Hola a to... (Disparan a Meredy a escasos centímetros de la cara. Hace el intento de recomponerse)
Ok, ya sé que llevo meses desaparecida...( le lanzan una silla la cual esquiva por poco) pero verdaderamente no he encontrado momento para ponerme a continuar.
Público-¡Mentirosa, mentirosa! ¡Dijiste que para Diciembre, a más tardar Enero tendríamos nuevo capítulo!
Es verdad que lo dije, y juro por las bragas de Mafalda (esto es serio) que escribí la may... (cae un martillo de una tonelada al lado) digo, un tercio del capítulo entonces . El problema surgió con los exámenes de Enero, que causaron que me pasara todas las Navidades estudiando, entre fiesta y fiesta, y que no terminé hasta Febrero. Para entonces, entre las nuevas clases y el millar de proyectos y trabajos que me mandaron, solo pude avanzar un poquito, otro tercio más o menos. No ha sido hasta hace un par de días que terminé (para bien o para mal) que pude retomar el fanfic que llevaba mínimo dos meses sin mirar, razón por la cual me lo he tenido que releer para pulir algunos detalles de los que no me acordaba muy bien.
Ahora expuestas mis razones (o excusas como prefiráis llamarlas) os digo que va a ser la última vez que prometo una fecha aproximada para la siguiente actualización, porque me parece muy hipócrita de mi parte prometer que tendré el siguiente capítulo para finales de mes para terminar publicándolo dos o tres meses después. Así que me disculpo por este retraso y pido, por favor que seáis pacientes para el siguiente (aunque más de lo que habéis sido hasta ahora es dificil).
Agradezco los review de TsukihimePrincess, Terie y Milanh (creo que no se me pasa ninguno) y os animo a comentar a seguir la historia o simplemente a continuar leyendo. En las notas finales os dejo una sorpresita.
Miraculous LadyBug no me pertenece, porque si lo hiciera ya habrían sacado, de una vez (o tal vez no) la segunda temporada. Si de algo me han servido estos meses es para reflexionar sobre el desarrollo y desenlace que deseo escribir, espero que el proceso de este humilde fanfic os guste. Sin nada más que añadir, It's show time.
Todavía era temprano la mañana del festival cuando Adrien se marchó con Sage al hospital. La noche anterior le había preguntado si podía llevarle, a lo cual el muchacho afirmativamente sin hacer más preguntas. A aquella hora todavía persistía la bruma del alba, de modo que la humedad era mayor y el frío más intenso. Se despidieron en el vestíbulo, antes de que el rubio marchara hacia la terraza. El camino fue más silencioso que la última vez. Él supuso que la mayoría de los pacientes todavía estarían dormidos. Tal vez Kris no estaba aun despierta, pensaba. Pero toda duda huyó cuando la encontró esperándolo en la terraza.
-Buenos días. ¿Llevas mucho tiempo esperando?- saludó Adrien.
-Buenos días. No, hacer nada que estoy aquí. ¿Empezamos?- dijo ella alegremente. El chico asintió- Bien. Lo primero que quiero es que me muestres lo que sabes hacer. Obviamente sé que en el ámbito de la magia todavía no tienes nada de experiencia, pero en el físico es otra historia. Marinette me ha contado de sus aventuras como superheroína en París en las cuales como ChatNoir la acompañabas. Usabas un Bö, ¿no?
-Así es, aunque más bien era un bastón extensible. Aparte de que en ocasiones lo empleaba a modo de espada, debido a que como civil practicaba esgrima. Tengo una maestría.
Kris permaneció pensativa unos momentos.
-Esto puede ser un problema. Por un lado eso quiere decir que sabes empuñar un arma adecuadamente (además del bastón) y dominas con cierto nivel sus movimientos y desplazamientos. Sin embargo en una batalla/pelea real hay mayor dinamismo en el ritmo de combate. No puedes ser limitado con las reglas de la esgrima deportiva.
-Ya. Los akumatizados normalmente no tendían a jugar limpio. Normalmente mezclaba mis habilidades, para ser imprevisible.
-De acuerdo- cogió un cuaderno y dibujó unas figuras en él- me gustaría que memorizaras estas posturas y practícalas unas veces para que tu cuerpo las recuerde. Si tras un ataque tomas la conveniente, te facilitará la defensa de un posible contraataque.
