Hey, hey, ya estoy aquí. No tengo mucho que decir salvo que gracias por vuestros reviews y alertas :). Nos vemos abajo.
Y. como siempre, iCarly no me pertenece.
A la mañana siguiente, con unas ojeras que me llegaban hasta las rodillas, me dirigí a la clase del señor Rickmann, o sea, nuestro profesor de Literatura, al cual le tenía que entregar un trabajo sobre cualquier autor de cualquier época y su obra más relevante. Ah, y llegaba tarde, así que… más que dirigirme allí, corrí por los pasillos y subí los escalones de tres en tres, hasta que llegué a la puerta de la clase.
-¿Puedo pasar?
-Llegas tarde, Sam. Otra vez.
-Lo siento, me he quedado dormida. Juro que no volverá a pasar.
-Esta bien – Dijo con un suspiro, como si me estuviera salvando del corredor de la muerte con aquellas palabras – Entra.
¿He mencionado ya que el señor Rickmann está como un queso? Pues lo está. Recién salido de la universidad, alto, musculoso, con unos ojos azules que tiraban para atrás y capaz de deshacer las bragas de todas las chicas de todas las clases de todo el instituto cuando leía poesía. Un bombón en toda regla vamos.
Junto antes de dirigirme a mi silla, situada al lado de la de Carly, quien estaba teniendo el mismo debate interno que tenía en todas las clases de Literatura: A quién miro, ¿a Gibby o al señor Rickmann?, dejé mi trabajo, limpio, ordenado, aseado y encuadernado encima del montón de trabajos que, seguramente, habrían entregado todos al entrar en el aula.
-¿Dante?
-Sí. Me leí la Divina Comedia y empecé a interesarme por él. Sí, me la he leído, pregúntame lo que quieras que te lo contestaré, y si te apetece perder tiempo gasta ese programita que tenéis para averiguar si los trabajos son copiados de internet.
-Lo que vaya a hacer para comprobar que, efectivamente, has hecho tu trabajo es cosa mía… Pero me alegro de que te hayas dignado a hacer algo en lo que llevamos de curso – Dijo dedicándome una de sus sonrisas de estrella de cine. En serio, dejadme a solas con él una hora y juro que no se podrá mover en una maldita semana. – Empecemos con la clase chicos.
Saqué mi libreta y empecé a tomar apuntes como si me fuera la vida en ellos. La verdad es que esa asignatura no me disgustaba en absoluto, y el profesor tampoco, pero eso es otro tema. Estaba tan sumida en tomar nota de todo lo que decía don dientes perfectos que no me di cuenta de que Carly me estaba llamando hasta que una bolita de papel se estrelló contra mi cara. Me giré para ver qué quería sin parar de escribir.
-¿Has dormido? – Dijo… bueno, más bien movió los labios porque no salió ningún sonido de su boca.
Yo solo asentí. No le estaba mintiendo, había dormido unas cuatro o cinco horas y eso es dormir. No todo lo que me gustaría pero… algo es algo.
Después de la clase de Literatura y de la de Geografía de la señorita Tucker, también conocida como la hurraca, Sam, Gibby, que me agarraba por la cintura como siempre, y yo nos dirigimos a nuestras taquillas para coger los libros que necesitábamos para la siguiente clase. La verdad es que estaba siendo un gran día, muy bueno, pero ya sabéis lo que dicen… Hace un día precioso, seguro que viene alguien y lo jode. Pues la encargada de hacer eso, era una arpía venenosa a la que, por desgracia, Sam y yo conocíamos muy bien.
-Vaya, vaya, vaya, pero ¿a quién tenemos aquí? La bruja, la fea y su bestia.
-Mira Shannon – Dijo Sam perdiendo la paciencia - ¿por qué no coges todo el dinero que gana tu papi, te compras un terreno o una parcelita en el jodido desierto y la barres, y cuando acabes vuelves y me lo dices?
-Prefiero venir a tocarte un poquito las narices a ti.
Shannon.
Típica tía por la que todos pierden el culo. Morena, pelo largo, ojos grises, un buen culo y un par de tetas que se podrían comparar en tamaño con balones de fútbol. Se tira a todo lo que se mueva y es cruel. Muy cruel.
Hace como dos años Sam y yo nos llevábamos de maravilla con ella, pero… por situaciones de la vida, nos peleamos y desde entonces, cuanto menos nos veamos, mejor.
-Piérdete, hazle un favor al mundo – Le dije. Enserio, no la soporto.
-¿Qué modo es ese de hablarme Carly? ¿Es que acaso tu bestia te ha pasado unos genes suyos y en lugar de hablar solo sabes ladrar?
¡PAM! Una goma de borrar golpeó a Shannon en la cara.
-Una palabra más y en vez de la goma te tiro el libro de historia.
-Relájate – Le advertí – y vámonos a clase. Shannon, ojalá te caigas por las escaleras.
Es que no la soporto, hija de una hiena. La odio. La odio. No sé cómo pude haber sido su amiga, no sé cómo caí tan bajo. Ah, y para colmo, la tengo que aguantar en esta clase. Inglés con el señor List. No me disgustaba su clase, pero si te sentabas en las primeras filas, corrías peligro de que tu mesa acabara inundada de babas. Por eso todos intentábamos llegar como diez minutos antes para pillar las últimas filas.
