No es lo que haces con tu boca, mi muñeca rota lo que solicito.

Te puedes dejar la ropa mi muñeca rota no la necesito.

No es la calentura andar en tu cintura lo que estoy buscando,

Es un poco de ternura para ver si cura lo que estoy pasando.

UNA DULCE TENTACIÓN

CAPITULO # 9

Por. Tatita Andrew.

Sabía que debía concentrarse en la bendita reunión pero mientras algunos ejecutivos, hablaban sobre informes, cifras plan de contingencia y soluciones inmediatas de vez en cuando la mente de Albert viajaba una y otra vez a la suite del hotel, se preguntaba si Candy ya habría despertado, o si todavía estaba desnuda completamente y tapada con la sabana de seda, como una diosa. Recordaba cada momento de aquella noche, a partir de ese momento ella se había convertida en su mujer.

Nunca había estado con alguien tan apasionada como ella, Por Dios a pesar de su experiencia con las mujeres comprobó que Candy era insaciable respondió a todas sus caricias, y no puso ningún miramiento en probar poses, en dejarse amar y tocar de la forma en que él había querido. ¡Virgen! Al descubrirlo casi muere en ese instante jamás, se imaginó en las circunstancias en que conoció a Candy que ella era totalmente pura e inocente como parecía. Como es el destino que justamente él la encontrará en aquel burdel, no quería pensar en lo que hubiera sido de ella si hubiera sido usada o maltratada por cualquier granuja.

Lo único que lamentaba era haber tenido que salir dejándola en aquel lugar, recibió una llamada urgente de su asistente personal en donde le comunicaba que una de sus empresas con sucursal en Londres con más de 2000 empleados debido a una mala administración estaba a punto de quebrar y ser subastada y los miles de empleados, corren el riesgo de quedar en la calle, sin liquidación y sin nadie que los ampare. Se había organizado una reunión extraordinaria en media hora con todos los ejecutivos, asesores personas que quieren financiar y comprar acciones para poder salvarlas. Llamo urgentemente a su chofer para que lo pasará recogiendo apenas tuvo tiempo de bañarse, y ponerse la misma ropa del día anterior, quiso despertarla pero se veía tan inocente y dulce durmiendo, decidió dejarle una nota diciéndole todo lo bien que la había pasado con ella, estaba seguro que sería la esposa que él necesitaba, en ese instante que estaba escribiendo entra su chofer diciéndole que lo estaban esperando, no tuvo tiempo más que de escribir unas pequeñas líneas sin que denote nada romántico por la mirada curioso de su chofer.

Decidió dejarle algo de dinero para el taxis ya que el chofer se iba con él a la empresa y no sabía si podría necesitarlo en cualquier momento por la gravedad de la situación en su empresa. Solo rogaba que haya sido suficiente ni siquiera sabía cuánto costaba una carrera en taxi no se consideraba ningún snob pero rara vez usaba uno, ayer en la noche había sido una excepción con Candy no quería que nadie interrumpiera su noche, y al pagar solo había dado un billete esperando que fuera suficiente cuando el hombre no protesto al bajar en el hotel, supuso que había sido correcto.

Decidió concentrarse de nuevo en la reunión ya que el puesto de trabajos de demasiadas personas estaban en sus manos y juraba que haría lo que fuera necesario para no tener que despedir a gente inocente.

No sabía cuánto tiempo había pasado imagino que horas, cuando se escuchaba un alboroto en la recepción por la forma en que hablaba su asistente supuso que alguien quería una reunión con él, pero sabía que nadie se atrevía a pasar por la seguridad de Rita llevaba muchos años trabajando para él, y sabía muy bien cómo lidiar con personas que se presentaban sin cita alguna.

Pero de pronto la puerta se abrió de golpe con una Candy furiosa como la primera vez que Albert había entrado en la habitación del burdel con ella. Lo sabía muy bien por el color de sus pecas se le hacían mucho más profundas cuando estaba enojada.

Atrás de ella Rita estaba furiosa con las manos en jarra por no haber podido evitar a la intrusa.

-Lo siento señor Andrew no pude detenerla.

-¿Puedes retirarte Rita gracias?

Una vez que su asistente había salido espero sin decir nada a que dijera algo, todos en la reunión habían enmudecido. En vista de que no lo hacía pregunto

-¿Candy que haces aquí? Pensé que ya estarías en la casa.

Sin importarle las personas que estaban a su alrededor ella avanzo hasta donde estaba él, y le tiro los billetes encima del escritorio.

-He venido a devolverte esto. Y ni pienses que tengo la intención de volverte a ver después de la forma en que me has tratado y me has humillado. ¿Pensaste que con dinero? Podrías callar tu conciencia por la noche que pasamos juntos. Grito.

-Pensé que serías diferente. ¿Cómo pudiste hacerme esto? Todos los hombres son iguales consiguen lo quieren y zas te votan de una patada.

Cuando acabo de decir aquello reacciono que no estaban solos en la sala de juntas y su rostro se puso rojo como un tomate por la vergüenza.

No tardo en balbucear miles de disculpas por haber entrado así, como una loca y sin permiso. A una reunión privada.

-Señores les presento a mí prometida a la Srta. Candy White si me disculpan unos minutos hablaré con ella en privado.

A pesar de lo gracioso de la escena no se escuchó carcajadas Albert era un hombre bueno y atento como jefe, pero no se atrevían a burlarse de él en su cara. Todos asintieron con la cabeza.

-Por supuesto tómese su tiempo, así todos nos tomamos 10 minutos de descanso. Dijo un señor mayor de cabello blanco.

Albert hizo un ademán a Candy señalando una puerta a los lados que daba a una pequeña oficina.

