Disclaimer (1): Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Su creador es Masashi Kishimoto.

Disclaimer (2): Ni Vampire Knight ni sus personajes me pertenecen. Su creadora es Matsuri Hino.

Advertencias: OoC leve. Gore. Violencia. Lenguaje Fuerte. OC. Spoiler.

Crossover: Naruto x Vampire Knight.

Pareja: (Principales) Zero Kiryû x Sakura Haruno. Naruto Uzumaki x Sakura Haruno x Sasuke Uchiha. Kaname Kuran x Yûki Kuran. Akatsuki Kain x Ruka Souen. (Secundarias) All Vampire Knight x Sakura Haruno. Zero Kiryû x Sayori Wakaba. Aido Hanabusa x Sayori Wakaba.

Lilith: Bueno, esta es la continuación, no le daré spoiler alguno, sólo diré que está bien bueno y que lo escribí en dos días (tiempo récord para mí, ahora sí estaba muy inspirada). Recuerden los review hacen que me obligue a terminar las cosas más rápido, aprovechando que estoy de vacaciones xD.

Disfruten el capítulo.


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Noche Siete

Sangre Corrupta

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"La sangre sirve sólo para lavar las manos de la ambición".
—Lord Byron

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Zero regresó a la Academia Cross cuando el firmamento se coloreaba con los tonos ocreas, dorados y rojizos del atardecer. Caminaba por el sendero principal yendo a donde Sakura, Ino y Kaito estarían en ese momento, pensando en su encuentro con Touma hace algunas horas. Los términos de su alianza eran simples y breves, nada que los comprometiera a reunirse más veces, pues eso levantaría sospechas. Touma conseguiría información usando la poca influencia que poseía en el mundo de la sociedad vampírica, además de su gran imperio en los barrios bajos donde ni siquiera Kaname tenía el poder. Mientras Zero se encargaría de vigilar a Sakura e Ino, como se le había asignado, para no lucir sospechoso, aprovechando al máximo que no era vigilado por ningún agente; ese descuido los haría avanzar más que cualquier otro.

El aroma de Sakura llegó hasta su nariz volviéndolo a la realidad. Ella estaba en la entrada de los Dormitorios de la Luna platicando con Ino y Kaito, riendo de un comentario en particular. No se sentía la presencia de Takuma por ningún lado, así que eso le indicó que la guardia del vampiro había terminado. Saberlo era satisfactorio, no quería que Takuma estuviera cerca de Sakura. Había notado como su mirada se volvía demasiado interesada para él cuando la veía, y sabía que el interés en Ichijou no era algo bueno.

Sakura se dio cuenta de su presencia, lo saludó a la distancia agitando la mano con alegría. Zero no pudo evitar sentirse nostálgico, hacía meses que nadie lo recibía con tanta agitación, que no percibió cuando su semblante se suavizó y sus ojos adquirieron un brillo delicado y mortificado. Llegó junto a ellos, ignoran los comentarios de Kaito, los chillidos de Ino, enfocándose sólo en los ojos verdes que parecían en verdad contentos de verlo. Se preguntó por un instante por qué sería eso, por qué lucía tan feliz por tenerle de vuelta. Una vocecita en su cabeza acalló a la que le insinuaba algo más. No debía pensar en eso. Tomando en cuenta el carácter volátil de Sakura, era probable que saludara de ese modo a cualquiera.

—¡Ya dejen de gritar!

De nuevo, lo trajeron de vuelta a la realidad. Vio a Ino reñir con las estudiantes, gritándoles sobre su constante y molesto barullo de exclamaciones orgásmicas y sin sentido por los vampiros. Zero creyó que era imposible convencer a las jovencitas de callarse por completo, su experiencia le decía que no importaba cuando las amenazaras o retaras, siempre acabaría con ellas gritando hasta romperte los tímpanos.

—Buenas noches, prefecta-san.

—Buenas noches, Seth-san —le contestó de vuelta con una pequeña sonrisa.

A Zero le desagradaban esos momentos, en los que Seth y Sakura parecían tener una conexión profunda. No creía que ella pudiera relacionarse con tanta facilidad y soltura con alguien tan pedante como Shirabuki. ¡Por Dios! Él ni siquiera ocultaba lo atraído que se sentía hacia ella, sus movimientos delataban cualquier intención que harían que hasta el más despistado se diera cuenta. Pero si Seth era obvio, Luke no tenía disculpa alguna. Se ruborizaba cada vez que Ino invadía su espacio personal, sonreía como idiota cada vez que ella lo hacía, se movía torpemente al embelesarse con sus movimientos de gacela; Luke Kain no ocultaba para nada que estaba siendo atraído por Ino Yamanaka, y ella comprendía muy bien lo agraciado de sus encantos y cómo utilizarlos a su favor.

La ronda de esa noche fue pacífica. Zero no tuvo que lidiar con ningún problema, lo que agradeció internamente. La matanza de ese día no lo había cansado, pero eso no significaba que no estuviera abatido y frustrado de alguna forma.

—¿Estás bien? —le preguntó Sakura, cuando regresaban a su dormitorio, después de terminar su turno.

Él le miró imperturbable mostrándole que no tenía nada, pero olvidaba el ojo crítico de Sakura para notar los detalles. Los signos de insomnio y cansancio no eran tan perceptibles ahora debido a la toma constante de medicina, sin embargo, notaba una persistente ausencia de vitalidad en los ojos platinados, como si a pesar de las horas de sueño revitalizante no alcanzara el nivel de recuperación necesario.

—No pasa nada —respondió, ignorando la mirada de incredulidad—. La misión de hoy se llevó más tiempo del necesario. Eso es todo.

Sakura no le creyó. Estaba a punto de reclamarle que no podía ocultar nada ante una médica tan capacitada como ella, se abstuvo sólo porque pensó que ventilar sus problemas de salud frente a Kaito e Ino no era lo adecuado. Aun así, le dirigió una mirada decidida para que supiera que no se rendiría tan fácilmente. Zero no pudo estar seguro si haber permitido tanta intimidad con ella, le profirieran una imagen equivocada, no quería que ella se preocupara por él. No por lo menos, cuando debía hacerlo más por ella y por Ino.

—El día de hoy fue realmente agitado —dijo Ino, estirando sus brazos y bostezando—. Los entrenamientos del club de arquería son muy estimulantes.

—Si por estimulante te refieres a lanzar flechas a ese vampiro y a mí —espetó Kaito, cruzando los brazos—, hasta que la presidenta del club te regañó por eso.

—Admite que disfrutaste mucho ver a Ichijou asustado por la flecha que le rozó por la garganta.

Kaito se encogió de hombros. Sí, había sido divertido, ver como los ojos verdes tan calmados se abrieron en sopor al sentir la brisa de una flecha cerca del cuello. Incluso cuando Ino le tiró a él algunas flechas en lugares cercanos a partes sensibles de su anatomía.

—Pensé que éste era un lugar aburrido, pero tienen muchas cosas divertidas —Ino se balanceó de un lado a otro con las manos en la espalda—. La ropa, la comida, el paisaje… es hermoso, se los concedo.

—¿Más que Konoha? —inquirió Kaito.

Ino negó al punto.

—Ningún lugar es mejor ni será mejor que mi aldea.

Kaito se quedó en silencio pensando en ello. Sakura e Ino eran especiales, no dudaba de ello. Sus creencias estaban bien establecidas, si tomaba en cuenta que habían estado en una guerra, tenía mucho sentido. No dudaban la una de la otra y estaba seguro de que ambas no planeaban quedarse en este mundo por mucho que se les ofreciera a cambio. Las comprendía. ¿Por qué querrían quedarse en este mundo? Era estúpido pensar en una razón material, también en lo sentimental. Después de todo, tenían más sentimientos por su lugar de origen que por algo o alguien más. Esas dos le agradaban. Le agradaban las mujeres que seguían sus ideales, que pensaban tan claramente las cosas sin valerles lo que los demás esperaran de ellas.

—Me gustaría conocer Konoha —dijo después de un rato, sin mirarla—. Ya sabes, para aprender mucho más sobre ustedes.

Ella le dio una mirada y una sonrisa retadoras.

—Si muestras que puedes derrotarme, consideraré la opción de llevarte con nosotras si volvemos.

—¿Eso es un reto o una apuesta? —preguntó él, elevando sutilmente la ceja.

—Tómalo como quieras, Takamiya.

Él sonrió retador. Aceptando con un asentimiento de cabeza, consciente de que no sería fácil, que podría salir severamente lastimado (todavía no se recuperaba del golpe que le había propinado Sakura), pero que valía la pena. Su sonrisa se ensanchó más ante su pequeño descubrimiento, por ellas valía la pena tomar cualquier riesgo.

Las chicas se dirigieron a su habitación, despidiéndose entre bostezos. Kaito se quedó en la sala, dormido en el sofá más largo. Mientras Zero se encerraba en su cuarto yendo directo al baño, llevando consigo el frasco de medicina. Dentro se zampó la dosis requerida sin necesidad de agua. Se recargó en el lavamanos, respirando pesadamente y observando su reflejo en el espejo. Su siempre imperturbable rostro ahora no estaba presente, en su lugar sobresalían sus colmillos (mucho más largos y afilados que nunca) y sus ojos alternaban el tono lila plateado al rojizo constantemente. Tenía mucha sed. No era porque la medicina no funcionara, era porque no estaba hecha para saciar la sed de un vampiro; era un tranquilizante, no un sustituto de sangre. Zero estaba sediento, agradecía que Sakura e Ino usaran ese ungüento, no podría controlarse tan bien de no hacerlo.

—Maldición…

Necesitaba sangre. Ya no podía negarlo. La necesitaba si es que quería permanecer tranquilo, si es que no quería que lo sustituyeran del cargo si presentaba problemas por descontrol. Desde hace tres meses no había bebido sangre ni tomado pastillas para enmendarlo, pero ahora tenía que dejar de lado eso. Tenía que conseguir sangre. De la forma correcta, claro. No quería salir por las noches a cazar como un nivel E vagabundo, menos pedirla a Cross. La conseguiría, porque no soportaba más la sed. La medicina de Sakura lo ayudó a tranquilizarse lo suficiente como para permitirle dormir esta noche. En la mañana podría encontrar la solución, ahora debía enfocarse en no irrumpir en la habitación de las kunoichis para drenarlas por completo.


Los especialistas en el laboratorio estaban intrigados por lo que mostraban los análisis. Habían hecho las pruebas necesarias (muchas más que en cualquier estudio normal), pero los resultados eran los mismos. Verificaban que todo estuviera de acuerdo al protocolo, revisando el margen de error tantas veces que se lo memorizaron, estudiando de nuevo las muestras en el microscopio sin encontrar nada más que glóbulos rojos y blancos.

—Es absurdo.

El líder del grupo no podía creerlo. Tenía treinta años de experiencia en el campo de la hematología que no esperaba obtener resultados tan desconcertantes de una muestra de sangre tan especial. Sin perder el ánimo, intentó hacer otras cosas para tener más evidencia, comparó las dos muestras y las sometió a procedimientos todavía no aprobados nacidos de su propia experiencia. Pero nada. El tiempo transcurría aprisa y cuando se dieron cuenta ya era medio día.

—¿Cómo puede ser posible, doctor? —le preguntó uno de sus ayudantes, analizando por décimo quinta vez la sangre de Ino.

—No lo sé —admitió, sin ocultar para nada lo intrigado que estaba—. Sin embargo, se nos acaba el tiempo. Kuran-sama espera resultados esta noche para informarlo al Concilio y a la Asociación mañana por la mañana. Tenemos que llevarle lo que encontramos y pedir que eso sea suficiente.

—¿Cree de verdad que Kuran acepte todo esto?

—No, pero la esperanza muere al último, ¿no es así? Bien, ahora a terminar el reporte. No hay más cosas por hacer y si siguiéramos sólo estaríamos perdiendo el tiempo en pruebas innecesarias.

Los ayudantes asintieron, comenzaron a transcribir los resultados de cada prueba y a limpiar todo los instrumentos, materiales y a recoger las sustancias para colocarlas dentro de los estantes asignados. Habían permanecido dos días completos sin dormir y estaban cansados, a veces resentían un poco el hecho de pertenecer a uno de los mejores laboratorios del mundo. La presión era intensa, mucho más si era el Rey de los Vampiros quien pedía las pruebas a realizar.


