Disclaimer: Ninguno de los personajes, del mundo de Harry Potter, me pertenecen, si no a JK Rowling.
La historia es de MrBenzedrine y me dio su permiso para traducirla. ¡Thank you Amy!
Esté capitulo fue beteado por MissFerret.
Capítulo 9:
Una cita
"Who I Am Hates Who I've Been" de Relient K
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El día del viaje de febrero a Hogsmeade se acercaba rápidamente, y Hermione nunca se había sentido tan intimidada por una cita en casi toda su vida; aparte de los exámenes como estudiante. Por suerte tanto para ella como para el profesor Malfoy, Lidia Penelope Cornelia había mantenido la boca cerrada, lo que alivió el miedo en el corazón de Hermione cuando se acercó a Neville el día antes del viaje a Hogsmeade para decirle que su cita no iba ser la única del sábado.
—Hola Neville —dijo ella cálidamente mientras se acercaba a la mesa de desayuno el viernes por la mañana. El profesor Malfoy no estaba a la vista, así que tomó esto como una señal de que éste sería ciertamente el momento que ella podría confesarle sobre su doble cita. Neville levantó la vista de su panecillo de fresas empapado en miel y saludó con su mano alegremente.
—¡Hola, Hermione! —se sentó un poco más derecho, y sacó la silla a su derecha para que ella tomara asiento. Ella se sentó, e incluso dejó que le sirviera un par de tostadas en su plato— ¿Cómo van las clases?
—Genial —ella respondió, y tomó un sorbo de leche de su taza—. Eeh…Neville…tengo una confesión que hacerte.
—Vas a salir en una cita con Malfoy mañana —él asintió, haciendo que Hermione se ahogara con la leche y la escupiera en su taza. Se golpeó un poco el pecho, intentando limpiar la leche que se fue por el pasaje equivocado, y una firme mano vino detrás y la palmeó en la espalda. Neville continuó golpeando hasta que ella pudo volver a respirar.
—¿Lo-lo sabías? —se atragantó, mientras fruncía el ceño.
—Lo sé desde hace más de una semana. Para ser sincero, me estaba preguntando si me ibas a decir algo.
—¿Quién te dijo?
—¿Tú quién crees?
Como si le hubieran dado la entrada para actuar en el escenario, el profesor Malfoy entró por las puertas dobles y se acercó a la mesa de los profesores con una sonrisa de suficiencia en su rostro. Intercambió un gesto con la cabeza con Neville y se sentó junto a él.
—¿Le dijiste a Neville? —Hermione se inclinó sobre la mesa y ladeó la cabeza en dirección a Draco. Él levantó los ojos de su plato y hacia ella, Neville estaba en el medio.
—¿Tú no lo hiciste?
—Estaba por decirle justo ahora.
—Él está justo aquí, ¿sabes? —murmuró Neville.
Draco lo ignoró —.¿Esperaste hasta el día anterior a la cita? Que malos modales —él chasqueó la lengua.
—No, lo que son malos modales es no dejarme manejar mis propios asuntos.
—No es sólo tu asunto, ¿cierto? Se necesita de dos personas para tener una cita, profesora.
—Él tiene un punto —dijo Neville.
Hermione se enderezó y miró a los dos hombres—. ¿De qué lado están ustedes dos?
—Del que más te moleste —sonrió Draco.
—No estoy del lado de nadie, Hermione —dijo Neville —, pero Malfoy tiene un punto. No deberías haber esperado tanto para hablarlo. Somos todos adultos aquí. La única cosa que no entiendo es por qué quieres salir con alguien como él.
—Uuh, el gatito tiene garras…—Draco se rió entre dientes.
—Me lla-llamaste…ga-ga…
—Sí, Longbottom. Te dije que eres un gato. ¿Cómo dices, Granger? ¿Temer a una palabra…? —él alzó una ceja entre los dos sugestivamente.
—¿En serio quieres salir con este idiota? —Neville señaló con su pulgar hacia Malfoy.
—Francamente, estoy pensando que tal vez no debería salir con ninguno de los dos, si es así como tratan a los hombres de los que están celosos.
—¡No estoy celoso! —ellos gritaron al unísono.
A unas pocas sillas de distancia, el profesor Flitwick se inclinó hacia la profesora Trelawney y dijo en voz baja—: Le apuesto al profesor Longbottom. ¿Alguna apuesta, Sybill?
