¿El diablo ha vuelto?

La Bruja de las Nieves, la Reina del Hielo, la Dama de Rosa, y el preferido de todos: Cruella De Vil… Al parecer, este "malvado" personaje del mundo de la moda ha vuelto a New York. Anne Smith, la famosa directora y diseñadora de Twin Model en París, vuelve luego de dos años en París.

Anne Smith, para muchos la hermana postiza de de Edward Cullen, es el propio diablo hecho mujer. Es una verdadera Diosa del mundo de la moda.

El talento nato para dar miedo es de familia, ya que el titulo de "Diablo" no sólo es de la pequeña Anne: Edward Cullen le hace honor a ese nombre.

Pero, ¿qué trae de vuelta a Anne? Los rumores dicen que su relación con el corredor de carreras de la fórmula uno Italiana, Franchesco, ha terminado y ha vuelto a New York para escapar de este trágico despecho.

Sorpresas, sorpresas nos traerá Cruella…


If she doesn't scare you

Canción recomendada: Cruella de Vil- Selena Gómez.


POV Anne

Bajé con delicadeza del auto admirando el gran edificio de cristal que, sin duda, desprendía gran imponencia, como su dueño Edward. Era una de sus muchas cualidades. Me quité mis lentes de sol Dior y acomodé mi cabello. Sentí el flash de una cámara y sonreí como si nada; ya había aprendido a que todo fuera natural.

Entré y pude sentir la mirada de muchos ojos puesta en mí. No necesitaba verlos para saber que muchos de ellos tenían miedo. No miedo a que haya vuelto, sino a que me quedara permanentemente. Sonreí, pues era divertido torturar a la gente, sobretodo a las modelos que lograban sacarme de quicio.

No era una bruja, pero podía ser la peor pesadilla de alguien, e incluso su causa de suicidio si me lo proponía. No me importaba lo que pensara la gente de mí, sólo me interesaba una cosa: mi trabajo era perfecto y no iba a dejar de serlo por un grupo de patéticos inútiles.

Todos se apartaban con disimulo para darme paso. Yo sólo les daba una mirada de advertencia; no me gusta la gente en mi camino. Era algo que me fastidiaba. Tomé el ascensor y vi a una joven casi hermosa montada en él. Al verme, su expresión se aterró y salió del elevador muerta del susto. Sonreí de nuevo. Odiaba compartir el asesor con gente extraña, y más con niñas tontas.

Me sentía extrañamente como en casa. Esta oficina una vez vio a una chica con temor que lo único a lo que aspiraba era a ver sus diseños en una pasarela; ahora era más que eso. Edward me había entrenado. Me enseñó a ser de hielo, a que nada me afectara y a que no me importara lo que le pasara a los demás en el mundo de la moda. No había amigos, sólo buitres esperando a que te equivocaras para arrancarte la cabeza y comerte los ojos.

—Jessica, avísale a mi hermana que estoy aquí —le dije a la inútil asistente de mi hermosa hermana. Ella, al verme, tembló. —Uno, dos…—empecé a contar, y ella se apresuró.

Al verme, todas las asistentes comenzaron a arreglarse. Enarqué una ceja y les di una mirada asesina. Edward no estaba, eso era seguro; ninguna mujer en esta oficina usaría Converse con falda de vestir en su presencia.

—Señorita Anne —dijo titubeando, y mi ceja se arqueó aún más. —Hoy es viernes y pensé… el señor Cullen no está.

—Entonces supongo que por eso usas Converse en la oficina —le dije con frialdad, y ella asintió. —Creo que sabes dónde trabajas, ¿no?

—Sí, señorita, en una revista de modas—me respondió mientras temblaba.

— ¡Te felicito, acertaste! Pero debo corregirte: trabajabas —le comenté con seriedad, consiguiendo que sus ojos se abrieran como platos. —Esta revista tiene un reglamento, y el hecho que no esté tu jefe no significa que debas dejar de cumplir.

—Señorita Anne, por favor, no volverá a ocurrir —me rogó, llorando. Oh, las lágrimas… Ya me había vuelto inmune a ellas.

—Tienes cinco segundos para recoger tus cosas, y agradece que no le dije a Edward, porque sino no volverías a trabajar en tu vida —le advertí sin ninguna emoción. Esta asintió y se fue llorando sin consuelo

—La señorita Alice no está ocupada. Pase por favor —me dijo Jessica en tono profesional, entrando nuevamente a la oficina.

—Te recuerdo, Jessica, que mi hermana nunca está ocupada para mí, ni yo para ella, así que haz bien tu trabajo —le dije tajante, y le lancé mi abrigo de color blanco.

Entré con emoción en la pequeña oficina de mi hermanita Alice. Mi corazón se hinchó de felicidad al verla. Por fin me sentía en casa.

POV Alice

Una visión repentina llegó a mi cabeza y sonreí con emoción: estaba aquí. Levanté mi vista y ahí se encontraba mi dulce hermanita.