Las clases habían terminado por ese día, así que Sakura e Ino tuvieron la oportunidad de asistir a su primera reunión en el club de arquería. La reunión duró quince minutos para después ir al campo de tiro a entrenar un poco.

—Apuesto a que puedo darle al blanco más veces que tú, frente —la retó Ino, tomando su arco de madera rojiza y sus flechas de plumas azules.

—Eso quisieras, cerda, no podrás superarme —contestó Sakura, de reojo, su arco color avellana y flechas de plumas verdes estaba listo.

En las tribunas al lado de la zona de tiro, Zero y Hanabusa miraban aburridos la práctica de tiro. No pusieron tanta atención ni siquiera cuando Sakura e Ino iniciaron la competencia, aunque era aterrador ver la cantidad de flechas que disparaban y como éstas se clavaban en el centro del blanco.

Hanabusa se sentía un poco inquieto. No era por estar aburrido sino porque la persona a su lado emanaba un aura inquietante y peligrosa. Sabía que Zero no estaba enojado o molesto, ya había aprendido a identificar cuando lo estaba. No, era algo más bien primitivo, podría aventurar que instintivo, que lo hacía querer estar en otro lado menos ahí. Aunque el cazador lucía imperturbable como siempre sabía que algo más le sucedía. Así que se mantuvo alerta, procurando estar atento tanto de vigilar a las chicas como al vampiro sediento sentado a su lado.

La práctica duró una hora completa. Hanabusa sintió que había sido más tiempo. Agradeció que no tuviera que quedarse más tiempo y se despidió lo más rápido que podía para salir de la academia. Tenía que ir a informar a Kaname de que Zero ya no era tan apto para cuidar a esas chicas. No cuando su sed estaba por descontrolarse pronto.

—Eres muy aburrido, rubio idiota —le dijo Ino, con las manos en las caderas, mirándole con reproche.

—No soy tu circo personal, fea —espetó con indignación.

Las kunoichis habían acompañado a Hanabusa a la salida, seguidas por un muy distante Zero.

—Por lo menos Ichijou y Senri tiene más humor que tú. Ellos sí saben divertirse.

Aido rodó los ojos, sabiendo que esos dos no eran una fuente de la diversión precisamente. Ninguno se dio cuenta de que Sakura enrojecía un poco a la mención de Takuma. Era obvio que recordaba el momento de íntimo acercamiento del joven, de cómo pareció a punto de besarla. Sacudió la cabeza ligeramente, borrando el recuerdo. Era incómodo pensar eso cuando Ichijou sólo había recargado su frente contra la de ella, no quería tener una mala impresión de las acciones de él. Sin embargo, no era tan fácil desistir de ellos cuando los únicos que hacían ese tipo de gestos con ella eran Naruto y Sasuke. Permitir tales contactos con Ichijou suponía una pequeña traición a las relaciones que llevaba con sus amigos durante años.

—… los resultados estarán listos mañana por la mañana. Las escoltará Akatsuki hacia un punto neutro entre ambas sociedades.

Había estado tan sumergida en sus pensamientos que no se percató que Aido estaba hablando sobre el asunto de las pruebas sanguíneas, algo que sin duda debía saber. Se esforzó por aparentar que le había escuchado, ya luego le preguntaría a Ino sobre ello.

—Kuran debe de tener a los mejores del campo si ya tiene todo listo —comentó Ino con sorna.

—Kaname-sama está manejando la situación espléndidamente —dijo Aido, sin ocultar el tono adulón de su voz—. Incluso si el asunto no es tan importante, no deja nada a la suerte.

Ino le lanzó una mirada mortal.

—Cierto, debe de ser aburrido ser un vampiro con cara de estreñido rodeado de aduladores y un idiota rubio incompetente.

—¡Cómo te atreves! —estalló Aido, completamente indignado. Esa rubia lo sacaba de quicio espectacularmente, como si supiese qué decir con exactitud para tocar sus fibras sensibles.

—Me atrevo porque es verdad —lo encaró, altiva—. ¿O qué? ¿Me vas a hacer cambiar de opinión, rubio idiota?

—Serás una… —masculló Aido con un tic en el ojo.

No podía hacerle nada, gritona o grosera seguía siendo una mujer y tenía prohibido dañarla. Además no era estúpido, la había visto pelear y no dudaba que saldría perdiendo ante ella, aun no conocía todos sus trucos y no quería arriesgarse a conocerlos.

—Vamos, ambos cálmense —intercedió Sakura más por compasión hacia el pobre de Hanabusa que por otra cosa—. Aido-san, gracias por terminar la guardia de este día, creo que lo mejor es que vaya a dar el reporte a Kaname-san de inmediato.

—Sí, sí, tienes razón —masculló Aido sin delicadeza—. No quiero permanecer más en este lugar cuando hay una bruja cerca. Su rostro es tan horrible que no necesita hechizos para matar gente con verla es suficiente.

Sakura tuvo que admitir que eso había sido gracioso, no pudo evitar reírse.

—Cuidado con tus palabras, rubio idiota, puede que la bruja se encabrone y te convierta en sapo, o peor, en una vampira.

Aido hizo una mueca desagradable ante la insinuación, no dijo nada más y subió a la limosina. Luego, los tres se dirigieron a vigilar al turno nocturno en sus clases. Zero no habló en todo el camino, y si bien para Ino se le hizo normal, es decir, sabía que era un hombre de pocas palabras, para Sakura no era así. Sabía lo suficiente para deducir que algo le sucedía, esperaba que no tuviera relación con la medicina que le había dado. Pensaba que probablemente el efecto ya no era tan fuerte ni duradero que al principio, lo cual le preocupaba más, no conocía antecedentes de un paciente que desarrollara una tolerancia farmacológica tan rápido hacia una sustancia nueva, y no creía que se debiera a su condición de vampiro, eso no tendría por qué suponer diferencia alguna.

La medicina que creó no tenía margen de error. La asimilación era oral y el sabor era aceptable, había dedicado varios años para su preparación y no quería soportar el hecho de que era deficiente en cuanto a síntomas en un paciente vampiro.

—… y de repente me pareció adecuado quitarme la blusa y masajear mis pechos frente a esos pervertidos.

—Sí, fantástico —pronunció Sakura.

Ino le miró interrogativa.

—No me estás poniendo atención, Sakura —acusó—. Llevo todo el rato hablando y tú respondes con monosílabos, no me miras, ni te escandalizas cuando digo algo picante.

Sakura sacudió la cabeza.

—Lo siento, Ino. Estaba pensando en otras cosas —se disculpó—. ¿Qué decías?

—Olvida lo mío, me interesa saber qué clase de cosas podrían hacer que Sakura Haruno no prestara atención a una conversación.

—No es nada grave, te lo aseguro.

Eso no era muy convincente, e Ino lo sabía.

—¿Sabes que cada vez que haces algo así insultas mi inteligencia? —inquirió Ino con reprensión—. Nos conocemos desde que éramos niñas, hemos sido rivales desde que nos convertimos en gennin, así que es verdaderamente ofensivo que me ocultes algo.

No se sorprendió de escuchar hablar así a Ino. Ella se podía burlar de su frente, subestimar su talento o decirle cosas incómodas frente a los demás. En la privacidad eso cambiaba, era la mejor confidente que pudiera desear, atenta y directa con sus consejos y la única que comprendía su bizarra relación con los miembros masculinos del Equipo Siete. No dudaba que era la única persona que podría ayudarla a salir de dudas o pensar las cosas dos veces. Como cuando decidió ir a vivir con Naruto y Sasuke, al principio había estado renuente a compartir casa con ellos dos, pero Ino la hizo dar ese paso; Yamanaka había ayudado a escoger la casa, la ubicación e incluso a comprar los muebles, todo para que ellos iniciaran una nueva vida juntos y bromeando sobre su suerte al conseguir a tan atractivos y atentos esposos. Al comienzo, Sakura estuvo muy incómoda entre tanta testosterona, luego lo encontró tan natural como para pasearse en ropa interior frente a ellos sin pudor alguno.

—Te contaré todo cuando vayamos a dormir.

Ino aceptó con renuencia. Si era un tema tan delicado como para no hablarlo frente a Kiryû, quería decir que estaba relacionado con él.

El barullo de gritos de las estudiantes las sacó de su charla personal. El momento de trabajar empezaba. Esta vez, Zero no tuvo tanta participación, seguía dando esas aterradores y escalofriantes miradas cada vez que el griterío superaba los decibeles establecidos, pero se mantenía más callado de lo habitual. Ni siquiera prestó atención cuando Seth avanzó hacia Sakura.

—Hola de nuevo, prefecta-san. Hoy luces más bella que otras noches, supongo que eso significa que sucederá algo interesante esta vez.

El rubor cubrió sus mejillas, pero ahora Sakura podía controlarlo mejor.

—Debe de ser tu imaginación solamente —dijo, disminuyendo el elogio—, no hice algún cambio como para darte esa impresión.

La risa ligera de Seth llegó hasta los oídos de las estudiantes y hubo el coro de sus exclamaciones excitadas y emocionadas. Frases como Seth-sama, por favor, ría de nuevo para mí o ¡Por Dios! Este hombre ríe como un ángel, llenaban el aire. Sakura frunció su expresión ante el tumulto, el ruido era ensordecedor. De pronto, sintió las manos tibias y tersas de Seth apretando sus oídos para evitar que el ruido siguiera dañándolos.

—No permitiré que el ruido del mundo dañe tus delicados tímpanos —le dijo.

Ahora sí su sonrojo se intensificó al doble. Se sentía perturbada al contacto de esas manos que daba ligeras caricias a sus oídos, con esa mirada tan intensa que la absorbía como si fuera lo más bello del mundo.

—¡Seth-sama, eso injusto! —gritaban algunas chicas—. ¡No puede tener favoritas!

Pero a Seth no le importaba lo que esas humanas tuvieran que decir. Había sido claro. No quitaría sus manos hasta que ellas se callaran, lo cual no sucedería pronto.

Reina Black los observaba a la distancia sin mostrar ningún rastro de molestia en su hermoso rostro. Tenía que ser cautelosa a partir de ahora, así que haría lo posible para no entrar en contacto con alguna kunoichi, no quería perder los estribos por estar obligada a tratarlas como si fuesen vampiros de alto nivel. Su estrategia ya estaba trazada y no daría marcha atrás. Si Haruno había vuelto de otro mundo, lo único que podía hacer era regresarla. Seth le ordenó no cometer ningún atentado contra ella, pero no dijo nada sobre devolverla a su lugar de origen, eso no era nada malo y podía ser tomado como mero interés porque ella regresara a salvo a su pueblo. Pero antes debía recopilar información, lo que no sería fácil teniendo en cuenta que estaba sola y que a cualquier indicio de comportamiento extraño Seth se encargaría de ella y averiguaría todo. No podía permitirse tantos errores en su situación. Por suerte, los fines de semana iba a la casa principal de los Black cuya biblioteca era inmensa, llena de tomos antiguos y escritos inéditos, donde podía reunir mucha información sobre portales y esas cosas, estaba segura de ello. Así nadie sospecharía, ni siquiera Seth podría saberlo.

—Sé lo que planeas, Reina —dijo su hermano, mirándola de reojo con esos imperturbables ojos azules que tenía.

Reina se mantuvo calmada.

—Te recomiendo que te metas en tus propios asuntos, niisama. Como ya lo señalaste antes, eres quien llevara al apellido Black a la gloria, no puedes inmiscuirte en asuntos que manchen nuestro prestigio.

Una sonrisa burlesca se extendió por el rostro infantil de Rei.

—Créeme, no me interesa todo este patético juego que se traen todos aquí —metió las manos en sus bolsillos—. El Concilio de Vampiros, la Asociación de Cazadores, Kaname Kuran, Zero Kiryû, la nobleza vampírica… todos están apostando a lo grande para ganarse a esas dos sin pensar en que podrían regresar a su mundo cuando quisieran sin que puedan evitarlo.