Trelawney actuó como si hubiera visto una gran premonición, asintió, y dijo— Te acepto la apuesta, Filius. El aura del profesor Malfoy está cargada de resolución.
Flitwick rodó los ojos, pero de todas maneras le estrechó la mano
—Entonces la apuesta está hecha.
—Ah…el amor joven…y las hormonas.
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En la mañana del día de San Valentín, Draco se cruzó con odiosos hologramas mágicos flotantes de corazones. No pudo evitar chocarse con algunos en su camino hacia las puertas delanteras y estallaban en bocanadas de humo con olor a dulce contra su rostro o su hombro. Lo irritaba ver parejas juntas en los pasillos, como si sus encuentros hormonales pudieran durar toda la vida. Ja. Eso si quisiera. En unos meses, todos estarían hartos y follarían al próximo cuerpo bonito que se cruzaran.
Hablando de cuerpos bonitos, Hermione lo dejó sin aliento cuando la vio junto a las puertas principales hablando con el estúpido de Longbottom. Se había ido sin su túnica de trabajo sofocante y ahora vestía una falda de pinzas roja sencilla pero de buen gusto y una blusa negra abotonada. El clima había cambiado dramáticamente desde el último viaje a Hogsmeade, y estaba bastante soleado afuera, dándole la excusa de vestir el atuendo tentador. Longbottom llevaba un pantalón color caqui y un polo de mangas largas. Eso hizo sentir a Draco bastante impresionado con su atuendo habitual del combo camisa-chaleco que fue confeccionado a medida para que le quedara bien en todas las maneras correctas. Una vez que él se dio cuenta de que estaba evaluando el atuendo de todos, se sintió irritado de inmediato con sí mismo; Granger no fue criada para analizar la apariencia de una persona como él había sido, así que a ella no le importaría lo que él vistiera mientras fuera con una sonrisa y una disposición alegre. Se sentía todo tan extraño, el saber que él estaba yendo a una cita con alguien que realmente no le importaba ni el trasero de un skrewt lo que él vestía. Extraño y satisfactorio.
Aún así, eso no significaba que él no pudiera divertirse —Profesores —dijo él, inclinándose ligeramente en dirección a Hermione; un ritual de cortejo de los antiguos hábitos que él no se podía despojar sin importar cuánto lo intentara. Examinó a propósito el atroz atuendo de Longbottom y sonrió—. ¿Vas a ir a un partido de polo hoy, Longbottom?
Neville ignoró el comentario, en su lugar comentó sobre el atuendo de Hermione
—Luce hermosa, profesora Granger.
—Oh. Gracias, Neville —Hermione se sonrojó, mirando a su lista de nombres de niños
—Es uno de los únicos atuendos agradables que empaque.
—Bueno, te queda bien.
—Hmm —Draco se mofó —Ella podría usar una bolsa de papel, y luciría fantástica en ella.
—Gracias, profesor Malfoy —Hermione le dio una palmada en el hombro —Oh dios.
—¿Qué?
—Creo que te ves un poco verde —ella le hizo un pequeño guiño antes de pasar junto a él para controlar a los estudiantes de su lista mientras se preparaban para salir, dejando a Draco solo junto a Neville Longbottom.
—Entonces, ¿cuál es tu juego? —Neville preguntó después de un tiempo, cruzándose de brazos bruscamente.
La respuesta de Draco incluyó el encogerse de hombros y un movimiento de sus cejas mientras contestaba—. Bueno, no te voy a dar un plan detallado de mi noche, Longbottom. Estoy tentado en decir que sé que será mejor que cualquier cosa que tú planees hacer.
—No, me refiero a que ¿por qué la invitaste a salir? —él entrecerró los ojos
—. Si esto es una broma de mal gusto para…
—Lo único que es un chiste son tus zapatos desgastados —Draco se burló.
—Entonces, ¿de verdad te gusta Hermione?
—La invité a salir, ¿no?
—Como una artimaña hacia mí por haberte hecho una broma con esa bomba fétida en tu salón de clases el último semestre.
—¿Ese fuiste tú? —Draco tuvo que luchar contra el impulso de hechizar a Longbottom justo en ese momento. Respiró hondo, recordándose a sí mismo que esta era uno de los días más románticos del año, y planeaba meterse en los pantalones y/o mente de Granger de alguna manera al final del día de hoy. Era la única forma de suavizar el enojo que sentía y dijo—. Aunque doy fe que fui criado para pensar que los hijos de muggle están por debajo de mi, Granger tiene una manera de…hacerme olvidar al respecto. No, Longbottom. No te hagas ilusiones al pensar que el pedirle a Hermione una cita tiene algo que ver contigo. Si somos sinceros, preferiría que no estuvieras en la escena en absoluto, pero aquí estamos.
