Capítulo 9

Oscuridad

El vapor del baño apenas dejaba ver la cresta del jovencito, detrás de este, pero fuera de la bañera se encontraba su asistente lavando su cabeza. Shin no había dicho una palabra en días, desde que despertó luego de ser curado por este, se había mantenido en total silencio. Nada de lo que pudiera decir tenía sentido ahora… el dolor que había tenido en su cuerpo no tenía comparación con el dolor de su alma.

Kibito había aceptado el silencio de su mentor, aunque le urgía al menos que dijera algo, por otro lado...podía entender la tristeza de este, el también lo estaba, pero no permitiría que el joven cayera en una depresión. Desde que había despertado, no hizo más que dormir, apenas comía y ni hablar del aseo, fue por eso que decidió obligar al pequeño a levantarse de la cama y meterlo en la ducha sin importarse si le molestaba, pero tampoco recibió respuestas, el muchachito no hacía más que aceptar lo que Kibito decía.

-Oye…- Dijo Kibito mientras enjabonaba su cabeza. -¿Qué te parece si buscamos polvo de hadas? Sé que te encanta y haces cosas maravillosas con el ¿Qué dices? Tal vez las brujas del planeta Zeres tengan… ellas son excelentes canjeando polvo de hadas…

Pero no recibió respuestas, shin continuaba con su mirada perdida en el agua de la bañera vaya a saber en qué otro pensamiento que no sea la pérdida de sus compañeros estaba. No había señal de que estuviera escuchando si quiera…

El hombre hizo un gesto de pena pensando en que otra forma podría al menos levantar el ánimo de su mentor ¿Qué podría hacer él? El corazón roto no es sencillo de reparar, no ha habido ser en el mundo que haya reparado un corazón roto sin haber dejado cicatrices, o mejor dicho no ha habido en el mundo un ser al cual su mente no lo traicione recordándole el dolor causado en el pasado, la memoria es altamente asesina.

Finalmente dio un largo suspiro a causa de su fracaso en el intento de querer comunicarse con Shin.

-Háblame por favor…- Dijo el hombre en un susurro mientras apoyaba su frente en la cabeza de muchacho. -Dime qué puedo hacer por usted supremo Kaiosama…- termino por decir con la voz casi quebrada.

Los puños del joven hicieron presión con fuerza debajo del agua, algo que Kibito no pudo notar pero si había podido sentir la tensión en el cuerpo de este.

Toda era su culpa, por hacer de él un niño consentido, haciéndole creer que el mundo era un cuento de hadas, donde la maldad y el sufrimiento no existían. Era su culpa por ser un asistente débil que en vez de enseñarle a luchar como correspondía, le había enseñado a plantar tulipanes en el jardín, y ahora que todos estaban muertos no tenía sentido entrenar para defender a sus compañeros caídos... nada los devolvería a la vida, nadie lo haría ¿porque un dios creador no puede cambiar lo que sucedió en el tiempo? Si tuviera una posibilidad de hacerlo, lo haría...

dentro de ese mar de pensamientos y el coraje que sentía, finalmente el ahora Gran supremo Kaiosama dejaba escapar algunas palabras.

-Deja... de tratarme como a un niño-. Fueron sus palabras dadas a Kibito mientras este abandonaba la posición en la que estaba.

El hombre miro al joven aun de espaldas sintiendo algo de extrañeza, a pesar de sentirse feliz por haberlo escuchado no podía demostrarlo ya que el muchacho había sonado negativo y con una voz muy poco usual en el.

-Supremo Kaiosama...- Susurro apenado.

En ese instante el joven volteo solo para mirar a su asistente, su rostro lucia algo sonrosado y sus ojos completamente rojos a causa de las lagrimas que brotaban en silencio, dejando ver toda su frustración, su dolor y su sufrimiento.

-Tu no haces más que tratarme como a un niño ¿Que no lo ves?- pregunto sin obtener respuesta alguna mientras su asistente mantenía fija su mirada en el. -¿¡Que no lo ves!?... -Grito esta vez. -¡Todo este tiempo me has tratado como si fuera un niño, un muñeco de porcelana al que tienes que tocar con cuidado para que no se rompa! ¡Tu hiciste esto de mi! -Termino por decir a los gritos entre lagrimas.

por su parte, Kibito solo mantenía su mirada fija en el muchacho, mas allá que le doliera las palabras que este decía, no se atrevía a responderle, siempre le había tenia sumo respeto desde que fue entregado en sus brazos, siempre intento dar lo mejor para él, intento cuidarlo, protegerlo de todo lo que pudiera dañarlo ¿había cometido un error? ¿en que se había equivocado para recibir tal trato del único ser que podía amar desmedidamente como si fuera un hijo... donde su mente fantasiosa guardaba celosamente la idea de que lo había engendrado aunque fuera imposible... donde el creía que era su padre... ¿qué grave error cometió para que por primera vez en la vida el muchacho haya levantado la voz?

