Lo de las dagas, la verdad, me las saqué de la manga... se me ocurrieron, aunque aun no les doy un uso fijo. Pero de que las usarán, me cambio el nombre
Esto lo cambia todo
En el lugar de los hechos Walter esperaba la señal necesaria, caminaba a los alrededores, pero aún seguía sin escuchar algo diferente, casualmente, la calle estaba un poco vacía. Del fondo del callejón una mujer corría despavorida con un bulto en brazos, hablaba un idioma muy diferente al inglés, pero sin duda, pedía auxilio, Walter pensó que no pasaría nada si se desviaba un poco del plan.
Caminó con un paso normal hacía la asustada mamá, y la interceptó justo cuando una bala atravesaba su pecho, dejando la pequeña carga en los brazos de Walter, la joven cayó al piso, muriendo muy lentamente, vivió lo suficiente como para ver morir a su agresor, luego, descubrió el paquete que envuelto en una cobija delgada, lloraba sin control.
- ¿Qué haré con este infante? – Pensó para sí – un pequeño contratiempo, regresemos a la mansión Hellsing. Misión omisa, posponerla hasta nueva oportunidad.
Al llegar a la mansión, Walter, aun llevaba al bebe, subió la majestuosa escalera de mármol, y llamó a la puerta de la oficina de su jefa. "pasa" se oyó del otro lado; Walter procedió y sin una palabra se acercó y descubrió al peque que resignado había dejado de llorar.
- Debemos llevarlo a un orfanato de inmediato – ordeno sin pensarlo ni un poquito – debe comer algo, no sé Walter.
- Madame, debemos quedarnos con él – dejó la daga faltante en el escritorio de su superior – al menos hasta aclarar todo, es una lastima que Alucard no este despierto aún. Habrá que esperar.
- ¿dame detalles de la misión?- pidió mirando al pequeñín dormir, Walter jaló un sillón amplio y acomodó ahí al bebé.
- no se llevó a cabo, nunca apareció el objetivo, en cambio, la mujer con la criatura en brazos gritando palabras, alemanas, rusas, rumanas, qué se yo – se paró bien recto delante de la princesita de la mansión – y esta criatura llorando por hambre, llevaba la daga envuelta en su cobijita
Integra Fairbrook tomó la daga y al ver la inscripción (en rumano antiguo por supuesto) supo que debía esperar al sarcástico vampiro que aprovechaba cualquier ocasión para burlarla, o insinuarse sin descaro.
- genial – dijo – habrá que comprarle lo necesario por mientras la situación se arregla, déjalo aquí y compra lo necesario Walter, te lo agradeceré toda mi vida.
- si, Lady – Walter salió y se perdió detrás de la puerta.
- Algún familiar debes tener, no te quedarás aquí – le dijo al infante que dormía en el sillón. Se dedicó a leer y firmar papeles mientras el pequeño hacia su siesta.
Alrededor de las doce un llanto se escuchó por toda la mansión, pero su foco era la oficina de Sir Hellsing, quién totalmente fuera de sus casillas, gritaba a todo mundo, con tal de no aventar al bebé fuera de la ventana. Walter pasó con la puerta con un biberón tibio, Integra con crudeza le entregó al bebé a su mayordomo para que este calmara su llanto. "llévatelo, por favor, la cabeza me reventará" dijo con odio inminente. "¿Dónde diablos esta ese endemoniado vampiro cuando se le requiere?"
- Duerme madame, aún son las doce del medio día. Relájese, el pequeño ha tomado su leche, recuerdo que usted era igual de llorona a esta edad, todos los infantes lo son. Creo que hay que limpiarlo, me lo llevaré – indicó saliendo de la oficina.
- y pensar que usted también fue un bebé¿no cree que debería tolerar más? – una voz en un rincón interrumpió.
- Lárgate Helena, vete a dormir – dijo evadiendo la pregunta.
- ¿Quién demonios puede dormir con esos gritos? Podría despertar a un muerto¡bien! Ha despertado a un muerto – Dijo Helena, al tiempo que salía para regresar a su dormitorio.
- Ahora son dos Alucard, enloqueceré – tomó un puro y siguió su vida: leer y firmar.
En la recamara contigua, Walter calentaba agua para bañar al bebé, este ya satisfecho reía y balbuceaba. Mientras lo bañaba, pensaba cual sería el parentesco con el rey de la noche, imaginaba como es que tenia ese puñal. Y porque habían matado a su madre, era un varón, no tenían ni idea de su nombre así que Walter le llamó: Tairis (nombre del Dios de la Guerra)
Después de haberlo vestido, inmediatamente lo acobijo y lo puso a dormir en una antigua cuna que había pertenecido a Integra, aun estaba en perfectas condiciones, pues para el padre de la niña rica, esa cuna era invaluable. Lo dejó ahí para llevar el té de la 1 a su ama.
Una sombra se manifestó por un rincón de la pared, se asomó al infante y le miró dormir plácidamente, acercó su cara aún más y olió.