—Seh… —Neville asintió —. Aquí estamos…y yo le pregunté primero.
—¿Cuántos años tienes? ¿Cinco? —Draco se cruzó de brazos. Un pensamiento lo inquietó por un breve momento: ¿Y si ella estuviera también haciendo cosas con Longbottom? De seguro que Granger no era una golfa. No… —Sólo por curiosidad, ¿ella también te dio una lista?
—¿Lista? —Neville arrugó el rostro confundido—. ¿Te refieres a la lista de los estudiantes?
Draco sonrió, su curiosidad se había satisfecho por completo.
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—Señorita Cornelia, ¿podría darme un momento? —Hermione preguntó mientras tomaba el camino a Hogsmeade con sus estudiantes. Draco estaba adelante, hablando con uno de sus estudiantes de séptimo año sobre Quidditch, y Neville estaba en algún lugar atrás, teniendo una conversación con el club de Herbología. Lidia Cornelia aminoró el paso y se quedó atrás con su profesora, lejos de la multitud de estudiantes.
—¿Si, profesora?
Hermione sonrió y susurró mientras caminaban —Sólo quería agradecerle por su discreción con respecto el asunto de la semana pasada…
—No hay de que —Lidia sonrió—. Si tengo que ser honesta con usted, profesora, la admiro un poco. No quisiera meterla en problemas con la directora, así que no diré ni una palabra.
—Eso es muy amable de su parte.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—Sí.
Hermione casi esperaba que fuera algo relacionado con Draco y ella o incluso de Neville y ella, pero en lugar de eso la señorita Cornelia tiró una de sus coletas y miró hacia adelante, donde su compañero de banco Liam se estaba riendo con algunos de sus compañeros —. ¿Cómo hago para que un chico me note?
Ella tuvo que parpadear dos veces, como si eso la ayudara a entender mejor la pregunta. Pero cuando se dio cuenta que Lidia le estaba pidiendo un consejo, sonrió cálidamente y puso un brazo alrededor de ella. —Siendo usted misma, señorita Cornelia.
—Pero, ¿qué sucede si lo que soy no es alguien que a un chico le guste?
—Bueno, entonces él no te merece para nada.
—¿Cómo consiguió llamar la atención del profesor Malfoy?
Hermione pensó largo y tendido antes de contestar—. Sinceramente no tengo idea. Él y yo vivimos en diferentes planos de ser; él es un aristócrata sangre pura, y yo…bueno, sólo soy un espíritu educativo, amantes de los libros y libre.
—Yo también —Lidia miró a Hermione, sus ojos azules brillaban con inocencia y un poco de tristeza—. Pero usted es tan bonita, profesora. ¿Cómo siquiera comienzo a intentar que un chico me tenga en cuenta cuando soy tan…yo?
—Lidia… —Hermione detuvo su caminata, y su estudiante cayó a tiempo, deteniéndose a su lado—. Eres una joven hermosa. No dejes que nunca nadie te diga lo contrario. Si hubiera sido la mitad de bonita que tú cuando tenía tu edad, habría estado golpeando a los chicos con un palo. Es simplemente cómo te tratas a ti misma. Por ejemplo —ella sacó su varita del bolsillo trasero y la agitó, deshaciendo las coletas de Lidia y desparramando su cabello así enmarcaba su rostro de la manera adecuada—. Oh, te ves mucho más segura. Ahora tendrás que golpear a los chicos con un palo…o mejor aún con tu varita. ¿Sabes? Mi mejor amiga Ginny es una genia realizando el Hechizo Mocomurcielago. Podría enseñártelo…
Lidia se rió en voz alta, capturando la atención de algunas personas delante de ellas. Hermione vio que Liam se giró, mirando a su compañero, y cuando sus ojos se posaron en la chica distraída, se pusieron vidriosos. Oh sí. Lidia iba a tener, de hecho, un muy lindo día de San Valentín.
