y Gerald ya lo habían planeado todo. Phoebe se instalaría con su amiga a "espiar" en un lugar estratégico, cuidadosamente seleccionado por los chicos, para que fuese posible para el camarero identificar a la rubia. No dejaron ningún detalle al azar, a fin de asegurarse que la velada romántica efectivamente sucediese.
- Muy bien Helga, donde crees que es mejor lugar para que nos instalemos - pregunto maliciosamente la amiga
- Hmmm, detrás de este árbol puede ser - pensó Helga.
- Y por qué mejor no nos sentamos aquí en la fuente - dijo Phoebe, pareciendo casual al escoger tal lugar.
- Pero aquí nos verán, Phoebe, estás loca, no quiero que me vea el idiota que envió la invitación.
- Ay vamos Helga, piénsalo, es seguro. El árbol está mucho más cerca del restaurant, es más peligroso. En cambio la fuente es algo más cómoda, podemos sentarnos y lo más importante, esta algo más alejada, y para quien sea que te esté esperando, se le hará más difícil acercarse. Eso nos dará tiempo para escapar en caso de que piense venir a buscarte - dijo Phoebe, tratando de convencer a su amiga.
- Hmmm pues si Phoebe, tienes razón. Está bien, sentémonos aquí, veamos quién diablos es el de la invitación, y nos largamos. Puede que si caminamos lo suficientemente rápido alcance a ver otro round de mis luchas - exclamo emocionada la muchachita, y procedieron a sentarse, atentas a lo que sucedía en el restaurant.
- Ahí está la muchacha rubia! - dijo el camarero, a lo que Arnold se puso más nervioso.
- Tranquilo viejo, este es el momento - dijo Gerald a su amigo - Camarero, ahora es tu turno!
- Phoebe, ya me estoy aburriendo, son las 7:10 y no se ve a nadie. El tipo es sumamente impuntual, si queremos sacar algo de esto - dijo burlescamente Helga, mientras seguía mirando hacia el restaurant.
- Señorita, me haría el honor de acompañarme? - dijo el camarero, quien se había acercado por el otro lado, sin ser visto por la muchacha.
- Hey viejo, de que hablas, yo…
- Hay un jovencito esperándola, y me pidió expresamente que la llevase hacia el restaurant - dijo solemnemente el hombre.
- Ay Helga, ya estamos aquí, anda! - la animo Phoebe, quien solo sonreía emocionada.
- Phoebe, no, no iré a ningún lado! - exclamaba algo nerviosa la rubia.
- Oh! Casi lo olvido. El muchachito que la espera le envió esta nota - dijo el camarero mientras le entregaba nuevamente un sobre violeta.
- "Te ves hermosa con ese atuendo, tal y como te he soñado" - leyó Helga, mientras se sonrojaba. La última expresión la hizo estremecerse - Acaso podía ser posible que…? - se preguntó a sí misma, y su curiosidad aumento, junto con su nerviosismo.
- Me vio, sabe que estoy aquí - dijo la rubia sorprendida.
- Pues ve, Helga, anda, yo estaré esperándote aquí afuera, nada malo sucederá - le aseguro la asiática.
- Phoebe - dijo nerviosa - tengo un raro presentimiento.
- Tranquila Helga, sé que estas curiosa. Anda y ve con tus propios ojos quien es el que te envió las notas.
-Esta bien - contesto Helga, nerviosísima. Mientras se alejaba su amiga la llamo.
- Helga… olvide decírtelo… Arnie se marchó ayer - dijo con una sonrisa en su rostro.
-Que dices?! Entonces… quien es el que me espera?! - exclamo mucho más sorprendida aun.
- Ve a averiguarlo - dijo coquetamente su amiga.
El camarero se acercó a la muchacha, y le ofreció su brazo. Helga solo atino a tomar del brazo del hombre, y mirar a su amiga, con unos nerviosos ojos.
Al entrar al restaurant se encontraron con una mesa especialmente reservada para la ocasión. El camarero ayudo a la pequeña a acomodarse en su asiento y le sirvió un vaso de agua.
- Su acompañante vendrá enseguida - dijo, a lo que Helga asintió tímidamente.
Se sentía demasiado nerviosa. Sus manos sudaban y solo atinaba a suspirar, observando, curiosa, a su alrededor.
Nuevamente, el camarero se acercó y encendió unas románticas velas. Con los nervios, Helga no había notado la bella disposición de la mesa. Un candelabro plateado con dos velas, un florero con liliums blancos y escondido entre ellos, una nota en papel violeta nuevamente.
