Hola gente hermosa, ¿cómo están? Espero que muy bien. Yo muero con la migraña pero no podía faltar a nuestra cita (?) En fin, quiero agradecer a mi pequeña Shiro, me da gusto leer que cada vez te consumes más por el Midosaka hell (?); y a dmrelk1, no creí que lo fueras a leer de una sentada...ni este ni el otro. Pero gracias y espero que lo sigas disfrutando.
Y también agradecer a los que lee pero no comentan pero dejan su lindo follow a la historia. Muchas gracias.
Yowamushi pedal no me pertenece si no a Watanabe-sensei. ¿Cómo cuánto costaran los derechos de Midousuji?
Sin más, disfruten la lectura.
m-m-m-m
Las charlas inundaban el lugar. Voces alegres, sorprendidas, exaltadas que se preguntaban unos a otros si era real semejante final; unos más parecían tenerlo más digerido y hablaban de ello como si fuera una hazaña personal. ("Bueno, tú también los viste, ¿no?"). Los reporteros presentes no paraban de gritar a sus móviles para dar la noticia a sus editores ("¡Increíble! Fue un cierre impresionante. Fue como estar en la final del Tour de France. ¡Y sólo son muchachos de preparatoria!"), y unos más hablaban entre ellos de lo asombroso del asunto. ("¡Esto pasara a la historia de la competencia!"). Pero los ciclistas y sus grupos de apoyo no se quedaban atrás. Quienes recién cruzaban la meta, oían boquiabiertos la noticia. Los chicos de apoyo parloteaban y se peleaban por quien daba una narración más precisa de la realidad. ("Lo viste, ¿no? Estuvieron muy parejos...no me sorprende" decía, aun cuando sus ojos brillaban extasiados).
Y los protagonistas, o al menos una parte de ellos, hacían oídos sordos de los diretes de los cronistas. Así eran las carreras de ciclismo, de lo más impredecibles. Habían tardado unos minutos, después de cruzada la línea, en darse el resultado decisivo. Se corroboró con la computadora y, efectivamente, por una diferencia milimétrica Kyoto Fushimi había conseguido la cima.
Imaizumi, capitán de Sohoku, saboreó las palabras: Kyofushi campeón. Al fin el retorcido de Midousuji lo había conseguido.
Miró a su equipo, que aún no se recuperaba por completo de semejante día en el infierno. Kaburagi y Danchiku permanecían recostados en el piso, disfrutando del bien merecido descanso; Sugimoto era socorrido por Miki, su estado era mejor de lo esperado para ser su primera vez en la competencia; Naruko parecía dormitar en su silla plegable, pero Imaizumi sabía que estaba analizando su trabajo del día; y, por último, Onoda, su escalador estrella, lucía tranquilo y bastante fresco, incluso parecía feliz. Imaizumi suspiró derrotado y habló con tono amigable:
—¿Feliz por el triunfo de tu novio? —la relativa calma reinante en la tienda se heló por unos instantes. Quizá no por la frase, sino por la idea de que alguien pudiera ser feliz en medio de ese ambiente de derrota.
Onoda ladeó el rostro y miró a su capitán y amigo, (Kaburagi había dicho muchas veces que ese gesto hacía parecer al escalador como una tierna y rechoncha lechuza. Imaizumi tuvo que darle la razón hasta cierto punto, pues el que la princesa del equipo no parpadeara en esas ocasiones lo ponía nervioso. "Midousuji es una mala influencia para él"); Imaizumi le sostuvo la mirada y le dedicó una sonrisa, que alcaró a Onoda que la pregunta era sincera, ninguna burla o mala intención detrás. Onoda rio de buena gana al tiempo que columpiaba las piernas al borde de la camilla en que descansaba. Sintió las miradas de sus compañeros en él al tiempo que le daba un largo tragó a su bebida isotónica.
