AVATAR NO ME PERTENECE
¡Hola a todos los fieles lectores de esta historia! Perdón por la tardanza. Mis propios problemas personales además de mi falta de inspiración han causado este retraso. Sigo disculpándome aunque sé que no hay excusa.
Espero este capítulo disculpe todo el tiempo perdido y que sea de su agrado. Gracias a todos los lectores de esta historia, especialmente a Kori, gracias por tus comentarios. Cualquier crítica o sugerencia, háganla, me ayuda al momento de escribir.
Capitulo#9: Como el Pai Sho.
Torán se encontraba viendo sus músculos en el pequeño estanque del palacio cuando Katara apareció. La chica lo miró de manera divertida al notar que él aun no sabía de su presencia. El sol de esas horas del día estaba muy fuerte y la maestra agua, decidiendo que no podía aguantar más carraspeó potentemente causando que el joven príncipe cometiera movimientos tontos.
Ella rió y él apenado se rascó la parte inferior de la nuca.
-bueno…- declaró torpemente- No esperaba esto.
-eso mismo le dijo Sokka a mis padres cuando le revelaron mi futuro nacimiento, pero como ves…- se encogió de hombros- aquí estoy.
Torán, por primera vez en un tiempo algo largo permitió relajarse y recorrió a la maestra agua con la vista hasta que ella se sentó a la sombra de un frondoso árbol esperando por él a unírsele.
Algo dudoso caminó hasta estar junto a ella. Desde donde estaban podía verse los patos tortugas recorrer el estanque con pequeños chapoteos. Aves volar sobre el agua tocando con suavidad el líquido con sus alas. No pasó mucho antes de que se enfrentaran cara a cara. Katara suspiró pesadamente sabiendo lo que venía.
-yo, te he venido a pedir disculpas.
-¿Disculpas?- se sorprendió él- ¿Por qué?
-me di cuenta que me he comportado como una tonta ayer- repuso- el problema no es contigo y como una cobarde descargué mi rabia en ti, creo que eso, por lo menos, merece venir a pedir una disculpa ¿no?
Torán sonrió simpáticamente y agarró las dos manos de la joven con suavidad.
-Katara. Te perdoné casi inmediatamente después del incidente aunque- comentó juguetón- es lindo ver tu preocupación por mí.
-eres mi amigo, se supone que me debo preocupar.
-o quizá es porque sientes algo más.
-Torán…
Él se acercó peligrosamente a ella casi hasta que respiraban el mismo aire, sus alientos chocaron y Katara se perdió completamente en el momento que sus ojos, empezaron a cerrarse, estaban tan cerca que el crujir de una rama hizo que ambos saltaran a la distancia.
Era la reina, madre de Torán, que estaba un poco cerca de ellos con un pergamino en sus manos.
Su rostro se iluminó al ver a Katara.
-¡Gracias a los espíritus!- exclamó- señorita Katara han enviado esta misiva de la nación del fuego, ha entregarse de inmediato al avatar Aang.
Katara agarró el pergamino con algo de cuidado, le dio una última mirada a Torán y luego a la reina, hizo una leve reverencia a modo de respeto.
-Me encargaré de dársela de inmediato, señora.
Y diciendo eso se fue rumbo a su casa.
XXXX
En los lugares más recónditos de una selva ubicada en la nación del fuego, se encontraba un tipo de cuartel general con tropas enemigas del señor del fuego Zuko listas para la batalla. En una pequeña pero fina tienda, justo en lo alto de una pequeña colina, se encontraba la princesa Azula alistando su uniforme militar.
Tenía el pelo como anteriormente lo usaba y ahora, en lugares específicos había acomodado unas afiladas dagas para dar golpes rápidos y certeros a sus oponentes. Frunció el ceño enormemente cuando sintió a alguien irrumpir en su habitación. Se volteó para ver al mismo hombre que la había ayudado hacía poco tiempo.
-¿Por qué se coloca el uniforme?- preguntó- todavía no es tiempo de la batalla.
-he recobrado mis fuerzas- contestó- y este plan se está tardando demasiado. Creo que es el momento de tomar la situación en mis propias manos.
