¡Hola! Por fin les traje el penúltimo capítulo de este loco fic, espero me disculpen por la tardanza pero la universidad me tiene muy ocupada. ¡Disfrútenlo!

Aclaratoria: Este capítulo está narrado desde el punto de vista de Gon.

Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter son propiedad del ser más Troll del planeta Togashi-Sensei (Deja de trolearnos malayo).

Advertencia: Este fic tiene contenido para adultos (Lemon +18 o +16) y "contenido yaoi" queda a discreción del lector, así que si no es de tu agrado; tienes tiempo de retirarte o saltarte al otro capítulo, aunque… el otro será igual xD.


Capítulo 9: Gon x Killua x Ella.

Mi corazón comenzó a latir rápidamente intentando bombear el suficiente oxigeno para que yo pudiera entender que es lo que estaba ocurriendo, mis ojos recorrían de arriba abajo todo su ser; si, no cabía duda alguna que esta persona frente a mi era Killua. Entonces, ¿Por qué? ¿Por qué frente a mi también yace Kiki? Mi vista se nubló, no recuerdo nunca antes haberme sentido así, es una sensación extraña en mi pecho, como si un líquido amargo y frío se esparciera por él. Apreté mis ojos con el único objetivo de esperar que cuando los abriera solo estuviera Killua, pero fue inútil; ella seguía allí mirándome con sus ojos llorosos y llenos de tristeza, su cuerpo temblaba con tal ferocidad que pareciera que caminara debajo de una tormenta nevada, pero no, estábamos en la calidez de nuestra habitación, muy cerca el uno del otro.

—¿Killua?—, dije. Para cerciorarme que era verdad.

—Gon…— Me respondió, pero ésta no era la voz que estaba esperando, no era desconocida para mí, pero no era la que esperaba.

Me acerqué aún más; debía comprobarlo, tenía que estar cien por ciento seguro que esto no era una mala jugada de mi mente. Lo despojé de sus prendas superiores con gran velocidad, no quería esperar ni un minuto más para saber que todo esto era una terrible confusión, pero lo que encontré me dejó desconcertado. ¿Qué era lo que ocultada detrás de esas vendas? ¿Una herida? Claro… «Gon, ¡tú sabes lo que es!», me habló mi propio cerebro. Experimenté un estado letárgico, no sé cuantos minutos pasaron pero lo único que sé es que mis ojos no se apartaban de ella, ahora su miedo se había convertido en pánico.

Mi razón no podía determinar qué es lo que debía hacer, yo estaba alterado. Lo empujé bruscamente al suelo y desgarré sus vendajes sin controlar mi fuerza, los restos volaron por todas partes; y ahí lo pude ver, todas mis dudas se disiparon instantáneamente. Era Kiki. Eran sus pechos, los pude reconocer. ¿Por qué? ¿Por qué?

—¿Killua?...—, pregunté; necesitaba una respuesta para comprender lo que estaba ocurriendo.

Sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas y su rostro reflejaba una terrible angustia. ¿Tenía miedo? ¿De qué? Si solo estábamos él y yo.

—Gon… Yo…—, de nuevo esa voz aguda. No puedo entender nada.

¿Qué estaba sucediendo conmigo? Mi cuerpo se tensó sobre el de ella o ¿él? Miré mis manos con terror, éstas que hace unos segundos habían descubierto la verdad y se sentían sucias; como si hubiera profanado lo más sagrado y puro que pueda existir.

Debajo de mi, el temblor en su cuerpo aumentó y en un acto de huida se arrastró hacia atrás tratando de escapar de mis manos, se topó con la mesa de noche a sus espaldas; me acerqué ¿Por qué se alejaba de mi? Si lo que más quería era tenerlo cerca y comprender lo qué pasaba. Nuestros rostros ahora estaban a centímetros de distancias sintiendo su respiración pesada; en ese momento pude ver reflejado en sus ojos mi cara, ya entendía el porqué de su miedo. Yo realmente lucia como un paranoico.

—Killua… ¿Tú… eres Kiki…?—, tuve que tragar grueso para poder pronunciar esas palabras. No recibí respuesta. Mi paciencia se estaba terminando. Necesitaba saber la verdad. Coloque mis manos a ambos lados de su cabeza golpeando con fuerza el mueble detrás de sí, se sobresaltó y sus labios comenzaron a temblar.