—Algo así. Es un poco extraño, ¿sabes? —su sonrisa se amplió—. Pero estaba recordando del reto que me lanzó —lo miraron curiosos—. Akira tenía algo importante que decirme, que me lo diría cuando ganará el Inter Escolar. Le dije que se arrepentiría de no haberme dicho cuando pudo —Naruko sonrió orgulloso y burlón—. Y bueno, supongo que tendré que escucharlo.
—Lo dices como si fuera un gran sacrificio —dijo Imaizumi ganándose una mirada avergonzada por parte del escalador—. Admite que te emociona la idea de que escuchar su propuesta de matrimonio.
Un silencio muy extraño se estableció tras las palabras del capitán. Todas las miradas viajaron a Onoda que tenía una expresión neutra, como si estuviera procesando lo dicho por el otro. Imaizumi comenzaba a pensar que no había sido tan buena idea hacer esa broma, cuando el rostro de su amigo dio señales de vida. El rojo se apoderó por completo del rostro del chico, y al parecer el calor también, pues una suave capa de vaho cubrió sus gafas. Una explosión de palabras inentendibles le dejó ver que se había tomado "bien" el asunto.
—¿Pero qué dices, Imaizumi-kun? Es...es...es imposible. No, no. Aun somos muy jóvenes, además, es muy pronto, ¡ni siquiera sé qué voy a hacer mañana!
—Oe, tranquilo, Onoda-kun —intervino Naruko con expresión divertida ante el monólogo del otaku. Miró de reojo a Imaizumi, como diciéndole "esta vez te pasaste, estrella"—. Era una broma. De seguro Midousuji-kun te va a pedir que vean hentai juntos, kakakaka.
—¡Naruko!
—Imaizumi-san y Naruko-san bromeaba, ¿verdad? —se unió Kaburagi, con las mejillas coloradas por la mención de una cita para ver hentai, pero con toda la actitud para defender a su adorado superior—. De seguro sólo te quiere pedir opinión para una nueva bicicleta.
Onoda sonrió de lado, agradeciendo el apoyo del pelinaranjo, aunque sabía que pasaría mucho tiempo antes que Akira decidiera cambiar su De Rosa. Pero eso era otro asunto que sólo les concernía a ellos. Sus amigos seguían discutiendo sobre qué podría querer hablar el todo terreno de Kyoto, y Onoda los dejó ser. No quería marearlos con sus preocupaciones. Por muy de juego que Imaizumi lo hubiera mencionado, le aterraba la idea de que Akira le propusiera matrimonio. Tragó saliva y sus dedos juguetearon nerviosos con la botella entre sus manos. No era un terror común, tampoco creía que se tratara de miedo al compromiso, más bien... Se acomodó las gafas que resbalaban por el puente de la nariz. ¿Cómo explicar? Era un temor que le asaltaba con dudas "¿Está bien? ¿Akira es feliz conmigo? ¿Puedo hacerlo más feliz? ¿Estamos bien? ¿Nuestra relación es normal?". Y muchas más, que incluso, pasaban por temas más íntimos. Y lo horrorizaba el siquiera intentar preguntar a su novio e imaginar una respuesta negativa. Por ello, si Akira llegaba con a proponerle algo tan grande se sentiría incapaz de responder. Y lo peor, intuía que lo que quería hablar, era algo de esas dimensiones. Grande, importante y jugoso para ellos como pareja.
Por ello, el día que Akira se puso serio y dijo que tenía algo importante que decirle le saltó encima para callarlo con un beso que terminó en más que eso... Gritó avergonzado para sus adentros, ¡se sentía fatal! No podía huir por siempre, lo sabía. Además, no era propio de él huir a los problemas. Le gustaba enfrentarlos aun cuando parecían imposibles para él. Pero eso, eso estaba en otra liga. Esperaba que sus amigos tuvieran labios de profeta, que Akira tuviera que decirle algo muy distinto.
La voz de alguien del staff organizador, desde fuera de la tienda, los interrumpió. Que la premiación sería pronto. Imaizumi suspiró y se levantó con cierta pesadez, el resto del equipo no tardó en seguirlo —Sugimoto con dificultad, a pesar de decirle una y otra vez que no era necesario que fuera—.
