Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fanfic "Aftershocks" escrito por aria710.


Capítulo 9

Cruzando límites

En el horizonte se reflejaba una gran isla, casi como una meseta o una gran torre compuesta solo de rocas y pasto. Cruzaba el paisaje de Namekusei, resaltando como un gigante en la llanura. Goku lo miró curioso y continuó acercándose.

-¿Ahí se encuentra el Gran Patriarca? –preguntó él.

Dende asintió y los guió hacia allí, aterrizando suavemente en la superficie rocosa.

-¡Nail! –el pequeño Namekuseijin corrió de repente hacia un extraterrestre mucho más alto, tan similar a Piccolo que Goku tuvo que frotar sus ojos para asegurarse de que no se lo estaba imaginando.

-Dende, trajiste de vuelta a los terrícolas –Nail caminó hacia ellos y miró a Yamcha y Krillin calmadamente. Luego su mirada se volvió hacia Goku y Gohan-. ¿Y ellos quiénes son?

-¡Hola! Soy Goku, y este es mi hijo Gohan.

Nail los observó detenidamente y frunció el ceño.

-Ustedes son Saiyajin…

-Sí, pero no tenemos nada que ver con ese tal Freezer.

-Goku es uno de nosotros. Pensamos que tal vez el Gran Patriarca podría ayudarle a desbloquear su poder oculto, al igual que el de Gohan –respondió Krillin-. ¿Crees que estaría bien?

Nail no respondió. Pero los guió silenciosamente dentro de la torre, hasta el Namekuseijin más grande que Goku jamás había visto. Se quedó congelado ante el gigante verde, que parecía envejecer hasta la muerte en su trono. El Gran Patriarca era viejo, casi una antigüedad. Más viejo que Kamisama, lo que era muy difícil de imaginar para Goku.

-Nail, ¿a quién me has traído? –su voz resonó a través del alto techo de la casa-. Dos de ellos reconozco, pero los otros… son Saiyajin.

-Bueno, sólo la mitad –agregó Gohan, levantando la mano-. ¿Es usted el Señor Patriarca?

-El Gran Patriarca –corrigió Nail firmemente-. Es nuestro padre.

Nail prosiguió entonces a explicar sobre la desastrosa sequía que había matado a prácticamente todos los Namekuseijin hace muchos, muchos años y cómo había sido el Gran Patriarca quien creó las Esferas del Dragón; también mencionó algo de que el abuelo o padre o bisabuelo de Piccolo (Goku no recordaba bien) había dejado Namekusei para escapar de la sequía, y aparentemente esa era la razón por la que había Esferas del Dragón en la Tierra. Si debía hablar con sinceridad, Goku no prestó atención a mucho de la historia, se distrajo tratando de percibir el Ki de los Saiyajin. Sabía que Yamcha estaba muy preocupado por Bulma, y con mucha razón. Aparentemente ella acababa de venderse a un alienígena homicida, que para complicarlo todo, también resultaba ser su ex novio.

Aunque, Goku no era capaz de entender nada de esto. Bulma estaba enviando dos señales muy diferentes. No parecía tenerle miedo a Vegeta, eso era obvio. Pero, ¿por qué nunca lo había mencionado antes? Él recordaba el día en que le pidieron al Dragón que la trajera de vuelta, y en ese entonces Bulma no mencionó nada sobre dónde había ido, ni sobre Vegeta ni sobre nadie en particular. "Si de verdad lo quería, ¿por qué no reunió las esferas y lo trajo con ella? ¿Por qué no nos dijo nada sobre él?" El Saiyajin echó un vistazo a Yamcha, viendo luego que el Gran Patriarca al fin había terminado de hablar y levantó una mano sobre Gohan. "¿Por qué decidió quedarse con Yamcha?"

Pero no podía sentir ninguna fluctuación en los Kis. El de Bulma era difícil de percibir a veces, porque era demasiado pequeño, pero ahí estaba como siempre, sin agitación alguna.

-¿Papá?

A no ser que todo esto tenga que ver con el tal Freezer. Ella parecía muy preocupada por ese asunto. Ni siquiera quería que él ayudara a Vegeta a enfrentarlo, pero tampoco parecía desear que Vegeta peleara solo. Freezer parecía ser la razón por la que no mencionó nada sobre su estadía con los Saiyajin. Goku, incluso cuando joven, o especialmente cuando joven, habría intentado ayudarles. Y si Freezer era tan poderoso como decían, eso definitivamente habría terminado en su muerte.

