HABÍA UNA VEZ
- Yo... yo estoy enamorado de ti.
La chica de ojos verdes vaciló antes de contestar a la declaración de amor del jovencito de ojos marrones. Mientas tanto, en la esquina del salón, un muchacho con los brazos extendidos echaba chispas tratando de contener su rabia.
¿Por qué, por qué tiene que pasarme esto a mí?
- Yo, yo también te quiero, mi Lord, pero nuestro amor es imposible porque mi padre no permitirá que me case con el heredero del Reino enemigo. Así que por favor, olvídame.
La jovencita simuló un gesto de dolor y prácticamente estaba llorando ante la vista expectante de los presentes.
- Excelente, Toyama, se nota que te has esforzado mucho. - aplaudió el profesor. Algunos ensayos más y todo quedará listo. Felicidades a todos.
Seguidamente, los alumnos tomaron sus respectivos asientos comentando sobre la actuación de cada uno de ellos y sobre la ilusión que sentían al esperar con ansias el gran día. La razón de tanta conmoción se debía a la obra de teatro que había preparado el salón por el aniversario de la preparatoria.
- ¿Qué te pareció mi actuación? - preguntó Kazuha entusiasmada.
El detective la miró con una expresión de desinterés y reflexionó unos segundos antes de dar su respuesta definitiva.
- Exagerada.
La aikidoka se ofendió claramente por el comentario de su amigo, pero afortunadamente sabía cómo vengarse de él.
- ¡Al menos yo tengo un papel decente en la obra! - gritó dándole la espalda a un ofuscado Heiji.
- En primer lugar, yo no quería participar en esta obra, tú me obligaste. Y todo para ser un...un...un simple árbol!
El recordar cuál era el papel que desempeñaría Heiji en la obra de teatro le hacía mucha gracia a Kazuha. El gran detective del Oeste actuando de árbol en una obra a la que asistiría toda la preparatoria, más los familiares, más los invitados... en conclusión, muchísima gente vería a nuestro detective en uno de los momentos más vergonzosos de su vida.
- Así que es tu culpa. - continuó él más irritado - Eres al menos consciente de eso?
- Bueno, es que yo pensé que te tocaría un mejor papel, por ejemplo el de príncipe - susurró algo abochornada.
- ¿Qué estás diciendo? Eso significaría hacer pareja contigo que eres la princesa, y antes de eso prefiero ser árbol y hasta pasto.
- Tienes razón, quién querría actuar contigo? Además, estoy muy bien con Shuu-kun.
- Así que ''Shuu-kun'', eh? Desde cuándo ese tipo es tu amigo?
- Heiji, no hables tan alto, qué van a pensar los demás?
- No me interesa lo que piensen, y contéstame, cuál es tu relación con Tanahara?
Kazuha tenía ganas de lanzarse encima de Heiji para callarlo y hacerlo desaparecer. El chico hacía tal escándalo que Tanahara Shuuji, al escuchar su nombre, se acercó a ambos esbozando una tenue sonrisa que dejó mudo a medio salón.
- Hattori, no te preocupes, mi relación con Kazuha-chan es exclusivamente laboral. No tienes por qué sentir celos...
- ¡Yo no estoy celoso! - vociferó Heiji mientras sentía que se le subían los colores.
- De acuerdo - continuó Shuuji con la misma sonrisa - pero entonces deja de gritarle a Kazuha-chan.
- Yo la trato como quiera, porque... Auch!
La aikidoka le había dado un buen golpe a su amigo por haber dicho semejante cosa. Mientras el chico se acariciaba la zona adolorida, ella simuló una sonrisa para calmar un poco las aguas, antes de que se armara una revolución como aquéllas a las que tenían acostumbrados a sus compañeros de salón.
- Discúlpalo, Shuu-kun, Heiji siempre habla sin pensar. Y no te preocupes por mí - pidió observando al quejumbroso joven - porque yo también lo trato como quiero.
Todos los presentes soltaron la carcajada ante un pasmado y avergonzado Heiji, cuya única culpa había sido ''tratar de proteger a esa estúpida'' que sólo sabía meterse en problemas. Aunque al parecer el que se había metido en problemas era precisamente él.
