WOW hace tanto que todos mis documentos ya se borraron...tengo el deber de explicarles las cosas; en mi vida se han complicado mas de lo que crei restandole importancia a todo lo que una vez me importo, como suele pasarme las palabras brotaron un dia, un minuto, y hoy se completan en este capitulo, quiero decir que sere constante que terminare, que publicare cada mes pero no puedo prometer en falso. Esto es algo que a veces pienso que no deberia seguir haciendo dadas mis circustancias, eso es lo que detiene para escribir una especie de castigo creo yo, es por ello que ya no estoy aqui, que no hago nada y mis historias estan como otro recordatorio de mis sueños rotos, y me disculpo por hacerlas participes de algo tan patetico como estas lineas que no tendrian que conocer mas sin embargo me siento obligada a compartirlas, y reitero no las dejare con la duda de que pasara mi plan es terminar no importa cuanto me tarde, si mi animo decae aun mas tengan por seguro que les dire la trama aunque ya no sea un relato y sea meras ideas como nacieron en mi cabeza, gracias a todas, desde el fondo de mi corazon sus reviews siempre me hacen sentir que algo debo estar haciendo bien con este fic asi que les digo que sin vernos, sin platicar dia a dia con uds: Allpheratz, Doom Sorcerer, Alisse, fany-s22, Mary Martin yZafira las considero una parte importante de mi vida las quiero. darkacuario amiga gracias por preocuparte por mi no sabes cuanto te agradezco, disculpa darte una respuesta tan tardia a tu atencion te quiero.

saRa siento muxo que tengas que leer todo esto, bienvenida


Exhausta June se sentó en la cama, con los pies se deshizo de las sandalias de tacón alto, flexiono sus piernas; recargando en el colchón las plantas de los pies. Por la ventana del pequeño departamento observó el desfile de colores del atardecer, para culminar en una noche nublosa, la sensación en su estómago iba incrementándose, de mala gana se levantó y fue hacia la cocina a prepararse la cena aunque nunca había sido buena para ello, le causaba pereza hacerlo, su madre, chef de profesión, inútilmente intento cultivarle el amor por este arte, alentándola con la frase –"para conquistar a un hombre debes hacerlo por el estómago" –. June, amazona por voluntad propia, en varias ocasiones se había imaginado cocinando para alguien más a sabiendas del resultado, aseguraba que esa persona en especial acabaría cocinando para ella. Después de reprenderse mentalmente, de nuevo, por este pensamiento, decidió que era más seguro salir a comer algo por los alrededores del modesto barrio.

Saori insistió en pagar un departamento grande y en una mejor localización, June orgullosa y autosuficiente, se negó rotundamente, no estaba dispuesta a vivir a costa de su Diosa está tenía una fortuna a sus pies pero era su Diosa a la cual June había jurado proteger, no tomar ventaja de ella. Sola, en un país extraño, con costumbres diferentes, paseando sin una máscara le inspiraba inquietud, los santos, aprendices y soldados consideraban está practica una cruel renuncia de feminidad por parte de las amazonas, pero estas conocían la útil protección que les brindaba, marcando una barrera entre el mundo y ellas, sobre todo, manteniendo al margen sus sentimientos por cualquier hombre.

June, absorta en sus pensamientos camino sin rumbo fijo cerca de media hora, se detuvo en un establecimiento muy concurrido donde vendían comida local, al ingresar por la puerta como si se tratara de una linda maldición o un cruel destino, diviso sentado en la barra del lugar a Shun Kido, estaba a punto de dirigirse hacia él cuando una voz la llamo a su espalda.

- ¡June! Que sorpresa.

- Ho…hola –con algo de nerviosismo respondió la rubia, dándose la vuelta – Manami y Sun-rei ¿cierto?.

- Si, ¿Cenas? no es bueno comer solo, puedes acompañarnos –sugirió amablemente Sun-rei – hoy está a reventar el lugar, es muy famoso por servir comida tradicional de gran sabor, si vamos a la barra no tendremos que esperar por una mesa.

- Prefiero, esperar –malhumorada sugirió Manami, que a pesar de prestar atención a su amiga, no pudo pasar por alto la presencia de Shun.

- Por mi la barra está bien –afirmó la rubia quien le devolvía la sonrisa a Shun que ya las había notado.

