Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
.
oOo
9
Enamorado
.
oOo
—Oye, Sasori.
—...
—Despierta.
—...
— ¡Sasori!
— ¿Humm?— Sasori se sentó sobre la cama por acto reflejo, a pesar de que apenas era consciente de lo que pasaba a su alrededor.
—No es que sea mi asunto, ni nada por el estilo— aún con los ojos cerrados intentó mantenerse despierto al oír la voz de Kakuzu hablándole, aunque sin mucho resultado—. Es decir, ni siquiera me interesa— siguió su compañero de apartamento—, pero ¿no te tocaba el turno matutino en el restaurante hoy?
Como si le hubieran echado un balde de agua helada, Sasori se despertó de una vez, descubriendo al instante, con horror, que se le había hecho tarde.
—Demonios— gruñó antes de correr hacia el baño, de donde salió al cabo de dos minutos cronometrados, vestido con su uniforme negro de mesero y corriendo de un lado a otro por la habitación en busca de su mochila.
—Oye, ¿estás bien?— Kakuzu, que seguía observándolo desde la puerta, frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—Me quedé dormido— respondió el más joven, dándose cuenta de que se había puesto calcetines de diferentes colores.
—Sí, lo noté— ironizó el otro hombre, arrojándole el par faltante de su calceta negra— Por eso lo pregunto. En todo el tiempo que he vivido contigo nunca te he visto quedarte dormido, y eso que siempre luces cansado. Además, has estado actuando extraño desde el otro día.
—No es nada— se apresuró a responder Sasori, terminando de vestirse y de preparar su mochila— Y no actúo extraño. Sólo me quedé dormido.
—Y ayer te olvidaste que debías dar clases, y luego intentaste entrar al apartamento de los vecinos. Eso es extraño viniendo de una marioneta viviente y perfecta como tú. ¿No crees?
Sasori se detuvo un momento y lo miró, tan inexpresivo como era habitualmente.
—No soy una marioneta, y no me pasa nada. Además, me había equivocado de puerta— declaró, pasándose una mano por el cabello antes de pasar por lado hacia el pasillo— Tengo que irme.
—Creo que necesitarás esto— Sasori se dio la vuelta una vez más, dándose cuenta, con sorpresa, de que Kakuzu tenía en su mano su tarjeta de empleado. No obstante, sin decir nada se la arrebató y corrió a ponerse los zapatos de calle, preparándose para salir corriendo.
Si bien llegó sólo con cinco minutos de retraso, todos en el restaurante lo miraron con sorpresa cuando marcó su tarjeta, pues, como gerente y empleado del mes, lo habitual era que Sasori fuera siempre el primero en llegar, sobre todo en las mañanas, pues por lo general era él quien abría el restaurante cuando el amanecer ni siquiera había despuntado, revisaba las cafeteras para después pasar por cada mesa y asegurarse de que todo estuviera en orden para recibir a los clientes matutinos, escribía los cronogramas de tareas y preparaba los menús del día, todo antes de que cualquiera de sus compañeros llegara. Sin embargo, al llegar esa mañana ya todos estaban allí, mirándolo como si le hubiera crecido otra cabeza sobre los hombros.
— ¿Quién se encargó de abrir?— preguntó mientras se quitaba la mochila y se ponía el delantal negro, tratando de deshacerse de toda la atención que estaba atrayendo esa mañana. Entonces sus compañeros parecieron darse cuenta de lo obvio de su escrutinio y desviaron las miradas, volviendo cada uno a su asunto.
—Fui yo. También tengo copias de las llaves— dijo Konan, ahogando un bostezo con la palma de su mano derecha mientras se acercaba a él— ¿Dónde estabas? Estamos a punto de abrir.
—Sí, es raro que llegues tarde— concordó Yahiko, que ya empezaba a encender las cocinas— ¿Te pasó algo?
Sasori lo miró, extrañado por volver a oír esa pregunta; sin embargo, decidió pasarla por alto.
—No. Estoy bien— dijo, tomando una bandeja con copas de cristal que empezó a acomodar detrás del mostrador— Ahora repartiré las tareas hasta el almuerzo, y después...
—Ya hicimos todo— informó Hidan, un muchacho de cabellos color ceniza y ojos salvajes, con aburrimiento mientras jugaba con una especie de crucifijo— A diferencia de ti, gerente, todos llegamos temprano.
—Cierra la boca, Hidan— bufó Konan, aunque sin subir el tono— Es muy extraño que Sasori-san llegue tarde, pero lo es mucho más que tú llegues temprano, imbécil.
— ¡Cállate, Konan, o por Jashin te juro que...!
—Ya basta— Sasori alzó la voz, harto de los gritos—. ¿Hay algo más para hacer?
—Los de la panadería están afuera con el pedido— informó Yahiko, cubriendo su cabello pelirrojo con un pañuelo de cocina—, pero no trajeron los panecillos de frambuesa y debemos empezar a servir en quince minutos.
—Yo me encargo— Sasori tomó una libreta de debajo del mostrador y empezó a revisar las hojas de los pedidos, buscando hasta que encontró la que quería. Entonces frunció el ceño—. Hoy es martes; se supone que no servimos panecillos de frambuesa. Es día de chocolate y almendras— declaró. Yahiko, Konan y Hidan se miraron, intercambiando miradas de confusión.
—Es miércoles, Sasori— informó la única mujer del grupo, cruzándose de brazos. Sasori entonces revisó las listas otra vez, después el calendario de la cocina, llevándose la mano derecha a las sienes mientras colocaba la otra en su cintura, sintiéndose algo fuera de lugar, y, porqué no, algo avergonzado.
—Es cierto— bufó, pasándose una mano por el cabello—. Konan, ¿te encargas?
—Claro.
—Necesito un café— murmuró, dándole la lista a su compañera antes de suspirar y tomar una taza para servirse.
—Sasori, no quiero sonar molesto, pero ¿estás seguro de que estás bien?— insistió Yahiko mientras empezaba a llenar las cafeteras y a moler el café, logrando que el aludido lo mirara fijo por un momento para luego desviar la vista y suspirar con cansancio.
—Ya les dije que sí. Sólo no dormí bien. Concéntrate en la cocina.
—De acuerdo, jefe.
—Y Hidan, por los anuncios de las promociones en la calle.
—Ya lo hice.
—Entonces limpia los baños.
Hidan gruñó algo que sonó mucho como un insulto, pero Sasori decidió pasarlo por alto, dedicándose exclusivamente al atrayente aroma de su café.
La noche anterior apenas si había podido dormir; había pasado casi toda la noche pensando en esa chica. Bueno, no exclusivamente pensando en ella, pero Ino Yamanaka, por algún motivo, había acabado por meterse en cada uno de sus pensamientos luego de aquel momento que ambos habían compartido en el zoológico, lo cual no tenía nada de sentido, pero empezaba a molestarle mucho. No obstante, dándose cuenta de que su mente volvía a jugarle una mala pasada al volver a incluir a esa muchacha en sus cavilaciones, sacudió la cabeza y empezó a limpiar el mostrador hasta que Konan y Yahiko llegaron con los pasteles y bizcochos que ayudó a colocar en las vidrieras. Minutos después abrieron el restaurante para la hora del desayuno, y ya no tuvo tiempo de pensar en nada más que no fuera atender a los clientes, sintiéndose bien al volver a ser él mismo.
La mañana pasó bastante agitada, entre acelerados oficinistas y otros clientes habituales, sin embargo, después de las nueve el movimiento comenzó a ser casi nulo, así que, para no volver a perderse en cualquier asunto, Sasori se recargó sobre el mostrador y decidió dedicarle unos momentos a los balances del mes, perdiéndose entre las hojas de los libros contables, completamente concentrado hasta que alguien tomó asiento sobre el taburete frente a él.
— ¡Hola, Sasori!— escuchó una voz bastante irritante pero familiar, así que alzó la vista, encontrándose con un viejo conocido.
—Kisame— murmuró, enderezándose ligeramente; no era sorpresa que el cuidador del acuario se diera una vuelta cuando el número de clientes bajaba, así que no le prestó mucha atención—. ¿Lo de siempre?
El hombre de piel azulada se recargó en sobre la barra y torció la boca, contemplando las listas de los especiales de la casa con mucha atención.
—No... Hoy haremos un cambio— Kisame entrecerró sus pequeños ojos oscuros, y Sasori tuvo la impresión de que así se parecía mucho a un tiburón— Quiero un café de avellanas y...crepas con zarzamora.
— ¡Crepas con zarzamora!— gritó el joven de cabello pardo hacia la cocina, recibiendo un pulgar arriba de Yahiko como respuesta. Luego le dedicó una breve mueca a Kisame, regresando a sus deberes y volviendo a llamar la atención de su colega cuidador de pingüinos.
— ¿Qué haces?
—Reviso los balances del restaurante.
Kisame bufó.
—Qué aburrido... ¿Que no estás de vacaciones? ¿Por qué sigues trabajando?
—No lo sé. ¿Dinero?— respondió Sasori con ironía, haciendo reír a Kisame— Las clases particulares no están dejando mucho, tampoco ser tu reemplazo los domingos, así que tomaré más turnos en el restaurante.
— ¿O sea que te pasarás aquí todo el día durante todas tus vacaciones de verano?
—Probablemente. Sí.
—Caray, chico— bufó el hombre, recargándose sobre los codos mientras encorvabala espalda— No haces otra cosa más que trabajar, ¿verdad?
Sasori soltó un pequeño resoplido.
—No tengo muchas opciones si quiero ir a la universidad.
— ¿Pero qué no ganaste una beca para estudiar en el extranjero o algo así?
—Todavía no sé si la gané— respondió el joven Akasuna, terminando el cuarto problema de ecuaciones diferenciales—. Es probable que no. Así que...
—Ahorras dinero por si acaso— dedujo el mayor, dedicándose a jugar con un servilletero después, hasta que Konan salió de la cocina con las crepas, poniéndolas sobre la barra mientras Sasori tomaba una taza limpia y se acercaba a la máquina de café para terminar de surtir el pedido— Por cierto, me dijeron que el domingo fuiste con una chica al zoológico, y que era muy bonita... ¿Eras tú, Konan?— soltó Kisame de repente, y Sasori pestañeó, desviando la mirada de la máquina de café, sintiéndose extrañamente acalorado a la vez que ahogaba una exclamación cuando la taza que sostenía se llenó y el café caliente le cayó en la mano, sobresaltándolo y haciendo que soltara la misma, que se hizo añicos en el suelo, provocando un verdadero desastre— ¡Diablos!
— ¿Oye, estás bien?
— ¿Sasori?— Konan lo miró con una ceja levantada, igual que Yahiko, Hidan, y el resto de los clientes, que no podían ocultar su sorpresa.