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La cita de Hermione con Neville fue bastante adorable, yendo a la nueva cafetería justo en el extremo este de Hogsmeade. Se instaló una estación de muestra con una variedad de tazas de espumas para servirse uno mismo con diferentes brebajes que tenían sabores festivos como menta, pastel de calabaza, y pastel de vainilla. Alrededor de la mitad de la prueba de cada sabor, tuvieron que cambiar a descafeinado para prevenir que terminaran temblando. Neville fue muy cortés, pagando por todo y limpiando un poco la espuma del labio de Hermione cuando ella probó un brebaje con sabor a cerveza de mantequilla. Algunos de los estudiantes; los que no tenían nada bueno que hacer; se sentaron en un rincón de la tienda, riéndose mientras observaban a sus profesores.
—Ignóralos —dijo Neville cuando vio como Hermione miraba al grupo de muchachos de Slytherin de sexto año quienes estaban haciendo gestos como el de lanzar besos en su dirección en general—. Por lo que sabemos, Malfoy pudo haberlos enviado en una misión de reconocimiento-busqueda-y-destrucción.
—No crees que llegaría tan lejos, ¿verdad? —Hermione preguntó, negando con la cabeza.
—¿Quién sabe? Es Malfoy.
—Buen punto.
Ambos se rieron, tomando un trago de su café con sabor a jalea que tenía un tono púrpura. Era demasiado dulce para el gusto de Hermione, pero Neville llegó a pedir una taza llena, regresando con una chocolatada caliente para ella. Se sonrieron el uno al otro, tomando en silencio, de vez en cuando riéndose incómodamente, sin saber qué decir. Finalmente, Neville rompió el hielo.
—Quiero agradecerte.
—¿Por?
—Por salir conmigo hoy —él le sonrió—. Sé que fue raro, el que te pida una cita en el día de San Valentín. Pero en verdad, odio estar solo este día, y de todos modos prefiero pasarlo con alguien….alguien hermosa como tú —bajó los ojos al suelo—. Quiero que sepas que aunque no salgas conmigo para otra cita, ésta definitivamente valió la pena.
Hermione no pudo evitarlo; extendió la mano sobre la mesa y la apretó alrededor de la suya. —Neville, eso es literalmente una de las cosas más dulce que alguien me haya dicho jamás.
Él sonrió tímidamente, regresando su mirada a ella—. B-bueno, es verdad.
—¿Neville? ¿Hermione? Pon una escoba en mi trasero y llamame profesor Snape, ¿eres tú? —una voz femenina chilló cuando las puertas de la cafetería se abrieron de golpe. Ginny Weasley irrumpió, con las manos llenas de bolsas de compras. Corrió directo hacia ellos y dejó caer las bolsas antes de agarrarlos los dos a la vez y abrazarlos fuertemente—. ¡Oh, eres tú!
—¡Ginny! —Hermione se rió, casi derramando su taza cuando pasó su brazo alrededor de su mejor amiga— ¡Que bueno verte!
—¡Seh! —Neville dijo —¡Es maravilloso verte, Gin!
Ginny se apartó, sonriendo entre los dos—. Sólo estaba haciendo un poco de compra de lencería para…bueno, para Harry esta noche, y los vi por la ventana y tuve que… ¡oh, es tan bueno verlo a los dos otra vez! —arrojó los brazos alrededor de ellos otra vez, sofocándolos. Agitó su varita hacia una silla desocupada, y la trajo hacia su mesa, y se sentó entre ellos—. Entonces, ¿viaje de Hogsmeade?
—Sip —Neville le sonrió— ¿Quieres un poco de café, Gin?
—Oh, no. Gracias, Neville. Aunque eres muy amable por preguntar —ella miró entre ellos y sonrió— Esperen… ¿ustedes dos están en una cita en este momento?
Hermione sintió que sus mejillas se oscurecían con sangre, y por alguna razón, fue muy difícil contestarle a Ginny. Porque, aunque esto fuera una cita, admitirlo en voz alto a su amiga se sentía…oscuro. ¿Por qué tenía tanto miedo de admitir que estaba en una cita con Neville? Que extraño.
—Le pedí a Hermione que me acompañara a tomar café —Neville respondió—, y ella aceptó.
—Bueno, odiaría interrumpir el momento —Ginny sonrió, poniéndose de pie— Le escribiré a los dos mañana, lo prometo, y deberíamos juntarnos todos para almorzar el fin de semana pronto —de repente jadeó como si recordara algo, y agregó —Sólo para que sepan, Ron también está en Hogsmeade hoy. En caso de que no estuvieran planeando hacer esto público todavía.
Hermione frunció el ceño —En primer lugar, nos encontraste tomando café, Gin. No procreando en la plaza. Y segundo, ¿a quién rábanos le importa lo que Ron piensa? Sé que a mí no.
