Ni los personajes ni la historia me pertenecen
Capítulo 8
La semana iba lenta y cada día que llegaba al Hotel Cullen se hacía más duro. El hotel me recordaba a Edward y lo que tuvimos juntos. Lo que perdí, otra vez. Afortunadamente, Jason no se enteró que lo que pasó detrás del escenario después de la conferencia. O al menos él no lo mencionó si lo hubiera oído. Sin embargo, me dijo que de la oficina del Señor Cullen, habían llamado para decirle que yo había hecho un gran trabajo y el Señor Cullen estaba muy satisfecho. A mi realmente no me importaba que pensara el Señor Cullen, pero estaba agradecida porque su llamada parecía que hiciera feliz a Jason, lo que significaba que me dejará sola lo que restaba de la semana.
Viernes por la noche, el club del hotel estaba muy lleno y la banda me convenció de quedarme una hora extra después de mi turno para mantener a la multitud en ambiente. Estaba agotada por la larga semana sin tener contacto con Edward, pero accedí a quedarme de todos modos. Había hecho buenas relaciones con los chicos de la banda y al parecer habíamos encontrado nuestro ritmo juntos. El baterista, Felix y yo, incluso habíamos almorzado juntos dos veces, y cuando estábamos trabajando él se había autoproclamado como mi guardaespaldas de turno.
Félix Cudmore no lucía como el típico baterista de una banda de un club en un hotel. Él tenía cabello largo y oscuro, recogido hacia atrás en una cola de caballo, una barba de chivo, y lo que sólo se puede denominar como calientes ojos almendrados color café oscuro. Sus brazos estaban cubiertos de tatuajes y físicamente era enorme. Se destacaba por encima de la mayoría de las personas con su metro ochenta y dos, su torso y sus hombros eran del doble de ancho de dos hombres de tamaño regular. Cuando lo vi por primera vez sentado detrás de la batería, pensé que hacía que una batería de tamaño completo se viera como una infantil. Él se veía como si hubiera salido de la cárcel y había ido al bar en su motocicleta para encontrar una mujer, golpearla en la cabeza y arrastrarla fuera de la puerta inconsciente. Él se veía como la personificación de oscuro y peligroso.
Pero la verdad de la cuestión es que Felix manejaba una bicicleta al trabajo y estaba casado con Demetri, un hombre con el que había estado por más de diez años. A él no le importaba lo que la gente pensara, yo estaba bastante segura que a él le gustaba que la gente pensara que era duro y malo. Eso funcionaba para mí porque al parecer me convertía en un imán para los hombres solteros y borrachos que pensaban que yo me excitaba con sus palabras arrastradas. Felix siempre tenía un ojo en mí e iba en mi rescate poniendo las manos alrededor de mi hombro y llamándome nena. Los hombres discretamente desaparecían con la cola entre las piernas a los treinta segundos que Felix aparecía.
Felix también caminaba siempre a mi lado y aguardaba hasta que estuviera a salvo en un taxi antes de marcharse. Los viernes en la noche había muchos locos por ahí en la ciudad hasta la una de la mañana, así que estaba agradecida por eso con Felix que era un muy buen amigo. Me besó gentilmente en la mejilla antes de meterme en el taxi y enviar una áspera advertencia al chofer para que cuidara de "su mujer".
Una hora después estaba flotando en el sueño cuando comencé a regresar de la inconsciencia por unos fuertes golpes en mi puerta. No eran toques normales. Antes de que tan siquiera diera tres pasos fuera de mi cama, la persona del otro lado de la puerta empezó a golpear de nuevo más fuerte. Mis pensamientos corrieron a través de mi cabeza: había fuego en mi edificio o mi vecino estaba siendo atacado y necesitaba ayuda.
Abrí la puerta un poco y dejé la cadena puesta por seguridad.