Al salir de la tienda, Onoda se hizo más consciente del ruido, como si todo ese tiempo hubiera estado en una zona mucho más apartada; el tema era mismo: el final de fotografía. Enfiló con sus compañeros hacía el escenario, donde recibirían su premio de consolación. Al pasar, y pese a no ser los campeones, la gente los miraba excitados, enfocaban sus móviles hacía ellos, el club de fans de Imaizumi estalló en agudos chillidos y unos más los felicitaban por su desempeño durante toda la carrera. Naruko, principalmente, respondía con sonrisas socarronas que ocultaban bien la frustración de perder la corona un año más. Antes de llegar al escenario, el barullo del público explotó. Miró por sobre el hombro para mirar qué ocurría: el equipo de Kyofushi se abría pasó entre la multitud. En fila india, encabezados por su retorcido comandante, los otros cinco sonreían felices y satisfechos. Midousuji le dedicó una sonrisa burlona a Imaizumi, quien a su vez rodó los ojos y miró a Onoda. El escalador se encogió de hombros y sonrió en son de disculpa: su novio iba a estar insoportable los próximos meses, tendría que recordarse el evitar juntarlos —a Imaizumi y a Akira—, a menos que fuera muy necesario.
La premiación comenzó y se guio por sus aburridos protocolos. Los tres primeros lugares del día emocionaron de nuevo a la gente. La diferencia entre el primer y segundo lugar había sido mínima, además, a esas alturas ¿quién no conocía el nombre de Midousuji Akira? El eterno retador de los campeones. "¡Es enorme!". Onoda volvió la mirada a donde un niño, en hombros de su padre, miraba con admiración pura al primer lugar. (Desde el Inter Escolar pasado fue consciente de lo popular que era el chico entre los niños, sencillamente lo amaban a pesar de sus modos tan poco comunes y cuestionables). "Quiero ser así de grande". Onoda bufó ocultando una risita y miró al podio. Sonrió de lado, derrotado, resignado, pero feliz cuando por Akira en los más alto, con esa sonrisa que perturbaba a unos, pero que él sabía que era sincera. Estaba tan radiante, y él tan orgulloso de él. La premiación al sprint del día, Kaburagi se encargó de hacer ruido y dejar claro desde entonces que defendería el título el siguiente año. ("¿Por qué todo hacen un papelón al micrófono?"). Al llegar la coronación del rey de la montaña, intento escabullirse, pero sus amigos lo llevaron a empujones: Naruko subió al podio con él para asegurarse que no regresaría corriendo a la menor oportunidad, lo dejó al centro del mismo y huyó no sin antes agradecer el apoyo al equipo.
Dedicó una sonrisa nerviosa a las decenas de cámaras que lo enfocaban —el niño de hacía unos momentos lo miraba curioso—, y aun con las manos ocupadas, no sabía qué hacer con ellas. Sus dedos estrujaban el celofán del pequeño ramo de flores rojo con blanco y temía soltar en cualquier momento, por descuido, el reconocimiento que lo acreditaba como rey de la montaña. No estaba seguro de acostumbrarse alguna vez a eso de estar sólo en el escenario. Se sentía más seguro con sus compañeros a lado. Pero ahora, sentía que su cabeza giraba y su cuerpo era algo ajeno a sí mismo. Se sentía pesado, abotargado, distante. Un momento... paseó la mirada por el público y le pareció verlo desde detrás de un aparador... ¿Cómo? Eso... Escuchaba y entendía las palabras del presentador, incluso las de sus amigos que le hacían señas para que bajaran. "¿Ya no quieres bajar, Onoda-kun? Kakaka". Los oía reír por su torpeza, pero sus risas le llegaban de lejos. Como un eco débil. Pasó saliva con fuerza, como si eso bastara para destapar sus oídos y recuperar al 100 su audición. Manami se acercó a estrecharle la mano, para felicitarlo y remarcar su amistosa rivalidad. El roce de sus cuerpos le pareció distinto, como ingrávido; sentía las manos del otro escalador como grotescos guantes de goma rellenos de semillas.