- Heiji, Heiji! - gritaba la chica intentando detener al detective que caminaba a paso veloz. - Ya te dije que lo siento, pero estabas haciendo el ridículo y de paso yo también. Tuve que intervenir...
- Tus intervenciones son siempre tan oportunas, Kazuha.
- Detente ya. Quiero pedirte un favor.
- Ah, o sea que sólo te disculpas para pedirme un favor - reprochó sin detener su paso.
- Vamos, Heiji, es importante. - dijo ella colocándose delante de él haciendo que su amigo casi perdiera el equilibrio.
- ¡Ahou, no hagas eso! Dime qué es lo quieres!
- Quiero... quiero que me ayudes a ensayar mi papel. Puedes venir a mi casa?
Heiji suspiró resignadamente. El gesto suplicante de su amiga siempre lograba convencerlo.
- Bien, te ayudaré a ensayar, contenta?
- ¡Mucho! - exclamó juntando ambas manos - En verdad quiero hacerlo bien, no cometer ningún error.
- Eso no es problema, estás con el mejor actor de Osaka! - sentenció señalándose a sí mismo.
- Claro, qué pena que no puedas demostrar tus dotes de artista con tu papel, nee, Árbol-san?
Heiji enrojeció de rabia, arrepintiéndose de haber aceptado participar en la obra y de ayudar a ensayar su papel a la princesa Kazuha, que según él, no tenía nada, absolutamente nada de princesa, o al menos eso decía...
- ¿A quién se le ocurrió escribir una obra tan cursi?
- Me imagino que tú habrías preferido una obra de asesinatos, nee?
- Hai, acertaste - rió él imaginando lo que acababa de describir la chica.
- ¿Ya te memorizaste el papel? Ensayemos entonces.
- Esta noche voy a tener pesadillas con estas líneas...
La obra trataba sobre la relación prohibida entre el príncipe y la princesa de reinos enemigos. En realidad, sí era bastante cursi, justo como lo había descrito Heiji.
- Mi Lady, - dijo Heiji arrodillándose frente a Kazuha - permíteme llenar de magia tu corazón. Ven conmigo y déjame ofrecerte la felicidad que te mereces, hermosa princesa.
El sol brillaba a través de las cortinas iluminando a ambos muchachos. Sin embargo, el calor que sentía Kazuha no tenía relación con el astro rey. Su corazón latía con tal fuerza que descompasaba al mismo reloj. Olvidó lo que estaba haciendo y perdió la noción de la realidad. Heiji parecía estar hablándole directamente a ella con palabras que jamás le había escuchado pronunciar. ¿Era posible que finalmente se decidiera a...?
- Yo estoy enamorado de ti.
El ambiente se tensó. Kazuha empezó a temblar notoriamente y las palabras que tanto había querido decir siempre parecían surgir al fin de su garganta.
- Heiji, yo también...
- ¿Pero qué estás diciendo? - interrumpió el chico - Por qué me dices ''Heiji''? Se supone que debes decirme ''Mi Lord''. Kazuha, no te desconcentres, o lo harás todo mal el día de la presentación.
Kazuha despertó de su sueño bruscamente para volver a la realidad de siempre. ¿Cómo había podido perder la cabeza y olvidar que sólo estaban actuando?
- Y bueno, qué tal estuve?
- Sugoii, Heiji, tienes vena de actor!
- ¿No te lo dije? Es que soy bueno en todo lo que hago, nee?
Tan arrogante
- Bien, ahora te toca a ti. Y date prisa que tengo sueño.
... pero sobre todo tan amable...
Semanas de ensayo sin descanso dieron su fruto. Finalmente había llegado el gran día. La tarde era cálida y el viento refrescaba la ansiedad de los novatos actores. El profesor de teatro se encontraba dando las últimas indicaciones a Kazuha y a los demás, cuando una de sus compañeras llegó casi sin aliento, levantándose los pliegues del vestido para correr mejor.
- ¡Sensei, sensei! Tanahara-kun tuvo un accidente!
- ¿Nani? - exclamó el profesor - Él está bien?
- Hai, hai, sólo se fracturó la pierna, pero ahora nos hemos quedado sin príncipe!
La mirada de todos cambió de preocupación a tristeza. Se habían esforzado tanto para que esa tarde fuese perfecta, estaban listos para recibir los aplausos que se merecían por su dedicación y ahora tendrían que suspender la obra. Kazuha miró apenada a sus compañeros. Ella también había ensayado duro para esa tarde. Incluso había practicado con...