— ¡Alice! —Gritó llena de alegría con su nuevo acento francés, y acto seguido se lanzó a mis brazos. —Mi hermana, te extrañé.

—Anne, yo también… Hermana, yo también —dije y la abracé más fuerte. Una pequeña lágrima cayó por mi mejilla tras haberme asegurado de que mi hermanita había regresado.

No sé cuánto tiempo duramos abrazadas, pero realmente no me importó. El tiempo que habíamos pasado sin vernos y sin hablarnos había sido horrible para ambas.

—Alice, estás hermosa. El azul marino te hace ver tan radiante —me halagó con sinceridad, y yo le sonreí. Su atuendo color rojo le daba un toque de su propio estilo.

—Tú igual. Ven, siéntate, tenemos mucho de qué hablar —le dije arrastrándola a mi pequeña salita de estar dentro mi oficina. — ¿Qué tal París? Quiero detalles, porque sé que viajaste a Mónaco, así que cuéntamelo todo.

Comenzó a platicarme sobre todos los eventos a los que había ido. Anne parecía muy feliz en Europa, aunque yo a veces prefería que volviera aquí, conmigo, en New York, pero realmente su lugar era allá.

—Luego de eso fui a Austria. Es muy linda, tienes que volver a ir, está mucho más hermosa que cuando fuimos de niñas —me comentó. — ¡Te has dejado crecer el cabello! Me gusta, te ves tan linda, hermana.

—Haces que me sonroje, gracias —le dije apenada.

—Tú al menos te sonrojas, yo soy morena y no es tan fácil —se defendió, haciéndome reír. La verdad es que Anne y yo éramos, por así decirlo, dos polos opuesto en la apariencia física.

Ella era un poco más alta que yo, tenía una figura curvilínea, un cabello largo y liso de color negro con algunos reflejos castaños y unos ojos negros tan oscuros que casi no se le distinguía la pupila.

—Ahora cuéntame, ¿cómo van las cosas con Franchesco? ¿Oigo campanas de boda? —le pregunté con entusiasmo, y su expresión cambio a una de tristeza para después lanzar un largo suspiro. —Anne…

—No hemos terminado, pero ¿cómo terminas algo que no existe? Nuestra relación es tan vacía… Hace un mes que no nos vemos, no ha habido llamadas, ni correos, ni siquiera una estúpida postal… —me dijo con tristeza, y yo tomé su mano.

—Pero ¿qué paso? Todo parecía ir bien entre ustedes el día de Acción de Gracias —le dije preocupada. — ¿Acaso cediste?

—No, eso jamás, y créeme que es lo mejor que pude haber hecho. En fin, la cosas no van bien, ambos estamos demasiados ocupados, y yo no soporto ver cómo esas mujeres se tiran sobre él cada vez que gana. Franchesco dice que es por trabajo, pero Alice, él lo disfruta —me explicó con la voz rota.

—Antes lo acompañabas a sus competencias. Recuerdo haberte visto muy feliz en la carrera de Italia; ahí fue cuando ustedes oficializaron su relación —le dije.

—Ésa fue una de las pocas veces que amé ir a una de sus carreras. Aún recuerdo cuando ganó el trofeo, me besó de golpe, el champán estalló sobre nosotros y todos los flashes capturaron el momento —dijo suspirando. Su mirada parecía perderse en los recuerdos.

— ¿Qué sucedió, entonces? —le pregunté confusa.

—Dejé de ir a sus carreras por el trabajo. No quería, pero me era imposible. Creo que ahí fue que las cosas fueron decayendo. Para él era muy importante que yo estuviera ahí —me explicó, arrepentida. —Luego, él dejó de venir a mis pasarelas, y claro, yo no podía exigirle nada.

—Anne, no debes dejar que la revista te absorba. Tú estás primero, y tu relación con Franchesco también —le dije con seriedad. No quería que la felicidad de mi hermana se arruinara. Para mí era lo más importante.

—Lo sé, pero ya no quiero hablar del tema —me dijo, y yo asentí. No quería que se deprimiera. —Háblame de mis Mon petit. ¿Cuánto han crecido?

—Mucho. Están preciosas y son muy inteligentes. Tienes que verlas hablando francés, son unos ángeles —le dije recordando a mis dulces niñas.

Le platiqué un poco de las niñas. La verdad es que mis sobrinas eran unos ángeles: Phoebe y Sophie ya tenían ocho años, y cada día que pasaba parecían volverse aún más hermosas.

—Oh, por Dios, ¡Sophie baila ballet! —exclamó casi llorando. Yo asentí y le mostré una de las fotos que le había sacado el día que la había llevado a su clase. Mi princesa era toda una belleza. —No tengo palabras, ¡se ve bellísima! Y quiero diseñarle un tutú.

—A Phoebe no le gustó el ballet —le comenté, a lo que Anne me sonrió. —Pero se ve hermosa bailando Jazz y Hip hop.

—Ambas se ven espectaculares. Quiero oírlas tocar el piano juntas, como la Navidad pasada. No paré de llorar al verlas —me dijo con emoción.