-Eh… ¿Goku?

Él parpadeó ante la voz de su mejor amigo, rascando su cabeza antes de sonreír distraídamente.

-Oh, lo siento muchachos. Creo que no estaba prestando atención. ¿Qué sucede?

Nail lo miró con el ceño fruncido, pero Goku no reaccionó.

-El Gran Patriarca acaba de ofrecerte desbloquear tu poder oculto.

-¿Desbloquear? ¿Quieres decir sin entrenamiento? Creo que estoy bien así…

Sus amigos se sorprendieron visiblemente.

-Go… Goku, ¿estás seguro? –tartamudeó Krillin-. Con tu nuevo poder, podríamos vencer a esos Saiyajin.

"¿Y qué habría de divertido en eso?" Él no era de los que elegían el camino fácil. Algunos lo llamarían estúpido, pero Goku vivía para la aventura y los retos.

-No son los Saiyajin lo que me preocupa.

El Gran Patriarca se retorció en su trono hasta ponerse de pie. Fue entonces que Goku divisó la esfera de una estrella, mucho más grande que las que conocía en la Tierra, justo sobre la cabeza del anciano.

-Tiene razón –la grave pero adormilada voz del Patriarca llamó nuevamente la atención de Goku-. Hay individuos con poderes extraordinarios dirigiéndose en este instante a nuestro planeta.

Los ojos de Goku se agrandaron.

-Freezer…


Bulma yacía incómoda contra la pared de piedra, rascando nerviosamente sus dedos contra ésta y acumulando tierra bajo sus uñas. Tenía que haber escuchado mal. No había manera de que Nappa, aún siendo tan idiota y aterrador, pudiera ser un completo traidor. ¿De verdad sería capaz de espiar a su propio príncipe? ¿De arriesgar todo lo que habían…?

Sintió su aliento congelarse en su garganta. ¿Qué lealtad tendría Nappa hacia Vegeta? Él nunca trató al viejo Saiyajin con siquiera una pizca de respeto. Vegeta podía ser… alguien difícil de tratar, eso ella lo sabía, pero ¿de verdad lo odiaría tanto que sería capaz de llamar a Freezer hasta aquí? Ella tembló visiblemente ante el nombre. No quería verlo nunca más. Esa era una parte de su pasado que deseaba olvidar por completo.

Sus ojos azules se desviaron desde la entrada de la caverna hasta Vegeta, que yacía en el suelo sobre un saco de dormir. Ella recordaba la serenidad con la que lo había visto dormir hace tiempo, las líneas de preocupación en su rostro desvaneciéndose de su piel juvenil. Él era libre entonces, en sus sueños; pero Bulma tenía la sensación de que ahora, incluso en sus sueños, estaba atrapado. Sus agudos ojos no se encontraban completamente cerrados. Lucía estresado. No, no estresado. Estresada estaba Bulma, cuando le gritaba a su secretaria por archivar los documentos equivocados u ordenar demasiados circuitos. Vegeta no estaba solo estresado. Parecía preocupado y alterado y con un montón de otras emociones que Bulma jamás sabría cómo sobrellevar. Su radar yacía a medio metro de él, y ella se preguntaba si debía continuar pretendiendo que estaba roto.

"¿Él o Freezer?"

No quería que él obtenga su deseo de inmortalidad; sabía que se arrepentiría.

"Tal vez más tarde pueda desear que sea mortal de nuevo".

Pero eso era demasiado arriesgado. Demasiado optimista al pensar que habría un más tarde. "Freezer…"

Tenía que decirle. Era un secreto demasiado peligroso para guardárselo. Pero también tendría que darle a Vegeta lo que quería, solo para que Freezer no lo obtuviera.

-Sólo uno –susurró ella para sí misma-. No queremos que nadie pida un deseo. Pero mejor el de Vegeta que lo que sea que pediría Freezer –ella se levantó a recoger el radar, poniendo su cuerpo frente al rostro de él sin darse cuenta. Él se movió lentamente, seguramente preguntándose qué había bloqueado la luz de repente. Bulma se detuvo sobre él. Sostuvo el dispositivo en una mano, y la otra la acercó a su piel bronceada. La extraña necesidad de tocarlo… de sentir su cálida piel sobre la suya, fue algo tan abrumador que casi parecía instintivo. Como una polilla que vuela hacia la llama. Una atracción fatal. Pero encontró que no podía evitar escuchar a su lado emocional antes que a su lado racional, que no dejaba de susurrarle "te va a matar".

