Ultimo capítulo de esta historia (hasta que por fin, pues!).
Los personajes de esta historia pertenecen a JK Rowling. El resto me lo hice yo.
Una noche.
Niebla. La luna en menguante aun podía transmitir sus rayos a través de las densas nubes que cubrían el cielo de Godric's Hollow. Pero la niebla que caía como un manto pesado le hacia tiritar de frio. Su camisa estaba desgarrada, y su espalda sangraba. No le importaba. Nada importaba en ese momento.
- No puedes regresar.
- Y quien me lo va a impedir, ¿tu?
- Si tengo que hacerlo por tu seguridad y la de la Orden, lo hare.
- ¿La Orden? ¿Cual Orden? Estamos destruidos, el…el traidor…
No pudo continuar hablando. Su corazón estaba roto: su mejor amigo les había traicionado. Aquel de ojos brillantes y mente despierta, aquel que nunca dejaría de ser un niño, había vendido su alma al mismo infierno, y había traicionado su confianza.
Y la de ellos. Oh, querido Sirius, ¿por qué?
Tenia que volver, tenía que saber que había pasado, verlo con sus propios ojos. Saber la verdad. Y Dumbledore con su poder completo no iba a impedírselo.
Albus Dumbledore vio sus ojos. Rojos como sangre. Pero la luna no era la culpable, sino las miles de lágrimas que no dejaban de manar de ellos. Y sintió algo más, que hizo que la dureza de sus ojos azules se tornara en algo parecido a la alegría.
- Tal parece que el poder de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado ha menguado considerablemente – Suspiró con tristeza – No todo serán malas noticias.
Los azules ojos de Remus por un momento fueron cubiertos de la niebla de los sentimientos encontrados. Si la fuerza de su enemigo había sido disminuida, a costa de la vida de sus amigos, de ella… que debería sentir entonces… ¿felicidad?
- Voy a casa de James.
- Voy contigo.
- ¿Que? Acaso no decías que era…
- El peligro ha pasado. Lo siento… lo percibo de una extraña forma.
Se acercaron a la casa de James Potter. Desde el porche se podía escuchar el llanto de un bebé. Minerva McGonagall había llegado poco después de ellos, acompañada por Hagrid, y los cuatro entraron rápidamente. Lo que encontró Remus esa noche, esa imagen, lo torturaría por los siguientes años en sus pesadillas.
Minerva recogió al niño en sus brazos, y lo cubrió con una manta. Dumbledore percibía el sutil olor a serpiente en el ambiente.
- Es un milagro… El bebé… ¡Harry esta vivo! – Dijo Hagrid.
- Albus, mira su frente, tiene una marca – Dijo Minerva.
- Es… increíble, esta marca… - musitó Dumbledore
- El sacrificio de Lily para salvar a su hijo – dijo Remus, levantando suavemente el cadáver de la única persona a quien amaría aun después de la muerte. Miro los ojos del bebe que lloraba, y se dio cuenta que su vida, y la de todos quienes estaban ahí, jamás volvería a ser la misma.
Miró por última vez los ojos verdes de Lily, ya sin vida, sin brillo, y los cerró con la punta de sus dedos. Sus lágrimas comenzaban a bañar las mejillas de la mujer muerta.
Una noche.
El, un hombre que veía en la oscuridad a través de sus ojos de sangre, sumido en un dolor que se había desvanecido, encontró en una serpiente la resurrección de su pena.
Ella, una mujer que veía como en un espejo la mirada de sus ojos de jade, encontró en una serpiente el camino a la eternidad.
Ella partió dejando un regalo a su pequeño espejo de los ojos de jade.
El no pudo decirle adiós. Sus ojos azules, antes de sangre, solo pueden llorar.
Ella. Lily.
El. Remus.
Muchas gracias a quienes pasen por aquí. Dejen sus comentarios, por favor. De veras se los agradeceré. Un abrazo, Zanella Misaki.