Él esquivó mi mirada volteando su rostro, sabía que no podía escapar de esta pregunta.

—Gon… Yo… no quería mentirte…— ¿Mentirme? ¿Acaso había secretos entre nosotros? —Yo… yo solo… quería estar a tu lado…— No pudo contener mas su llanto, él verlo de esta forma me hacía sentir miserable ¿Acaso fui yo quien le hizo sufrir?

A mi mente llegó la imagen de aquel cuarto oscuro y el sonido de sus sollozos retumbaban en mi cabeza. Killua era Kiki, ¿Por qué? No lo sabía, pero este no era el momento para preguntar eso. Él estaba llorando y era por mi culpa, lo peor de todo es que esta no era la primera vez que sufría por esta causa.

"—Ese día… en el vestidor, sentí que mi corazón se saldría, no por el miedo y ni por aquello que haríamos si seguíamos. Fue porque… sentí que mis sentimientos eran correspondidos… fui muy feliz."

Esas escenas emergían desde lo más profundo de mi conciencia.

"—Yo te quiero. Te quiero mucho. Deseo que me permitas estar a tu lado y ser esa persona especial para ti."

No puede ser…

"—Pero… creo que tú no me quieres de la misma manera como te quiero yo… Kiki… yo no puedo cumplir tu deseo, no puedo estar a tu lado."

Ahora sí que lo comprendía todo… Había sido un completo idiota. Mis mejillas se quemaban; estaba confundido y avergonzado, todo lo que había deseado desde hace tanto tiempo lo deseché y no una, sino dos veces.

Sí, yo amo a Killua, él es la persona más importante para mí; lo supe desde ese día que nos separamos en el Árbol del mundo, literalmente sentí que la mitad de mi corazón se iba con él, pero en ese instante no pude decírselo y la pasé bastante mal luego de eso. A pesar de que estuve mucho tiempo con Ging haciendo cosas divertidas y emocionantes, algo me faltaba, necesitaba tenerlo a mi lado para ser como yo soy y que él me detuviera cada vez que quería hacer una locura; pero no, ya no estaba.

No culpaba a su hermana, más bien me alegré de saber que por fin podría compartir con alguien de su familia que en verdad lo quisiera.

Me culpaba a mí y a mi egoísmo, la absurda manera como actué durante el combate contra las hormigas quimera, me arrepentí y le pedí disculpas y él naturalmente me perdonó, pero tal vez algo había quedado en lo más profundo de su ser, ese ha sido mi mayor temor durante todo este tiempo. Por obra del destino, mi sufrimiento no duró demasiado pues luego de medio año pudimos volvernos a encontrar y decidí que estaría a su lado pasara lo que pasara. Y ahora estoy aquí acorralándolo, pidiéndole una explicación del porque está en esa forma, pero lo más importante es que el dolor me está carcomiendo al saber que destruí aquello por lo que estuve luchando durante estos dos años después de que volvimos a estar juntos.

Ahora sí que lo comprendía todo: sus lágrimas, su extraño comportamiento, su repentina enfermedad, la forma como actuaban Leorio y Kurapika y sobre todo que Killua me había confesado su amor y lo rechacé.

¿Cómo pude ser tan ingenuo? ¿Cómo no me pude dar cuenta de que era él? Su olor peculiar, sus ojos, su forma de expresarse y… el sabor de sus labios dulces… Todo me era muy familiar, y hasta la incontrolable atracción que sentía por Kiki tenían una explicación: era Killua, mi Killua.

Su temblor se pasó a mí.

—Killua… Killua… Killua…—, mi mente está fuera de control, sacudí mi cabeza intentando calmarme pero era inútil.

—Gon…—, lo dijo casi en un susurro, escuchar que pronunciaba mi nombre me alteraba.

Me estaba llamando y yo no le respondía pues estaba perdido en algún lugar que no puedo reconocer.

—Lo siento… Gon…— Calmó un poco su llanto y me miró intensamente, una de sus manos tapaba su pecho y la otra la levantó para tocarme el rostro; que caricia más dulce y tierna, su palma estaba fría y de nuevo esa sensación de una suave brisa que tanto me agradaba me recorría el cuerpo. —Lo siento…

¿De qué demonios se está disculpando? Si soy yo el que debería estar de rodillas ahora mismo implorando su perdón.