- ¡Heiji! - exclamó la chica logrando que todos la miraran sorprendidos. - Sensei, Heiji, ensayó conmigo toda la semana. Él se sabe el guión de memoria!
- Entonces no toda está perdido. Voy a buscarlo ahora mismo. - anunció el profesor retornando a su ánimo de siempre y dejando a sus alumnos con una esperanza vibrante. Esa tarde, sí brillarían después de todo.
- Hattori, esta noche no serás árbol.
- Ah, no? Magnífico, este disfraz me estaba picando. - dijo mientras se quitaba las enormes ramas – Y por qué el cambio de...
- Serás el príncipe.
- ... planes?
- No hay tiempo de explicar. - indicó mientras le entregaba el vestuario.
- De-demo...
- No hay tiempo, Hattori. Vístete ya!
Heiji recibió las ropas y comenzó a vestirse. No comprendía qué podía haber pasado. Se suponía que Tanahara sería el príncipe y él sería un simple árbol. Bien, no había tiempo para hacer preguntas ahora. En unos minutos estarían frente al público y empezaría la obra.
Los papás de Heiji y de Kazuha estaban en primera fila con la filmadora y la cámara fotográfica, listos para ver a sus hijos en acción. Sabían que Heiji sería un árbol, pero igual les ilusionaba verlo actuar. Mientras tanto, Kazuha respiraba con dificultad a causa de los nervios que parecían traicionarla involuntariamente y se sentía aún más nerviosa al saber que Heiji sería el príncipe. La potente voz de una de sus compañeras anunciando la obra interrumpió sus pensamientos. Era el momento de salir al escenario.
Los ojos de los presentes se fijaron en Kazuha. Estaba realmente preciosa. Su amplio vestido de color rosado con encajes se balanceaba con elegancia al compás de su caminar. Su rostro había cambiado completamente con el maquillaje dándole un aire de adultez precoz. Su cabello estaba recogido en un moño y pequeños mechones le caían sobre el rostro. Una corona le daba el toque mágico que la hacía parecer una princesa real. Kazuha tragó en seco al percatarse de que todas las miradas estaban sobre ella. No obstante, se concentró en su actuación sorprendiendo a los espectadores.
- Me pregunto si algún día podré encontrarme con aquel caballero que aparece en mis sueños. Si tan sólo las guerras terminaran y él apareciese frente a mí, seguro que me haría feliz.
En ese preciso instante, apareció el príncipe en escena. Los que no sabían sobre el cambio de papeles, comenzaron a murmurar. Los que ya lo sabían, sonrieron con picardía. Es que no todos los días se podía ver al detective del Oeste en una situación así. En realidad, Heiji se veía más atractivo que nunca. En un instante, ambos chicos cruzaron miradas y quedaron sin palabras. Él jamás había visto a Kazuha tan diferente, tan bella. Ella jamás había visto a Heiji tan distinto, tan guapo. De la misma manera, sorprendió a todos con su actuación tan espontánea. Rato después, los otros personajes demostraron también sus cualidades en las tablas. La obra se desarrollaba con naturalidad y en perfecta sincronización. Incluso la declaración del príncipe no había hecho sonrojar a la princesa como en el ensayo, sino que ésta había respondido de manera profesional.
Al llegar a la parte final de la obra, cuando se suponía que ambos debían tomarse de la mano al compás de la voz que decía ''Y vivieron felices para siempre'', algo sucedió. Kazuha tropezó con una tabla mal colocada. Iba sin duda a caer aparatosamente, a hacerse mucho daño y a arruinar la obra. Todo pasó en segundos, y Kazuha tuvo ganas de llorar y gritar al darse cuenta de que iba a arruinar la perfección de la obra justo al final. De repente, sintió unos brazos que la sostenían con fuerza e impidieron su caída. Cuando levantó la mirada se topó con la de Heiji que la contemplaba, a su parecer, preocupado. Y estaban ahí, frente a frente, delante de todo un público que esperaba el desenlace de esta historia. El profesor se dio cuenta de la tensión del momento y le hizo señas a la chica encargada de la narración para que dijera al fin la frase y cayera el telón. Pero los alumnos no tenían intención de hacer lo mismo, así que le cortaron el paso haciéndolo caer al suelo. Sabían el castigo que les esperaría después, pero no podían perderse de este suceso único en el planeta.