—Sí... Lo lamento— respondió éste, sintiéndose algo abochornado por su imprudencia pero sobre todo por, una vez más, ser el centro de todas las miradas— Yo lo limpio.
Sasori soltó un pequeño resoplido mientras todos en el restaurante volvían a lo suyo; con algo de prisa fue a la cocina por un trapeador y un paño húmedo, y se inclinó para limpiar el café del suelo, a pesar del ardor de su mano derecha, después tomó otra taza y volvió a servir el café, con mucho cuidado de no quemarse ni de tirar una sola gota al suelo, siendo observado en todo momento por Konan y Kisame.
—Yo ni siquiera sabía que Sasori trabajaba en el zoológico— dijo la chica al hombre con cara de pez apenas Sasori le alcanzó su café, cruzándose de brazos con escepticismo al reavivar el anterior tema de conversación— Así que no fui yo.
— ¿Entonces quién era?— indagó el cuidador, curioso.
—Sólo alguien de la escuela a quien me encontré por casualidad— respondió el de cabello rojizo mientras se giraba para terminar de trapear el suelo, sintiendo esa extraña incomodidad nuevamente— Con permiso— dijo, prácticamente huyendo al baño, donde se recargó frente al espejo, metiendo su mano bajo el agua fresca por un rato para despues quedarse mirando fijamente el pequeño grifo plateado, hasta que suspiró, mojándose la cara dos veces antes de tomar una toalla de papel para secarse, y sin que se lo propusiera su mente volvió a aquella mañana de domingo, con Ino Yamanaka sentada a su lado, y de forma inconsciente su mano se quedó en su mejilla, y entonces cerró los ojos un momento, rememorando la extraña sensación que había tenido cuando ella lo había besado en ese mismo lugar. Recordó el estremecimiento de su cuerpo y la rigidez de sus nudillos; el acelerado latido de su corazón y el incómodo vértigo que lo hizo sentirse mareado.
Algo andaba mal con él, eso era obvio. De pronto se sentía ansioso, su pulso se había acelerado y tenía mucho calor, sobre todo en las mejillas. Quizá sería algún virus, o una bacteria que hacía que todo le saliera mal; porque a él nunca nada le salía mal.
Lo bueno era que su turno era sólo hasta las dos, así que intentó recomponer su frío semblante habitual, volvió a secarse el rostro con otra toalla y se arremangó la camisa, vendándose su mano herida y saliendo de los sanitarios a tiempo para recibir a la nueva ayudante de cocina, Ayame.
Luego de darle las instrucciones pertinentes y dejarla bajo la tutela de Yahiko regresó al mostrador, recogió los libros del restaurante y se despidió de Kisame sin intercambiar ninguna otra palabra. Ayudó a Konan a limpiar las mesas y prepararlas para la hora del almuerzo, intentando no volver a cometer ningún error, pero ni siquiera había colocado su segundo mantel cuando una suave risa femenina lo distrajo, y al mirar hacia la calle por uno de los ventanales abrió muy grandes los ojos y contuvo el aire de sus pulmones al ver a una chica de largo cabello rubio parada en la entrada con dos jóvenes más. No obstante, cuando la muchacha y sus amigas se giraron hacia él Sasori se sintió bastante confundido al notar que no se trataba de Ino, pero sobre todo al darse cuenta de que, por un momento, había esperado que fuera ella. Después se dio la vuelta para tomar más manteles y terminar con su trabajo, tratando de ignorar las miradas que Konan le lanzaba, e intentando convencerse a sí mismo de que con el paso de las horas de sentiría mejor.
Sin embargo, al día siguiente aquella torpeza persistía.
— ¿Por qué actúas tan extraño?— le soltó su compañera el jueves por la tarde.
Sasori la enfrentó y frunció el ceño al instante.
—No estoy actuando extraño— se defendió, aunque de forma bastante más débil de la que hubiera querido.
—Claro que sí. Pareces tan torpe como Tobi.
—No es verdad.
— ¿No? Ayer te quedaste dormido, y luego casi te provocas una quemadura seria con agua caliente. Hoy te olvidaste de marcar tu tarjeta. ¿Qué pasa contigo?
—Nada. ¿Por qué no dejan de preguntar lo mismo?— inquirió, ofuscado, haciendo que Konan cruzara los brazos bajo sus pechos y torciera la boca.
—Porque no dejas de actuar como idiota distraído— refutó, ceñuda.
Sasori la miró, primero molesto, pero después suspiró, algo inquieto. Por supuesto que quería refutar las palabras de la muchacha, pero, honestamente, sabía que parte de lo que ella decía era cierto y había estado actuando muy torpe desde hacía algunos días.
—No me pasa nada. Estoy un poco distraído, es todo. Eso no quiere decir que haya algo malo en mí— refutó, encogiéndose de hombros, a lo que Konan frunció aún más el ceño.
—No, claro. ¿Te importaría decirme cuál es el especial de hoy?
—Barbacoa de cerdo— respondió sin vacilar. Su compañera entornó la mirada.
—Spaghetti a la boloñesa— informó Konan, poniendo los brazos en jarra, taimada— Cielos. De verdad hay algo mal contigo.
El chico entornó la mirada y guardó silencio, pensativo. Bien, oficialmente se sentía tan estúpido como Deidara.
—Lo lamento. Debí haberme confundido— aceptó, terminando de guardar sus cosas mientras Konan se paraba en la puerta del vestuario de los empleados, mirándolo con el ceño fruncido.
—Ya lo creo, pero intenta concentrarte porque mañana nos tocará doble turno. Será el Festival y habrá más gente de la habitual en las calles, así que te necesitamos. ¿Podrás hacerlo?
—Tengo algo que hacer en la mañana— negó con la cabeza—, pero estaré aquí antes de las dos— dijo, tomando su mochila para pasar junto a ella y salir por la puerta trasera.
oOo
— ¿Y cómo va tu asunto con Ino?— preguntó Itachi mientras se detenía frente a una luz roja, girando el rostro para ver a su hermano.
Sasuke, al oírlo, dejó de jugar con la pantalla de su IPod y lo miró, receloso.
— ¿De qué asunto hablas?— inquirió, frunciendo el ceño igual que Itachi.
—Ya sabes... ¿Hablaste con ella?
— ¿Y porqué eso sería de tu incumbencia?
— ¡Oh, vamos, Sasuke!— se rió el mayor, volviendo a poner el coche en marcha— Tienes ése molesto humor desde hace días, y como tu hermano mayor he tratado de comprenderte y ayudarte, pero hasta a mí me tienes harto, y no creo que la puerta de tu habitación resista más rabietas— le soltó, divertido, y su hermano frunció aún más el entrecejo, ofendido.
—Vete al infierno.
—No necesito hacerlo. Vivo contigo— respondió Itachi de buen humor, pues esas eran la mayor cantidad de palabras que le había sacado a Sasuke en días.
El menor de los Uchiha bufó, subiendo el volúmen de su reproductor al máximo y cubriéndose la cabeza con la capucha de la sudadera, marcando mucho más las distancias con su hermano. Sin embargo, en la próxima luz roja Itachi le quitó los audífonos de sopetón, obligándolo a que volviera a mirarlo.
— ¡¿Qué?!
—Solo dime una cosa: sé que de verdad la aprecias y la quieres, pero, ¿la amas?
— ¿A quién?
—A Sakura.
—No— respondió el menor, sin siquiera vacilar, e Itachi frunció el ceño.
— ¿Y a Ino?
Como respuesta, Sasuke le enseñó el dedo medio, enfurruñándose en su lugar.
No obstante, su hermano suspiró, satisfecho, y volvió a avanzar, guardando silencio hasta que se detuvo frente a la escuela, poniendo los cerrojos para evitar que Sasuke huyera apenas estacionó el coche.
—Escucha, Sasuke...— suspiró, ignorando la mirada asesina del más joven al no poder abrir la puerta— Solo piensa en algo: si Ino tiene tantas cualidades como para que alguien tan idiota como tú se fije en ella, muchos otros también podrán hacerlo, y entre ellos podría encontrar al indicado. Y ése no serías tú, torpe hermano menor— dijo, golpeándole la frente con dos dedos, divertido. Por su parte, Sasuke lo fulminó con la mirada y tras quitar el seguro se bajó del auto con brusquedad, cerrando la puerta de la misma forma en la que siempre cerraba la de su habitación, en las narices de su hermano.
— ¡Hey, Teme!— escuchó apenas bajó del coche de Itachi, levantando la vista para encontrarse con el siempre sonriente Naruto, que esperaba en las puertas de la escuela, en compañía de su hermano mayor y Sai— ¿Por qué tienes esa cara?
—Qué te importa— ladró, dirigiéndose directamente al vestuario.
— ¡Naruto!
Sasuke se detuvo abruptamente cuando un desconocido pasó corriendo frente a él, y volvió a darse la vuelta, observando al agitado chico pelirrojo que se dirigió hacia Naruto. Por un segundo tensó todo su cuerpo al creer reconocerlo como el amigo de Deidara, aquel que de un tiempo a allí revoloteaba alrededor de Ino todo el tiempo, pero al verlo mejor liberó la tensión de sus puños y se permitió suspirar un momento, seguro de que se trataba de otra persona.
— ¡Ven, Sasuke! ¡No seas tímido, baka!— gritó Naruto, haciéndole señas para que se acercara a ellos, y Sasuke, algo curioso, lo hizo, mirando al recién llegado con algo de desconfianza— Te presento a Sabaku no Gaara— dijo, señalando al pelirrojo—. Acaba de mudarse de otra ciudad. Sin cejas, te presento al Teme.
Sasuke, tras fulminar a Naruto con la mirada, saludó al joven desconocido con un simple movimiento de cabeza, y éste, igual de indiferente, le respondió de la misma forma.
—Sasuke Uchiha es nuestro nuevo Ala-Pívot— Naruto siguió con las presentaciones, dándole un par de golpes en la espalda a Sasuke— Es el más alto del equipo. No jugaba baloncesto pero logré convencerlo de unirse al club, ¡de veras! Gaara juega de Escolta. Lo transfirieron de su otra escuela hace unas semanas y va en el salón D. Lo conocí el otro día en el almuerzo y comentó que solía jugar en el equipo de su otra escuela, así que lo invité a venir hoy.
—Mucho gusto— Gaara al fin habló, pero no hizo ningún intento por estrechar su mano o hacer algo más, cosa que no estuvo mal para Sasuke. Odiaba a la gente tan efusiva como Naruto.
Tras esas palabras, el joven Uchiha volvió a adelantarse al grupo mientras se dirigían al gimnasio, pero escuchando todo lo que decían.