Bajé mi mirada y recorrí su cuerpo medio desnudo, sus mejillas están sonrojadas y sus labios pálidos, el tener esa imagen frente a mí, hizo que mi corazón se volviera loco. Si, definitivamente; ella era Killua.

Hoy vine decidido a confesar lo que sentía pero las palabras estarían demás en esta situación por lo que lo tomé entre mis brazos alzándolo por el aire y lo recosté suavemente sobre mi cama posándome sobre él.

Desde este ángulo podía observar cada detalle de su esbelto y bien formado cuerpo.

—¿Gon?...—, preguntó intrigado.

«Deja de decir mi nombre o no podré contenerme», pensé. Entendí que no podía resistirme más a sus encantos; no podía ni quería. Deseaba tomarlo entre mis brazos y no dejarlo escapar nunca más, pero esta vez era diferente, después de todo lo que pasó sería insensato hacerlo sin su consentimiento. Me acerqué a su oído y para susurrarle lo más suave que pude.

—Killua…. ¿me permites ser esa persona especial para ti?...

Noté como sus ojos se abrían de la impresión y un mar de lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas, tan lindo e inocente; intentaba evitar que siguieran saliendo limpiándose con sus antebrazos y hasta un pequeño resoplido de su nariz escuché.

Mi rostro se había ablandado y una leve sonrisa pareció en mi semblante al ver lo encantador que podía a llegar a ser mi tímido niño de cabellos plateados.

Me aproximé a su cara y besé sus mejillas, estaban húmedas por el rastro dejado por esas lágrimas saladas que había derramado hace un momento. Sus sollozos habían desaparecido por completo, pero el rojo de sus cachetes aun no desaparecía, le hacía ver encantador. Observé esos ojos azul intenso de tanto me gustaban; aunque ahora no reflejaban esa oscuridad, no perdían la esencia de su ser, él seguía siendo el mismo a pesar de estar en esa forma.

Ya habían pasados unos cuantos minutos desde que hice aquella pregunta, pero solo nos quedamos mirándonos mutuamente, sin decir una palabra; tal vez no queríamos estropear el momento, o simplemente toda palabra estaba demás. Entre más lo veía más deseaba darle muchos besos para demostrarle aquello que nunca me atreví a decirle con palabras, no quería esperar más para hacerlo por lo que decidí volver a preguntarle.

—Killua… yo… ¿pued-…—, él me detuvo. Abrió sus grandes ojos y estos brillaban intensamente tanto que al instante me embelesaron, y estiró sus dos brazos como si me invitara a que lo abrace. Me recordó a un niño pequeño que pide ser cargado por los brazos de su madre. ¡Qué adorable! Me quedé inmóvil ante esa escena, no sabía que Killua podía llegar a ser tan dulce; siempre fue una persona burlona y sarcástica, nunca me había mostrado este lado tan tierno, tal vez; por fin era digno de ello, yo por fin ¿He podido llegar hasta su corazón? De seguro que sí, porque obviamente esto era una aprobación a mi anterior cuestionamiento. Por fin, podría ser su persona especial.

Esto fue como un encendedor para mí, me abalancé sobre él abrazándolo con fuerza y él me apretó por el cuello, no queríamos separarnos; pero yo debía hacerlo, necesitaba tomar esos labios acaramelados de nuevo y hoy nada me detendría; finalmente, expresaría todo aquello que tuve guardado por tanto tiempo y que por miedo no pude mostrar.

Me dejé llevar por mis instintos y lo besé como si no hubiera mañana, por alguna razón sus labios estaban fríos, pero eso no era un problema porque yo me encargaría de calentarlos. En ese contacto pude sentir como él se entregaba a mí y yo a él no había nada de qué preocuparnos en este momento, lo único importante éramos nosotros y el amor que nos teníamos.

Su timidez desapareció y ahora era él quién prácticamente me estaba comiendo, que sensación mas embriagante, su lengua paseaba por toda mi boca degustando cada espacio de ella, nos separamos para tomar una bocanada de aire ¡Pero nada más! No queríamos perder ni un minuto de este encuentro. Mordí sus labios y los succioné un poco haciendo que gimiera muy bajo, pero sí que logré escucharlo. Bajé hasta su cuello para aspirar su aroma, olía muy bien, a perfume tal vez, lo exploré con mi vista y lo mordisquee hasta saciarme. Me separé un poco y pude notar unas tenues marcas rojas por su exquisita piel.