Adrien estudió los dibujos atentamente. Si bien no eran una obra de arte, servían para su función. Tras practicar las posturas un par de veces, Kris generó con su magia unas esferas de luz, e indicó a su pupilo que probara a practicar con ellas como objeto en movimiento. Como ChatNoir había tenido que aprender por su cuenta y como Adrien era visto como una afición para mantenerse saludable, así que tener un instructor, que pese a sus limitaciones, lo tomara realmente en serio y lo guiara era un cambio agradable.
Tras el entrenamiento físico procedieron con la magia. Como el chico no tenía una base previa en la que basarse, Kris decidió usar el mismo procedimiento que se empleó con Marinette en su momento. Magia por medio de su arma. No era el más convencional, pues normalmente los estudiantes de la academia (por ejemplo) practicaban magia antes de escoger su arma, sin embargo al ser el caso contrario la maestra lo consideró oportuno. Por una parte estaba el inconveniente de que hasta que no la manejara, sería estrictamente necesaria su arma para hacer cualquier tipo de magia, sin embargo al tener un catalizador para formular los hechizos de forma más rápida, su poder se liberaría con mayor facilidad.
No habían terminado cuando Sage apareció y comenzó a observar el entrenamiento. El Cheng, de alguna forma, cuando miraba a Adrien, recordaba a su hermana cuando llegó dos años atrás. Seguramente era lo mismo para Kris, de otra forma no hubiera aceptado ser su tutora. Al fin y al cabo el fuego que brillaba en los ojos del chico era el mismo que el que tenía su hermana. Hace dos años. Sage comenzaba a dudar si alguna vez volvería a ver ese brillo en sus ojos azules.
La clase se dió por terminada y mientras Adrien se lo agradecía a Kris, el otro frunció el ceño.
-¿No se te olvida algo Kris?- cuestionó Sage.
-¿A qué te refieres Sage?- inquirió confusa al tiempo que preocupada.
-Bueno, le has enseñado magia de armas, por tanto necesita su arma en mano para efectuarla. ¿Planeas que se pasee con un bastón de metro ochenta por ahí como si nada?
-Mierda. Es verdad. Se me había olvidado.- y girándose a Adrien – Disculpa, pero antes de irte tienes que aprender una cosa más. Tienes que aprender a guardar tu arma.
Adrien la miró dudoso.
-¿Qué tengo que hacer?
-Coge tu bö con las dos manos y cierra los ojos.-comenzó a explicar Sage- No te ofendas Kris pero yo lo hago más a menudo que tú- la chica solo se encogió de hombros mientras el rubio obedecía- Bien ahora trata de captar el núcleo mágico del bastón, su fuente de poder propia. Una vez lo hayas hecho sincroniza su onda con la tuya, hasta que lo sientas como una parte de tu ser. Por último sin dejar de tomarlo, piensa en que su peso se desvanece, pero que todavía está contigo.
El chico siguió las instrucciones al pie de la letra. El bö desapareció y él abrió sus ojos sorprendido. Por reflejo se miró la muñeca donde había una pequeña marca, similar a una quemadura, con forma de pata de gato.
-Eso es la prueba de que tienes tu arma contigo, todos tienen una, más grande, más pequeña, oculta en su propias cicatrices o marcas de rango, etcétera. Para usar tu bastón solo tienes que pensar en él y hacer como si los sostuvieras en tus manos. Normalmente se suele pensar en un movimiento para invocar las armas, movimientos que usualmente con las manos vacías no harías.
Adrien asintió y probó un par de veces ha hacerlo. Para su sorpresa era algo sencillamente natural.
-Bueno, si el señor Cheng no tiene nada más que añadir, me gustaría concluir ya la clase. Llevamos horas aquí, es la hora de comer y como me retrase mucho en volver a mi cuarto se van a enfadar conmigo.
Llevaron a Kris a su cuarto y se despidieron de ella. Mientras salían de la fortaleza, los dos chicos comenzaron a hablar sobre los distintos tipos de magia. Adrien preguntaba con interés pero el mayor muchas veces le decía que se lo tomara con calma, pues algunas cosas llevan tiempo. A la salida se encontraron con Patrick, quien solo saludó de pasada antes de perderse dentro del edificio.
-¿Os conocéis? - cuestionó Sage. Su tono había cambiado.