Probablemente debí preguntar quién era primero, pero estaba reaccionando a la ansiedad de que estaban tocando la puerta y no estaba pensando. Mi corazón acelerado se detuvo por completo cuando vi a Edward parado ahí, su frente presionada contra el marco de la puerta. No estaba asustada de él físicamente pero no liberé la cadena tampoco.
Sus hermosos ojos verdes, estaban inyectados de sangre cuando el miró en mi dirección.
—¿Puedo pasar? —Podía oler el licor en su aliento y cómo hablaba arrastrando ligeramente las palabras. Una pausa y después—, Por Favor.
Miré en sus ojos y vi tristeza y dolor. Asentí y liberé la cadena de seguridad. Caminó lentamente y nunca quitó los ojos de mí. Nos quedamos de pié un momento encarándonos el uno al otro, solo mirándonos y evaluando la reacción del otro. Su mano lentamente buscó mi cadera y di un paso hacia atrás. Él se percató de mi reacción y apretó sus manos en puños a sus costados.
—¿Es por eso que estás aquí? ¿Es una llamada a la mitad de la noche para un encuentro clandestino? — Estaba más y más enojada con cada segundo que pasaba.
—No. —Su voz estaba defensiva, pero bajó su cabeza con vergüenza.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Sus ojos se levantaron del piso para encontrar los míos.
—No lo sé. No puedo mantenerme alejado.
Las palabras de Edward me tocaron y bajé mi guardia un poco. Mis palabras ya no eran amargas, pero todavía estaba necesitada de más información.
—¿Por qué te fuiste y no volviste la semana pasada?
Él se estremeció visiblemente de nuevo con mi pregunta. Lo miré reflexionar y sus ojos se llenaron con emoción.
—Porque soy un hombre jodido y horrible y tú mereces algo mejor.
Para mí el alcohol es suero de la verdad y deseaba que fuera lo mismo para Edward.
—¿Por qué eres un hombre horrible?
Él se veía torturado y en conflicto y no pude soportarlo más. Extendí mi mano hacia él para proveerle bienestar. Y vi el alivio pasar por sus ojos. Tomó mi mano y la sostuvo, esperando para que yo le permitiera algo más.
—No tengo idea de cómo tener una relación. —Una larga pausa— Odio a mi padre por quien es, pero soy como él.
No podía permitir eso, necesitaba ahuyentar ese dolor, incluso después de todo ese dolor que él me causó. Cerré el espacio entre nosotros y descansé mi cabeza en su pecho, poniendo mis brazos alrededor de su cintura apretadamente. Sus brazos me rodearon, envolviéndome en su dolor, escuchaba con mi oído en su pecho, cómo su corazón acelerado se volvía lento y mientras me estrechaba más fuerte.
Estuvimos así por un largo tiempo, mis emociones corrían desbocadas, pero me sentía más aliviada que en toda la semana, me eché para atrás para ver su cara y me di cuenta que se resistía a aflojar su agarre. Su cara estaba llena de preocupación.
—¿Te gustaría quedarte y hablar en la mañana?
Edward no respondió con palabras, en su lugar, volvió a jalarme entre sus brazos y me envolvió dentro, reteniéndome incluso más apretado, lo llevé a mi dormitorio y lo senté en la orilla de la cama, alcancé sus pies y removí sus zapatos. El me miró vacilante, no hizo ningún movimiento para tocarme. Estaba asustado de sobrepasarse por miedo a que cambiara de opinión.
—¿Quieres quitarte tus pantalones?
Me miró y negó, pero me alcanzo mientras se tiraba sobre la cama, se recostó sobre su espalda y puso mi cabeza en su pecho, sus brazos se envolvieron a mí alrededor tan apretadamente que no me podía mover aunque quisiera. Pero no quería moverme. Odiaba admitirlo pero no había un lugar en donde quisiera estar.
A la mañana siguiente, Edward, todavía seguía dormido cuando desperté, su sueño aflojó ligeramente su agarre y tuve que hacer palanca de entre sus brazos para levantarme. Él se removió cuando me deslicé fuera de la cama, pero eventualmente volvió a dormirse. La naturaleza me estaba llamando y necesitaba una taza de café extra grande y dos aspirinas para mi palpitante dolor de cabeza.
