Agnosia
Capítulo 8
«Despertar»
Para Ardentida.
En el mundo de la mente, Ino tenía el poder y cambió las ropas de hospital con las que se había materializado por su ropa de civil. Sin saber orientarse comenzó a caminar arbitrariamente, estando atenta a cualquier sonido o anomalía en aquella negrura que la hiciera ubicarse. Sus pisadas eran silenciosas sobre un suelo totalmente negro que le causaba vértigo; si bien se sentía sostenida, bajo sus pies veía un abismo sin fin. Intentó, por lo tanto, no mirar hacia abajo y limitarse a avanzar con el cuello recto y solemne… hasta que sus pies se toparon con nieve. Nieve fría que se colaba entre los dedos, crujiendo bajo su peso. Inmediatamente Ino miró hacia abajo con sorpresa para comprobar que sus sentidos no estaban engañándola. Y tan pronto como llevó la vista de vuelta al frente, se vio a sí misma en ese mundo congelado que había visitado antes.
—Estoy aquí… —se dijo a sí misma, más confiada que encontraría a su hijo—, finalmente.
Un dedo de sangre caliente se deslizó por la piel bajo su nariz y antes de que Ino pudiera detener la hemorragia silenciosa, una gota roja cayó sobre la nieve. La florista se limpió el rastro con sus dedos y se miró las yemas rojas de sus manos con preocupación. Le ocurría demasiado últimamente.
Ino alzó la vista hacia el cielo cubierto y pensó en Sai, solo contra el resto, protegiendo una puerta…
—Volveré pronto… —le dijo aun sabiendo que su esposo no la escucharía—. Por favor, aguanta…
—¡Abre la puerta ahora mismo!
Sai se echó para atrás, preocupado que la puerta de madera explotara en un millar de astillas tras esa amenaza. Ibiki golpeó a puño cerrado desde el otro lado y cuando cogió la manilla de la puerta para abrirla, se escuchó una maldición tras un alarido de dolor.
Sakura llegaba al trote a la habitación asignada a Inojin y se encontró con Ibiki quitándole uno de sus guantes con premura. Al caer al suelo notó el agujero que había dejado la manilla calentada desde el otro lado, un simple intento por mantener al resto fuera, pero que no iría a ser suficiente por mucho tiempo.
—¡No me obliguen a echarla abajo! —bramó Ibiki y se escuchó la exclamación horrorizada de unas enfermeras cercanas. El hombretón masculló de soslayo hacia ellas, diciéndoles que no le quedaba otra opción—. Sai, escúchame, si no detienes a tu esposa ahora mismo…
—Confío en ella —lo interrumpió el aludido desde dentro y el torturador maldijo a regañadientes.
—Sai… —dijo Sakura, acercándose a la puerta, más bien triste—, por favor. He visto las imágenes de las cámaras de seguridad, Ino no está en sus cabales… —le dijo y apretó los labios, inútil—. Creemos que Yamanaka Fu la tiene bajo su control y está usándola para tomar posesión del cuerpo de Inojin y volver a este mundo.
Tras esa declaración, Sai no dijo nada y por un momento creyeron que había surtido efecto.
—Ninguno de nosotros entendería lo que Ino e Inojin son capaces de hacer, ninguno de nosotros es un verdadero Yamanaka —les dijo—, confío en que ella podrá traer de vuelta a Inojin, a salvo.
—Sai, por favor, no me hagas esto —le pidió Sakura y se alejó de la puerta como no queriendo derribarla.
—No entrarán —respondió Sai—, por mi honor Yamanaka, no los dejaré.
—¡Patrañas! —gritaba Ibiki, apartando a Sakura de un pequeño empujón—. Si no lo haces tú, lo haré yo.
—Detente… —murmuró Sakura, todavía no convencida de sus propias palabras. Ibiki no hizo caso, ni siquiera estuvo segura que la había escuchado ni daba señales de ello. El hombre mayor y desfigurado se echó para atrás con una de sus piernas levantada para patear la puerta hasta que ésta cediera. Ibiki sólo logró dar una patada certera antes que una fuerza arrolladora lo lanzó un par de metros por sobre el suelo—. ¡Dije que te detuvieras! —gritó la Uchiha, dejando atónitos a los presentes, incluido Sai—. Le daremos unos momentos a Ino, sino la sacaremos de ahí y la devolveremos a psiquiatría.
A Sai le costó unos segundos captar el mensaje.
—Está bien —se escuchó al lado de la puerta. Aquello fue suficiente para Sakura, quien se dio la vuelta y se plantó como una centinela frente a la entrada.