A Reina no le sorprendió que su hermano supiera los nombres de los involucrados. Era un Black, después de todo. Tampoco era estúpido, como esas personas que evitaban los problemas ignorando la información. En cambio, usaba eso a su favor. Saber qué es lo que ocurría en cualquier lado, sobre los buenos, sobre los malos, sobre los fuertes, sobre los débiles, le confería un terreno más amplio para actuar porque podía estar un paso delante de cualquiera. Sin embargo, Rei no estaba interesado en jugar ni en participar, para él era ocioso querer dominarlo todo y a todos, y ahí residía su fortaleza. Que alguien supiera tanto daba más miedo que otra cosa porque podía desvelar secretos importantes, cosas que nadie tenía que conocer, o hablando de ciertos detalles con personas inadecuadas podía desmantelar un reino completo. Es por eso que nadie se metía con Rei Black, quedaba claro su lugar y nadie sería tan tonto como para tratar de destronarle, ni siquiera Kaname, aunque al sangre pura no le importaba mientras siguiera siendo neutral.

—¿Quieres advertirme, acaso? —se burló.

Él negó de inmediato.

—Las advertencias sirven para aquellos que dudan de sus acciones. Eres una Black, por lo tanto eres tan obstinada como yo y no dudas de nada—dijo—. Sólo quiero recordarte que no formaré parte de nada que construyas en tu mente infantil o lamentarás hacerme tomar acción en el juego.

Como para remarcar su posición, sus irises azules se tornaron más oscuras y su gesto sereno no dejó de ser amenazante. Reina tragó profundo y afirmó con la cabeza. Su hermano fue claro con su neutralidad, no dejaría que nadie lo utilizara y aquel que se atreviera a suponer lo contrario lo pagaría muy caro.

—Descuida, niisama, desde siempre he estado sola y eso no cambiara ahora.

—Me tranquiliza saberlo, Reina —finalizó.

Ino y Luke estaban esperando impacientemente que los gritos disminuyeran, ambos esperaban a sus respectivos amigos. Luke sabía que eso sería para largo.

—Es increíble que no se den cuenta que no dejará de hacer eso si siguen gritando así —suspiró Ino con cansancio.

—Las chicas fanáticas nunca se percatan de lo que sucede a su alrededor por su fanatismo y obsesión —pronunció él—. No le importa saber que ninguno de nosotros atenderemos a sus ruegos, súplicas y pedidos gritando de esa forma.

—Deduzco que te molesta que te traten así.

Luke parecía meditar la respuesta.

—Dime qué sentirías tú si estuvieras en nuestra situación. No culpo a las humanas por tener una mente tan frágil que no resiste el atractivo de los vampiros, pero su forma de demostrar su devoción en ridícula y sólo las hace quedar como chicas huecas que no tienen nada mejor que hacer.

Se sorprendió al oírlo hablar así. Luke era tan correcto en sus maneras que escucharlo hablar con antipatía sobre algo en particular. Él se percató de que ella estaba en silencio, interpretando que había metido la pata.

—Lamento mi exabrupto —se disculpó enseguida.

—Oh, tranquilo, no me quede callada por eso. Eso sólo que recordaba mi época de fangirl.

Él la miró sin comprender nada.

—Creo que no lo he dicho, cuando era joven, bueno, más joven que ahora, creo que tendría unos 12 o 13 años, me la pasaba siguiendo al chico más guapo, talentoso e inalcanzable chico de la escuela. No me enorgullezco de eso, es una de las épocas más inútiles de mi vida, una de las más ridículas y penosas si tengo que decirlo de algún modo. Siempre lo acosaba, me colgaba de él, me le insinuaba, me arreglaba lo mejor que podía para impresionarlo. En fin, todo lo que nuestras queridas compañeras hacen en este momento.

Señaló con sus brazos al grupo escandaloso, riendo con soltura. Luke no podía creer que alguna vez Ino Yamanaka hubiera sido parte de ello. La conocía muy poco, lo suficiente para decir que era alegre, desinhibida y suspicaz, y que le gustaba mucho. No podía imaginarla detrás de un sujeto gritando y saltando como las chicas del turno diurno.

—¿Es en serio eso? —quiso saber, estaba por completo renuente a aceptarlo.

La carcajada de Ino lo desconcertó.

—Lo es. No es para hincharme de orgullo, pero fui la fangirl de un chico durante muchos años. Luego entendí que seguirlo era inútil y dañaba mi dignidad como shinobi y como mujer.

Luke no estaba feliz al enterarse de eso. Muchas dudas nacían con esa respuesta ¿Hace cuánto había dejado de ser una fangirl? ¿Quién era el maldito tipo que había llamado su atención por tantos años? ¿Por qué carajos estaba sintiendo celos de un sujeto que ni siquiera conocía y del cual no sabía no su nombre? De haber sabido que gustarle una chica sería tan complicado, no hubiera aceptado ir a esa cena italiana. Había sido un error fatal pues ahí fue cuando descubrió que realmente se sentía atraído por ella.

—¿Sucede algo? —le preguntó Ino al verlo tan callado.

—No es nada —no fue consciente de que el tono de su voz había sido muy escueto.

Ella se quedó con la boca abierta, desconcertada por la actitud de Luke. ¿Qué era lo que le ocurría? Tal vez era el hecho de que descubrir que había sido una fangirl le quitaba puntos a su imagen actual. Si era así, qué descaro del muchacho por atreverse a juzgarla. ¡Ni que él no hubiera tenido una etapa similar!

—Iré a callar al grupo para que puede largarse a estudiar —informó Ino, desconcertando a Luke—, así ya no tendrás que tratar con ex fangirl.

Lo dejó con una expresión extrañada. Luke no pudo detenerla, no supo cómo hacerlo. No estaba seguro de qué es lo que había querido decir ella, pues no le molestaba lo más mínimo que haya sido o siguiera siendo una fangirl, así que no comprendió la razón. De lo único que estaba molesto era de saber que otro había sido el objeto de afecto de la rubia, nada más. ¿Acaso había dicho algo malo sin darse cuenta? Todavía no era su novia o pareja y los problemas comenzaban a aparecer en su cuasi relación. Increíble. Su padre tenía toda la razón al decir que ningún Kain estaba hecho para conquistar a las mujeres.

Ino estaba enojada, que mejor que desquitarse contra las jóvenes gritonas y chillonas que ahora estaban aclamando que Seth también les tocara sus oídos. Puso los ojos en blanco sin creer que se había comportado así alguna vez, era simplemente ridículo, ahora comprendía porque Sasuke parecía tan hastiado.

—¡Ya dejen de gemir como vacas locas!

Su grito logró que las chicas la miraran con sorpresa, como si les hubiera dicho el peor insulto. Ino no perdió el tiempo, no quería escuchar reclamos ni nada más, Luke había logrado sacarla de sus casillas y no deseaba aguantar más estupideces.

—¡Kami! No lucen como chicas educadas en un colegio de elite. Tenga un poco de dignidad y compórtense o me veré en la necesidad de golpearlas a todas para que aprendan la lección. Estoy segura que están al tanto de mi pelea con el tipo enorme del club de lucha, así que no quiero que empiecen a joder con más gritos.

Se cruzó de brazos y esperó impacientemente a que sus órdenes se cumplieran. Las chicas estaban impactadas, voltearon a ver a Sakura como buscando la confirmación de la amenaza. Ella asintió, tratando de que no se notara el ataque de risa que estaba por sufrir. Es que era verdaderamente hilarante. Las expresiones asustadas e incrédulas de las chicas no tenían precio, sería una foto digna del miedo ante el dolor físico, una postal de verdad interesante. Entonces, obedecieron la orden con calma y silencio, se retiraron ante los ojos estupefactos y aliviados de los vampiros, agradecidos en el interior de tener a tan excéntricas prefectas. Ellas sí lograban calmar los ánimos molestos de las hormonas femeninas.

—Tu amiga cada vez me agrada más —Seth no dejaba de sonreír, al ver a las filas retirarse por completo—. Los estudiantes nocturnos ya estaban hartos del acoso diario. Gracias a ustedes no sufriremos más eso.

—¿En verdad es tan molesto que las chicas expresen sus sentimientos por ustedes?

—Lo es si lo hacen a través de gritos y si el acoso agrede nuestra integridad —aclaró con calma—. Ni mi puesto como presidente me exenta de eso. Tengo mi acosadora personal, creo que la conoces, ella va en tu curso y se llama Kyoko Hinamori.

Cómo no conocerla, sería diminuta, pero no olvidaría su chillona voz, estúpida risa y que siempre seguía como maldito parásito a Sasagawa.

—Bien, pues cree que sufro una especia de atracción por ella, por lo cual busca siempre la oportunidad de que yo… le hinque el colmillo.

—¿Ella quiere que la conviertas en vampiro? —Sakura estaba impresionada.

—Sí, además de otras cosas —dijo Seth. Ella le instó a seguir—. Soy un sangre pura, hay ciertas reglas que debo acatar. Primero, no puedo convertir a nadie sin su consentimiento, no creo que sea necesario explicar cuáles serán las consecuencias si desobedezco. Segundo, tengo derecho a obtener concubinas hasta que llegue la hora de que me comprometan o casen con alguien de un linaje tan puro como el mío. Como puedes entender no quiero ni tener concubinas ni transformar a una humana.

—Entonces, significa que ella quiere tomar un lugar preferencial a partir de su conversión y obtener un título como tu concubina —dedujo ella con rapidez.

—Si convierto a una humana, bajo las nuevas leyes, tendría que cederle parte de mis títulos (que son muchos, acá entre nos), obtendría una casa particular, sirvientes, más libertades de las que tendría siendo humana, podría beber mi sangre cuando quisiera (¿te imaginas que semejante pulga, si me disculpas la palabra, esté pegada a mi cuello todo el día?) y muchas cosas más.

—Suena a que, no importa lo que hagas, tu vida será un asco —quiso bromear, pero realmente no encontraba nada gracioso en la privación de derechos que sufrían los vampiros sangre pura.

—Soy inmortal, prefecta-san —reparó con delicadeza—. No importa si le doy mi sangre a diario a un convertido, moriría después de 300 años. Es poco tiempo el que tendría que soportar la compañía de una concubina indeseada.

—Pero siguen siendo 300 años —se sentía mortificada—. Inmortal o no son muchos años para pasarlos con alguien que te hace infeliz.

—Tu idea mortal sobre el tiempo no es alentadora. Pero te lo repito, soy inmortal y gastar algunos siglos no es nada para mí.

—¿Lo sería si la compañía es adecuada y querida? —no pudo evitar preguntarlo.

Seth lo meditó un instante.

—Tal vez —concedió—. Sin embargo, pasar tanto tiempo con una persona querida te hace crear un lazo casi irrompible con él o ella. Es imposible imaginarse el dolor que sufriría al perderla por el paso del tiempo. Trescientos años no es mucho tiempo para mí, no obstante es suficiente para destrozar una eternidad.

—Es triste pensar así, supongo que no muchos purasangres aceptarían una concubina bajo tales circunstancias.

—Difiero respecto a eso. Vale la pena, prefecta-san, pasar tres siglos junto a la persona más importante para ti. No importa el dolor longevo que obtendrías después, es algo que definitivamente vale la pena.

Ella sonrió sin mucho ánimo, conmovida por Seth, por las dulces y tristes palabras sobre una forma de amar tan profunda que podría agriar la eternidad misma. Se preguntó si Seth encontraría a la persona indicada o si se salvaría de ello viviendo su inmortalidad con relativa tranquilidad. Sintió sus manos abandonar sus oídos descender hacia sus mejillas, propinando una tierna caricia antes de separarse.

—Ha sido un placer hablar contigo, como siempre. Ahora debo volver a mis asuntos, nos vemos cuando las clases terminen.

Le sonrió de una forma que a Sakura se le estrujó el corazón. Era similar a cuando veía a Naruto entrenando incansablemente para traer a Sasuke de vuelta, un inquieto anhelo que le dictaba preocuparse por el otro. No debía confiar en ninguna persona de ese mundo, lo que era una tarea titánica cuando sentía tanta empatía por todos. Chiyo-baasama había tenido razón al decir que no existían tantas chicas amables como ella, y eso era bueno, porque de lo contrario habría problemas por tantos sentimientos encontrados.