-Yo... yo lo siento mucho-. Dijo finalmente el hombre sin saber que otra cosa responder y completamente dolido.

La mirada del jovencito permanecía en la figura de su asistente y este solo se limito a mirar hacia abajo, porque sabía que no existían mas palabras para decir, todo lo que pudiera expresar con palabras entorpecería las cosas, pues no existían palabras que sirvan de consuelo

-Déjame solo...- Dijo Shin más calmado.

De manera automática, Kibito se levanto para retirarse de la habitación de baño, lo mejor era dejarlo solo porque así lo deseaba el muchachito. Shin aun era un adolescente, ni siquiera había señal de entrar en la juventud, y como todo adolescente pese a ser un Kaio, tenía su tiempo de maduración. Aun no podía ver algunas cosas, o tal vez, lo había olvidado. Se suponía que el entendía todo antes de venir aquí y lo más probable es que lo haya olvidado tal como Wiss lo había dicho aquella vez cuando recién se lo había entregado en sus brazos.

Recordar a Wiss le hizo pensar que este no había venido en mucho tiempo a verlo, incluso años... desde que el joven empezó a crecer Wiss no lo había visitado, no se había preocupado para nada en pisar el planeta sagrado y ver al único vinculo que el dios destructor tenia para continuar respirando ¿Cómo era posible que este no haya aparecido en una situación tan difícil? apretó sus puños enfurecido, tenía ganas ver al asistente del dios Bills y reclamarle la falta que hizo durante la pelea... sin duda, si este hubiese estado, nada hubiera pasado.

universo 10

-Mañana visitaremos un planeta nuevo, te gustara...- Dijo el anciano Gowasu mientras rasuraba la cabeza de Zamas, dejando unos bonitos mechones largos. El cabello de los Shin-jin crecía lento y por fortuna no tenía que hacerlo tan seguido.

por su parte, Zamas apenas escuchaba a su maestro, ya que su preocupación no estaban en visitar nuevos planetas, mas bien, estaba preocupado por los destrozos que se estaban ocasionando en el universo. Luego de observar a los seres de otros planetas y ver la forma en la que estos se trataban solo podía pensar en lo equivocado que estaban, no tenía otra forma de ver las cosas... pero su maestro si...

-¡Oye!- Dijo el viejo en un grito. -¿Me estas escuchando?

-Si-. respondió rápidamente.

-Mientes, no estás escuchando nada- Suspiro. -... No tienes remedio, vives pensando en cualquier cosa menos en lo que te digo...-

El muchachito suspiro para luego responder -Lo lamento... es que... están sucediendo muchas cosas malas...-

El viejo detuvo la navaja pensando un momento en las palabras del joven. -Bueno... suceden cosas malas si así lo quieres ver...-

el joven volteo sobre la silla para mirar a su maestro . -¿Usted como lo ve?

-Que suceden cosas...- Respondió con seguridad.

- Malas...- Continuo diciendo Zamas.

Gowasu, no hizo más que sonreír, su alumno aun tenía mucho por aprender y amaba ese tipo de discusiones aunque no disfrutara mucho del enojo del muchacho, porque sabía que luego de la charla el niño se molestaría y correría a encerrarse en su habitación seguramente a golpear alguna almohada o a romper algo. No lo sé lo había dicho, pero sabía que Zamas tenía ataques de furia que luego descargaba donde no pudiera ser visto.

-Solo suceden cosas, pero si quieres ponerle dualidades, entonces te moverás para el lado bueno o malo, y tomaras por bueno lo que creas conveniente, de la misma forma tomaras lo malo a tu conveniencia-. Respondió, luego tomo asiento frente al jovencito, quien le dedico una mirada confundida y como no... también molesta.

-¿Entonces estoy tomando por "malo" lo que sucede en el universo porque a mí me conviene?.

-Dímelo tu-.

El muchachito sonrió de manera irónica como era de esperarse, pues ya empezaba a enojarse. -No es de mi conveniencia que allí sucedan cosas malas, es lo que sucede...-.

-Lo que sucede allí, solo está sucediendo y tu tienes que observar lo que sucede, pero si a cada cosa vas a ponerle una dualidad ¡Oh! pues estas en problemas jovencito, siempre encontraras lo bueno y lo malo, lo feo y lo bello, lo alto y lo bajo, arriba y abajo, etc etc etc... y todo se convierte en un infinito porque siempre estarás buscándole los pelos al huevo, ¿Y quién es el q que busca? la mente o mejor dicho, el pensamiento, la ideología, todos la tenemos... pero tienes que saber cuándo aplicarla, y este no es el caso.

-¿Entonces deja que todos se maten y ya?