Estaba seguro de haberse sentido así antes. ¿Cuándo? Hace uno...No, hacía dos años. Cuando era un novato que por mera suerte le dio el triunfo a su equipo. En ese entonces habían estado los seis en el escenario y sus mayores no paraban de felicitarlo por su trabajo. Imaizumi y Naruko no se hartaron de abrazarlo y sonreírle orgullosos. Los seis...Sohoku había ganado en ese entonces...
Si hacía tres veranos le hubieran dicho que al entrar a la preparatoria se uniría al club de ciclismo, que conocería gente maravillosa a la que llamaría compañeros y amigos, con los que formaría un equipo y competiría en una carrera tan importante como el Inter Escolar; donde, a lo largo de tres días en el infierno, conocería a otros grandes ciclistas a los que aprendería a respetar por sus grandes habilidades y pasión. Con unos se identificaría a grado tal que sería capaz de llamarlos amigos —pero sólo uno más se convertiría en su mejor amigo y su primer amor—. Y si ese alguien, siguiera con su historia fantástica, diciendo que se enfrentaría a todos y que los derrotaría; que sufriría, pero que se divertiría más que nunca al montar en una bicicleta; que se regodearía de placer del primer lugar. Si alguien se lo hubiera dicho todo eso, habría entrado en estado de pánico ante la visión tan genial de sí mismo que le contaban y que al final se habría disculpado con un resignado "lo siento, no me gustan los clubes deportivos".
¿Y si el club de anime no hubiese fallado? ¿O si nunca hubiera cedido a las invitaciones de Kanzaki, Imaizumi y Naruko? "¿Por qué rayos me sigues de este modo?" "Sea como sea, ¡quiero crear el club de anime! ¡Porqué no tengo amigos!".
Sintió su corazón encogerse ante el recuerdo, mismo que coincidió con el apretón en su hombro por parte de Naruko, que no desesperara, que pronto comenzaba la premiación principal. No estuvo seguro de sonreír, pero imagino que lo hizo pues el pelirrojo asintió satisfecho.
Si nunca hubiera entrado al club de ciclismo...
Fue zarandeando, pero nunca llegó a sentir la mano sobre su hombro. ¿Qué ocurría? La multitud, alrededor, lanzaba mudos vítores y lentos aplausos cuando un grupo de maillots violetas irrumpieron en el escenario.
Si nunca hubiera decidido retarse, ver de lo que era capaz y hasta dónde podía llegar...
Su mirada se fijó en el alto capitán del equipo campeón que recibía las ovaciones con su diabólica y reptilinea sonrisa. "¿Por qué insistes tanto en ser el chico malo?". Miró con atención los ojos inexpresivos y de parpadeo inconstante, horribles para muchos, brillantes y sinceros para él, sobre todo en ese momento. Titilaban una alegría sincera. Contempló en su totalidad el rostro que tanto le gustaba, cada pliegue de piel, el destello luminoso del sudor resaltado por los alegres rayos del sol que corría por su largo cuello. Ese rostro que tanto adoraba y que, quizá, nunca hubiera conocido si no hubiera decidido apartar sus miedos y montar una bicicleta de carreras...
Y sintió una calidez acuosa en sus ojos cuando su mirada viajó a su propio capitán que miraba el escenario de brazos cruzados, el entrecejo fruncido pero una imperceptible sonrisa de resignación, hablando entre dientes con el pelirrojo que por el contrario sonreía amplio y mantenía los puños fuertemente apretados a sus costados. Si esos dos no hubieran sido tan insistentes a su manera... Sintió un nudo apretado y doloroso en su garganta, y al segundo siguiente, una explosión en su pecho le devolvió el sonido y fue la señal para que ríos de lágrimas rodaran por sus mejillas.
Si se hubiera rendido al primer tropiezo...
No pudo responder a la pregunta de su pelirrojo amigo y que preocupado lo rodeó en un apretado abrazo, sintió un ligero temblor en él.