Cuando Ino le llamó para seguir con las rondas, Sakura fue con ella y con Zero a recorrer la escuela, pensando mientras saltaba entre los árboles que sería muy difícil no involucrarse demasiado con todos ahí. Hablaría con Ino sobre eso cuando tuviera tiempo, antes de ir a dormir. Por el momento tenía que concentrarse en verificar que nadie del turno diurno estuviera en los terrenos. Tras un rato se dio cuenta de que el susto que les había dado Ino fue suficiente para que ninguna pensara en entrar de infraganti por la noche. Eso era bueno, le daba más tiempo para pensar las cosas, para aclarar sus dudas, pues quería hablar con Ino tan claramente como pudiera hacerlo.

Se adentró al edificio de clases asegurándose que todos estuvieran en sus respectivos salones. Su trabajo también consistía en proteger la integridad de los vampiros, aunque si era sincera no creía que lo necesitasen. Era consciente de sus poderes y de lo hábiles que eran al momento de pelear. Caminó por los lúgubres pasillos riéndose mentalmente de que a Naruto le daría un infarto al estar solo en un lugar tan terrorífico, pese a ser Hokage aún le temía a los fantasmas. Giró en una esquina, rumbo a los salones de secundaria deteniéndose al toparse con Zero. Ella se desconcertó de su presencia, pues él estaba a cargo del ala oeste y nada tenía que hacer aquí. Avanzó hasta quedar frente a él y sus ojos se abrieron de golpe al toparse con la condición en la que estaba.

Zero se veía agitado, como si hubiese estado corriendo una maratón completa y su rostro no mostraba más que ansía reprimida. Se notaba que había estado luchando por bastante tiempo contra una fuerza interior pues el sudor recorría su frente.

—¿Qué es lo…? —quiso preguntar, pero fue interrumpida cuando él la tomó por los hombros y la empujó lejos.

—No te acerques, Haruno —exclamó Zero con gran esfuerzo.

Ella lo obedeció, pero estaba consternada. ¿Qué es lo que había sucedido para que estuviera en ese estado? De pronto, se le vino a la mente la medicina ¿Acaso éste era un efecto secundario de la ingesta de medicina nueva en un organismo diferente al humano? ¿Acaso su acto de preocupación había tenido un efecto contrario al esperado? Sakura se sentía fatal. Pero Zero se apresuró a aclararlo al ver su mirada mortificada.

—Tu medicina sigue surtiendo efecto, Haruno. Me dijiste que lo usabas para dormir y recuperar energías, en ese sentido funciona de maravilla. Sin embargo, no es un medicamento que sirva para aliviar la sed de un vampiro.

Zero sintió una arcada dolorosa naciendo en su estómago y propagándose por su cuerpo. Era terrible soportar la sed. No había podido encontrar una fuente de suministro debido a su trabajo de vigilancia, así que quiso ir a la enfermería para conseguir algunas pastillas y se topó con que estaban agotadas de momento, pero que el lote llegaría terminando las clases. Zero no podía esperar hasta ese entonces, estaba hambriento y su sed imploraba sangre fresca para saciarse.

—No creo que poder controlarme si estás cerca —le advirtió con voz entrecortada, con pequeños temblores sacudiendo su cuerpo—. Avisa… avisa a Yamanaka sobre lo que pasa, vayan con Cross para que… para que venga y usé un hechizo de constricción… ¡Rápido! No puedo aguantar mucho más…

Zero esperó escuchar el sonido de los pasos de Sakura alejándose de él, no el contacto de una mano en su muñeca ni tampoco que su cuerpo fuera llevado por la kunoichi corriendo entre los pasillos. ¿Qué no había sido claro con lo que tenía que hacer? No sabía que estaba tramando, pero no podría resistirse más a la sed. Iban tan rápido que las paredes, pasillos y ventanas parecían imágenes borrosas de un mal sueño, la calidez de la mano le hacía darse cuenta de que no estaba soñando para nada. Escuchó el sonido de una puerta abriéndose y cerrándose luego de haber entrado, se dio cuenta de que estaban en uno de los laboratorios de química, que era llevado hacia la sección de las regaderas. Ahí, Sakura por fin lo soltó y abrió los grifos a todo lo que daba. El agua fría sobre su piel lo hizo salir de su ensoñación y mirar como la chica lo mirada con esos ojos verdes refulgiendo con decisión.

Sus ojos se abrieron cuando ella comenzó a desbrochar los botones de su propia cazadora.


Los vampiros estaban al final del segundo período, esperando al maestro para su última clase y hablando sobre como la presencia de aquellas kunoichis haría de su estancia algo más tranquila, más acogedora. Seth no prestaba atención a ninguna de las charlas de sus compañeros, perdiéndose en sus pensamientos con la vista clavada hacia el horizonte nocturno que se extendía desde la ventana. Luke lo miraba cerca, analizando a su amigo para saber qué era lo que pasaba ese instante por su mente. No era difícil dado sus largos años de amistad, había aprendido a leer sus expresiones a la perfección. Ahora Seth lucía nostálgico, si tuviera que definirlo de algún modo, y anhelante. Luke sabía que esos gestos los tenía sólo cuando se mortificaba por algo.

—La prefecta-san es muy amable…

Luke lo miró con intensidad.

—Es honesta, alegre y se preocupa por los demás —continuó Seth, con tono seco pero melancólico—. Sí, es amable. Muy amable.

—¿Te molesta que sea amable? —inquirió como una suposición para provocar una respuestas concreta.

Seth se recargó en el cristal.

—Me refiero a que estoy celoso.

Luke no se sorprendió de esto, porque tanto él como Seth sabían que estaba sucediendo en un lugar apartado de ellos, en la soledad de un cuarto vacío entre un vampiro y una mujer.


Sakura se quitó la cazadora, luego se quitó la corbata y desabotonó los primeros botones de su blusa dejando expuesto su grácil cuello ante los ojos desorbitados de Kiryû. Él retrocedió unos pasos mordiéndose los labios al notar el palpitar de las venas de la zona, de cómo las gotas de agua resbalaban por la superficie provocándole a hacer lo mismo. Ella no le quitó la vista de encima cuando avanzó hacia él, asegurándose de que quedara claro cuál era su intención en ese fatídico momento.

La diferencia de altura era sorprendente, Zero le sacaba dos buenas cabeza y Sakura se tuvo que esforzar por estirar su cuello para que él tuviera libre acceso.

—No…

Zero quiso apartarla como la había hecho antes, pero sus manos esta vez no soltaron sus hombros, los apretaban con fuerza. Si la estaba lastimando o no, no lo sabría pues Sakura no quejó, ella simplemente lo miraba.

—No puedo hacer esto… —dijo con mucho esfuerzo, sus colmillos le dolían y el agua había disminuido el olor del ungüento—. No… yo no…

—Sayori-san fue de la última persona de la que bebiste sangre, ¿verdad?

Eso lo tomó por sorpresa, no entendía que ganaba mencionándola. Sakura tomó sus mejillas entre sus manos.

—Me di cuenta de que a veces mencionas la palabra vampiro sin rencor o menosprecio, como si lo aceptaras naturalmente, como si no fuera algo malo. Me dijiste que ella había sido como tú, así que me puse a pensar un poco sobre eso, a dilucidar sobre tu aberración hacia los vampiros, llegue a una conclusión fija. Es imposible que odies por completo a los vampiros porque ella era uno de ellos, y al aceptarla permitiste que te mostrara otra perspectiva sobre tu naturaleza.

Le sonrió con ternura ante la confusión en su cara.

—No creo que Sayori-san haya odiado a los vampiros, así que ella te convenció de que no eran tan malos. Estoy siendo demasiado aventurada al sacar conjeturas tan deprisa, pero estoy segura que lo logró. Puedes guardar algo de rencor hacia ellos, pero no los odias así como tampoco te odias por ser uno igual.

Los platinados ojos lilas se abrieron de par en par ante las palabras tan acertadas, sintió su pulso acelerarse rápidamente.

—Si logró que te aceptaras, es imperdonable que vuelvas a lo mismo sólo por haberla perdido —Sakura acarició su mejilla izquierda—. Sayori-san hizo que no te sintieras culpable al beber su sangre, porque no querías que sintiera lo mismo cuando te mordía a ti, ¿o me equivoco?

Zero no contestó con palabras. No, decía su mente a gritos, no te equivocas. Había estado tan concentrado en su propia miseria que había olvidado todo lo que aprendió con ella. Qué ironía, si se detenía a pensarlo un momento.

—El análisis de tu sangre aún no brinda resultados, Haruno —espetó, un poco más calmado—. ¿Cómo puedo saber que si la bebo no tendrá un efecto más severo en mí?

—Creo que hemos llegado al punto en que ambos estamos de acuerdo de que no encontrarán nada fuera de lo común —respondió ella, pues ésa era la conclusión a la había llegado junto con Ino—. Lo sabías desde el principio, ¿no es así? Que tal vez el chakra sea lo que le confiere sus propiedades apetitosas.

Claro que lo sabía, lo que ayudó a terminar de decidir sus acciones. Con lentitud, tomó la mano derecha de Sakura y la dirigió a su boca haciendo que los menudos dedos tocaran sus incisivos afilados, como una pregunta muda, como un permiso silencioso.

Sakura levantó la barbilla dejando expuesto su cuello y cerrando los ojos, esperando lo inevitable. Sintió la mano de Zero pasar por su nuca para aferrarse a su cabellos, el tirón de su brazo izquierda y el contacto entre ambos cuerpos mojados chocando. Un cosquilleo recorrió su espina dorsal cuando la lengua del cazador lamió la tersa piel, los colmillos rozando como un preludio. Entonces, el pinchazo de dolor la atravesó como un rayo al instante en que estos se clavaron en su cuello. Sakura ahogó un jadeo doloroso, aferrándose a la espalda del cazador para tener mejor apoyo, lo cual sirvió poco pues terminó con la espalda recostada en el frío y húmedo suelo, con Zero encima. La regadera seguía abierta, ocultando cualquier residuo de olor o sustancia, protegiéndolos, ocultando su secreto.

Zero estaba en un frenesí de deliciosa euforia roja. Si bien sabía que no pasaría nada por beber su sangre, eso no borraba nada el hecho de que fuera tan deliciosa como había esperado. La sangre de Sakura sabía a honestidad, a amabilidad, era agridulce, fluida, algo que sólo podría ser producto de manos divinas. El primer sorbo había sido como la inyección de un novato drogadicto, llena de un potente efecto que casi logró adormecerlo, pero el instantáneo craving que despertó en él hizo que siguiera dando sorbo tras sorbo, mientras la apretaba con más fuerza. Se sentía tan bien volver a beber sangre. Era un alivio enorme y Zero se sentía mejor a cada sorbo. Sin embargo, una vocecita le instó a detenerse, ya que la sangre no era un recurso eterno si se tomaba demasiada.

Con un último sorbo, se apartó un poco y lamió las heridas en el cuello para detener el sangrado. Se levantó trayéndola consigo y él se desparramó sobre su espalda dejando que el agua de la regadera limpiara la comisura de sus labios. La vio aplicar chakra sobre su cuello para borrar cualquier evidencia, para luego cerrar las llaves y sentarse de nuevo.

—¿Estás bien, Haruno?

—Sí, descuida, es normal que me sienta mareada por perder sangre —informó ella, con una pequeña sonrisa—. Ya no te ves tan mal como antes, luces más sano. Me alegro.

Ella comenzó a levantar su cazadora y su corbata del uniforme, exprimiéndolas y doblándolas. Se levantó sólo que la pérdida de sangre fue demasiada, trastabilló con torpeza y Zero tuvo que cogerla en sus brazos.

—Lo siento —musitó ella, avergonzada.

—Acabas de donarme una buena cantidad de sangre, Haruno, no debes disculparte —pronunció Zero con un suspiro—. No creo que podamos salir de aquí sin levantar sospechas, estamos empapados y tú estás débil.

—Estoy bien, de verdad.

