Note a través del reflejo del vidrio del ventanal que me miraba tan apacible como si no le hubiese revelado que sabía a cerca de su relación con Lady Sakura ¡Y cuanto me hacía rabiar aquello! Me giré con rapidez para encararlo, y no conseguí más que quedar prendada ―de nueva cuenta― de sus ojos. Traté de disimular que no ejercía una fuerza magnética sobre mi, y vaya que tuve que poner empeño en ello. Alzó la barbilla, y colocó sus manos por detrás de su espalda, mientras se acercaba hacia mi como un cazador que había acorralado su presa. Me topé con el ventanal detrás de mi en un intento fallido por alejarme de él, hasta que me alcanzó. Se inclinó aún más, de tal forma que su respiración chocaba con la mía, y como no quise verme intimidada, me enderecé de tal forma y alcé mi barbilla de manera que tuvo que retroceder un poco.
― ¿Disculpe, my lady? – Cuestinó él, haciéndose el desentendido – No hace falta responderle, usted ha sido tan mentirosa como lo he sido yo.
Había olvidado por alguna razón que ni yo misma logré comprender que, no le mencioné que estaba casa. Le había hablado de mi amado hijo, mas no de su padre, ni siquiera le mencioné, y no es que le ocultara su existencia, era por la sencilla razón de que quizás lo olvidé en aquél momento tan sublime que no sentí la necesidad de hablar de mi esposo. Eso quería decir que...
― No os lo oculté, Sir. Sasuke, solamente no os lo mencioné.
― Pues, my lady, me encuentro en la misma situación.
Ambos nos miramos, tratando de escrutar alguna mentira oculta, pero tanto como él y como yo, no vi mentira alguna en sus altivos y apasionantes ojos oscuros ¿Quizá podría confiar en él? Quería hacerlo, por lo que me relajé, tratando de poner en orden mi cabeza. Quizá no podría llegar a ser jamás su esposa, pero si que podría entablar una amistad con él. Sin duda lo quería en mi vida, y por lo que noté en su manera de hablar, él también me quería en la suya.
― ¿Os parece , my lord, podamos comenzar nuevamente con nuestra relación? – Musité más tranquila, extendiéndole mi mano para que me la estrechase.
La tomó con mucha delicadeza, como tratando de agarrar una rosa con cuidado para evitar que sus pétalos se cayeran, sentí su piel fina y su enorme mano cubrir mi palma, acariciando el dorso con su pulgar de tal forma que me hizo cosquillas. Se pa acercó a sus labios mientras se inclinaba ligeramente y, depositó un suave y húmedo beso, que aún después de retirárselo seguí sintiendo el calor en el dorso. Odiaba que mi mirada se clavara con tal intensidad en la suya, y hubiera sido así, de no ser por la llegada de mi hermano a el gran salón.
La puerta se abrió y de ella se dejó ver a mi bienvaleroso hermano junto con mi amada amiga y casi hermana, Hinata. El vestido de ella era de un hermoso color de turquesa, con mangas amplias y voladas, sujeta por un corsé de un tono un tanto más claro, que estrechaba su cintura. Sobre ella se tenía puesto el jubón, una especie de chaleco, que le llegaba con sus mangas hasta los codos, con un escote discreto, puesto que su busto era en demasía, voluptuoso, adherido al cuerpo, destacando sus líneas. Sobre éste se colocó la cotona, de tela transparente, que unía la parte delantera y la trasera con cintas atadas. Para el toque final, tenía un collar de perlas con el símbolo de la cruz que terminaba justo donde iniciaba el busto.
Mientras tanto, mi hermano tenía sobre sus rubios cabellos un sombrero de terciopelo negro con una pluma blanca y abundante que se inclinaba sobre el mismo, su abrigo de terciopel de manga larga que se sujetaba por la cintura y quedaba justo a la mitad de sus muslos. Tenía en el cuello detalles de piel de conejo al igual que el dobladillo de sus mangas. Su camisa abombachada era de un azul oscuro, y holanes decoraban su cuello. Sus botas negras cubrían la mayoría de sus piernas y de bajo de estas tenía unas medias oscuras.