— Lamento la tardanza, Naruto— volvió a hablar Gaara Gafas de pronto—. Tuve que pasar a la farmacia por mis medicamentos y se me hizo un poco tarde.
— ¿Medicamentos? ¿Estás enfermo?— preguntó el chico rubio con alarma, y Sasuke miró hacia atrás por el rabillo del ojo, levantando una ceja, no particularmente interesado, pero sin poder contener su curiosidad.
Gaara, por su parte, negó suavemente, dando un salto para estar a la altura del resto.
—No, no es nada malo. Tengo problemas de insomnio, por eso el médico me receta medicinas para que pueda dormirme sin problemas. Y como me queda de paso, fui a la farmacia antes de venir para aquí.
— ¿Y cómo estás seguro de poder rendir lo necesario para el equipo?— preguntó el joven Uchiha, y todos lo miraron; algunos con reproche— ¿Qué? Deberíamos saber si tendremos problemas porque el Escolta llega a un partido sin haber dormido en toda la noche.
—No habrá ningún problema a causa de eso— contestó Gaara, calmado y frío.
Sasuke se encogió de hombros, volviendo a adelantarse al grupo.
—Como sea. Solo sé que no me uní a un equipo para terminar perdiendo.
— ¡Ya, Teme! ¡Si perdemos el torneo será por tu negatividad, de veras!— soltó Naruto y todos rieron. Sasuke le enseñó el dedo medio y entró primero al vestuario, dejando atrás al resto.
Las prácticas transcurrieron con más calma que las presentaciones. A pesar de su altura, Gaara era un excelente tirador de tres puntos, y eso ayudó a que el joven decidiera pasar de él para seguir molestando a Naruto debido a todas la faltas que cometía. El chico del tatuaje era bueno con el balón, y no parecía ser de los que explotaban con provocaciones, así que no tenía caso molestarlo.
Sasuke se detuvo un momento para quitarse el sudor de la frente y recuperar el aire. Si bien su equipo llevó amplia ventaja todo el partido, el entrenamiento sirvió para que pudiera descargar mucha de la energía y frustración que llebava acumulando desde hacía semanas. Cuando el entrenador Asuma tocó el silbato anunciando el final del juego, Sasuke tomó una profunda bocanada de aire, sintiéndose mucho más relajado de lo que se había sentido en días, tanto así que luego de las vueltas obligatorias al gimnasio y algunos ejercicios de tiro, se quedó en la cancha practicando sus lanzamientos, compitiendo, como de costumbre, uno a uno con Naruto mientras los demás observaban. Todos excepto Gaara, que se había apartado hacia el otro lado del gimnasio para practicar tiros de tres puntos en solitario, sin fallar una sola vez, según notó Sasuke. Pero tras unos minutos recogió su botella de agua y su toalla, desapareciendo en dirección a las duchas.
— ¿Verdad que es bueno?— sonrió Naruto, rebotando el balón de una mano a otra, captando la atención de su amigo una vez más.
Sasuke, indolente, le dirigió una mirada de reojo.
— ¿No deberías irte ya?— preguntó, aprovechando un descuido de Naruto para quitarle el balón y anotarse otro punto, haciendo bufar a su amigo de cabello rubio mientras volvía a tomar la posición de la defensa.
—Nah. Mis maletas ya están listas— anunció, arrojándose por el balón, pero fallando en el intento, ya que Sasuke fue más rápido y logró esquivarlo por la derecha, anotando otra vez.
— ¿A qué hora sale el vuelo?— Sasuke cambió de posiciones con él, extendiendo los brazos para defender mientras Naruto se lanzaba de nuevo al ataque, dándole la espalda para evitar que le sacara el balón.
—En la noche— contestó, fingiendo ir por la derecha, pero escabulléndose por la izquierda en una jugada impecable, aunque aun así falló el tiro— ¡Diablos!— se quejó Naruto, haciendo sonreír a Sasuke; luego volvió a defender, secándose el sudor del rostro con una mano para retomar su conversación:—. De verdad odio tener que perderme el Festival.
—Será lo mismo que todos los años— refutó Sasuke, tomando un sorbo de agua de la botella que mantenía junto a él—. No te pierdes nada.
— ¿Tú no vas a ir?
—No. Tengo mejores cosas que hacer— dijo, atacando de frente, pero sorprendiéndose cuando Naruto pudo esquivar su jugada y quitarle el balón.
—Pero Sakura-chan de seguro estará esperando que la invites— le reprochó éste, con el ceño fruncido.
—Pues que espere— gruñó Sasuke, quitándole el balón otra vez para encestar— Te toca.
Naruto, que se había quedado de pie en su lugar, suspiró, tomando el balón con la mano izquierda.
—De veras, teme, a veces no entiendo porqué estás con ella si te cuesta tanto darle un poco de atención— dijo, arrojándole el balón.
Sasuke apretó los labios y tiró, encestando limpiamente una vez más.
—Sí, hay muchas cosas que yo tampoco entiendo, como porqué demonios traes gente nueva cada vez que se te ocurre.
— ¡Oye, Gaara es muy bueno!— respondió Naruto, cayendo en la trampa y cambiando de tema al instante.
—No lo niego, pero parece que tu nuevo amigo se cansa muy rápido— observó Sasuke antes de adelantarse y lanzar otra canasta casi de media cancha, ganándose algunos aplausos.
Naruto recuperó el balón bajo el aro y sonrió, divertido.
—Déjalo en paz. Gaara es un excelente jugador, y mucho mejor de lo que tú crees— señaló, rebotando la pelota para intentar atacarlo— Estaba muy nervioso porque mañana saldrá con Ino. ¿Quién lo culpa?— rió, atacando sin darse cuenta de que Sasuke se había quedado completamente perplejo en su lugar y ni siquiera intentó detenerlo, dándole paso para poder rodearlo y acercarse al aro, encestando maravillosamente.
— ¡Sí! ¡En tu cara, Sasuke!
— ¿Qué?
Naruto rió.
— ¡Dije que en tu cara! ¡Ya vamos 15 a 2! Solo necesito catorce puntos más para ganarte...
—Son quince puntos, idiota— respondió, ofuscado— Pero no era eso. ¿Tu nuevo amigo saldrá con Ino? ¿Yamanaka Ino?— preguntó, incrédulo, haciendo que el otro chico ampliara su sonrisa.
—Ah, eso... ¡A mí también me sorprendió! Pero ya ha pasado tiempo desde lo de Shikamaru, así que supongo que está bien que Ino-chan siga con su vida... Además parece que a ella le gustan los raros y serios como Sasori-senpai. Y recuerdo que tú también le gustabas durante toda la primaria. Aunque Shikamaru no era muy… ¿Oye, adónde vas?
—Me cansé de ganarte— gruñó Sasuke mientras arrojaba el balón lejos para molestar a Naruto, y, enfadado, empujó las puertas de los vestuarios con violencia, asustando a dos suplentes de primero que estaban a punto de desnudarse para entrar a las regaderas.
—Fuera— ladró, espantándolos para poder inspeccionar el lugar sin tener que dar explicaciones. Pero Sabaku no Gaara no estaba por ninguna parte. Sin embargo, el sonido del agua corriendo en las duchas le dio una pista de su ubicación.
Cerrando los puños para no ir directamente a golpearlo, ahogó un bufido y dirigió su mirada hacia el bolso deportivo que reconoció como el del muchacho pelirrojo. Sasuke no supo qué extraño impulso lo llevó a estirar el cuello para asegurarse de que el amigo de Naruto seguía duchándose, y al comprobarlo, con mucho sigilo, se atrevió a tomar el bolso de Gaara y revisar. No que esperara encontrar algo, simplemente abrió la cremallera y echó un vistazo, encontrando algunas envolturas de golosinas, unos mangas de nerd, una muda de ropa limpia, calcetines y zapatos de calle. Había también una botella de agua vacía y un frasquito plástico con la etiqueta de una conocida farmacia de la ciudad; Sasuke reconoció la medicina de inmediato: píldoras para dormir, de la misma marca que su hermano tomaba cuando no podía conciliar el sueño. Eran píldoras bastante fuertes, y de venta únicamente bajo receta, así que no era algo fácil de conseguir. Por eso, intrigado, Sasuke sujetó el frasco muy cerca de su cara y leyó muy atentamente el prospecto, de nuevo sin buscar nada específico. En ése momento escuchó que el agua de la ducha se detenía, y, sobresaltado, volvió a poner el frasco dentro del bolso deportivo de Gaara, deslizándose hasta el banco de enfrente con su mejor cara de indiferencia. Pocos minutos después, Gaara salió con una toalla anudada a la cintura y otra en el cuello, quedándose muy quieto unos segundos al notar su presencia, con una mano en el aire. Sin embargo, rápidamente recobró el aplomo, pasándolo por alto para dirigirse hasta sus cosas y terminar de secarse las axilas como si él no estuviera ahí.
—Buena práctica— le soltó Sasuke de pronto, logrando que el otro chico alzara la vista para observarlo, sin ninguna expresión en el rostro.
—Gracias— respondió, poniéndose desodorante antes de empezar a vestirse, dándole la espalda. Sasuke desvió el rostro también, abriendo su casillero antes de quitarse la camiseta sudada y tomar una toalla, observando a Gaara de soslayo. Él vestía unos pantalones a la rodilla de color bordó, una camiseta de los Bulls que era, tal vez, de dos a tres tallas más grandes, y estaba terminando de ponerse los calcetines.
Sasuke, sin darse cuenta, empezó a analizarlo con la mirada, preguntándose qué podría tener de especial un tipo como él para salir con alguien como Ino. A simple vista no era la gran cosa. No era muy alto, tampoco muy fuerte ni especialmente atlético; tenía un porte extraño, algo distante y sereno, y una apariencia que, debía admitir, era difícil de ignorar, tal vez por su aspecto algo taciturno de chico gótico. El joven Uchiha frunció el ceño al darse cuenta de que, como le había parecido tras el primer vistazo, en la frente tenía un tatuaje del kanji "amor", y entonces se preguntó en qué demonios había estado pensando Ino al aceptar salir con un sujeto que más bien parecía un fenómeno de circo. Y bufó, preguntándose, una vez más, que vería Ino en ése tipo raro. Sin embargo, ella ya había demostrado ser tonta e infantil, así que no le sorprendió pensar que estuviera usándolo para darle celos. La joven Yamanaka podía ser así de manipuladora a veces, por eso se había fijado en ella. Pero a pesar de que quiso reírse del infeliz de Gaara no pudo, porque pensar en lo cerca que estaría de Ino hizo que comenzara a experimentar una molesta sensación en el estómago que crecía a cada momento. Así que trató de ignorarlo, mandando a Gaara, Ino y todos los demás al infierno mientras fingía revisar sus cosas y desnudarse para entrar a las duchas, al mismo tiempo que Gaara terminaba de secarse el cabello y recoger sus pertenencias.