«Gon, idiota. Killua ahora es una niña»; si, debía ser mucho más cuidadoso, ahora era susceptible a mis bruscas manos y no podía olvidar eso. Suavemente comencé a acariciarle su blanca tez desde de su cuello y sobre sus hombros, era tersa y lisa, como de porcelana. Seguí descendiendo con mi mano hasta encontrarme con sus sedosos pechos, si antes no me habían alterado ahora que lo pensaba un poco, si me estaban excitando de más, imaginarme a Killua con pechos me emocionó.

Si, a mi me gustaban las mujeres; pues desde pequeño tuve la suerte de poder interactuar con ellas; pero yo definitivamente amaba a Killua así que no me importaba como se viera. Hombre o mujer, no me importaba; Killua siempre sería Killua. No quería tener nadie más a mi lado; aunque después de todo era un hombre y ver todos estos rasgos femeninos en él me hacía sobreexcitarme. Los estrujé delicadamente apreciando lo blandos que eran, y los masajee haciendo que él se removiera suavemente debajo de mí.

A este punto ya podía percibir como mi miembro había crecido entre mis pantalones y como un cosquilleo recorría toda mi entrepierna. Por mi inexperiencia, sentí la necesidad de llevar a cabo el encuentro final, pero no, no debía. Debía seguir demostrándole todo lo que en verdad lo quería. La ropa no era necesaria en este momento por lo que me quité mi chaqueta ¿Por qué aun la llevaba puesta? No lo sé, pero la arrojé lo más lejos que pude al igual que mi playera de color azul, ahora estábamos a la par.

Acercó sus manos para acariciar mi torso descubierto, este acto hizo que un escalofrió me recorriera por todo el cuerpo. Seguramente se emocionó pues se apoyó en sus codos para poder levantarse y morder uno de mis pectorales con toda la fuerza que pudo.

—¡Auu Killua…!—, me quejé; sí que me había dolido pero al mismo tiempo me había extasiado.

Él se volvió a recostar y se tapó tímidamente. —Lo siento… no pude evitarlo—, dijo mientras se mordía a si mismo su labio inferior.

¿Cómo Killua podía ser tan sensual? Ya no podía controlarme más. Descendí hasta su vientre plano pero su short molestaba en mi travesía pues no me dejaba encontrar aquello que estaba buscando, lo bajé lentamente sin querer lastimarlo, pero mientras iba retirándolo se iba descubriendo algo que me dejó atónito. Una pequeña braga de color blanco con encajes que tenían un lacito en la parte superior. Mis ojos se abrieron de par en par ante tal imagen.

Killua trató de cubrirse pero se lo impedí; era evidente que esta avergonzado, terminé de sacarle los pantalones y me detuve a mirar la pequeña prenda. ¿Por qué tenía puesto eso? No lo sabía, pero no me desagradaba para nada.

—Gon…—. Salí de mi atontamiento y le miré al escuchar su voz, él me señalaba el rostro. Al tocarme noté como había sangre en mi manos, ¿mi nariz estaba sangrando? ¿Esto era lo que provocaba ver ese mini bikini en esa parte tan sensible de mi amado? ¡Qué pervertido soy!

Me limpié y seguí con mi cometido. Acaricié su vientre por encima de su prenda interior y poco a poco fui descendiendo aun mas, él se resistió poniendo rígido su cuerpo. Le separé las piernas y las masajee para tranquilizarle y al parecer funcionó. Rocé por aquella zona prohibida y comprobé que estaba húmeda. Inconscientemente deslicé dos dedos al interior percibiendo un líquido caliente y pegajoso.

—Killua… estas muy mojado…—, le dije mientras seguía explorando su intimidad.

—¡Cállate! ¡No digas eso!—, su bochorno no era nada normal.

—Pero es verdad…mira…— No sé porqué lo hice pero tomé los dedos que anteriormente estaban en aquella cueva húmeda y los probé, era un sabor amargo pero a la vez dulce, este era el sabor de Killua.

—¡Oye! ¡No hagas eso!—, dijo incorporándose en sus codos.