—Bien, bueno, sólo les intentaba advertir —Ginny dijo seria, dándole un último abrazo antes de lanzarle un beso con la mano y dejando la tienda.
Hermione tomó un sorbo mientras Neville la miraba.
—¿Está todo bien? —ella le preguntó.
—Sólo me preguntaba qué está haciendo Ron en Hogsmeade en el día de San Valentín, es todo —Neville respondió en voz baja.
—Bueno, si Ginny está aquí es probable que signifique que Harry también lo esté. No me preocuparía tanto, Neville. En serio. ¿Y además que tiene que Ron nos vea juntos? No tiene nada que decir sobre lo que hago o con quien salgo.
—Bueno…—los ojos de Neville bajaron a su taza —Hablando de eso, ¿no deberías estar en tu cita con Malfoy en este momento?
—¿Hmm? —Hermione miró el reloj colgado encima del mostrador y jadeó. ¿Ya eran las cinco de la tarde?—. El tiempo sí que pasó rápido, ¿no?
—Siempre lo hace cuando te estás divirtiendo —su rostro se iluminó con una sonrisa —. Para que sepas espero que tu cita con él sea fatal.
Hermione se echó a reír y empujó a Neville jugando en el hombro mientras se ponía de pie —Entonces, ¿te veré esta noche?
Neville asintió, también poniéndose de pie, y la besó en la mejilla—.Diviértete, Mione.
—Tú también.
Ella dejó la tienda y marchó hacia el oeste, en dirección de la plaza. Encontró a Draco diez minutos después, acostado en el borde de la fuente en el medio de la plaza, con la nariz hundida en un libro. Que peculiar. Ella no sabía que él leía en su tiempo libre. «Supongo que tiene sentido. Es un tipo inteligente.» Él la vio cuando se acercaba, deslizó el libro por su pecho y le sonrió.
—¿Tuviste una linda cita de juego con el niño-hombre?
—Neville fue todo un caballero —ella contestó, sentándose al lado donde tenía su cabeza apoyada. Malfoy se deslizó hacia atrás, descansando su cabeza rubia sobre su regazo—. ¿Cómo estuvo tu tarde estando solo?
—¿Quién dijo que estaba solo? —sus ojos grises brillaron. Ella tenía que admitir, que la idea de tener su cabeza acunada sobre sus piernas era bastante adorable.
—¿Estabas con alguien?
—No.
—Entonces estabas solo.
—Difícilmente —él movió el libro hacia ella y estiró los brazos sentándose derecho. Hermione le sacó el libro de la mano y recorrió el título: El Cuento de Bartholomeus: El jinete del Dragón —. Nunca estás del todo solo cuando tienes un buen libro.
La más leve de las sonrisas trazó el borde de sus labios. —Es verdad. ¿Así que esto es lo que has estado haciendo con tu tiempo libre esta tarde?
—Bueno, primero hice un recorrido —le dijo—, fui algunas tiendas para planear nuestra tarde. Una vez que hice eso, compré este libro y aquí estoy.
—¡Ya casi has terminado! —ella exclamó, impresionada cuando encontró la página en la que estaba con la esquina de la página doblada como la oreja de un perro—. No deberías doblar las páginas. Es malo para los libros.
—Son objetos inanimados, Granger —él empujó su hombro con el suyo—. No pueden sentir.
—Sí, pero deberías cuidarlos mejor.
—Entonces cómprame un señalador y lo usaré.
—Compra tu propio señalador. Se supone que deberías estar cortejándome, o ¿no lo recuerdas?
Él sonrió —Oh, no. Lo recuerdo —Se puso de pie, ofreciéndole la mano—. Vamos.
—¿Crees que podríamos saltear el café? —preguntó ella mientras tomaba su mano y dejaba que él tirara para que se pusiera de pie—. Creo que me he llenado de café por todo el próximo mes.
Él negó con la cabeza, una risa maliciosa saliendo de su garganta —.Creo que vas a disfrutar el café que tengo en mente, Hermione —ella alzó una ceja, y él se encogió de hombros—. Confía en mí —su mano seguía en la de ella (no era que ella se estuviera quejando), dejó que la guiara pasando varias tiendas de café y té hasta el callejón de una esquina, donde había una escalera apoyada precariamente sobre la Tienda de Artículos de Bromas de Zonko. Hermione miró alrededor del callejón, luego hacia la multitud bulliciosa de estudiantes, y parejas cariñosas y luego delante de ella a Draco.