Primero un dedo, y luego el segundo. Su mejilla era tan suave que realmente se sorprendió, sintiendo la necesidad de tocarlo más. Tenía la cara ligeramente manchada con tierra y ella la limpió rápidamente. Sus facciones parecían relajarse ante su caricia, y ella casi sonría con satisfacción al ver que, tal vez, aún tenía algo de poder de sobre él. "Pero él jamás lo admitiría".

-¿Qué estás haciendo?

Bulma cayó hacia atrás sobre su trasero, dejando caer el radar ante la súbita voz grave del Saiyajin.

Sus ojos se abrieron y Vegeta se sentó. Para su gran alivio, no parecía enojado, enfurecido o siquiera un poco molesto. De hecho parecía… intrigado, lo cual le resultó mucho más inquietante. El Príncipe levantó una ceja.

-Me estabas tocando.

-¿Acaso es un crimen? –ella buscó a tientas por el radar en el suelo. Su comportamiento contrastando con el tono sereno de su voz.

Vegeto quedó algo desconcertado ante su descarada confesión.

-Si me tocas de nuevo, mujer…

-¿Qué vas a hacer? Solamente intentaba despertarte.

Él sonrió.

-¿Y por qué tan sorprendida con tu éxito? –preguntó, saliendo del saco de dormir-. Más vale que sea importante, mujer.

-¿Qué?

-Lo que querías decirme –dijo él, sus ojos negros entrecerrándose-. Asumo que me despertaste por una buena razón. O eres tan tonta como para… -Vegeta dejó de hablar y la agarró de repente, trayéndola cerca a él, su nariz rozando contra su mejilla. Los labios del Príncipe se posaron en su oído, y Bulma se preguntó súbitamente por qué había esperado tanto para tocarlo. Pero cualquier esperanza de un discurso romántico desapareció cuando escuchó su voz firme y tosca-. ¿Dónde está Nappa?

-Vegeta… -dijo ella, tomando un poco de distancia-. Tenemos que hablar.

-No tengo tiempo para tus estúpidos juegos. ¿Dónde está Nappa?

-Eso es de lo que quiero hablar.

Vegeta se levantó bruscamente del suelo, echando rápidamente una mirada hacia Raditz, quién aún dormía.

-De acuerdo –respondió y con un solo movimiento, Bulma fue levantada del suelo como un paquete. Su brazo la sostenía firmemente alrededor de su cintura, clavándose duramente en su abdomen. Pero, como siempre, ella no tuvo tiempo protestar. Vegeta la llevó rápidamente hasta la entrada de la cueva. Se detuvo brevemente cuando vio a Nappa encorvado en una esquina, presionando velozmente algunos botones en su rastreador. El Príncipe miró al otro Saiyajin con cautela-. ¿Alguna noticia?

-El poder de pelea del mocoso aumentó. No sé cómo. Tal vez deberíamos ir a echar un vistazo eventualmente.

Vegeta no respondió.

-Ya puedes irte a dormir, Nappa. Volveré pronto.

El viejo Saiyajin miró a Bulma y giró los ojos.

-No puedo creer que estés haciéndolo de nuevo, Vegeta. ¿Qué no recuerdas lo que te hizo? Te dejó tan desquiciado cuando…

-Realmente necesitas aprender a cerrar el pico –su tono era casi amenazante, y fue suficiente para enviar al otro Saiyajin de vuelta a la cueva, con su boca firmemente cerrada-. No tiene ningún maldito derecho a decirme lo que debo o no hacer.

El agarre en su cintura se apretó ante su ira, y Bulma soltó un chillido.

-¿Podrías bajarme?

-¡Y tú tampoco! –gruñó él, despegando del suelo de repente. Estaba agradecida de no haber comido por un buen tiempo, de lo contrario lo hubiera devuelto todo. Pero el vuelo no duró mucho. Vegeta se detuvo de repente y descendió, dejándola caer al suelo para luego cruzarse de brazos-. Ahora dime, ¿qué es tan jodidamente importante?

