Disclaimer: Los personajes mencionados en esta historia son de Stephenie Meyer, la trama pertenece a la escritora Veronica Rossi por su historia con el mismo nombre, yo solo adapto la historia
8
Edward
Edward observaba mientras su hermano mayor entraba en el claro. James hizo una pausa y elevo la cabeza, respirando el aire. Sostenía el armazón de ciervo en su mano, una enorme maraña de cuernos, densos como un árbol. Impresionante, Edward no podía negarlo. James examinó la multitud y reconoció a Edward, luego a Reneesme a su lado.
Edward tomo conciencia de una docena de cosas mientras su hermano se acercaba. El artefacto de la Habitante y la manzana, ambos envueltos en plástico, en el interior del morral. Su cuchillo en la cadera. Su arco y su flecha colgando en la espalda. Noto la forma en la multitud se silenció, facilitando un circulo a su alrededor. Sintió a Reneesme moverse a su lado, retrocediendo. Y percibió los ánimos. Docenas de brillantes esencias cargando el aire tanto como el Éter lo había hecho.
-Hola, Hija.- James sufría, mirando a su hija. Edward lo vio en sus ojos. También vio la hinchazón alrededor de la nariz de James, pero se preguntó si alguien más se daría cuenta.
Reneesme levanto la mano en respuesta, manteniéndose de espaldas. No quería mostrar debilidad delante de su padre. Cuan herida estaba, tanto por el dolor como por la enfermedad. Una vez había sido Edward el que se escondía de su padre tras las piernas de James. Pero esconderse no funcionaba alrededor de los Scire. Cargaban con las esencias.
James alzo la presa.
Para ti, Reneesme. Elige un cuerno. Haremos una empuñadura para un nuevo cuchillo ¿Te gustaría eso?
Reneesme se encogió de hombros.
-Está bien.
Edward miro el cuchillo en el cinturón de Reneesme. Era la vieja cuchilla de Edward. Cuando era niño, había tallado plumas en la empuñadura, haciendo un diseño ajustado a e, y después a Reneesme. No vio ninguna razón para que tuviera uno nuevo.
James. Finalmente encontró su mirada. Miro la magulladura en la cara de Edward, la sospecha destellando en sus ojos. James sabría que no se lo había causado a Edward. No había conseguido ningún golpe solido aquella noche a través de la mesa.
-¿Qué te ocurrió, Eddy?
Edward se quedó inmóvil. No podía contarle a James la vedad, pero mentirle no le ayudaría tampoco. No importa lo que dijera, la gente pensaría que James le había causado la magulladura, justo como Tanya lo había hecho. Culpar a alguien más de ello solo lo haría parecer débil.
-Gracias por preocuparte, James. Es bueno estar en casa –Edward asintió a la presa-. ¿Dónde lo derribaste?
-Moss Ledge.
Edward no podía creer que no hubiera alcanzado el aroma del ciervo. Había estado por ese camino recientemente.
James sonrió.
-Buena bestia, ¿no crees pequeño hermano? Lo mejor en años.
Edward miro a su hermano mayor, conteniéndolas amargas palabras que surgían de sus labios. James sabía que molestaba a Edward ser llamado así delante de la tribu. Ya no era un niño. No había nada pequeño en él.
-¿Aun piensas que hemos cazado de más? –añadió James.
Edward estaba seguro de ello. Los animales se habían marchado. Habían sentido el Éter fortaleciéndose cada año que pasaba en su valle. Edward lo sintió también. Pero ¿Qué podía decir? James sostenía la prueba de que todavía había partidos como ese por ahí, listos para ser traídos. –Todavía deberíamos movernos- dijo sin pensar.
Una sonrisa se extendió por la cara de James.
-¿Movernos, Edward? ¿Quieres decir eso?
-Las tormentas solo se pondrán peor.
-Este ciclo se acabara como lo hacen todos.
-Con el tiempo, quizás. Pero no podremos sobrevivir a lo peor aquí.
Una conmoción corrió a través de la multitud. El y James podrían discutir así en privado, pero nadie contrariaba a James delante de otros.
James movió los pies.
'-Entonces hablemos de tu idea Edward. Sobre mover a más de doscientas personas a campo abierto. ¿Crees que estaríamos mejor sin refugio? ¿Luchando por nuestras vidas en las fronteras?