—¿Por qué? Si me gustó…—Lo miré profundamente, cada minuto que pasaba estaba siendo más seducido por sus encantos. Lo tumbé de nuevo en la cama y me coloqué encima de él. —Esto te gusta ¿no?—, le dije mientras le acariciaba por encima de sus pantis.

El se revolvía debajo de mí como si algo le doliera.

—¿No te gusta?—, le pregunté. Si no le agrada pararía de inmediato.

—Gon… no aguanto más…—, dijo jadeando.

—¿Qué ocurre, Killua?

—Quiero sentirte…— Se sonrojó como nunca antes. Pero para su suerte entendí enseguida lo que quería decirme, no tenia que repetirlo dos veces, pues yo estaba pensando en lo mismo.

Al escuchar esas palabras pude sentir como un líquido brotaba de mi miembro mojando mi ropa interior. Estaba demasiado excitado como para pensar en ello y en un instante mi pantalón y mi bóxer ya no estaban en su lugar pues me los quité en un solo movimiento. Lo mismo hice con su pequeña braga.

Si era el momento decisivo, más pronto de lo que hubiera deseado, pero no podía soportar más la presión y el palpitar que sentía en mi miembro viril y Killua también lo deseaba; así que ¿Por qué alargarlo más? Tengo que confesar que estoy sumamente nervioso, no sé qué muy bien qué es lo deba hacer, sabía el procedimiento pero no todo podía ser como en los libros. Esta era mi primera vez.

Killua me miró a los ojos y prácticamente me leyó los pensamientos pues me brindó una sonrisa y me abrazó contra su pecho.

—No te preocupes. Yo también estoy nervioso.— Me susurró al oído. Si hoy también era la primera vez para él.

Esta debía ser para ambos la experiencia más linda y tierna que viviríamos una única vez. Lo más importante para mí es que sería con él; con Killua, con la persona que quiero pasar el resto de mi vida.

Antes de completar el acto, recordé algo muy importante, algo que Mito-San me había enseñado, no hacer cosas de adultos sin protección sino vendrían bebes. Me separé de Killua rápidamente.

—¡Se me olvidaba!—, dije colocándome los shorts a toda velocidad.

—¿Qué pasa Gon?—, me preguntó el muy desconcertado.

—Espérame será solo un minuto—. Salí por la puerta viendo el rostro desencajado de Killua.

Caminé por el pasillo buscando algo que vi hace unos días cuando nos registramos. Una máquina expendedora de preservativos. ¿Por qué había una allí? Tal vez porque este no era un hotel de mucho renombre que digamos y muchas parejas venían desde la cuidad para darse unas escapadas allí. Me coloqué en frente y miré fugazmente lo que había, eran demasiados ¿Cuál debía usar? ¡Al demonio! No había tiempo para pensarlo, así que los compré todos. Corrí hasta la habitación y entre como un rayo cerrando la puerta con seguro detrás de mí. No quería interrupciones.

—¿Cuál es Killua?—, dije lanzando todos los preservativos que traje en la cama. Él se sonrojo y se tapó la cara con las dos manos.

—¿De verdad pensaste en eso?—, dijo muy avergonzado.

—¡Sí! No queremos tener bebes ¿verdad? Aun no por lo menos…—, le brindé una sonrisa mientras esperaba su respuesta, pero creo que mis palabras lo avergonzaron aun más.

—¿Ah?—, pensé que se desmayaría ahí mismo pues el color de su cara era alarmante. Movió su cabeza en varias direcciones, tal vez con el objetivo de no pensar mucho en el tema. —¡Cual sea! ¡Éste!—, dijo tomando entre sus manos el primero que vio.

Tiré al suelo el resto y me senté de nuevo en la cama.

—Esto corto un poco el romance ¿no?—, me dijó mirando mi entrepierna.

—¡No! ¡Para nada! ¡Mira!—, le dije quitándome los short y quedando de pie frente a él mostrándole mi vigorosa erección. —Y si fuera así… volveríamos a comenzar de nuevo ¿no?...— Me aproximé y lamí su cuello juguetonamente, vi como un rápido temblor le pasó por su cuerpo y eso me gustó.

Nos besamos fogosamente después de eso, cada beso me hacía perder un poco más la razón, Killua sabía besar muy bien, o eso creo; en realidad nunca antes había besado a alguien, pero sé que jamás otra persona me haría sentir así.