-Dijo que te dejé desquiciado –eso no era lo que ella quería decir. Se suponía que debía exponer al traidor, pero en cambio, su perpetua mente juvenil estaba enfocada en lo que Nappa había dicho-. Cuando me desearon de vuelta… ¿fue duro para ti?

Él no respondió por un gran rato y solo la observó, cruzando y estirando sus brazos como si ese simple movimiento fuera a comunicar lo que quería decir. Pero Bulma no se rindió. Se acercó cautelosamente hacia él, con los brazos a los lados pero sus ojos azules enfocados en su rostro-. No fue mi intención irme, sabes. Yo no quise dejarte, Vegeta. Quería llevarte a la Tierra conmigo. Te quería conmigo.

Vegeta no emitió respuesta y su expresión facial era terriblemente difícil de leer. Estaba completamente estoico, con sus cejas, boca e incluso su nariz completamente inmóviles. Sólo podía ver su pecho subir y bajar a través de su armadura.

-¿De qué querías hablar? –dijo él al fin, en un tono firme e inalterado.

Bulma suspiró ante su fracaso. "Este no es el momento para esto".

-Nappa estaba hablando con Zarbon sobre lo que hacíamos aquí.

-Eso es ridículo –dijo Vegeta resoplando-. Él jamás me traicionaría así.

Bulma colocó sus manos en sus caderas.

-¿Y por qué no lo haría?

-Él es un Saiyajin, en primer lugar. Nappa vivió en lo que fue el Imperio Saiyajin por mucho más tiempo que yo. Aunque su subordinación hacia Freezer sea repugnante, sería un idiota al preferir a ese lagarto cuando podría servir a un rey Saiyajin de nuevo.

Ella parpadeó ante su racional respuesta; recordando que, por supuesto, Vegeta no habría sido tan estúpido como para traer a Nappa a menos que estuviera completamente seguro de que su lealtad estaría con él antes que con Freezer. Lo que Vegeta no parecía entender, era que Nappa no lo estimaba mucho, lo que ponía dudas en su lealtad hacia él.

-Vegeta… por favor, escúchame. Yo lo oí. Estaba hablando con Zarbon y diciéndole sobre las Esferas del Dragón. ¡Te estaba delatando!

-Cállate, mujer. No dejaré que tus nociones ridículas arruinen mis planes.

-¡No son ridículas!

El aire alrededor de Vegeta parecía tener corriente propia.

-No caeré en tus mentiras de nuevo.

-¡Te estoy diciendo la verdad! –su tono pasó de la desesperación a la ira-. ¿Por qué mentiría de esa manera?

-¡¿Por qué me dejarías de esa manera?! –la corriente de aire alrededor se incrementó de repente, como un tornado en forma de llama. Bulma cayó hacia atrás, no por miedo, sino por la enorme cantidad de energía que Vegeta parecía estar produciendo. El Príncipe Saiyajin tomó aire, su pecho alzándose demasiado, como si estuviera intentando controlar esta repentina ráfaga de energía. Sus puños se apretaron antes de volver a hablar con tono colérico-. Yo confié en ti y tú me dejaste. Creí en todo lo que me dijiste y tú te marchaste sin mirar atrás. Me dijiste que me esperarías y no lo hiciste –Vegeta apagó su energía, gruñendo frente a Bulma y mostrando los dientes-. No hay una maldita razón por la que deba escuchar de nuevo lo que tu condenada boca quiera decirme. Estás aquí para encontrar las Esferas del Dragón. No para espiar. Ya has fallado miserablemente en esa misión.

-Eso no es verdad –replicó ella de inmediato. Bulma no era capaz de dar marcha atrás ante una pelea verbal, independientemente si su rival era un humano o un príncipe alienígena superpoderoso-. Me acerqué a Zarbon, tal como me lo pediste. Averigüé cosas sobre Freezer, tal como me lo pediste. Hice todo lo que me dijiste, Vegeta, con la ingenua esperanza de que me ayudarías a volver a casa. ¡Tal vez si no te hubiera tomado tanto tiempo encontrar las coordenadas, no hubiera tenido que dejarte en Karbos! –sentía su rostro sonrojado, y sabía que probablemente sus ojos estaban llorosos por gritar. Ella resopló, mirando a Vegeta guardar silencio; tal vez esperando a que continúe.

Cuando ella no lo hizo, el Príncipe Saiyajin soltó un gruñido.

-Debí haberte matado en el instante que te encontré en mi habitación.