-¿Decías Candy? Puedes desahogarte ahora que no tenemos público.

Para ese entonces Candy ya había apagado un poco su enojo exagerado, si sabía que debía estar enojado con Albert, pero ahora pensaba que debería haber esperado a que llegará a casa, pero los nervios y el mal humor la estaban matando y deseaba saber las razones de su abandono en aquel hotel.

-Lo siento no debí interrumpir, solo quería devolverte el dinero y decirte que entiendo si después de lo de anoche el trato haya quedado cancelado.

Albert deseaba abrazarla en aquel momento y volver a tomarla como un loco encima de aquel escritorio, pero se recordó que lo estaban esperando y no podía llegar con una erección monumental. Decidió que haría que se tranquilizará hasta que el regresará por la noche.

-Candy no sé qué cosas están pasando en estos momentos por tu cabecita, sé que deberás estar pensando lo peor de mí debido a las circunstancias, pero te aseguro que todo tiene una explicación, prométeme que no tomarás una decisión apresurada antes de hablar conmigo, anoche fue una noche mágica para mí, espero que también lo haya sido para ti, las cosas cambiarán entre nosotros, y si no tuviera que regresar te hablaría de todo aquello. Entiendes lo que te digo.

Ella asintió muda sin decir nada Albert no resistió y le acarició la mejilla.

-Candy que muchacha más loca eres, no creo que ninguno de mis ejecutivos haya estado en una reunión menos aburrida con todo el alboroto que armaste allí.

Candy no sentía ofendida por aquella exclamación ya que su noto era suave además lo delataba la sonrisa que tenía en su rostro.

Ella giro un poco la cabeza apoyando su mejilla en la caricia que él le hacía y sonriendo traviesamente.

-Tengo que volver tenemos mucho trabajo por delante, en vista que me has devuelto el dinero que te deje para el taxi, le pediré al chofer que te deje en la casa si lo necesito yo lo llamaré. Date una ducha descansa un poco no sé a qué hora volveré, pero cuando lo haga iré a buscarte para hablar. La beso en la frente y apoyo su frente con la de ella cerrando los ojos un momento y deseando poder irse con ella.

-Te estaré esperando dijo la rubia mientras se empinaba para estar a la altura de su boca y dar un beso nada casto que por un momento hizo que Albert se olvidará de todo.

-Vete, ya o te juro que te hago el amor aquí mismo, aunque todos mis ejecutivos se queden pasmados por los gemidos que saldrán de esta boquita.

Albert suspiro tardó otros dos minutos en recuperarse para volver a la junta ya que a pesar de todo su esfuerzo ese simple beso lo había hecho excitar como un chiquillo.

Mientras tanto Candy una vez en coche de Albert se sentía un poco más tranquila por la forma en que la había mirado y hablado, sabía que él debía tener una buena razón para marcharse, por la tensión que se sentía en aquella junta supo que allí se estaba tratando de un tema de mucha importancia.

Iba a hacerle caso, se daría una ducha, descansaría, se arreglaría y escucharía atentamente todo lo que Albert tuviera que decirle.

Pero nada de lo que pensaba hacer resulto así. Al llegar a la mansión la Sra. Elroy la esperaba en la sala.

-Hasta que al fin apareciste. Siéntate tenemos que hablar, seriamente tu y yo.

Albert caminaba inquieto por la habitación que pertenecía a Candy, con las manos apretadas en un puño y todo su cuerpo rígido, pensaba que si lo provocaban atacaría sin la mínima provocación.

Leyó la nota una vez más, volvió a buscar en los archivos y como un loco salió gritando por toda la casa a su tía Elroy.

-¿Tú tienes que ver esto? ¿Sabías que se ha marchado?

La cara de su tía estaba como siempre serena y tranquila sin mostrar ningún instante lo que estaban pensando o sintiendo.

Había terminado aquella junta esperando poder hablar con Candy y cuando llega se encuentra con esto.

Le enseño la pequeña nota a su tía:

Lo siento, esto se acabó, por favor no me busques.

Candy

Apenas unas horas antes, había prometido que no realizaría ninguna locura sin antes hablar con él, para donde habrá ido sino conocía a nadie en aquella ciudad. ¿Cómo se atrevía? A dejarle una simple nota.

Después de leer la misiva contesto.

-No estaba en casa. Pensé que estaba en su cuarto. No pensé que se había ido, jamás hemos sido amigas, y tampoco quise ganarme su confianza. Te aconsejo revisar las joyas y cosas de valor seguro que se ha llevado lo que ha podido.

-Candy no es así, no la ofendas tía.

-Eres tú quien ha ofendido a nuestro apellido eligiéndola como novia. Es una cazafortunas lo supe desde que puso un pie en esta casa.

Ser marchó no quería seguir discutiendo con su tía, pero la rabia lo cegó no podía ser que Candy lo haya dejado como si no hubiera pasado nada entre ellos, le había dado todo lo que una mujer en su posición estaría más que agradecida, le dio respetabilidad, ropa, seguridad, joyas, maldición incluso pensaba casarse con ella sin importarle nada, ni las habladurías. Y como le había pagado, dejándolo en ridículo delante de todos, cuando la gente se enterará de que había sido plantado sería el hazme reír de toda la ciudad. Soltó una maldición antes de hacer un par de llamadas, la encontraría hasta debajo de las piedras y le haría pagar por haber jugado con él. Eso lo juraba le había dañado en donde más le dolía su orgullo.

CONTINUARÁ…

Miércoles mitad se semana, gracias por sus comentarios nenas, me agradan mucho, espero poder seguir continuando con mis actualizaciones en general. Si se puede je je si se puede…