—Por cierto...— murmuró, casi sin darse cuenta, haciendo que el otro chico volviera a mirarlo, frunciendo el ceño con curiosidad— ¿Estás en el salón D, verdad?— Sasuke sintió como si las palabras le quemaran en la garganta y la frustración se apoderara de su cuerpo, sobre todo por sonar tan simpático cuando sólo quería romperle la cara a golpes.
—Sí— respondió Gaara, con una voz tan suave que sonó como la de un niño, doblando la toalla con la que se había secado el cabello para guardarla.
— ¿Conoces a Karin y Suigetsu? Ellos también están en tu salón.
Gaara se encogió de hombros, pero después frunció el ceño con gesto pensativo, asintiendo.
—Siempre pelean en clases— comentó, poniéndose los zapatos.
—Sí. Son dos idiotas— masculló Sasuke— ¿Y...te gusta Konoha?
—No está mal.
—Imagino que ya has hecho varios amigos nuevos.
—No muchos.
— ¿No? Qué curioso...Naruto comentó que mañana tienes una cita con una chica o algo así...— dijo Sasuke, tanteando el terreno con aparente desinterés, anudándose la toalla a la cintura mientras Gaara, que una vez más enfocó sus ojos verdes en él al escuchar esa pregunta, inesperadamente se sonrojaba, mostrándose, por primera vez, un poco inquieto.
—Sí— respondió, escueto, y después siguió guardando sus cosas, mirándolo de a ratos, como si quisiera asegurarse de que seguía ahí.
Sasuke, por su parte, rió, una vez más fingiendo simpatía.
—Será un buen día para eso— dijo, mordiéndose la lengua para no decir lo que realmente estaba pensando— ¿Y adónde irán? Digo, si no te molesta que pregunte.
El chico pelirrojo, que miraba la hora en su teléfono celular, una vez más lo observó por un momento, algo inseguro.
—Al templo Kiyomizu— contestó, frunciendo el entrecejo como si empezara a sospechar de tantas preguntas; pero de pronto su teléfono sonó una vez más, y Gaara bufó tras observar la pantalla, terminando de guardar sus cosas de una vez y levantándose— Tengo que irme. Mi hermana me está esperando.
—Claro. Buena suerte— le sonrió, haciendo que Gaara parpadeara, con una expresión extraña en el pálido rostro. No obstante, asintiendo con indiferencia se colgó el bolso deportivo al hombro y sin decir nada más pasó por su lado, directo a la salida.
Sasuke entonces bufó nuevamente, recargando los codos sobre las rodillas, pensando. Momentos después, antes de que la práctica terminara del todo y el vestuario se llenara, terminó de desnudarse y revolvió sus cosas, tomando el móvil y buscando entre sus contactos hasta dar con el que necesitaba.
— ¿Sakura? Sí, cállate. Mañana iremos al Festival— anunció, colgando sin esperar respuesta mientras una sonrisa maliciosa se formaba en su rostro.
oOo
— ¿Akasuna no Sasori?
—Soy yo— Sasori dejó de frotarse las rodillas con ansiedad y se levantó, parándose muy erguido mientras hacía una respetuosa reverencia.
—Por aquí, por favor— dijo la enfermera mientras respondía su gesto con otro igual, indicándole que la siguiera dentro de uno de los consultorios, donde le dio paso con una sonrisa— Ponte la bata y espera. Una enfermera vendrá a verte para comenzar con los procedimientos de rutina. ¿Está bien?
Sasori asintió, esperando a que la mujer lo dejara solo para desvestirse y ponerse la bata de hospital.
No había sido una decisión fácil ir hasta allí, porque odiaba los hospitales, pero había empezado a preocuparse tanto por su inusual comportamiento que no pudo seguir ignorándolo. Si había algo malo con él, un médico lo averiguaría.
Minutos después de que terminó de cambiarse, una mujer de uniforme blanco entró al consultorio, dedicándole una breve sonrisa amable antes de empezar por tomarle la presión.
Cerca de una hora después, luego de los estudios de rutina, Sasori fue trasladado a otra sala, donde finalmente vería a su doctor; y esperó cerca de cinco minutos más, pero para cuando empezaba a pensar que ir hasta allí había sido una pésima idea y a contemplar la posibilidad de irse, un joven con bata de médico entró a la habitación con su historia clínica en las manos, haciendo que Sasori lo mirara fijamente.
—Buenos días, soy el estudiante de Medicina Yakushi— le sonrió el joven médico con simpatía—. Lamento la demora, pero el hospital está algo saturado hoy... Es época de alergias.
Sasori parpadeó. Por lo general, desconfiaba de los profesionales tan jóvenes, sobre todo de los que todavía no estaban graduados, pero decidió que sólo quería terminar con todo aquello; después de todo estaba en un hospital escuela, y era normal ser atendido por estudiantes.
—Está bien— respondió con indiferencia, y el doctor (o futuro doctor) le dedicó otra breve sonrisa antes de sumergirse de lleno en su historia clínica, acomodándose las gafas redondas con aire muy profesional.
—De acuerdo... Sasori— dijo, alzando la vista para contemplarlo por un segundo—. Disculpa, pero ¿no eres el asistente del consultorio de la doctora Shizune?
El joven Akasuna parpadeó.
—Sí. Trabajo para ella los sábados.
—Sabía que te conocía— respondió el estudiante de medicina, haciendo que Sasori frunciera el ceño— Estuve en su consultorio hace unos días recopilando información para un proyecto en el que estoy trabajando...
—Ah, sí. Lo recuerdo— mintió. No lo recordaba específicamente a él, pero sí recordaba que su jefa le había pedido algunos expedientes para un estudiante días atrás.
—En fin, ¿qué puedo hacer por ti?— la amable voz del otro joven volvió a captar su atención. Sasori volvió a mirarlo fijo y contuvo el aliento.
—Hay algo mal conmigo— respondió en un murmullo mientras el joven doctor revisaba el informe de la enfermera.
— ¿A qué te refieres con malo? ¿Has tenido algún síntoma extraño?— preguntó, frunciendo el ceño con curiosidad. Y Sasori suspiró, tomando aire para hablar:
—Algo así... Mi comportamiento se ha vuelto extraño.
— ¿A qué te refieres?
—Desde hace días no tengo apetito; he tenido ansiedad, y problemas para conciliar el sueño.
—Bueno, esos síntomas son bastante normales en los jóvenes en edad escolar. Pero dime, ¿has experimentado algún cambio en tu rutina habitual?
El estudiante de preparatoria frunció el ceño con gesto pensativo.
—Más o menos. En los últimos días me ha costado concentrarme, y me he sentido más torpe también.
— ¿Mareado?
—Sólo un poco.
— ¿Sufres de vértigo usualmente?
—No.
—Ummm... ¿Te has sentido cansado?
—No más de lo usual.
— ¿Has tenido fiebre, náuseas, sudoraciones o sarpullido en alguna parte del cuerpo?
—No.
El médico echó otra ojeada a la historia clínica y tomó algunas notas, llevándose la mano libre a la barbilla.
—Tu presión y pulmones están bien, y no hay nada anormal en tu sangre— observó, enderezándose las gafas con un dedo— Aunque la enfermera anotó que tus pulsaciones superan un poco a la media... ¿Has tenido fatiga o palpitaciones últimamente?
—He tenido palpitaciones el otro día— recordó Sasori, preocupado— ¿Eso es grave?
El doctor frunció sus cejas grises como su cabello, curioso color teniendo en cuenta de que era casi tan joven como su paciente.
—Depende. ¿Sufriste de alguna descompensación?
—No. Pero mi corazón latió muy rápido en varias ocasiones. Supuse que no era normal.
—Por lo general, no lo es, pero a veces no es señal de nada. ¿Tuviste algún otro problema de ése tipo?
—No— contestó el muchacho con calma.
— ¿Y cuándo empezaste a sentirte así?
—No lo sé. Una semana, supongo. Desde que Yamanaka...— Sasori guardó silencio, reflexivo. Entonces abrió los ojos con sorpresa, igual que el futuro graduado en medicina.
— ¿Quién es Yamanaka?— preguntó Kabuto, sin ser realmente invasivo con su tono.
—Una chica de mi escuela— contestó Sasori con simpleza, encogiéndose de hombros— La vi el otro día y la invité a mi trabajo. Por cierto, los domingos trabajo con pingüinos, ¿cree que eso pueda tener algo que ver con mis síntomas?
El doctor Yakushi parpadeó.
—No lo creo. Es bastante inusual que los animales marinos transmitan alguna enfermedad a los humanos y viceversa; sobre todo los que están en cautiverio. Pero háblame de esa chica— pidió, taimado, haciendo que el más joven frunciera las cejas, empezando a sentirse desconfiado.
— ¿Qué quiere saber?
— ¿Ella estaba contigo cuando las palpitaciones empezaron?
—Sí.
— ¿Y es tu...novia o algo?
—No— respondió Sasori sin vacilar, torciendo la boca—. Ni siquiera me agrada. No mucho.
—Ya veo...— Kabuto frunció el ceño con una evidente curiosidad, y a Sasori no le gustó ése gesto— Pero cuando te sientes torpe, o cuando estás distraído, ¿a menudo es porque piensas en ella o algo por el estilo?— preguntó, y Sasori entornó aún más la mirada, receloso.
—No entiendo, ¿eso qué tendría que ver?
El otro joven rió.
—Sasori, por los síntomas que describes no creo que estés enfermo, ni que haya nada mal contigo— dijo, risueño. Sasori casi saltó de su asiento.
—Pero tiene que haberlo— refutó—. No puedo concentrarme ni dormir. No dejo de sentirme fuera de lugar e inquieto. No puedo comer, ni pensar, ni dejar de actuar como un idiota torpe. Incluso me quemé la mano con café por estar distraído. ¿Tiene idea de lo mucho que eso arde?
—Pues no es nada físico. Tu cuerpo está bien. Y esa quemadura sanará en un par de días, no te preocupes.
— ¿Podría ser algo psicológico?
—Podría, pero por lo que me describes creo que es otra cosa.
— ¿Y qué más podría ser?— demandó saber, frustrado, mientras se echaba hacia atrás sobre su asiento.
El médico se puso de pie entonces, rodeó de su escritorio y se recargó sobre él, cruzándose de brazos para enfrentarlo con una sonrisa amable en el rostro, igual que un hermano mayor que intenta explicarle al menor algún hecho sobre la vida, gesto que no auguró nada bueno para Sasori.
—Dime, Sasori...— hizo una pequeña pausa, sólo lo suficiente para que el aludido alzara alzar la vista y lo mirara— ¿Alguna vez te has enamorado?— disparó, y Sasori parpadeó, sintiéndose entre confundido y algo abochornado.
