Lágrimas de la Corona
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, la trama y algunos OCs son míos.
Advertencias: Nada importante.
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El día transcurrió normal –dentro de lo que cabe- para el joven príncipe, se había cansado de buscar a su hermana para impedir que cometiera una locura que le afectara, pero al final ni siquiera la había encontrado.
Suspiró pesadamente mientras tomaba el camino de regreso a su habitación para poder descansar, su cuerpo aún le dolía por el entrenamiento y su mente estaba hecha un enorme lío, definitivamente no era su mejor día.
Por su parte, la princesa pelirroja corrió lo más rápido que pudo, si bien era mucho más lenta que su hermano, había logrado perderlo en cuanto llegaron a las habitaciones con estrechos pasillos, ya que era fácil perderse en ellos. Sonrió victoriosa y antes de salir verificó que el peliverde ya no se encontrara por los alrededores. Salió de su escondite y corrió hasta donde pensó se encontraría su padre y tocó la puerta.
—Abre la puerta papá, soy yo —llamó desde fuera.
Segundos después la puerta se abrió y Hashirama recibió a su hija un tanto confundido.
—Um… hola Karin, ¿Qué haces aquí?
—Necesito pedirte un gran favor, tiene que ver con mi hermano —dijo aparentemente seria.
Hashirama asintió e hizo que su hija pasara.
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En otro lado del castillo, más específicamente, en la habitación del mayor de los Uchiha, este y el menor se encontraban planeando lo que sería su próximo movimiento y uno de los más peligrosos hasta la fecha.
—Entonces hoy mismo morirá el mocoso del príncipe… —dijo Sasuke sin poder evitar sonreír con maldad.
—Así es, pero tenemos que ser muy cautelosos, un asesinato no es algo que pueda hacerse a la ligera —añadió severamente el mayor.
—Ajá y según tú entonces que debemos hacer.
—Sí finjo que mientras entrenábamos le di un golpe en falso de todos modos no me salvaré de ir a prisión, si lo haces tú te encargarás de hacerlo de la peor y más sádica manera y no nos conviene armar un teatro, la opción más viable que encuentro es envenenarlo.
—Tsk, elegiste la manera más aburrida, pero creo que tienes razón.
El mayor de los azabaches sacó de su manga una pequeña botella de cristal rellena de un líquido transparente.
—¿Qué es eso?
—Es Cicuta, un veneno muy potente que mata con tan sólo una gota dentro del organismo, sufrirá un poco antes de morir, pero no tiene antídoto, aunque lo descubran morirá sin remedio —explicó y luego entregó la botella al menor—. Ponlo en la bebida del príncipe, asegúrate que sea la de él, no queremos una muerte más por el momento.
Sasuke asintió y examinó el frasquito en su mano, la solución a su venganza estaba en la palma de su mano, literalmente, por lo que no pudo evitar sonreír con malicia.
—Hoy mismo me encargaré de que se pudra en el infierno, no habrá errores.
Madara asintió y salió de la habitación dejando al menor azabache sólo, hoy ese mocoso pagaría lo que había hecho y dejaría de serle un estorbo.
Después de un rato salió y entró a la cocina, en donde los sirvientes ya preparaban la cena para los Senju, Sasuke sonrió al ver la copa verde que pertenecía al más joven y cuando todos salieron de la cocina rápidamente vertió todo el contenido del frasco en la bebida.
—Espero que disfrutes tu estancia en el infierno —murmuró con maldad saliendo rápidamente de ahí.
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La hora de la merienda llegó para la familia real, la familia de cuatro se sentó a comer lo que habían preparado sus fieles sirvientes. Agradecieron por la comida y comenzaron a comer.
—¿Cómo les fue hoy? —preguntó la pelirroja mayor a sus hijos.
—Bien, algo cansado el entrenamiento —respondió simple el menor.
—Normal —respondió por su parte la mayor de los hermanos.
El peliverde tomó un sorbo del agua en su copa, el sabor de esta era algo extraño, más agrio, pero no dijo nada, terminó todo el líquido.
Después de unos minutos algo dentro del peliverde comenzó a fallar, el estómago le dolía insoportablemente. Karin se percató de qu algo le sucedía.
—¿Estás bien? —preguntó preocupada.
—S-sí, creo que algo me cayó mal, si no les importa iré a descansar.
Se levantó de la mesa y agradeció a sus padres por la comida para enseguida correr a su habitación entre pequeños tropezones, se sentía atontado y la cabeza le dolía al grado de hacerle competencia a su estómago. Se desplomó de rodillas en pleno pasillo tocándose la cabeza, le ardía demasiado, no podría estar consciente más tiempo.
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La pelirroja estaba muy preocupada desde que su hermano había salido, se le notaba que algo le sucedía.
—Necesito descansar, gracias por la comida —agradeció y salió corriendo en busca del peliverde.
Corrió por entre los pasillos que el chico debía recorrer para llegar a su habitación, en alguno de ellos debía estar. Llegó hasta un pasillo antes de la habitación del menor y lo vio en el suelo de rodillas sosteniendo su cabeza mientras gritaba de dolor.
Zetsu-chan… hermanito, ¿Qué tienes? —decía espantada y con leves lágrimas en sus ojos—. ¡Ayuda! ¡Guardias! Papá… Mamá…
Nadie respondía y seguía llorando intentando hacer algo por su hermano. Intentó levantarlo pero ciertamente no era una chica muy fuerte y a pesar de su altura, su hermano no era muy ligero, al menos para ella.
