Exámenes y otras mil cosas me han mantenido alejada de FFnet, ¡pero eso se acabó! :D Aquí os dejo el siguiente capítulo, y no os preocupéis porque sea cortito, ya estoy traduciendo el 10 y es bastante más largo. ¡Espero que lo disfrutéis y no me odiéis por este mes que os he tenido abandonados!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
Re-disclaimer: La historia no me pertenece, es original de la autora Weirdgrammar que me ha dejado realizar la traducción :D
Título: Quédate
Disclaimer: No es mío (se refiere a personajes y esas cosas).
Pareja: AoKaga (permitidme chicas, enviaros a la isla del AoKaga~)
Nota: Yaoi.
La puerta se abrió de golpe, sorprendiendo a Kagami que se encontraba ocupado preparando la cena, y Aomine irrumpió enérgicamente sin ningún miramiento. El pelirrojo vio cómo su amante se acercaba a su habitación, incorrecto, a su habitación compartida, con la ira claramente dibujada en su hermoso rostro.
Aomine golpeó la puerta del cuarto tras él, desapareciendo de la vista de Kagami, que desvió los ojos sobre la puerta principal, y exhaló un suspiro.
Ese idiota había olvidado cerrar la puerta.
…
Aomine encendió el aire acondicionado, lanzando su mochila en el suelo sin importarle dónde aterrizaba, y se lanzó a la cama. Hizo un gran chirrido, demasiado para su gusto. Lanzó el brazo sobre la cara y apretó los dientes con rabia.
La voz de su padre todavía resonaba en sus oídos, en su mente.
Aomine se cubrió la cara con las palmas de las manos, tratando de alejarla de su cabeza. Sin embargo, fue un esfuerzo inútil. No dejaban de sonar y sonar.
Exasperado, le dio un puñetazo a la cama.
No era suficiente.
Golpeó otra vez. Y otra. Y otra. Y otra.
Hasta que no tuvo más ganas ni más energía como para levantar la mano más tiempo.
Sus ojos azules vagaron sin rumbo por el techo. El aire acondicionado enfriaba el aire veraniego, pero no enfriaba su temperamento. La voz de su padre seguía sonando y sonando. Lo odiaba.
"Joder… ¿por qué no puede aceptar lo que soy?" Susurró.
Su mente revivió la discusión que había tenido con su padre anteriormente. Kagami le había sugerido que se sincerara con sus padres acerca de su relación. Su madre le había sonreído, como si lo hubiera sabido desde la Edad de Hielo –instinto materno, lo llamaban.
Sin embargo, su padre no estaba de acuerdo. Aomine, por supuesto, ya lo esperaba y se preparó. No obstante, una vez que su padre había insultado a Kagami –sin realmente conocerlo al menos – Aomine estalló.
La discusión había acabado siendo una disputa acalorada y Aomine la terminó secamente dando un portazo en la cara de su padre.
Aomine se acurrucó. "¿Está mal amar a Kagami?"
Sus agudos oídos captaron el ligero sonido del crujido de la puerta. No se giró, sabiendo que era Kagami, de todas formas. El sonido de las pisadas llenó la fría habitación y después pudo sentir cómo la cama se hundía un poco.
"Aomine," una mano le tocó el hombro suavemente.
Él no respondió.
"Aomine."
Al final, se giró, sólo para ser observado por una cara de preocupación grabada en el rostro de su amante. La mirada de Kagami era suave, y su sonrisa era hermosa.
Esa sonrisa…
Expulsó la ansiedad, preocupación y tristeza que anidaban juntos en su corazón casi de inmediato.
Esa sonrisa era suficiente para calmarlo.
Aomine abrazó la cintura de Kagami y hundió la cabeza en su abdomen como un niño. La sonrisa de Kagami se hizo más amplia. Pasó sus dedos a través del pelo azul de Aomine. Se sentía tan suave.
"¿Quieres hablar sobre ello?" Preguntó Kagami en voz baja.
"No," fue la réplica amortiguada.
No intercambiaron más palabras entre ellos. Se mantuvieron quietos. Kagami continuó acariciando el pelo de Aomine, mientras éste estrechaba su abrazo alrededor de la cintura de Kagami.
"Kagami," gritó con voz apagada. "¿Te quedarás conmigo?"
Kagami tarareó. "Sí, me quedaré." La cena puede esperar, ¿no?
"Como... ¿para siempre?" finalmente, Aomine elevó la mirada.
Cogió a Kagami con la guardia baja. Podía descifrar los sentimientos nadando tras los azules ojos vidriosos de Aomine. La tristeza, la esperanza y el amor.
El pelirrojo dejó escapar un suspiro. Se inclinó y depositó un beso en la frente de Aomine.
"Sí, me quedaré contigo para siempre."