—No. ¿Eso qué importa?— preguntó, tratando de no sonar ofensivo a pesar de lo molesto que se sentía a causa de la persistente sonrisa en el rostro del estudiante Yakushi.
—Mira— dijo éste, hablando con excesiva calma—, a tu edad es normal experimentar ciertas cosas...como cambios en tu cuerpo, apetito y hábitos; también es muy común empezar a experimentar atracción física hacia personas, por lo general, del sexo opuesto. Y tus síntomas lo confirman: estás distraído, pierdes el sueño y el apetito, además de los latidos acelerados de tu corazón cuando esa chica está cerca...
— ¿Atracción? No, creo que no está entendiendo, yo...
—Creo que sólo estás enamorado— le soltó el médico, volviendo a su lugar tras el escritorio y sonriendo mientras cerraba la carpeta que contenía su historial, acallando cualquier comentario o protesta— Y contra eso, Sasori, no hay ninguna cura.
oOo
Ino balanceó su peso de un pie a otro, nerviosa. Quizá era por el hecho de que sería la primera cita real que tendría en mucho tiempo, y el que fuera con un chico al que casi no conocía de nada, pero que era extremadamente misterioso, no ayudaba a calmar sus nervios. Sin embargo, tratando de no mostrarse ansiosa, procuró lucir lo más encantadora y segura de sí misma posible mientras el semáforo daba la orden de seguir, avanzando entre un montón de gente vestida con elegantes yukatas de todos los colores.
Ino sonrió. Amaba los festivales, pero en especial el Tanabata, el Festival de los Deseos. Desde niña siempre había sido su festividad favorita, y había sido curioso que un desconocido como Sabaku no Gaara la invitara a ir. Conocía a Sasuke desde hacía años y estaba segura de que él ni siquiera sabía que adoraba los festivales ni los fuegos artificiales.
"Olvida eso, Ino", se reprendió mentalmente al tiempo que se dio cuenta de que estaba llegando al lugar de encuentro.
Gaara ya estaba allí, de pie bajo un montón de papeles de colores, vistiendo un poco formal, de pantalones color bordó y camisa blanca, al estilo occidental, y mirando hacia la calle opuesta. Al verlo otra vez, tan relajado y a la distancia, Ino se dio cuenta de que antes no había notado lo apuesto que en realidad era, y lo seductor que lucía aquel tatuaje del símbolo japonés de la palabra "amor" sobre su ceja derecha. Entonces él se dio la vuelta y la vio, parándose muy recto. A primera vista, acompañando las profundas ojeras que bañaban sus brillantes ojos verdes, Gaara podía verse algo peligroso; pero esa mirada huidiza y las pálidas mejillas ligeramente pintadas de un suave carmín lo hacían ver más bien como un mapache tierno y asustado, e Ino no pudo evitar reír ante su propio pensamiento.
—Hola— dijo Gaara apenas ella lo alcanzó, dudando entre si mantenerse alejado o darle la mano, haciendo reír a Ino una vez más, que, sin que él se lo esperara, le plantó un beso en la mejilla.
—Hola, Gaara. ¿Cómo estás?
—B-Bien...— murmuró el joven, mirando rápidamente al piso, como si de repente hubiera descubierto lo fascinante que era, pero después volvió a levantar la vista, tratando de esbozar una tímida sonrisa— Te ves... Luces muy hermosa.
—Gracias. Tú luces muy guapo. Creo que hoy seré la envidia de todas las chicas— respondió ella, con aire juguetón, haciendo que Gaara sonriera, un poco más relajado— ¿Nos vamos ya?
Empezaron a caminar hacia la estación tras un enorme grupo de turistas, dirigiéndose a la estación del tren sin volver a intercambiar comentarios.
De repente, Ino miró a Gaara mientras éste caminaba a su lado, con su cabello desordenado y rojo brillando bajo los últimos rayos de sol de la tarde, dándose cuenta de que había algo muy familiar en su barbilla cuadrada y masculina, en sus pestañas largas y rizadas, su piel pálida y la forma tan seria que tenía de desenvolverse. Gaara le recordaba a alguien.
Entonces, mientras seguían caminando en silencio, por un momento, Ino pensó en Akasuna no Sasori.
Gaara se parecía en algo a él, tal vez por su color de cabello, o su expresión tan seria, pero había algo de su superior en él. Sin embargo, no pudo evitar pensar que, en realidad, Sasori era muy diferente. Era diferente a cualquier otro chico que hubiera conocido antes, como un rompecabezas difícil de armar, que ella no lograba resolver, pero que era sumamente interesante.
"No logro comprenderte aunque lo intente"
Ino se sonrojó involuntariamente al recordar las extrañas palabras de aquel chico, y su corazón se aceleró tanto que temió que otros pudieran escucharlo, lo que le pareció una posibilidad muy alta cuando Gaara giró la cabeza para observarla, con el ceño ligeramente fruncido con sorpresa.
— ¿Estás bien?
— ¿Hum? Oh, sí. No te preocupes— sonrió, respirando hondo para intentar calmar a su acelerado corazón— Debe ser el calor...
Gaara asintió casi robóticamente. No parecía ser alguien de muchas palabras, lo cual era una verdadera lástima porque tenía una voz muy profunda y varonil, pero sí parecía ser extremadamente tímido, o al menos con ella, y eso le hizo sonreír.
—De donde vengo siempre es muy caluroso— dijo él de pronto, sorprendiéndola con su espontánea decisión de iniciar una conversación—. Hace calor todo el año.
—Entonces ya estás acostumbrado.
Él se encogió de hombros.
—Es diferente. Aquí la humedad es mucho mayor, y eso hace que el clima sea mucho más asfixiante... Por ejemplo, leí en un libro una vez que en India una vez hubo una temperatura de más de 50 grados centígrados, pero allá el aire es tan seco que la gente lo vivió como un día prácticamente normal. Con la humedad de esta ciudad se hubieran sentido hervir por dentro.
— ¿Te gusta el clima? Es decir, estudiarlo.
—Me parece interesante— respondió Gaara, como si de pronto se hubiera dado cuenta de que había hablado demasiado. Y al notarlo, Ino sonrió, pensando que aquella turbación en el rostro de su acompañante era simplemente adorable.
—Y supongo que es lo mismo con el frío, ¿verdad?— preguntó, curiosa— Digo, es la humedad lo que mata.
Gaara la miró, y, por un instante, fue como si alguien hubiera encendido una luz en su pálido rostro.
—Sí. Es lo que más nos afecta. En mi ciudad natal hace mucho calor todo el año, pero el clima es seco, y eso lo vuelve un poco más soportable, creo. Aunque allá no crece casi nada verde como aquí. Sólo hay cactus tras cactus.
—Oh...Eso sería muy malo para el negocio— bromeó la joven, haciendo que Gaara riera por primera vez. Tenía una bonita risa.
—No si te dedicas a los cactus. Yo solía coleccionarlos— comentó cuando llegaron a la estación, dejando que ella entrara primero.
— ¿De verdad?— preguntó ella, dándose la vuelta, y Gaara asintió.
—Sí. Son bastante fáciles de cuidar y no requerían de mucho tiempo, así que me pareció una buena idea.
Ino rió otra vez.
— ¡Vaya! No creí que te interesara la botánica. Somos casi almas gemelas— le soltó a modo de juego, logrando que las mejillas de Gaara enrojecieran, así que rápidamente cambió el tema— Por cierto, ¿adónde iremos?
El muchacho levantó la vista y volvió a posar sus ojos verdes en ella, frunciendo levemente los labios.
—Estaba pensando en el templo Kiyomizu. Habrá mucha gente, pero es el punto más alto de la ciudad. También podemos comer algo en la feria.
— ¡Sí! Me gusta mucho ése lugar— aplaudió, encantada como una niña de cinco años, y cuando el tren se detuvo en el andén Ino dio salto y tomó la mano de Gaara para salir corriendo hacia el interior del vagón.
El tren estaba lleno, así que fue inevitable que tuvieran que pegar sus cuerpos para poder caber. Era bastante molesto, pero de alguna forma Gaara se las ingenió para llevar a Ino contra las puertas y protegerla de ser aplastada con su cuerpo, poniendo ambos brazos alrededor de ella para evitar que la empujaran, en una actitud protectora que nadie había tenido con ella antes. E Ino se sonrojó hasta la orejas al darse cuenta de lo fuerte y caballeroso que Gaara era, pensando que nunca había conocido a nadie así. Entonces el tren se detuvo, y esa fue él quien tomó su mano para sacarla a salvo del vagón; sin embargo, una vez fuera de la estación pareció recuperar la timidez de antes, pero Ino no soltó su mano, sino que le sonrió y empezó a caminar de esa forma.
La tarde ya había empezado a caer, y la oscuridad a hacerse presente, pero aun así las calles de la ciudad estaban llenas de luces y colores, música y risas. Personas de todas las edades iban de un lado a otro, algunos con sus bonitos y coloridos trajes tradicionales, otros con ropa normal, pero igual de alegres; había también muchos turistas sacando fotografías, e Ino se divirtió posando para algunos de ellos, haciendo sonreír a Gaara con su actitud tan positiva y alegre, mientras la seguía a través de todos los puestos que ella observaba con una curiosidad casi infantil.
Luego de un rato caminando, Gaara compró dos helados que Ino y él saborearon de camino al templo, hablando casi de cualquier cosa, aunque más bien ella hablaba sin parar, con el rostro iluminado de alegría.
— ¿Y te gusta Konoha?— le soltó de pronto, llamando la atención de Gaara, que la miró de reojo.
—No está mal, supongo— contestó, encogiéndose de hombros.
— ¿Y ya has hecho amigos?— siguió preguntando, a lo que Gaara reaccionó torciendo los labios.
—Es-Es algo difícil. No soy... No soy muy bueno hablando con la gente.
—Pero estás hablando conmigo, y yo soy gente— se rió ella, igual que Gaara.
—Sí, lo sé. Lo-Lo que quiero decir es que...desde niño me cuesta un poco hablar con desconocidos. En realidad bastante... Y si soy honesto, no sé cómo terminé pidiéndote que salieras conmigo— murmuró—. Todavía es un misterio.
—Oye, me siento honrada— Ino empujó su hombro con el suyo, haciendo que él volviera a sonreír.
Todo estaba saliendo muy bien, tan bien que incluso sorprendió a la misma Ino. Contra todo pronóstico, esa cita era muy agradable, algo demasiado cursi, tal vez, igual que dos niños que se sonrojaban por cualquier cosa dando un paseo, pero le gustaba.