-Sí, el otro día nos encontramos por casualidad y nos pusimos a hablar. ¿Por qué lo dices?
-Porque las casualidades no existen en este mundo.-concluyó tajante.
Sage acabó la conversación sin darle a Adrien explicación alguna. Un par de veces intentó preguntar qué pasaba, pero el simplemente le dijo que prefería no hablar del tema.
Llegaron a la mansión y, tras comer, apareció Marinette con una serie de paquetes.
-Estos son para vosotros chicos, vuestros trajes.- explicó ella- Lila y Alya se vendrán conmigo a mi casa para arreglarse. Pasaros sobre las ocho a recogernos.
-Espera Mari. ¿Ya os vais? Pero si acabas de llegar. Son solo las tres y veinte- dijo Sage.
-Mira, te quiero mucho Sage, querido hermano, pero una chica tarda tiempo en prepararse, así que multiplica ese tiempo por tres. Piensa un poco antes de decir nada. Te recomiendo que ciertas cosas, como estas, no las preguntes. Si no nunca conseguirás novia.- concluyó antes de abrir la puerta y desaparecer tras ella.
-Hasta luego, chicos- se despidieron Alya, Lila y Tikki antes de seguir a la Doncella de los Cheng.
Era poco antes de las ocho cuando los tres muchachos, ya vestidos y arreglados, se reunieron en el vestibulo de la mansión. Sobre las camisas y chaquetas se acomodaron oscuros abrigos que habían sido preparados para la ocasión, cortesía de Sage, antes de partir hacia la ciudad.
Como la primera vez, el portal los transportó a la sede del Alto Mando. Rapidamente, y sin entretenerse, salieron por una puerta lateral a una calle secundaria. Desde allí el barullo y la agitación del ambiente del festival era palpable. Los chicos procedieron a cerrarse los abrigos y fueron a buscar a las chicas. En aquel momento comenzó a nevar suavemente.
Los parisinos se sorprendieron por el gran cambio que las calles de Tirna habían sufrido. Numerosos puestos, a los laterales de la calzada vendían gran variedad de artículos, mientras que la gente se movía de un lugar a otro. Por las plazas las multitudes se juntaban para disfrutar de los espectáculos que en ellas se ofrecían. Incluso en las esquinas pequeñas agrupaciones, como tunas, interpretaban de un modo más discreto, atrayendo la atención de cuantos pasaran a su lado Las farolas por otro lado, estaban apagadas y la iluminación la hacían los cientos y miles de farolillos que colgaban sobre cuerdas, las cuales atravesaban las calles por encima de sus cabezas. Los balcones, antes desnudos, habían sido decorados con telas, escudos y banderas. Simplemente impresionante.
Sage prácticamente se vio obligado a arrastrar a los dos jóvenes que, con razón, habían sido atrapados por el encanto del Festival de Invierno. Tuvieron que callejear un poco, pues la calzada principal estaba abarrotada de gente, para llegar a la puerta trasera de la casa de Marinette. Llamaron y no tardaron en responder.
Las chicas vestidas para la ocasión salieron de la casa. Lila llevaba un vestido rojo apagado de manga francesa y cintura ajustada, una chaqueta de un blanco roto con volantes, bajo un abrigo color rojo, con unos calcetines altos negros y unas botas altas de color marrón oscuro. Además se había trenzado el pelo. Alya lucía una blusa verde cruzada, de mangas largas y anchas, un pañuelo distintos patrones pero misma paleta de color, unos pantalones oscuros con unas botas bajas y un abrigo color crema. Su cabello estaba recogido en una coleta alta. Por último Marinette vestía un kimono corto azul noche de flores blancas y plateadas, cuyo obi era era plateado. Complementaba con calcetines negros altos unos botines planos negros. Llevaba un recogido bajo y decoraba su pelo con un adorno plateado de flores.
Adrien y Nino simplemente se quedaron sin palabras. Todos juntos marcharon por el festival, tratando de hablar entre ellos por encima del barullo. Fueron formando parejas, para facilitar la conversación entre ellos, siguiendo a Marinette y a Sage, quienes los guiaban para ir a cenar algo. Adrien trataba de hablar con Marinette, cuando se fijó en un puesto de comida oriental donde vendían mochis. Su profesor de chino le había hablado sobre ellos, a pesar de ser japoneses, pero nunca tuvo ocasión de probarlos. La chica se percató de a donde había dirigido su atención Adrien, así que con una sonrisa, le cogió de la manga y lo guió al puesto. El rubio quiso detenerla, pero sin preguntarle siquiera ya había comprado un mochi para cada uno. Por desgracia el capricho les había costado perder al resto del grupo.