- Si yo fuera tú me mantendría alejada de él –aconsejo Manami.

- ¿Qué, quieres decir? –preguntó confusa June.

- Manami, te he dicho que no es correcto, aunque no te agrade debes mostrarle respeto, recuerda quien es su hermano mayor, podrías meterte en un grave problema, además no puedes juzgar a alguien sin conocerle –reprendió Sun-rei.

- Cómo si no hubiera sido suficiente lo del otro día, un hermoso estuche no lo es todo, lo iras descubriendo con el tiempo –se dirigió a June –si no hay más remedio –suspiro pesadamente Manami enfilándose hacia Shun, June se rezago desconcertada por las palabras de Manami, junto a ella estaba Sun-rei que había recibido una llamada en su celular, cuando el par de chicas llegaron Manami estaba sentada al lado de Shun guardándoles dos asientos a la derecha de ella.

- Buenas noches Kido-sama, no esperábamos verlo en lugares como este –Sun-rei le dejo el lugar más cercano a June al lado de Manami, sentándose ella en el extremo.

- Digamos que fui echado de mi propio departamento –dijo agitando en el aire un vaso con cerveza.

- ¿Cómo sigue Hyoga? Para faltar toda la semana debe ser muy serio –interrumpió June –es preocupante.

- Considerando que es la razón por la que me botaron de mi casa, diría que bien –sonrió, mientras se frotaba cansado, el hombro derecho.

- No entiendo –confusa Manami volteó a verlo por primera vez a los ojos.

- Nina –rió por lo bajo –es interesante cuando una mujer adopta el papel de madre con su novio enfermo, alguien como Hyoga siendo tratado contra su voluntad como un niño…en conclusión no es algo muy sano de ver, se escuchaban muchas quejas desde el corredor del departamento cuando salí.

- Vaya eso es nuevo para mí, creí que los hombres adoraban la atención y mimos –cáusticamente Manami miro a Shun.

- Atención y mimos, Manami, pero de ahí a querer ser tratados como inútiles hay una gran diferencia –Shun bebió de una vez el vaso sirviéndose más de una botella cercana, ignorante de la molestia de Manami por ser tratada tan familiarmente.

- ¿Y tus otros amigos?, pudiste haber ido con ellos –intervino June.

- Pues…Shiryu ha estado yendo a un dohjo, suele hacerlo con Hyoga pero ya que él ha estado enfermo indujo a Seiya a acompañarlo –dio un sorbo a su vaso –y como suelen pasar horas y horas allí, es mejor no contar con ellos.

- No me extraña Shiryu-san, es muy bueno en artes marciales, ha ganado muchos campeonatos y no por nada Saori-sama lo nombro como jefe de seguridad –orgullosa expresó Sun-rei bajo la divertida y discreta mirada de Shun –¿por qué no los acompaña?.

- Eso no es para mí, no encuentro sentido a la violencia, incluso aquella que llaman necesaria –suspiró el peliverde.

- No me extraña –afirmó June, atrayendo la mirada de todos –ahh…ehh…quiero decir te ves una persona muy tranquila, o sea que, que eso no es de ti, no iría contigo, si eso… err…deberíamos ordenar ¿no?.

- Hagámoslo –secundo Sun-rei –. Podría haber ido con su hermano mayor ¿no es así Kido-sama? –interrogó curiosa Sun-rei, una vez que todos habían pedido platos según sus gustos –vive en una casa hermosa no muy lejos de aquí, lo sé porque en una ocasión deje unos documentos muy importantes ahí.

- Dime Shun, es más cómodo para mí no veo problema para que me tuteen –sonrió cansinamente y sin darse cuenta añadió –si lo hiciera encontraría algún pretexto para alejarme. Señoritas la cena se enfría –cuatro platos de arroz acompañados de diversos platillos fueron servidos en la barra, permitiendo el abrupto cambio de conversación. Manami pareció ser la única que escuchó la triste afirmación de Shun, lo observó por un breve tiempo preguntándose si no lo habría juzgado anticipadamente.