Ella y Sasuke se entendían bien en la cama, pero nunca había tenido una cita, y con Shikamaru era más bien como salir con un amigo; no había esa clase de coqueteo tonto e inocente que estaba experimentando con Gaara, y era como si otra vez tuviera doce años, volviendo a ser esa chica tierna y soñadora en busca de su príncipe azul que una vez había sido. Sin embargo, el pensamiento de que aquello era demasiado perfecto la sobresaltó, y no pudo evitar pensar que, como siempre sucedía en su vida, algo malo debía pasar para equilibrar las cosas.
Y pronto descubrió que no estaba tan equivocada.
— ¡Hey, Cerda!
Gaara frunció el ceño cuando Ino se detuvo tan abruptamente que resultó ser casi violento. Entonces alzó la vista y vio a una bonita muchacha de yukata y cabello rosa acercándose alegremente a ellos del brazo de un chico que le resultó conocido, pues se trataba de uno de los miembros del equipo de baloncesto. El apático rostro del muchacho contrarrestaba completamente con el sonriente de su acompañante, igual que sus ropas normales y oscuras. Pero, lo más extraño fue que, de repente, toda sonrisa se había borrado del rostro de Ino.
—Frentona...— su voz tembló ligeramente, llamando la atención de Gaara; no obstante, Ino rápidamente procuró recuperar su sonrisa más simpática, sujetándose a su brazo con algo de fuerza— ¿Qué hacen aquí? Precisamente en éste templo— inquirió, notablemente incómoda, a la vez que Gaara frunció levemente el ceño. Ino actuaba muy extraño de pronto, y no fue difícil deducir que era a causa de esos dos chicos, y aunque interiormente había empezado a preguntarse la razón, optó por relajarse y sonreírle discretamente a su cita para intentar recuperar el ambiente que momentos antes había entre ambos, pero no funcionó, porque Ino seguía muy tensa, mirando fijamente a la pareja que se les había unido.
—Oh, bueno, Sasuke insistió— comentó la chica de brillante cabello rosa, soltando una risita tonta—. Pero me alegra mucho encontrar una cara familiar entre tanta gente...— rió una vez más, girándose hacia Gaara, sobresaltándolo al dirigirle directamente la palabra— Hola, mi nombre es Haruno Sakura— dijo, extendiendo una alegre mano hacia él.
Esa chica era como la jovialidad en envase rosa, y sonreía tanto que empezaba a ser algo molesto.
—Sabaku no Gaara. Un placer— respondió educadamente, aceptando su gesto.
— ¿Y eres el nuevo novio de Ino?
Gaara soltó su mano de inmediato, sintiendo a Ino sobresaltarse esa vez.
— ¡Sakura!— exclamó su cita, roja como un tomate, y a pesar de que Gaara no entendía nada de nada, le pareció que lucía aún más hermosa de esa forma.
— ¡¿Qué?!— Sakura soltó a su pareja y levantó las manos con inocencia, ampliando su sonrisa— Lo siento, chicos, pero lucen increíblemente adorables juntos. ¿No lo crees, Sasuke?
—Jodidamente adorables— masculló el otro chico, y el joven Sabaku, por un momento, tuvo la leve impresión de que estaba mirándolo demasiado fijo, como si quisiera saltarle al cuello en ese mismo instante, aunque decidió que eso no tenía sentido— Tengo sed. Iré por un jugo— anunció su compañero de basketball, llamando su atención nuevamente al darse cuenta de que se dirigía a él y a Ino, de pronto sonriente—. ¿Ustedes quieren? Yo invito.
—No, gracias— contestó Ino, tajante, y aunque Gaara empezaba a sentirse sediento decidió imitarla.
—No te molestes— dijo.
—No es molestia. ¿Durazno está bien? Insisto— dijo, dando a entender que no aceptaría un no como respuesta, por lo que Gaara asintió vagamente, resignado.
—No quiero nada— reiteró Ino, ya sin disimular su descontento. Había algo muy extraño en que Sasuke fuera amable con cualquier persona, mucho más con un desconocido, pero sobre todo con ella y su cita.
Obviamente algo allí no estaba bien.
— ¡Yo quiero una limonada!— el efusivo grito de Sakura la distrajo, y frunció aún más el ceño al darse cuenta de que ella y Gaara otra vez tenían toda su atención— Entonces, ¿ustedes están en una cita?— sonrió la muchacha de cabello rosa, haciendo gestos de complicidad que Ino pasó por alto.
—Eso era— suspiró, estirando el cuello para intentar ver qué planeaba su psicópata ex enamorado, que hacía fila en el puesto de jugos—. ¿Y ustedes?
—Oh, Sasuke me invitó, ¡y estoy tan emocionada!— chilló Sakura— No habíamos salido en meses, y me encanta el Tanabata. ¿A ustedes no?
—Solía hacerlo— respondió su amiga, encontrando a Sasuke nuevamente con la mirada; estaba en el puesto de jugos naturales, de espaldas a ella— Oye, ¿y desde cuándo Sasuke es tan amable?
—No lo sé, ¿pero no es fantástico?
—Es algo aterrador.
—Oh, no seas así, Cerda. Sabes que en el fondo Sasuke es muy tierno...
—Igual que árbol podrido— murmuró Ino para sí misma al tiempo que Sasuke volvía a unírseles con tres vasos desechables de jugo; le dio una limonada a Sakura, un jugo de duraznos a Gaara y él tomó el restante, dándole un sorbo de un extraño buen humor, mientras Sakura empezaba a inundar a Gaara de preguntas acerca de su anterior escuela, a las que él respondía de forma escueta y educada mientras se tomaba su bebida de a pequeños sorbos, hasta que la terminó. Entonces Sasuke calló a su novia con un gesto.
—Bueno, será mejor que los dejamos en su cita, ¿no crees?— dijo, haciendo que Sakura protestara, aunque finalmente volvió a sujetarse del brazo de su pareja y se despidió de ellos con una seña, igual que Sasuke.
Ino sólo se permitió respirar libremente una vez que ambos se perdieron en el océano de gente.
— ¿Pasa algo?— preguntó Gaara cuando ambos volvieron a estar a solas, con cautela— Lucías muy tensa.
—Es que...no me llevo muy bien con Sasuke, eso es todo— respondió Ino, sin mentir necesariamente.
—Sí, lo noté— suspiró Gaara, sonriéndole suavemente para volver a relajar el ambiente—. Pero olvídalo. No hablemos de eso— dijo, e Ino no pudo evitar sonreírle de nuevo.
—Gracias— le respondió, dándole un agradecido beso en la mejilla mientras se sujetaba a su brazo una vez más para seguir recorriendo el lugar.
Su cita iba por buen camino una vez más.
Gaara y ella presentaron sus respetos al templo, luego recorrieron algunos puestos de juegos y vieron una obra de sombras chinas. Después, cuando ya había oscurecido del todo, empezaron con la tarea de elegir un puesto de comidas para cenar, hasta que, de repente, Gaara se detuvo, llevándose una mano a las sienes mientras se tambaleaba ligeramente.
— ¡Gaara!— se alarmó Ino, corriendo a auxiliarlo— ¿Qué pasa? ¿Te sientes bien?
—Sí. Estoy bien— respondió, restándole importancia— Sólo necesito... ¿Te molesta si nos sentamos un momento?
—No, claro que no...— Ino le permitió recargarse en ella hasta encontrar un banco donde sentarse. Hasta se desplomó en él y soltó un profundo bostezo— ¿Seguro que estás bien?— insistió la muchacha, empezando a preocuparse, aunque Gaara parecía tenerlo todo bajo control.
—Sí— repitió él, pero era claro que algo malo le pasaba— Sólo...quisiera ir a un lugar más tranquilo un momento. ¿No te importa si...?
—No. Vámonos de aquí.
oOo
— ¿Y qué te dijo el doctor?— preguntó Nagato mientras terminaba de lavar las tazas.
Sasori, que se mantenía de brazos cruzados contra el fregadero, con una taza de té en la mano derecha y la mirada perdida, levantó la vista un momento, parpadeando como si acabara de salir de una ensoñación.
— ¿Quién te dijo?
—Yahiko— el muchacho de cabello rojo se encogió de hombros, restándole importancia al asunto— Él y Konan dicen que no te has sentido muy bien, y que te quemaste con café caliente el otro día. Supongo que debí notarlo también, pero, en realidad, no te presto mucha atención.
—Estoy bien, no es nada— contestó él, enderezándose levemente mientras recogía los libros contables que había dejado sobre la mesa, revisando la primera hoja—. Lo que es una lástima, porque si estuviera enfermo podría haberme curado con medicina.
— ¿A qué te refieres?
—A nada. Ignórame.
—Como quieras. Por cierto, ¿irás al festival hoy?
Sasori apenas si levantó la vista del inventario del restaurante para volver a mirar a Nagato, y enseguida regresó a los números.
—No me gustan los festivales— anunció, escueto— Además, alguien debe quedarse al frente del negocio.
— ¡Bah! ¡Toda la gente está del otro lado de la ciudad, en el Festival, idiota! Nadie va a venir después de la cena— bufó Hidan, apareciendo ya listo para salir, usando una elegante yukata negra y roja que adornaba con su usual ceño fruncido.
—El imbécil tiene razón— secundó Konan, que también ya estaba lista para salir, vistiendo jeans y una camiseta azul que combinaba con su cabello— Toda la gente irá a los templos. Nadie vendrá a la ciudad.
—Aun así— contestó Sasori sin mirarlos—. No podemos dejar el restaurante solo, y no me molesta quedarme.
—Eres un mártir— se burló la chica, controlando la hora en su teléfono celular— ¿Estás listo, Nagato? Yahiko dijo que nos esperará allá en quince minutos.
—Ya terminé aquí— anunció el de cabello pelirrojo, secándose las manos antes de quitarse el delantal, que usaba sobre una yukata parecida a la de Hidan, sólo que de color borgoña— Podemos irnos.
—Última oportunidad, Sasori— canturreó Hidan, peinándose hacia atrás— ¿Vienes al templo?
—No.
—Como quieras. Jashin sabe que lo intenté. ¡Vámonos y dejemos al nerd con sus cuentas!
—Largo— gruñó Sasori, sólo levantando la vista para asegurarse de que los demás ya se habían ido, y una vez que se quedó solo en la cocina, y tras que el último cliente pagó, pudo relajarse y terminar con el inventario y los balances. Después limpió las mesas y los pisos, deteniéndose solo para mirar la ciudad, llena de luces, risas y colores, recordando el tiempo en que él también reía y disfrutaba de las luces, lo mucho que le gustaba sentarse sobre la hierba húmeda y recargar la cabeza sobre el pecho de su madre mientras miraban los fuegos artificiales. E inconscientemente se llevó una mano a la sien izquierda y tocó allí la herida que el cabello pelirrojo cubría, trazando su recorrido de casi diez centímetros hasta llegar a la nuca, un recordatorio de cuando era aquel niño de seis años, cuando las luces y las risas se habían ido para siempre.