-¿Y ahora que hacemos?- preguntó a la Cheng.
-Se supone que tienes dieciocho, ¿no? -replicó restándole importancia- No te preocupes, ya nos encontraremos con ellos, si no en un rato, cuando nos recojamos, además mientras estés conmigo no te vas a perder.
-Tienes razón -acordó con una sonrisa.
Mientras tanto con el resto...
-Hey, ¿dónde está Adrien?- cuestionó Nino mirando a su alrededor.
-Pues ahora que lo dices...-comentó Alya. Plag y Tikki que estaban de "cita romántica" en el bolso de Alya salieron para enterarse mejor de la situación.
-Tranquilos, mientras esté con mi hermana estará bien -dijo Sage, antes de añadir en un susurró para si mismo- o eso espero.
Lila, que había sido capaz de oír eso último, lo miró confusa.
-Hola chicos- saludó Miranda acercándose a ellos- ¿Disfrutando del festival?
La albina vestía un abrigo de color oscuro, que como estaba cerrado no dejaba ver su conjunto, solo el filo de una falda blanca, medias megras y botines claros. Junto a ella la acompañaba el chico que conocieron en la sede del Alto Mando, Henry, que vestía un traje oscuro bajo una capa castellana de broches de plata. (*a)
-No nos podemos quejar- respondió sonriendo Sage- Veo que a vosotros ya se os a pegado el ambiente.- agegó haciendo reir a la albina.
-¿Dónde se encuentra Mari?- preguntó el ojiverde
-Bueno... digamos que la perdimos, a ella y a Adrien- contestó Nino, lo cual hizo el el otro frunciera el ceño.
-No hay que preocuparse, los dos son mayorcitos- trató de tranquilizar Alya al notar su expresión.
-Ya lo sé, es que... da igual, no es nada- dijo restándole importancia.
-¿Está bien que estés aquí Henry? Si no recuerdo mal en la reunión de anteayer te encargaron el tema de la seguridad- cuestionó Sage.
-En principio no hay problema, mis funciones se limitaban a la organización, pero tal vez no sea mala idea que me pase por la base para comprobar que todo va bien.- razonó antes de sonreír- Nos vemos luego.- acto seguido corrió y se perdió entre la multitud.
-Qué extraño...- comentó Mimi.
-¿Por qué lo dices?- preguntó confuso Sage.
-Tú no lo conoces tan bien como Mari y yo, pero en los festivales de este último año, si podía de escapaba de sus obligaciones, era impensable que se pasara durante el festival por la sede para ver como marchaba todo- explicó ella- Aunque tal vez, después del incidente del anterior, sobretodo estando él a cargo de la seguridad de este, lo más probable sea que quiera evitar un suicidio profesional.
-Comprendo.- y añadió el azabache- Viendo que te has quedado sin pareja, ¿te gustaría unirte a nosotros?
Lila había dejado de escuchar la conversación. Por alguna razón tenía un mal presentimiento. Quizás fuera por encontrarse en medio de una ruidosa multitud en un lugar que a penas conocía. Quizás simplemente se sentía incómoda. No queriendo fastidiar al resto, decidió no comentar nada, porque posiblemente, se decía, solo era impresión suya.
Con Adrien y Marinette...
Tras comerse sus mochis, fueron viendo varios puestos, comprando comida en algunos y solo mirando en otros. Debido a la cantidad de gente, para el desconcierto de Adrien, Marinette tomó su mano, entrelazando sus dedos con los suyos, para que no se separaran. De esa forma hablando y riendo, recorrieron todo el festival. Terminaron alejándose del epicentro hasta acabar en un parque que se asomaba sobre el acantilado que limitaba el puerto.
La iluminación de las farolas, la nieve cayendo y el silencio que lo envolvía, le otorgaba un aire misterioso y solitario. El rubio no pudo evitar mirar nervioso a la chica.
-¿Qué hacemos aquí?