Nuestros besos cada vez se volvían mas desenfrenados y desesperados, de vez en cuando él bajaba para lamer mi cuello; que sensación más placentera, y yo a su vez tomaba como míos sus pequeños capullos rozados que mordisqueaba y succionaba a mi antojo, sus gemidos ya invadían toda la habitación haciendo que yo me excitara aun mas, definitivamente él era para mí perfecto.

La necesidad me invadió y no soporté más el no tener un contacto más íntimo con él. Restregué mi miembro fuerte y erguido contra su entrada produciendo en ambos un placer indescriptible. Ya no había vuelta atrás, demandaba enseguida poseerlo.

—Killua…yo tampoco aguanto más…—, le dije mirándole a los ojos; dándole un rápido besos en su boca.

Él se levantó y sensualmente colocó el preservativo en su lugar, él que Killua fuera tan habilidoso en estas cosas me intrigaba un poco, pero luego se lo preguntaría, ahora lo único que quería era terminar aquello que habíamos comenzado en aquella oscura habitación hace unos días. Me abrazó de nuevo por el cuello y yo le correspondí gentilmente; mientras no paraba de besarlo. Killua movió un poco sus caderas hacia arriba tratando de facilitarme el acceso a ese recóndito lugar.

Yo no sabía muy bien donde era, por lo que tomé con una mano mi miembro para ayudarlo a buscar aquel paraíso que debía encontrar, no era tan fácil como parecía. Killua bajó una de sus manos y la posó sobre la mía guiándome, por fin ahí estaba; la tan anhelada entrada, coloqué la punta ahí pero el acceso era muy estrecho por lo que lentamente fui introduciéndome procurando mirar detalladamente cada reacción de mi ángel, no quería lastimarlo. Él gimoteó un poco mientras invadía su pequeño espacio interno. Cuando logré entrar completamente, me sentí como en el cielo, esas paredes me apretaban causándome espasmos en mi intimidad; igualmente el calor que me abrigaba era realmente delicioso.

—¡Gon!...—, dijo en un gemido bastante sonoro. Se aferró aun más a mi encajándome las uñas en mi espalda descubierta.

—¿Te duele?—, pregunté un poco preocupado. Él negó con la cabeza pero no se separó de mi pecho difícilmente podía verle el rostro. —¿Puedo moverme?— El asintió.

Estar dentro de Killua era un sensación sublime, podía sentir como su interior palpitaba contra mi produciendo un ritmo entre nuestros sexos; me moví inexpertamente apoyando mis rodillas en la cama. Los jadeos se convirtieron en gemidos, cada penetración era intensa hasta que poco a poco su abertura se fue acostumbrando a mis embestidas, delinee con mis yemas la figura de sirena que tenía y me detuve en sus cadera para ejercer más presión en nuestro encuentro.

—Gon… Gon…—, sus gritos me estaban volviendo loco.

Por un instante olvide la condición de Killua y me desenfrené por completo moviéndome con fuerza y vigor, necesitaba más de él, nunca me cansaría de esto. Me agaché para tomar en mi boca sus pechos mientras lo poseía a mi gusto. Me faltaba la respiración, mi cuerpo estaba sudando y esto hacia que fuera más excitante pues sentía el calor de nuestros cuerpos abrigándonos. Él me abrazó para lamer mi cuello con necesidad, ante este gesto sentí que llegaba al final, pero me contuve. Ahora sus dientes filosos se clavaban en mi hombro y eran acompañados por sus uñas en mi espalda rasguñándome con mesura. Killua está completamente consumido por la lujuria.

—Gon… quiero más…—, dijo casi suplicando.

Sentí un pequeño tembleque en mis rodillas ante la actitud demandante de él. Levanté una de sus piernas para envestirlo intensamente y funcionó, pude llegar hasta lo más profundo sintiendo un pequeño botón al final del trayecto, la sensación que eso producía en mi me estaba enloqueciendo comencé a moverme urgentemente rozando con rapidez mi nuevo descubrimiento, él se retorcía en cada penetración, al parecer esto le gustaba y a mi también. Inconscientemente el alzó su otra pierna apoyándola en mi hombro, ahora sí que sentía el cielo, mi miembro entraba hasta el fondo de aquella cavidad caliente y no quería salir de ahí. Me moví más rápido, más intenso, quería apoderarme completamente de su ser.