Estaba tomando nota de todo lo que estaba diciendo, cuando un papel de color rosa aterrizó en mi mesa. Supe enseguida de quién era.
"También dicen que son cuatro chicos para ti sola"
"¿Y qué si lo fueran?"
"Ya sabes lo que dicen Sam. Aunque la mona se vista de seda mona se queda".
Otro papel aterrizó en mi mesa. Esta vez era de Carly.
"Como no la ignores ahora mismo, juro que la que te pegará con el libro de historia seré yo".
No tuvo que decirlo dos veces, rompí la nota de Shannon y volví a tomar apuntes como si me fuera la vida en ello, todo para evitar seguirle la corriente, aunque cuanto más lo intentaba, más pensaba en ella y en las ganas que tenia de partirle la cara.
Sonó la campana y llegó mi hora favorita del día. Hora de comer. Hora de llenar el buche con la deliciosa comida de la cafetería y un montón de pasteles. Fat Cakes. Carly me dice que voy a engordar mucho si como tantos, pero yo digo que la vida no está hecha para contar calorías.
Pero claro, ni a la hora de comer podía estar tranquila, tenía que aparecer Shannon para hacer que el estómago se m revolviera.
-Repito, aunque la mona se vista de seda… mona se queda.
-Lo mismo te digo.
-Vamos Sam, cuatro chicos solo para ti, seguro que ya te has llevado a alguno a la cama.
-Estoy a esto – Dije levantándome – de partirte la boca. No juegues con fuego o te quemarás.
-Vamos Sam, todos sabemos que te caracterizas por tu velocidad, y no precisamente a la hora de correr.
-Pues gracias a esa velocidad gané a Tom.
-¿Cómo te…?
-Sam vámonos – Dije agarrándola por el brazo, otra vez, y saliendo de la cafetería.
Shannon estaba tocando los botones que no tocaba, y si no paraba de hacerlo, iba a acabar mal. ¿Recordáis que os dije que hubo una época que nos llevábamos muy bien? Pues… fue una época en la que Sam, bebió fumó, se enrolló con chicos y… se acostó con varios. Vivió la vida, vamos. Yo también lo hice, bebí, fumé y me enrollé con muchos chicos, pero nunca me acosté con ninguno hasta que empecé a salir con Gibby. Y uno de los chicos que Sam se llevó de calle fue a Tom.
Tom. Capitán del equipo de fútbol, con eso lo describo completamente. Shannon lleva detrás de él desde… bueno, desde siempre y una noche en una fiesta, Sam se acostó con él. Lo de la velocidad es porque Sam tiene algo que hace que los chicos caigan en sus redes en cuestión de minutos. Desde el día en que Tom calló en esas redes, Shannon acusa a Sam de puta, igual que a mí, cosa que resulta irónica dado que si juntamos los chicos con los que yo me enrollé con los que se enrolló Sam, no llegamos ni a la mitad de la mitad de chicos con los que ella se ha liado.
-La voy a matar Carly, te juro que la voy a matar.
-No vas a matar a nadie, relájate.
-Me está llamando puta Carly. Sabes lo que opino de esa faceta de mi vida, quiero olvidarla, ¿por qué tiene que venir ella a joderlo todo?
-Relájate. Solo quedan tres horas de clase. La última no estamos juntas, pero ella sí que va contigo. Trata de ignorarla y listo. Toma apuntes, dibuja, lo que sea menos escucharla.
-Lo intentaré.
Solo media hora, media hora más y se acabó el verle la cara hasta el día siguiente. ¿Por qué de repente está tan borde? Nuestra relación estos años se ha basado en la ignorancia y en el hacer como si la otra no existiera. Alguna palabra hemos cruzado, pero nada más, ¿por qué de repente solo se empeña en fastidiarme? Tendrá la regla o algo así.
Timbre.
Genial, a casa a seguir con los deberes y a no pensar en nada. O eso creía yo…
-No vuelvas a repetirme lo de Tom.
-No vuelvas a repetirme nada de esa parte de mi vida. Fue una fase, yo no soy así y nunca lo seré. Y supera lo de Tom de una jodida vez – Dije, me di la vuelta y me dirigí a la puerta principal. Entonces…
-¡Eres una puta Sam! ¡Eso se nace no se hace, eres una PUTA y nunca cambiarás! ¡Tu madre se pasa el día bebiendo para no verte la cara y tu padre te abandonó!
Se acabó. Nadie hablaba así de mí y de mi familia y vive para contarlo. Mi instinto, contenido durante todo el día, me pedía a gritos que saltara sobre ella y me vengara por todo lo que me había dicho. Y en ese momento, no había nada que me frenara. Ni Carly, ni Gibby, ni nada. Solo éramos mi instinto y yo.
Hasta aquí. ¿Qué tal? ¿Os gusta? ¿Será saciado el instinto de Sam? Eso ha sonado fatal… En fin… me voy a estudiar. Gracias por vuestros reviews :D
Y, como siempre, dejad vuestros reviews con lo que queráis, estamos en un mundo libre.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
Besos ^^