—Por años esperé al chico que reuniera las características que buscaba… —dijo Fu, con frustración—, años de intentos fallidos, ejemplares muy débiles…, y por supuesto, ninguno era realmente un Yamanaka.
Inojin se estremeció, recordando la noche que había soñado que un gusano había devorado su cerebro. Fu pareció adivinar lo que pensaba. Irónico, dado que ambos se encontraban en su mente.
—Así es. Esa noche me encontré contigo —dijo, riéndose satisfecho—. Un Yamanaka, hijo de nada más ni nada menos de Sai de la Raíz —relató con asombro—. Todavía no logro entender cómo fue que tuve tanta suerte…
El chico se sintió mal, no sabía mucho de la vida anterior de Sai del Clan Yamanaka cuando todavía no era ungido por el Clan. Su padre no hablaba mucho del tema y su madre sinceramente no tenía idea de la Raíz más que lo que había salido del secreto. No era más que la punta del iceberg, pero era suficiente para que le erizara los pelos.
Y este hombre era miembro de Raíz, aunque se veía y se sentía muy distinto a su padre.
—Tu poder mental, chico, es impresionante —continuó diciéndole el hombre, acercándosele demasiado para intimidarlo—, y será mío, todo mío.
Para el hijo de Ino aquello fue algo incomprensible, para Inojin era más cómodo el estilo de lucha de su padre y había descuidado los entrenamientos con su madre, por lo que ese cumplido le era ajeno. No se sentía tan poderoso como Fu o su madre le decían.
—No lo lograrás —rebatió Inojin, duro, pero muerto de miedo—. No te daré mi mente tan fácil.
—Serás poderoso pero eres un novato.
—¿Y por qué sigues sin controlarme? —Inojin se sintió insolente pero no le importó.
Para su desilusión, Fu se encogió de hombros.
—No sería bueno para ninguno de los dos si sales herido… —respondió—, pero si llego a perder la paciencia, será un riesgo que correré. —Fu sonrió con veneno en los ojos y se cruzó de brazos, victorioso—. No sabes los años que he estado solo, incorpóreo, nadie con quien hablar… —El hombre se largó a reír de una manera ruin e Inojin desesperó.
—¡Oye, estúpido!
Jamás había estado tan feliz de escuchar a su madre rugir de esa manera, tan agresiva y enfadada. Inojin quiso correr hasta ella y protegerse tras su cuerpo, pero Fu se volteó a verla y se interpuso entre ellos.
—¡Madre!
—Aléjate de mi hijo. Ahora.
—Ah, llegó la madre —dijo Fu, regodeándose al verla de pies a cabeza—. Creo que te recuerdo, te vi cuando eras pequeña. Recuerdo a tu padre también. ¿Cómo está Sai? Creo que ese fue el nombre que le dieron la última vez que lo vi. Qué cambiado estará, pensé que moriría eventualmente pero resulta que tiene un Clan, una esposa y un niño.
—No hables de mi familia.
La amenaza de Ino no fue del todo efectiva puesto que Fu se largó a reír, como si le diera gracia verla tan enfadada.
—Te das cuenta que ninguno de los dos saldrá de aquí, ¿verdad?
—El único que no sabrá de aquí serás tú.
Fu asintió con la cabeza muchas veces, se notaba satisfecho, y se volteó fugazmente hacia Inojin para comentar: —Qué madre tan valiente que tienes. Es buena para las amenazas.
—Soy buena para muchas cosas —respondió Ino pero su confianza en sí misma flaqueó cuando la sangre bajó por la nariz y resbaló por los labios. Cuando se la limpió vio cómo le temblaba la mano.
—¿Mamá? —masculló Inojin, asustado. Quiso correr hasta ella pero Inojin sintió cómo todo su ser se había paralizado, tal como cuando Shikadai practicaba su técnica contra él.
—¡Quédate atrás, Inojin! ¡Quédate…! —Fu se había acercado a su madre con rapidez y la tomó del cuello de modo que la estrangulaba en los aires, sus pies estremeciéndose sin tocar el suelo.
Sai se volteó angustiado cuando escuchó que Ino se atoraba y hacía sonidos sordos de quien se está quedando sin aire. El cuerpo de su esposa estaba rígido cuando se le acercó y no supo qué hacer y sin duda tuvo miedo hasta de tocarla. Ino luchaba en su inconsciencia por volver a respirar.