-Tal vez –respondió Bulma, poniendo luego un dedo en el pecho del Saiyajin-. Pero no lo hiciste. Tal vez fue por una razón. Tal vez fue porque yo soy la única persona en el universo que de verdad quiere ayudarte, Vegeta –él retrocedió ante el contacto, pero Bulma siguió presionando, disolviendo la distancia entre ellos y forzándolo a mirarla a sus ojos azules. Sintió nuevamente ese vuelco en su estómago. Aquella sensación que giraba desde su espalda hasta terminar en su intestino, una extraña mezcla de acidez y algo más que no podía reconocer-. Porque eso quiero, ¿sabes? Quiero ayudarte.

Su ceño fruncido se aligeró y ella notó que sus hombros comenzaban a ceder, relajándose ante la reconfortante promesa de sus palabras. Ella no quería que él la odiara, así que verlo relajarse finalmente en su presencia la hizo sonreír. Vegeta se dio la vuelta, mirando hacia el campamento.

-Nappa estaba usando su rastreador –dijo él, luego de unos segundos-. Le dije específicamente que no lo usara a menos que sea para vigilar los poderes de pelea.

-Goku dijo que ahora puedes sentir el Ki.

Vegeta se giró hacia ella ante sus palabras.

-Sí.

-¿Gohan te enseñó?

-El mocoso puede ser de utilidad a veces.

Bulma no pudo evitar su atrevimiento.

-También lo usaste para obtenerme a mí.

La expresión dolida en su rostro no fue difícil de leer, y su clara frustración consigo mismo hizo a Bulma reír un poco.

-Sabes, no es tu deber odiarme, Vegeta. Sé que sientes que deberías, pero no tienes que hacerlo.

-Lo que hiciste fue imperdonable.

Su corazón se contrajo ante la facilidad con que dijo esas palabras.

-No te pido que me perdones –respondió ella-. Sólo te pido que… -"¿Qué estoy pidiendo?" Quedando sin palabras, no pudo evitar caer en el cliché-. Que seamos amigos de nuevo.

Vegeta entrecerró los ojos.

-Nunca fuimos amigos.


-¿Qué tan poderoso exactamente es ese tal Freezer? –Krillin se acomodaba en el suelo, observando con escepticismo el enorme pescado que Goku había atrapado y cocinado-. Parecías algo asustado, Goku.

Goku no respondió directamente, pero echó un vistazo a su hijo, quien parecía increíblemente molesto al escuchar ese nombre. Habían dejado la torre del Gran Patriarca hace un tiempo, todos ellos angustiados ante la idea de que otro alienígena, incluso más sediento de sangre que Vegeta, estuviera viajando hacia allí.

-Tiene que ser más fuerte que los Saiyajin –respondió Yamcha, dando un gran mordisco al pescado, sin temor a las carentes habilidades culinarias de Goku-. Dende dijo que ellos parecían secuaces de Freezer.

-Eso no es bueno –dijo Krillin, tragando saliva.

-Él es terrible –exclamó Gohan, logrando captar la atención de los demás-. Trata a todos como si fueran sus mascotas o sus esclavos. Y destruyó nuestro planeta.

Goku lo miró confundido.

-¿De qué estás hablando, Gohan? La Tierra está bien.

-La Tierra no, papá. El Planeta Vegeta.

-¿Ese cretino tiene un planeta que lleva su nombre? –gruñó Yamcha.

-Tenía –corrigió Gohan-. El Tío Raditz dijo que Freezer tenía miedo de una leyenda… algo sobre unos Super guerreros.

Goku levantó una ceja, intrigado ante todo eso.

-¿Y qué sucedió?

-Él simplemente… los mató a todos –Gohan estiró su cola hacia atrás como un látigo, mirando con incomodidad hacia el suelo ante toda la atención que estaba recibiendo-. ¡Es por eso que el Tío Vegeta está siempre tan enojado! ¡Estoy seguro de que si el monstruo desapareciera, él sería muy bueno!

Yamcha resopló.

-¿Así que realmente quieres que los ayudemos, Gohan? –el ex-ladrón del desierto odiaba esa idea.

-Puede que no tengamos otra opción –dijo Goku, cruzándose de brazos-. Si Freezer viene hacia aquí, como dijo el Gran Patriarca, probablemente no venga solo por Vegeta, Nappa y mi hermano –la última palabra sonaba rara en sus labios, pero Goku decidió que era lo correcto llamarlo así. Raditz era su hermano, sin importar las circunstancias que los separaban.