― ¡Sir. Uchiha Sasuke! – Exlamó mi hermano con excitación – ¿Que asunto os trae por mi morada?
― Eso os tiene sin cuidado, Sir. Uzumaki Naruto. – Respondió el aludido.
Yo me sorprendí por su altanaría para con mi amable hermano, a él no pareció importarle, y se acercó a abrazarlo. Sir. Sasuke "respondió" dicha muestra de afecto, una vez que se deshizo de su agarre, se volvió a Lady Hinata y le hizo una reverencia, ella respondió de la misma manera. Naruto se volvió a mi e hizo una mueca de desconcierto, intercambiando miradas entre Sasuke y yo.
― Desconocía que vosotros os conocíais. – Soltó con desconcierto.
― Bueno, hermano, desconocéis muchas cosas. – me adelanté a contestar, antes de que Sir. Sasuke comentase el cómo nos hemos conocido.
― Bien, ¿Os quedáis a desayunar amigo? – Preguntó con entusiasmo mi hermano.
― De acuerdo. – Respondió con cortesía Sir. Sasuke.
Naruto agitó con gracia una de sus palmas hacia los mozos, y este salió disparado cual liebre del gran salón. Hinata se acercó más a mi hermano, y pudo ver que éste le asiaba su mano con mucha delicadeza; con devoción. Se giraron y con un ademán que realizó con su mano, nos pidió que les siguiéramos. Sir. Sasuke me asió la mano para ayudarme a andar como lo habíamos hecho en el Jardín del palacio del rey. Con solemnidad en su rostro, miró hacia la salida, e hice lo mismo para no parecer la única de los dos que deseaba con fervor, quedarse a charlar aquí.
Me sorprendí por la manera tan rápida que mi molestia había durado, me había tomado estar más tiempo enojada que el haberle perdonado ¿Por qué mi terquedad tan característica flaqueó con tanta rapidez? Temía perder cualquier parte de mi ante Sir. Sasuke, pues si lo hacía habría perdido mi escencia.
Llegamos al salón comedor, y este en particular me gustaba, pues en vez de ser el convencional comedor rectangular que hacía a las personas estar alejadas unas de las otras, este era circular. Los manteles individuales junto con los platillos aún calientes ―humeaban como un tren en dirección a su destino― ya habían sido colocados. Pude notar que la mesa tenía un bonito mantel de seda con perlas pequeñas bordadas, Constaba de seis sillas que eran de roble negro y tenían un amplio respaldo acolchonado.
Tomamos asiento en cada una, y a pesar de la amplitud del comedor, se sentía la cercanía de los demás.
― Y bien, mi querído amigo, ¿Cuándo nos daréis la noticia de vuestro compromiso con Lady Sakura? – Soltó mi hermano tan repentinamente que casi me atraganto con la sopa de cebolla que nos habían servido.
Sir. Sasuke elevó su rostro, y con su mirada fija en mi le respondió:
― Quizá el hecho de que haya tenido una hija de su persona, os de a entender eso – dijo Sir. Sasuke, hizo una pausa para tomar de su vino, me miró fijamente mientras continuaba – Pero no.
― Disculpe mi atrevimiento...yo, yo creo...creo que lady Sakura podría llegad a ser una buena esposa. – comentó con timidez lady Hinata y casi quise callarle, más me abstuve.
― Podría, más no. – Replicó con frialdad.