—¿Qué estamos haciendo aquí exactamente?
—Estamos a punto de ir a nuestra cita, por supuesto —hizo un gesto a la escalera—. Sube.
—¿Arriba? —ella chilló—. ¿Quieres decir que nos subamos al techo?
—Oh, no me digas que tienes miedo de romper algunas reglas —la reprendió, acercándose a ella—. Si mal no recuerdo, tú y tus pequeños amigos del colegio siempre estaban ansiosos de romper el toque de queda.
Hermione sonrió, recordando la primera vez que Malfoy los había atrapado a Harry, a Ron y a ella escabulléndose de la cabaña de Hagrid en primer año.
—Tú también rompiste el toque de queda algunas veces.
—Sólo para asegurarme que ustedes no estuvieran causando problemas.
—Seguro, Draco —Hermione se rió, rodeándolo y dirigiéndose a la escalera.
—Lo que digas —. Ella decidió "¿Qué demonios?" y le regresó el libro antes de subir la escalera. Draco fue y sujeto la parte inferior, mirándole el trasero todo el tiempo hasta que ella estaba sobre el borde del techo. Zonko de alguna manera tenía un techo plano en comparación a las inclinaciones exageradas de las demás tiendas, y se convirtió en un escondite perfecto donde Draco había extendido un edredón afelpado con el emblema y el lema de Hogwarts: "Draco Dormiens Nunquam Titillandus" (Nunca le hagas cosquillas a un dragón cuando esté dormido). Al lado de la colcha había dos bolsas marrones de Honeydukes, y una pequeña canasta cerrada. Hermione estaba impresionada, ¿Draco Malfoy realmente había hecho todo esto por ella?
—Pensé que habías dicho que habría café —ella protestó un poco mientras él subía al techo junto a ella y ambos se colocaron sobre el edredón. Draco se rió para sí mismo, sacando algo de una de las bolsas de Honeydukes antes de arrojarlo sobre su regazo. Hermione lo levantó y vió que era una trufa con lluvia de chocolate—. Me encanta las trufas —se metió una en la boca y una explosión de sabor a chocolate le hizo cosquillas en la lengua. Sus ojos se abrieron de par en par, y vio la satisfacción extenderse en el rostro de Draco mientras él se ponía uno en la boca. Ambos disfrutaron de su trufa, ninguno habló mucho hasta que la terminaron, a lo que Hermione dijo— Tengo que reconocerlo. Eso fue bastante astuto.
—Soy la astucia en persona, hago honor a mi casa. —Él bromeó, recostándose en el edredón y trayéndola con él así la rodeaba con el brazo. Hermione sintió una oleada de calor de su lado cuando la acurrucó más cerca, con el brazo alrededor de sus hombros, y acariciando su brazo suavemente. Levantó su mano libre, y sacó algunas trufas más de la bolsa, y las puso sobre su pecho para compartir. Desde este punto de vista, Hermione podía ver a las suaves nubes blancas que circulaban por Hogsmeade y podía oler los diferentes aromas de las tiendas de abajo. Había un aroma característico de corndog en algún lugar en la mezcla, pero estaba segura que no encontraría ninguno en este lugar mágico. Después de todo, era comida muggle.
Draco puso una trufa en sus labios, y Hermione la mordió, metiéndose la mitad en la boca antes de que él la retirara y se terminara de comer la otra mitad. Para ser una primera cita, las cosas estaban yendo bastante bien. Hermione no sabía porque de pronto se sentía tan a gusto con él, mirando al cielo sin la necesidad de tener una charla inútil que no te llevaba a ningún lado. Él se las había arreglado para omitir todo eso de una sola vez, optando por acurrucarse; algo de lo cual Hermione no iba a quejarse. Ella supuso que tenía sentido. Ellos ya habían compartido un momento íntimo esa noche en su dormitorio cuando había puesto sus labios alrededor de su zona más privada… podían omitir toda esa parte innecesaria de: "que tanto esta persona gusta de mi", porque en el fondo, ambos sabían que se sentían atraídos el uno por el otro.
—Esto es maravilloso —ella le susurró, apoyando la mejilla sobre su pecho mientras levantaba la mirada a su rostro. Draco inclinó la cabeza en su dirección, el techo inclinando los de la manera correcta.