-En un rato comenzarán a lanzar fuegos artificiales desde el mar. La mayoría de la gente sube a la muralla o se agrupa en el mirador que hay en su base para verlos, por lo que es raro que alguien baje la Cuesta de Gracia (que para subirla gracia ninguna) para disfrutarlos aquí. Personalmente creo que es el mejor sitio para hacerlo, ¿no crees?- explicó mientras se apoyaba en la barandilla.
-¿Cómo lo hacen para lanzarlos desde el mar? Desde un barco por el material pirotécnico es peligroso.-continuó tratando de evitar lo que sería un silencio incómodo, mientras se posicionaba junto a ella.
-En realidad, podrían lanzarlos perfectamente desde un barco, al fin y al cabo así lo hacían en París desde el Sena, recordemos cuando akumatizaron a Rose. Sin embargo aquí lo que hacen es crear islas artificiales para que tengan unas bases estables de lanzamiento.- y tras una pausa añadió- Está un poco oscuro, ¿por qué no me enseñas cuánto has aprendido haciendo un poco de luz?- al verlo sorprendido continuó- ¿En serio creías que no me percataría de Kris te ha tomado de aprendiz? Puede que me iniciaran Mimi y Karen a este mundo, pero Kris ha sido en todos los sentidos mi maestra.
-Bueno, pensé que sería interesante aprender un poco de magia.- dijo esperando que una media verdad la complaciera- Aunque de momento solo puedo hacerlo con mi bö.
-Funcional mas al mismo tiempo poco práctico para la vida cotidiana. Creo acertar al suponer que dicho arma tiene la misma habilidad que tu bastón de Chat Noir, así que no importa que la saques y la dejes a su mínimo tamaño para iluminarnos.-comentó ella.
Adrien un poco nervioso, hizo aparecer su bö en la mano tal y como Sage le había enseñado y concentrándose trató de iluminarlo, uno de los pocos hechizos, que por suerte, Kris le había enseñado. Al principio tenue y más tarde de una intensidad media fue capaz de producir luz. Marinette, como una niña por Navidad, le sonreía mientras se inclinaba hacia él, lo cual provocaba que el rubio se ruborizaba.
Por un momento el tiempo se detuvo. Con su leve luz, la nieve cayendo, el silencio que los envolvía, las mejillas sonrojadas ya sean por el frío u otras cosas, Adrien fue repentinamente consciente de la cercanía de sus rostros. Solo unos centímetros separaban sus labios. Marinette, antes atenta a la luz, dirigió su mirada azul hacia la del rubio. Poco a poco se atrevió a acortar la distancia.
Pero antes de ocurrir nada la magia se rompió.
(Aquí es donde matan a la autora)
Marinette rompió el contacto visual bruscamente, irguiéndose y tensándose al momento, dejando muy confundido a Adrien.
-Adrien, apágalo, por favor- dijo seria.
-¿Qué pasa?- preguntó curioso.
-He dicho que lo apagues- replicó rudamente con un tono que no admitía discusión.
El chico hizo lo que le pedía tratando de no cuestionar más a la azabache. Durante unos segundos un silencio sepulcral cayó sobre ellos. Sin previo aviso Marinette pateó a Adrien enviándolo varios metros hacia atrás. La nieve amortiguó su caída, pero aun así se quedó un poco aturdido. Pese a la oscuridad, era capaz de ver todo lo que sucedía ante él, por ello fue testigo de algo que nunca olvidaría.
Observó como la chica había retrocedido también antes de que una figura encapuchada atacara en lugar donde se encontraban. El filo de un arma brilló en su mano. Marinette sin perder un segundo asió con fuerza su abanico, que como una sombra cambió a la forma de lo que parecía una punta de flecha gigante y a una velocidad inhumana corrió hacia su oponente. Este trató de defenderse con lo que reconoció como un puñal curvo, pero no sirvió de nada. El silbido de la cuchilla cortando el aire ahogó el grito de terror el encapuchado, antes de que esta le atravesara el corazón. Tan rápido como ingresó en su pecho, Marinette tiró de la cuerda para sacarla y que regresara a sus manos. La persona cayó al suelo cual títere sin hilos.
La azabache se giró hacia el rubio y a paso tranquilo se acercó a él, parándose a un par de metros de donde estaba. Adrien se incorporó y se sentó en el suelo, antes de encontrar sus ojos con los de la chica. La mirada azul que antes le había cautivado, ahora carecía de vida, ahora era la mirada de un muerto.