Seguimos, o mejor dicho, mi amado hermano estuvo hablando a cerca de los buenos negocios que se avecinaban gracias a la exportación e importación de productos, tema el cual ya sabía en demasía, puesto que mi esposo lo hablaba con bastantísima frecuencia cuando estábamos en nuestros momentos a solas, me gustaba algunas veces, pues me mantenía informada a cerca de lo sucedido en lo que concernía a las riquezas de nuestra familia, y no me hubiese molestado hasta cierto punto, de no ser por que no me permitía hablar de algo más. Extrañamente en los labios del hombre a un lado mío se encontraba aquél tema interesante, no sabría si era por el sedoso tono de su voz, que se escurría sobre mis hombros, hasta llegar a la boca de mi estómago, y de ahí, extrañamente, seguía más abajo.
¿Qué me estaba sucediendo?
― Disculpadme, necesito dar un paseo. – Interrumpí la charla, pues me asustó de sobremanera lo que me había sucedido.
― My lady – musitó de repente un mozo – ha llegado una carta para vuestra persona.
Incliné la cabeza y volví a tomar asiento, una vez que atravesó la distancia, se inclinó y de manera casi bailarinezca, me entregó la carta que contenía el sello de la familia Hyuūga, con cuidadó lo retiré. Le dije al mozo que podría retirarse y este ya se encontraba en la puerta cuando terminé la oración.
― Vaya, contáis con un servicio bastante veloz. – Le dije a mi hermano, este sonrió. – Bueno, disculpadme nuevamente, necesito atender este asunto.
Sir. Sasuke y mi bienhechor y hermano, Naruto, se levantaron e hicieron una reverencia, hice lo mismo, cogiendo con mis manos los pliegues de mi pomposo vestido, para poder dirigirme a la salida. Sentí la penetrante mirada de Sir. Sasuke en la nuca, hecho que hizo recorrer un ligero cosquilleo desde el inicio de mis nalgas hasta mi cuero cabelludo.
El mozo cerró pa puerta una vez que hube salido. Camine hacia la salida trasera del jardín para pasear, mientras en el proceso, iba quitando el sello y extraía la carta, la desdoble una vez que llegue al camino de piedra caliza que conducia en forma irregular a distintos caminos para disfrutar del jardín. Seguí uno que llegaba a una banca de granito junto a una estatua de mármol de la venus, traída de Grecia. Me senté en dicha banca, y solo cuando recuperé el aliento, comence a leerla.
Querida mamita.
He estado muy aburrido de que te fuistéis con los abuelos. Las nanas que papa a impuesto para cuidarme no hacen más que incrementar mis deseos por verte.
Me salió una lágrima de felicidad al saberme extrañada de tal forma por Ryonuuske ―y de su manera de escribir, pues aún contaba con algunos errores ortográficos, pero aquello no hacía más que incrementar mi amor y devoción a mi pequeño hijo―.
Ayer he estado viendo el atardecer, y me acordé de ese cabello tuyo que tanto me gusta, y del cual me habistéis heredado un poco la tonalidad ¡Aunque el color del atardecer no hace justicia a tu color tan bonito de cabello, mamita! Os ruego pues, que me dejéis iros contigo, anhelo estad en vuestra alcoba para dormid junto a mi mamá quién me presta más atenciones que mi papá.
De tu hijo que os extraña muchísimo, Ryo.
¡Cuanta diferencia podía hacer una carta para cambiar por completo mi ánimo! Anhelaba sinceramente que pudiese unírseme, pues así podría finalmente conocer a sus primos, al igual que pasar tiempo en mi país natal. Conocer las costumbres de los Ingleses y quizás, amar a esta tierra como un segundo hogar.
Seguía regocijandome de alegría por la noticia que no noté la presencia de alguien que me abrazó por la parte trasera, a la altura de mis senos. Los cuales subieron por la presión ejercida. La respiración irregular de aquella persona chocaba contra mi nuca, y aquello me sorprendió. No solo la respiración, también pude sentir entre los pliegues de mi vestido, una presión ejercida a la altura de mis nalgas. Excitación quizás.
― My lady, os juro que he puesto empeño en evitarlo. – Dijo una voz ronca.
Era Sir. Sasuke.