-¿Crees que también quiera las Esferas del Dragón? –preguntó Krillin -¿Y qué me dices de ese escuadrón que mencionó el Patriarca? ¿Cuántos dijo que venían?

-Cinco –respondió Gohan, alzando la mano-. Y dijo que uno de ellos era muy, muy…

-Ya entendimos, Gohan. Son muy fuertes. Tal vez deberíamos salir corriendo de aquí ahora que todavía estamos con vida –Krillin suspiró y se recostó en el suelo, con su uniforme anaranjado cubierto de polvo.

-No podemos. Le prometimos al Gran Patriarca que reviviríamos a Piccolo –dijo Goku, ignorando la mirada de incredulidad en sus amigos-. Lo necesitaremos, muchachos. Nos ayudó mucho en la Tierra y hará lo mismo aquí.

-Está bien, Goku. Si crees que Piccolo será de ayuda, entonces está bien. Él es el menor de nuestros problemas en este momento, y al menos tendremos de vuelta las Esferas del Dragón de la Tierra. ¿Qué dices, Yamcha? –Krillin miró a Yamcha, sacudiéndolo del hombro al notarlo fuera de sí-. ¿Ehh… Yamcha?

El Saiyajin casi tuvo el deseo de tornar los ojos, inseguro de si debería sentir lástima o molestia. No era propio de él enfadarse con sus amigos, o con nadie en realidad, pero Bulma, por más horrible que sonara, no era de lo que debían preocuparse en ese momento. Y Goku estaba seguro de que Yamcha en realidad no estaba preocupado por ella, sino por su relación. Decidió ocultar su frustración con un tono alegre.

-Oye, Yamcha, ¿todavía tienes la esfera de una estrella?

Yamcha finalmente asintió y levantó una cápsula.

-Sí, aquí está.

-¡Perfecto! ¡Entonces, hagamos lo que sabemos hacer mejor, muchachos!

Gohan parpadeó.

-¿Y qué es eso, papá?

-Buscar las Esferas del Dragón.


Ya podía sentir su determinación rompiéndose, la mujer demonio de los cabellos azules ya se estaba incrustando profundamente bajo su piel, haciéndolo sudar y envenenando su mente con ideas ridículas. No quería pensar en la posibilidad de que un miembro de su diminuto escuadrón lo estuviera traicionando; no porque pensara que era algo imposible, sino porque eso fastidiaría completamente sus planes. No quería que nada arruinara esto. Este era su momento.

Ella agarraba su mano ahora, "maldita mujer…", llevándolo de regreso a la cueva. Tenía esta nauseabunda sensación corriendo por su cuerpo, que se intensificaba cada que la mujer volvía la cabeza para mirarlo, sus odiosos ojos azules ampliamente abiertos.

-¿Qué? –dijo cuando no lo soportaba más, pero su tono fue sereno.

-Sólo me aseguro de que estés bien –Bulma miró sus manos entrelazadas y lo soltó lentamente-. Lo siento… probablemente no quieras que te toque en este momento.

Vegeta ignoró la vocecita que le decía todo lo contrario.

-Finalmente concordamos en algo.

-Ja, ja –fingió ella reír secamente-. Pero realmente debemos regresar. Evitar que Nappa siga haciendo de las suyas, ¿cierto? –su cabello fue azotado por una ráfaga de viento, causando que los ojos de Vegeta siguieran los mechones azules casi hipnóticamente. Maldijo en silencio cuando se dio cuenta a dónde se dirigía su atención. Bulma pareció darse cuenta también-. Umm… ¿Vegeta?

Ni siquiera se molestó en expresar su frustración, lanzándole en cambio una mirada fulminante.

-Solamente quiero saber lo que planeas hacer, Vegeta.

-¿Con Nappa? –preguntó, "¿o contigo?" añadió en su mente.

-Sí. ¿Vas a… matarlo?

Vegeta levantó una ceja y se acercó con frialdad. Se cruzó de brazos, casi sonriendo al ver que Bulma no retrocedía ante su avance.

-Creo que dejaré que tus amigos se encarguen de eso. Tengo cosas más importantes de qué preocuparme.

El color se borró de su ya pálido rostro.

-¿Qué?