-Sabes existe un pequeño desfase entre París y Rens- comenzó a decir con voz gélida- Este fenómeno hace que nochebuena coincida con el festival de invierno.- se llevó las manos al cuello y sacó algo que no reconoció- Así que- el primer fuego artificial estalló en el aire- Feliz Navidad, Adrien- la luz dejó ver que la chica estaba llorando- Espero que cuando volváis a París os olvidéis de mi para siempre- concluyó dejando caer frente a él el anillo de plata que años atrás le habían regalado. La nieve amortiguó el sonido de su choque con el suelo.
El chico en shock dirigió su mirada a quien había sido asesinado, entonces visible por la pirotecnia. No esperó reconocer el rostro de Henry, el chico del Alto Mando que junto a la albina los recibió, el compañero de armas de Marinette. Su rostro desfigurado por la muerte, no mostraba ni un atisbo de arrepentimiento, sino una sonrisa arrogante de quien a muerto en el honor de cumplir con sus creencias.
Marinette siguió la mirada del rubio, cambiando su atención al cadáver. Sin previo aviso comenzó a arder y en menos de un parpadeo se extinguió, dejando como único resto del muchacho un montón de cenizas. Una suave brisa sopló y se las llevó en dirección al mar, donde el espectáculo de fuegos artificiales seguía ajeno a lo ocurrido.
-Adiós-
Comenzó a alejarse, sin esperar a que Adrien dijera nada. Para cuando el muchacho quiso seguirla ya era demasiado tarde, no había ni rastro de ella. Solo le restó recoger el anillo y salir de aquel solitario lugar para encontrar cuanto antes a Sage y el resto.
Notas:
Este capítulo me ha terminado dejando una leve sensación de ansiedad. Si bien he sudado para escribir la última escena, pienso que era estrictamente necesario para el desarrollo lo que en ella ocurre. Tal vez he recurrido de una forma demasiado precipitada a un personaje secundario que literalmente, sin contar este capítulo, solo ha tenido dos intervenciones, hace ya unos cuantos capítulos. También podría haber creado a otro personaje, a un desconocido, pero teniendo en cuenta que de alguna manera Henry estaba implicado con nuestra protagonista, se haría más sencillo de explicar cuando se termine de desvelar lo que sucede.
Con respecto a la geografía y mapa de la ciudad, personalmente desistí, porque era tal el lío de ciudades y ejemplos que estaba buscando para ilustrarlo, que yo misma me perdía, así que decidí dejarme llevar, poner las descripciones los más detalladas que mi capacidad me permitiera en base a mi imaginación y que sea lo que Dios o la suerte quiera (aunque observando lo gafe que puedo llegar a ser...).
Sé perfectamente que más de un lector me querrá matar por la escena del Adrinette. Lleváis nueve capítulos esperando a que ocurra algo y por fin cuando la cosa se pone seria, zas, voy y lo interrumpo, sin embargo me quiero acoger a que en ningún momento, pese a que la historia gira en torno a esta pareja, la califiqué como romance, siendo en su lugar suspense.
Sobre la sorpresa que os hablé en la introducción, os desvelaré un poco de información confidencial. Actualmente quedan 2 capítulos con posibilidad de un epílogo, así que adelanto el título de la siguiente actualización: El Cumpleaños de Marinette. Aviso de que NO va a ser un capítulo de relleno, aunque el título diga lo contrario. No desvelo nada más para no hacer (más) spoiler.
*a) Quien sea de España y tenga mínimo 16 años conocerá el Gran Prix, con su presentador Ramontxu (Ramón García), quien con su legendaria capa castellana durante años presentó las campanadas en la Primera (RTVE).
Me he llegado a plantear continuar el One-shot de Magi que escribí hace casi un año o empezar un crossover entre Katekyo Hitman Reborn y Harry Potter, aunque primero me gustaría terminar esta historia y no dejarla a medias por otra.
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo, que haya merecido la pena. No sé cuando volveré a subir. Tal vez sea un capítulo u otra historia, quien sabe por donde me me guiará la inspiración (que me abandona más de lo que querría admitir). Quizás debería dejar de divagar tanto...
Hasta la próxima,
Meredy.