- "Mira hacia atrás y veras quien soy" - decía sencillamente la nota. Helga dudo. Tenía miedo de girar su cuerpo y encontrarse con quien le había hecho semejante invitación. Muchas cosas pasaron por su cabeza. Pensó que podía ser una cruel broma de parte de los muchachos de la pandilla, pero también recordó en que Phoebe, quien parecía estar involucrada en el asunto, ahora que lo pensaba mejor, no se prestaría para jugarle una broma de esa clase. Entonces, quien sería? Tenía que ser alguien allegado a la asiática, sino ella no habría estado dispuesta a ayudarle. Tendría que ser alguien del agrado de Phoebe. Pero que muchacho era del agrado de Phoebe? Ella parecía llevarse bien con casi todos los muchachos de su clase.
- Si lo pienso bien… el cabeza de cepillo siempre ha sido algo amable con Phoebe, pero ese idiota dudo que quisiera cenar conmigo… a menos que estuviese ayudando a alguien más… - Tras pensar esto, Helga comenzó a asustarse, a quien más podría ayudar Gerald, que.. A su mejor amigo… No lo podía creer… No lo quería creer… - Es imposible - se corrigió a sí misma, mientras movía su cabeza de un lado a otro. Podría ser?
- Oh Dios, no quiero mirar - dijo mientras cerraba con fuerza los ojos, con un rostro de aflicción.
- Hazlo, Helga, por favor - dijo una voz suave y tierna.
La muchacha comenzó a girar su cuerpo, con los ojos bien cerrados. Al quedar prácticamente sentada frente al muchacho, comenzó a abrirlos con timidez, con la cabeza agachada. Al abrirlos completamente, su rostro prácticamente se desfiguro de la sorpresa.
- Arnold?! Pero… Como… No puede… - dijo aun en shock, avergonzada, asustada, nerviosa… sentía una serie de emociones inexplicables en ese momento.
- Si Helga, fui yo el que te envió las notas - dijo tímidamente, mientras se acercaba a la muchacha y le tomaba la mano con ternura.
- Pero, como es posible?! Es decir… Tu siempre… Has gustado de otra muchacha, y yo, yo solo he sido la chica que te molesta, que te hace la vida imposible, por que te tomarías una molestia así conmigo, yo…
- Jejeje, lo se Helga, has sido todas esas cosas conmigo - rio tiernamente Arnold - pero también has sido la chica que me ha ayudado cuando más lo he necesitado, la chica que me sorprende cada día, la chica que más intensamente me ha amado, la que recita poesía en las noches por mí, y… - se detuvo y suspiro - la chica que me ha quitado el sueño estos últimos días - dijo esto mirándola con ojos timidos.
- Arnold, yo… - dijo nerviosamente Helga - yo lo intente, quise hacer como si nada hubiese sucedido… que nunca dije lo que dije ese día en la azotea del edificio, pero…
- No te preocupes por ello, Helga - dijo el rubio, interrumpiéndola, mientras se sentaba cerca de ella, sin dejar de tomarle la mano - Honestamente, yo tampoco he podido olvidarlo, no… no he podido dejar de pensar en ti… desde que llegaste nuevamente… - dijo, mientras colocaba su otra mano tras su cabeza - te ves distinta, te ves hermosa… te ves… como yo te he visto en mis sueños.
- Sueñas conmigo? - pregunto con ojos inquisitorios Helga.
- Si - respondió con seguridad y ternura Arnold - todas estas noches lo he hecho… Y después de verte en el estacionamiento, llorando y recitando a la luna - expresión con la cual la rubia se sonrojo aun mas - comprendí que eres más de lo que a simple vista parece, y quiero conocer la verdadera Helga - dijo mientras la miraba fijo a los ojos.
- Ay Arnold, estás loco - contesto la muchachita tristemente, mientras miraba hacia otro lado, algo avergonzada, soltando de la mano del rubio - por qué querrías tu conocerme? - pregunto con algo de angustia en su voz.
- Porque me gustas Helga, y me gustas mucho - dijo Arnold, tomando nuevamente su mano y con la otra acariciando suavemente la mejilla de la rubia.
- Yo… te gusto? - pregunto sorprendida Helga
- Si - sonrió el pequeño - y mucho.
Helga no sabía que decir, su mente había quedado paralizada. El día que más había añorado había llegado. Su amado había notado lo que ella era en verdad, y gustaba de ella. No cabía en si misma de la emoción. Ambos se sumieron en una intensa mirada de alegría y nerviosismo.
- Oh, Arnold - atino solamente a decir la muchachita, mientras se lanzaba a los brazos del rubio. El acaricio su cabello y luego de unos instantes, la alejo de si, y la miro. Nuevamente, el mundo a su alrededor pareció desvanecerse, no había nadie más que ellos dos en el universo. Ella, ante sus ojos, resplandecía. Inclino su cuerpo lentamente hacia el de la rubia, despejo la cabellera de su rostro, y se acercó a su boca, y suavemente la beso, con un beso tierno, que solo pareció rosar sus labios, pero que hizo que el interior de la pequeña se estremeciera. Había recibido el beso más dulce que podía imaginar. Cuando el muchacho alejo su rostro del de ella, le sonrió con dulzura.