Decidí hacer tocino y huevos, esperando que a Edward se quedara a desayunar y esta vez el hiciera honor a su promesa de hablar por la mañana.
Me moví delicadamente, tratando de no despertarlo, no sabía cómo cocinar sin cantar, de hecho; encontré que había un gran número de cosas que era imposible que hiciera sin al menos murmurar una melodía.
Le di vuelta al tocino, y con el rabillo de mi ojo, encontré a Edward parado en la puerta de salida, su figura llenaba el portal, descansaba sus brazos en el marco de la puerta y me miraba.
—Buenos días. —dije silenciosamente, de repente fui consciente de que seguía usando mi camiseta vieja de los Yankees que apenas y cubría mi trasero.
Jacob era fanático de los Red Sox y odiaba mi camiseta, lo que probablemente por eso la hice mi pijama oficial la mayoría de las noches desde que mude a New York.
—Buenos días. —Su voz áspera, profunda y sexy como el infierno.
—¿Hambre? —Sonreí.
—Hambriento. —Su tono me dijo que podríamos no estar hablando de la misma cosa, el no hizo ningún intento de moverse dentro de la cocina, aparentemente contenido en observarme.
—¿Te vas a quedar ahí parado mirándome? —arqueé una ceja preguntando.
—Me quedaré. —La esquina de su boca se elevó, aparentando una sonrisa.
Sacudí mi cabeza y me reí, volviendo mi atención hacia la estufa de nuevo, él no se movió de su posición hasta que puse los platos en la mesa.
Nos sentamos juntos a la mesa y comimos nuestros desayunos y se sintió normal y correcto.
—¿Cómo supiste donde vivo? —Muchas preguntas sin contestar pasaban por mi cerebro.
—Tu archivo personal.
Mi cara claramente mostro asombro.
—Si tú posees la mitad del Hotel Cullen, adivino que técnicamente te hace mi jefe ¿no es así?
—Así es. —No ocultó su sentimiento de culpa por usar su posición para sus necesidades personales. El vacilante e inseguro hombre de la noche pasada se había ido. El confidente y dominante Edward había vuelto con venganza.
—¿Supongo que no sabías que me presentaría en la conferencia?
—Definitivamente no.
—¿Por qué me contrató tu padre?
—No tengo idea. Hice una llamada al Resort de Isla Esme para averiguar si había hecho contacto con alguien allí.
El resort de Isla Esme no había cruzado nunca por mi mente. Pero cayó sobre mí como una respuesta que me hubiera dado. Él se había alojado en uno de los hoteles que le pertenecían. Eso explicaba por qué todos conocían su nombre, me levanté para limpiar la mesa y Edward tomó mi brazo, tirándome gentilmente sobre su regazo.
—Me gusta tu camiseta. —Me observó sobre su regazo, mi camiseta se enrosco hacia arriba de mi escasa ropa interior. Su tibia mano cuidadosamente se deslizo hacia mi muslo. Como siempre, su tacto envió una sacudida a través de mi cuerpo. Necesitaba separar mi cuerpo del de él o nunca tendríamos esa charla.
—¿Fanático de los Yankees? —Salté fuera de su regazo, era obvio lo que estaba haciendo y él me miraba asombrado de la reacción que yo había tenido.
—Ahora lo soy. —Su voz era baja y grave y sentí sus ojos quemándome la espalda conforme se la daba para levantarme a lavar los platos. Me tomé un tiempo esperando que el fuego dentro de mí muriera con la distancia.
Edward sabía lo que yo estaba haciendo y no iba a permitirlo, sentí el calor de su cuerpo detrás de mí, su aliento en mi cuello, se paró con su pecho en mi espalda, solamente unos centímetros no separaban.