Sasori desvió la mirada, soltando un pequeño suspiro cansado mientras se revolvía el cabello con una mano. Terminó de limpiar los pisos y llevó el trapeador a la cocina; se sirvió una taza de café, tomó sus cuadernos y se sentó en una mesa hasta que, de pronto, escuchó la puerta abrirse y de inmediato alzó la vista, sorprendido al encontrar a Ino Yamanaka allí, en la puerta, entrando del brazo de un chico pelirrojo que en un primer momento se le hizo muy familiar. Sasori se les quedó viendo un momento, tratando de discernir si se trataba de una mala pasada de su mente, pero no. Efectivamente su compañera de instituto estaba ahí del brazo de un joven, y los dos iban muy bien arreglados, como si estuvieran en una cita o algo.
Todavía sin salir de su incómodo asombro, Sasori sintió como su pulso empezaba a acelerarse, y un calor anormal recorrió su rostro al recordar las ridículas palabras de su doctor, pero, haciendo caso omiso de esos pensamientos, esbozó su mejor mueca indiferente y se puso en pie con un anotador en una mano y la carta en la otra, pero, al acercarse con el menú bajo el brazo, se dio cuenta de que la pareja de Ino era el hermano menor de Sabaku no Temari, y que no se veía nada bien.
— ¿Qué ocurre?— preguntó, con algo de brusquedad por la sorpresa. Ino se sobresaltó, mostrándose sorprendida al levantar el rostro y verlo.
— ¿Senpai? ¿Pero qué...?
—Trabajo aquí— comentó para ahorrarse las explicaciones— ¿Qué le pasa?
— ¡No lo sé!— se lamentó la muchacha— De repente empezó a sentirse mareado. Le dije que no importaba que regresara a casa si no se sentía bien, pero no quiso hacerlo... Y ahora ya no responde.
— ¿Gaara? ¿Me oyes?— Sasori pasó de Ino e intentó que Gaara reaccionara, preocupado cuando no obtuvo respuesta. Luego golpeó su mejilla un poco, controló sus signos vitales y su respiración, y sólo después de hacerlo se relajó al fin, soltando un pequeño suspiro de alivio— Creo que sólo está dormido— dijo, algo contrariado, pero seguro de su conclusión.
Ino lo miró, frunciendo el ceño.
— ¿Dormido?
—Así es— Sasori se levantó del lado de Gaara y puso los brazos en jarra—. Deberías llevarlo a su casa.
—Eso intentaba, pero no es fácil cruzar la ciudad con un chico medio dormido que se recarga sobre mí— bufó la chica, cruzándose de brazos—. ¿Qué haces?
—Busco su teléfono— informó el empleado del restaurante, como si fuera lo más obvio del mundo, mientras palpaba los bolsillos de los pantalones de Gaara hasta que consiguió su teléfono. Buscó el número de su casa. Minutos después, Sabaku no Temari apareció en un taxi, corriendo a través de la calle para auxiliar a su hermano menor, que tampoco reaccionó a su voz. Sin embargo, la chica no parecía asustada ni inquieta.
— ¿Él va a estar bien?— preguntó una preocupada Ino cuando Temari le pidió ayuda a Sasori para levantar a Gaara y sacarlo del restaurante. Entonces ella la miró, sonriéndole en el acto.
—Claro que sí, no te preocupes, Ino— le dijo, levantando a su durmiente hermano por el brazo con ayuda de Sasori— No es nada malo... Gaara tiene problemas para dormir; así que toma píldoras. Quizá se confundió con la dosis o las tomó sin querer, pero él estaba muy ansioso por salir contigo. Por favor, no creas que lo hizo a propósito.
—Está bien, yo...— Ino suspiró, procurando sonreír también— Me gustó salir con él, aunque se haya quedado dormido. ¿Podrías decírselo?
Temari le sonrió una vez más.
—Por supuesto. Gaara se pondrá feliz al saber eso. Buenas noches.
—Adiós.
Ino soltó una profunda exhalación y cuando todos se fueron se dejó caer sobre una de las sillas del vacío restaurante, sintiéndose agotada.
Sasori sostuvo a Gaara y lo subió al vehículo con ayuda del taxista; se despidió de Temari, le cerró la puerta y se quedó unos momentos en la calle, con las manos en los bolsillos de su pantalón, viéndolos desaparecer por la colorida avenida antes de volver dentro del restaurante con Ino, que ahora estaba con los brazos cruzados sobre la mesa, viendo hacia la puerta.
— ¿Podrías traerme un té?— pidió Ino antes de que Sasori dijera cualquier cosa, exhalando con cansancio— No he comido nada en toda la tarde.
El joven Akasuna, que la miró brevemente por el rabillo del ojo, asintió con suavidad, se metió a la cocina y salió a los pocos minutos con una taza humeante y un trozo de pastel de queso que ella miró con desaprobación.
—Sólo te pedí un té.
—Dijiste que no has comido nada desde la tarde. Debes comer algo.
—No quiero...
—Come— la interrumpió, negando con un suave movimiento de cabeza—. Es cortesía de la casa. Eso no pasa seguido— avisó, porque era cierto. E Ino correspondió a su gesto con una tímida sonrisa.
—Gracias— murmuró, entonces él volvió a negar, dándole la espalda para regresar tras el mostrador a terminar de limpiar algunas copas, y al volver a alzar la vista notó sin la menor sorpresa que Ino se lo había devorado todo. Pensó que ella se iría luego, así que regresó a hacer las cuentas, pero tras unos diez minutos de sumas y restas, al volver a alzar la mirada, con sorpresa notó que ella seguía allí, con la cabeza recargada sobre las manos y la mirada fija en él.
— ¿Has notado que últimamente siempre estás ahí cuando necesito ayuda?— le soltó de repente, haciendo que el lápiz resbalara de su mano y cayera al suelo por el sobresalto que Sasori sintió recorrer su cuerpo con tan solo esa pregunta.
—No es que lo esté planeando— respondió de inmediato, agachándose para recuperar su lápiz antes de volver a mirar a Ino, aunque no pudo sostenerle la mirada por mucho tiempo. Era extraño, pero se sentía mucho más torpe con ella cerca—. Yo no... No creas que estoy siguiéndote o algo— declaró, dándose un golpe mental a la vez que decidía que ya había hablado demasiado. Después la escuchó reír, y al observarla, de reojo ésta vez, se dio cuenta de que Ino había dejado de mirarlo para ver por la ventana, permitiéndole analizarla por un minuto. Ella lucía muy bonita con esa yukata de flores de cerezo color lila. A Sasori siempre le había gustado el estilo tradicional, pero rara vez se detenía a contemplar a las mujeres que lo usaban; no obstante, en Yamanaka Ino se veía absolutamente bien, y eso le hizo desviar la mirada de vuelta hacia los libros, completamente avergonzado de sus propios pensamientos.
—Si sales ahora tal vez puedas llegar al templo Nishikori a tiempo para ver los fuegos artificiales— le soltó de pronto, sin dejar de revisar las cuentas, aunque aun así pudo sentir la mirada de Ino nuevamente sobre su persona.
—No tendría mucho sentido verlos yo sola, ¿no crees?— suspiró la joven, haciendo que Sasori frunciera el ceño.
— ¿Por qué no?
—No lo sé. Es sólo que creo que ése ese es el tipo de cosas que haces con alguien para que sea especial... Es muy tonto, no me hagas caso.
—Sí, es tonto— concordó el muchacho, soltando un pequeño suspiro mientras intentaba terminar los balances.
—De niña amaba el Tanabata— volvió a hablar la chica, distrayéndolo— Mis padres casi siempre estaban ocupados, pero cada verano se tomaban éste día para que estemos juntos, y veíamos los fuegos artificiales desde el templo Kiyomizu. Mamá preparaba una cesta con sándwiches, jugos y pasteles, y papá siempre nos hacía llegar temprano para tomar los mejores lugares... Por una noche todo era perfecto, y ahora... Bueno, las cosas han cambiado. Pero creí que, tal vez, si revivía aquella vieja tradición con Gaara, no sé...quizá volvería a sentirme como antes— suspiró—. Pero hace tiempo que ya nada es como antes...
Sasori, sin preocuparse en disimularlo, alzó la mirada una vez más y se le quedó viendo por unos segundos. De repente ella se veía tan triste como la primera vez que la había visto, y eso le hizo sentirse incómodo.
Los latidos de su corazón le hicieron eco en los oídos, haciendo que todo su cuerpo temblara. A medida que la tristeza de Ino parecía crecer también lo hacía su pulso, y Sasori se preguntó cómo era posible que su corazón latiera tan rápido cuando no pasaba nada malo.
Una inflamada desesperación presionó hacia fuera desde el centro de su pecho, amenazando con romperle las costillas. Era una extraña desesperación que le provocaba el verla sufrir y no poder hacer nada por evitarlo. Eso no era normal, sobre todo para alguien que toda su vida se había reconocido como egoísta.
Nunca nadie le había importado, mucho menos una desconocida, pero aun así de pronto se vio a sí mismo levantándose de su asiento y caminando hacia la puerta, poniendo el letrero de cerrado.
—Acompáñame— pidió al pasar por su lado, e Ino, sin hacer preguntas, lo siguió hacia la parte de atrás del restaurante, donde había una escalera que llevaba directamente a la terraza.
— ¿Qué haces?— preguntó al verlo revolver algunas cosas dentro de la cocina, de donde sacó dos sándwiches y dos cajas de jugo.
—Todavía no he tomado mi descanso— dijo él, encogiéndose de hombros mientras empezaba a subir las escaleras con las cosas en las manos.
Ino de nuevo no dudó en seguirlo, y salieron juntos a la terraza. Sasori le pasó la comida y buscó dos cajas de madera que juntó en medio de la azotea, mirándola mientras ponía las manos en sus caderas, extendiéndolas hacia los lados después.
—No es el parque Kiyomizu...— murmuró en un suspiro, despeinándose el corto cabello pardo con una mano— pero al menos no te cobraré por la comida. Hoy debe ser tu día de suerte.
Ino parpadeó, primero sorprendida, luego maravillada, pero tomó asiento, sino que caminó directamente hacia la cornisa, donde se recargó, contemplando la vista de la colorida avenida desde las alturas junto a Sasori, que se acomodó junto a ella y le alcanzó una caja de jugo y un sándwich que ella comió en silencio, igual que él.