—Nadie puede verte en este estado, no lo desaprovecharían —continuó—. Lo que debemos hacer es regresar al edificio del director, deberás quedarte. Yamanaka y yo nos encargaremos del resto. Podrás explicarle tu ausencia cuando termine el turno.

La levantó del suelo sin problemas, ella estaba ligeramente ruborizada, sus mejillas apenas tenían un ligero tono rosado. Era demasiado pedir un sonrojo verdadero dado que sólo tenía suficiente sangre para no desmayarse y entrar en coma.

—El agua disminuyó el efecto del ungüento, ellos me olerán de todos modos.

—Tu olor está cubierto, ahora hueles a agua. No será por mucho tiempo así que debemos apresurarnos.

Sakura ya no dijo nada más. Salieron por una de las ventanas laterales del salón y recorrieron un tramo boscoso directo a su habitación. No entraron por la puerta principal, Zero saltó al pequeño balcón con agilidad y la dejó ahí.

—¿Tú no entraras? —le preguntó ella, con el agua resbalando por entre sus rosados cabellos.

Él rodó los ojos y de un salto llegó a su propia ventana respondiendo a su pregunta, entró y salió en tres minutos, vestido con ropa seca.

—Quédate aquí —dijo de nuevo.

—No me des órdenes, Kiryû-san, lo comprendo bien —espetó ella, con un mohín molesto.

Se quedó mirándola por un momento, antes de saltar de nuevo para perderse entre la espesura de los árboles. Sakura decidió que lo mejor era entrar y ponerse el pijama, o cogería un resfriado. Ahora tenía una cosa más que decirle a Ino, su lista se incrementó demasiado y seguramente hablarían por el resto de la noche.


Justo como había predicho, la charla con Ino se extendió hasta altas horas de la madrugada. Los delgados rayos solares se inmiscuían por entre las ranuras de las blancas cortinas e iluminaban con gracilidad las figuras sentadas en la cama. Sakura terminaba de explicarle sobre su ausencia en las últimas horas de la ronda, que le había brindado su sangre a Zero para evitar que perdiera la razón debido a la sed. Ino la escuchaba atentamente, sin emitir ningún sonido o juicio, sólo abriendo sus parpados imperceptiblemente cuando le decían un detalle en particular, después de todo, había adoptado ese hábito en sus innumerables horas de trabajo como capitana de escuadrón.

—Y eso es todo —finalizó Sakura, sentía la boca reseca y la garganta irritada. No había parado de hablar durante cinco horas por lo menos, era desgastante en verdad.

Esperó a que Ino dijera algo, el silencio en ella era una mala señal ya que podía significar muchas cosas, desde molestia hasta tristeza o decepción o furia contenida. Ino era muy peculiar en sus formas de expresarse, si tuviera que nombrarla de algún modo sería como si poseyera un abanico o un catálogo sobre cada emoción existente.

—Está pasando justo lo que pensaba —musitó Ino, pensativa.

—¿A qué te refieres?

—No soy tonta, Sakura, te conozco y sé que es imposible para ti no involucrarte sentimentalmente con los que te rodean.

—¿Quieres decir que fallo en eso como kunoichi?

—Claro que no, tonta, no tuercas mis palabras porque no quiero pelear ahora. Lo que quiero decir es que es natural en ti sentir empatía cuando conoces a las personas, es fácil que te encariñes al saber sus historias. Relájate, yo tampoco soy tan insensible a eso, pero eso no es de lo que quiero hablar. Me constaste sobre tus encuentros con Ichijou, Shirabuki, Senri y Kiryû, creo que no es necesario que te diga cuales son las intenciones de cada uno contigo, ¿o sí?

Sakura luchó por no ruborizarse.

—Quién diría que nuestro querido cerezo tendría tanto éxito con los chicos de este mundo.

—¡Ino! —expresó Sakura, sin poder contenerse.

—Sí, sí, no digas más, ya sé quién realmente te gusta, pero no hay nada de malo con que te diviertas un poco antes de volver a Konoha.

—¡Oh, calla! —Sakura ocultó su cara en una almohada—. No es que como si yo hiciera algo para que ellos me vean de esa manera.

—Oye, no es para que te azotes así —le palmeó el hombro—. Piensa que estamos de vacaciones. Es obvio que conocerás mucha gente, muchos chicos, muchos lugares, así que deja de amedrentarte tanto si coquetean un poco contigo. Eso no mata a nadie, eh.

—Tú no piensas qué sentirán ellos si les doy alas y luego me voy de aquí —su voz sonaba amortiguada por la almohada—. No puedo jugar con sus sentimientos, Ino, son amables conmigo.

—No te dije que anduvieras de zorra, Sakura —apuntó de forma apremiante—. Una cosa es meterse con cualquier tipo que se te pone enfrente y otra muy diferente a disfrutar de los coqueteos. Hasta ahora no les has dado motivos para hacerles creer otra cosa, sigue así. Si algo pasa, es responsabilidad de ellos por seguir y no percatarse de nada.

—¿De verdad lo crees así? —asomó sus ojos verdes.

Ino suspiró con incredulidad.

—Aquí la única que podría juzgarte soy yo y no voy a hacerlo —le sonrió—. Al que te diga algo se enfrentara contra la temible Ino Yamanaka.

Sakura se sintió mejor. Sin duda hablar con Ino era alentador, su perspectiva fresca y moderna le permitía quitarse los prejuicios sobre distintas cosas. Sí, se dijo a sí misma, podría tomar esto como unas inesperadas y peligrosas vacaciones, disfrutar de las atenciones de chicos apuestos, siempre podía contar con que Ino le diría si se estaba sobrepasando o no.

—Bueno, ya que nos desvelamos hablando tanto, vayamos a desayunar antes de que Cross despierto. No podré tolerar otra de sus charlas paternas matutinas.

Sakura rió. Era verdad, Cross tenía el mal hábito de charlar durante todo el desayuno sobre lo orgulloso que estaba de ambas fueran estudiantes tan aplicadas y dedicadas en las clases, sobre lo bonitas que se verían en las fotos que siempre les tomaba (no tenían idea cómo era que podía hacerlo sin que pudieran evitarlo). Era muy irritante, de hecho. Esos momentos le hacían comprender porque Zero era tan renuente a estar tan cerca del viejo cazador.

Cuando terminaron de arreglarse, bajaron a la cocina a tomar un ligero desayuno bromeando algunas veces, pero hablando sobre aceptar la invitación de Seth sobre aquel restaurante marroquí.

—Marroquí me suena a que la comida será como la de Suna —dijo Ino, mordisqueando el pan con mantequilla—. Uhm, espero que no me cause dolor estomacal. Fue muy vergonzoso decirle a Temari que la comida de ahí me provocó una indigestión fatal.

—Lo recuerdo. Tuviste suerte de que sólo Temari-san y Gaara-san se dieran cuenta de tu… malestar. Hubiese sido incómodo que toda Suna se enterara de tan sórdidos sonidos provenientes de tu…

—¡Ya, ya comprendí! —saltó tapándole la boca—. No tienes por qué recordármelo.

—Tu cara cuando Gaara-san te dijo que no debías avergonzarte por era normal enfermarse al comer comida extranjero fue tan graciosa. En esa época te gustaba un poco, ¿verdad?

—Sí, fue horrible que él supiera algo tan íntimo como eso. Lo bueno es que ya no tendré que pasar por eso jamás.

Su conversación fue interrumpida por la presencia de Zero. Él entró sobándose el cuello dando largos bostezos, yendo hacia el congelador para sacar un frasco de leche y sentándose con ellas.

—Buenos días, bello durmiente —dijo Ino con burla.

Él le lanzó una mirada furibunda mientras bebía el contenido del frasco.

—Oh, no me mires así, lo digo porque ya no te ves tan mal como ayer. Lo digo en serio, parecías un cadáver. Te ves mejor, nunca imagine que la sangre de Sakura pudiera ser tan milagrosa.

Zero no se sorprendió de la forma tan suelta de hablar de Ino.

—Pues para la próxima tú serás la que le brinde sangre, Ino —dijo Sakura.

No se percató del efecto que tuvieron esas palabras sobre él. Que un vampiro bebiera la sangre de una persona significaba saber todos sus secretos, toda su vida, era un gesto tan íntimo que se consideraba sagrado y delicado. Que hablara de una manera tan despreocupada sobre algo, que incluso él consideraba especial, lo hacía sentir extraño. En efecto, Sakura no tenía ni la más mínima idea de lo que representaba para un vampiro beber el ofrecimiento voluntario de sangre de una persona.

—No creo que a Kiryû le guste tanto mi sangre, digo, no puede aguantar ni mis bromas.

—Cierto, seguro tu sangre lo mataría.

Ino la miró con poca gracia y Sakura sonrió triunfante.

Ninguna cayó en la cuenta de que Zero no les estaba prestando atención. Él estaba más concentrado en el descubrimiento que había hecho en ese mismo instante. Si beber la sangre de alguien significaba ver su pasado, sus sentimientos, sus pensamientos, entonces ¿por qué no podía ver nada sobre Sakura? Estaba seguro de que beber su sangre le proveería de jugosa información sobre ella, sin embargo, aunque se enfocaba no encontraba nada, estaba todo en blanco. No se vislumbraba ni sus recuerdos, ni siquiera el sentimiento que sostuvo mientras él bebía su sangre. Nada. Era como algo protegiera a su sangre de rebelar los secretos de su dueña. ¿Qué sería eso? No conocía nada parecido a un protector de sangre que tuviera semejantes cualidades.

Y entonces lo comprendió.

La revelación era simple y obvia, por lo menos para él que ya había probado sangre de kunoichi. Chakra. Ésa era la respuesta. Al principio pensó que sólo era una especie de condimento, algo que hacia la sangre más apetecible, sin embargo, había algo más. El chakra creaba una barrera que protegía los secretos del portador, era como un candado cuya llave estaba extraviada, que no cedería ante nada. Era una defensa natural ante los colmillos avariciosos de los vampiros.

Sopesó la idea de decírselos para que supieran que sus secretos estarían a salvo a pesar de una mordida. No obstante, si lo pensaba con más detenimiento no convenía hacerlo. Hasta el momento, él era el único que lo sabía y si ni los del Concilio ni Kaname ni siquiera los cazadores lo conocían, entonces ellas estarían a salvo, pues nadie sospecharía de las propiedades del chakra a menos que bebiera la sangre de una de las dos. Y no era como si ambas estuvieran ofreciendo sus cuellos a todo vampiro que se les cruzara por el frente. Se aseguraría de que así fuera, ya le explicaría que no debían tomárselo en broma, pues en un descuido alguien podría olerlas cuando lo hicieran, lo que causaría grandes problemas.

—Buenos días, mis amadas hijas y querido hijo.

Cross entró como siempre sudando corazones y con voz chillona rompe tímpanos. Ninguno de los jóvenes le devolvió el saludó con entusiasmo, estaban demasiado ocupados en terminar el desayuno tan pronto como pudieran. Sin embargo, Cross no estaba de acuerdo con esa idea.

—Les informo que Kaname-kun ya tiene listos los resultados de las pruebas. Dentro de media hora deben estar listos para ir al hotel Solaris en la ciudad Nightray, ahí será el punto de encuentro neutral. Serán exentadas de las clases de hoy y de sus actividades del club de arquería, en dado caso que la junta se postergue por mucho tiempo, Kaito-kun las remplazará en sus rondas como prefectas.

—¿Sabe algo más sobre qué es lo que encontraron? —preguntó Sakura.

Cross negó.

—Kaname-kun y Touga-kun fueron claros en que nada se supiera antes de la reunión. Lamento si esto las incómoda un poco.

—Para nada —refutó de inmediato Sakura—. Tomen las medidas necesarias. Estaremos listas en media hora.

Pasado el lapso de tiempo, el pequeño grupo se dirigió hacia la salida principal donde Akatsuki los esperaba junto al Royce Rolls negro. Las saludó con cortesía cuando llegaron. Sin perder el tiempo abordaron el auto clásico rumbo al hotel. En el camino, entablaron una tranquila conversación sobre Luke. Akatsuki omitió ciertos detalles como que su hijo sentía predilección hacia la rubia, no es como si ella no lo sospechara, Luke no tenía mucho cuidado cuando de mostrar afecto se refería.