—Te dije que bailaría alrededor de la cita de Longbottom —sus dedos seguían acariciando su brazo, pero un poco más lento, como si estuviera memorizando cada detalle de su piel bajo sus dedos. Fue un pequeño gesto, pero hizo que sus oídos ardieran y sintiera un tirón en su estómago. Draco estuvo callado por un momento antes de volver hablar—. ¿Estás cómoda?
—Bastante.
—Hmm —él alcanzó la otra bolsa, buscando a tientas sin ver mientras sacaba un conjunto de galletas en forma de corazón envueltas en una caja de papel.
—Eres goloso —ella se percató.
—¿Qué puedo decir? Me encanta el azúcar —juntos abrieron la caja y se alimentaron mutuamente galleta tras galleta, riéndose cuando las migajas se caían en sus rostros o la galleta se rompía en sus manos. Le echaron mano a la canasta, sacando las bebidas para saciar su sed. Aunque era una experiencia refrescante estar con alguien sin tener que tener una charla ociosa, aun quería saber más de Draco Malfoy. Así que cuando terminaron toda la caja, ella se levantó apoyándose en su codo y le sonrió.
—Cuéntame más sobre las tradiciones de los sangre pura.
Sus ojos eran tiernos, más tiernos de lo que ella había recordado. Era como si finalmente hubiera saltado sobre esa pared que lo separaba a él de ser como todos los demás: humano y vulnerable.
—¿Qué quieres saber?
—Todo —ella respondió— ¿Cómo los sangre pura se cortejan entre sí? ¿Cuáles son las reglas? ¿Cómo tus padres le escriben a la cigüeña?
—¿Escribir a la cigüeña para qué o de qué?
—Sexo.
—Oh —él sonrió —Te refieres a los hipogrifos y dragones.
—Dime que acabas de inventar eso.
—No mentiría sobre algo terrible como esa frase —él también se apoyó sobre su codo, girando para verla—. No recuerdo exactamente cuántos años tenía cuando ellos sacaron el tema. Sin embargo, sí recuerdo que fue después de que los encontré infraganti haciéndolo como banshees.
Hermione se estremeció —.Tal vez eso es demasiado detalle.
—Créeme, eso es nada comparado con lo que me encontré. Todavía está grabado en mi cabeza —con una habilidad sutil que solo conocían aquellos que habían salido de Slytherin, él serpenteó su brazo alrededor de la parte superior de su cadera y apoyó la mano en el balanceo de su espalda—. De todas formas, mi Padre me llevó a su estudio al día siguiente y me dijo que —puso la mejor personificación de su padre, exagerando la calma en la que habló—, cuando un hombre ama una mujer, él debe encontrar maneras de mostrar su afecto de tal manera para lograr su satisfacción.
—¿Eso es todo?
—Eso es todo.
—¡Esa es una manera horrible de explicar el sexo! —ella echó la cabeza hacia atrás riendo, y Draco aprovechó la oportunidad para acercarla más, apoyándola contra él. Su risa se desvaneció, y cuando volvió inclinar la cabeza hacia adelante, estaba frente a frente, rozando la nariz con él—. Bueno, no es de extrañar que estés tan determinado en destruir mi plan de estudios. Incluso me sorprende que hayas perdido tu virginidad.
—¿En serio? ¿Me has visto? —él rozó los labios sobre los de ella, prolongando el momento—. Cuando alguien se ve como yo, ¿en serio crees que no habría mujer tras mujer aprovechando la oportunidad de mancillar mi inocencia?
—Entonces, ¿eso es lo que sucedió?
Él mordió su labio inferior seductoramente —.Profesora Granger, ¿me está preguntando cómo mojé mi primer cereza?
Su corazón estrelló en sus oídos, pero Hermione mantuvo la cabeza fría mientras sacaba la lengua y acariciaba los labios de él. Draco siseó un suspiro frustrado, pero se abstuvo de obligarlos a dar un beso caliente.
—Ambos éramos Prefectos —él continuó—.¿Recuerdas el tamaño de la piscina que tenían en esos baños?
Los ojos de Hermione se agrandaron, y apartó su rostro por un momento— ¿Estás diciendo que perdiste tu virginidad en el baño de los Prefectos? ¿Con quién?
Draco rodó los ojos—. Con el único otro Prefecto de Slytherin que había. Sígueme el hilo.
—¿Pansy Parkinson? —Hermione hizo una mueca—. ¿Te tiraste a Pansy Parkinson?