-Por supuesto, ellos eligen su destino, ellos son quienes están dormidos, y hasta que no sean consientes de sí mismos seguirán igual, y tu, tienes que ser consiente también...- respondió al tiempo que era interrumpido por su preguntón alumno.

-Yo soy consciente-.

- ¿Lo eres? Dime quien eres.

El joven bufo ante la pregunta de su maestro haciendo un gesto de cansancio. -Otra vez...

-¡Sí! ¡otra vez! y ahora dime ¿Quién eres?

-Soy un kaioshin-.

-No lo eres, tu cuerpo es el de un Kaioshin ¿y tu? ¿Quién eres?

-Me está desviando del tema, y lo importante aquí es que el universo esta en caos-.

-Tu naciste para estar aquí como un Kaioshin y ver el mundo, tu misión aquí es observarlos y descubrir quién eres y que haces aquí ahora, deja de preocuparte por lo que hacen, ellos sabrán que hacer en su debido momento-

Una vez más, Zamas suspiro cansado por su maestro, nunca podía ponerse de acuerdo con ese hombre, por más que quisiera, este siempre terminaba por dejarlo agotado. Si tenia razón o no, no lo sabía, tampoco le importaba, su preocupación era más grande que saber quién es en realidad o que es, o a que vino... ¿A que vino? Qué buena pregunta, porque él se preguntaba lo mismo... a qué demonios vino si no podía hacer nada por cambiar nada...

un sonido lo llamo desde adentro, y dejando a su maestro sentado y sin otra respuesta corrió en dirección donde se encontraba el templo. por otro lado su maestro solo sonrió y esto se debía a que afirmaba que nuevamente su alumno estaba enfurecido y seguramente iba a destrozar algún almohadón de plumas con una foto de su cara.

A cada paso que daba, podía escuchar la dulce y triste melodía que sonaba dentro de el. llego a la puerta de la habitación entrando en ella, y allí se encontraba aquella caja musical que no recordaba como llego a sus manos, pero que estaba allí sonando para él, solo para él, como siempre lo había hecho.

Era solo para él, porque extrañamente, nadie mas podía escucharla, incluso quienes la vieron por casualidad dijeron que estaba averiada ya que esta no sonaba a lo que siempre respondía que no estaba rota y que funcionaba perfectamente. Desde ahí que lo habían tomado por loco los demás shin-jin durante el tiempo que estaba en el planeta kai-ju, disfrutaban burlándose por aquella caja cuando lo veían bajo un árbol escuchándola; luego cuando fue Kaiosama... y así, siempre habían dicho que estaba loco, por escuchar lo que no era real... pese a eso, nunca dejo de creer en que su caja si sonaba y que su melodía calmaba el profundo ahogo, miedo y desolación que su alma sentía.

Lamentaba profundamente no recordar a quien le había dado tan bonito obsequio, porque cuando esa música sonaba, su vibración iba directo a su corazón, recorriendo los rincones más oscuros y vacios, llenándolo por completo, instalándolo solo en un instante... el ahora, el infinito y eterno ahora. Todo desaparecía, el dolor, la soledad, la tristeza, la confusión, todo simplemente era, sin necesidad de clasificarlo... ¿cómo lo había olvidado? Ella era quien se había encargado de mantenerlo en órbita todo este tiempo, y el... solo la había desechado por las constantes burlas que recibía de los estúpidos shin-jin...

Suspiro aliviado abrazando la caja mientras esta sonaba, hundiéndose en aquella melodía, pensando en ¿cómo es posible que no recordara quien le dio tan hermoso obsequio? pues quien se la otorgo, sabía que la necesitaba, estaba seguro.

dejo caer su cuerpo en el suelo abrazado a ese sonido... no había mas que hacer, no era necesario pensar en nada, simplemente hundirse en ese sonido.

No supo cuantas horas había estado allí, pero se había quedado dormido hacia tiempo, su cuerpo estaba arrugado y el agua está completamente fría. meneo la cabeza a ambos lados ya que su cuello estaba un poco dolorido. Todo volvió a su mente nuevamente, su enojo con Kibito, su tristeza y la muerte de sus compañeros. Hubiese preferido estar muerto y así no tendría problemas. Estaba listo para salir de allí e intentar continuar con su vida. Se coloco la bata de baño y salió rápidamente del cuarto, de allí iría a comer algo.

Descargarse con Kibito había resultado positivo aunque sabía que sus palabras lo hirieron, y no es que no quisiera a su asistente, al contrario, lo amaba, era como su padre, pero sin duda decir lo que pensaba en ese momento le habían dado un ligero alivio y debía aprovecharlo al máximo.

Camino hasta la sala dispuesto a pasar por ella para llegar a la cocina, pero no sucedió ya que allí se encontraba Kibito sentado y a su lado, Wiss.

Continuara...