Pasó una hora para que llegaran a su destino. El hotel Solaris era uno de los resort más lujosos de la ciudad con 120 pisos de altos, dos restaurantes privados, cinco piscinas, diez saunas, veinte salas de recreación, un casino, un teatro, tres salas de cine, dos spa, y el servicio de trescientos mayordomos, doscientas mucamas y sirvientas, cincuenta chefs profesionales, cincuenta artistas para el entretenimiento. Nadie podía salir de ahí sin haber disfrutado de una estancia de lo más placentera. Sakura e Ino estaban boquiabiertas. Subieron por el elevador al pent-house, el piso más alto y que contaba con todos los mejores lujos de todos. Nada impresionante para Akatsuki pues su propia mansión era más impresionante. Sin embargo, Kaname había sido claro de hacer la reunión ahí.

Al llegar, las puertas del elevador se abrieron dejando ver un cuarto con piso de fina madera de roble, pulida y lisa, cubiertas por alfombras tejidas a mano con diseños intrincados de color rojo y ocre. Las paredes estaban pintadas de un pulcro color beige con pinturas de artistas famosos. Cortinas amarillas con perchas de oro cubrían las amplías ventanas y los muebles eran de color azul. Era una habitación preciosa, digna de un gobernante real. Kaname y Yagari ya estaban sentados en cómodos sillones individuales, junto a Takuma y un hombre que se veía de 50 años que sostenía una carpeta gruesa llena de papeles. Los recién llegados se acomodaron en los asientos restantes. Sakura e Ino lucían imperturbables, ya estaban al tanto de que en su sangre no saldría nada inusual.

—Las pruebas han finalizado —comenzó Kaname, al terminar de decir las cortesías pertinentes—. Cedo el turno al Doctor Yamada para comunicarles los resultados.

El anciano avanzó un paso hacia ellas, abriendo el expediente con sus callosas manos y ajustando el puente de sus lentes.

—Las muestras a analizar no presentaron anomalías en la cantidad de glóbulos rojos y blancos. El ADN no muestra indicios de mutaciones o alteraciones en su estructura básica de aminoácidos. No se encontraron evidencias de enfermedades degenerativas ni enfermedades de transmisión sanguínea. No hubo rastro alguno de algún tipo de virus, o alguna bacteria durante todas las pruebas.

El especialista siguió nombrando prueba tras prueba con sus resultados correspondientes. Sakura e Ino se mostraron atentas a cada palabra para mostrar que no habían esperado eso, aunque les impresionó la cantidad de veces que realizaron cada estudio, ellas no lo habrían hecho así; tantas pruebas sobre un mismo tema sólo garantizaba el desperdicio absoluto de tiempo y recursos cuando los resultados eran más que obvios. Al terminar la lectura del reporte completo había pasado una hora completa, el doctor Yamada asintió hacia Kaname para hacerle saber que no había nada más. Fue entonces que la junta tomó un curso más dinámico.

—Debido a que los resultados del laboratorio no proveyeron de una respuesta adecuada a la interrogante que nos interesa, no podemos hacer nada más que aceptar el hecho de que su sangre —las miró directamente— nos atrae. Aunque tengo que admitir que no comprender la causa de esa atracción me disgusta, podría aventurar muchas razones que explicaran el por qué, pero no quiero rendirme ante explicaciones sin una base lógica o científica.

—Estoy de acuerdo con Kuran —intervino Yagari—. Aunque eso no quiera decir que no exista una razón de esa atracción. Seguramente, ustedes dos han pasado mucho tiempo pensando en ello.

Ahí estaba. Eso era para lo que las habían traído, esperaban que ellas revelaran algún secreto que sus especialistas no habían encontrado. Una movida un tanto desesperada de su parte, teniendo en cuenta que no llevaban ni dos semanas completas en ese mundo, tal parecía que no estaban contentos de no haber obtenido respuestas y ellas no serían su cajita mágica de soluciones.

—No tenemos idea de qué es lo que nuestra sangre contiene —empezó Sakura—. Tomamos de referencia los estudios que ustedes han realizado para hacer nuestras suposiciones, eso es lo que planeamos antes de venir aquí, pero si no encontraron nada que sea digno de mención no podremos aventurar nada sin que suene alocado.

—En estas circunstancias acepto cualquier teoría, por muy improbable que parezca —replicó Yagari.

Ino elevó sutilmente una ceja mientras se cruzaba de brazos. Vaya forma de decir que estaban desesperados. No tenía nada en contra de ninguno ahí, pero no soltaría la lengua así como así. Se percató que buscaban más información sobre el mundo de los ninjas. Casi resopla con burla, se abstuvo por simple educación.

—Cualquier teoría no es aceptable en este casi, Yagari —espetó—. El asunto es delicado, lo han dicho mil veces. Hablar a lo tonto sobre un tema que nos concierne a todos, aunque sea para tener una base, es inútil.

—¿Eso quiere decir que ni ustedes saben qué es lo que pasa? —Yagari volvió a preguntar.

Esta vez fue Sakura la que respondió.

—Cuando llegue aquí creo que fue claro que no sabía qué es lo que había pasado. ¿Cómo quieren que sepamos sobre algo que ni siquiera comprendemos? En nuestro mundo nadie ha mostrado síntomas como los vampiros, de hecho, ni siquiera existen. Ino y yo estuvimos de acuerdo en darles muestras de nuestra sangre, que las sometieran a análisis y a procurar una explicación a partir de esto, si fuese necesario. La evidencia apunta a que no existe un factor extraño en nosotras, deducir a partir de esto sería una pérdida total de tiempo.

Fue muy obvio que no deseaban esa respuesta. Yagari había prendido un cigarrillo para fingir su mal humor y Kaname estaba en un silencio perturbador, incluso el especialista las miraba como si estuvieran mintiendo. Temían que el interrogatorio se alargara mucho más. Ino sabía que eso no sería bueno, los interrogatorios largos servían para agotar la mente del interrogado hasta que le pusieran sacar algo, lo que fuera, algunos terminaban enloquecidos por tan larga tortura.

—¿Algo más que agregar, señores? —se apresuró a decir, pero modulando su tono de voz para que no se notara su molestia—. Si no hay nada más o algo que sea relevante, no debemos perder el tiempo. Conozco los cargos que ostentan cada uno aquí, así que podemos dar por terminada esta reunión.

—Yamanaka-san tiene razón, seguir hablando sin llegar a algo concreto es inútil —pronunció Kaname, con una enigmática sonrisa—. Dada las circunstancias, sugiero seguir como hasta ahora. Ellas quedaran bajo la vigilancia constante de Kiryû-kun y los turnos de mis subordinados, seguirán bajo la custodia de Kaien Cross hasta que encontremos algo más que sea de nuestro interés.

Yagari estaba dispuesto a replicar, a decirle que le importaba una mierda sus intereses pues quería saber ya que hacer con esas dos. Pero la mano de Kaien lo detuvo a tiempo. No les convenía hacer un escándalo cuando todo estaba resolviéndose tan pacíficamente.

—De acuerdo, seguiremos así —finalmente accedió.

La tensión que cortaba la atmosfera disminuyó de pronto. Kaien respiró tranquilo, y Takuma lo acompañó en su alivio. Así, se dio por terminada la junta. El doctor Yamada se retiró a su habitación a dormir por todo un día, pese a los resultados lo merecía.

—Supongo que nosotras también nos vamos —Ino no pudo evitar hacer un mohín al perderse la oportunidad de recorrer las comodidades del hotel.

—Si gustan pueden disfrutar de los lujos de este lugar —les dijo Kaname con amabilidad—. Tómenlo como su segundo pago por el lote de bálsamo que hicieron.

—¿No hay ningún problema con que nos quedemos un rato? —preguntó Sakura tanto para Kaname como para Kaien.

Kaien les respondió que no, además les susurró que encontrarían a ciertas damas en las instalaciones para iniciar esa cita para tomar té. Sakura e Ino supieron que hablaba sobre Tracey y Laura. Se sintieron entusiasmadas por la idea, así que no perdieron más el tiempo. Salieron presurosas sin preguntar en qué habitación se encontraban las nobles ni esperar a Zero para que las acompañara.

—Descuiden, la vigilancia en el hotel es la mejor. Además ordené a mis allegados a vigilar las entradas y salidas.

—¿Estás seguro de dejarlas ir por ahí, Kaname-kun? —preguntó Kaien,

Kaname asintió.

—No son prisioneras y ya hemos visto que están muy capacitadas para pelear. De todos modos, si estás preocupado puedo seguirlas con un murciélago.

—Eso sería bueno —Kaien lo aceptó, luego se dirigió a Zero—. Te sugiero que vayas a pasearte por el hotel, de nada servirá que vayas con ella pues no creo que te guste inmiscuirte en conversaciones de chicas. Anda ve, si sucede algo ya te avisaremos.

Zero había pensado que podría negarse, luego lo pensó otra vez. Le desagradaban enormemente tener que escuchar horas de cotilleo y chismes entre mujeres, prefería dormir antes que eso. En ese sentido, le parecía lo mejor irse a perder un rato por el hotel, pero no estaba tan seguro de dejar su cargo así como así, sobre todo porque Takuma y Kaname estaban ahí y no le pasaron desapercibidas las miradas de deseo sobre las chicas. De Takuma lo esperaba, toda su parafernalia lo volvía muy evidente, pero de Kaname no; es decir, el tipo ya tenía a Yûki, no necesitaba andar cazando la sangre de otra persona. Ahora comprendía que la lealtad de los vampiros no era tan profunda y arraigada como había pensado, por lo menos en el caso particular de Kuran. Pese a sus sospechas, salió de la habitación para recorrer todo el lugar estando atento a cualquier señal de alarma, con sus sentidos de cazador al máximo. No sabía por qué, pero presentía que las cosas se pondrían feas.


En Konoha, Naruto observaba los preparativos para abrir el portal de chakra que podría llevarlo hasta donde estaba Sakura. Estaba impaciente, lo admitía y hacia un trabajo digno al no demostrarlo abiertamente. De acuerdo a lo que Shikamaru había investigado era probable que sólo pudieran abrir el portal desde su mundo y usando una cantidad masiva de chakra afín con el del portal, además de que existía el riesgo de que mientras cruzaban se cerrara antes de llegar al otro lado atrapándolos en una dimensión desconocida y peligrosa. O podrían quedarse en el otro mundo de por vida y eso era algo que Naruto quería evitar a toda costa. Era una misión peligrosa, quizá tanto como lo fue la lucha contra Kaguya, donde pelearon con la madre creadora del chakra. Sin embargo, eso no lo detendría. La decisión ya estaba tomada y no había nada que pudiera hacerlo cambiar de opinión. Sasuke, Shikamaru y él irían por Sakura. Naruto había hecho los arreglos necesarios para que nadie sufriera su ausencia. Nombró a Neji, Kakashi y Shizune como el consejo temporal que dirigiría Konoha en lo que la misión de rescate duraba.

—Ahora sólo necesitamos escribir los kanjis fuera del círculo para completarlo —dijo uno de los Anbu que ayudaban al ritual, dándole la señal a los otros para que se acomodaran en su lugar.

Los otros eran shinobis cuyo chakra había resultado compatible con el portal, un total de veinte de ellos se acomodaron en círculo. La cantidad necesaria de chakra equivalía a la energía completa de esos veinte, terminarían agotados por lo que médicos ninjas esperaban afuera para atenderlos en cualquier momento.

El plan trazado era sencillo en todos sus componentes. Shikamaru había sopesado cualquier probabilidad por mínima que fuera o por estúpida que sonara, construyendo una estrategia para enfrentar cualquier fuerza o ejército extraño que los recibiera. Primero se asegurarían de que en el nuevo mundo pudiera usar chakra, para después hacer una misión de reconocimiento del área que debía hacerse con absoluto sigilo (por lo mismo sólo Shikamaru y Sasuke la harían, considerando que Naruto estaría muy tenso para hacerlo en forma silenciosa), después harían un rastreo del chakra de las kunoichis (sencillo para Naruto, si se ponía en el modo ermitaño podría sentir su energía natural); si confirmaban que el mundo era peligroso y que ellas estaban en riesgos, pelearían con todo y se ocultarían hasta que se volviera a abrir el portal. Shikamaru calculó que los shinobis tardarían en recuperarse un mes entero, por lo cual no dejar rastro de su presencia era esencial. Los tres que irían vestidos con sus trajes de jounin y llevarían el equipo necesario.