De regreso al mundo de Heiji y Kazuha, ambos continuaban mirándose fijamente sin decir una palabra. Habían olvidado que no estaban solos y que las personas los observaban expectantes. De pronto, Kazuha cerró los ojos y Heiji hizo lo mismo mientras iban acercándose lentamente...
- No me digan que van a... - murmuró Shizuka tan atónita como sus tres acompañantes.
- ¡Vamos, sólo un poco más! - animaban los alumnos entre ellos.
Efectivamente, los chicos de Osaka estaban a un centímetro de distancia sin nada ni nadie que pudiese impedir lo que estaba a punto de suceder... No obstante, el profesor había aprovechado la conmoción general para apoderarse del micrófono. Fue entonces cuando gritó:
- ¡Y VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE!
Ambos chicos abrieron los ojos de golpe y al darse cuenta de lo que estaban a punto de hacer, de que no estaban solos y de que sus padres estaban en primera fila, casi se desmayan. Se separaron completamente ruborizados, mientras los alumnos se le iban encima el profesor por haber interrumpido la escena. Los encargados de subir y bajar el telón, lo soltaron tan aparatosamente que casi aplastan a los actores principales. En conclusión, el final de la obra sí que fue un verdadero desastre. De una forma u otra, lograron arrancarle miles de aplausos a los espectadores con lo que los jóvenes actores se sintieron más que satisfechos. Sin embargo, dos de ellos no se atrevían a mirarse a los ojos después de lo que acababa de pasar.
- Los felicito, chicos. - dijo el profesor o lo que quedaba de él. - Lo hicieron muy bien. La próxima vez...
- La próxima vez, consígase otros actores. - refunfuñó Heiji sabiendo que jamás olvidaría el bochornoso momento.
Estando fresco el incidente de aquel día, todos miraban pícaramente a Heiji y Kazuha lanzando frases como ''Ya era hora'' o ''Al fin lo reconocieron'', etc. Los chicos no podían estar más avergonzados, y cuando estaban solos no hablaban del tema para nada. Se supone que todo había sido parte de la obra y punto. Aunque en la obra no había beso por ningún lado, detalle que hacía reconsiderar el tema. Días después, para suerte de ambos, los alumnos ya se habían olvidado de lo sucedido. Y precisamente estaban conversando de un asunto muy distinto cuando Kazuha dio un gran suspiro que estremeció a su amigo.
- Heiji, creo que quiero ser actriz.
Las copas de los árboles debajo de las que ambos estaban sentados se mecieron suavemente dándole un toque de ternura a la escena. El detective arqueó una ceja, incrédulo. Parecía que iba a decir algo dulce...
- ¿TÚ, ACTRIZ? ESTÁS EBRIA?
La hermosa escena se hizo trizas con el desaforado grito del muchacho.
- Arigato por tu apoyo, Heiji. - agradeció ella irónicamente.
- ¿Sólo porque hiciste esa obra de quinta, ya crees que puedes ser actriz? No seas ilusa.
- ¡Pues tú por resolver unos cuantos casos ya te crees un tantei!
Golpe bajo.
- ¿Cómo te atreves a decirme eso?
- Eso debería decir yo. Y claro que seré actriz.
- ¿Y crees que voy a permitir que andes por ahí besuqueándote con cualquier tipo?
Kazuha se quedó muda. Así que era por eso, eh? El sol brilló entre los árboles dándole un toque mágico a la escena.
- Y a los actores probablemente les daría infección al besarte. - concluyó a manera de reflexión.
Heiji en verdad era un experto en arruinar los momentos románticos. A pesar de ello, Kazuha y el mismo Heiji sabían que jamás olvidarían aquella obra. Tal vez ambos podrían tener su verdadera historia de amor el día en que se decidieran a vivir su propio cuento de hadas.
Konnichiwa! Ahh, quise que este shot estuviera lleno de magia, y por eso me gustó mucho y a uds.? Les agradezco infinitamente x sus reviews, me hace feliz que vivan cada uno de mis shots junto conmigo.
Ja ne!