-Debería ser suficiente para mantenerlos ocupados mientras buscamos las esferas –continuó él, acercándose aún más-. Asumo que no te han abandonado aquí. ¿O estaban tan ansiosos de deshacerse de ti como lo estoy yo?

-Mira, Príncipe Vegeta. No vas a mandar a Nappa en alguna misión suicida contra mis amigos. Yo me entregué voluntariamente para salvarlos.

Vegeta resopló.

-Y de muy buena gana –sus ojos se conectaron con los de ella por un momento, y Vegeta sostuvo su mirada, sostuvo esos ojos azules directamente hasta que Bulma agachó la cabeza. "¿Qué diablos estoy haciendo?" Había algo en ella que lo atraía, un indescriptible magnetismo que confundía todo pensamiento racional. ¿Qué había pasado con su plan de matarla? ¿Su determinación de odiar su presencia por completo?

Todavía la odiaba, tal vez no tanto como a Freezer, pero era extraño cuán fácil la línea entre el odio y la pasión se nublaba. Olvidó cómo se habían sentido, sus labios suaves, su dulce piel. Y la manera en que se encontraba inclinada su cabeza era perfecta para recordar…

-No dejes que mate a nadie…

Sus palabras detuvieron su avance, pero no retrocedió.

-Tienes muy poca fe en tus amigos –respondió con tono grave, disfrutando como eso parecía hacerla temblar-. Pero tal vez deberías preocuparte… Esos humanos parecían demasiado débiles.

Bulma volvió a levantar la cabeza.

-¡No hables así de Yamcha!

-¿Yamcha? –pronunció Vegeta con disgusto-. Así que él es a quién huelo en tu piel, ¿no? –eso le dio escalofríos. Se sentía totalmente repugnado ante la idea de un humano tocando lo que era legítimamente suyo.

Casi suelta un rugido. No acababa de pensar eso.

-Es mi novio, imbécil. No hables de ello como si fuera algo sucio.

-Es asqueroso –dijo él, tal vez demasiado rápido.

Eso atrajo la atención de Bulma.

-¿Y quién pidió tu opinión? ¿Eh? ¡Deja que los dos débiles humanos hagan lo que quieran juntos, mientras tú vives para siempre y mueres solo! ¿Siquiera has pensado en tu futuro, Vegeta? Como, lo que vas a hacer cuando Freezer haya muerto.

-¿Cuando Freezer haya muerto? –Vegeta sintió una carga repentinamente cayendo de su pecho. Estaba tan cerca a ella ahora que sus pechos se tocaban, sus profundas inhalaciones alimentándose la una a la otra. Podía sentir la presión, el pesado aire cálido que parecía formarse en el diminuto espacio entre sus cuerpos. Ninguno de ellos se movió.

-Sí, cuando Freezer haya muerto. Yo sé que lo matarás, Vegeta. Tienes demasiada ira y perseverancia en ti como para…

Fue todo demasiado rápido como para procesarlo, su mente nublada con su voz, su aroma femenino, su piel suave. Todo era demasiado. Demasiado rápido. Demasiado difícil de resistir, que Vegeta finalmente decidió mandar todo al diablo y besarla. Sus labios eran exactamente como los recordaba. Eran suaves, sedosos como sus brazos y su cuello. Ella irradiaba un calor desconocido, a pesar de que Vegeta estaba muy seguro de que él tenía mucha más energía que esta frágil humana.

Sus fuertes brazos se envolvieron alrededor de ella, empujándola más cerca, a pesar de que Bulma ya estaba completamente pegada contra él. Las manos de ella se deslizaron a través de su armadura, llegando hasta su nuca, lo que envió una onda de calor por su espina hasta su pecho. Luchaban frenéticamente contra el otro. Los restos de pasión, odio y energía entremezclándose hasta formar algo que, cuando Vegeta al fin fue capaz de formar un pensamiento coherente, se había convertido en un ardor latente de arrepentimiento. Él la empujó suavemente, y la respiración jadeante de la mujer se hizo bastante obvia. Vegeta ignoró su jadeo, el rojo de su cuello que tal vez había tocado con demasiada fuerza, decidiendo en su lugar recordar el sentimiento de traición. Ella lo había destrozado. No le entregaría su confianza nuevamente.

-Cuéntale a tu patético novio sobre eso.


Gracias por leer y que tengan un buen día. Nos leemos pronto ;)