—¡Killua…!—, grité. Si, no pude evitar gemir también, nunca pensé que esta sensación fuera así.

Mis sentidos estaban perdidos en un mundo fantástico y él no me ayudaba mucho a llegar a la realidad pues ahora recorría con sus manos mi cuerpo, explorando y mordisqueando lo que se le antojara. La sensibilidad en mi glande me estaba preocupando, estaba palpitando ferozmente avisándome que se acercaba el final. Lo abracé con fuerza y alcé un poco las caderas para apoyarme solo en mis manos, esta posición me permitió rozar la parte superior de su intimidad. Él comenzó a gritar en mi oído, definitivamente encontré esa zona prohibida; y no iba a desaprovecharla. Desde hace algunos minutos me estaba contendiendo, sentí que fue una labor titánica el no correrme al ver esas expresiones de placer en su rostro pero quería hacerlo sentir bien.

—Gon…más fuerte…— ¿Más fuerte? ¿Acaso crees que es fácil el frenar todas las ansias que estoy sintiendo?

—Killua, eres demasiado exquisito, no podré contenerme por mucho tiempo…— No le parecieron importan mis palabras, porque me apretó mis glúteos con fuerza.

—Dame más…—, exigió.

Estaba aturdido por el placer, Killua era demasiado sensual, cada leve movimiento que hacia me llevaba al borde el éxtasis, su suave piel ahora estaba cubierta de sudor, y el calor proveniente de su entrepierna me estaba asfixiando, que desvergonzado era; usó sus piernas para abracarme sin que pudiera apartarme ni un centímetro de él, me deseaba aun más adentro. Ya no podía más; me quedé en esa posición y lo abracé con ímpetu, ahora mis arremetidas eran más violentas y precisas, su cuerpo comenzó a temblar entre mis brazos y sus gemidos se hacía cada vez más sonoros. Mi miembro se hinchó produciendo un deleite indescriptible, si, se acercaba el momento.

—Gon, Gon, Gon…. Yo…

El arqueó su espalda y con furia encajó sus uñas en mis nalgas. Gritó como nunca antes, avisándome que había llegado el tan ansiado final, esto hizo que me excitara gravemente pues contrajo los músculos ardientemente contra mi sexo y en un apogeo desenfrenado lo embestí liberando la presión contenida dentro de mí.

—Killua… ¡Te amo!…—, fue lo último que pude decir antes de caer agotado sobre sus pechos.

Nuestras respiraciones aun no volvían a la normalidad, pero no decíamos nada, él me acarició el cabello con dulzura mientras trataba de recuperar el aliento. Levanté la mirada para ver su expresión y no apartaba sus ojos de mí. Luego de unos minutos me relajé y me separé de su abrazo. Me deshice de mi protección y me acerqué a su rostro sentándome a un lado.

Observé su mirada tranquila y risueña y le di un beso suave. —Killua… Yo te amo…—, le volví a decir, ahora dándole un besos en sus pómulos.

Él me sonrió y acercó su mejilla contra la mía y me acarició con ella. Killua era muy cálido, cada gesto que hacia me volvía dócil y sumiso. Se separó de mi me miró a los ojos, y estos comenzaron a humedecerse.

—Gon… yo también te amo…—, dijo con su voz entrecortada, para luego apoyar su cabeza sobre mi pecho derramando algunas lágrimas.

En este momento lo único que pude hacer fue abrazarlo y esperar que soltara todo esos sentimientos que tuvo ocultando.

Luego de ese mágico instante que acabamos de vivir nos recostamos sobre el colchón sin decir nada, solo abrazándonos. Los minutos pasaron sin darnos cuenta, cuando abrí los ojos aun era de noche, el dormía plácidamente a un costado; su largo cabello se esparcía por las sabanas y su rostro era como el de un ángel. Ya sabía porque lo había confundido con uno en aquel río, pues Killua era mi ángel. Me sentí bendecido al poder estar aquí a su lado y compartir con él este inolvidable momento.

