Penúltimo capítulo para vosotras. Siento muchísimo la tardanza. Intentaré subir ya mismo el último capítulo. Aunque verdaderamente no me convence...

A disfrutar! ( Si es que se puede...)

9

Una sonrisa, una sonrisa me ha dedicado nada más verme en la Sala Común.

Ha bajado las escaleras, ya sonriendo, ha cogido sus libros de encima de una de las mesas, me ha mirado, me ha identificado, ha acentuado su sonrisa y se ha ido. Se ha ido como una llamarada de fuego que ha hecho que mi estómago diera tres vueltas y media sobre su propio eje y que mis mejillas se tiñan con el color de su pelo.

Me la he encontrado de nuevo, hablando con su mejor amiga mientras desayunan. Parece tremendamente alegre.

Te ves radiante. – No sé porque mi bocaza tuvo que hablar antes que mi sentido común. Lo estaba arruinado. Llevo meses sin agobiar, sin presionarla. Sin llenarla de bonitas palabras para que no piense que soy un adulador compulsivo y que no la valoro. Y justo cuando ella me dedica una sonrisa, cuando siento que ya no me odia, al menos no tanto, mi boquita hace acto de presencia.

Gracias. – Y ahí muero. Porque si eres bueno con ella , si la tratas como una persona, si la tratas como si fuera algo más que curvas perfiladas y mucho mal humor, si solamente la observas, ella devuelve tu atención con creces. ¿Cómo? Sonriendo.

Ella vuelve la cara hacia su amiga, siguen hablando, me ignoran. Pero por un momento, quizás diez segundos, quizás menos , me ha escuchado, me ha dado las gracias y me ha regalado otra de sus sonrisas. Y si Merlín estuviera aquí me daría la razón, porque esa chica vale la pena.

La vuelvo a ver en la Biblioteca, dos o tres horas más tarde. Esta leyendo un libro, seguramente literatura muggle. Concentrada recorre las páginas con los ojos ávidamente. Luce hermosa, frunciendo los labios, y con los ojos imparables ante una nueva frase.

Nos sentamos, Moony y yo, en la misma mesa donde ella esta. Alza la vista, nos ve, primero a él y luego a mi. Primero sonríe, luego levanta una ceja extrañada.

Yo también sé leer, Lily. – Abre los ojos en señal de sorpresa y suelta una carcajada sonora impropia de ella. La señora Pince les regaña con la mirada, ambos se disculpan agachando la cabeza.

Dudo que hayas leído mucho en tu corta vida. – Sonrío, es una chica divertida.

¿Hablamos de literatura?- Pregunto, sabiendo de antemano su respuesta.

Los magos no escriben novelas. – Dice ella, con aire sabiondo y con una pizca de curiosidad ante mi mirada segura.

¿Quién ha hablado de magos aquí¿Tú, Remus?- Remus me mira confundido y sigue con su tarea de trasformaciones.

¿Has leído literatura muggle?- Pregunta muy extrañada acercándose más, hasta que el filo de la mesa le aplasta el estómago.

¿La has leído tú?- Sonríe de medio lado.

Realmente, a veces, no pareces un idiota.- Vuelve a sonreír y se levanta. Se alisa la falda, ante mi mirada, cierra el libro y me susurra, en el oído, cerca de ese punto dónde empiezo a perder la conciencia: Cuando sepas quienes fueron Romeo y Julieta hablamos¿ok?

¿Crees que a Sirius le gustaría morir como al pobre Mercuccio?- He sonado desafiante y seguro. Ella se ha parado y me ha sonreído.

Me ha sonreído y se ha marchado como ya lleva un tiempo haciendo.

Estoy dispuesto a regalar mi escoba, renunciar a mi capa y no volver a mirar el mapa del merodeador, si así consigo que nunca más deje de sonreírme.

Porque esa chica ha conseguido con una sonrisa que mis piernas se hagan gelatina, que mis mejillas se conviertan en llamas y que si ahora mismo, alguien me preguntara cualquier cosa, aunque fuera sobre Quidditch o sobre como gastar una broma, yo me quedaría mudo. Porque con una sonrisa ha conseguido dejar a James Charlus Potter sin habla.