—Bueno, ella lucía bien desnuda —él se encogió de hombros—. No me importaba mucho su cara. Tenía quince años, se un poco más tolerante. Si te hace sentir mejor, ella no era tan buena.
—De hecho, eso no me hace sentir para nada mejor.
—Ahora mira quien se está poniendo verde —él sonrió, acercándola más de nuevo y dándole un beso muy atento a sus labios—. Si quieres, puedo pretender que todo el asunto nunca sucedió. Volver a nacer virgen. Tómame, Granger —se lanzó dramáticamente hacia atrás y se rió contra la manga de su abrigo. Hermione estalló en un ataque de risa, golpeándolo fuerte en el pecho. Draco continuó riéndose, incluso más, —¡pe-pero prométeme que…jajaja…serás amable! —Ella lo pellizcó con fuerza en el costado, y él dio un respingo, sentándose derecho —¡Oye! Eso no está bueno.
—Nunca prometí ser amable —ella hizo un guiño, dándole un empujón. Draco se encogió…¿era cosquilloso? ¡Oh, esto es brillante!, ella comenzó a pincharlo, viéndolo retorcerse mientras fruncía el ceño entre ataques de risa. Pronto, él tomó represalias, clavando los dedos a sus lados sin piedad. Hermione gritó, estallando en carcajadas mientras arrojaba su rostro contra su pecho.
—¡Me doy por vencida! Jaja ¡Me doy por vencida!
—¿Qué fue eso? —él regañó— ¡No puedo escucharte!
—¡Me doy por vencida! —ella gritó.
—Ya lo creo que si —él la rodeó con sus manos y la trajo para ponerla encima de él, acariciando su cuello con la suave sensación de sus labios mientras plantaba beso tras beso tierno— Dilo.
Hermione estaba perdida en la sensación, y para decir algo tuvo que susurrar— ¿Decir qué?
—Di que yo gané.
—Yo gané.
Él la mordió fuerte bajo la curva de su mandíbula. —Vamos. Nadie dijo que te pusieras descarada —una de sus manos se deslizó hacia abajo, bien abajo hasta que se detuvo justo antes del borde de su falda plisada—. Puedes decir no si no quieres que lo haga —dijo mientras sus dedos acariciaban la parte externa de su muslo—, pero me gustaría mucho devolverte el favor por lo de la otra noche…
Los ojos de ella recorrieron su rostro, buscando por cualquier intento dudoso, y al no encontrar ninguno, se preguntó a sí misma una pregunta muy seria: ¿Ella quería conscientemente dejar a Draco Malfoy entrar en sus bragas? ¿Estaba preparada para dar ese paso? ¿En un techo? ¿en el día de San Valentín?
—Si dijera que no en este momento —ella comenzó en voz baja, desviando la mirada —, ¿con esto sería suficiente?
—Si me estás preguntando si me conformaría simplemente besándonos —él respondió, retirando la mano de bajo de su falda para meter un mechón de pelo detrás de su oreja—, me gustaría recordarte que aparte de una aventura de una noche, he estado perfectamente satisfecho con mi mano este último año. Puedo esperar un poco más…tengo la sensación que la espera valdrá la pena —esbozó una sonrisa y le guiñó el ojo.
Un alivió se agitó en su estómago, y ella asintió. —Puedo dar fe que lo será.
Entonces él la soltó, permitiendo que ella rodara sobre su espalda y se acurrucara a su lado otra vez. Intentaron comer el resto de la bolsa de dulces hasta que sus estómagos les dolieron y su nivel de azúcar en sangre se elevó. De vez en cuando, bromeaban, pero al final tomaron el sol del atardecer y gozaron del hecho que dos profesores de Hogwarts, quienes una vez se detestaron, podían compartir un día de San Valentín juntos y disfrutarlo inmensamente.
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NdT: Bueno aquí estamos nuevamente, espero que hayan disfrutado el capítulo que en realidad fue bastante dulce, ¿no les parece? Aunque todavía falta para terminar la velada…puede suceder de todo…o no…o si…o..mmm…no sé :-P
Ya que llegaron hasta aquí les quiero recomendar otra historia de MrBenzedrine "Como Entrenar a tu Auror", traducido por mi querida amiga Pekis Fletcher. Es una trilogía, así que hay historia para rato y muy buena por cierto.
No puedo decir mucho más que espero que les haya gustado el capitulo, muchas gracias por la paciencia. Que tengan una gran semana. Lo mejor para lo que viene. Un besote y un gran abrazo.