—Listo —informó el Anbu haciendo una reverencia al Hokage—. Mi Lord, ahora usted, Shikamaru-san y Uchiha-san deben ponerse en medio de los escritos.

Así lo hicieron. Los presentes se sintieron intimidados por las expresiones que tenían Naruto y Sasuke. Era como si en cualquier instante fueran a liberar sus terribles chakras para masacrar a quien tratara de detenerlos. Sentían cierta compasión por las personas del otro mundo que recibirían la ira de esos dos por robarles a su preciado cerezo; tragaron con dificultad al imaginarse la escena de masacres gigantescas y ciudades ardiendo como si fuesen el mismo infierno. Algunos de ellos conocían esa furia particular de esos dos, pues la habían sufrido al tratar de coquetear con su compañera, no era cuestión de reírse, realmente se habían cagado del miedo al toparse con los ojos vivarachos de su Hokage oscurecidos por los celos y ver el tono rojizo del Sharingan cuando Sasuke te pedía amablemente alejarte de su amiga.

En resumen, esos dos daban más miedo que nadie.

Cuando se colocaron en el centro, los shinobis realizaron un sello de concentración con sus manos transmitiendo su chakra al patrón dibujado en el suelo. Los garabatos comenzaron a centellear luz color azul claro hasta llegar al punto en que un punto brillante se situó en las cabezas de los tres shinobis. El punto creció conforme el chakra era absorbido hasta volverse un remolino azul que lanzaban grandes ventiscas que amenazaban con derrumbar la habitación. El portal estaba abierto y ninguno de ellos perdió el tiempo.

Saltaron a la vez sintiendo una fuerza que los jalaba y como sus cuerpos parecían estar dentro de un remolino que los mareaba.


Sakura e Ino se tardaron siete horas en recorrer el hotel completo, claro, deteniéndose cada vez que les interesaba algo. Sakura disfrutó los manjares que ofrecían los habilidosos chefs, degustó con placer las crepas suzette, las tartaletas de manzana, melón, uva y mandarina, los jugosos cortes de la carne de la mejor calidad, los mariscos traídos de la bahía de la gran ciudad y de la fruta fresca recién cosechada. Mientras Ino se entretenía en el casino aprovechando su increíble talento para sacar enormes premios, pronto se hizo de una fortuna individual que estaba destinada para la salida programada con Shirabuki. Ambas asistieron a una función de teatro, a ver un cortometraje de cine que trataba del cambio climático sufrido hace 10 mil años, saludaron y fueron saludadas por los miles de clientes, vampiros y humanos, que se sentían atraídos por su magnetismo natural. Y es que era verdaderamente un placer encontrar a tan encantadoras chicas, con sus delicados modales y una energía que no muchas otras tendrían. Sakura resaltaba por el colorido de su cabello y por sus hermosos ojos jade que demostraban lo mucho que estaba disfrutando eso. Ino estaba en su elemento al hablar con las damas de la nobleza sobre asuntos importantes del mundo de la moda.

Muchos se enamoraban de ellas. ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo no caer rendido ante los encantos de dos nuevas conocidas que sabían tanto? Ellas no hacían nada para seducirlo, sus movimientos libres y su encantadora personalidad trabajaban por sí solos. Sakura sostuvo conversaciones sobre comercio, inversiones, medicina, economía con empresarios vampiros y humanos; Ino debatió de política, organizaciones humanitarias, moda, flores con otros más. Y los huéspedes del hotel buscaban con ahínco una oportunidad para hablarles, atraídos como moscas a la miel.

Pero eso se acabó en cuanto ellas se encontraron con Tracey y Laura. Las nobles se adueñaron por completo de la atención de Sakura e Ino y las invitaron a uno de los bares a tomar un poco.

—Pero no me gusta el alcohol —dijo Sakura.

—Oh, querida, a nosotras tampoco, pero preparan unas piñas coladas deliciosas —rió Tracey—. Deberían de probarlas ustedes también, eso va por nuestra cuenta.

—Además, así la charla se tornara más divertida y si les preocupa la discreción, descuiden, pediremos la mesa más privada de todas —agregó Laura.

Sakura e Ino comenzaron a preguntarse si esas dos podían conseguir todo en un instante. Tomaron la mesa cerca de la terraza escondida entre algunos macetones con peculiares plantes de olor suave y dulce. La plática comenzó ni bien habían traído la primera ronda de piñas coladas, no era un bebida que hubiesen probado antes y por eso se tomaban su tiempo en degustarla. Hablar con Tracey y Laura demostró que eran más que dos rostros bonitos y risueños. Descubrieron que la matriarca del clan Touya era una políglota reconocida cuyo dialecto incluía tantos idiomas como años tenía, era una amante de la literatura de misterio y amaba dar largos paseos a caballo por los jardines de su mansión. Laura Souen, por otra parte, era una fina dama que podía manejar desde chismes de vecindario hasta las noticias más actuales del mundo entero. Sakura e Ino aprendieron tantas cosas de ellas que permitieron que sus expresiones de admiración se presentaran en sus rostros.

—La historia de este mundo es sorprendente —pudo pronunciar Ino cuando Laura terminó su pequeña conferencia y daba un sorbo a su trago—. Es rica en tradiciones y llena de drama.

—¿Y qué historia no lo tiene, querida? —inquirió la dama con una sonrisa ladina—. Estamos acostumbrados a pensar que el mundo es igual para todos, a olvidarnos que existimos al mismo tiempo que otros millones más, por eso suponemos que la historia sólo sigue una dirección y que está exenta de peculiaridades.

—Además, el drama sugiere emoción, cambio, transformación —Tracey estaba más eufórica de lo normal—. Sin el drama, sin los conflictos, sin nada de eso ¿qué sería de nuestra historia o de la suya, amigas mías? Nada, todo sería tan aburrido que terminaríamos matándonos los unos a los otros para descubrir algo de energía, para sentirse vivos.

—Pero si viviéramos en el caos nada tendría sentido, todo lo que se construiría no tendría un propósito —apuntó Sakura.

Laura sonrió con desdén.

—¿Y eso que tendría de malo, preciosa niña? ¿No te das cuenta? No importa lo que construyamos, el tiempo lo destruirá. No importa las cosas que aprendamos, el tiempo las borrará. Aquí entramos en un terreno donde no importa nada, ni objetivos ni propósitos, cuando todo acaba, acaba.

—Tu visión me hace entristecer un poco, Laura —dijo Ino, acabando su tercer trago—. Apunta a una existencia superflua y sin significado, sin sentido, como si no tuviera ningún valor.

—No lo tiene, queridísima mía —replicó con suavidad—. La vida no tiene sentido, no tiene significado, podría decirse que vivimos sólo por vivir, pero no hay nada de malo en ello. Que algo no tenga valor alguno, no significa que no sea importante.

—Se trata de vivir sin importar si tus acciones tienen algún valor o alguna repercusión —Sakura lo estaba comprendiendo—. Desperdiciamos tanto tiempo preocupándonos por si algo tiene o no tiene valor, por si tenemos un objetivo por el cual vivir, que nos perdemos y no vivimos nada.

—¡Bingo! Deduces muy bien. Estoy extasiada por esta charla, no hay muchos que compartan este punto de vista, para ellos no tener por qué vivir es aterrador, piensan que sin eso la vida es nada. ¡Qué tontos! Somos minúsculos comparados con el universo para tratar de comprender el propósito de nuestra vida.

—Cierto, de todos modos, si descubriéramos el por qué sería relativizado por todas las subjetividades a las que los humanos (y en este mundo, los vampiros también) lo someterían —aportó Ino.

—Increíble, esta charla se está tornando muy interesante, pero me temo que tendré que terminarla —Laura vio su reloj de bolsillo—. Por desgracia, mi amiga y yo tenemos que atender algunos asuntos en la mansión Kuran dentro de media hora.

—Iremos a visitar a la futura madre —Tracey rodó los ojos, al parecer no le agradaba nada la idea—. Es por protocolo nada más. Esperamos poder estar de nuevo en una reunión como ésta.

—Y nosotras estaremos complacidas de asistir, madame —dijo Sakura.

Las nobles se despidieron dejando a las chicas solas. Después de un rato decidieron regresar al pent-house para encontrarse con Zero y Kaien para volver a la Academia. Subieron al elevador sin percatarse, a causa de la excitación por haber disfrutado de las comodidades, que no se encontraba el asistente del aparato, aquel que debía presionar los botones por lo invitados.

De pronto, el elevador se sacudió al detenerse con brusquedad. Las luces parpadearon para apagarse y ambas quedaron a oscuras.

—¿Un apagón?

—Tal vez. Supongo que tendremos que esperar.

Pero estaban equivocadas. Algo cayó con fuerza en el techo del ascensor poniéndolas en alerta al escuchar como golpeaban el metal con fuerza. El muro que las protegía fue abierto al instante por vampiros nivel E que las miraban con ojos inyectados en sangre y sonrisas diabólicas. Se dieron cuenta que habían muchos de ellos en el techo y en el hueco sobrante, y venían por ellas, se eso estaba seguras. Sakura fue la primera en reaccionar. Invocó su hacha justo cuando el primero de ellos descendió al compartimento dándole un golpe certero y mortal que lo pulverizó, pero eso sólo desencadenó que los demás lo siguieran. El espacio estrecho no permitía muchas maniobras, con los vampiros entrando de a montones apenas podían darse abasto.

—¡Sakura! —le gritó Ino—. ¡Te cubriré para que puedas abrir una salida!

Sakura asintió. En lo que Ino se cargaba con Artemis a cuantos pudiera, ella concentró chakra en sus puños para deshacer a golpes la puerta y la pared del túnel abrieron una brecha por la cual escaparon a un pasillo vacío que también estaba a oscuras. No tardaron en darse cuenta que habían caído en una trampa y que debían llegar al pent-house tan rápido como pudieran. El eco de disparos pisos más abajo les hizo saber que Zero tenía la misma idea. Los vampiros entraron por el agujero hecho por Sakura, persiguiéndolas por todo el lugar y arremetiendo contra ellas, pero sin usar sus garras o colmillos; su intención eran someterlas y secuestrarlas.

La oscuridad no ayudaba a su sentido de la orientación, pues no conocían toda la estructura para saber a dónde iban. Escucharon el sonido de un murciélago aleteando sobre sus cabezas. Era Kaname. Que les estaba indicando la ruta a seguir. Pronto llegaron a las escaleras de servicio con cientos de nivel E, sin embargo, eran más espaciosas por lo cual pudiera brincar entre las barandas y evitar más estragos. Podría usar ninjutsu, pero no querían hacerlo. Su objetivo principal era que nadie de ese lugar conociera más sobre el mundo shinobi, así que la tarea de subir las escaleras era titánica sólo con las armas de los cazadores.

Un grupo de ellos se arrojó contra Sakura tomándola por las extremidades, inmovilizándola con su increíble fuerza en conjunto. La bola de cuerpos en la que estaba metida caída en picada por el hueco de las escaleras en espiral.

—¡Sakura! —gritó Ino, observando cómo era engullida por los vampiros.