El hombre no contestó pero simplemente se dispuso a sentarse tranquilamente frente a una gran mesa de Pai Sho que estaba en el lugar.
-¿le gustaría jugar?
Azula lo miró con ironía.
-No perderé mi tiempo en eso…
-por favor…- continuo él- hagámoslo como la última partida amistosa que tendremos antes de su ida.
La joven princesa suspiró y fue a sentarse cerca del señor examinando las piezas ante ella.
-haga su primer movimiento- ordenó él.
Ella sonrió, sabiendo exactamente a donde mover.
El señor movió la pieza como que si ese movimiento no tuviera gran importancia.
Bajo la luz de las velas pasaron horas en ese lugar moviendo las piezas de un lado a otro, tratando de ganarle al enemigo. Azula se devanaba el cerebro tratando de hallar su siguiente jugada mientras su acompañante, muy tranquilo, movía la siguiente pieza como que si aquel juego fuera algo simple y aburrido.
Después de dos horas el hombre pudo proclamar su victoria a la princesa, quien azotó su puño sobre la mesa en frustración. El hombre la observó fijamente antes de hablar.
-ahora, si ha aprendido algo ¿puede relacionar esto con la vida?
Ella se enderezó sin poder encontrar palabras saliendo de su boca.
-desde que comencé a jugar- comentó él- yo tenía un plan, al contrario de usted- Azula agrandó los ojos, sorprendida- me tomó mucho tiempo vencerla, dos horas exactas, pero lo conseguí, la derroté y no importó el tiempo.
-dígame, esto que tiene que ver con mi situación, aun tengo que marcharme.
-Princesa Azula…- repuso calmadamente- ¿hasta dónde cree que hubiera podido llegar sin un plan estudiado de ataque?
No contestó.
-a mi parecer no muy lejos. A usted le parece que el plan que hemos ideado es muy tardado y ha tomado demasiado tiempo pero dígame, ¿no es mejor algo lento pero seguro que algo rápido pero mortal?
La princesa asintió levemente.
-si se hubiera ido así, a batallar sola, no habría pasado mucho tiempo antes de que hubiera sido encarcelada y yo no habría sido capaz de liberarla. Nuestro plan será lento pero tarde o temprano el avatar y todos sus amigos caerán, uno por uno. A mí me parece esperar a que ese día llegue. Si usted decide adelantarse, no se arrepienta después.
-¿y qué haré durante todo el tiempo que dure la ejecución de ese plan tan famoso?- preguntó ella con enojo.
-¿Por qué mejor no me lo dice usted?
Ella sonrió con suficiencia y pronunció misteriosamente.
-¿me podría llamar a Moh Lee? Tengo una tarea especial para él.
XXXX
Aang enrolló el pergamino mirando a la nada con suma preocupación. Katara, Sokka y Toph estaban en la sala junto con él, esperando las noticias. Un suave viento entró por las ventanas removiéndoles las ropas y silbando de una manera casi fantasmal y espeluznante.
Se oyó un solo suspiro seguido de las siguientes palabras:
-Azula escapó de prisión.
Sokka y Katara voltearon a verse preocupados mientras Toph seguía con su cara orientada a la nada.
-y en el palacio ha habido enormes problemas desde hace semanas que nadie, nadie había sido capaz de informarme.
-Zuko debe tener una razón- respondió el guerrero de la tribu agua.
-¡nada justifica esto!- exclamó el avatar enojado- el escape de Azula puede significar una segunda guerra…
-ella no está en su capacidades mentales- comentó Katara.
-de eso no podemos estar seguros. Después de todo, escapó. A mi parecer ella está muy lúcida.
-¿entonces qué vas a hacer?- preguntó la ciega, interviniendo por primera vez en la conversación.
-volveré cuanto antes a la nación del fuego.
-¡pero aun no terminamos aquí!- se escandalizó Sokka.
-ahí es donde tu entras- dijo Aang seriamente- te quedarás aquí hasta que las cosas calmen.
-¡Que!- gritaron Toph y Sokka al mismo tiempo, viéndose con un sano rubor al final.
Pues lo que han oído. Yo me marcho. Sokka, quedas al cargo de esta situación.
Hasta el próximo capitulo.