Por casi dos horas entre charla animada, carcajadas, un par de cervezas y deliciosa comida, Shun conoció la larga amistad que compartían Manami y Sun-rei que había iniciado 10 años antes; al morir el único pariente de Sun-rei vivo, su abuelo, consiguió una beca escolar en el Japón. Dejando su natal China, congenio de inmediato con Manami que era la chica encargada de mostrarle le escuela, rieron de las fallidas habilidades de June en la cocina a pesar de ser hija de dos respetables chefs etíopes, las tres jóvenes experimentaron diversos sentimientos al presenciar a un par de chicas coquetear fallidamente con Shun y esté les platico lo más relevante de los países en los que había estado viviendo con Hyoga, con la promesa de reunirse nuevamente y repetir la agradable velada se despidieron las chicas.

- Ven June, te acompañare a casa los primeros días en un país extraño es muy difícil andar sobre todo cuando se dificulta el idioma –sugirió Sun-rei tomándola del brazo.

- No es tan difícil hace algunos años alguien me enseño japonés –viendo elocuentemente a Shun, sonrió –no te preocupes por mí, seguro sabré regresar –añadió esperanzada en pasar un poco de tiempo con Shun.

- Es nuestro deber apoyarnos entre compañeras, no es ninguna molestia vámonos, chicas –añadió Manami que guardaba el cambio de la cuenta en su cartera que introdujo dentro de su bolsa café.

- Parece que comenzara a llover les pediré un taxi, ya regreso –amablemente Shun salió hacia la calle, para poder hablar por celular puesto que algunos clientes armaban alboroto con un evento deportivo que contemplaban en un televisor.

- No hay más remedio que esperar –Manami se sentó cerca de la barra y dejando su bolsa en ella, jugueteando con su celular en la mano –June deberás acostumbrarte que cuando esperas un taxi en Japón en una noche lluviosa debes tener mucha paciencia.

- Manami creí que tu mal humor se había ido, ya veo que solo fue por un par de horas –divertida Sun-rei miro a su amiga por encima del espejo de bolsillo sostenido por su mano donde se estaba retócando su lápiz labial. Trascurridos 15 minutos las chicas se despidieron del peliverde y abordaron el taxi, habían avanzado dos cuadras cuando Manami, después de revolver su bolso varias veces, exclamó –Pare, regrese por favor señor.

- Señorita regresar a ese lugar me llevaría cuando menos 20 minutos con la lluvia y el tráfico –refutó el taxista.

- De acuerdo –malhumorada, agrego –bajo aquí.

- ¿Qué pasa Manami? –cuestionó Sun-rei.

- He dejado algo, nos veremos el lunes –dijo cerrando rápidamente la portezuela del auto.

- Pero…

Manami no logro oír las suplicas de Sunrei y regreso al pequeño restaurant bastante mojada, molesta por tener que regresar bajo la lluvia, algo que siempre había odiado, al dar un paso hacia dentro choco con un comensal que salía.

- Lo siento…–dijo trastabillándose –disculpe.

- ¿Manami? –dijo una voz familiar que la tomo por el brazo para que la chica recuperara el equilibrio.

- ¿Kido -san? –preguntó enfadada.

- ¿Paso algo? –interrogó divertido sin que ella pudiera notarlo.

- Nada, olvide algo.

- Esto –dijo enseñándole un teléfono celular rojo.

- ¿Cómo sabes que es mío?, estuviste espiando –agregó nerviosamente tras dirigirle una fiera mirada.

- Tranquila, solo comprobé si era de alguna de ustedes –sonrió –pensé en devolverlo la siguiente semana, pero creo que es muy importante para ti ¿cierto? además no creo que tengas algo como secretos oscuros ¿o sí? –le dirigió una mirada traviesa, que echo por borda la simpatía que la chica había experimentado hacia él durante la velada.

- No es tu asunto –se defendió –gracias –le arrebató el teléfono de la mano lo introdujo dentro de la bolsa, dio vuelta y bajo presurosa la acera cayendo cerca de una alcantarilla metálica –maldición, ¿por qué ahora y con este?, alguien debe odiarme lo suficiente para permitirlo –pensó.

- Manami –corrió para ayudarla –¿Te has hecho mucho daño?.

- No es nada, solo fue un raspón –miró su rodilla que comenzaba a sangrar, con ayuda de Shun se levantó con una mueca de dolor punzante que provenía del tobillo.