—¿Puedo tocarte Bella? —Yo sabía que debía ser difícil para él pedirme permiso, Edward no era el tipo de hombre que preguntaba, él tomaba lo que quería.
Mi mente se nublo por su proximidad y mi respuesta vino sin aliento.
—Sí.
Su mano rozó mi pecho y tuve que agarrarme del borde de la encimera para mantener mis débiles rodillas y que no se doblaran. El hombre me hacía sentir una adolecente deseando ser tocada por primera vez.
A diferencia de la última vez, su toque fue delicado y gentil, pero me encendió rápidamente. Amasó tiernamente mis pechos y dibujó círculos en mis pezones, su pulgar alrededor de mis rígidas puntas. Edward empujó su cuerpo firmemente contra mi espalda y sentí su dureza contra mi trasero, un gemido escapó desde lo profundo de mi garganta y escuché a Edward gruñir.
Sus labios dejaron besos arriba y abajo en la parte de atrás de mi cuello mientras él lamía su camino a mi oreja, mordisqueó mi lóbulo y su caliente aliento envió una ola de placer desde mi oído bajando hasta mí ya hinchado clítoris.
Una de sus manos encontró el camino a mi sexo y mis piernas se abrieron sin vergüenza a su callada orden. Estaba excitada y jadeante, mientras una de sus manos se cernía cerca de mi clítoris y con la otra pellizcaba mis hinchados pezones.
—Adoro como te mojas para mí. —murmuró Edward en mi oído, mientras deslizaba su mano entre mis bragas y empujó contra mi cuidadosamente.
Estaba agradecida de que estuviera detrás de mí y no pudiera ver mi cara. Él no podía ver mis ojos cerrados permitiéndome rendirme a su toque. Sabía que le gustaba verme correrme, pero él estaba haciéndolo solo para mí esta mañana.
Mi espalda se arqueó, y empujé mi trasero más cerca de su dura polla e involuntariamente dándole mejor acceso, su dedo entraba y salía de mí y después lo trajo afuera y empujó de nuevo en mí, esta vez con dos dedos. Gemía y él respondía llevando los dedos dentro de mi más rápido y más profundo. Mis caderas hacían pequeños círculos clavándome mientras sus dedos me follaban con las manos de un hombre que conoce el cuerpo de una mujer.
Estaba jadeando y sin sentido y mis piernas comenzaron a doblarse. Edward movió su mano de mi pecho a alrededor de mi cintura, agarrándome fuerte, él sintió mi cuerpo comenzar a rendirse a su peso. Su respiración era pesada también cuando habló.
—Te tengo nena, ríndete a esto. —Su pulgar moviéndose cubriendo mi clítoris y frotándolo delicadamente con firme en círculos.
Mi cuerpo se tensó y grité mientras me corría, él empujó sus dedos dentro y fuera de mí una y otra vez de nuevo marcando un ritmo.
Edward me sostuvo conforme iba descendiendo de mi orgasmo y levantando mi camiseta para que cayera de nuevo a mí alrededor.
El beso la parte de atrás de mi cuello cariñosamente y me dio la vuelta para enfrentar su rostro, me atrajo en un abrazo con mi cabeza contra su pecho. Amaba el sentimiento de él sosteniéndome tan delicadamente.
Después de algunos minutos, me echó hacia atrás viéndome.
—Aún necesitamos hablar. —Sus labios presionaron en mi frente con un delicado beso.
—Pero no me he ocupado de ti todavía. —mi respuesta fue tímida.
—Sintiéndote correrte para mí es como ocuparte de mí. — Edward empujó un mechón de mi cabello detrás de mí oreja delicadamente.
—Eso fue dulce pero no ayudó con eso. —Miré hacia abajo el bulto en sus pantalones y sonreí.
Rió alegremente y planto un casto beso en mis labios.
—Es cierto, si sigues queriendo ocuparte de mí después de charlar, entonces te dejaré. —Me sostuvo fuertemente y me sentí enferma del estómago de saber que esa podría ser la última vez que me sostuviera.