— ¿Emmett sabe que estás aquí? —le pregunté con curiosidad, pues Anne y él eran muy unidos. Anne asintió.

—Le dije que iría a cenar con él en su restaurante después de venir a verte. Me dijo que te pidiera que vinieras —me respondió.

—Claro, hoy Jasper estará todo el día en la oficina —le expliqué alegremente. Me agradaba estar con mis hermanos.

— ¿Emmett aún sigue con la víbora esa? —me preguntó con desprecio, a lo que yo enarqué una ceja y reí.

—Sí, aún está saliendo con Rosalie —le contesté, consiguiendo que gruñera. Anne odiaba con todo su ser a Rosalie, al igual que Edward. Yo, por mi parte, también la odiaba, pero lo disimulaba mejor que ellos.

—Esa perr…a —iba a decir, pero la miré mal. —Lo siento, pero sabes que es cierto. Ella no es buena para Emmett; lo único que hace es aprovecharse de él para obtener fama y luego sabes que buscará a otro para utilizarlo del mismo modo.

—Anne, eso es asunto de Emmett. Él está perdidamente enamorado de Rosalie, y aunque él no se dé cuenta de que ella no lo ama igual que ella a él, no podemos hacer nada. Es mejor no entrometernos por el bien de nuestra relación con Emmett —le dije con voz suave y ella bufó.

—Igual la odio y no planeo ocultarlo. Edward tampoco lo hace. Además, si le hace algo a Emmett le arrancaré cada uno de sus cabellos y la quemaré viva —dijo en tono amenazador, y yo me limité a negar, divertida.

—Guarda tu ira, la verás este domingo en la cena de mamá —le advertí. Anne abrió sus ojos como platos —Oh, sí, cenaremos con ella y no podrás matarla con el cuchillo…

—Pero sí hacerle daño con el tenedor —amenazó con una sonrisa mientras yo me encogía de hombros —Realmente mamá es todo caso, no quiero si está ella.

—Mamá y Rosalie son cortadas por la misma tijera —le recordé, consiguiendo que Anne bufara. —Debes ir por Emmett. Limítate a ignorarla como yo hago.

—Está bien, iré, pero no seré amble —me advirtió. —Vamos a comer, muero de hambre. Además, yo invito.

—Perfecto, y luego vamos a buscar a las gemelas. Seguro que se alegrarán de verte —le propuse, a lo que ella asintió.

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POV Anne

Al ver a mis niñas correr a los brazos de mi hermana mi corazón se hinchó nuevamente de felicidad. Ambas estaban hermosas: sus cabellos rubios color fresa eran más largos, y sus ojos color esmeralda parecían brillar.

—Les tengo una sorpresa, pero no se la diré, ya que deben adivinar —les propuso Alice en tono divertido, y ellas rieron.

— ¡Nos compraste el tigre bebe! —le dijo Sophie, esperanzada, pero Alice negó.

—Tú y el tío Jasper tendrán un bebé —lo intentó Phoebe sonriendo. —Tendremos un primito.

—No, aún no… mis nenas —le dijo Alice. — ¿Se rinden? —les preguntó finalmente, y ellas asintieron. —Pues aquí está su sorpresa….

—Mis Mon petit—les dije. Las niñas al verme gritaron de emoción, y se lanzaron a mis brazos, donde yo las recibí con todo mi amor.

— ¡Tía Anne, volviste! —dijo Sophie regalándome una dulce sonrisa.

—Te extrañamos, tía Anne —intervino Phoebe mientras jugaba con mi cabello. Cuando era más pequeña, ella decía que quería tener mi cabello porque era muy bonito, y pasaba horas tocándolo y peinándolo.

—Y yo a ustedes, mis princesas hermosas —les dije con lágrimas en mis ojos, fijándome en lo enormes que estaban las niñas.

Acaricié sus cabellos y les sonreí. Extrañaba New York, pero lo que más extrañaba era a mi familia, a mis seres queridos que estaban en la ciudad. Ahora todo parecía más rosa.


Este capítulo va dedicado a mi mejor amiga quien es mi fuente de inspiración en esta historia en el personaje de Anne… Amiga sin duda en un futuro será una diseñadora de modas como ella ;) y es una gran hermana como lo es Anne con Alice.

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Hola :) como lo prometí aquí está el capitulo… Ya vamos conociendo los personajes y su papel en la historia.

ACLARACIONES: Ah pasado dos años por lo tanto las niñas tienen ocho, Anne y Alice ya ah terminado la universidad (el instituto de diseño) ya que cuando las niñas llegaron ellas estaban a mitad de carrera.

Nuestra Bella aparece en el siguiente capítulo. Muchas gracias por sus Reviews.

Otra cosa para las que quieran ver a las niñas: subiré mañana unas fotos a mi blog, la portada del fic la revelare en el siguiente capítulo.

Gracias a mi beta Romy92 todo ah quedado magnifico.

No ahí adelanto… hoy ya que las dejare en suspenso para ver que teorías me tiene de Bella.