Después de que ambos terminaron de comer el silencio continuó, y Sasori se aclaró la garganta y apretó los puños sobre el concreto de la cornisa, incómodo, sin saber qué hacer o decir para deshacerse de esa sensación.
— ¿Sabías que el Tanabata se basa en una antigua leyenda oriental?— soltó de pronto, manteniendo la vista al frente, pero aun así notando que Ino lo miraba, así que decidió continuar— Cuenta la historia de amor de la princesa Orihime, la hija del rey celestial Tentei, quien tejía a orillas del río Amanogawa, lo que sería nuestra Vía Láctea— relató, sin dejar de observar la oscuridad del horizonte, animándose a seguir ante el silencio de la muchacha—. Un día, un pastor que estaba al otro lado del río Amanogawa, Hikoboshi, vio a la princesa tejiendo y cuando ambos se vieron, el amor surgió inmediatamente entre ellos. No mucho tiempo después se casaron, y eran tan felices que Orihime dejó de tejer y Hikoboshi descuidó su ganado, dejándolo desperdigarse por todo el cielo. Tentei entonces se enfureció ante la falta de responsabilidad de ambos, y separó a los amantes cada uno a un lado del río Amanogawa como castigo por su comportamiento. Pero entonces...
—... La princesa lloró tanto por estar lejos de su amado que una bandada de aves se conmovió de su dolor, y le prometieron que ellas harían de puente cada año, siempre y cuando no lloviera, para que ella pudiera cruzar al otro lado del río para ver a su esposo, logrando que, una vez por año, los dos puedan consumar su amor al menos por una noche...— Ino terminó el relato, alzando la vista al cielo con una sonrisa mientras Sasori volvía a mirarla.
—Conoces la historia— la acusó, frunciendo el ceño. Ella rió.
—Por supuesto. Fui la princesa Orihime unas diez veces desde el jardín de niños— comentó con orgullo— Pero sí me sorprende que tú la sepas— siguió ella, pensativa—. Pensé que eras demasiado cínico como para creer en leyendas de amor.
—Nunca dije que creyera en ella. Sólo... Pensé que te gustaría.
Otro silencio incómodo.
—Pues sí me gusta— respondió ella tras unos segundos, sonriente.
—Olvídalo. Es una historia estúpida.
—No lo es. Es historia de un amor puro e incondicional que ha atravesado el tiempo, las estrellas y los corazones de cientos de personas. Me parece algo muy lindo.
— ¿Aunque no sea cierta?
—Oye, tiene mucho sentido para mí: ya sabes cómo es cuando te enamoras de alguien. Te sientes torpe y distraído, y ellos fueron condenados por eso. Es triste, pero muy realista al mismo tiempo. ¿No crees?
Sasori no respondió, pero ella tampoco parecía esperar una respuesta.
Ino se recargó sobre el concreto y volvió a mirar hacia la ciudad, sintiéndose repentinamente muy cómoda en compañía de Sasori, y eso no pasó inadvertido por él, que de nuevo no pudo evitar mirarla cuando creía que ella no se daba cuenta, abstrayéndose tanto que de un momento a otro casi sintió que su cerebro se desconectaba del resto de su cuerpo.
Y entonces, lo dijo.
—He estado pensando en ti— soltó sin pensar en lo que hacía, ¿o acaso lo imaginó? Dedujo que no, porque la chica se dio la vuelta de inmediato, mirándolo con el ceño fruncido.
— ¿Qué?
El joven Akasuna se mojó los labios; era su oportunidad de retractarse y no quedar como un acosador o un idiota.
—He pensado en ti— repitió, y si hubiera estado solo se hubiera dado un golpe en la cabeza por su estupidez.
Ino parpadeó con confusión, pero no lo miraba como si fuera un desquiciado; eso era una buena señal.
— ¿Tú...piensas en mí?
—Sí.
— ¿Por qué?
Él se encogió de hombros, porque esa era la única respuesta que tenía para ella.
—No quise asustarte ni nada. Es sólo que...— chasqueó la lengua, pasándose una mano por el cabello— En realidad no tengo una buena excusa— admitió, y, a pesar de que estaba siendo completamente honesto ella se rió.
—Bueno, nunca nadie me había dicho que pensaba en mí. Es... bastante lindo. Sorpresivo y aterrador en cierta medida, pero lindo— bromeó, logrando que Sasori se permitiera sonreír de forma breve y disimulada, procurando que ella no notara lo relajado que se sentía en ése precisó momento.
—Usualmente no digo ése tipo de cosas.
— ¿Y qué sí dices usualmente?
—Nada— admitió. Ella entonces se rió otra vez.
—Senpai es muy gracioso cuando se lo propone— le dijo, haciendo que Sasori frunciera el ceño, sintiéndose agitado por dentro.
—No intentaba serlo. De verdad he pensado en ti, y eso es muy molesto— admitió, e Ino dejó de reír, clavando la mirada en él con curiosidad.
— ¿Por qué es molesto?— preguntó con cierta cautela, aunque eso sólo logró que Sasori se agitara mucho más.
— ¡¿Por qué?! ¡Porque está mal!— se exaltó, pero de inmediato procuró tranquilizarse, apoyándose sobre los codos mientras giraba el rostro, avergonzado por su exabrupto; luego suspiró, esperando unos segundos antes de volver a hablar— Me hace sentir...torpe.
—Oh...— Ino parpadeó, también volteando el rostro al darse cuenta de lo avergonzado que estaba Sasori por todo lo que había dicho. Tras eso soltó un pequeño suspiro, intentando sonreír una vez más y fingir que no había pasado nada— Oye, ¿escribiste tus deseos?— preguntó, tratando de sonar alegre nuevamente. Y Sasori la miró, enarcando una ceja.
— ¿Qué?
— ¡Tu deseo en un papel de color! No es Tanabata si no pides un deseo— anunció, mordiéndose los labios mientras buscaba algo en su bolso hasta que finalmente sacó dos lápices y dos tiras de papel azul— Debes escribir algo que quieras, y después colgar el papel en una rama de bambú. Aunque...bien, podemos saltarnos esa parte— sonrió, escribiendo en su papeleta con entusiasmo mientras Sasori la miraba escribir su deseo con ahínco, pero él no se movió, sólo la miró.
Allí, de pie en aquella terraza, con esa hermosa vista y al lado de esa chica, tuvo la sensación de que no podría desear nada más que prolongar aquel momento para siempre. Y mientras seguía metido en sus propios pensamientos Ino levantó la cabeza, viéndolo fijamente a los ojos
Los dos se quedaron así, sin desviar la mirada. Hasta que ella, motivada por un inexplicable impulso, no pudo seguir conteniéndose y lo besó, estirando el cuello para que sus labios alcanzaran los de Sasori, poniendo las manos en sus mejillas, sin importarle que su deseo volara por los aires. Sin embargo, tan súbitamente como lo besó se separó de él al notar que no correspondía a su beso, pero apenas lo hizo fue Sasori quien la tomó por las mejillas ahora, besándola con tanta fuerza que era estremecedor, agarrando la parte superior de sus brazos y tirando de su cuerpo hacia él, saboreando sus labios, su lengua, los bordes afilados de sus dientes delanteros, el suave calor dentro de su boca. Entonces se detuvo, pero ella lo sujetó por el cuello y no lo dejó separarse. Sasori emitió un sonido irregular, y se besaron una vez más, suave y tiernamente, con las manos de él sujetando los hombros de su yukata, torciéndolos, apretando el material en sus puños, como si luchara contra sus propias ansias de besarla, pero no pudiera ganar la batalla. Y de pronto se rindió, dejando que sus manos la tocaran, calmando el ardor que sentía en ellas.
Un sonido estalló como un trueno por encima de ambos; sus cuerpos se sacudieron al unísono y de repente ya no se besaban, aunque Ino seguía aferrada al cuello de la camisa de Sasori, y los fuertes brazos del chico se apretaban a su alrededor, como si no quisieran que ella se alejara nunca.
Y entonces tuvo la leve impresión de que podría besar esos labios tan suaves y dulces por siempre.
oOo
Sasuke se sobresaltó cuando los fuegos artificiales comenzaron, encontrándolo solo en una ciudad sólo iluminada por las luces del cielo.
Metiéndose las manos en los bolsillos, les dio la espalda y siguió avanzando. Hacía rato había perdido la pista de Ino y el tal Gaara, y aunque arruinar su cita con las píldoras para dormir de Itachi había sido divertido en un principio, empezaba a preocuparle que algo pudiera pasarle a Ino cuando Gaara cayera en un sueño profundo, así que no le importó dejar a Sakura sola en el templo, en medio de un montón de gente, para ir a buscarla, pero en algún momento les había perdido la pista, y ahora estaba perdido en medio de una ciudad casi desierta, aturdido por el estridente sonido del cielo y completamente fastidiado.
¿Acaso podía pasarle algo peor?
Casi como una respuesta irónica, una ventisca apareció de la nada, y cuando Sasuke volvió a levantar la mirada una tira de papel azul voló frente a sus ojos y le pegó en el rostro, pegándose a su frente. Entonces soltó una maldición y se lo quitó de encima con una mano al mismo tiempo que una enorme guirnalda de luces rompiendo el oscuro firmamento nocturno llamaba su atención, haciéndole alzar la cabeza para mirar al cielo. Fue por ese movimiento que notó que, iluminados por los fuegos artificiales, dos personas se besaban sobre la azotea de un restaurante, aunque no les prestó atención, porque poco le importaba lo que hicieran los pervertidos a esa hora. Así que caminó un par de calles más en busca de Ino, antes de recordar el papel que todavía tenía apretujado en la mano.
Sasuke lo miró sin mucho interés y estuvo a punto de tirarlo, pero se detuvo. Ignorando los ruidos de los fuegos artificiales desdobló la hija y leyó la única palabra que había escrita allí: "amor".
oOo
.
N del A:
Hola! A pedido de todos sus reviews he vuelto!
Ha sido muy difícil escribir éste capítulo. Creo que cuando lo empecé tenía una idea que ahora ha cambiado bastante, o tal vez yo he cambiado.
Últimamente he estado más ocupado de lo normal; tengo muchos proyectos personales nuevos, y muchas nuevas responsabilidades, por eso casi no he escrito. Supongo que es una parte inevitable de crecer 🙂 Lamento y me da vergüenza que quienes me siguen tan fielmente deban esperar tanto por cualquiera de mis fics, pero eso no quiere decir que me olvide de ustedes. Muchas incluso son grandes amigas a quienes en verdad aprecio, por eso les aseguro que no voy a abandonar mis fics.
Y sepan disculpar los errores y faltas de ortografía! Por una cuestión de tiempo y movilidad escribí todo el capítulo entre mi teléfono y mi tablet, y todos sabemos como sale a veces eso xD
Hasta la próxima!
H.S.