Decidí ducharme antes de que nos sentáramos a platicar. Necesitaba aclarar mi cabeza después de nuestro interludio mañanero en la cocina. Edward se duchó después de mí, mientras iba a la mitad de mi trabajo intentando secar mi cabello y me ponía un poco de rímel. Miré en el reflejo del espejo cuando él salía del baño envuelto con solamente una toalla. Creo que nunca me acostumbraría al hombre hermoso que era.
Todo acerca de él era tan endemoniadamente masculino y sexy, su cuerpo era digno de adoración y sabía el duro trabajo para mantenlo. Dios no haría criaturas luciendo así, mierdas como esa, venían de horas y horas de gimnasio.
Me quedé congelada en el espejo cuando tiro la toalla y jaló los pantalones que uso la noche anterior sin nada debajo. Todavía mostraba a una erección completa, y curiosamente encontré entrañable que él no se había ocupado de ella en la ducha. Me capturó dándome un festín con los ojos sobre su cuerpo, que no me di cuenta que él estaba mirándome mientras lo observaba a través del espejo. El subió sus manos sobre su cabeza y se puso la camiseta y todos los músculos en sus hombros se estiraron y flexionaron.
—Si sigues mirándome así, nosotros no vamos a tener esa charla hoy. —
Se puso su camiseta sobre su vientre plano, obstruyendo mi vista de su sexy como el infierno camino feliz.
Mierda, el me pilló cuando mi boca estaba literalmente colgando abierta.
Estaba agradecida de que no estuviera babeando cuando me vio.
Sus ojos sexys eran oscuros y estaba segura de que él me deseaba tanto como yo lo deseaba a él. Pero necesitaba tener clara mi cabeza para cuando nosotros habláramos, y ver qué era lo que estaba pasando entre nosotros.
—¿Muy lleno de ti mismo no es así?
Mirando como caminaba hacia detrás de mí en el espejo y ponía sus manos en mis hombros. Sus ojos nunca dejaron los míos en el espejo, se inclinó y susurró en mi oído:
—Prefiero estar llenándote a ti nena. —Sus palabras enviaron un escalofrió por mi espina, él sabía cómo mi cuerpo reaccionaba a su toque.
—Bueno tengamos esta charla entonces ¿de acuerdo? —Lo estaba probando, pero su sonrisa se esfumó de su rostro, él estaba nervioso acerca de esta charla y me hizo tener miedo sobre lo que tuviera que escuchar.
Nos sentamos en la sala. Me senté con las piernas cruzada en el sofá y él tomó asiento frente a mí en la silla.
—¿Así que puedo obtener diez preguntas más? —estaba tratando de romper la tensión de la habitación burlando la primera pregunta. Él sonrió pero la sonrisa no le llego a los ojos.
—¿Qué es lo que quieres saber de mí y mi trabajo Bella? —Su vos era seria.
—Bueno, sé que tienes el cincuenta y un por ciento de la cadena de Hoteles Cullen. Se lo dijiste a tu padre detrás del escenario la semana pasada.
—Lo tengo. Mi abuelo comenzó la cadena de hoteles y le dio a mi padre el cuarenta y nueve por ciento cuando fue lo suficientemente viejo para estar en el negocio, entonces él murió, y me dejó el cuarenta y nueve por ciento y el dos por ciento a mi madre. Nosotros esperábamos que el testamento de mi madre, nos dejara el uno por ciento a cada uno cuando ella murió, así tendríamos partes iguales, pero ella no lo hizo, me dejó el dos por ciento dándome el control de los intereses de los hoteles. Yo no creía que ella sabía de las aventuras de mi padre cuando estaba viva, pero después de que su testamento fuera leído, me di cuenta de que ella lo sabía todo.
Wow, eso es un montón de jodida información, pero no sonó como algo que pudiera enviarme corriendo por las colinas.