—No, no, no… —El hombre la tomó por los hombros pero inmediatamente supo que su afección no era algo físico. Sai cerró los ojos y apretó los labios, incapaz de hacer algo para ayudarla, y apoyó su frente sobre uno de sus brazos sin poder siquiera ponerse a llorar. Para él le era difícil llorar aun en una situación así.
Y entonces vio a su hijo, temblando bajo las sábanas como si tuviera un frío horroroso, los labios casi morados y un vaho de vapor que salía de su boca y moría rápidamente en ese ambiente cálido. Nada tenía sentido, nada...
—¡Mamá!
Inojin lloriqueó y apenas pudo dar un paso, tenía el cuerpo pesado y de alguna manera supo que Fu era el responsable de eso.
La rubia abrió sus ojos tanto como pudo con agonía y miró a su único hijo con la vista casi desvanecida. Murmuró su nombre sin aire y recordó lo mucho que habían pensado ese nombre junto a Sai para que empezara con «Ino». Por él, no debía terminar tan rápido, tan fácil.
Enfocó su mirada celeste a su atacante con mucho esfuerzo, los arañazos que le había hecho en el brazo no estaban y como no tenía cuerpo era invulnerable a esos ataques físicos. Un último esfuerzo la hizo estremecerse entera, Fu la miraba con regodeo, y levantó una mano casi muerta más arriba de su propia cabeza. Extendió los dedos índice y medio lo mejor que pudo y los hizo avanzar hasta la frente de su atacante sin que él lo viera como una amenaza. Incluso Fu le preguntó que qué era lo que pretendía.
Ino murmuró algo sin aire y el Yamanaka se rio, sintió el tacto agónico de la rubia y su figura materializada se desfiguró tras un alarido espantoso. El cuerpo de la florista cayó al suelo, ahogándose por todo el aire que lograba inspirar y con una tos seca y dolorosa. Inojin se quedó mirando la escena con sorpresa, sin comprender cómo Fu se había borrado de la escena tan estrepitosamente.
—Mamá… —la llamó, sin creérselo y se le acercó en tanto ella le extendió los brazos hacia su dirección.
—Inojin… —lloriqueó la madre al abrazarlo—, vámonos a casa…
—Pero ese hombre... Fu, ¿dónde está...?
Ino negó con la cabeza, demasiado tranquila.
—Se fue, él ya no te molestará más. Ni a nuestra familia.
Inojin tuvo reparos al principio. Se puso a buscar con la mirada y vio cómo ese mundo congelado comenzó a derretirse, destruido, dando paso al mundo de color negro. Tan pronto quedaron sólo ellos dos, mismo color de ojos, mismo color de pelo. Sólo madre e hijo. Y sólo ahí fue capaz de sonreír, sintiendo la seguridad que le transmitía su madre.
—Vamos —le dijo al fin él, ayudándole a su madre a incorporarse, aún magullada por Fu pero recobrando lentamente sus fuerzas.
Se abrazaron por última vez en ese mundo y en lo que se demoraba el corazón de Inojin en dar un latido, abrió los ojos en la realidad, dentro de la cama del Hospital.
—Al fin, estoy aquí —dijo el niño con una sonrisa.
Nota de la Autora: ¿Fin? Creo que cabe un epílogo en la historia jaja Como dice en el inicio, esta historia es para mi amiga Ardentida, venezolana que conocí gracias a fanfiction, y que quiero muchísimo. Sé que estás pasando por un mal momento por sobre todo por lo que está pasando en tu país, ya vendrán tiempos mejores, pero primero se vienen los difíciles para que todo comience a mejorar... Quizás no sea un gran cumpleaños el de este año, pero yo tenía que regalarte una historia este día. Sé que querías un KibaIno pero no logré inspirarme para uno. Como sé que te encanta Agnosia, este final espero que te contente. Y siempre puedo hacerte regalos de no cumpleaños cuando retome la inspiración si es que no llegas a irte definitivamente de fanfiction como me dijiste.
Muchas gracias a las lectoras que siguieron esta historia también. A Mitsuki Tsukiomi, smex-yui28, Ardentida y Oveja salvaje por sus comentarios en el capítulo anterior :)
Me encantó mucho esta historia, de la que me desligué de los temas más light y de comedia, y me puse a hacer esta trama más bien de misterio jaja quizás fue algo muy rápido por cómo terminó, pero me fue difícil agregar a Sai entremedio siendo que él se encontraba en el consciente jajaja
Muchos besos a todos, a quienes leerán en el futuro. Muchas gracias, RP.