—¿Qué sucede, princesa? —preguntaron unos guardias que habían escuchado los gritos, al ver al príncipe en ese estado todos quedaron sin palabras, literalmente.
—¡¿Qué creen que hacen?! ¡Ayúdenlo! —gritó exasperada y llorando.
Enseguida los guardias reaccionaron y corrieron rápidamente hacía él. Con facilidad uno de ellos lo cargó mientras el príncipe respiraba agitadamente y se retorcía de dolor, algunos corrieron hacia la habitación detrás de ellos iba la pelirroja y otros más a avisarle a los reyes sobre el estado de su querido hijo.
Media hora después el menor azabache miraba con malicia al joven postrado en la cama, agonizando. Pero algo andaba mal, se supone que ya debería estar muerto, pero seguía vivo y sufriendo, por un lado le alegraba, pero por otro temía que ese veneno no hubiera funcionado como debería.
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Mito entró corriendo a la habitación del joven príncipe, preocupada por el estado de su hijo. El médico ya se encontraba ahí.
—Kabuto, ¿Cómo está Zetsu?
—De acuerdo a los síntomas que presenta y ese estado agonizante en el que está, alguien ha querido envenenarlo.
Mito y Karin se quedaron muy sorprendidas, no podían creer que alguien quería acabar con la vida del más chico de la familia.
—Por ahora no podremos hacer nada hasta saber que veneno es, aunque por lo visto no es letal ya que en ese caso él ya hubiera muerto, así que le haré unos estudios y prepararé un antídoto, ahora debo pedirles que se retiren y le dejen descansar.
Las pelirrojas asintieron no muy seguras, dirigiendo una última mirada de preocupación al menor de la familia, pero antes de salir el peliverde comenzó a reaccionar.
—Ma… ¿Mamá? —comenzó a murmurar llamando la atención de todos, la pelirroja mayor se acercó rápidamente.
—Aquí estoy Zetsu-chan, tranquilo —dijo mientras se sentaba a su lado en la cama, acariciándole el cabello.
—¿Dónde estás? No… puede verte… ¿En dónde estoy?
—Aquí, a tu lado —le tomó de la mano.
—No t-te siento bien… No puedo verte…. s-siento como si tuviera algo en los ojos y e-en los oídos…
Mito se giró a ver sorprendida al médico.
—Al parecer el veneno no le mató, pero le afectó los sentidos, está en un estado de ceguera y sordera temporal…
Karin y Mito se sorprendieron y volvieron su atención al menor.
—¿Qué puede hacerse?
—Déjenlo reposar, como ya le dije tengo que encontrar el antídoto, haré todo lo posible, ahora permítanle descansar —hizo una pequeña reverencia y salió.
—Lo siento, amor, te prometo que te ayudaremos —la mayor le besó la frente y salió, Karin le dirigió una última mirada preocupada antes de salir del cuarto.
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—¿Qué pasa con ese estúpido veneno? —preguntó furioso el menor Uchiha a Madara.
—No tengo idea, él ya debería estar muerto —y aunque no lo demostrara estaba tan sorprendido y enojado como Sasuke.
—Pues más vale que hagas algo porque por nada me arriesgué para que ese mocoso no se vaya al infierno —habló con seriedad y salió con un portazo de la habitación.
El mayor suspiró pesadamente, tendría que hacer algo, Sasuke estaba en lo cierto. Salió de la habitación y fue hasta la del peliverde, este se encontraba como inconsciente en su cama mientras mantenía una ligera mueca de dolor, por un momento sintió pena por él, pero rápidamente deshecho ese pensamiento, entró a la habitación y se paró al lado de la cama.
—¿Q-quién… anda ahí? —preguntó el menor, apenas había escuchado unos leves pasos.
—¿Sabes quién soy? —habló fuerte para que le escuchara, estaba enterado del estado sordo y ciego, aunque no estaba seguro de por qué.
—E-esa voz… no… no se q-quien eres… p-pero me eres familiar…
—Pues bien.
El Uchiha lo cargó en sus brazos en un rápido movimiento.
—¡¿Q-qué hace?!
El pelinegro no contestó, miró los alrededores para asegurarse que nadie le viera y huyo fuera del castillo con el chico en brazos.
—D-déjeme… ¿A-a dónde me lleva? —quería soltarse, correr y huir de quien sea que fuera ese hombre que ahora lo secuestraba, pero su cuerpo no respondía, apenas podía mover sus extremidades, se encontraba demasiado débil.
En todo el camino, Madara ignoró las preguntas y quejas del príncipe, tenía que acabar con su vida pero tenía que ser lejos del castillo.
Después de un rato llegaron a una cabaña y el Uchiha pensó que ese sería un buen lugar para acabar con ese asunto.
Dentro era muy pequeño, había una cama que carecía de sábanas y unos muebles viejos de madera, parecía haber sido abandonada desde ya hacía años. Dejó al peliverde sobre la cama y se quedó mirándolo un largo tiempo, sacó un puñal de debajo de su traje y lo colocó sobre el pecho del menor, pero no hizo otro movimiento, ya debería haberlo matado, pero simplemente su mano no se podía mover, gruñó para sí mismo, ¿Por qué no era capaz de matarlo?
Fin
Gomen por la tardanza! D: Pero aquí ya traigo el capi nueve!
Espero que les guste, ¿Qué pasará en el siguiente capítulo? ¿Podrá o no matar a Zetsu? ¿O alguien lo salvará?
No tardaré mucho con el próximo!
Sayoo