—Lo tengo. ¿Tu padre no estaba contento acerca de que tomaras él con control del negocio?
—Mi padre no está contento con nadie más que él teniendo cualquier control.
Umm. Tal vez hay más aquí de lo que he captado, ¿Se habrá dado cuenta que la manzana no ha caído lejos del árbol con sus problemas de control?
—Okey. —dije la palabra, dejándole saber que esperaba más de él.
—Los hoteles nos son mis únicos negocios. —Hizo una pausa y me miró a los ojos—. ¿Recuerdas que te dije que invertía en un negocio que avergonzaba a mi padre?
Asentí esperando por el resto.
—Poseo una compañía de producción. — Edward Pasó sus dedos por su cabello y soltó un profundo suspiro.
—Okey. —mis cejas se arrugaron con confusión.
—Tengo la más grande compañía de producción de pornografía en los Estados Unidos, Bella. Mi negocio es hacer pornografía.
Me miró intensamente esperando mi reacción. Mi primer pensamiento fue, okey eso no es tan malo. Pero después los recuerdos de nuestras conversaciones llegaron flotando de regreso y comencé a poner juntas las piezas del rompecabezas, ¿Él había tenido entre quinientas y mil compañeras? ¿Es increíble en la cama? Esa mujer, con la que apareció en la conferencia, dijo que la había llevado para hacer enojar a su padre. ¿Era una actriz?
Sentí la bilis subir de mi estómago a mi garganta conforme abría la boca para hablar.
—¿Has estado en una de las películas? —Contuve el aliento esperando la respuesta.
—No. —Su respuesta fue inmediata y sin titubear.
—¿Has estado con alguna de las actrices?
—Sí.
Mi corazón se encogió.
—¿La mujer que estaba contigo la semana pasada en la conferencia, era una actriz?
—Sí.
—¿Ella es tu novia? ¿Estuviste con ella después de que volviste de Isla Esme? —el pensamiento de él estando con ella después de la semana que el compartió conmigo me hizo sentir enferma. Las lágrimas llenaron mis ojos y miré hacia otro lado, luchando para que no escaparan.
—No, yo no te mentí, no he tenido novia desde que era un adolecente. Y no he estado con ella después de que he vuelto de Isla Esme.
Él se movió de la silla y se sentó a mi lado en el sillón, yo mantuve mi cabeza voleada, quería esconder mis emociones. Tomó mi cara entre sus manos y gentilmente forzó a que lo mirara, miré el dolor en sus ojos cuando las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
Me miró a los ojos y habló.
— Bella, no estoy orgulloso de lo que soy o de las cosas que he hecho. Y sé que no te merezco. Tú eres dulce y buena y todo lo que yo no soy. He tratado de mantenerme alejado de ti para que no salieras lastimada, pero no puedo cuando se trata de ti. Yo nunca quise estar con una mujer, de la manera que quiero estar contigo, quiero recostarme bajo las estrellas contigo y charlar por horas, y caminar en el parque agarrados de la mano. Me haces sentir como si fuera un hombre mejor cuando estoy cerca de ti. Estoy aterrorizado de las cosas que me haces sentir y no sé cómo controlarlo.
Enterré mi cabeza en su pecho y envolvió sus abrazos alrededor de mí mientras mi lágrimas se convirtieron en sollozos, no estaba segura del por qué estaba llorando, solo estaba muy agitada por mis emociones y todo lo que estaba compartiendo, no podía detenerlo de explotar. Edward acarició mi cabeza y me calmé lentamente en sus brazos.
—¿Estas bien nena? —susurró.
Asentí.
—Solo necesito descansar un poco, mi cabeza está latiendo.
Edward se quitó su camiseta y se tiró en el sofá jalándome sobre su cálido pecho y me envolvió en sus brazos, ninguno de los dos se apartó, ese era un comienzo. .
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Que les pareció la confesión de Edward, admítanlo más de una lo imagino como hugh hefner, o almenos yo lo hice jajajaj