Sakura no podía hacer nada, sólo tenía medio libre su mano derecha con la que sostenía el hacha, tendría que recurrir a sus técnicas para liberarse. Sin embargo, eso no fue necesario. Al sentir tanta desesperación, el hacha reaccionó. Sakura sintió una ligera sacudida, se forzó para mirar su mano y abrió los ojos al descubrir que ya no era un hacha lo que sostenía. Era una espada de empuñadura roja, hoja filosa y grande con una forma curva y dentada. La agitó con la poca movilidad que tenía en la mano logrando partir a la mitad a todos los vampiros. Al estar libre pudo caer bien hasta el fondo de las escaleras. Se permitió contemplar la increíble espada que sostenía ahora y el gran filo que poseía. Así que ésa era su verdadera forma…

Con renovadas energías, ella empezó a utilizarla contra sus oponentes derrotándolos al instante. Sonrió con suficiencia, ahora podría alcanzar a Ino sin problemas. Dio varios saltos pulverizando vampiro tras vampiro llegando con Ino en el piso 75; de nuevo juntas ambas se dedicaron a exterminar a cuantos pudieran. Probablemente habría más de ellos dentro del hotel, por lo que Zero, Kaname, Yagari, Takuma y Akatsuki se encargarían de ellos. Lo esencial era que ninguna de las dos saliera herida o habría consecuencias más graves.

—Pero podemos usar eso a nuestro favor —dijo Sakura—. Funcionó en el ataque a la ciudad Nightray.

—Creo que es un riesgo que tendremos que correr —apremió Ino.

Ino utilizó a Artemis para pinchar uno de sus dedos. La gota redonda que resbaló por su meñique y cayó perdiéndose en las profundidades de los pisos inferiores fue suficiente para atraer toda la atención. Concentraron todo el chakra en sus pies para evitar las hordas de hambrientos vampiros que ya no pretendían simplemente capturarlas. Subieron las escaleras tan rápido que el murciélago que las perseguía tenía problemas para alcanzarlas, así que optó por treparse a la espalda de Ino para seguirlas de cerca. Pronto llegaron al final, justo a la puerta de la azotea. Sakura la derribó con una simple patada, salieron de prisa. Entonces notaron que el apagón no fue nada más en el hotel sino en toda la ciudad y que está lloviendo a cantaros con rayos cayendo del cielo como si estuvieran vivos y planearan caerle a alguien. El agua disminuyó el efecto protector del bálsamo. El atractivo olor de las sangres de cada una inundó el lugar con rapidez y miles de vampiros nivel E treparon hasta el techo para rodearlas por completo.

—¡Maldición! —se quejó Ino cuando uno estuvo a punto de rozarle el brazo.

—¡Rápido! ¡Por aquí! —exclamó Sakura haciendo una apertura para que ambas pudieran escapar saltando entre los edificios.

Se detuvieron en la orilla el tiempo justo para escuchar los gritos de terror de las personas debajo de ellas. La ciudad era un caos completo. La espontánea luz de los rayos la hizo ver a Zero saltar por una de las ventas y aterrizar en la avenida seguido por un tumulto personal de vampiros sedientos. Akatsuki y Takuma le ayudaron porque ya estaba ahí. Kaien y Yagari defendían a cuantos podían dando órdenes a gritos de que buscaran refugio. Kaname fue el único que las localizó en la azotea por medio del murciélago que las acompañaba, les hizo una señal que indicaba que siguieran a su alter ego mientras él se encargaba de todos los ataques. No podía usar libremente su poder porque las personas que huían se mezclaban con los atacantes, así que no podía atacar sin herirlos de paso.

El murciélago llamó la atención de las kunoichis, instándoles a ir al edificio al frente, pues era el que tenía menos intrusos. Con las garras de los vampiros a sus espaldas, dieron un salto apresurado llegando apenas a rozar las paredes del edificio. Recurrieron una vez más al chakra para sostenerse de la resbalosa piedra y pusieron sus pies sobre ella para empezar a correr. No obstante, una explosión repentina las tomó desprevenidas y también a Kaname-murciélago. La azotea a la que pretendían subir se deshacía y se les venía encima junto con todos los vampiros. Sortearon como pudieron los restos de roca y cayeron en las ruinas de lo que quedaba del edificio. Sin embargo, esa no era la única bomba.

Otro estallido bajo sus pies las hizo volar por los aires. La mirada de Sakura dio un giro de 360 grados, aturdida por el golpe notó muy tarde el gigantesco pedazo de roca que impactaría contra su cuerpo. Levantó sus brazos a la altura de su rostro para evitar una contusión más grave, y de pronto, una voz la hizo abrir los ojos como platos.

—¡Rasengan!

La masculina figura de cabello dorado en cuyo brazo se formaba una pelota similar a un átomo pulverizó la roca en arena. Sintió unos brazos conocidos cogiéndola en el aire para llevarla a un lugar seguro. Su corazón se aceleró al reconocer la cabellera en puntas que tanto adoraba y los ojos con el Sharingan activado que no le causaban el mínimo temor.

—Parece que eres propensa a meterte en problemas, Sakura —le dijo.

Eso parecía un sueño, no lo creía posible.

—Oye, maldito, deja de molestarla —espetó Naruto una vez estuvo con ellos. Cuando sus miradas se cruzaron, él le sonrió—. Tranquila, Sakura, ya estamos aquí.

Esas palabras le llegaron de golpe haciendo que la nostalgia que la había aturdido esos días se agolpara en su corazón y sintiera unas tremendas ganas de llorar. Empero se abstuvo de hacerlo, en su lugar extendió sus pálidas manos para tocar las mejillas de los dos, sintiendo la calidez de la piel húmeda por la lluvia, reconociendo la textura familiar tan conocida y querida por ella.

—Naruto… Sasuke... —musitó con emoción en cada palabra.

—Hemos venido por ti, Sakura. Volveremos a Konoha —la voz de Sasuke no rebosaba ni de sentimiento o emoción alguna, pero la promesa estaba implícita.

Habían venido por ella y no podía ser más feliz con eso, con saber que las personas que más amaba en el mundo estaban ahí.

En una azotea aparte, Ino respiraba con tranquilidad junto a Shikamaru. Ella había sido rescatada por el jutsu de sombras de su compañero y ahora miraba a la distancia la reunión de esos tres.

—Llegaron justo en el momento indicado, Shikamaru —le dijo con una sonrisa apremiante—. Les explicaremos lo que sucedió en estos días después de encargarnos de este problema. No es por ser grosera, pero su presencia aquí empeorara la situación. De momento, no debes usar ninguna otra técnica ninja, Sakura se encargara de decírselos a ellos.

Shikamaru no necesitaba saber más. Confiaba en su compañera y ahora en lo que tenía que concentrarse en derrotar a esos sujetos con garras y colmillos que los veían a él y a Ino como un buen aperitivo para la cena.

—Qué problemático —suspiró sacando una de las viejas cuchillas de Asuma.

Las peleas cuerpo a cuerpo no eran lo suyo, pero no era tan inútil en ellas.

—Ni que lo digas, Shikamaru —Ino estuvo de acuerdo con él y blandió a Artemis—. Ni que lo digas.


Lilith: ¿Qué tal? ¿Me merezco una galleta o no? Bueno, pues ahora sí contestaré sus review aquí abajo.

Darkzuryan: Sí, ya son muchos capítulos. Me trae recuerdos de cuando pensaba que este fic no tendría muchos seguidores, pero ha sido un éxito. Sakura tuvo más participación con esos tres porque pensé: Demonios, ya quiero escribir un poco de roces y coqueteos, carajo, eso es lo que haré xD. La confesión de Zero la pensé mucho mucho mucho, porque es un personaje con emociones definidas pero que no es de esos que las expresan libremente. Sakura ya tiene su harem, tiene un montón de chicos detrás de ella. ¿Qué te pareció la presentación de Naruto y Sasuke? Sólo aclaro una cosa: Naruto sigue amando a Sakura y eso puede tener consecuencias grandes ¿Cuáles serán? Puedes darle el vuelo a tu imaginación si quieres con eso. Zero y Touma tomaran partido de una forma más ofensiva, ya no se quedaran con los brazos cruzados. Bueno, traje otra rápida actualización y espero que te guste. Saludos.

Ravenjaal: ¡Claro que amamos a la Ino alegre y amante de las compras! A pesar de la opinión común a mí sí me gusta el SasuKarin, pero no es una relación del tipo meloso y eso, siento que Sasuke le dejaría en claro a Karin que él no es de esos tipos súper expresivos. Barrabas me cae mal, es mi personaje y todo, pero me cae mal, creo que lo mataré… creo. ¿Qué si me gusta el chocolate? Mi sueño es morir gritando como Bellatrix Lestrange en una tina llena de chocolate XD.

Aome-Hime: Kaname, Luze y Barrabas nunca se han enfrentado contra personas de carácter tan fuerte como Sakura e Ino, además ellas están entrenadas para salir bien libradas de cualquier situación peligrosa. Las peleas de ellas siempre disfruto escribirlas, es porque demuestra su relación de amistad, su modo de vivirla. Senri y Luke son tan monos, me sorprende que a algunas les esté agradando mucho Luke, supongo que lo puse muy encantador entonces xD. Lo siento, pero la declaración de Zero va acorde a su personalidad, además apenas lleva conociéndola pocos días, escribir una escena llena de romance no quedaría nada bien, ¿no crees? Kaname es un personaje bizarro, cambiante y bizarro, por eso me encanta, su extremismo es lo que más me gusta porque lo oculta bajo una máscara de falsa amabilidad. Los planes de Zero y Touma tendrán un gran peso pues ambos son inteligentes y astutos. No creo que Naruto y Sasuke necesiten rescatarlas, ella pueden hacerse cargo solas lo que será un tanto difícil en un mundo donde te quieren clavar los colmillos, pero ellas pueden hacerlo; la presencia de estos dos es para marcar límites, para hacerles ver a los vampiros que nadie puede acercarse a su compañera sin que ellos primero lo verifiquen. Saludos.

Jhomarapico: Lamento no contestar los review. Espero que te guste el nuevo capítulo.

Amore-Crosszeria: ¡El Zerosaku es lo mejor! Zero ya tiene 67 años aquí, así que creí que era necesario dejar esa actitud adolescente atrás y volverlo más centrado. Shiki y Luke son bien monos, las escenas con ellos son fáciles de escribir pues sus personalidades son muy manejables. Ino tiene lo suyo, pero Sakura es la que se lleva todas las palmas. Saludos.

Amantedelacomida: ¿Capítulo de babas? Bueno sí, hubo muchos chicos sexys haciendo cosas sexys para que fuese así XD. Las alianzas y coaliciones están a la orden del día, pero nada de spoilers hasta el próximo capítulo porque se va a poner más bueno que Zero sin camisa xD. Sasuke y Karin me encantan como pareja, es decir, un Uchiha con una Uzumaki pues me gusta :P. ¿Te gusta mucho Seth? Qué bien, pero no se lo diré o pedirá un aumento de sueldo por salir en el fic ja, ja, ja. Bueno, ya actualicé otra vez. Espero que te guste.

Brendiita: La confesión es algo que ya tenía planeado, pero no sabía en qué momento estaría bien ponerla, así que lo hice en ese capítulo. Quedó bien a mí parecer. Lamento que no te guste mucho el SasuKarin, pero a mí me encanta :D. Saludos.

AomeAzakura: No culpes a tu mamá, eso suele pasar, a mí seguido me sucede con mis sobrinos. Son tan molestos ¬¬. Espero que puedas leer esta actualización. Saludos.

Kath-War: Obvio que lo voy a continuar. Espero avanzar más en la trama. Saludos.

Lullaby: Concuerdo contigo respecto a Ino, tiene ciertas tonalidades muy contrastante con Sakura. Zero por fin está aclarando las cosas. Shiki tan bueno haciendo traducciones y Takuma es un caballero pues no se atrevió a besarla como quería. Seth… al parecer a muchas les cae bien, tendré que aumentarle el sueldo para que siga apareciendo en el fic xD.

Dulce-chan: Ino es la pizca de diversión, definitivamente La confesión de Zero fue un poco problemática para mí, porque quería que saliera, como tú bien lo señalaste, sincera y no romántica. Saludos.

Sakuita01: Ja, ja, ja, pues creo que Sakura sí debe estar en orgasmilandia por tanto chico sexy; lamento no poner el beso entre Takuma y Sakura, pero preparo algo muy bueno en los siguientes capítulos para liberar todo la tensión sexual. ¿Qué te pareció la aparición de los dos shinobis más sexys? Claro que arderá Troya o la Academia Cross, el Concilio de Vampiros y la Asociación de Cazadores. Espero que este capítulo te haya dejado en modo fangirl también.

Sinceramente, Abel Lacie Kiryû.