—Tonto —oyó balbucear al pelirrojo, al tiempo que Imaizumi los unía, a los tres, en un abrazo grupal—. Onoda-kun, tonto, tienes que sonreír, no llorar.
—¿No estás haciendo lo mismo? —intervino el más alto de ellos sin preocuparse de ocultar sus propias lágrimas.
"Siempre he querido un amigo como él".
Si no hubiera creído en sí mismo cuando ellos lo hicieron...
Kaburagi se les unió en un sorpresivo abrazo, y aunque al principio se negó, terminaron por jalar a Danchiku a su círculo. Bromearon sobre que Onoda era el adorable sentimental del equipo, cuyas lágrimas eran bastante contagiosas. El escalador logró sonreír agradecido a sus amigos, antes de mirar de nuevo al equipo en el escenario. Los cinco perfectos soldados chocaban las manos entre ellos y trataban de forzar al huraño capitán a que hiciera lo mismo.
Ninguno se fijó en el peliazul que poco a poco se puso detrás del alto estrella. Bastó un momento de guardia baja para que Komari atacara las costillas...todos enmudecieron de pronto; el presentador parecía haber olvidado las exaltaciones al equipo campeón, el publico no recordaba qué hacer con sus celulares con la cámara activa y el resto de los competidores contuvo el aire. Algo dicho por el chico de cabeza de algodón de azúcar hizo que los otros cuatro aprovecharan para abrazar al capitán, y después huir al otro extremo del escenario para poner a salvo sus vidas. Un imperceptible sonrojo y un kimo gruñido por lo bajo devolvió la vida al sitio. ("Kakaka, el cabeza de alga de antes los habría exterminado. ¿Será el poder del beso de la princesa?").
La mirada de Onoda chocó con la de Midousuji, y pesé a la repentina vergüenza, le dedicó una sonrisa ladeada, momento que aprovechó el resto de los chicos de Kyofushi para volver al centro de escenario para recibir una última tanda de ovaciones antes de bajar.
Sus amigos aprovecharon para moverse —moverlo— fuera del foco de atención de los periodistas. Al dar unos pasos descubrió que se sentía caminar en un sueño; aferrado a la parte trasera del maillot de Naruko que interpretó su gesto como otro de sus gestos de sentimentalismo. ("¿Qué ocurre? ¿Querías subir y darle un beso?"). Pero el otaku lo hacía porque sentía que de no hacerlo el piso se volvería arena movediza y lo tragaría por completo. Su mente estaba dividida, entre su ahora con las conversaciones de sus amigos y sus pensamientos que se aferraban a un pasado de múltiple opción.
¿Dónde estaría si no hubiera seguido el camino tomado?
La voz de su novio, llamándolo con tono bajo, como si su relación aún fuera un secreto para los otros miembros de Sohoku, lo hizo volver la mirada. Lo observó largamente, como quien mira a alguien por primera vez tras un accidente donde ha perdido la memoria.
"Si no hubiera superado la concentración en primer año...si no hubiera pasado la barrera de los mil kilómetros..."
Lo oyó pedirle hablar, y lo percibió como si llevara puestos unos tapones de algodón y le trajeran de forma ahogada esa voz que tanto le gustaba oír. Se soltó del agarre que tenía con el pelirrojo y sin decir nada a sus amigos, lo siguió por un camino ocultó tras el escenario.
Onoda bajó la mirada a sus pies y los vio completos y sanos, tan normales, aun cuando él los sentía pesados, como un par de gruesos troncos con los que estaba condenado a andar. ¿Por qué le pasaba esto? ¿Por qué se sentía tan fuera de sí? No era la primera vez, eso seguro, pero aquella ocasión era comprensible: demasiadas emociones para un solo día. ¿Y ahora? Quizá algo de verdad había en las bromas de los otros. Quizá estaba demasiado sentimental: su último Inter Escolar, la última gran carrera a lado de Naruko e Imaizumi, quienes siempre estuvieron ahí para él; y por la eminente derrota. Es decir, había fantaseado con verse de nuevo en la copa de primer lugar y eso. Pero, también estaba algo nervioso: nervioso por lo que Akira tuviera que decir.