Edward trago saliva. Sabía lo que sabía. Solamente nunca lo decía bien. Pero no podía dar marcha atrás ahora.
-El recinto no resistirá si las tormentas se ponen mucho peor. Estamos perdiendo nuestros campos. Lo perderemos todo si nos quedamos. Necesitamos encontrar tierra más seguro.
-¿Adónde quieres que nos vayamos? –Pregunto James- ¿Crees que otra tribu nos dará la bienvenida a su territorio? ¿A todos nosotros?
Edward sacudió la cabeza. No estaba seguro. El y James estaban Marcados. Eran dignos de lago, simplemente por su sangre. Pero no los otros, los No Marcados, quienes no eran Scires o Auds o Seers. Quienes componían la mayor parte de la tribu.
Los ojos de James se estrecharon.
-¿Qué pasa si las tormentas son peores en otros territorios, Eddy?
Edward no pudo responder. No estaba seguro de si el Éter causaría estragos en otros lugares como lo había hecho allí. Solo sabía que el último invierno, las tormentas incendiaron cerca de un cuarto de su territorio. Este invierno, esperaba, sería peor.
-Salimos de esta tierra, morimos –dijo James, su tono de repente duro-. Trata de pensar de en cuando, pequeño hermano. Puede que te sirva.
-Estas equivocado –dijo Edward. ¿Nadie más veía eso?
Varias personas jadearon. Casi podía escuchar sus pensamientos a través de sus agitados ánimos. Lucha, Edward. Esto será bueno de ver.
James le entrego la presa a Laurent. Se hizo tanto silencio que Edward escucho chirriar el chaleco de cuero de Laurent a medida que se movía. La visión de Edward comenzó a volverse un túnel como lo hacía cuando cazaba. Solo veía a su hermano mayor, quien había defendido a Edward incontables veces cuando era niño, pero quien no le creía ahora, Edward miro a Reneesme. No podía hacer esto ¿Qué pase si mataba a James aquí mismo?
Reneesme salió disparada hacia delante.
—¿Podemos cazar, Padre? ¿Podemos Tío Edward y yo cazar?
James bajó la vista, la oscuridad en su mirada desvaneciéndose.
—¿Cazar, Reneesme? ¿Ahora?
—Me siento bien hoy. —Reneesme elevó su pequeña barbilla—. ¿Podemos ir?
—¿Estás tan ansiosa por demostrármelo, Hija?
—¡Sí!
La profunda risa de James levantó unas pocas risitas forzadas en la multitud.
—Por favor, Padre. ¿Sólo por un rato?
James le levantó las cejas a Edward, como si pensara que era apropiado que Reneesme hubiera intervenido para rescatarlo. Esa mirada casi lanzó a Edward hacia delante.
James se arrodilló y abrió los brazos. Reneesme lo abrazó, sus delgados brazos cerrándose alrededor del amplio cuello de James. Cubriendo la cadena del Lord de la Sangre. Robándola a la vista de Edward.
—Festejaremos esta noche —dijo James, recobrando la tranquilidad. Acunó la cara de Reneesme con sus manos—. Reservaré las mejores tajadas para ti. —Se enderezó y le hizo un gesto a Tayler—. Asegúrate de que permanecen cerca del recinto.
—No lo necesitamos —dijo Edward. ¿Pensaba James que no podía proteger a Reneesme? Y no quería a Tayler con ellos. Si el Aud venía, no podría darle a Reneesme la manzana—. Lo mantendré a salvo.
Los ojos azules de James se establecieron en las inflamadas mejillas de Edward.
—Pequeño hermano, si te vieras a ti mismo, sabrías por qué no creo eso.
Más risas, desenfrenadas esta vez. Edward cambió de posición los pies. Los Tides lo veían como un chiste.
Reneesme empujó su brazo.
—Vamos, Tío Edward. Antes de que sea tarde.
Los músculos de Edward se llenaron con la necesidad de moverse, pero no podía darle la espalda a su hermano. Reneesne lo soltó y se adelantó en lamentables pasos tambaleantes.
—Date prisa, Tío Edward. ¡Vamos!
Por Reneesme, Edward siguió.