- Es más que un raspón, y además estas empapada –señaló con genuina preocupación –te llevaré a mi casa vivo, muy cerca.

- En verdad, no es necesario –intento soltarse del agarre sin conseguirlo.

- No está a discusión –finalizó, pasándose un brazo por su nuca antes de tomar con la mano libre el bolso que sostenía la chica.

Manami, no dijo palabra alguna mientras era auxiliada por Shun, nunca en sus peores pesadillas creyó encontrarse para cenar con este chico presumido y menos bajo estas circunstancias; le incomodaba sobremanera que él pudiera malinterpretar lo que estaba pasando. Al entrar al departamento, Shun la acomodo cuidadosamente en al sofá y desapareció por un pasillo, regreso con par de vendas, desinfectante, gasas y una toalla, se sentó frente a la chica y cuidadosamente saco el pie lesionado de la sandalia de Manami examinándolo con delicadeza.

- Al parecer solo ha sido una torcedura –declaró mientras frotaba un ungüento en el tobillo, tras un breve masaje, lo vendo. Manami tomo la toalla y la extendió sobre su regazo, arriba de su diminuta falda para sorpresa de Manami, el joven nunca desvió su mirada más allá del tobillo, le pasó un algodón con desinfectante sobre la herida de la rodilla y finalmente la cubrió con una bandita.

- Listo, ahora puedes quitarte la ropa.

- ¿Qué? –cuestionó inquieta, Shun le mostró una playera y un pantalón deportivo negros que había dejado en el sofá sin que la chica los notara.

- No querrás enfermar –señaló el pasillo –el baño esta en medio. Manami entro en el baño, estornudo al quitarse la blusa empapada, la reconforto la calidez y suavidad de las prendas acompañadas de un agradable aroma de mala gana dejo la habitación, salió del pasillo iluminada por un relámpago que le permitió ver a Shun que le daba la espalda mientras contemplaba la lluvia por el ventanal. A pesar de que le molestaba reconocerlo Shun era muy atractivo y agradable aunque le seguía pareciendo arrogante; sin embargo algo en su interior le indicaba que Shun ocultaba algo que era mejor no saber además tenía la firme idea de que las personas que obtienen todo de la vida fácilmente eran poco menos que parásitos pero contemplándolo con la mirada perdida y de brazos cruzados no evito sentir su tristeza y soledad –te gusta la vista ¿me equivoco? –dijo Shun con picardía, viéndola por el reflejo de la ventana.

- Para ser sincera, la aborrezco –enfadada comenzó a tomar sus cosas –se presenta sin ser invitada, una verdadera molestia, si quieres saberlo.

- Que, violenta –dio la vuelta, ayudado de sus dedos deslizo hacia atrás un mechón de cabello húmedo que caía sobre su cara y se encamino hasta donde estaba la chica –¿siempre eres así, o solo conmigo?, ¿hice algo para molestarte?.

- No lo tomes personal, no debes sentirte especial –afirmó.

- Me resulta difícil de creer, pareces una chica muy amable, excepto conmigo, entiendo que es personal –. Manami no estaba preparada para una confrontación así, menos después de haber sido tan dulce hacía unos momentos.

- Me voy, gracias por todo, descuida no se volverá a repetir, te daré tu ropa después –dio la vuelta al sofá donde había estado sentada y se enfilo hacia la puerta.

- Agradecería que me dieras una respuesta ¿hice algo para molestarte? –insistió –sería considerado hacerlo.

- ¿Por qué? ¿Te importa tanto lo que alguien piense? –preguntó deteniéndose en la parte posterior del sofá

- En general me tiene sin cuidado, al ser tú, tengo curiosidad –dijo mirándola fijamente, se hinco sobre el sofá recargando sus manos en el respaldo aproximándose a su cara.

- Ni lo intentes –retó Manami apartándose.

- Descuida –aclaró, sin desviar la mirada –¿has escuchado que no puedes mentirle a una persona que te ve a los ojos?, pero si insistes en irte, te pediré un taxi –agrego dulcemente, mientras tomaba el teléfono de la mesa de centro –no te preocupes por la ropa, no quiero incomodarte con mi presencia si deseas esperar abajo, no me sentiré ofendido, buenas noches Manami –sonrió, atónita la chica asintió y salió sin decir mas del apartamento.