Aunque había algo que me intrigaba ¿Por qué Killua era una mujer? Obviamente antes no lo era, muchas veces lo había visto desnudo cuando nos bañábamos juntos, ¿así que había ocurrido? Por una parte no me importaba como él fuera, pues lo amaba y fuese como fuese sería feliz a su lado; pero por otro lado deseaba que volviera a la normalidad, y que volviera a ser el Killua del que me enamoré. Al parecer a él tampoco le gustaba esta condición, sino fuera así ¿Por qué me lo ocultó?

Acaricié sus cabellos plateados y palpé su suave mejilla, era realmente adorable. Me levanté sin hacer ruido de la cama y me coloqué la ropa interior luego me acerqué hasta la ventana y la abrí dejando entrar la brisa fría de la noche. Respiré profundo dejando que el aire llenara mis pulmones, que bien me sentía. Observé el cielo y estaba lleno de estrellas que brillaban más intensamente que nunca.

—Que hermosas están las estrellas hoy—. Tal vez eran un regalo para nosotros por haber confesado nuestro amor. Reí por mi gran imaginación. Miré hacia la cama y vi a mi amado durmiendo con tranquilidad y sólo me preguntaba qué sucedería luego que nos despertáramos en la mañana, ¿todavía estaríamos juntos? O ¿esto simplemente fue un sueño? Uno de esos que siempre tengo.

Suspiré de solo pensarlo, no quería que lo fuese pues había sido maravilloso sentirlo tan cerca y tan mío. Alcé la mirada y detallé de nuevo las estrellas. Si de verdad hoy estaban tan hermosas como un regalo por nuestro amor, deseaba pedirle algo más. «Desearía que Killua volviera a la normalidad» Seguro fue mi imaginación pero vi que una brillo más intensamente ¿Me estaba guiñando un ojo o algo así, en su lenguaje estelar?

—Aun estas dormido Gon Freecss, ve a dormir—, me dije a mí mismo. Cerré la ventana y caminé hasta nuestro lecho y me recosté abrazando a mi amante dándole un beso en sus cabellos, unos segundos bastaron para quedarme dormido.

Unos pajaritos comenzaron a cantar al pie de la ventana y los rayos del sol entraron a través de los vidrios haciendo que me despertara. Me estiré, había dormido como un bebe, sentí el calor del cuerpo de Killua a mi lado a estas horas es agradable. Entreabrí los ojos y me acerqué para darle un beso en su frente, él se removió ante el contacto.

—Buenos días Killua…—, le dije felizmente.

Él se levantó pesadamente, no le gustaba levantarse tan temprano. —¿Qué hora es?—, fue lo primero que preguntó, "su sueño de belleza" era más importante que cualquier otra cosa, o eso siempre me decía cuando lo despertaba antes de las 9 de la mañana.

—No lo sé, pero es temprano—. Bostecé y restregué mis ojos para por fin levantarme. —No es bueno dormir tanto—, le dije mirando cómo se acostaba de nuevo… ¿Eh?... Algo no estaba bien…

—Que dices si anoche no dormimos casi nada—, dijo colocándose de nuevo las sabanas.

Mis ojos se abrieron de par en par. —¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!—. Grité señalándolo con un dedo.

Él se levantó asustado. —Rayos Gon, ¿Qué demonios ocurre? ¡Déjame dormir!

—¡Killua, mírate!—, le dije aterrado.


Gracias por ser tan pacientes, en verdad me gustó el resultado de este capítulo, aunque en verdad me resultó bastante complicado el escribirlo porque todo últimamente me sale como comedia… ¿Por qué escribir esto en primera persona? El capítulo 9 y 10 son los caps. Finales y quise mostrar más internamente como se sentían nuestros protagonistas, el siguiente será desde el punto de vista de Killua… EL GRAN DESCENLACE… Creo que por allí, dejaré un epilogo también.

Discúlpenme si no puedo entregar a tiempo los capítulos estoy realmente ajetreada con la universidad, no creo que pueda colgar el próximo el miércoles, posiblemente para el fin de semana si lo haga, así que no coman ansias y no me lancen zapatos U.U…

Agradezco a todos aquellos que han seguido mi fic y disculparme especialmente con akira yaoi y sofito23 cuando leí sus mensajes me sentí realmente mal xD… no me gusta ser irresponsable .… pero que se le va a hacer…

Gracias Sensei CC por todos tus consejos e inspiraciones (?), además de animarme cada día a seguir escribiendo.

¡Nos vemos en el capítulo final!