- Te pareces mucho a él – revolvió su pequeño mechón de cabello – tu cabello oscuro, como yo – sonrió, y lo tomó entre sus brazos – veamos – lo movió un poco esperando que parpadeara – tus ojos son como los de él. Y tu sangre, un olor muy especial, me parece haberla olido en algún otro lado, sigue durmiendo, en la noche te veré con más calma, y tal vez podamos jugar un poco.
- Señorita, espero que "jugar" sea juego y no cena – interrumpió el anciano – deje al pequeño en la cuna, se acostumbrará a los brazos, le aseguro que si viera sus ojos, lloraría como nunca.
- sabes que no me lo comería, me refería a jugar, tal como lo dije ju – gar. Además siempre he sido bienvenida entre los bebés – dijo airosa.
- Si, pero ahora los asustará, por que no va a descansar. La luz le hará mal – dijo.
- bien, es enserio, regresaré en la noche. Descansa Walter.
Pasó pared tras pared en forma de neblina, hasta pasar por la puerta más conocida de las mazmorras.
- Es un bebé, amo. Y llora mucho –se sentó en la cama, el primer vampiro, tomaba el último sorbo de sangre envinada – regreso a dormir. Buenos días, amo Alucard
- Lo encontraron, perfecto – sonrió casi diabólicamente – Finalmente haz mencionado mi nombre. Visitaremos al pequeño por la noche.
Durante las primeras horas de la noche Alucard, caminó entre los cuartos buscando al pequeño inocente. Cuando Al fin lo encontró, sonrió abiertamente, el pequeño manoteaba y pedía salir de la cuna.
Lo cargó y lo puso justo frente a sus ojos rojizos, le mostró sus colmillos y le dijo¿te crees muy listo no? Conseguiste lo que querías, ahora dime cuál es tu propósito. El bebé frente a sus ojos se convirtió en un hombre, Alucard sonrió aun más. ¿Qué te trae a Londres? Tu mandaste al demonio Astaroth, con que propósito.
- ¿Recuerdas como fue muriendo tu familia? – dijo el joven demonio
- No nos vemos desde la segunda guerra, supongo que tu trabajo no es tan basto desde ese entonces – omitió, sin importar el ente miro con sus profundos ojos amarillos, el tipo era caucásico, cabello marrón, hasta los hombros, vestía un traje con casaca.
- los están volviendo a cazar, personalmente me he llevado dos - sonrió.
- Eso no es tan importante – dio la vuelta – los humanos algún día deben morir
- ¿quieres verlos? – dijo el tipo tentativamente, Alucard, lo volvió a ver y lo tomó del cuello de la camisa y lo alzó.
- No juegues conmigo demonio inútil – gruñía y bufaba de impotencia – de quien es el árbol genealógico. ¿Radu¿Qué quieren con su estirpe?
- La descendencia de tu hermano menor, Radú, brutalmente acabada, conde, jamás te vi tan preocupado¿que a cambiado en ti en estos últimos 63 años? – intrigó notando que la impaciencia de Alucard, poco a poco hervía.
- Nada, soy el mismo infeliz dominado por un humano – dijo – ahora, dime que ha pasado con la estirpe de mi hermano, o juró arrancar poco a poco tus ojos amarillentos, demonio con hepatitis.
- Me equivoqué, sigues siendo igual. Quieren los cuatro cuchillos Alucard, alguien que tú y yo conocemos bien, Millenium. Acabo con todos ellos, espera no dejar ni el recuerdo de que alguna vez los Dracul existieron – tomó una sonaja, y la agitaba lentamente.
- Imagino que es envidia, a ellos no los recuerdan ni las cucarachas – Interrumpió Helena con su Glock en la mano – Agugu dada…- dijo- ¿te empeñas en recordar el pasado verdad?
- si te refieres al porqué de la forma del bebé, así de tierno era Alucard, cuando era un inocente infante, pero tú ya te habías dado cuenta. ¿Quién es usted? No la he oído mentar.
- Helena Pruitt – contestó Alucard – mi sirviente, deja la mansión ya diste tu recado y con mucha creatividad.
- Solo quería que recordaras tu pobre infancia, por cierto tu nueva ama es realmente hermosa – Sonrió el arcángel de la muerte.
- Y voluntariosa – anexó el conde al curriculum de la dama de la mansión – mi infancia es lo último que me gustaría recordar.
- bien, dado por avisados mis recados, tengo que recibir unas cuantas almas. Espero la tuya Alucard… - una risa macabra inundó la habitación al momento que Walter pasaba por la puerta, Helena aun tenia al arma apuntando hacia la ventana.
- ¿Qué le han hecho al bebé? – dijo histérico Walter, quien veía la habitación revuelta la cuna volteada y la sonaja de plata sobre la mesita de estar.
- "Eso" no era un bebé, era el demonio Marduk – dijo Helena, bajando su arma y acomodandola en su pantalón - ¿no crees que el amo era lindo cuando tierno? – sonrió, dio la vuelta y salió de la habitación.
- Ese demonio puede cambiar de forma, es su especialidad – defendiéndose del comentario de Helena – tomó mi forma de cuando infante, para entrar a la mansión Hellsing.