- Pasivo, agresivo –mencionó cansinamente Hyoga apareciendo en la sala luego de que Manami cerró la puerta –¿nuevo juego?, parece buena chica.

- ¿Llevas mucho ahí? –preguntó con interés Shun.

- Lo suficiente, no quería interrumpir –se sentó en el sofá vestido con una pijama verde oscuro –te podrías meter en problemas.

- Eso lo hace mas interesante –maliciosamente miro a Hyoga poniéndose en pie –no ha nacido la chica que sea capaz de rechazarme.

- Ya veo, un caso de orgullo herido, pensé que esta vez te habías rendido con facilidad, veo que me equivoque –exhaló el rubio.

- Hyoga el amor es un estorbo, y si no te empeñaras en encontrarlo no tendría que salir huyendo del apartamento cada vez que una de tus novias le da por creer que tienes el anillo guardado en la mesita de noche –se dirigió a Hyoga quitándose la camiseta húmeda y se encamino hacia su habitación para cambiarse la ropa mojada.

- Como dije hay cosas que no cambian –murmuró Hyoga –¿Qué puedo hacer amigo soy un encanto?. Y cualquier mujer estaría encantada de tenerme para siempre –gritó para hacerse escuchar por el peliverde.

- Si y yo debo salir huyendo –Shun entro de nuevo a la sala portando una pijama negra con rayas rojas –cuando el verdadero Hyoga sale a relucir. Resígnate el único que estará hasta el fin de tus días seré yo, y por como van las cosas será dentro de poco –rió al recordar el fuerte resfriado que había padecido durante toda la semana.

- No juegues conmigo, Shun –mencionó con falso enojo Hyoga mientras le lanzaba un cojín a su amigo que se había sentado a un lado del rubio –comentarios como ese, confirmarían la alocada teoría de Shiryu.

- ¡Hey!, ¿acaso tengo la culpa que la imaginación de tu amiguito sea tan desviada?, deberías emparejarlo con la chica que tanto le gusta, por cierto hoy estaba en el restauran, junto con June –dijo cruzando la pierna.

- Ah si, la nueva, me extraña que no hayas hecho de las tuyas, todo el día solos, estás perdiendo el toque –chasqueo la lengua

- Eso jamás –mencionó altivo –cuando estoy con ella, siento la misma sensación que me provoca Saori.

- Se llama respeto, bribón, ¿Aun lo recuerdas? –dijo socarronamente lanzándole otro cojín –no ataques a un enfermo –se defendió Hyoga ante la lluvia de cojinzazos que estaba recibiendo. June sonrió desde la azotea del edificio de enfrente, gracias a unos binoculares los había estado observando desde que Manami dejo el departamento; estaba alerta de cualquier presencia anormal, recordó las palabras de Saori y un escalofrió le recorrió todo el cuerpo, efecto por completo ajeno a la sensación que le provocaba el agua helada que cayendo sobre ella.

Este era su verdadero trabajo; espiarlos, cuidarlos y protegerlos incluso con su propia vida a pesar de que su corazón se desmoronaba cada instante que pasara con Shun fingiendo no conocerlo, ni ella misma sabía cuando había empezado a amarle, quizás desde siempre, desde aquel instante en que confundido y asustado bajó del barco proveniente de Japón, o cuando mostró todo el amor que era capaz de expresar, incluso a aquellos que debía odiar. Se había reprochado muchas veces no haberse armado de valor y decirle directamente que le amaba cuando tuvo oportunidad, se recriminaba su cobardía al regresar a casa después del infructuoso intento por detenerlo cuando fue al santuario, ¿Él la amo en algún momento? ¿Podría recuperar ese hueco en su corazón, dedicado solo a ella?, ¿habría conocido a alguien que ocupara su lugar, de amiga y confidente?. Quizás cuando todo terminara, la vida que todas las noches soñaba podría ser realidad, negó con la cabeza como si con ello alejara estos pensamientos, la batalla estaba a un paso y no daría tregua, las recientes y dolorosas bajas aun atravesaban su corazón, quizás la guerra de cojines seria uno de los últimos momentos felices que contemplaría, no había dudas Atena debía traer a sus fieles guerreros de vuelta aunque esto implicara que ellos no desearan pelear por ella nunca más al conocer la verdad.