Buenas chicas! Relaaaaax, sé que el sufrimiento de las chicas se os pega a vosotras, pero confiad en mí, de verdad... :P Por cierto, sé que este capi es más breve, pero que no se detengan los reviews porque se acercan unos capítulos que, sin lugar a dudas, querréis leer cuanto antes! :P

Dicho esto, mil gracias por los comentarios y por los ánimos, y también por quienes estáis releyendo (o leyendo por primera vez) mi otro ff, Tú, yo Nunca Jamás! :) Leo TODOS los RW, los de aquí y los de allí, y soy increíblemente feliz, creedme! ^^

Dicho esto, vamos a ver cómo van nuestras dos cabezotas... Espero que os guste y ¡a leer! :)


(En la cámara) 30 de diciembre

Snow no se pone de acuerdo consigo misma. Ha visto cosas en esa cinta que no le gustan. Pero las últimas noches sí entran en su prototipo de "momentos que no le molestan del todo". Quizás va siendo hora de respetar la intimidad de otras personas, como la de su propia hija, y dejar a un lado su complejo de "Gran Hermano". Sí, eso es lo que dice su lógica. Pero nunca jamás le llega a dar a pause y la imagen sigue transcurriendo.

Al ver aparecer a Emma por nosecuantaava vez consecutiva, se dice a si misma que hace bien al continuar con ese visionado. Pero en el fondo, un pinchazo culpable le insiste en que está mal. ¿Aunque a quien le importa ese pinchazo llamado conciencia?

La sheriff vuelve a entrar como un huracán. Pero en esta ocasión no desprende esa energía de "voy a destrozarte". No sonríe y respira como un toro preso. Pero de ser un toro, hoy al menos no iría con los cuernos por delante.

Aunque eso no impide que su voz destile agresividad y un cierto bramido: "¿Qué es eso de que has renunciado a una defensa?"

La alcaldesa tuerce el rostro, mirándola desde su camastro. "¿Acaso te importa?"

Emma desvía su mirada un breve segundo, hacia el trasero de Regina. Bajo él, extendida, localiza la nueva y mullida manta. Y a un lado su segunda almohada. "Incluso en este pueblo inventado, existe la justicia" farfulla apoyándose contra la mesa. Se cruza de pies y brazos antes de seguir hablando. "Tienes derecho a un abogado"

"No tengo interés en obligar a nadie de este maldito lugar a defenderme" La voz de Regina aletea, culpable e indignada al mismo tiempo. "Todos me odian"

Emma deja caer una risa irónica. "¿Puedes culparles?"

"No, precisamente" Regina tampoco esperaba que la sheriff saliera en su defensa y cantase una oda sobre el perdón y sobre que las personas cambian. Pero hubiera agradecido un poco menos de recochineo. "Así que no voy a obligar a nadie a ponerse de mi parte" suspira dejando caer los hombros. Recupera un poco de firmeza sólo para añadir con un brillo desconfiado: "Además, probablemente sabotearían mi juicio."

"Eso es tener confianza en la gente…"

¿Acaso tú la tienes en mí?, espeta Regina mentalmente. Pero se lo calla y hace lo que mejor sabe, arremeter contra ella. "Eso es más propio de vosotros los buenos"

"Puede…" gruñe, pero no aparta su sonrísa irónica. Aunque ya es más una mueca extraña que una sonrisa. Se aparta de la mesa y recoloca su chaqueta por instinto porque no tiene una sola arruga. "Te conseguiré un abogado, uno de fiar" Es una orden, un hecho, no le está preguntando su opinión. "Tendrás defensa antes de que cambiemos de año"

Regina se ríe y sólo un cuarto de esa carcajada es sarcasmo, el resto es humor de verdad. "Incluso aquí, encerrada, sé qué día es" comenta divertida. Pero Emma no añade nada y ella deja de sonreír. Alza una ceja. "24 horas son poco para una misión imposible, ¿no cree?"

"Es Navidad, no hay mejor época para los milagros que esta." Y con esa frase lapidaria, se dirige a la misma puerta por la que entró. Se marcha sin formalismos, sin despedirse. Y Regina se queda ahí, de morros, molesta. Aunque no puede asegurar si se debe a su bordería, a la falta de una despedida digna o a la breve conversación que ha dejado en su boca un sabor a ganas de más.


Cuando a la mañana siguiente Archie Hopper aparece en comisaría tartamudeando y con los papeles del juicio bajo el brazo, las cejas de Regina se arquean y desaparecen bajo su pelo. Definitivamente, eso sí que es un milagro navideño.

Continuará…