Al ver lo sucedido, Gerald Y Phoebe, que espiaban desde las afueras del restaurant gritaron emocionados, a lo que los rubios los miraron algo avergonzados.
- Jejejeje ustedes! Ustedes lo sabían todo! Phoebe! - dijo Helga, mientras les hacía ademan de acercarse a los dos chicos.
- Así es Helga, me entere el día de ayer, y no sabía qué hacer ni decir de la emoción! - exclamaba Phoebe con una gran sonrisa en su rostro.
- Gracias amigo - dijo solemnemente Arnold a Gerald.
- Por nada viejo! Para eso estamos los amigos. Y tu Helga - dijo volteándose a mirar a la muchachita - debes de cuidar a mi amigo, es un buen muchacho - mientras le guiñaba con un ojo.
- Jejeje asi lo hare, cabeza de cepillo - respondió amablemente, sin olvidar su sarcasmo.
- Por que no nos acompañan chicos? - dijo Arnold
- Oh no viejo! Como vamos a interrumpir su velada romántica - dijo mientras movía de arriba hacia abajo sus arqueadas cejas el moreno.
- No hay problema - insistió Arnold
- Claro que no - dijo Helga, sonriente - Por favor chicos, acompáñennos.
- Bueno, si ambos nos lo piden - rio la pequeña asiática - no podemos negarnos no?
- Claro que no - dijo Gerald - Por favor - dijo el moreno mientras acomodaba a Phoebe en una de las sillas, a la mesa románticamente preparada.
Tras risas, miradas de complicidad entre los enamorados, y la exquisita comida, los muchachos procedieron a retirarse del restaurant.
- Bueno tortolitos - dijo coquetamente Gerald - los dejaremos - mirando a Phoebe, haciendo ademan de que se retiraran.
- Jajaja yo creo que están solo buscando una excusa para caminar solos, no es asi? - le contesto Helga, mientras les guiñaba un ojo.
Ambos muchachos se sonrojaron.
- Ay que cosas dices, amiga. Disfruta tu velada romántica - dijo Phoebe, despidiéndose, y alejándose con el moreno, que, caballerosamente, le ofreció su brazo.
- Jejeje, creo que hacen una bella pareja ambos, no crees cabeza de balón? - dijo Helga, mientras observaba a los muchachos alejarse.
- Creo que si, aunque disfruto mas de esta - dijo Arnold, mientras la indicaba a ella y el con su dedo índice.
- Yo también - dijo ella, dándole una coqueta mirada.
- Vamos Helga, te acompañare a tu casa - dijo caballerosamente el rubio, mientras la tomaba de la mano.
Helga no cabía en sí de tanta felicidad. Su sueño al fin se hacía realidad. Había vivido una noche romántica de ensueño para sus cortos nueve años, y el muchacho que ella amaba le correspondía sus intensos sentimientos. Sentía flotar esa noche mientras se dirigía a su casa junto con Arnold.
Al llegar a casa, Arnold la acompaño hasta su puerta.
- Buenas noches Helga - dijo dulcemente. Luego tomo suavemente la mano derecha de Helga, y la beso tiernamente.
- Buenas noches Arnold - dijo emocionada Helga, a lo que el muchacho se alejó y se marchó. Helga lo observo alejarse. Luego el muchacho se regresó a observarla y le sonrió, como nunca antes ella pensó que él le sonreiría.
- Apártate cabeza de balón! - exclamo la rubia ofuscada.
- Como tú digas Helga - dijo el rubio muchacho, con rostro de resignación.
Los muchachos de la pandilla los observaban a la salida del colegio.
- Helga no cambiara nunca. Siempre odiara al pobre de Arnold - dijo Stinky, mientras observaba a los muchachos alejarse, cada uno en direcciones opuestas.
- Quien sabe, Stinky, quien sabe - dijo Gerald, mirando de reojo a Phoebe, quien solo sonreía.
Unas cuadras mas allá, una pareja de rubios jovencitos se reencontraban en una esquina. Un jovencito cabeza de balón junto a una muchachita con cola de caballo y aretes rosados, se tomaban de la mano mientras caminaban en dirección hacia donde se ponía el sol.
- FIN -
*** Hola a todos! Mi primer fanfic ha llegado a su fin. Gracias a todos pos sus visitas y comentarios. Espero verlos pronto, cuando les traiga la segunda parte de esta historia. Saludos! ***