Un ruido fuerte lo hizo sobresaltarse. Unos chicos había dejado caer unas cajas de plástico.
Parpadeó desorientado cuando notó que caminaban por entre los camiones y autos aparcados de los distintos colegios. Trató de no dejarse perder en sus pensamientos, de nuevo. Al mirara al frente se topó de lleno la espalda delgada pero de aura poderosa de Akira. La coleta baja del otro se movía a cada paso; delgada y escurrida, parecía jugar con los pétalos de cerezo que formaban parte del diseño del maillot, y su negro azabache combinaba bien con el violeta del tablero de Go.
La primera vez, recordaba, vio esa espalda con sumo terror. Despedía un aura imponente y poderosa, que era coronada con el dorsal 91, y que a la vez era la persona número 100 a quien debía pasar para alcanzar a su equipo. Tenía muy grabado el delgado y largo cuerpo inclinado en su totalidad contra las manijas para esprintear y dejarlo atrás. Lo recordaba, le había provocado un escalofrío y lo ayudó a concluir que no era un ciclista al que debía tomar a la ligera. Y después, vio esa misma espalda enfundada en una sencilla camisa negra; su aura había cambiado, seguía siendo imponente y poderosa, pero también lucía normal; como la de una persona cualquiera, como la de una persona que se esfuerza para conseguir lo que quiere. La de una persona que no quiere perder.
"Si no me hubiera levantado tras la caída...si no me hubiera arriesgado a correr por el límite de la carretera y pasar a esas personas..."
Se detuvieron en los límites del aparcamiento. Un autobús especialmente grande los cubría de las miradas curiosas. Les llegaba el ruido que insistía en mantener vivo el ambiente festivo, pesé a que competidores y sus respectivos técnicos, sólo querían marcharse y descansar. Akira giró, lo notó serio y Onoda trato de centrarse en sólo eso. Pero tan torpe y lento como estaba, no pudo más que dejarse llevar por el encanto que tenía el rostro de su novio en él; le encantaba cuando dejaba un par de mechones largos a ambos lados de la cara. Onoda había bromeado con él acerca de que debía dejarlo crecer, y al final, Akira, había tomado en serio la sugerencia. Y cuánto lo agradecía el otaku, para él, Sakamichi, de cualquier manera iba a ser perfecto; porque para él, Midousuji Akira era el hombre más perfecto que había conocido.
"Si no hubiera participado en el Inter Escolar, si no hubiera entrado al club de ciclismo, nunca lo habría conocido..."
Su corazón se encogió ante semejante pensamiento. Sintió el pánico y el terror llenar su ser. No concebía su vida sin Akira. No se arrepentía de ninguna de las decisiones tomadas, porque gracias a ello tenía ese presente brillante y hermoso.
—Gane la apuesta, así que tendrás que escuchar...es algo importante.
Si su relación estaba bien o no, si acaso era normal, o si podía hacerlo aún más feliz, ya no le parecía importante porque quería afrontar ese reto tan interesante que se le ofrecía. Quería intentarlo todo con Midousuji Akira. Lo miró atento, invitándolo a seguir.
"Si no me hubiera arriesgado..."
—Vivamos juntos. Después de la graduación, por supuesto.
Si no se hubiera arriesgado... ¿Se arrepentía de algo? ¿Se arrepentía de lo vívido hasta ahora?
"¿Te arrepientes de estar con Akira?"
—No...
En mi mundo guajiro —loco, desquiciado, ilógico...— Midousuji gana el Inter Escolar. ¡y se callan! No, la verdad. Hay un sustento para esto, pero será para otro capítulo. Por mientras, ¿qué tal? ¿Les va gustando esta cosa? ¿Ya agarraron el ritmo? ¿Algún otro comentario?
Próxima actualización: 10 de marzo.
Nos leemos la próxima.
